martes, 8 de octubre de 2013
El retorno a la inocencia de Gene Clark: Gene Clark with the Gosding Brothers
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Lista obscena de favoritos 2012
viernes, 28 de enero de 2011
El enlace entre los camperos clásicos y los más modernillos: The Long Ryders
Cuando hace unos meses realizamos ese especial sobre los sonidos de la Americana y que nosotros en nuestro afán de cambiar el nombre a esa etiqueta llamamos Country Indie Modernillo estuvimos citando las influencia de todos aquellos grupos en los muy obvios Byrds, Gram Parsons y derivados, o en Hank Williams yendo un poco más lejos, sin ni siquiera encontrar un punto de enlace entre los inicios de mezclar las churras con merinas (perdón, quise decir el Country con el Pop) de finales de los sesenta y el auge de estas tonadas que inició el No Depression de los Uncle Tupelo. Sí, nuestra vista es obtusa en ese sentido, ¿Qué quieren, si llevamos siempre puestas las gafas para borrachos que compramos en los jardines Duff? Este eslabón perdido, y no me entiendan mal, nada tiene que ver con el caminar erguido, lo teníamos delante de nuestros propios ojos y no tuvimos la decencia de citarlos: eran los Long Ryders. Fantástica banda Californiana de la que desgranaremos incorrectamente sus maternas canciones de debut.

Los Long Ryders con la clásica (a la par que elegante) decoración de neumáticos antes de que se pusiera de moda Quién Vive Ahí
Principalmente y particularmente, para contar la historia de los Long Ryders hay que hablar de Sid Griffin, procedente de una ciudad en medio de la nada como Louisville en Kentucky, su primer disco es un regalo familiar: el Sweetheart Of The Rodeo de los Byrds, por el mero hecho de que en la portada no aparece ningún melenudo (menos mal que no vieron las gafas de Roger McGuinn o nos hubiéramos quedado sin Long Ryders a este punto de la historia y yo hubiera tenido que publicar mis fotos de la comunión para despistar). Afortunadamente, de personalidad inconformista y aun un ternerón, el bueno de Griffin ya domina clásicos instrumentos como la mandolina y el steel guitar y decide en el ocaso de los setenta dejar a un lado la rutina de Louisville para emprender un largo viaje hacia Los Angeles (hay quien no descarta que incluso paró por La Roda a comprar Miguelitos) en busca de un nuevo sonido del que ha leído sus propiedades pero del que aun no ha conseguido llevar nada a sus oídos: el Punk.

No me digan que Sid Griffin con esa cara y la pose de "como quien no quiere la cosa venimos del huerto" no tiene pinta de achuchable
Durante este periodo se forja en el ambiente de nuevas bandas que pueblan la ciudad hasta que se harta de tocar versiones y decide montar un nuevo grupo. Es ahí cuando entra en escena el otro capo de la formación: el gran Stephen McCarthy, un pájaro muy singular que en pleno auge punk vino a decir a sus compañeros lo de “sí, sí, lo del punk y todos esos guitarristas están muy bien, pero a mí lo que me gusta es el Country y las películas del Oeste que emiten en la sobremesa”. Obviamente fue contratado al instante, y acertaron. Tras unas cuantas salidas y entradas completan la formación del grupo junto a Greg Sowders a las baquetas y Tom Stevens al bajo. Cuatro músicos que se desenvuelven de rechupete con cualquier instrumento que les eches al hombro (siempre maldigo a este tipo de gente por pura envidia de la que no es sana).
Tras un EP de debut llegan a la grabación de este Native Songs con la clarísima intención de dar rienda suelta a todas las obsesiones musicales que les han conquistado desde pequeños. Para empezar, la producción corre a cargo de Henry Lewy, en otros tiempos productor de los primeros álbumes de Flying Burrito Brothers. La segunda de ellas la cumplen sobradamente con la participación de Gene Clark añadiendo voces en “Ivory Tower”. La tercera la encontramos en el sonido de todas sus canciones, con homenajes perpetuos a los ya citados Burrito Brothers, a los Byrds, al cancionero pop inglés de los cuatro de Liverpool (y espero que no haya un equipo de Curling por allí que se llamen así o me verán chillar de forma lamentable), al Rock And Roll del de toda la vida, y sin ningún género de duda (porque ellos lo dicen) al genial músico y empinador de botella Gram Parsons.

