jueves, 9 de diciembre de 2010

Verdades como puños, mentiras como pianos (X)



1. ¿Fue Whole Lotta Rosie de AC/DC inspirada por los escarceos amorosos de Bon Scott con una dama de amplia voluptuosidad?

Nuestro veredicto: Lo primero que tenemos que decir, además de buenas tardes al respetable, es que por primera vez he dejado a un lado mi tradicional tendencia al amarillismo de manual y a exagerar la noticia con un titular maniqueo en aras de la honestidad periodística. Quien me conoce algo sabe que estoy a mil jodidas millas de ser honesto y periodista (de una más que de la otra, eso es verdad). Por si estoy siendo tan espeso como el paladín a la taza me explico: si uno fuera Kent Brockman y creyera que la anarquía de las mujeres está al caer y que sería de proporciones bíblicas (¡viene en el libro de las revelaciones!) el titular podría haber sido: "Bon Scott quiso grabar un dúo con Javier Gurruchaga por motivos de peso", que convenientemente aderezado con estilo televisivo habría quedado como: "Bon Scott la tiene gorda, Gurruchaga interesado". Con un par de guindas. Den gracias de que yo no dirija ningún periódico.

La maja a medio vestir, conocidísimo cuadro de Goya. La cortinilla de estrellas llega a Garajeland cortesía de Troy McClure




Tras este desvarío y comprobada, una vez más, mi inutilidad para con la profesión de plumilla, he puesto el caso en manos de mis dos asociados: el señor pequeñito y el de la guía de teléfonos. Reconocidos y reputados únicos miembros del departamento de investigación de Garajeland (patente pendiente). Como sabrán, sus virtudes son muchas, sin alardear mucho podría comentarles como el señor pequeñito es capaz de no contestar una incongruencia cuando alguien le pregunta si una silla está ocupada y el de la guía de teléfonos ha pergeñado un plan secreto contra Google con muchos visos de salir bien (se le ha oído mascullar algo así como "búsqueda instantánea"; pero éstos saben que en el borde de la guía de teléfonos vienen las letras en oscuro para facilitar la cosa...).


En fin, paso a leerles el informe, escrito en una servilleta del bar "Casa Candi", especialidad en percebes y otros embutidos: "Efectivamente, AC/DC se refiere a antes y después de Cristo. Lo del rayo en medio, es a día de hoy y sin remedio, un misterio perdido en el tiempo". Ni que decir tiene que para completarlo han puesto un clip en la servilleta junto con un calendario del bar. De lujo.


En realidad, Whole Lotta Rosie pasa por ser una de las canciones más honestas de la música Rock. Sí, Bon estuvo con una grupie de grandes proporciones (detalladas adecuadamente en la propia letra de la canción) y sí, se lo pasó en grande. Por lo que se sabe, la chica en cuestión y que respondía al nombre de Rosie procedía de Tasmania y estuvo intercambiando hechos culturales sobre las islas de Oceanía con el bueno de Bon en el motel Freeway Gardens. Si hacemos caso, la protagonista de la historia (Rosie) tenía unas medidas rotundas: 106-99-142, un talento especial para las artes amatorias y un aguante que dejaba en nada la paciencia de un tal Job. En las propias palabras de Bon: "tenía de todo". Cierto o no, la cuestión es que AC/DC aplicó una de las máximas del Rock&Roll (la existencia de las grupies) y la convirtió en una ráfaga de energía difícilmente insuperable.


No me digan que no, no me digan que no...


Porcentaje de certeza: grande, como no podía ser de otra forma. La historia de esta canción se ha propagado y perpetuado como un rumor a través de una comunidad de vecinos, llegando ya a tener incluso una segunda parte; que tendría que ver con un segundo encuentro de Bon con Rosie y el descubrimiento del primero de que nuestra chica con curvas favorita había dejado de seguir el consejo de Homer simpson (ya saben, utilizar el descubrimiento de una nueva hora para comer entre la merienda y la cena) y se había perdido parte de su voluptuosidad, parte de su encanto.

Termine como termine la historia, no me van a negar 2 cosas:

a) Que Bon Scott tenía bastante clase, hasta para escribir de un encuentro sexual con una grupie. Nosotros lo vemos así, pero claro también pensamos que La Ramona es una canción de amor.

B) Que Gurruchaga lo más cerca que ha estado de Bon Scott ha sido en un tarjetón del Trivial, junto con alguna pregunta sobre el los fenicios, otra sobre Yugoslavia ( yo jugaba con edición desactualizada) y alguna sobre el nombre real de El Greco. Perdonen por engañarles, era una torpe estratagema para captar su atención. No lo volveré a hacer, pero que sepan que si no vuelven a visitar nuestro blog a su casa llegará el tío Camuñas y se perderán el numerito que hacemos 61&49 y servidora con una guirnalda, un escurridor de pasta y varios números atrasados de Micromanía.




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein, les desea Feliz Navidad


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Y finalmente, lo que más he trillado de este año son los Len Price 3


The Len Price 3 - Pictures (2010)



Reconocer las cosas no es fácil, más si uno tiene que confesar que sale de la ducha cantando "Just A Gigolo", pero hoy tengo que reconocer que hice caso omiso a diversas voces como las de la estupenda web powerpop action, o al mismísimo Juanito Lebrel, cuando decían que el último disco de los Len Price 3 pintaba tan bien. Debo reconocer que su fecha de publicación anda rayando el año presente, y que sin llegar a los extremos de nuestro doctor Troy McClure (tan metido últimamente en el blues del siglo XIX considera una novedad la primera grabación de Robert Johnson en siete pulgadas para equipo monoaural), a algunos nos cuesta encontrar novedades que merezcan la pena más allá del mundial de Naranjito. Menos mal que la última entrega del trío británico con camisetas del H&M, toca muchos de los palos que más nos gustan por este bloc, con la brevedad que caracteriza mi vida cotidiana y que ellos hacen que vaya al ritmo que late el corazón del señor Burns.


Tres en una misma cama y uno con un libro infantil del revés, esto no son los Len Price 3, ¡Es la casa de los Bush!



Los Len Price 3 proceden de la zona del Medway británico, algo así como una cosa cerca de Londres, a la vez cerca del mar, pero por la que también pasa un río de mismo nombre que desemboca en el Támesis y por la que a su vez puede llegar a pasar muy poco salvo más de una nube que prefiere quedarse cerca de tu casa. Quizás una estampa que a alguien como a este trío sólo le animaran unos discos de los Who, de los Small Faces o de los Kinks. Tras un par de primeros álbumes bastante recomendables como son Chinese Burn y Rent A Crowd, el grupo formado por Glenn Page como guitarra y voz, Neil Fromow como batería y más voces, al que aun no he conseguido sacarle un parecido razonable, y Steve Huggins al bajo; ha conseguido superarse en un disco repleto de intensidad y unas miras mucho mejor enfocadas a las tonadas sesenteras, de la cual no sabemos si tendrá culpa Jim Reiley y Graham Day metiendo mano en la producción repleta de captura sonidos viejunos.


El artilugio imprescindible para cualquier sala de ensayo es el fonógrafo de Edison antes de que éste inventara el martillo eléctrico. Eso, y una alfombra que de ambiente a la habitación.



Las canciones de Pictures suenan urgentes, de apenas dos minutos, lo cual convierte su escucha en escasamente media hora repleta de una intensidad, que si bien habría que ubicarla en su gran mayoría por una querencia absoluta por el garage, no es descartable, debido a la ya comentada influencia de la melodía pop, encontrarse con algún trallazo powerpopero como (una de mis favoritas) “After You´re Gone” o retazos punk al más puro estilo de los Clash. Es seguro que superar a los Who, o las historias que cuenta Ray Davies con los Kinks es francamente difícil, pero es de agradecer la frescura que aporta el disco escuchando “Keep Your Eyes On Me”, “I Don´t Beleive In You”, la cachonda “The Girl Who Became A Machine” y algunos pepinos que dejan sin aliento, no por el tamaño del mismo sino por la velocidad a la que discurren como “You Tell Lies” o “Under The Thumb”. Si a los ingredientes del garage, el punk, y el pop, le añadimos unas dosis del humor inglés del que muchos supimos su existencia hasta la llegada a España de Michael Robinson, tenemos sin duda un buen alimento que llevarse a la boca en estos duros tiempos. Además, si te haces con la edición vinílica te obsequian con un cd con canciones extras que sólo encontrarás en dicho formato, o en este bloc.

