jueves, 8 de octubre de 2009

El hombre que se creía perro y otras historias mucho menores


Dr.Dog – Easybeat (2005)

Muchas cosas han pasado en estos meses de asueto, primero las vacaciones que nunca se saben cómo van a salir y, segundo, el asuntillo del traje de cóctel y los Premios Peluquín, del que fue relativamente fácil embutirse en él, pero francamente complicado salir. Lo probé todo desde el insulto hasta la grasa pequeña Lisa. Al final, opté por el el viejo truco de 'sale a rosca' con satisfactorios resultados en el resumen, pero si se indaga algo más hay varios brazos desmembrados, como si de una peli de zombies se tratara.

Con todo esto como bagaje he decidido que, tal y como mi compañero perpetró hace unos meses, hacer partícipes a nuestros lectores de la máxima adicción que vengo sufriendo últimamente y que está a la altura del régimen de cucharadas de Nesquik que sigo tomando para el desayuno. Mi adicción no tiene la enjundia ni la campechana aristocracia de The Duke and the Dutchess, de hecho el nombrecito del grupo que me tiene loco es de los pocos que queda igual de mal en inglés que en castellano (Dr. Dog), pero debo reconocer que he sucumbido totalmente a su música tras ingerir masivamente su disco Fate (2008) y posteriormente Easybeat (2005) y, como cuando me convertí al Raelismo, he pasado de mirar a dicho grupo con una mezcla de recelo y curiosidad a propugnar su adoración como Homer al líder que lo sabe y lo puede todo.

En las casas de apuestas de Londres está 12/1 a que el baterista se desparrama por el suelo en lo que el perro de la foto ladra



No es sólo me parezcan buenos, es que me ofrecería como pipa para alguna gira ( con resultados menos desastrosos que el Nota con Metallica) si fuese necesario. Por si no lo saben opté al premio Vaguno 2006 y me tuvieron muy en cuenta para la edición de 2007, así que imaginen lo fuerte que me ha tenido que dar con estos muchachos para ofrecer mi fuerza de producción así de primeras, a mi padre le daría un pasmo si se enterara.

Para saber el porqué he comprometido mi sano juicio a estos señores he buscado una frase corta y sencilla que resuma un concepto, lo más cercano que he encontrado es: "son de Filadelfia y uno de los guitarristas lleva sobrero de la estepa rusa". Seguramente esto les resuelve la duda lo mismo que si les menciono: "conozco a un chico que se parece a Portillo y estudia Topografía", pero en este caso nos sitúa bien a Dr. Dog, unos tíos que hacen pop de alto octanaje, anclado en el pasado pero que no suena antiguo, que llevan ropa de invierno en plena de ola de calor. Si no fueran músicos las vecinas les señalarían con el dedo, pero como lo son, la cosa se queda con que son excéntricos.


Como todo esto me está quedando más denso que el programa de Dragó (con menos cultura japonesa y gatos, aunque todo se andará, hagamos un poco de historia: Toby Leaman, bajista y Scott McMicken, guitarrista y ambos residentes en Filadelfia montan un grupo con influencias en los Beatles, Beach Boys y The Band (qué tendrá la letra B del alfabeto que está llena de próceres) y en general el pop de los sesenta. Consiguen un guitarrista más y un baterista (se ponen motes cada uno de ellos, todos empezando por T -no me digan que no son tan adorables para cómo mínimo ponerlos al lado de la bailadora de flamenco y el toro encima de la tele), autoeditan su primer disco, un crítico de NY Times ensalza este disco del que hablamos, el resto de críticos se les unen; comienzan a ser teloneros de bandas como los Black keys o Racounters, tocan en Conan O'brian un par de veces, sacan Fate el año pasado y se convierten en una de mis bandas favoritas. premio para el que me diga la frase menos relevante de este párrafo.


Vale, sí, es difícil abstraerse de la teoría de la navaja de Ockham y si escucha de pasada a Dr.Dog lo primero que le venga a la cabeza es: Beatles. Lo bueno es que si se les presta la debida atención, el resultado es mismo. No es que imiten a los Beatles o suenen como ellos, es que da la sensación de que avanzan hacia el mismo sitio que los Fab Four entre 1965 y 1970. Cada vez que reviso a estos loco tengo la permanente sensación de déjà vu en mi cabeza, empiezo a pensar que así es como McCartney terminaría una canción o que esa es la crudeza que Lennon pondría en una melodía. Puede que me esté pasando, pero a veces tengo la sensación que la muerte me acecha (como al abuelo Simpson), sólo que la mayoría de las veces es sólo Maggie. Lo peor de todo este asunto es que sería injusto. Obviamente recuerdan a los Beatles más experimentales, pero también a los primeros Pink Floyd a Millenium o Yellow Balloon y un montón de grupos más. Tienen un encantador sonido añejo (baterías con sordinas imposibles, slides harrisonianos, bajos con swing) y unas melodías absolutamente desarmantes. Un grupo con semejantes armonías vocales no puede ser malo.

