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jueves, 21 de julio de 2011

Cortinilla de Estrellas (III) - Uno de los nuestros, Shopenhauer y la influencia musical de Scorsese

Nota no aclaratoria: debido a nuestras ausencias prolongadas del bloc hemos decido entregarles una versión extraverano de una de nuestras entradas. Lo recomendamos como sustituto del cuaderno de sopas de letras con señorita sonriente en la portada que se suelen llevar a la playa.

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“Que yo recuerde, desde que tengo uso de razón, siempre quise ser un gánster”.

Henry Hill siempre quiso ser un gánster, como era vecino de Little Italy en los 50 y su de madre era siciliana tenía gran parte del camino hecho. Martin Scorsese es un director de cine americano, que ahora lleva gafas y tiene pinta de señor enjuto, pero que en los 70 revolucionó el cine con otros compañeros, sin gafas, pero con barba (todos con barba). Arthur Schopenhauer fue un filósofo alemán de peculiar carácter que en otras cosas tiró a una costurera por las escaleras porque hacía ruidos a la hora de la siesta. Esta es la entrada que relaciona la excelente banda sonora con todos estos hechos. Todo por la hipérbole y el desbarajuste. La norma no escrita de este bloc.


Joe Pesci algo molesto ante la frase "tómate el Cola-Cao, que es lo mismo que el Nesquik"


Empecemos por el principio: ¿Por qué querría ser Henry un gánster? Total, los gánster solo tenían poder, dinero, alcohol, cigarillos, vestían horteramente, pero a la última y se quedaban con las mujeres. Razones de peso para que Henry abandonara la escuela (y su futuro como ciudadano de bien) para empezar a trabajar para Paulie, el capo de su zona, un hombre que se mueve despacio, pero que corta las cebollas de la salsa de espaghetti con cuchilla de afeitar. Formara equipo con Jimmy (Robert De Niro) y Tommy (Joe Pesci). Jimmy es un atracador fino y calculador, tan peligroso como amable y todos sabemos que nunca hay que fiarse de la gente amable. Tommy es una espoleta que sostiene un matojo de cartuchos de dinamita sobre un fuego creado a partir de queroseno y mala leche. Pero en formato mini.


En poco más de dos horas asistimos al ascenso, frenesí y posterior caída de Henry en la familia. Por el medio, la inestimable colaboración de Karen (la mujer de Henry, que también se mueve como pez en el agua en el ambiente familiar y trato amigable que dispensan en la Cosa Nostra) varios asesinatos, unos cuantos robos, algunas de las mejores secuencias jamás rodadas en el cine y una selección de canciones que no sólo funcionan como fondo musical, sino como una suerte de calendario cinematográfico que dejan mi burro con cola en un simple adorno molón y tardoclasista.


Y parecerá mentira, pero esta película existe por la facilidad de Martin Scorsese para parecerse al niño que siempre enferma de los Simpson. Sus días en la cama mirando por la ventana le otorgaron una visión cinematográfica de la calle de Queens que terminó por fundamentar su obsesión por el cine y varias oportunidades de tirar un globo de agua al vecino al que tenía manía. 


Su primer acercamiento al mundo del hampa de Nueva York ya fue muy personal: Malas Calles; con Uno de los Nuestros volvió a tratar el mismo tema, por el simple hecho de que la novela que fundamentó el guión hablaba de la mafia como si de una verdadera familia se tratara. El concepto de familia es tan importante para Scorsese que su madre  tiene un papelito en la pantalla y su padre fue encargado de vestuario (según Martin nadie planchaba los cuellos de las camisas como él) en la película.


Coger la salida que pone "Al Perdigón" o seguir por Tordesillas. El dilema del hombre moderno


La familia es un elemento importante, pero Uno de los Nuestros es mucho más: encierra una visión cínica sobre el sueño Americano, una fuente de referencias inagotable para un capítulo de los Simpsons tan bueno como "Bart, El Asesino", así como un concepto filosófico (cuidado se acerca el momento donde nos empezamos a irnos por las ramas y ustedes deberían huir) relacionado con Schopenhauer, que además de ser el pitufo gruñón de las reuniones de señores que piensan cosas, refrendó sin saberlo la aventuras de Henry con su visión de las cosas. Para Schopen, el mundo tal y como lo conocemos (integrado como personas, árboles, perros con sombrero y berbiquís) es una mera representación. La verdadera naturaleza se encuentra debajo de ella y es la voluntad, que él definía como como una fuerza ciega e incesante de hacer lo que nos da la real gana, de satisfacer nuestros impulsos. Esta voluntad se puede saciar, pero el efecto se pasa al rato y volvemos a querer bebernos una Duff detrás de otra. Ese acto de voluntad nunca satisfecha es definida por Schopen como el sufrimiento perpetuo. Henry defiende su vida gansteril precisamente porque le permite colmar todos sus caprichos y necesidades. ¿Le apoyaría Schopenhauer? Voto a tal que sí.




Los temas y tal...



Desde Garajeland proponemos al tío Paulie como el nuevo cocinero de la tele. Puro incluido



Rag To Richies - Tony Bennet
Henry: “Si Polly se movía despacio era porque no se tenía que mover por nadie”.

No deja de tener gracia que una película empiece con una canción como ésta, que nos pone en en situación a tantos niveles que no me llegan los dedos de la mano para contarlos. Primero: el que canta es un vecino, uno de los nuestros: Tony Bennet, nacido en el mismo barrio de Queens que Scorsese y uno de los ídolos dorados de la canción popular hasta que el Rock dejó algo olvidados a gente como él.


Rag to Richies fue número uno en los EE.UU. y se trata de una expresión bastante conocida en los países de hablas extranjeras (básicamente los anglófonos y mi pueblo, donde habitan gentes de peculiar acento) y viene a definir la situación de alguien que pasa de la pobreza a la riqueza. Cenicienta sería un buen ejemplo de esta expresión y pronto yo mismo, si mi boleto del euromillones y mi pacto de sangre con aquella bruja de los Dothraki llega a buen fin.


Scorsese juega con la propia trama de la película abriendo con esta canción, que explica muy a las claras qué vamos a ver a continuación: sus personajes, sus historias y cómo se relacionan. Todo está en Rag To Richies que comienza, para cerrar la paradoja, justo cuando Henry cierra un maletero que incluye una sorpresa en su interior. Una que nos recuerda la más amplia tradición de la mafia, su gran especialidad.


61&49 y servidora intentamos el mismo numerito en un bar de la capital. No es por nada, pero qué bien me sientan las transparencias



The He Kissed Me - The Crystals

Karen: “Henry, a qué te dedicas”
Henry: “A la construcción”

Estamos en 1963, Phil Spector empieza a dominar las listas de éxito americanos previamente a que los melenudos devolvieran a su manera una cosa que pasó con el té hace muchos años. Henry por su parte ya es un tío hecho y derecho y su posición en la familia es ya notable.


Si esto fuera el programa de Garci les hablaría de encuadres; cámaras;  John Ford... y fumaría, fumaría muchísimo. En Garajeland les aseguramos que si esta escena, que rompe con la canción de las Crystals, nos les hace meterse directamente en la película (recordemos la simplicidad de la puesta en escena: una cámara sigue a Henry y Karen por un laberinto de puertas, pasillos y gentes de un bar) les damos la parte proporcional de las propinas que se reparten en la secuencia. Creo que la última vez que el señor numérico y yo fuimos tan generosos fue por un use y disfrute desmesurado de la crema de orujo de un bar.


Scorsese se mete en el bolsillo a todo el mundo con una demostración casi palabras del poder que un chico listo podía tener en Nueva York en los sesenta. Una influencia que no es sugerida en poco menos de 3 minutos y con el primer número de uno del muro de sonido de Spector. Se podrá decir muchas cosas de Scorsese, pero no que no tenga clase.