Long Ryders junto a Gene Clark y los visillos con faldones. Yo al menos nunca vi una foto donde se repitan esos mismos elementos
Es muy posible que en este punto de la situación, todos estéis aburridos de los mismos nombres de siempre… ¡pues escuchen las canciones de este disco! Porque mientras algunos nos planteamos si la telilla de la sopa de tomate hay que comérsela, el tándem Griffin-McCarthy realizan unas canciones como “Still Get By”, “Too Close To The Light”, “Ivory Tower” o clásico sonido yanqui de “Never Got To Meet The Mom” que saciarán de sobra a los que se quedaron con apetito tras escuchar a los nuevos camperos modernillos o a los que quieran recuperar viejos sonidos con Rickenbacker, steel guitar y zarzaparrilla de la buena de por medio.
Que el final del grupo fuera tras cuatro estupendos discos y cayendo en el olvido de la ignorancia que actualmente se intenta que nos invada tampoco es una novedad. Una pena que gente tan interesante como Sid Griffin (un tipejo tan fascinante que ya has escrito varias biografías entre las que se encuentra la de ¿Quién si no? Gram Parsons) o S. McCarthy (que incluso tocó una época con los Jayhawks) no se les tenga en el mínimo reconocimiento que deberían tener. Ahora que Jeff Tweedy parece que ha terminado de acuchillar el parqué de su casa y puede ahorrar algunos dólares debería pensar en pagar algún pequeño tributo a estos tipos. Pero claro, para eso igual hace falta una gala presentada por Norma Duval.
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miércoles, 28 de julio de 2010
El Country Indie Modernillo (IV): Los experimentos de Wilco y los cordones para gafas
Hace algunos años salía muchos días por la estación de Callao en dirección a mirar discos y otras varietés. A decir verdad, los vagos como yo que buscamos cualquier escusa para tener tiempo libre y no tener que trabajar pasamos cerca de muchas estaciones de metro. Lo cierto es que en esa misma salida siempre había un buen señor que vendía cordones para gafas. “A veinte duros los cordones para gafas”. Lo sé porque siempre repetía lo mismo, era un eslogan que permitía pocas variaciones, y tanto que no se alteraba ni una coma en su intento de convencer a la gente de incorporar como complemento tan útil artilugio alargado. Siempre pasaba a su lado y pensaba comprarle alguna vez algún cordón para gafas, por aquello del desgaste que provocaba verle todos los días y guardarlos de recuerdo o algo así. Lo cierto es que casi siempre volvía con un CD (en aquella época uno y no más) o tan pelado que no me podía permitir el capricho gafiruril. Supongo que es por aquella época cuando el señor Verleín (a veces instructivo y con gusto) me empezó a convencer para trincar algún disco de Wilco.

Tweedy con un topógrafo se queda dormido mientras mira un mapa. Te entiendo querido “migrañas”
Decir cosas de Wilco que la gente no sepa es complicado y largo (ya he dicho que era muy vago). Surgieron de cuando Uncle Tupelo se fue al garete y Tweedy se llevó consigo a todo cuanto quedó de aquello, y añadiendo a un pequeño genio de largas pelambreras llamado Jay Bennett. Tras un primer disco todavía con la influencia del sonido añejo de los Tupelo grabaron A.M., pero como diría Sick Boy en edulcoradas palabras: es bueno pero en tu foro interno sabes que no es el mejor. El segundo disco ya son palabras mayores, ni más ni menos que el Being There, un disco doble, con trazas experimentales, con sonidos añejos, popero, y tan difícil de encuadrar en cualquier estilo o influencias que lo único que se puede decir de él es que sólo suena a Wilco. Lo cual no implica que sean tan complicados de escuchar que sólo lo haga Wilco y la familia de Wilco. Ni mucho menos.