Ellos mismos afirman “La vida es corta y la gente está muy ocupada, así es que Len Price 3 golpea a la audiencia fuerte y rápido, antes de que sus mentes empiecen a preguntarse a quién van a votar para la próxima nominación del Gran Hermano o que van a tomar con el té.” Poco más que añadir, y es que puedo dar fe de ello, les vimos en un concierto de apenas cincuenta minutos, y el escaso medio centenar de personas allí congregadas salimos noqueados ante esos niveles de celeridad e intensidad, que incluso dejan al cantante con los ojos fuera de sus propias cuencas oculares.

Si quieres comentar cuál es tu disco más escuchado del año, realizaremos una crítica del mismo con la poco profesionalidad que nos caracteriza, hayamos escuchado o no tu rodaja favorita.


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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cortinilla de Estrellas (II): El Nota y el Green River de la Creedance

"Venga hombre, he tenido una noche difícil y no soporto a los putos Eagles"


Jeff Lebowski, El Nota, el tipo más vago del condado de Los Angeles, lo que puede convertirle en la persona más vaga del mundo si exceptuamos al condado de Treviño y a los miembros de este bloc. Alguien que además de vago, piensa como muchos otros que Metallica son unos gilipollas. El Nota, un tipo que así de primeras, si no lo definiera como alguien muy vago diría como poco que es un tirado sin oficio ni beneficio. También está Walter, que no es aparentemente un gandul, pero que por alguna razón un casquillo se le quedó insertado en el lóbulo parietal durante la guerra del Vietnam, si no, no se entiende que años más tarde vista un chaleco como el del kiosquero de mi barrio. También está Donny, parece una persona interesante. Walter no suele dejarle hablar. También hay una alfombra meada de por medio. Y también está un grupo de California, la Creedance Clearwater Revival, que hace la vida del Nota y la de muchos otros bastante más llevadera.


El Nota buscando en Carrefour el gazpacho de la huerta de Bertín.



La vida de El Nota discurre sin sobresaltos, es uno de los que escribió la declaración de Port Huron (no del segundo borrador pactado), fue uno de los siete de Seattle junto a otros seis tipos y aunque su carrera es algo más lenta últimamente puede jugar a los bolos, conducir por ahí y darse un viaje ácido de vez en cuando. Todo se complica cuando un asiático americano de nacionalidad indefinida orina en su alfombra. Desconozco si alguien a miccionado alguna vez en la alfombra de John Fogerty, si bien su discográfica, Fantasy Records, miccionó de alguna manera en su salud mental al apropiarse durante un periodo más largo que corto de todos los beneficios obtenidos por las canciones que el mismo escribió. Engañado y estafado se sintió el pobre John. Y con razón.


Walter, Nota y Donny frente a Smokey, el pacifista al que Guardiola robó la idea del fútbol y unos cuantos jerseises de pico. Ahora juega la liga de bolos.



A El Nota sólo le intenta estafar alguien con el mismo nombre, curiosamente el marido de una joven de generosos atributos y que acumula una deuda que ha provocado la equivocación de mear en la alfombra que daba ambiente a la habitación de su Notísima. La posición social del otro Lebowski no es la del Nota y sufre en una silla de ruedas tras perder las piernas a manos de un chino en Corea, lo cual hace sospechar a Walter profundamente de este aparentemente gran hombre, tanto, que tira abajo el plan de rescate de la secuestrada mujer florero de Lebowski, del millonario, mientras en el coche suena “Run Through the Jungle”.


Unos ganchitos y Triskis de más, y ahí tienen la viva estampa de una tarde en garajeland viendo caras de Nicolas Cage



Pues este señor tiene una hija que hace arte vaginal, con el corte de pelo de Las Virtudes, con amigos realmente rarunos, con una colección de discos en la que puedes encontrar a Autobahn, y que por una razón más extraña que la ropa del Alcampo que viste El Nota, siente cierta atracción hacia él. Dicha atracción convierte a El Nota en un claro aspirante a pasar por una serie de auscultaciones en una clínica minuciosa, pero que a la salida te permite escuchar “Looking Out My Back Door”. Y de este momento puedo decir que ya no suenan más canciones de los estupendos hermanos Fogerty en la película.

¿Y por qué no meten el enlace de Cosmo´s Factory y sí de Green River si las dos canciones mencionadas aparecen en el primer álbum? Pensará el avezado lector. Bueno, pues porque toda la discografía de CCR es casi irreprochable. Y porque aquí, además de “Green River”, puede encontrar estupendas canciones como “Tombstone Shadow”, “Bad Moon Rising” o “Lodi” ideales para llevar en el casete del coche, amén de otros cortes que puedo casi asegurar que no encontraran en otro bloc.

Gracias a los sabios consejos de los colegas, El Nota consigue resolver el caso de su alfombra, el secuestro de la chica florero, la atracción sexual de la hija del otro Lebowski y recuperar daños y perjuicios. El Nota, como John Fogerty, aguanta, incluso a este último hubo quien tuvo la suerte de verle no hace mucho por tierras ibéricas,y por supuesto, ningún malo de la industria ha conseguido acabar con sus canciones.


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El gran Lebowski en versión corta. Nota: no añadimos traducción.

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domingo, 21 de noviembre de 2010

Nada más que Soul

The Black Keys

The Black Keys - Brothers (2010)

Sopladores de vidrio. Más concretamente sopladores de vidrio españoles que fabrican probetas y tubos de ensayo para la investigación de las más variopintas enfermedades. Lo aclaro: sin estos artilugios, probablemente hoy no habría cura para la viruela o el estafilococo común (por mucho que le duela al Sr. Burns) o el baile de San Vito. Ésta y no otra fue la noticia más destacada del telediario matinal de Antena 3. Cuando la vi deduje su importancia porque en la escaleta estaba situada entre el bloque de deportes y la noticia sacada de Guinness de cada día. La noticia era gorda y, claro, me puse a darle vueltas. Esperen lo peor.


Lo primero que me vino a la cabeza es obvio: cómo se llega a ser el mejor soplador de vidrio del mundo. Ante la perspectiva de que contesten que soplando mucho nos quedaremos con la convención de que con una mezcla de trabajo y talento en el orden que más les guste aderezado con cebolla caramelizada, por supuesto. La segunda pregunta y la relevante aquí es (también pueden preguntarse si voy a llegar a algún lado y con razón): ¿Si son los mejores en algo podrían hacer otra cosa igual de bien? Es decir, podríamos poner a nuestros sopladores a hacer macramé y punto de cruz y que triunfaran de nuevo. No lo vean tan difícil, sólo habría que aplicar la misma fórmula de trabajo en altas dosis y confiar en que el talento nos siga. Algunos ya consiguieron esto, por ejemplo Michael Jordan, que pasó de ser considerado un atleta que destrozaba aros mediante mates a desarrollar una capacidad casi mística para ganar partidos tirando desde lejos. Salía en menos posters, pero en el camino ganó 6 títulos de la NBA. Otros, como servidora, nunca podrían convertirse en adalid de la puntualidad mientras siga dudando de la verdadera catadura moral de loa cinco minutos que me concedo a mí mismo bajo la premisa de "bah, me da tiempo". Nuestros protagonistas de hoy se parecen más a Jordan que a uno mismo (afortunadamente para ellos) y no porque sean negros y jueguen estupendamente al baloncesto, sino porque... ya se habrán dado cuenta de las comparaciones no son lo mío.