Como Poochie él también se fue a otro planeta




Baby I Love You - Aretha Franklin
Tommy: “Eh, araña, cuando vengas para acá traeme un Cutty Shark con agua”.

Henry comienza a querer más de lo que puede tener: amantes, drogas, Tommy también y se sale de madre de manera continua. Lo que empieza con una sencilla visita guiada por la casa que Henry pone a su querida (sí, señores, en determinados momentos utilizo vocabulario propio de Lina Morgan) termina con dos partidas de poker. Una que casi da en el blanco y otra que termina por atravesarlo varias veces.


Para ilustrar el hiato de la historia, el amigo Martin juega en las ligas mayores tirando de Aretha y una de sus canciones más Pop (y no por ello menos genial). ¿Qué tiene Baby I love you? Un ritmo saltarín, unos coros femeninos en su sitio y la mejor voz de la dama del Soul que nos podemos encontrar, la de los sesenta. Si buscan la canción, ojo con la coma detrás de Baby, que las Ronnetes también tienen una canción de parecido nombre.


Por si se lo preguntan: no están buscando el chiquitazo que acompaña a toda bolsa de patatas




Gimme Shelter - The Rolling Stones
Henry: "¿Qué os dije?"
Jimmy: "Está bien..."
Tommy: "¿Qué coño bien? Está fenomenal"

Cuando le preguntaron a Mick Jagger por la canción que no tocarían nunca en Shine a Light (el documental que rodó Scorsese sobre estos hombres de la época de antaño) respondió sin dudar que Gimme Shelter y terminó por confesar que no lo hacían porque Martin había casi conseguido colarla en toda su filmografía y que igual alguna canción más les quedaba en el repertorio.


Nadie quita razón al bueno de Mick, pero es que también hay que reconocer que pocas canciones tiene la fuerza que la composición del Let it Bleed destila. Casi 4 minutos de pura fuerza, con unas guitarras amenazantes de Keith Richards en primerísimo plano y una Mary Clayton a la segunda voz que, además de comerse a Mick Jagger con patatas, debería ser la persona que nos anunciara que el fin del mundo está cerca. La canción habla sobre la guerra, la violencia, violaciones... todas esas pequeñas cosas que hacen nuestra vida mejor y cuya presencia en la película coincide con el desmoronamiento de Henry. Un momento de corta duración, exactamente lo mismo que Gimme Shelter suena en pantalla, 30 segundos.


Más o menos esta sería mi cara si alguno de los presentes me dice: "no he visto Uno de los Nuestros".



Sunshine Of Your Love - Cream
Henry: "Por primera vez me di cuenta de que Jimmy estaba hecho un manojo de nervios".

Que Robert De Niro sabe actuar caben pocas dudas en este blog. También es bien sabido qe hace unos años ha sido sustituido por un gemelo malo llamado Hugh que se dedica a empañar años de intachable trayectoria como actor. Pero en Uno de los Nuestros es el bueno, el que puede dar miedo y al mismo tiempo puede caerte bien en la misma escena.


Socorsese le conoce mejor que nadie y por eso le reserva este plano, que vale millones, y que comienza justo donde el riff principal de la canción de Cream irrumpe. Jimmy ya sabe lo que va a hacer, nosotros también y el pobre Morry no mucho. Y lo mejor es que no ha dicho ni una palabra, tan solo da caladas a un cigarrillo mientras Clapton y Bruce nos cuentan cómo va la cosa del amor. Ya saben, no confíen en la gente que fuma ni tampoco en el amor y si no recuerden a Sara Montiel, que desarrolló un principio de tabaquismo esperando al hombre que ella quería.
El cameo del doctor Hibbert, haciendo de (nadie lo esperaba)  médico


What it’s life? - George Harrison 
Henry: “Te lo dije, me ha estado siguiendo toda la mañana”

Para la escena más trepidante y loca de la película; esa que prometiste no ver a tu médico de cabecera, Scorsese mezcla hasta cinco canciones, que están entrando y saliendo de escena manteniedo el ritmo de la acción. En esos momentos suenan el Monkey Man de los Rolling Stones, el Mannish Boy de Muddy Waters o la canción que hemos seleccionado. La música y el montaje (obra como siempre de Telma Schoonmaker) derrochan adrenalina y si no consigue acelerarte el pulso es que probablemente estés muerto o requetemuerto. What it’s Life es una elección ideal para la escena (aunque está pensada como contrapunto) por alegre, por desenfadada; por ser representativa de dos hitos musicales de los 60 (el muro de sonido y los Beatles) y por cerrar el círculo que representa la película: es la última canción que suena antes de los créditos. Dime, ¿qué es la vida?


Contraseña: peluquin


Uno de los Nuestros es una peli sobre la mafia, pero también sobre América, la amistad, la traición y los lábiles hilos que vertebran estos temas. Una lección de realidad moral en la que el antihéroe recibe el peor castigo posible a sus años de crimenes: una vida anónima alejado de los lujos y privilegios de su vida delictiva. Una vida que no hubiera aprobado nuestro querido Schopenhauer al que bien le podrían haber dado un papel en la película si sus patillas alemanas hubieran sido aceptadas por Scorsese. Nosotros, como seguidores del rito de poner más patillas a todo, estamos con él.

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domingo, 23 de enero de 2011

Se fue el 2010 y nosotros criticamos a nuestros lectores

Como muchos sabrán a día 23 de Enero, el 2010 se acabó, y aunque el telediario de Antena 3 va a seguir dando noticias sobre el hombre más viejo del mundo o sobre la mujer más alta del Noroeste, algunas cosas han cambiado, y es que garajeland empieza década criticando a sus hasta ahora respetados lectores. Hubo quien dejó sus preferencias sobre sus discos más escuchados del año recién finalizado, y prometimos realizar una crítica exhaustiva de los mismos incluso sin haberlos escuchados; porque nosotros las promesas las cumplimos tarde, muy tarde, o casi nunca, pero las cumplimos.

Para que todos nuestros análisis quedaran fetén, esta vez nos hemos dividido el trabajo en un despliegue de facultades nunca visto desde las películas de Schwarzenegger con Dani De Vito (lo cual no significa que los dueños de este bloc tengan algún tipo de parecido físico con alguno), demostrando a los matemáticos del mundo que negativo por negativo no siempre es positivo. A los hechos me remito:


El señor Troy McClure descubre que en el planeta donde se encuentra los pañales no son desechables.



- Respuestas del señor numérico

* Vinti eligió Tomorrow The Green Grass de los Jayhawks (versión reeditada en 2010 para poder entrar en esta lista). Disco lleno de matices camperos y dulce pop, que he hecho madurar a Vinti la idea de ser la futura presentadora de El Escarabajo Verde y a fabricar su propio mantillo para plantas, con la palabra propio en el más sentido estricto significado.

Su elección se basa en un excelente disco (que vamos a decir si es uno de los favoritos de los que escriben estas líneas), tanto que puede cambiar la relación de un ciudadano de a pie con el campo (Verléin siempre quiso asfaltar Doñana y a mí siempre me parecieron demasiado altos los pirineos). Si algún día de estos se cruzan con un coche por la calle y éste va tarareando “Blue” no duden en parar a saludar, lo conduce Vinti.

* Johnny Lebrel se ha pronunciado a favor de Innerspeaker de los Tame Impala. Todo un personaje psicodélico de corazón utiliza micolor para lavar su ropa blanca y perejil para decorar sus platos. Su recién descubierto amor por estos estelares psicodélicos no tiene parangón. Si ven vídeos con canciones como Lucidity (grabado desde un globo de Winnie The Pooh con una cámara atada al hilo) entenderán el porqué de la elección, y si escuchan atentamente el disco corren el riesgo de que esas estupendas canciones le hagan rescatar la cinta para el pelo de John McEnroe, los pantalones de campana con restos de lejía y hacer flecos en su ropa con las tijeras que regala Gallina Blanca. La clásica estampa, vamos. Eso, o caen al mundo de la drogadicción más salvaje: el Inistón con anís.