Si tuviera que elegir canciones sobresalientes, todo sale muy extenso y tal, aunque para variar me quedaría con las más cortas y directas al higadillo: “Outtasite (Outta Mind)”, “I Got You”, o “What´s The World In Store” en el apartado de las más calientes. “Say You Miss Me”, “Red-Eyed And Blue” y “Someone Else´s Song” en las tiernas. Las camperas “Forget The Flowers” y “Someday Soon”. Y hasta les perdono que se pongan con ruiditos en “Misunderstood” y “Sunken Treasure”. Pero aquí es donde paro, no quería escribir los títulos de las canciones y si me descuido escribo las de este disco y acabo con el recopilatorio de El Consorcio entero.
¿Cordones para gafas o country-indie-modernillo? Ellos se ríen porque saben que en algún momento todos seremos presbicios y ya tienen su cordón...
Han pasado años y el Being There me sigue gustando tanto que hasta negaría con la cabeza de vez en cuando que el disco que más me gusta de los de Chicago es Summerteeth, más powerpopero que el resto. Al hombre de los cordones para gafas he dejado de verlo con tanta asiduidad, aunque una vez conseguí verle con un cliente probándose unas gafas con sus cordones. Finalmente yo nunca le he comprado los cordones (dicho sea de paso no llevo gafas, lo cual habría sido una compra algo ineficiente). Luego llegó la moneda única y el precio se redondeó de los veinte duros a un euro. Un día que estaba lloviendo cambió los cordones para gafas por paraguas a tres euros (hay que reconocer el mérito empresarial de este hombre). Quizás algún día le grabe el disco de Wilco por si le vuelvo a ver, igual termina gustándole, quizás no. En caso de ser así, espero que no llueva y no esté vendiendo los paraguas, mucho me temo que cuando me arroje un objeto, el cordón va a doler bastante menos.
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Para los que digan que Jeff Tweedy lo más atrevido que ha hecho en su vida es comer chili de manicomio guatemalteco, ahí le tienen, tocando en la nieve aun a riesgo de meterse el mismo piñazo que se da (creo) Max Johnston.
viernes, 23 de julio de 2010
El Country Indie Modernillo (III): El momento cumbre y los Jayhawks
Poco a poco se finaliza el especial del Country-Indie-Modernillo en el que sólo estamos rascando la superficie de tal estilo (¿alguien esperaba más de cuatro entradas al respecto?). Cuando digo que este disco de los Jayhawks es el punto erecto de cuanto se grabó en aquellos años, está claro que siempre es una opinión sujeta a los diversos gustos que tendrá el personal, pero como dirigimos un bloc de dictadura bipartidista en la que mandamos nosotros, y en su defecto aquellos que consigan nuestras claves de acceso y aprovechen para publicar exabruptos, no me surge ninguna duda en afirmar que Tomorrow The Green Grass es el mejor exponente de muchos grupos que decidieron honrar la tradicional música americana y los manteles de cuadros. Tan cierta es esa afirmación, que se podría haber elegido el predecesor, el también magnífico Hollywood Town Hall, que aparte de un dudoso gusto por posar sentados en la portada en sitios cada vez más inverosímiles (a elegir tienen entre un sofá frente a una iglesia nevada o un tronco de árbol partido de dimensiones desproporcionadas), comparten una calidad de canciones realmente excepcional.

Una cásica escena de antaño, con sus Fresisuis y caras de estar viendo un concierto de Coyote Dax
Los Jayhawks a diferencia de otras bandas del llamado Americana se forman bien pronto, a mediados de los ochenta con un par de pájaros como compositores llamados Mark Olson y Gary Louris. Junto a los dos pilares de la formación se une el bajista Marc Perlman, desde entonces uno de los que no ha fallado hasta el último disco de estos puretas de Minnesota. Desde los principios, las gafas de la tía Mari-Pili que siempre ha gastado el peluquín rizado de Gary no impide al grupo grabar con esas dulces armonías vocales y melodías de postín. Sus dos primeros discos pasaron casi inadvertidos, prácticamente sin distribución y con un sonido tan campero que parece sacado directamente de un paseo de Labordeta, hasta que aparece por sus vidas el personaje de George Drakoulias, ese hombre obsesivo en la producción pero que a los mandos de la mesa es todo un seguro, sacándoles un poco más de pop y fichando por una multinacional de las que pagan con buenos langostinos, American Recordings. El primer Lp fruto de esta unión es el citado Hollywood Town Hall, que les hace ponerse a tiro de los oídos de mucha gente de buen criterio, obteniendo cierto reconocimiento entre el pueblo y unanimidad en que se trata de un disco intemporal.