El típico gesto cariñoso aprendido en Leningrado mientras se hacían una beca de estudios. En España le hubiéramos dado una colleja que le conectara las orejas con la nuca y habríamos mentado a su madre... distintas apreciaciones del cariño.


Mucha cháchara ( o bulebú chachau que diría el añorado Gil-Kong), pero no sabemos qué ofrece Easybeat. Pues de primero un ejercicio de pop sin fisuras: 'The World May never Know' que envuelve en una melodía casi hablada en coros merseybeat, una batería que parece de juguete y un piano que fulmina tu mente con un pensamiento: Lady Madonna. Una de las mejoras cosas de este grupo es su variedad, entendida también en términos de voces solistas: la infantil y delicada de Scott McMicken en contraposición a la soulera del bajista Leaman, que demuestra todo el potencial en premeditadamente improvisada 'The Pretender'. Nuestro amigo Leaman navega rompiendo la voz una y otra vez en una melodía llena de detallitos de guitarras camperas y melodías épicas. Yo no meto tantas cosas ni en las ensaladas de final de mes. Variada, rupestre y juguetona es 'Oh No', sencilla sí, pero coronada con una coda más propia de tiempos de casacas de colores y guateques sin el hijo pequeño de Cuéntame (afortunadamente).

'Easybeat', además de dar título al disco es la canción más ambiciosa, con una estrofa que desemboca en un puente que debería figurar en las academias de pop (con Brian Wilson de director y Zach Morris de alumno estrella), en el estribillo conviven toques de la guitarra de Harrison con todos los trucos que tendría la canción perfecta y de la psicodelia más sesentera, influencias que comparte con 'Fools'life', que podría pasar por una canción de Arthur Brown sin máscaras de mini-hostilidad y fuego.


El de la tienda muy contento sí, pero parece ser que luego se extraviaron unos cuantos elepeses y se vio salir al pequeño de las gafas con unas sospechosas nuevas orejas redondas de color negro...


Argumentos distintos utiliza 'Say Something' que guarda semejanzas con el Neil Young más despreocupado y lo mezcla con el bostezo de Lennon 'I'm only Sleeping'. Entonces es cuando Dr. Dog guarda su truco más ladino, uniendo la melodía principal con un estribillo impactante, épico, pero al mismo tiempo como dejado de la mano de Dios y pleno de acierto. En dos brochazos han demostrado la teoría de que el estribillo perfecto viene a ti, no hay que buscarlo. Algo que Coldplay dejó de entender allá por el año 2000. Para bajar semejante pistón (con el punteo final sufro todo tipo de apariciones marianas) se utiliza 'Today' y funciona lo mismo que verte dos horas seguidas de Playhouse Disney con tu sobrina de cuatro años; un paseo por el parque que te congracia con el resto de los humanos y que juega de manera soberbia con las dos voces solistas. El final está cerca y debe ser intenso, melancólico y no a la manera del último anuncio de Eau de Lancaster, sino como una especie de 'singalong' que termina con una frase tan cósmica y filosófica como: 'We're part of the dream'. No es el final de 'The End', pero es una gran aproximación, algo así como mi imitación de George Clooney haciendo el anuncio de Nespresso (al menos ladeo el cuello igual), pero en bueno.



Quizás no sean más que cinco músicos más que competentes en lo mejor de su creatividad con un par de discos más que recomendables, pero yo veo manos negras hasta en una elección de presidente de comunidad y creo que un día se destapará el pastel y estarán implicados Macca, Lennon, Harry y Ringo (y Yoko Ono tendrá la culpa, naturalmente). Todo se sabrá, salvo que a mí no han engañado,que yo elegí Beta cuando tuve que elegir, por el amor de Dios.


Pincha & desparasítate
Contraseña: peluquin



Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

4 comentarios:

El rey lagarto dijo...

Bajo mi modesta opinión de monarca en funciones... ¡Este grupo es jodidamente bueno, cojones!

WOOD dijo...

Despues de empaparme del magnifico texto y de oir al doctor, voy a desparasitarme. Abrazo.

Tomás Verléin dijo...

@ Señor monarca

ya sabe que usted es nuestro dignatario aristócrata favorito, muy por encima de Balduino, Ramoncín y el campechano que fue olímpico.

Por otra parte: subscribo completamente lo dicho y más si rima como lo hace. Es usted un rapsoda.

@Wood

Dele, dele. Le aseguro que yo actualmente me miro al espejo y no sé si soy un labrador o un podenco. Algunos dirían que soy un perezoso de tres dedos, pero eso es otra historia como decían en Irma la dulce.

Saludos, abrazos y gracias por comentar

India dijo...

Me pido bretón jijijiji tuve uno y creo que me invade su espíritu jaaaajajajaja ay,mi Ulmo...hubiéramos flipado mordisqueando las cuerdas para reventar las apuestas jajajajajaja
Cómo suenan,no?...dan ganas de aullar...el compi de cuatro patas que está tumbado tiene menos sangre que un choco si se mantiene así de quieto y callao ;D
Abrazos!!!