The Black KeysEl conjunto de lavadora y secadora es un accesorio que no puede faltar en todo dúo de Blues moderno




Por centrar la cuestión, hablo de los Black Keys, dúo sin par de Akron (Ohio) formado por Patrick Carney, un tipo desgarbado, con gafas y que aporrea la batería con sutil brutalidad y Dan Auerbach; el típico guitarrista de sobresaliente talento, barbudo, ceñudo y dotado de una voz que igual rezuma arena como parece el enlace perdido entre Otis Redding y Son House.


Por establecer una correcta analogía, the Black Keys serían al Blues lo que dar golpes con un pico es al refinamiento en cuanto a sistemas de excavación petrolífera. Hacen Blues, con una guitarra y una batería y sin ambages, si los White Stripes se nutren de la principal raíz de la música norteamericana (con permiso de Lurleen Lumpkin y el Country), los chicos de Akron lo alimentan tomando la esencia y reconvirtiéndola en una suerte de guitarras distorsionadas y baterías de la cantera de Pedro Picapiedra. Su carrera y sus discos son un ejemplo de coherencia, que han ido sufriendo un refinamiento que ha ido a la par de su crecimiento como músicos, pero contraviniendo la frase de Carlito en Atrapado por su Pasado, no han perdido fuerza, sino que la han reconvertido adecuadamente.


Brothers es una explosión de Soul, una inyección de estilo que solo te puede dar un traje con chaleco incorporado en una peli de Nolan. El problema surge cuando vuelves a mirar el nombre de la portada del disco y caes en la cuenta de que los responsables del Blues mas sucio y complejamente simple han perpetrado este gran disco que destila clase y funciona tanto como LP de Stax que como álbum de éxito actual. ¿Pero que les ha pasado a estos dos? Lo primero decir que Dan y Patrick ya apuntaban maneras desde su disco anterior en el que abrieron el abanico de instrumentos, hasta entonces en una amplia lista de dos: guitarra y batería, y contaron con un productor totalmente ajeno a su sonido: Danger Mouse. El resultado fue muy interesante y un estupendo preludio a Brothers, que es la mejor evolución de todo aquello. Recapitulando: hay guitarras distorsionadas, baterías propias de los monos de 2001 y voces desgarradas, pero también gusto por la melodía, órganos y teclados, lineas de bajo que bailan agarrados con el Funk y toneladas de un concepto difícil de explicar: este disco exhuma groove de manera palpable, como si las canciones fueran fruto de una elaborada puesta en escena, pensadas hasta la nausea, pero con un toque de improvisación y jugueteo. Algo así como un striptease bien hecho: sabes lo que va a ocurrir, pero es el modo de hacerlo y los pequeños detalles los que marcan la diferencia.


The Black Keys
Patrick consultando las estadísticas de la ACB y comprobando que no fue buena idea prescindir de Brad Oleson para el Supermanager



Un poco de todo eso tiene todo el disco. Empezando por Everlasting Light, con un falsete que maneja la melodía y un base rítmica que pone en movimiento las falanges, las falanginas y las falangetas de tus pies. Antes hablábamos de base rítmica, aquí hay de todo. Un ritmo de granito, un toque allí y allá de pandereta y los consabidos coros que ejercen de caja de ritmos improvisada. La muestra de que tenemos algo importante entre manos surge con Next Girl, amenazante combinación de carisma vocal e intrincada melodía que lleva a niveles espeluznantes en el estribillo.



Si hablamos antes de puesta en escena, nada mejor que fijarse en Tighten Up, ejemplo de planificación para crear un single de éxito: una linea de bajo, un silbido al uso, una respiración antes de cantar y los mejores 3:21 minutos que has escuchado últimamente. Puro Soul, pero tamizado como tema Pop y con guitarras que juraría que tienen vida propia. Algo que también le ocurre a Howlin for You, banda sonora improvisada de una peli de vampiros de la Hammer; es decir, una autentica película de vampiros, con Peter Cushing como Van Helsing, chicas con vestidos vaporosos que se caen a la mínima y mordiscos, si, porque los vampiros muerden, aunque la saga Crepúsculo los haya dejado con imagen de gusiluces apocados y con pinta de Pep Guardiola. Pero sigamos a lo nuestro: ahora suena She's Long Gone, lamento blues interpretado a la manera de los Black Keys: con una guitarra al borde del colapso entre efectos de teclados y una voz que presagia tormenta. La pausa instrumental la pone Black Mud, que podría pasar perfectamente como música de una película de Tarantino sobre el Black Explotation, aunque casi todas las de este hombre al final van de esto.


Llevamos menos de la mitad del álbum y lo mejor aún nos espera. The Only One es la piedra filosofal del nuevo/viejo sonido de esta banda: los teclados, la guitarra acompañándolos, el bajo dando un tono sombrío y el falsete de Dan. El conjunto funciona tanto como música de carretera como pieza bailable. Atentos al estribillo: nunca había hecho "air pandereta" hasta ahora. Patrick a la batería tiene su cota de protagonismo en Ten Cent Pistol, un ritmo que sostiene a la voz de Dan a la manera que Mick Fleetwood hacía caminar a Fleetwood Mac en los tiempos en los que Blues era su pauta a seguir. La razón de la frase de "menos es más" es alargada en esta canción y en varios alegatos en defensa del tamaño de las cosas en el mundo masculino. Justo después de varios acordes de guitarra que deja la canción en suspense, irrumpe Dan con una interjección propia de cómic y una descarga de adrenalina controlada. Un chute de buena música en toda regla. Es Sinister Kid y cada vez que la oigo alimenta más mis ganas de ver a este grupo en directo. Si no existiera este estribillo (construido con la voz de la cantante de Hip Hop, Nicole Wray) habría que inventarlo y asegurarse de que todo el mundo lo conozca. The Go Getter y I'm Not The One ofrecen dos facetas de la voz de Dan, pero en ambas es capaz de mostrar la capacidad expresiva de un señor que canta con barba. Claro que no es lo mismo que lo haga Rubalcaba (por poner) que el bueno de Dan. En ambas canciones y sin haber oído la versión de Don Alfredo preferimos la interpretación de Dan; sectarios que somos.



The Black KeysLa versión de este pack de los Chesterfield Kings incluye algunos accesorios extras y un tanto más coloristas


Por si se lo peguntaban, la cosa acaba tan bien como había empezado, con Unknown Brother respetando toda la tradición de los discos que se han grabado en Muscle Shoals (no lo había dicho, la mayoría de estas canciones se grabaron allí), la versión de Never Gonna Give You Up de Jerry Butler, canción que habrán oído mil veces y de la que nadie recuerda su autor. Esta buen señor, fue el primer líder de los Impressions, escribió a medias I've Loving You con Otis, amén de otros estándares del Soul. Su contribución, como ocurre muchas veces, ha sido tan importante en la música como grande es su anonimato. Los Black Keys se entregan con pasión a la versión, homenajeando al maestro (encima de buenos músicos, lo mismo hasta son buena gente. La hecatombe). El álbum se cierra con These Days, melancólica y autoconclusiva como la "O" con canuto, zigzaguea durante los minutos que suena como queriendo dejar el río en calma después haber pasado por allí este Brothers.


Y eso es todo. El que suscribe estas líneas todavía no se han encontrado en este año con un disco mejor, que además me ha supuesto una sorpresa: uno tiene sus invariables y entre ellas estaban que los Black Keys hacían Blues garajero y sucio. Pero los buenos discos provocan milagros, como que yo cambie de opinión o que alguien sea capaz de encontrar un nexo entre una noticia en Antena 3 y este disco. Los Black Keys han conseguido hacer dos cosas realmente bien y eso significa que merecen ser conservados en formol, junto con Aaron Sorkin, la palabra austrohúngaro y los sopladores de vidrio españoles.