¿De verdad nunca habían visto a cuatro modernos pelados de frío sentados en medio de una carretera de Minnesota? Yo una vez, o eso creo.
Tras la incorporación a los teclados de Karen Grotberg (la chica debería denunciar al fotógrafo del disco, que hace dudar de su condición femenina en todas y cada una de ellas), llega la obra culminante de estos dos trovadores surgidos de la Tierra del Porrón de Lagos. Todos los matices, influencias anteriores se juntan en este disco: Gram Parsons, Neil Young, los Byrds, Flying Burrito Brothers y hasta el lado Pop de sus admirados Big Star. Todas y absolutamente todas las canciones son redondas. No soy entendido en esto (como ya dije mis conocimientos rara vez pasan del Mi Menor), pero me juego mi vinilo de Te Huelen Los Pies a que ni sobra ni falta una sola nota, las armonías vocales son irremediablemente perfectas y en definitiva suena todo de lujo. Pararse detenidamente a analizar cada canción sería una pérdida de tiempo, casi es mejor escucharlas, y saborear un momento glorioso de la música en los últimos años. Hay que deberle mucho a Mark Olson (ese hombre con cara de buena persona, de esos que dan los buenos días cuando te cruzas con él) y Gary Louris por semejante colección de canciones.
Igual se trata de un disco clásico y aún no lo sabemos, no es ni de los sesenta ni los setenta, donde se aglutinan casi todas las rodajas vinílicas que se suelen considerar como tal, es de bien cerca, pero no pierdan cuarenta y cinco minutos y dense una escucha a estos tipos. En cuanto empiece “Blue”, “I´d Run Away”, “Miss Williams Guitar” o “Two Hearts” sabrán de lo que les hablo. Palabra.
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jueves, 15 de julio de 2010
El Country Indie Modernillo (II): El derivado y Son Volt
En estos días de baja productividad nacional y muchos trabajadores que acuden a su empresa sustituyendo el agua de la ducha por la de la fuente más cercana (los trabajadores del Metro de Madrid no, esos no acuden al trabajo) retomamos nuestro especial de duración indeterminada sobre el country indie modernillo. Para quien le cueste hacer memoria, en donde me incluyo, hago un repaso de lo dicho anteriormente. Resumiendo: En los iniciales noventa había grunjes, mucha gente con zapatillas sucias y unos pocos que rescataban el country de antaño llevándolo a nuevos terrenos. Entre los filántropos que encabezaban el movimiento campero se encontraban la gente de Uncle Tupelo. A su vez, este grupo consistía en dos personas que se llevaban muy mal, Jay Farrar y Jeff Tweedy, que aunque abundaban entre ellos las bromitas de compañero no paraban de hacer buenas canciones. Tras la separación, mucha gente no superó que estos Rasca y Pica con sombreros de Brokeback Mountain formaran sus propios proyectos, pero no estaban tan mal. Jay Farrar formó Son Volt y el primer disco es bien fino. Allá va su historia.

¡Caray! En un bar y ya han dejado la barra vacía. Igualitos que nosotros a los cinco minutos de entrar en uno.
Tras la separación no amistosa de Uncle Tupelo la gente se sintió ofendida y hasta se manifestó en contra de las toallas portuguesas. Nadie imaginaba que a posteriori alguno de sus miembros tuviera éxito, sobre todo, nadie imaginaba que el que se llevaría el bacalao sería Tweedy (que aparte de dicho pez se llevó a tres músicos de Uncle Tupelo) y no el capo del grupo, Jay Farrar, que obtuvo por razones obvias de peso (compositivo y no de gravedad) un jugoso contrato con la Warner Brothers. Sobra decir, ciñéndose estrictamente a la palabra éxito, que Farrar no tuvo demasiado con Son Volt. Pero también sobra decir, que lo mismo da, que detrás de ese personaje con un ego tan grande como las ganas que tenemos en garajeland de cruzarnos con Van Bommel, se esconde un tipejo que sabe muy bien lo que se hace y que se rodea de fábula cuando la ocasión lo merece.