* Tomás Verléin se decanta por un grupo que se llama cuchara (Spoon) y su álbum Gimme Fiction (comprado en 2010 para poder entrar en la lista), cuya traducción viene siendo algo así como lo que le piden las chicas a Hugh Hefner para que se quite el albornoz. Para los que no conozcan a Spoon, se trata de un grupo de jovenzuelos, modernos, de grandes canciones y que nunca se resienten de la rodilla cuando llueve. Pildorazos como Sister Jack no defraudarían ni al mismísimo Jeff 'Migrañas' Tweedy.

Hagan caso al bueno de Verlein siempre que puedan (no hay porque ser demasiado exigentes en ese punto), yo lo hice y ahora soy mejor persona: tengo este disco en mi carpeta emepetrística y la sana costumbre de devorar episodios de El Ala Oeste de la Casa Blanca hasta lo insano. Desde luego es un personaje tan convincente como el bipartidismo instaurado por Kodos y Kang en tiempos de antaño.

* Don Funkefra ha confesado que lo que más ha escuchado este año es el recopilatorio de un novedoso grupo: Los Clash. Digna elección la del disco que recopila las mejores canciones de Strummer y compañía. Todo normal hasta ahí, pero si tenemos en cuenta que Funkefra tiene como don la omnipresencia en todos los saraos Funkis que se celebran por tierras castellanas, sea el día, o la hora que sea habría que empezar a sospechar de la catadura moral de este señor. Y es que alguien que desayuna en un concierto de los Sweet Vandals o se hace pasar en el Banco Hispano Americano por uno de los Osaka Monaurri para poder acceder a todo el Soul descatalogado de Japón no nos puede engañar de esta manera.


- Respuestas del señor de los brazos


* El Señor Trufé se inclina por American Slang de The Gaslight Anthem. Entre las manías que han ido creciendo conmigo, una ha ganado más fuerza últimamente; no me refiero a mi peculiar afición por mordisquear los quicios de las puertas (soy un niño-rata, qué esperaban), sino a un particular, finisecular, inveterado y, totalmente injustificado resquemor a todo lo que huela a Bruce Springsteen. Sí, es así. Sé que merezco una horca y, por si acaso, un lago electrificado con pirañas por si la cuerda estuviera floja.

Pero es que me ocurre. Este disco fue parte de mis escuchas diarias al menos durante un mes. Suena de lujo, todo muy redondo y en su sitio, pero no deja de recordarme al bueno de Bruce, lo que provoca una pereza infinita. Algo que me ocurre con otros grupos como Hold Steady. No obstante, si ustedes buscan un grupo de rock con melodías y un sentido de la música parecido al del tito Bruce, hagan acoqui que no se arrepentirán.

P.D.: no sean duros conmigo; otro día trataremos otras fobias injustificadas, como la que une a un amigo mío con Paul McCartney. Yo, al contrario, le tengo mucha estima por su destacada labor como doble de Isabel II, la reina de Inglaterra.



* Troy McClure se despendola con Las Vegas Grind. Señor McClure, sepa usted que sus recomendaciones no caerán en saco rato. Esa recopilación de música garajera, sucia, sesentera; acompañada por fichas de 20, Robert de Niro con traje celeste y Sharon Stone enseñando pernamenta puede ser lo mejor que le ha pasado a la música venida de los estados juntitos desde su campaña “no sin mis Hi-Risers”, de la que usted es receptor como albacea de la herencia de nuestro añorado Enano.


Las Vegas Grind puede ser una de las colecciones definitivas de la música de The Trashmen, The Wailers y demás delincuentes habituales. Una serie de canciones que navegan entre el fuzz, las pianolas, la plaza del garaje con la columna en el peor sitio y los gritos. Escuchar este disco es como sudar en un concierto porque no puedes parar de moverte. Me va a encantar, algo me lo dice.




Sueño (y a la vez pesadilla) de nuestro admirado Savuá Trufé.



* El nuevo de los tipos de 'Girls', un EP reciente es la elección de un Anónimo lector. Querídismo anónimo, muchas gracias por la visita y por su comentario, pero usted se piensa que este bloc es una amalgama de conocimiento que rivaliza con el líder que lo sabe y lo ve todo. Lamento sacarle de su error: no tenemos ni idea de qué disco nos está hablando, pero hemos pedido a David Bowie que nos eche una mano. Ahora nos encontramos en un laberinto y nos hemos transformado en una niña que cuando pase a mujer será una chica muy a tener muy en cuenta. Mientras damos vueltas por aquí haremos acto de constricción y de crítica estándar: “Girls es el EP que tienes que escuchar. Afiladas guitarras que se unen brillantemente a unas melodías que beben de las mejores fuentes del Power Pop. Uno de los hallazgos de 2010. 4 estrellas pezonales”.


* El señor que suma 100 o 110 según el orden de los sumandos eligió el ya comentado Pictures de los Len Price 3. Y llegamos al único disco del que puedo decir tonterías tras haberlo escuchado ampliamente. Es decir, igual que con el resto pero con el vinilo en casa.

Como ya he empleado mucho texto en hacer mis no-críticas, voy a intentar resumirme a mí mismo con el disco de los Len Price 3:

Lo peor: la foto de ellos dentro de la cámara: Todos parecen salir de las instantáneas promocionales de Pajares después de pasar por el quirófano

Lo mejor: todo, hasta el cartón del vinilo. Fabulosas píldoras del mejor power pop.

Dicho esto, agradecimientos varios a mi compañero por descubrirme a este grupo. Este hecho, junto con la vez que me trajo una Hobby Consolas para enseñarme algún juego de la Neo-Geo (con el que seguramente se me salieron los ojos de las cuencas) me hace quererle, de un modo heterosexual, pero quererle.




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jueves, 9 de diciembre de 2010

Verdades como puños, mentiras como pianos (X)



1. ¿Fue Whole Lotta Rosie de AC/DC inspirada por los escarceos amorosos de Bon Scott con una dama de amplia voluptuosidad?

Nuestro veredicto: Lo primero que tenemos que decir, además de buenas tardes al respetable, es que por primera vez he dejado a un lado mi tradicional tendencia al amarillismo de manual y a exagerar la noticia con un titular maniqueo en aras de la honestidad periodística. Quien me conoce algo sabe que estoy a mil jodidas millas de ser honesto y periodista (de una más que de la otra, eso es verdad). Por si estoy siendo tan espeso como el paladín a la taza me explico: si uno fuera Kent Brockman y creyera que la anarquía de las mujeres está al caer y que sería de proporciones bíblicas (¡viene en el libro de las revelaciones!) el titular podría haber sido: "Bon Scott quiso grabar un dúo con Javier Gurruchaga por motivos de peso", que convenientemente aderezado con estilo televisivo habría quedado como: "Bon Scott la tiene gorda, Gurruchaga interesado". Con un par de guindas. Den gracias de que yo no dirija ningún periódico.

La maja a medio vestir, conocidísimo cuadro de Goya. La cortinilla de estrellas llega a Garajeland cortesía de Troy McClure




Tras este desvarío y comprobada, una vez más, mi inutilidad para con la profesión de plumilla, he puesto el caso en manos de mis dos asociados: el señor pequeñito y el de la guía de teléfonos. Reconocidos y reputados únicos miembros del departamento de investigación de Garajeland (patente pendiente). Como sabrán, sus virtudes son muchas, sin alardear mucho podría comentarles como el señor pequeñito es capaz de no contestar una incongruencia cuando alguien le pregunta si una silla está ocupada y el de la guía de teléfonos ha pergeñado un plan secreto contra Google con muchos visos de salir bien (se le ha oído mascullar algo así como "búsqueda instantánea"; pero éstos saben que en el borde de la guía de teléfonos vienen las letras en oscuro para facilitar la cosa...).