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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Grupo Nins, sus canciones futboleras y otros éxitos del post-punk

Grupo Nins, banda para menores de ocho años o con serios problemas de hacer amigos adultos. También conocida como el grupo marca blanca de Parchís (a Enrique y Ana ni los miento), los auténticos jefes de todo esto del movimiento de bandas infantiles, que en España vivió sus años de esplendor en los años ochenta, como años atrás la música pop tuvo unos años de esplendor bajo el techo del Swingin London sesentero (y tras la escucha de las canciones de Regaliz tengo serias dudas de quien va más empapado de LSD). La procedencia del grupo musical es de la fundación de mismo nombre, que tiene la loable misión de hacer que los niños jueguen como niños. Y aunque en garajeland siempre apoyaremos esa premisa por encima de la que deberían estar jugando a fabricar las bonitas zapatillas que lucimos en los pinreles, meterse en un terreno que no sea el estrictamente musical no es de nuestra (también) loable manera de vivir.


Nuggets: Original Artyfacts from the First Psychedelic Era, 1965-1968



Como decía, el grupo vive el esplendor en los años ochenta, aunque ya eran veteranos de la escena. Debatir sobre sus miembros es realmente una investigación digna de la enciclopedia británica, ya que a diferencia de grupos como, mismamente los Stones, aquí en cuanto uno se hace mayor y le cambia la voz por la de Ramón Langa (por no hablar de esos incómodos pelillos que empiezan a salir donde antes no había) le dan el bote, con la consecuente restructuración del grupo cada poco tiempo. Por no cargar demasiado la capacidad cognitiva, crítica y de razonamiento de los lectores de este bloc me centraré en comentar tan sólo mis éxitos favoritos.

En el puesto número uno, indiscutible, la canción de Naranjito. Tintes pop, gran letra alusiva a la chaparrez del cítrico mascota del Mundial que debería de haber ganado Honduras, y presentación mítica donde las haya con Pepe Domingo Castaño mucho antes de convertirse en el becario más famoso de España anunciante de encimeras Silestone. Coreografía que raya por lo alto pese a lo complicado que tienen los chicos darse la vuelta al unísono, seguramente propiciado por lo apretados que le quedan los calcetines, cortando cualquier atisbo de riego sanguíneo de pantorrillas para abajo. Si estás pensando que ya habías visto esos pasos, sí, actualmente se pueden ver plagiados de forma indiscriminada por las chicas Tchin Tchin de Alain Affelou. A partir del segundo minuto, el vídeo deja de lado un feo balón de fondo para emitir el gol que Kempes le cascó a Holanda en la final del setenta y ocho (con lo bien que hubiera quedado el fallo de Cardeñosa contra Brasil). Tremebunda canción.



Grupo Nins o el cadete A de fútbol sala del Celtic de Glasgow



En el puesto número dos, desde las más oscuras cavernas, “Campeón”. Canción más garagera que la anterior, con letra de gran carisma muy influenciada por Bruce Springsteen. El chico rubiales toma el protagonismo del tema pese a que se le ve bastante puteado por ir haciendo movimientos con el dedo índice, acto seguido levantar el puño y el movimiento de salto invertido al unísono con sus compañeros. Como mal endémico del tema quedará ese sonido órgano Casio que SIEMPRE tiene que atronar en las canciones infantiles, en lo que a mi opinión, puede acarrear secuelas importantes en la vida de un menor si no se le compensa debidamente con la reiterada escucha de los tres acordes de Rumble de Link Wray. Con lo bien que queda el Wurlitzer para según qué cosas. Coreografía más rápida, pero el chico bajito no saldrá bien parado en el colegio cuando le vean rodeado de dos chicas que le sacan ampliamente cabeza y media (y esto lo sé por experiencia).

"Asterix": una perfecta melodía que unía como nadie el sonido del puesto donde se sacan los billetes del tren de la bruja y el sintetizador utilizado por la Human League o Soft Cell. El enérgico ritmo y unas angulares voces Post Punk crean la cadencia necesaria para entrar a un estribillo lleno de alegorías hacia los poderes físicos de los galos de la época. Si bien actualmente alguno de nosotros prefiriera que los romanos fueran los que dejaran sin dientes, por poner, a su actual presidente, el visionado completo del vídeo deja a entender que los chicos descarriados que no gustaran de estas canciones acabarían recorriendo los fines de semana otros escenarios llenos de luces de colores en los bordes de la carretera de Valencia.



Parchis: Las cuatro fichas y el fondo de tablero. Apuesten por quién se llevó más collejas en el colegio.



Por último, me quedo con “Despedida Nins”, canción de vídeo absolutamente pagano con unos osos panda a los instrumentos, en donde se incluye a uno de estos mamíferos (con barba) tocando el contrabajo. Como todos los grupos en el ocaso de sus composiciones, aquí se les ve mucho más maduros, tanto en las composiciones, de tono mucho más progresivo, como en su vestuario, si bien siempre se les identificó por vestir como se debe y no como con los atuendos hipiescos de sus coetáneos.

Para saber más del grupo NINS puedes conocer directamente su historia a través de su creadora, que tiene un blog y lo cuenta con todo detalle de nombres y fechas, mucho mejor de lo que lo puedes hacer aquí, en donde los datos son francamente irrelevantes y de dudosa procedencia. No quisiera sino más que despedirme y desear lo mejor a quién haya pasado por aquí, buena salud y un seguro médico de calidad, ya que servidor, después de ver seguidos los cuatro vídeos no he podido articular palabra.









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jueves, 21 de octubre de 2010

Los caballeros de la mesa Pop: Gentleman Jesse And His Men



Gentleman Jesse And His Men (2008)


El proyecto powerpopero del bajista de los Carbonas, Jesse Smith, ha conseguido que cada vez que escuche su debut me vuelva mejor persona. Quizás esa no es la palabra, demasiada exagerada y con la que no estoy demasiado familiarizado, quizás voy más feliz por la vida. Es que veo por la calle a MacGyver con un perro miccionando en una alfombra y voy a darles un abrazo, a los dos. La vida es así, pones un poco de New Wave en tu existencia y olvidas por completo que en algún momento perdiste tu denuncia a la colonia Jack´s por publicidad engañosa. Ahora me perfumo con el aroma del gazpacho a Bertín, pero este chico y sus hombres (quien lo iba a decir) me entusiasman un día tras otro.


Gentleman Jesse y sus chicos en una de las bodas de Sara Montiel



Como comentaba, del proyecto se encarga Jesse Smith, bajista de los punkarras de Atlanta Carbonas, pero ahora metido de lleno a la Rickembacker de seis cuerdas. En la aventura le acompaña el propio bataca de los Carbonas, Dave Rahn, que además se encarga de la propia grabación del disco. Algo digno de un estudio o de una charla de punks anónimos, es como han reconvertido sus principales trabajos en un disco cargado de grandes melodías y juegos de voces, pero es posible que la inclusión de Craig Johnson a otra guitarra, y el bajo de Dustin Nigro tengan algo que ver en su transformación.


Jesse Smith y el perro que orinó en su alfombra. Haga lo que hicieron sus padres: Busque un empleo.



