viernes, 14 de junio de 2013
Cuando los amigos son útiles a medias: The Decibels
miércoles, 29 de mayo de 2013
Canciones para estar donde estén las chicas: The Fevers
miércoles, 3 de abril de 2013
Greg Shaw y su búsqueda de las raíces del Powerpop
miércoles, 20 de febrero de 2013
Un nuevo gallito en el R&R: Kurt Baker
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Lista obscena de favoritos 2012
martes, 20 de noviembre de 2012
Canciones más allá de The Posies: Jon Auer
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Nuestros señores independientes favoritos: Ken Stringfellow
jueves, 13 de octubre de 2011
7´´, 45 r.p.m. y un pequeño trozo plástico: The Blow Pops
martes, 17 de mayo de 2011
Los Padres de la Criatura: Badfinger
Uno de esos días. Los de levantarse con la pierna izquierda (o derecha según la lateralidad cruzada con la que hayan nacido). No atinas con el despertador, pero sí tu muñeca con la mesilla, el perro se ha comido tus zapatillas y la avería de Gas Natural -que te tiene sin agua caliente desde hace dos días- sigue siendo registrándose como “incidencia”. Eres la misma persona que ayer, pero con rotura de escafoides, unas zapatillas babeadas y una temperatura corporal tan baja que asustaría a la comunidad médica. Y aun así sales a la calle convencido de que el día mejorará. Eres un espíritu inquebrantable, que es parte de las mejores cosas del ser humano y también un motivo por el que las razas alienigenas creadas por Douglas Adams nos miran con desdén. La conclusión es que poseemos una incombustible fe en que todo va a salir bien, incluso cuando el sentido común, la experiencia y un señor con tricornio y vestido de verde nos dice: “por aquí no se puede pasar”. Esto se da en nuestro vida, pero también en la música. Normalmente no se reparará en ello, pero Badfinger es el mejor ejemplo de este comportamiento que se me ocurre.
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| Si se preguntaban a qué nos referimos en Garajeland cuando hablamos peluquines, lo hacemos exactamente de ESTO |
El grupo del que hablamos hoy se tenían mucha fe, es la única razón para que fueran capaces de dejar un legado tan importante (y en tan poco tiempo) con todo lo que tuvieron en contra. Quizás no sea del todo cierto decir que contaban con elementos en contra. Pongamos que todo a su alrededor se desarrollaba de tal forma que, lo más sensato, sería salir corriendo sin mirar sin llevabas las piernas depiladas. Hagamos una lista: son un grupo de Gales, un lugar donde por mucho que te pongas no puedes escribir mejor que Dylan Thomas, jugar al fútbol mejor que Ryan Giggs o vivir mejor que John Benjamin Toshack. Con esas premisas, a los buenos de Badfinger sólo les quedó dedicarse a la música. Seguimos con las cosas en contra: son uno de los primeros grupos en fichar por el sello Apple de los Beatles (que nacía como una gran idea comunitaria de empresa creativa y acabó teniendo un éxito pareció al Rascapiquilandia europeo), graban un primer disco y resulta ser un fracaso comercial. En sus primeros años tampoco parecía el grupo más estable del mundo (entre 1967 y 1969 cambiaron dos veces de guitarrista y una de baterista). Y este disco tuvo que competir en las listas con el Plastic Ono Band, All Things Must Pass o el Led Zeppelin II (y lo irónico es que colaboraron en dos de ellos...). Así pintaba la cosa.