Fotografía de estudio patrocinada por la tarima de Azulejos Brihuega y toallas portuguesas super absorbentes para sujetar un píe de micro
Después de las batallitas de Risk que llevaban al escenario Tweedy y Farrar, este último se alió con tres bandarras del pelaje de Mike Heidorn, Jim Boquist y su hermano Dave, hombre orquesta de la familia. Éste su disco de debut dejó muy claro que la parte experimental de los Tupelo pertenecía más a Tweedy que a cualquier otro miembro de los Tupelo. El sonido es mucho más pureta, y quizás más Country-Rock (ah, esas odiosas etiquetas compuestas), más cercano a los Crazy Horse que hablaba mi compañero hace unos días (nótese nuestro desprecio por el tiempo), y menos pop, pero no por ello menos melódico. De aires melancólicos pero con canciones fabulosas. “Windfall”, “Tear Stained Eye”, “Out Of The Picture” y “Too Early” en el lado meláncolico y más Gram Parsons. “Route”, “Catching On” y la conocida “Drown” por el lado más Rockero y Neil Youngniano hacen buena cuenta de las grandes canciones de este disco, que para acabar lo hace con una tierna versión de una canción de Ron Wood: “Mystifies Me”.
Tras este disco de debut, Jay Farrar sigue en activo con Son Volt, sigue sin grabar discos malos, y sigue sin vender más que el amigo migrañas. Algunas informaciones apuntan a que siguen sin llevarse demasiado bien, pero bueno, querido amigo Jay, no todo en esta vida va a ser ganar dinero a raudales y mujeres por doquier (que nos perdone George Best por semejante afirmación).
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jueves, 20 de mayo de 2010
El Country Indie Modernillo: Los inicios y Uncle Tupelo
A principios de los noventa el mundo se debatía como El Nota si era tolerable la agresión a Kuwait. Musicalmente se buscaban revolucionarios incluso entre la discografía de Mocedades. Algunos decían que los más modernos eran aquellos que hacían quemar zapatillas (Nike de punta larga) en las pistas de baile, otro apostaban por el grunge y sus derivados con, siempre, zapatillas muy sucias. Nosotros, que siempre hemos sido raros pero con buen gusto por el chorizo de matanza y las peleas entre vecinos del pueblo por las tierras colindantes, apostamos por los sonidos camperos que siguieron el rebufo del No Depression de Uncle Tupelo. Así es, los revolucionarios hacían música Country, y visto a día de hoy, estos discos han envejecido de muy buena manera y sin liftin de por medio. Aviso: Estos días (según el espacio tiempo diferente a garajeland serán semanas) guarden la corbata y los zapatos que viajamos al campo a respirar aire puro.

Uncle Tupelo o la próxima película de Fernando León de Aranoa
Uncle Tupelo no nacieron ni en Nashville, ni en nada que se acerque mínimamente a zona americana del Country. Dos colegas de colegio, Jay Farrar y Jeff Tweddy, crecen escuchando discos de las más puras raíces americanas, pero para no parecer unos bichos raros, también bandas de Punk. La pasión por estos sonidos les lleva en 1990 a embarcarse en la grabación de su primer disco, No Depression, sin un solo centavo en el bolsillo, y siendo timados por la compañía discográfica que se queda con todos los derechos de autor del álbum logran un éxito de ventas absolutamente lamentable. Aunque para sorpresa de propios, extraños, Kodos y Kang, algunos críticos musicales, pero sobre todo muchas bandas, ven en este disco un espejo en donde mirarse para componer y tocar canciones. Hasta tal punto, que todo el movimiento del Country Alternativo lo denominan No Depression (algún crítico con la interminable chorra lista de etiquetas lo llama Americana).