En fin, paso a leerles el informe, escrito en una servilleta del bar "Casa Candi", especialidad en percebes y otros embutidos: "Efectivamente, AC/DC se refiere a antes y después de Cristo. Lo del rayo en medio, es a día de hoy y sin remedio, un misterio perdido en el tiempo". Ni que decir tiene que para completarlo han puesto un clip en la servilleta junto con un calendario del bar. De lujo.


En realidad, Whole Lotta Rosie pasa por ser una de las canciones más honestas de la música Rock. Sí, Bon estuvo con una grupie de grandes proporciones (detalladas adecuadamente en la propia letra de la canción) y sí, se lo pasó en grande. Por lo que se sabe, la chica en cuestión y que respondía al nombre de Rosie procedía de Tasmania y estuvo intercambiando hechos culturales sobre las islas de Oceanía con el bueno de Bon en el motel Freeway Gardens. Si hacemos caso, la protagonista de la historia (Rosie) tenía unas medidas rotundas: 106-99-142, un talento especial para las artes amatorias y un aguante que dejaba en nada la paciencia de un tal Job. En las propias palabras de Bon: "tenía de todo". Cierto o no, la cuestión es que AC/DC aplicó una de las máximas del Rock&Roll (la existencia de las grupies) y la convirtió en una ráfaga de energía difícilmente insuperable.


No me digan que no, no me digan que no...


Porcentaje de certeza: grande, como no podía ser de otra forma. La historia de esta canción se ha propagado y perpetuado como un rumor a través de una comunidad de vecinos, llegando ya a tener incluso una segunda parte; que tendría que ver con un segundo encuentro de Bon con Rosie y el descubrimiento del primero de que nuestra chica con curvas favorita había dejado de seguir el consejo de Homer simpson (ya saben, utilizar el descubrimiento de una nueva hora para comer entre la merienda y la cena) y se había perdido parte de su voluptuosidad, parte de su encanto.

Termine como termine la historia, no me van a negar 2 cosas:

a) Que Bon Scott tenía bastante clase, hasta para escribir de un encuentro sexual con una grupie. Nosotros lo vemos así, pero claro también pensamos que La Ramona es una canción de amor.

B) Que Gurruchaga lo más cerca que ha estado de Bon Scott ha sido en un tarjetón del Trivial, junto con alguna pregunta sobre el los fenicios, otra sobre Yugoslavia ( yo jugaba con edición desactualizada) y alguna sobre el nombre real de El Greco. Perdonen por engañarles, era una torpe estratagema para captar su atención. No lo volveré a hacer, pero que sepan que si no vuelven a visitar nuestro blog a su casa llegará el tío Camuñas y se perderán el numerito que hacemos 61&49 y servidora con una guirnalda, un escurridor de pasta y varios números atrasados de Micromanía.




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein, les desea Feliz Navidad


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domingo, 10 de octubre de 2010

El Revival revivalista del revival del garage: Swingin´ Neckbreakers



The Swingin´ Neckbreakers - Live For Buzz (1993)


La proposición del día se basa únicamente en que por primera vez (algo increíble a tenor de lo que se suele exponer en estas líneas) una crónica musical será escrita bajo los efectos de las drogas. Sí, de las drogas, de esas que se suponen que curan catarros pero te dejan el cerebro hecho fosfatina para según qué actividades neuronales. No obstante, como buen seguidor de Trainspotting, el coloque me ha sido patrocinado por la Seguridad Social, un cambio sustancial en mi vida, como un cambio en nuestros amodorrados artículos sobre flojeras bandas musicales podríamos hacer volviendo otra vez al lado oscuro del rock and roll; al chillón, al varonil, al sucio y potente garaje del debut de los Swingin´ Neckbreakers: Live For Buzz, rebautizado desde el momento que uno es fan de los Simpsons como Live For Buzz Cola.


Tres hombres y un coche fúnebre como clara alusión del viaje al más allá que puede provocar mirar fijamente a los pantalones de Snook


Como muchos saben y muchos no, los Swingin´ Neckbreakers son una angelical banda de Trenton, Nueva Jersey, un lugar donde seguramente no pasen muchas cosas, pero donde por ejemplo te puedes tomar unas almejas en salsa verde por sólo trece dólares. Formados por los hermanos Tom y John Jorgensen, posibles jugadores seleccionables como interior derecho y pivote defensivo de la selección danesa de futbol, pero que finalmente tras ninguna llamada del seleccionador grabaron unas cuantas demos musicales en el garaje de su casa y empezaron a dar conciertos por la zona, inicialmente con John a la seis cuerdas y Tom berreando desde el bajo hasta la llegada de Shaggy Snook, que relegaría a John al multidisciplinar trabajo de baterista del grupo. Tras un primer single que les ponía en órbita se publicó su primer largo, este pescado con espinas llamado Live For Buzz.

Un disco cuya biblia dice que hay que honrar con versiones bien elegidas a los padres del garaje, es decir, prácticamente todos, puesto que a los SN se los podría englobar en una especie del revival del revival que comenzaron años antes algunos grupos ya de sobra conocidos como los Lyres o los Reyes de Rochester (Si es que realmente el garaje se fue de la vida cotidiana alguna vez). Así nos encontramos con más de la mitad del disco compuesto de gratificantes y saludables versiones de los Kinks (“I Took My Baby Home”), de los Troggs (“You´re Lying”); por supuesto de los Sonics, que ya disponían de un capítulo aparte en esto de las santas escrituras del garaje y de los que versionean el “Boss Hoss” de Gerry Roslie; de los sesenteros Jay-Jays se apropian de “Shake It Some More” y así hasta obedecer los nueve mandamientos en forma de nueve canciones.


El pobre Tom Jorgensen comprueba que Nuria Fergó se encuentra entre el exaltado público


El resto son sus logrados temas, “Little Pink Medicine”, “Thinkin´ Man´s Girl”, “Take You Live” o “I Live For Buzz”, llenos de energía destructiva, vitalistas, con tres verracos que no paran de maltratar la sensibilidad pop de cualquiera que ponga sus oídos frente a las guitarras de Snook, los puntuales órganos en las canciones, los temerarios golpes de baquetas de medio kilo del colega John Jorgensen y el bajo sin frenos del hermanísimo Thomas. Son chillones, cavernícolas, machacantes y seguro que hasta sudan, pero no dejan de encantarnos esas tonadas absolutamente absorbentes de Live For Buzz. Un placer completo sería hincarle el diente a su segundo disco (Shake Break!), y porque no, tras estar intermitentemente desaparecidos desde hace unos años a su última entrega Pop Of The Tops. De momento, a disfrutar del debut con los hermanos con más mandíbula que ha parido Nueva Jersey desde que Bon Jovi y los suyos decidieron entrar en los primeros puestos de los más bellos del Superpop de Octubre del noventa y uno.


Servidor: Megaupload. Contraseña: peluquin

'>>>Pincha & Buzz<<<'






No intenten encontrarlos en el siguiente vídeo, los que tocan no son ellos, pero el creador de la imagen ha tenido la bondad de poner piernas al aire.