La portada del disco ya da indicios de por dónde pueden ir los tiros del álbum: This Years Model de Elvis Costello, la compra de cámaras Yashica, o un guiño a la foto avatar que tiene el que escribe estas líneas (opción que cada vez va cogiendo más fuerza). Sin duda el sonido New Wave de las primeras grabaciones del sello Stiff Records se muestran muy presentes, corriendo como es natural ese regustillo a Punk de las grabaciones de esa época de antaño. Las trece canciones del disco tienen una frescura abrumadora, tras un inicio con doble canción llega “All I Need Tonight (Is You)”, un absoluto clásico inmediato, una canción que como otras tantas del álbum entran con gran facilidad, sin vaselina de por medio y cuando menos te lo esperas. Le sigue “Rest Of My Days”, otro corte de tinte más garagero y con una gran moraleja de lo que puede hacer uno durante lo que nos queda de existencia. Tras estos dos imprescindibles temas algún que otro plato fuerte que no se te quitará de la cabeza, “Attention” y especialmente la inmediata de grandes armonías vocales “You Don´t Have To (If You Don´t Want To)”. Si crees que con cuatro canciones esenciales no tienes suficientes, puedes disfrutar la versión de uno de los grupos que huelen como la camiseta de Otto, los reggae The Equals y su “I Get So Excited”, y otros irrechazables escritos del caballero: “Wrong Time”, “If I Can See You (You´re Too Close To Me)” (A estos chicos les gustan tanto los paréntesis como a mí) y “Put Your Hands Together”.

Puede que treinta y cinco minutos no sean suficientes para encauzarme por el buen camino de la bondad y la generosidad, pero aseguro que cuando uno se cruce con alguien que vaya escuchando este mismo disco, una sonrisa cruzará de oreja a oreja, seas de este planeta o de cualquier otro.


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Es posible que estar más de dos minutos saltando sin parar no tenga excusa, pero estar tan excitada tiene justificación.


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domingo, 10 de octubre de 2010

El Revival revivalista del revival del garage: Swingin´ Neckbreakers



The Swingin´ Neckbreakers - Live For Buzz (1993)


La proposición del día se basa únicamente en que por primera vez (algo increíble a tenor de lo que se suele exponer en estas líneas) una crónica musical será escrita bajo los efectos de las drogas. Sí, de las drogas, de esas que se suponen que curan catarros pero te dejan el cerebro hecho fosfatina para según qué actividades neuronales. No obstante, como buen seguidor de Trainspotting, el coloque me ha sido patrocinado por la Seguridad Social, un cambio sustancial en mi vida, como un cambio en nuestros amodorrados artículos sobre flojeras bandas musicales podríamos hacer volviendo otra vez al lado oscuro del rock and roll; al chillón, al varonil, al sucio y potente garaje del debut de los Swingin´ Neckbreakers: Live For Buzz, rebautizado desde el momento que uno es fan de los Simpsons como Live For Buzz Cola.


Tres hombres y un coche fúnebre como clara alusión del viaje al más allá que puede provocar mirar fijamente a los pantalones de Snook


Como muchos saben y muchos no, los Swingin´ Neckbreakers son una angelical banda de Trenton, Nueva Jersey, un lugar donde seguramente no pasen muchas cosas, pero donde por ejemplo te puedes tomar unas almejas en salsa verde por sólo trece dólares. Formados por los hermanos Tom y John Jorgensen, posibles jugadores seleccionables como interior derecho y pivote defensivo de la selección danesa de futbol, pero que finalmente tras ninguna llamada del seleccionador grabaron unas cuantas demos musicales en el garaje de su casa y empezaron a dar conciertos por la zona, inicialmente con John a la seis cuerdas y Tom berreando desde el bajo hasta la llegada de Shaggy Snook, que relegaría a John al multidisciplinar trabajo de baterista del grupo. Tras un primer single que les ponía en órbita se publicó su primer largo, este pescado con espinas llamado Live For Buzz.

Un disco cuya biblia dice que hay que honrar con versiones bien elegidas a los padres del garaje, es decir, prácticamente todos, puesto que a los SN se los podría englobar en una especie del revival del revival que comenzaron años antes algunos grupos ya de sobra conocidos como los Lyres o los Reyes de Rochester (Si es que realmente el garaje se fue de la vida cotidiana alguna vez). Así nos encontramos con más de la mitad del disco compuesto de gratificantes y saludables versiones de los Kinks (“I Took My Baby Home”), de los Troggs (“You´re Lying”); por supuesto de los Sonics, que ya disponían de un capítulo aparte en esto de las santas escrituras del garaje y de los que versionean el “Boss Hoss” de Gerry Roslie; de los sesenteros Jay-Jays se apropian de “Shake It Some More” y así hasta obedecer los nueve mandamientos en forma de nueve canciones.


El pobre Tom Jorgensen comprueba que Nuria Fergó se encuentra entre el exaltado público


El resto son sus logrados temas, “Little Pink Medicine”, “Thinkin´ Man´s Girl”, “Take You Live” o “I Live For Buzz”, llenos de energía destructiva, vitalistas, con tres verracos que no paran de maltratar la sensibilidad pop de cualquiera que ponga sus oídos frente a las guitarras de Snook, los puntuales órganos en las canciones, los temerarios golpes de baquetas de medio kilo del colega John Jorgensen y el bajo sin frenos del hermanísimo Thomas. Son chillones, cavernícolas, machacantes y seguro que hasta sudan, pero no dejan de encantarnos esas tonadas absolutamente absorbentes de Live For Buzz. Un placer completo sería hincarle el diente a su segundo disco (Shake Break!), y porque no, tras estar intermitentemente desaparecidos desde hace unos años a su última entrega Pop Of The Tops. De momento, a disfrutar del debut con los hermanos con más mandíbula que ha parido Nueva Jersey desde que Bon Jovi y los suyos decidieron entrar en los primeros puestos de los más bellos del Superpop de Octubre del noventa y uno.


Servidor: Megaupload. Contraseña: peluquin

'>>>Pincha & Buzz<<<'






No intenten encontrarlos en el siguiente vídeo, los que tocan no son ellos, pero el creador de la imagen ha tenido la bondad de poner piernas al aire.

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viernes, 1 de octubre de 2010

Una crónica de Turborock sin recurrir a la palabra turbo para explicarlo

Imprescindible festival el que se proponía para este mes de Septiembre, casi surgido de la nada y con un cartel que despertaba sueños húmedos entre los integrantes de este bloc. Su propuesta era juntar a un buen puñado de grupos de la escena clásica del rock y el garaje, en un recinto donde los músicos no los ves como alejadas cagarrutas entre un mar de peluquines que se sitúan entre tu persona y los treinta metros de distancia al escenario; con la ventaja de que no sufres incómodos cacheos de la mochila por si el bocadillo de atún con pimiento decides arrojarlo con fuerza al guitarrista de cualquier grupo, confundido en la distancia con, por ejemplo, David Bustamante; donde los precios por un vaso de plástico de cerveza no son ligeramente inferiores al producto interior bruto de la isla de la Gomera; y que su localización sea en un pequeño pueblo de los valles pasiegos, en donde los vecinos más cercanos alucinaban desde sus ventanas intentando adivinar (luces apagadas del salón) qué hacían esa panda de hippies con patillas en un viejo mercado del que salía un ruido infernal. Sólo faltó la aparición de Sharon Stone en sus años mozos para que el sueño se hubiera consumado, por lo demás, el festival pasó con nota su primera entrega (por supuesto, opinión que sólo hemos contrastado con la propia y con la que estamos en mutuo acuerdo).


Instantánea tomada al grito de "frena, frena conductor conductor con". Nota: Es posible que los Fruitis no estuvieran en ese momento pasando por allí


Llegada el Viernes por la tarde, es entrar en Cantabria y en lo que más pensábamos ni siquiera era en que grupos iríamos a ver, no, son los efluvios de un viaje al Norte lo que nubla nuestra mente en el oscuro y verdadero motivo de este viaje: comer hasta llegar al concierto de los SOOL y que la gente se haga fotos con nosotros pensando que somos el amigo Ebbot Lundberg. Los primeros en pasar por nuestros oídos el grupo australiano The Meanies, con un cantante que no paró de tirarse al suelo berreando cual Iggy Pop, nos dejó la sensación de que al día siguiente viajaría a Valencia con un ligero dolor en el morroplastio izquierdo y hematomas de grado tres en cuello, zona lumbar, tronco en general y peritoneo en particular. Aunque francamente entregados al público, nuestra sensibilidad pop no se sintió del todo cómoda con los aussies.