Estragos de la New movida Madrileña
Poco a poco el grupo consigue (ligeras) mejorías en las condiciones de grabación de sus siguientes discos, Still Feel Gone, y con el tercer álbum March 16-20 les echa el lazo un personaje que suele tener buen ojo para esas cosas pese a que no se quita las gafas de Sol ni para entrar al cine, Peter Buck de REM. Siguen sin llegar al éxito masivo, pero fichan por una multinacional como Warner para la grabación de Anodyne. Atrás quedan los músicos que han pasado por el ciclón de egos de Farrar y Tweedy, a los que no voy a nombra salvo a uno: Bill Belzer, baterista al que se despidió de forma amistosa porque según palabras del propio Tweedy, era gay, lo sabía y no hacía muchos ascos en no demostrarlo. La jugada de largarle no salió del todo mal, su sustituto, Ken Coomer, aparte de ser muy alto era un excelente batería que posteriormente tuvo un importante papel en los primeros discos de Wilco.
Anodyne sería el último disco de Uncle Tupelo. Farrar y Tweedy no se podían ni ver: en los conciertos se peleaban por hablar delante del micrófono recordando al público asistente que para aprender buenas normas de educación es mejor ver Bertiniños, el nuevo programa de nuestro adorado Bertín Osborne. Farrar se ponía mohíno al ver que Tweedy acariciaba el pelo de su novia y todo derivó en que Tweedy se enteró de que la banda se disolvía a través del manager del grupo, y anécdotas por el estilo, que de contarlas todas serían más largas que la lectura de la biblia por parte de Jesús Hermida. Ni que decir tiene que los dos no han vuelto a trabajar juntos y han rescindido el contrato que tenían con el dúo de Amena para llamarse al móvil por un céntimo el minuto.

La entrada de su último concierto. Si el afortunado la hubiera sacado a través de ServiCaixa ya tendría las letras borradas y un bonito cartón amarillento.
Con semejante ambiente graban Anodyne en Austin, en donde el buen amigo productor, Brian Paulson tuvo que lidiar con grabaciones en directo y en donde Farrar y Tweedy intentaban no coincidir en la misma sala. Tweedy se libera de su trabajo en el bajo gracias a la contratación de John Stirratt y a Max Johnston le dejan el trabajo sucio con cualquier instrumento de cuerda que pase por sus manos. Lo increíble de todo, es que Anodyne suena estupendamente bien. Algunas de sus canciones son excelentes y altamente recomendables, por citar algunas, “The Long Cut”, “Give Back The Key To My Heart”, “New Madrid” o “We´ve Been Had” deberían (como poco), formar parte de los largos paseos de Labordeta por el campo. Un disco maravilloso grabado en un contexto que no propiciaba en absoluto la calidez del resultado final. Las influencias de Gram Parsons y sus derivados son evidentes, también las de Neil Young o Gene Clark, quizás también las de Bob Dylan, y a lo mejor también las de los Flying Burrito Brothers, Hank Williams, etc. La mayor diferencia es que estos dos elementos habían crecido escuchando punk y supieron llevar sus influencias a un mundo en el que predominaba la polución sonora por encima del puro y tierno campo.
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Os dejamos con un video presentado por el hombre que entrevistó a Bart Simpson cuando éste se hizo famoso. Para el primero que vea la cara de Jay Farrar habrá premio.
lunes, 26 de abril de 2010
Los protagonistas de la próxima semana son…
Jeff Tweedy: Un tipo muy famoso por ser el básicamente el que da órdenes en Wilco. Algunos seguimos llamándole cariñosamente “el migrañas”, y no es por reírnos de él, ya que con ellas o sin ellas ha escrito canciones tan maravillosas como “Heavy Metal Drummer”. Existen rumores de que su personalidad es algo complicada, en Wilco han ido rodando cabezas salvo la de John Stirratt que tiene pinta de señor amable. Es capaz de saltar a un concierto con la sintonía de Dallas y luciendo un sombrero campero de lo más elegante, a nadie nos extraña porque antes estaba en un grupo que hacía una música campera fabulosa. Ahora hace canciones de muchos minutos con una trasmisión de radio, lo cual no es óbice para que todos y cada uno de los discos de Wilco suenen de maravilla.