Badfinger fichó por Apple cuando todavía eran los Iveys, grupo que ya contaba con Peter Ham y Tom Evans en sus filas y que se formó en los albores de los años 60. Tras unas cuantas actuaciones y ya con Mike Gibbins como batería comenzaron a tener cierta reputación como banda gracias a que sus canciones se revelaban como pequeñas perlas cultivadas de la música pop. Sin embargo, no fue hasta que Mal Evans (otro sexto beatle) les vio en un concierto y les fichara cuando comenzó su relación con la discográfica de la manzana, lo que para bien y para mal les cambió la identidad para siempre. Tras la firma, lanzaron su primer single, el fallido Maybe Tomorrow, que alcanzó el top ten en Japón, pero no en Inglaterra o EE.UU. El grupo, por su parte, se encontraba viviendo momentos duros: creían que Apple no hacía bien su trabajo y Ron Griffiths (guitarrista) tenía sus más y sus menos con Tom Evans, lo que acabó con el primero fuera de Badfinger. Pete, comprendió que les faltaba algo a su sonido, lo que me suele ocurrir a mí con el cus-cus cuando no le he puesto el conjunto de especias verdes, y llegóa a la conclusión de que el ingrediente X no era otra cosa que darle a algunas de las mejores melodías de pop de las islas la rasposidad de un buen riff de guitarra eléctrica. Una mezcla ésta del Pop y el Rock que hoy llamamos Power Pop y que nos parece lo más normal del mundo, pero que en esa época casi necesitó de un referéndum tipo "Sí a la 24" para consolidarse. Conviene recordar que en los 60 el Pop y el Rock eran compartimentos estancos excepto si los Beatles decían lo contrario (y en 1969 estaban ya muy ocupados autodestruyéndose).
Ya con la nueva formación (Joey Molland se unió al trío como sustituto de Griffiths) y con el grupo rebautizado como Badfinger ( nombre que viene de Badfinger Boogie, uno de los nombres que los Beatles barajaron para el With a little help of my friends) la cosa empieza a fructificar, primero gracias al single 'Come and Get it' escrito y producido por Paul McCartney. Un número uno que les lleva a grabar su segundo disco, el magnífico Magic Christian Music, una especie de tótum revolútum que incluía canciones de la banda sonora de la peli que protagonizaban Ringo y Peter Sellers, composiciones de los Iveys con nuevas grabaciones del Maybe Tomorrow (que en formato disco no había salido en ningún país anglosajón). Esta práctica, la de meter todo en una cesta y esperar que salga bonito y cohesionado por la gracia de Cthulhu, es el truco que llevan buscando esos magos bromistas que meten tu reloj en un pañuelo, sacan un martillo y muestran una amplia sonrisa mientras proceden con el elemento percutor y tú te das cuenta de que ni es una comedia, ni el mago se llama Splendini.
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| "Por última vez, que no vamos a tocar Help" |
Tras ese disco, el camino de Badfinger parecía encauzado, así que no tardaron mucho en ponerse a grabar su tercer LP, No dice (una expresión originaria de los juegos de dados que viene a decir algo así como: “de ninguna manera”), de nuevo bajo la producción de Mal Evans con portada a lo mata hari y lleno de canciones de toneladas de talento. El nuevo sonido del grupo es identificable desde los primeros segundos de ‘I can’t Take it’, primera muestra de la maestría de Pete Ham como compositor: menos de tres minutos de fundamentos del Powerpop en los que se demostraba que el grupo iba a tener una capacidad casi mística de juntar el brío de las guitarras de Joey y Pete con melodías que rondarán tu cabeza con una facilidad inusitada. Después de este inicio, el disco sigue demostrando sus credenciales con dos canciones que desmontan todas las ideas preconcebidas que se tuvieran del grupo: ya no eran un grupo de baladas o, por lo menos, no únicamente; eran capaces de conjugar sus dos vertientes, como bien demuestra el cambio de 'I Don’t Mind' o 'Love me do', composición de Molland que además de un gran paso para poder diferenciarse de los Beatles (junto con otros detalles como que eran cuatro, melenudos, grababan en su sello y si cerrabas los ojos te costaba distinguir las voces de Tom y Pete de las de John y Paul) es una conexión directa con el nuevo sonido que estaban creando.