Verdadera protagonista del segundo día de conciertos. Hay quién pensó que eran los Redd Kross y quien dijo que de ahí salían cien platos de almóndigas (nos disculpen nuestros amigos vegetarianos)


El siguiente ya era plato fuerte: Los Coronas. Una vez más, soberbios. Cada día tocan mejor y ya es decir, eficaces en las deficiencias de sonido terminaron por llevarse el primer gran aplauso de la jornada. Hubo poca charla de Fernando Pardo debido a las limitaciones de tiempo, una pena, porque este hombre suele ser bastante dicharachero y saleroso.

Le siguieron el grupo hermano Sex Museum, rockeros de grado cuatro, con Miguel Pardo deleitando al personal con unos pasos de baile bastante singulares. En mi opinión varios pasos por detrás de Los Coronas en cuanto a concepto de concierto, aunque nada se puede achacar a las buenas maneras a los instrumentos de estos clásicos malasañeros. Entre medias nos perdimos a los Muffs, nos pudo el sentir del estómago y sólo llegamos a ver la última canción de un concierto al parecer tan corto como el número de féminas presentes sobre las tablas durante el fin de semana.

El penúltimo concierto de la noche fueron los esperados Hoodoo Gurus, banda que perdió el pelo en la cabeza en pos de la fabricación de pelucas para los seguidores de Mago de Oz. Como buen grupo australiano estuvieron correctos a los instrumentos, con una gran selección de temas, donde sonaron todos sus clásicos, siempre de agradecer para los que como un servidor no ha catado sus entregas más recientes. Lástima que no llegaran a meter en calor a los miembros de garajeland, seguramente aletargados por cada salida al exterior del mercado, con típica meteorología cántabra a comprar unas monedas canjeables en bebida o en el tren de la bruja, nunca estuvo del todo claro para que servían.

Última parada del día, los Redd Kross, razón principal por la que peregrinaríamos a Sarón con un chándal de felpa y unas zapatillas Paredes de color mostaza recicladas de la incineradora de Valdemingómez. En nuestra opinión (nunca del todo fiable de dos devotos de la banda californiana) lo mejor del festival. Se comieron todo lo anterior desde las primeras canciones, estos punkarras camuflados en hacedores de canciones pop que se pegan como el chicle no dejaron lugar a dudas: los Redd Kross nunca fallan. Denunciable fue el tiempo del concierto, no sabemos si culpa del señor que estuvo todo el fin de semana controlando el cotarro desde una silla de jardín, pero faltaron una treintena de canciones más para que nos hubieran dejado mejor cuerpo.


Los Wildebeests, no bajo lo que podría parecer un crucifijo, no, es la clásica viga acolchada que todo buen arquitecto propone para una reforma parcial en casa



El sábado empezó con la pérdida (una vez más) de ver a Muck And The Mires, motivado por la ingente cantidad de comida que nos pegamos (prueben al menos una vez en su vida las fabes con hongos y de postre un digestivo de orujo) fue necesario el repose de la misma si queríamos mantenernos en pie más de diez minutos de concierto. A la llegada nos topamos con la agradable sorpresa de los Wildebeests, tocando “Comanche” en un claro y no reconocido homenaje al desaparecido Enano Buceador. Gran sonido el desplegado, y unas canciones garajeras y rockanroleras muy del gusto de los responsables de estas líneas. No esperábamos menos de un grupo que cuenta en sus filas con ex miembros de los Kaisers o los Milkshakes. En busca y captura de sus vinilos andamos ante tan gratas sensaciones.

El siguiente turno fue para el combo de Soul de JC Brooks, de los cuales aparcamos junto a ellos a la llegada al recinto y pudimos comprobar de cerca que el traje que llevaba se lo habían prestado del fondo de armario de Amar en Tiempos Revueltos. Impresionante y sobrado sobre el escenario, con un solo disco a sus espaldas se llevaron una de las ovaciones del respetable patilludo y patilluda allí congregado. Menudo tío.

Sacrificados por una merienda-cena quedaron los Right Ons, con tiempo marcado para no perdernos a los Young Fresh Fellows, unos tipos tan queridos por nosotros que hasta se les perdona que no estuvieran en uno de sus mejores días, perros viejos ellos se dieron cuenta y para la segunda mitad del concierto volvieron a hacernos sonreír como sólo ellos lo saben hacer. No faltaron los saltos de ese niño grande llamado Kurt Block, los redobles de Tad Hutchison mientras se cruza de piernas y todas esas pequeñas locuras que les hacen únicos.



Nótese que la gente de la banda izquierda se muestra animada, todo lo contrario que los de la banda en donde jugaba Chendo, que saben lo que se les viene encima


Con nuestros sentidos empezando a notar el aletargamiento entraron a escena los Vikingos de los Soundtrack Of Our Lives, un valor seguro en cualquier concierto, boxeadores curtidos en mil batallas suelen dejar noqueados al personal con ese muro instrumental infranqueable y la presencia del gigantón sueco Ebbot, que protagonizó el momento delicado de la noche arrojando sus cinco mil onzas de peso hacia el público, motivo por el cual a nuestro amigo Johnny Lebrel le han diagnosticado una médula espinal en forma de alambre de espino. No sé si estuvieron mejor o peor que en otras ocasiones, pero servidor se lo pasó pipa.

Para el final quedaron los medio grungeros Mudhoney, demasiado para nuestro ya curtido pabellón auditivo, no le dimos muchas opciones de que nos convencieran sus innumerables chillidos y la parquedad en palabras de Mark Arm, al que faltó un “Buenas Noches” para dejar por los suelos la educación de la casa Windsor.

Experiencia gratamente positiva, sólo falta para el año que viene un par de paseos por el escenario de Sharon Stone, cuyo pero es (que nos perdone en este apartado el colega Charlie Don´t Surf) que el sonido es francamente mejorable, pero todo se arregla con una moqueta de la buena en las paredes, una mano de pintura y unos ingenieros de sonido que no se empeñen en que acabemos como el bueno de Hans Topo en este vídeo. El año que viene ya estamos pensando en volver, aunque toque la clásica orquesta de canciones populares a la flauta dulce en clave de Sol, cargar el coche de quesos de Liérganes, unos sobaos de kilo que podrían sustituir en un momento dado a los azulejos de la cocina y esa agradable sonrisa que te deja un fin de semana a base de tan recomendables variedades gastronómico-culturales. Si un día de estos se encuentran por la calle a alguien con una pulsera verde recubierta de azulado moho y cierto aire a cara de anchoa, no duden en saludar, somos alguno de los miembros de garajeland.

Se os deja con un vídeo de los Wildebeests grabados en los estudios Circo Perrotti junto al mismísimo pirado de Jorge Explosion.



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jueves, 23 de septiembre de 2010

Y después de unos cuantos gazpachos de más...

Y después de unos cuantos gazpachos de nuestra marca favorita, volvemos al trabajo tras un corto, muy corto verano lleno de vaguería por nuestra parte. Como cada año, no podíamos dejar pasar la ocasión de recordar a nuestro querido presentador veraniego, pelo en pecho galopante y uno noventa de altura. Últimamente poco pródigo por la televisión nacional, nos tenemos que conformar con catar el gazpacho de su propia huerta y oír perturbadoras historias sobre chicas levantinas que desprecian al resto de mortales ibéricos por no llegar al nivel de masculinidad y canción melódica de Bertín.


La dieta mediterránea en todo su esplendor. Se han colado los Beatles, pero creo que la foto se tomó ayer tras tomar unos champiñones en mal estado.



Sabemos que prometer a estas alturas una nueva temporada repleta de discos y reducir las alusiones a los Simpsons sería incluso denunciable por algún querido lector estafado, pero de momento ya pueden disfrutar con un Fondo de Armario del amigo Verléin, que no es poco.