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viernes, 1 de octubre de 2010

Una crónica de Turborock sin recurrir a la palabra turbo para explicarlo

Imprescindible festival el que se proponía para este mes de Septiembre, casi surgido de la nada y con un cartel que despertaba sueños húmedos entre los integrantes de este bloc. Su propuesta era juntar a un buen puñado de grupos de la escena clásica del rock y el garaje, en un recinto donde los músicos no los ves como alejadas cagarrutas entre un mar de peluquines que se sitúan entre tu persona y los treinta metros de distancia al escenario; con la ventaja de que no sufres incómodos cacheos de la mochila por si el bocadillo de atún con pimiento decides arrojarlo con fuerza al guitarrista de cualquier grupo, confundido en la distancia con, por ejemplo, David Bustamante; donde los precios por un vaso de plástico de cerveza no son ligeramente inferiores al producto interior bruto de la isla de la Gomera; y que su localización sea en un pequeño pueblo de los valles pasiegos, en donde los vecinos más cercanos alucinaban desde sus ventanas intentando adivinar (luces apagadas del salón) qué hacían esa panda de hippies con patillas en un viejo mercado del que salía un ruido infernal. Sólo faltó la aparición de Sharon Stone en sus años mozos para que el sueño se hubiera consumado, por lo demás, el festival pasó con nota su primera entrega (por supuesto, opinión que sólo hemos contrastado con la propia y con la que estamos en mutuo acuerdo).


Instantánea tomada al grito de "frena, frena conductor conductor con". Nota: Es posible que los Fruitis no estuvieran en ese momento pasando por allí


Llegada el Viernes por la tarde, es entrar en Cantabria y en lo que más pensábamos ni siquiera era en que grupos iríamos a ver, no, son los efluvios de un viaje al Norte lo que nubla nuestra mente en el oscuro y verdadero motivo de este viaje: comer hasta llegar al concierto de los SOOL y que la gente se haga fotos con nosotros pensando que somos el amigo Ebbot Lundberg. Los primeros en pasar por nuestros oídos el grupo australiano The Meanies, con un cantante que no paró de tirarse al suelo berreando cual Iggy Pop, nos dejó la sensación de que al día siguiente viajaría a Valencia con un ligero dolor en el morroplastio izquierdo y hematomas de grado tres en cuello, zona lumbar, tronco en general y peritoneo en particular. Aunque francamente entregados al público, nuestra sensibilidad pop no se sintió del todo cómoda con los aussies.


Verdadera protagonista del segundo día de conciertos. Hay quién pensó que eran los Redd Kross y quien dijo que de ahí salían cien platos de almóndigas (nos disculpen nuestros amigos vegetarianos)


El siguiente ya era plato fuerte: Los Coronas. Una vez más, soberbios. Cada día tocan mejor y ya es decir, eficaces en las deficiencias de sonido terminaron por llevarse el primer gran aplauso de la jornada. Hubo poca charla de Fernando Pardo debido a las limitaciones de tiempo, una pena, porque este hombre suele ser bastante dicharachero y saleroso.

Le siguieron el grupo hermano Sex Museum, rockeros de grado cuatro, con Miguel Pardo deleitando al personal con unos pasos de baile bastante singulares. En mi opinión varios pasos por detrás de Los Coronas en cuanto a concepto de concierto, aunque nada se puede achacar a las buenas maneras a los instrumentos de estos clásicos malasañeros. Entre medias nos perdimos a los Muffs, nos pudo el sentir del estómago y sólo llegamos a ver la última canción de un concierto al parecer tan corto como el número de féminas presentes sobre las tablas durante el fin de semana.

El penúltimo concierto de la noche fueron los esperados Hoodoo Gurus, banda que perdió el pelo en la cabeza en pos de la fabricación de pelucas para los seguidores de Mago de Oz. Como buen grupo australiano estuvieron correctos a los instrumentos, con una gran selección de temas, donde sonaron todos sus clásicos, siempre de agradecer para los que como un servidor no ha catado sus entregas más recientes. Lástima que no llegaran a meter en calor a los miembros de garajeland, seguramente aletargados por cada salida al exterior del mercado, con típica meteorología cántabra a comprar unas monedas canjeables en bebida o en el tren de la bruja, nunca estuvo del todo claro para que servían.

Última parada del día, los Redd Kross, razón principal por la que peregrinaríamos a Sarón con un chándal de felpa y unas zapatillas Paredes de color mostaza recicladas de la incineradora de Valdemingómez. En nuestra opinión (nunca del todo fiable de dos devotos de la banda californiana) lo mejor del festival. Se comieron todo lo anterior desde las primeras canciones, estos punkarras camuflados en hacedores de canciones pop que se pegan como el chicle no dejaron lugar a dudas: los Redd Kross nunca fallan. Denunciable fue el tiempo del concierto, no sabemos si culpa del señor que estuvo todo el fin de semana controlando el cotarro desde una silla de jardín, pero faltaron una treintena de canciones más para que nos hubieran dejado mejor cuerpo.


Los Wildebeests, no bajo lo que podría parecer un crucifijo, no, es la clásica viga acolchada que todo buen arquitecto propone para una reforma parcial en casa



El sábado empezó con la pérdida (una vez más) de ver a Muck And The Mires, motivado por la ingente cantidad de comida que nos pegamos (prueben al menos una vez en su vida las fabes con hongos y de postre un digestivo de orujo) fue necesario el repose de la misma si queríamos mantenernos en pie más de diez minutos de concierto. A la llegada nos topamos con la agradable sorpresa de los Wildebeests, tocando “Comanche” en un claro y no reconocido homenaje al desaparecido Enano Buceador. Gran sonido el desplegado, y unas canciones garajeras y rockanroleras muy del gusto de los responsables de estas líneas. No esperábamos menos de un grupo que cuenta en sus filas con ex miembros de los Kaisers o los Milkshakes. En busca y captura de sus vinilos andamos ante tan gratas sensaciones.

El siguiente turno fue para el combo de Soul de JC Brooks, de los cuales aparcamos junto a ellos a la llegada al recinto y pudimos comprobar de cerca que el traje que llevaba se lo habían prestado del fondo de armario de Amar en Tiempos Revueltos. Impresionante y sobrado sobre el escenario, con un solo disco a sus espaldas se llevaron una de las ovaciones del respetable patilludo y patilluda allí congregado. Menudo tío.

Sacrificados por una merienda-cena quedaron los Right Ons, con tiempo marcado para no perdernos a los Young Fresh Fellows, unos tipos tan queridos por nosotros que hasta se les perdona que no estuvieran en uno de sus mejores días, perros viejos ellos se dieron cuenta y para la segunda mitad del concierto volvieron a hacernos sonreír como sólo ellos lo saben hacer. No faltaron los saltos de ese niño grande llamado Kurt Block, los redobles de Tad Hutchison mientras se cruza de piernas y todas esas pequeñas locuras que les hacen únicos.



Nótese que la gente de la banda izquierda se muestra animada, todo lo contrario que los de la banda en donde jugaba Chendo, que saben lo que se les viene encima


Con nuestros sentidos empezando a notar el aletargamiento entraron a escena los Vikingos de los Soundtrack Of Our Lives, un valor seguro en cualquier concierto, boxeadores curtidos en mil batallas suelen dejar noqueados al personal con ese muro instrumental infranqueable y la presencia del gigantón sueco Ebbot, que protagonizó el momento delicado de la noche arrojando sus cinco mil onzas de peso hacia el público, motivo por el cual a nuestro amigo Johnny Lebrel le han diagnosticado una médula espinal en forma de alambre de espino. No sé si estuvieron mejor o peor que en otras ocasiones, pero servidor se lo pasó pipa.

Para el final quedaron los medio grungeros Mudhoney, demasiado para nuestro ya curtido pabellón auditivo, no le dimos muchas opciones de que nos convencieran sus innumerables chillidos y la parquedad en palabras de Mark Arm, al que faltó un “Buenas Noches” para dejar por los suelos la educación de la casa Windsor.