Llegamos a 'No matter what', que fue el primer single (tras un par de arreglos en unas nuevas sesiones de grabación dirigidas por el gran Geoff Emerick, ingeniero de los Fab Four). Una muestra majestuosa de cómo una buena canción puede convertirse en lo que marca la diferencia entre un gran disco y una absoluta obra maestra. No creo que nunca haya hecho una lista de todo lo que tiene que tener un canción para que ganarse mi atención, pero les puedo decir que No Matter What tiene todo eso y algunas cosas más de reserva: riffs de guitarra que te atrapan, la conjunción perfecta de tres voces trabajando las armonías eficazmente y un cambio (lo que empieza a partir de "Knock down the old gray wall") que conjuga al mismo tiempo la complejidad y la imposible sencillez de hacer un tema completamente adictivo.
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| No pensarían que iba a resistirme a los encantos que Google Imágenes y su imparcial buscador |
Aunque si por algo pasó a la historia No Dice es por contener la canción más recordada de Badfinger, o mejor dicho, la canción de Badfinger que más conoce la gente, pero que nadie sabe de quién es realmente y que se añade a esa lista de canciones originales que son menos radiadas que sus respectivas versiones ('All Along the Watchtower', te miro a ti) Nos referimos a 'Without you', que alcanzó fama mundial gracias a la excelsa voz de Harry Nilsson (algún día le dedicaremos un algo a ese un borrachín entrañable) y a una versión de Mariah Carey no apta para diabéticos (a la que no dedicaremos ni un minuto más). La canción, que aquí tiene un tono más folk, deja a las claras el talento de la dupla Ham/Evans para componer (la estrofa es obra de Pete, mientras que el estribillo fue aportación de Tom, ya ven, repartido como buenos hermanos). Los siguientes cortes, como 'Blowdyn' son los últimos vestigios de los Iveys con su sonido antiguo, algo que Better Days rompe por completo gracias a un riff que recuerda en estética y sonido a los que Mick Ronson fabricaría para Bowie en esa época. Del mismo modo, 'It Had To me', supone uno de los mejores momentos de Badfinger, una canción que debemos a Mike Gibbins, el batería. De inicio emocionante, es una de esas melodías que parece que va a romper por alguna parte gracias a la interpretación de Pete y al que siempre, y no sé por qué, lo emparento definitivamente con toda la cara B del 1# Record Big Star. palabras mayores.
Final del disco para 'Believe Me' de Tom Evans, una aproximación -en cuanto a sonido e interpretación- a las canciones que John Lennon entregó para el álbum blanco: honestidad ante todo y, en este caso, un estribillo vibrante. Badfinger saben jugar como nadie con el fino equilibrio entre lo delicado y lo directo y Pete lo vuelve a demostrar con 'We’re for the dark', un fantástico mantra tocado por la inspiración de un genio compositivo, la diestra labor de producción de Geoff Emerick ( el sutil arreglo orquestal es una maravilla) e interpretada con una de las mejores voces que ha habido en este estilo musical. Una voz que podía llenar estadios y tocarte la fibra, ser el nexo de unión entre la exquisita educación victoriana y las pelis de golpes de Guy Ritchie.
Decir que Badfinger merecía mejor suerte, no es hacerle justicia del todo. Coetanos y fundadores del Power-pop sin pretenderlo y sin ser conscientes de ello, se les puede considerar a como uno de los padres de la criatura, quizás el menos reconocido de todos y, con seguridad, el de pasado más trágico: Pete Ham y Tom Evans se suicidaron (con unos pocos años de diferencia) por culpa de contratos no pagados y , para más inri, por los derechos de su canción más exitosa: 'Without You'. No sabemos cómo habría continuar su carrera, pero hay seguro dos elementos claves que seguro se repetirían: el talento y la peculiar inconsistencia del ser humano para hacer lo que parece que está destinado. En el caso de Badfinger, contaban con mucho de ambas.
Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein
viernes, 1 de abril de 2011
Esos encantadores australianos (3ª): The Orange Humble Band
La merienda-cena fue un importante activo en la gestación de este disco. Los ganchitos y el plumón de aderezo de Stringfellow fueron simples erratas.