El vídeo con el que les obsequiamos no tiene nada de particular, si acaso el puré de patatas que cayó a nuestro buche junto a unas salchichazas alemanas el pasado sábado; y que por si alguna vez se lo habían preguntado, nuestra salida del trabajo el día que nos dan las vacaciones es muy similar a la de las dos señoritas que bailan en lo alto de la tarima.

PD: Para empezar con fuerza nos vamos todo el fin de semana a Turborock, festival de dudoso buen gusto en el turbo nombre, pero con un cártel y un precio de birra que ha tocado la fibra profunda de los miembros de este nuestro@suyo bloc.



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domingo, 19 de septiembre de 2010

Fondo de armario ( IV )

Elvis Costello - Blame it on Cain (1977)

Llegado este momento de septiembre todos los seres humanos volvemos a nuestra rutina, incluyendo llorar cuando suena el despertador, rascarnos en ese punto muerto que tenemos en la espalda (inalcanzable de todas todas) y decidir si este año empezaremos sin solución de continuidad la colección de 'camiones de la época de antaño' o la vajilla de porcelana de Hello Kitty; nosotros optamos por volver por ponernos las gafirulas de pasta y enfundarnos los pitillos (aprovechando que mi madre ha terminado de cogerme el bajo esta misma semana), así que... Acoqui!

Nombre: Blame it on Cain
Autores: Elvis Costello
Fecha de grabación: Finales de 1976 (Pathway Studios, Islington, Inglaterra)
Productor: Nick Lowe
Ingeniero de Sonido: Bazza (desconocemos si es persona, animal o mesita de noche)
Músicos : Elvis Costello: voz y guitarra; John McFee: pedal steel guitar; Sean Hopper: piano, órgano y voces; Johnny Ciambotti: bajo y voces; Mickey Shine: batería.

Datos extras: Las cosas de la vida, en 1976 Declan Patrick MacManus era un administrativo que operaba con un IBM, casado y con un hijo. En 1977 era la nueva estrella del New Wave, del punk y del rock. Su disco era un moderado éxito en las listas, pero suponía un tremendo empujón para su discográfica, Stiff (que entre otras gemas nos entregaría discos de Nick Lowe, Wrekless Eric e Ian Dury) y encima significó el primero de unos cuantos discos tremebundos que iría entregando en los años siguientes.


Elvis CostelloCostello en la época en la que cubría los vestuarios del Real Madrid para Supergarcía




Probablemente el señor de las gafas no pensó en que fuera a grabar nada cuando entró por primera vez en las oficinas de Stiff (tuvo que escaquearse del curro con una hábil, original y eficaz estratagema que a nadie se le había ocurrido: se hizo el enfermo). Fue recibido por una amable chica de recepción y dejó una cinta con sus canciones. En principio, Stiff sólo le quería como compositor para Dave Edmunds, pero también dejaron al chico grabar alguna demo con Nick Lowe a los controles y la mitad de lo que serían los News de Huey Lewis encargados de los instrumentos. Una cosa llevó a la otra y cómodamente grabaron lo que sería My Aim is True, en lo que otros hacen un curso de CCC de técnico ornitológico y de interiores, Costello, pergeñó un disco de debut sobresaliente pleno de talento y con composiones que valían lo que se llevó el Dioni en su furgón (a ojo de buen cubero). Así de fácil.



Sea como sea, My Aim is True tiene una colección de canciones inapelable, que atacan todos los puntos fuertes de un oyente avispado y puesto sobre aviso, golpeando sobre tantos estilos: Punk, Rock&Roll cincuentón, blues, New Wave... que más parece una representación de helados playeros (ya saben: chocolá, tutifrú) que un primer álbum. Mucho se ha hablado sobre los artistas que dan lo mejor de sí mismos cuando la situación es más penosa que de costumbre, pero no se ha dicho mucho de los que trabajan mejor cuando tiene poco tiempo para hacerlo. Como si la prisa avivase la llama del talento. Elvis grabó su disco en poco menos de 24 horas. Como ya habían hecho sus idolatrados Beatles o la mayoría de los músicos anglosajones de los 60. Claro que después ellos mejoraron la fórmula, pero esos primeros esfuerzos, con la exigencia por las nubes, pero compensada con desparpajo exigen un respeto. A buen seguro que ante el reto de grabar, Costello se planteó las dos primeras preguntas de la guía de franquicias que sigue Marge, a saber: 'quién soy' y 'qué corcho hago aquí' (no en vano grabó un disco sin darse cuenta, para una compañía de futuro prometedor, pero incierto, con un productor al que idolatraba y unos músicos de sesión que se fueron pasando el testigo entre unos y otros). Pero la cosa salió bien. Particularmente bien.



Elvis CostelloEn realidad esta es la cara que se te queda cuando no te acuerdas bien de la tabla del 7, pero nunca te ves en un espejo para comprobarlo


Y qué les traemos hoy? Pues dentro de la que podíamos elegir(que es mucho) y con los parámetros que se siguen en esta sección les dejamos con Blame it on Cain ('Échale la culpa a Caín'), un blues 'shufflado' (lo que me gusta inventarme palabras) de estructura simple, pero que funciona como el reloj de Cuco de tu tía Adela gracias a buenos fraseos de guitarra y la energía característica que Elvis Costello imprimía sus canciones. Un derroche de talento en una canción menor que naturalmente fue eclipsada por Alison (a la cual precedía), que para los entusiastas de la paradoja tampoco fue un single muy vendido en principio. La canción, que cuenta con una letra realmente interesante, también nos habla del conocimiento que tenía Elvis de las reglas de la música propiciando un final de canción que sube tanto en decibelios como en ritmo y que recuerda a los gloriosos climax que The Band introduce en muchas de sus canciones.




Probablemente nadie se acuerde muy bien de este tema, Elvis Costello tiene cantidad de ellos (pregunten a mi compañero por Less than Zero, incluido en el mismo My Aim is True), pero es testigo directo del talento de un pequeño genio con pinta de empollón en un momento en el que la soltura con la que escribía temas legendarios ponía en duda esa supuesta teoría actual de que se necesitan 4 años de espera entre disco y disco. Elvis acabó con eso de un plumazo saliendo a disco por año hasta 1984 y manteniendo unas cuotas de calidad que le daría un certificado ISO y un sello de Krusty, ambos pruebas irrefutables de casi cualquier cosa.


Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

P.D.: no me he resistido a ponerles un vídeo tipo "Mundo Viejuno", pero con la canción de la que hablamos. No me digan que no les sale de dentro hacer un doblaje improvisado...


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sábado, 7 de agosto de 2010

El gran legado de la oveja negra

Pacific Ocean Blue
Dennis Wilson - Pacific Ocean Blue (1977)


No sé si les habrá pasado, pero con frecuencia cometo el error de tomar por sabidas cosas que luego no son como pensaba. El error puede ser mínimo, tipo: "oh vaya, creía haberle dicho a fulanito que me trajera esto otro"; peligroso: "juraría que ese semáforo estaba en verde" o tremendamente temerario: "acordarse de que uno es daltónico, ser Macgyver y tener que desarmar una bomba con dos cables, uno rojo y otro verde". Como verán, en este sano despiste, como en casi todo en la vida: la intensidad del mismo es importante.