Experiencia gratamente positiva, sólo falta para el año que viene un par de paseos por el escenario de Sharon Stone, cuyo pero es (que nos perdone en este apartado el colega Charlie Don´t Surf) que el sonido es francamente mejorable, pero todo se arregla con una moqueta de la buena en las paredes, una mano de pintura y unos ingenieros de sonido que no se empeñen en que acabemos como el bueno de Hans Topo en este vídeo. El año que viene ya estamos pensando en volver, aunque toque la clásica orquesta de canciones populares a la flauta dulce en clave de Sol, cargar el coche de quesos de Liérganes, unos sobaos de kilo que podrían sustituir en un momento dado a los azulejos de la cocina y esa agradable sonrisa que te deja un fin de semana a base de tan recomendables variedades gastronómico-culturales. Si un día de estos se encuentran por la calle a alguien con una pulsera verde recubierta de azulado moho y cierto aire a cara de anchoa, no duden en saludar, somos alguno de los miembros de garajeland.

Se os deja con un vídeo de los Wildebeests grabados en los estudios Circo Perrotti junto al mismísimo pirado de Jorge Explosion.



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domingo, 19 de septiembre de 2010

Fondo de armario ( IV )

Elvis Costello - Blame it on Cain (1977)

Llegado este momento de septiembre todos los seres humanos volvemos a nuestra rutina, incluyendo llorar cuando suena el despertador, rascarnos en ese punto muerto que tenemos en la espalda (inalcanzable de todas todas) y decidir si este año empezaremos sin solución de continuidad la colección de 'camiones de la época de antaño' o la vajilla de porcelana de Hello Kitty; nosotros optamos por volver por ponernos las gafirulas de pasta y enfundarnos los pitillos (aprovechando que mi madre ha terminado de cogerme el bajo esta misma semana), así que... Acoqui!

Nombre: Blame it on Cain
Autores: Elvis Costello
Fecha de grabación: Finales de 1976 (Pathway Studios, Islington, Inglaterra)
Productor: Nick Lowe
Ingeniero de Sonido: Bazza (desconocemos si es persona, animal o mesita de noche)
Músicos : Elvis Costello: voz y guitarra; John McFee: pedal steel guitar; Sean Hopper: piano, órgano y voces; Johnny Ciambotti: bajo y voces; Mickey Shine: batería.

Datos extras: Las cosas de la vida, en 1976 Declan Patrick MacManus era un administrativo que operaba con un IBM, casado y con un hijo. En 1977 era la nueva estrella del New Wave, del punk y del rock. Su disco era un moderado éxito en las listas, pero suponía un tremendo empujón para su discográfica, Stiff (que entre otras gemas nos entregaría discos de Nick Lowe, Wrekless Eric e Ian Dury) y encima significó el primero de unos cuantos discos tremebundos que iría entregando en los años siguientes.


Elvis CostelloCostello en la época en la que cubría los vestuarios del Real Madrid para Supergarcía




Probablemente el señor de las gafas no pensó en que fuera a grabar nada cuando entró por primera vez en las oficinas de Stiff (tuvo que escaquearse del curro con una hábil, original y eficaz estratagema que a nadie se le había ocurrido: se hizo el enfermo). Fue recibido por una amable chica de recepción y dejó una cinta con sus canciones. En principio, Stiff sólo le quería como compositor para Dave Edmunds, pero también dejaron al chico grabar alguna demo con Nick Lowe a los controles y la mitad de lo que serían los News de Huey Lewis encargados de los instrumentos. Una cosa llevó a la otra y cómodamente grabaron lo que sería My Aim is True, en lo que otros hacen un curso de CCC de técnico ornitológico y de interiores, Costello, pergeñó un disco de debut sobresaliente pleno de talento y con composiones que valían lo que se llevó el Dioni en su furgón (a ojo de buen cubero). Así de fácil.



Sea como sea, My Aim is True tiene una colección de canciones inapelable, que atacan todos los puntos fuertes de un oyente avispado y puesto sobre aviso, golpeando sobre tantos estilos: Punk, Rock&Roll cincuentón, blues, New Wave... que más parece una representación de helados playeros (ya saben: chocolá, tutifrú) que un primer álbum. Mucho se ha hablado sobre los artistas que dan lo mejor de sí mismos cuando la situación es más penosa que de costumbre, pero no se ha dicho mucho de los que trabajan mejor cuando tiene poco tiempo para hacerlo. Como si la prisa avivase la llama del talento. Elvis grabó su disco en poco menos de 24 horas. Como ya habían hecho sus idolatrados Beatles o la mayoría de los músicos anglosajones de los 60. Claro que después ellos mejoraron la fórmula, pero esos primeros esfuerzos, con la exigencia por las nubes, pero compensada con desparpajo exigen un respeto. A buen seguro que ante el reto de grabar, Costello se planteó las dos primeras preguntas de la guía de franquicias que sigue Marge, a saber: 'quién soy' y 'qué corcho hago aquí' (no en vano grabó un disco sin darse cuenta, para una compañía de futuro prometedor, pero incierto, con un productor al que idolatraba y unos músicos de sesión que se fueron pasando el testigo entre unos y otros). Pero la cosa salió bien. Particularmente bien.



Elvis CostelloEn realidad esta es la cara que se te queda cuando no te acuerdas bien de la tabla del 7, pero nunca te ves en un espejo para comprobarlo


Y qué les traemos hoy? Pues dentro de la que podíamos elegir(que es mucho) y con los parámetros que se siguen en esta sección les dejamos con Blame it on Cain ('Échale la culpa a Caín'), un blues 'shufflado' (lo que me gusta inventarme palabras) de estructura simple, pero que funciona como el reloj de Cuco de tu tía Adela gracias a buenos fraseos de guitarra y la energía característica que Elvis Costello imprimía sus canciones. Un derroche de talento en una canción menor que naturalmente fue eclipsada por Alison (a la cual precedía), que para los entusiastas de la paradoja tampoco fue un single muy vendido en principio. La canción, que cuenta con una letra realmente interesante, también nos habla del conocimiento que tenía Elvis de las reglas de la música propiciando un final de canción que sube tanto en decibelios como en ritmo y que recuerda a los gloriosos climax que The Band introduce en muchas de sus canciones.




Probablemente nadie se acuerde muy bien de este tema, Elvis Costello tiene cantidad de ellos (pregunten a mi compañero por Less than Zero, incluido en el mismo My Aim is True), pero es testigo directo del talento de un pequeño genio con pinta de empollón en un momento en el que la soltura con la que escribía temas legendarios ponía en duda esa supuesta teoría actual de que se necesitan 4 años de espera entre disco y disco. Elvis acabó con eso de un plumazo saliendo a disco por año hasta 1984 y manteniendo unas cuotas de calidad que le daría un certificado ISO y un sello de Krusty, ambos pruebas irrefutables de casi cualquier cosa.


Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

P.D.: no me he resistido a ponerles un vídeo tipo "Mundo Viejuno", pero con la canción de la que hablamos. No me digan que no les sale de dentro hacer un doblaje improvisado...


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miércoles, 28 de julio de 2010

El Country Indie Modernillo (IV): Los experimentos de Wilco y los cordones para gafas



Wilco - Being There (1996)


Hace algunos años salía muchos días por la estación de Callao en dirección a mirar discos y otras varietés. A decir verdad, los vagos como yo que buscamos cualquier escusa para tener tiempo libre y no tener que trabajar pasamos cerca de muchas estaciones de metro. Lo cierto es que en esa misma salida siempre había un buen señor que vendía cordones para gafas. “A veinte duros los cordones para gafas”. Lo sé porque siempre repetía lo mismo, era un eslogan que permitía pocas variaciones, y tanto que no se alteraba ni una coma en su intento de convencer a la gente de incorporar como complemento tan útil artilugio alargado. Siempre pasaba a su lado y pensaba comprarle alguna vez algún cordón para gafas, por aquello del desgaste que provocaba verle todos los días y guardarlos de recuerdo o algo así. Lo cierto es que casi siempre volvía con un CD (en aquella época uno y no más) o tan pelado que no me podía permitir el capricho gafiruril. Supongo que es por aquella época cuando el señor Verleín (a veces instructivo y con gusto) me empezó a convencer para trincar algún disco de Wilco.