Tras el cierre consensuado de los Someloves, Darryl Mather, otro pequeño genio compositivo aunque de menor producción que Domenico Mariani, forma The Orange Humble Band con algunos modestos colegas. Básicamente estos compañeros son Mitch Easter, del grupo Let´s Active, y más conocido por ser el productor de los primeros REM, Pavement, todo dios del powerpop y de los ya citados Someloves; Anthony Bautovich, que a algunos les sonará de los Lonely Hearts o The Forrester; y Ken Stringfellow, media naranja en The Posies y que ha pasado por los renovados Big Star, REM, Minus 5, y ahora forma parte de The Disciplines. ¿Aburridos de tanto nombre? Sólo unos pocos más. Colaborando a lo largo de los dos discos de los anaranjados nos encontramos (entre otros) con canallas de la talla de Spooner Oldham (Neil Young o Aretha Franklin), Jody Sthepens (Big Star), Jamie Hoover (Spongetones), Dom Mariani, Don Dixon, Jim Dickinson… Creo que el curriculum (o currículo, ya saben que ambas formas están aceptadas aunque ésta última suene raro) de los supuestos humildes queda más que demostrado.
Stringfellow posa arropado con la colcha tejida por su abuela, sabiendo ésta última que iba a publicarse en garajeland.
Los dos discos de la Orange Humble Band son especiales. El primero es tan bueno como degustar la mejor galleta del mundo (la de su portada mismamente). Pop del fresco con algunas de las mejores canciones de powerpop que han sido escritas, como “Down In Your Dreams”, “It Doesn´t Matter” u otro punto de vista del “Can´t Get What You Want”. Humblin’ (Across America) es más ambicioso, aunque no lo graban en Rascapiquilandia lo hacen en los míticos estudios Ardent de Memphis, seguro que la biblia tiene alguna interpretación en la que obliga a grabar allí. Puede que la frescura powerpopera se pierda un poco en pos de composiciones más elaboradas, pero la calidad del disco no desciende no, no es como el paro. Las canciones están grabadas con clase y el mismo mimo que pone la gente que sabe estirar bien la sábana cuando hace la cama y pasa la mano por encima haciendo así… (Bien, creo que no están viendo lo que hago, pero echen imaginación).
Ken Stringfellow se destapa como un cantante espectacular porque en canciones como “Any Way You Wanted It”, “Annie Run Run Run” o “Skyway Believin’” él vale el peso del disco, y lo que se haya pagado por él. No se dejen engañar por la primera canción, un poco plomiza, el resto es deslumbrante, quince canciones divididas en tres partes, salpicadas de instrumentales con instrumentos, y algunas composiciones que pueden llegar a tocar la fibra: “What´s Your Crime”, “On Our Way Back Home”, “Better Just Fake It”, “ListenUp!”… imprescindible álbum para conocer de primera mano cómo se las gastan un grupo de orfebres cuyo cometido en esta vida no fue el de hacerse oír ante grandes aglomeraciones urbanas, era simplemente el de que uno se sentara a disfrutar con canciones de calidad mientras degusta uno de sus líquidos favoritos frente a los altavoces. O eso creo yo.
La producción de Darryl Mather sigue siendo, desafortunadamente, muy lenta (él mismo asegura que nadie quiere poner demasiada pasta para volver a grabar canciones del grupo), no obstante la logística volverá a reunir a los Orange Humble Band (en algún momento), homenaje claro a nuestros amigos anaranjados de tierras levantinas, que nos apoyan tanto que gracias a ellos aun no escribimos las crónicas de discos en el catálogo de ofertas del Hiper Usera, cerrando así un círculo donde las piezas van encajando.
Nota: Para que el placer sea logarítmicamente mayor, pinchen en el segundo enlace donde se encuentran los Bonus de la edición Japo. En mi CD pone tres canciones pero sólo vienen dos. La venganza del peluquín se está produciendo sobre mí.
Servidor: Megaupload. Contraseña: peluquin






