Pero no crean, también existen despistes en el ámbito musical, una lista interminable de conciertos que te perdiste porque "pensaste que las entradas no se agotarían tan rápido" o de discos de ediciones especial no reeditadas que podían esperar un día más en la tienda y que fueron a la estantería de otro (desde aquí un saludo, oh enemigo anónimo). En este nivel musical del que hablamos podría tener perfectamente su hueco el disco del que soltamos chorradas hoy, el nunca suficientemente ponderado Pacific Ocean Blue de Dennis Wilson. ¿Por qué podría formar parte este disco de esta clasificación de olvidos que me he sacado de la manga? (en un truco de polichinela que haría palidecer de envidia a Krusty el payaso), pues porque se trata del primer disco que salió al mercado de un Beach Boy en solitario y, más aún, no se trataba de un disco de Brian. Quién podía decir que no había dado por hecho que el primer disco de la familia sería de su miembro aparentemente menos dotado musicalmente, más rebelde y desinteresado por la música. Vamos, quiero ver esas manos. India no se me esconda...


Dennis Brian WilsonBrian y Dennis en el psicotécnico del primero. Aquí también le hubiéramos dado el carné aunque no viera tres en un burro, no se preocupen.



Pues sí, el álbum que casi por sorpresa sacó el bueno de Dennis fue el primero de la familia y, por si fuera poco, se trata (al menos para este humilde escriba) de una obra maestra. Obra maestra por ser un conjunto increíblemente equilibrado de melodía y pasión por la música. Por inclasificable y atemporal, por mantener relación con la música del grupo, pero al mismo tiempo suponer una revolución en ese aspecto y, sobre todo, porque nadie lo esperaba y, cuando eso ocurre, todo se disfruta todavía más. Este disco es uno de esos milagros que hacen que mi compañero 61&49 grite "brujería" al escucharlo (también le pasa con toda la tecnología posterior al CD, no se crean) y que encima fue objeto hace poco de una brillante remasterización en vinilo y CD. Las dos estupendas en contenido, diseño y con un respeto al material original mayor al casi reverencial que tengo yo al cartero (ya me vale, que es mi principal valedor en esto de la compra compulsiva de cosas a través de las redes).

Aunque estamos aquí para hablar de la música, no quería dejar de aprovechar este momento para hablar de un libro (al estilo Umbral) y es que por más que este humilde servidor les cuente, todo lo que quieran saber sobre los fabulosos Beach Boys y la fascinante (y también algo triste) historia de Brian Wilson se encuentra en el estupendo libro que José Angel Gónzalez Balsa escribió hace unos años y que es uno de los tratados más completos, subyugantes y entretenidos que he tenido sobre mis dos pies (sí, cada uno lee como quiere), autor al que tengo un aprecio especial por ser capaz de poner un título tan largo para algo, para uno que no sabe escribir sin subordinar algo, casi puedo decir que he encontrado un hermano.


Dennis WilsonParece ser que el poncho fue indispensable para grabar un disco tan bueno como este. Yo de momento he encargado ocho


Realizada la apreciación, volvamos al disco, que fue grabado sin que nadie le prestara mucha atención, casi como le ocurría a Dennis, que siempre fue el rebelde de los Beach Boys, así como Brian Wilson era el genio y Carl el de la voz de ángel, pero nunca estuvo bien considerado como músico. Sea como fuere, sí que es cierto que Dennis aprendió rápidamente cómo moverse en el estudio, grabó muchas de las partes de batería que en principio fueron atribuidas a Hal Blaine y asimiló influencias propias que no eran visibles a simple vista que le sirvieron para encontrar su voz (que no tenía mucho que ver con la de sus hermanos), pero que en el ambiente adecuado pudo desarrollarse hasta conseguir emocionar a los más duros seres con patillas. Su voz es como una especie de susurro grave que pincha donde más duele, más o menos como la apreciación de algún familiar consanguineo o no cuando te dispones a hacer algo peliagudo ( ver este vídeo para una mayor comprensión).

Dennis utilizó el estudio que tenía en Santa Mónica junto a Carl para sacar adelante sus canciones, alejadas del estilo surfero, densas, adultas, con un trasfondo musical que podía ir desde una tierna balada a piano, pasando por influencia del góspel. Un disco muy ambicioso que suena unas cien millones de veces más interesante que todo el material de los Beach Boys de la época y que ha envejecido de manera excelente gracias a unos arreglos arriesgados y un fondo musical tupido y hecho con mimo. Una obra maestra de aquel que sólo era el guapo del grupo (estigma que algunos tenemos la suerte de no soportar) y que que en realidad ocultaba un carácter sensible y apasionado bajo una máscara de minihostilidad, como Maude en los Simpsons.



Pero aunque sólo hablemos de Dennis, lo que hace tan especial este disco son sus canciones, tratadas con delicadeza de artesano y con colaboraciones de lujo que hacen que luzcan tan esplendorosamente como 'River Song', majestuosa pieza de gospel que va creciendo de manera progresiva hasta alcanzar cotas de disfrute máximas gracias a la profunda voz de en contrapunto con el coro y unos metales tremebundos. Una sutil y subyugante mezcla de Rock, Gospel y Funk. ¡La bomba! El disco sigue carburando gracias a 'What's Wrong', canción que tiene una deuda evidente con las canciones de Brian, pero que está llevada por un camino diferente. Aquí no hay armonías perfectas, pero sí una conjunción casi mágica de piano y metales (dos constantes durante todo el disco), una muestra de música animada que contrasta con la intimidad de 'Moonshine', influida directamente por la relación de amor y odio que Dennis tenía con su mujer en esos años. Siguiente canción, siguiente contraste. Una intro que recuerda a The Band y su Chest Fever, seguida por guitarras fronterizas tipo Ry Cooder y una gran melodía cantada con fuerza por Dennis, es 'Friday Night', agresiva canción que termina mezclando oportunamente con 'Dreamer', un Funk 'arrastraó' en el que bajo y la cantidad de teclados (con un Fender Rhodes magnífico) se te pegan al cuerpo de manera irremisible. Cuando decimos que este disco es moderno, además de por levantar polémica (si todo sale bien iniciaremos un hábil estratagema para conseguir más visitas al blog diciendo que Ninette y un señor de Murcia no es más que un plagio descarado de Kill Bill) es porque hay que recordar que estábamos en 1977, época donde el pop estaba reinventándose a sí mismo, el progresivo dilatando sus últimos años y el punk en la cresta de la ola. Dennis consiguió unir estilos y crear el suyo propio tomando las clases magistrales del pop que había aprendido en casa Wilson mezclándola con funk o jazz, adaptándola a su propia voz hasta crear paisajes tan sentidos e interesantes musicalmente como 'Thoughs of You'.


Dennis WilsonVenga, más rápido: "Cammmmmmpamento Krussssssssty", en el lago Gran Serpieeeente".


Aquellos que piensen que Dennis no era un gran vocalista debería repasarse 'Pacific Ocean Blues', donde su voz alcanza cotas de emoción rasposa que Joe Cocker llevaba buscando muchos años. 'Farewell my friend' es el inició de la última parte del disco, con Dennis consiguiendo el 'efecto Phil Spector' en las canciones, utilizando a parte de su Wrecking Crew pero dando una vuelta al concepto. El álbum termina con maravillas como 'Rainbows', muestra perfecta de que una buena melodía puede convertir casi cualquier cosa en oro y más si está arropada por una instrumentación (ojo cuando entra la mandolina) o la honestidad de 'End Of the Show', donde las armonías vocales del principio dan paso a una segunda parte in crescendo realmente apabullante.


Mis torpes dedos, unas letras de diferencia y Google imágenes nos enseña su magia


En definitiva; ya no tengo que ocultarlo: quien ha escrito estas palabras es un entusiasta del disco, ya que más allá del valor musical que le concedo reconozco que consigue ponerme la gallina de piel en varios momentos, algo que últimamente sólo logra Pixar en todo lo que hace, la esperanza de que llegue el milenarismo y recordar ese momento en el que 61&49 casi me dio la razón. Es bueno que un disco como éste, de alguien que no estaba destinado a hacer una obra maestra, también pueda motivarte de ese modo. Es la magia de la música y de casi todo lo que merece la pena.

Servidor: Megaupload. Contraseña: peluquin
---Pincha para ir al Pacífico---


Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

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