Tweedy con un topógrafo se queda dormido mientras mira un mapa. Te entiendo querido “migrañas”



Decir cosas de Wilco que la gente no sepa es complicado y largo (ya he dicho que era muy vago). Surgieron de cuando Uncle Tupelo se fue al garete y Tweedy se llevó consigo a todo cuanto quedó de aquello, y añadiendo a un pequeño genio de largas pelambreras llamado Jay Bennett. Tras un primer disco todavía con la influencia del sonido añejo de los Tupelo grabaron A.M., pero como diría Sick Boy en edulcoradas palabras: es bueno pero en tu foro interno sabes que no es el mejor. El segundo disco ya son palabras mayores, ni más ni menos que el Being There, un disco doble, con trazas experimentales, con sonidos añejos, popero, y tan difícil de encuadrar en cualquier estilo o influencias que lo único que se puede decir de él es que sólo suena a Wilco. Lo cual no implica que sean tan complicados de escuchar que sólo lo haga Wilco y la familia de Wilco. Ni mucho menos.

Si tuviera que elegir canciones sobresalientes, todo sale muy extenso y tal, aunque para variar me quedaría con las más cortas y directas al higadillo: “Outtasite (Outta Mind)”, “I Got You”, o “What´s The World In Store” en el apartado de las más calientes. “Say You Miss Me”, “Red-Eyed And Blue” y “Someone Else´s Song” en las tiernas. Las camperas “Forget The Flowers” y “Someday Soon”. Y hasta les perdono que se pongan con ruiditos en “Misunderstood” y “Sunken Treasure”. Pero aquí es donde paro, no quería escribir los títulos de las canciones y si me descuido escribo las de este disco y acabo con el recopilatorio de El Consorcio entero.


¿Cordones para gafas o country-indie-modernillo? Ellos se ríen porque saben que en algún momento todos seremos presbicios y ya tienen su cordón...


Han pasado años y el Being There me sigue gustando tanto que hasta negaría con la cabeza de vez en cuando que el disco que más me gusta de los de Chicago es Summerteeth, más powerpopero que el resto. Al hombre de los cordones para gafas he dejado de verlo con tanta asiduidad, aunque una vez conseguí verle con un cliente probándose unas gafas con sus cordones. Finalmente yo nunca le he comprado los cordones (dicho sea de paso no llevo gafas, lo cual habría sido una compra algo ineficiente). Luego llegó la moneda única y el precio se redondeó de los veinte duros a un euro. Un día que estaba lloviendo cambió los cordones para gafas por paraguas a tres euros (hay que reconocer el mérito empresarial de este hombre). Quizás algún día le grabe el disco de Wilco por si le vuelvo a ver, igual termina gustándole, quizás no. En caso de ser así, espero que no llueva y no esté vendiendo los paraguas, mucho me temo que cuando me arroje un objeto, el cordón va a doler bastante menos.

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Para los que digan que Jeff Tweedy lo más atrevido que ha hecho en su vida es comer chili de manicomio guatemalteco, ahí le tienen, tocando en la nieve aun a riesgo de meterse el mismo piñazo que se da (creo) Max Johnston.


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jueves, 15 de julio de 2010

El Country Indie Modernillo (II): El derivado y Son Volt


Son Volt - Trace (1995)


En estos días de baja productividad nacional y muchos trabajadores que acuden a su empresa sustituyendo el agua de la ducha por la de la fuente más cercana (los trabajadores del Metro de Madrid no, esos no acuden al trabajo) retomamos nuestro especial de duración indeterminada sobre el country indie modernillo. Para quien le cueste hacer memoria, en donde me incluyo, hago un repaso de lo dicho anteriormente. Resumiendo: En los iniciales noventa había grunjes, mucha gente con zapatillas sucias y unos pocos que rescataban el country de antaño llevándolo a nuevos terrenos. Entre los filántropos que encabezaban el movimiento campero se encontraban la gente de Uncle Tupelo. A su vez, este grupo consistía en dos personas que se llevaban muy mal, Jay Farrar y Jeff Tweedy, que aunque abundaban entre ellos las bromitas de compañero no paraban de hacer buenas canciones. Tras la separación, mucha gente no superó que estos Rasca y Pica con sombreros de Brokeback Mountain formaran sus propios proyectos, pero no estaban tan mal. Jay Farrar formó Son Volt y el primer disco es bien fino. Allá va su historia.


¡Caray! En un bar y ya han dejado la barra vacía. Igualitos que nosotros a los cinco minutos de entrar en uno.



Tras la separación no amistosa de Uncle Tupelo la gente se sintió ofendida y hasta se manifestó en contra de las toallas portuguesas. Nadie imaginaba que a posteriori alguno de sus miembros tuviera éxito, sobre todo, nadie imaginaba que el que se llevaría el bacalao sería Tweedy (que aparte de dicho pez se llevó a tres músicos de Uncle Tupelo) y no el capo del grupo, Jay Farrar, que obtuvo por razones obvias de peso (compositivo y no de gravedad) un jugoso contrato con la Warner Brothers. Sobra decir, ciñéndose estrictamente a la palabra éxito, que Farrar no tuvo demasiado con Son Volt. Pero también sobra decir, que lo mismo da, que detrás de ese personaje con un ego tan grande como las ganas que tenemos en garajeland de cruzarnos con Van Bommel, se esconde un tipejo que sabe muy bien lo que se hace y que se rodea de fábula cuando la ocasión lo merece.


Fotografía de estudio patrocinada por la tarima de Azulejos Brihuega y toallas portuguesas super absorbentes para sujetar un píe de micro



Después de las batallitas de Risk que llevaban al escenario Tweedy y Farrar, este último se alió con tres bandarras del pelaje de Mike Heidorn, Jim Boquist y su hermano Dave, hombre orquesta de la familia. Éste su disco de debut dejó muy claro que la parte experimental de los Tupelo pertenecía más a Tweedy que a cualquier otro miembro de los Tupelo. El sonido es mucho más pureta, y quizás más Country-Rock (ah, esas odiosas etiquetas compuestas), más cercano a los Crazy Horse que hablaba mi compañero hace unos días (nótese nuestro desprecio por el tiempo), y menos pop, pero no por ello menos melódico. De aires melancólicos pero con canciones fabulosas. “Windfall”, “Tear Stained Eye”, “Out Of The Picture” y “Too Early” en el lado meláncolico y más Gram Parsons. “Route”, “Catching On” y la conocida “Drown” por el lado más Rockero y Neil Youngniano hacen buena cuenta de las grandes canciones de este disco, que para acabar lo hace con una tierna versión de una canción de Ron Wood: “Mystifies Me”.

Tras este disco de debut, Jay Farrar sigue en activo con Son Volt, sigue sin grabar discos malos, y sigue sin vender más que el amigo migrañas. Algunas informaciones apuntan a que siguen sin llevarse demasiado bien, pero bueno, querido amigo Jay, no todo en esta vida va a ser ganar dinero a raudales y mujeres por doquier (que nos perdone George Best por semejante afirmación).


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domingo, 30 de mayo de 2010

Cuando el equipo B se convierte en el A




Crazy Horse - Crazy Horse (1971)


En determinadas ocasiones, normalmente tan determinadas que suele ser "una y no más Santo Tomás" se produce una confluencia de factores que hacen florecer facetas inéditas de uno revelando indefectiblemente algo que nadie podía prever. Me refiero a esos momentos donde nadie da un duro por nosotros, pero al final conseguimos llevarnos brillantemente el gato al agua ante la incredulidad del respetable (normalmente estos momentos pasan a cámara lenta y con música épica, pero sólo si se está en una peli de Michael Bay). Decir, además, que esos instantes de satisfacción personal saben siempre mejor si se vive a la sombra de un líder que lo sabe todo y que es capaz de las genialidades más absolutas con tan solo arquear una ceja.

