Fecha de grabación: mayo/agosto de 1970
Productores: George Harrison y Phil Spector
Ingenieros de Sonido: Ken Scott, Phillip Mcdonald y Eddie Klein
Músicos presentes en la grabación: George Harrison: voz y guitarra.
Músicos que probablemente estuvieron en la grabación: Eric Clapton (guitarra), Klaus Voormann, y Carl Radle (bajo); Gary Wright, Bobby Whitlock, Billy Preston, Gary Brooker (teclados), Ringo Starr, Jim Gordon, Alan White (batería).
Músicos que grabaron las otras canciones y como son tan buenos, conocidos y me ha costado recopilarlo, pues lo pongo aquí: Peter Frampton: guitarra; Dave Mason: guitarra; Phil Collins: percusión,; Pete Drake: Pedal steel; Bobby Keys: Saxofón tenor; Jim Price: trompeta; Badfinger: guitarras rítmicas y percusión.
Arreglos de orquesta: John Barham.
Datos extras: todos los que grabaron en este disco tenían que lucir melena y barba larga . Naturalmente Harrison proporcionó el peluquín adecuado a Phil Collins, que con 19 años recién cumplidos ya grababa con un grande y sufría problemillas de alopecia.
Dicen los críticos y listos en general que saben de esto de la charanga que All Things Must Pass es el mejor disco de un Beatle en solitario. En Garajeland ( que no somos ni lo uno ni lo otro y pese a que esto parece un blog de música, en realidad es una excusa para travestirnos en las entregas de premios) sólo podemos responder como Lisa cuando se le pregunta sobre cómo se vive en generación de los que ni sienten ni padecen: "bueeeeeeeeno". Resumiendo: All Things Must Pass es una obra maestra, pero no menos que Plastic Ono Band o Band On the Round. Nosotros apoyamos a todas las obras maestras por igual. Si insisten les susurraré que el disco de Harrison es uno de mis favoritos de siempre (suerte que tienen, mi compañero sólo les reconocerá que es uno de sus álbumes favoritos de este buen señor grabados en 1970 y, aún así le apreciamos).
Si nos dejamos de zarandajas, All Things Must Pass es un grandísimo disco de un músico en estado de gracia. George nunca tuvo mejor cancionero a su disposición para una grabación ( y se dejó por el camino joyas como 'Not Guilty', que aunque fue grabada posteriormente siempre he preferido la versión casi desnuda -en realidad prefiero casi todo lo que venga casi desnuda- del Anthology 3 de los Beatles) o un elenco de músicos tan numeroso y de tanta calidad. Si la nómina de músicos tenía famosos a cascaporro, tampoco hay que olvidar la figura de Phil Spector que aplicó su consabida fórmula de grabar canciones con el muro de sonido en todo su esplendor (acumulando docenas de músicos e instrumentos), desplegando su magia que tan bien sentaba a las canciones de Harrison (excepto en algún exceso propio de la época) y asustando al personal con la mágnum que guardaba cerca de su pecho, como recordaba en sus memorias Eric Clapton.
Recapitulemos: tenemos un compositor en el mejor momento de su carrera (tras años de ninguneo en Los Beatles por parte de John y Paul, que si dejaron pasar gemas como las que hay en este disco pese a que muchas ya estaban compuestas por George antes de 1969 sólo merecen un golpe con una toalla mojada en el morroplastio), excelentes músicos y un productor que lo mismo te saca una obra maestra que desenfunda la pipa cual pistolero del eclipse, pero: ¿es conocido este disco por todo eso? Pues sí y no. Porque la fama se la llevó el tremendo pelotazo comercial que fue 'My Sweet Lord'. Ya saben: número uno hasta en chorrilandia. La canción que puso a Harrison hasta en las discotecas del salón de todo quisqui, incluso en aquellas donde sólo había un disco de villancicos y el que regalaban con almacenes Latorre; aunque también fue un dolor de cabeza para Jorgito, puesto que tuvo que admitir que 'se había inspirado' en una canción de las The Chiffons y pegar derechos de autor, pero ¿quién no conoce esta canción si se la tarareo? Probablemente sólo contestaría 'no' un muerto. ¿Saben dónde estaba situada I'd have you anytime? Pues justo antes de 'My sweet lord'; es decir: condenada al ostracismo.
Oculten a los niños en sus casas, cierren puertas y ventanas y recen lo que sepan: Bob Dylan está sonriendo (bueno, esboza una sonrisa que ya es...).Volviendo a la canción, esta maravilla de melodía dulce y pausada mezcla perfectamente la letra que se lamenta de un amor perdido con una música casi etérea. Una combinación exquisita que también demuestran la voz de George y la guitarra solista de la canción (un Clapton increíble pese a estar en una de sus épocas de drogadicción más duras), ambas fundidas elegantemente en cada final de la estrofa dejando un efecto Norit en el oyente que tarda un rato en disiparse. Aunque quizás lo que más me gusta de la canción es precisamente lo que casi ni se aprecia: la batería, la percusión y la guitarra acústica; que tejen el perfecto manto para que el resto pueda destacar, algo así como un como los que se quedan abajo en los castillos humanos.
Reunión de notables: el de la izquierda se me parece irremediablemente a José Antonio Camacho (ahora mismo entrenador del Osasuna), Harrison ganó el premio Pantene de ese año y Phil Spector podría pasar perfectamente como el solitario disfrazado.Esta sencilla canción se me hace de escucha obligada cada cierto tiempo. No diré cuándo, pero así es la vida señores: a veces apetece escuchar esto, a veces lobotomizarse con 'Sister Ray' y en ciertos momentos, el 'Buenas Noches Señora' de nuestro gurú Bertín es lo más apropiado. Lo más difícil es acertar con el momento. Una pista: la tercera opción no es la más adecuada en una entrevista de trabajo.
Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein


