Algunos ejemplos de lo que les comento: la conversión de los Breavers de 'Teen Wolf' en los Bulls de Jordan cuando todos en el equipo se dan cuenta de que no necesitan los poderes lobunos de Michael J. Fox. Otro, el partido que gana el Niupi con un gol con la cara de Bruce Arper mientras Olivier se resentía de su enésima lesión en el hombro o, mi favorito: las series secuela de los Simpson, con la irresistible historia del Jefe Wiggum como investigador privado en Nueva Orleans.


¡Sapristi! Gente con barba en el bosque, uno canadiense y otro rubio. Si no se trata de Crazy Horse, tienen que ser los seis enanitos (el árbol cuenta, por supuesto)


Aunque si hay que destacar un momento, en términos estrictamente musicales, que refleje de manera directa lo que queremos decir (y que no sea una historia de ficción) nos quedamos con Crazy Horse, el disco homónimo que sacó Crazy Horse al mercado poco después de unir su nombre al de Neil Young para los anales de historia, convirtiendo a Neil Young & Crazy Horse en una marca de fábrica que dura hasta nuestros días (si después de esta sopa de letras nominativa no les duele la cabeza lo más mínimo, les recomiendo que vayan a Cifras y Letras, que se llevan el premio gordo.

Crazy Horse, el grupo, nació en la soleada california, formado por el talentoso guitarrista y compositor Danny Whitten, el bajista Billy Talbot y el baterista Ralph Molina como núcleo del grupo. Su primera formación, que data de 1962, se mantuvo con el nombre de Danny & The Memories el suficientemente tiempo para darse cuenta de que el nombre no funcionaba y cambiarlo por The Rockerts (aunque no fue sólo su identidad la que cambiaron, ya que consideraron que los grupos vocales no vivirían su apogeo hasta los 80, con los Solfamidas, de modo que se pasan al Rock&Roll) El grupo, que en esos momentos cuenta con cinco miembros estables y un violinista para escenas peligrosa, debutan con un álbum homónimo (muy estimable) que puede encontrarse buceando por blogs ajenos.


Las fotos de calidad 'variable' y el desenfoque gaussiano ha hecho milagros por la carrera y autenticidad de muchos grupos.


The Rockets
fueron hijos de su década, adoptando el pop psicodélico tan de moda entonces y estableciendo su campo de operaciones en San Francisco, cuna de todas las cosas que molaban, excepto de la bomba que bota, patrimonio y orgullo de Manchester. En su sonido, ya destacaba el muro rítmico de Talbot y Molina, así como el talento de Whitten escribiendo canciones. características que no pasaron desapercibidas para Neil Young quien, en 1968, y tras un par de actuaciones e improvisaciones de prueba les propuso convertir al trío en su banda de acompañamiento, de la misma manera que caían las broncas en casa cuando eras el pequeño de una larga saga familiar (en orden descendente en edad y ascendente en la fuerza de la colleja que te tocaba).


Young contó con el grupo para su siguiente disco, el gran Everybody Knows This Is Nowhere, con unas profundas y marcadas señas de identidad: melodías infalibles, largos trabajos de guitarra que perdurarían en el sonido de Young y que producen una digestión lenta en el oyente, casi tanto como una comida con pacharán de postre,. Con este disco se iniciaba una de las más longevas y discontinuas asociaciones de la historia de la música.

Como decimos, Neil comenzó a jugar al sile/nole con los Crazy Horse. Contó con ellos en Everybody, luego cambió de aires uniéndose a Crosby, Stills y Nash en el legendario Déjà vu, contando con el grupo de nuevo en su siguiente disco en solitario: After the Gold Rush, pero sólo en tres canciones. El grupo, por su parte, no pierde el tiempo y mientras Neil saltaba de flor en flor, ellos reclutaban a dos secundarios de lujo del mundo musical: Jack Nitszche (mano derecha durante muchos años de Phil Spector, tanto que hasta se me parecen físicamente), fino productor y arreglista de algunos de los temas más grandes de la música y al guitarrista Nils Lofgren, al que Bruce Springsteen debe parte de su sonido con su banda. Con el apoyo de Young en algunas composiciones y la producción de Bruce Botnick (Love, The Doors) configuran un debut que nada tiene que envidiar al trabajo de Young de esos años.

El disco es una colección de temas que beben de varios estilos y que cuentan con al menos tres voces principales. Una fórmula arriesgada, pero que aquí funciona de manera muy cohesionada, tan difícil de conseguir como una bechamel sin grumos (se agradecen comentarios respecto a esto, razón: cocinero inexperto, pero con voluntad). Así, Crazy Horse sorprende con el pop danzarín de 'Gone Dead train', con su estupendo trabajo de bajo y un estribillo a tres voces realmente irresistible. 'Dance, Dance, Dance', es una de la canciones que Young cedió al grupo, festiva y con con fiddle autóctono, nos muestra otra faceta más del grupo. El pop de gran armonía vocal es rescatado en 'Look at all the Things' de Whitten, que da paso a 'Beggars Day', que firma Nils Logfren y que cambia el tercio, ofreciendo un sonido ampuloso. Por no romper la tónica de encontrarnos con grandes temas en diversos estilos, Whitten escribe y canta 'I Don't Want to talk About It', balada de las que dejan poso y que no necesita de mecheros encendidos para tocar la fibra sensible (con el slide de Ry Cooder es suficiente). Más famosa por la versión que hizo Rod Stewart, pasará a la historia (o no) por ser una de las canciones favoritas de Rob Fleming, el prota de Alta Fidelidad (versión libro). El pulso del caballo desbocado se recupera con 'Dowtonwn' que cuenta con un gran trabajo de los dos guitarristas del grupo, lo que se repite en 'Dirty Dirty' o 'I'll Get By'. Jack Nitzsche es el último en sumarse a la fiesta, pero entrega dos grandes gemas pop: "Carolay" y "Crow Jane Lady", preciosistas y de estructura sorprendente, funcionan como canción pegadiza y como dato para saber cuándo un grupo puede ofrecerte más de lo que esperabas.

Danny Whitten en una de sus fotos a lo 'Gaizka Mendieta'.


El disco termina dejando una sensación de hacia dónde podría haberse desarrollado la música de Crazy Horse que lamentablemente nunca pudo llevarse a cabo (Whitten perdió sus mejores años en la heroína y murió poco tiempo después), aunque Molina y Talbot lo volvieron a intentar una año más tarde con Loose (del que hay variopintas opiniones según el crítico influyente al que sigas) y posteriormente con At Crooked Lake.

Fue una lástima que este grupo (formado por secundarios en esto de la música) no pudiera repetir esta fórmula y haber seguido entregando buenas canciones, pero no creo que ninguno de los participantes (que han tenido sus momentos de estrellato y gloria pero siempre de manera muy moderada) cambiara la creación de momento tan glorioso como este disco por cualquier otra cosa (a menos que se ofreciera un aparato para tener razón siempre, por el cual vendería mi alma, dos veces). De hecho, si lo pensamos fríamente, no sé si yo mismo cambiaría un momento de gloria por un montón de momentos medianos, más aún si tenemos en cuenta lo que significa mediano para según qué personas, pero ejemplo, para Zara significa que careces de hombros, tienes cintura de avispa y pecho palomo. Si eso es mediano, perdónenme, pero me quedo con este disco y con mi perfil Bertín Osborne.

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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein


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