Rial, Di Stefano, Puskas y Gento
Jay Farrar: Era amigo de la infancia de Tweedy. Pese a que eran de Chicago sus gustos por el Country clásico les convierte en blanco fácil para niños más fuertes que querían darles de puñetazos hasta que los escorromollaran. Al poco tiempo ya no eran tan amigos y nunca grabaron más juntos. Como suele pasar en estos casos, el capo de los principios se hizo mucho menos famoso que Tweddy, grabando canciones con menos ruiditos que las de Wilco pero no por ello peores (aunque al bueno de Jay le gustaría decir lo mismo de su cuenta corriente). Que se sepa no ha tenido mucho contacto con el resto de individuos que hoy nos ocupa.
Mark Olson: A mediados de los ochenta monta un grupo muy bueno aunque en sus primeros años no lo eran tanto: The Jayhawks. Vive en Minesota, donde hace más frío que en la nevera, dicho lo cual es un amante de la música tradicional americana tirando del Sur para abajo. Durante un tiempo comparte composiciones en los Jayhawks con Gary Louris. Les sale tan bien el asunto que graban algunos de los discos imprescindibles de la música contemporánea. Tiene cara de bueno. Y así lo demostró abandonando durante un tiempo muy largo la música para cuidar a su mujer que estaba malita.
Gary Louris: Ha compartido estudio en algún momento con todos salvo con Jay Farrar. Siempre lleva unas gafas de señora que se baja a desayunar un café con cruasán en un día lluvioso. Nación en Toledo, pero en una ciudad que no tiene tantas cuestas y se encuentra en Ohio. Como Mark Olson también vivía día sí y día también a muchos grados bajo cero. Tanto frío no le gustaba y descubrió el Sur de España, en donde parece que vive tan bien a base de pescaíto frito que no hace canciones tan buenas como antes. Algunos dicen que también tiene un carácter complicadillo, mi opinión es que algo de estrellita si debe de tener, pero da igual porque casi siempre que participa en un disco lo hace para que el resto de músicos parezcan aficionados a su lado.
Ahora pensarán que demonios tienen que ver unos con otros, a que es debido todo este derroche de palabras que no aportan nada, y sobre todo que han hecho estos tipos para que merezcan ser recordados. Esta última pregunta sería más fácil: alegrar a principios de los noventa el panorama musical con los sonidos camperos de antaño y otras melodías igual de satisfactorias.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Los Young Fresh Fellows nunca permitirán que nos deprimamos
No hace mucho se habló en estas páginas sobre los Young Fresh Fellows, pero cosas del verano y la falta de nuestro más fiel público: los jubilados que nos visitan en los intermedios de Saber Vivir, el grupo pasó de puntillas y quizás no lo merezcan. Estos chavales de Seattle han pasado por muchos estados de humor en sus ya veinticinco años de carrera, lo que les hace compositores de unos... bueno, un montón de discos. Seguramente no sea ninguna exageración decir que en estos tantos años, pocos grupos hayan alcanzado el grado de diversión y frescura que ellos; lo dice mucha gente, y hasta donde llega mi conocimiento, ni Jaimito Borromeo ni Angel Garó lo han dicho, punto a favor. La elección entre todos los seleccionables es The Men Who Loved The Music, no por su largo título, mis razones son simplemente que tenía que elegir uno entre toda su discografía, pero los motivos para escucharlo son muchos más, en pocas líneas diré alguno (por lo que se pueden saltar dos párrafos). Desde mi parcial punto de vista todos son muy objetivos.
El grupo en la contraportada (Scott, Jim, Tad y Chuck), los padres de Scott le dotaron de un carácter amable, un gran sentido para la melodía pop, pero la fotogenia de Juan Tamariz
Algunos conocerán a Seattle como la ciudad que está en la esquina Norte de EEUU, otros como la ciudad del grunje, algunos por ese pirulí que aloja un Rodilla (información no contrastada) en su interior y otros simplemente por ser la ciudad de los Sonics y el mejor garage que se ha hecho nunca. Scott McCaughey crece bajo la influencia de todos los grandes grupos de su ciudad que en la década de los sesenta pusieron patas arriba el concepto de música pop llevándola hasta unas dosis de salvajismo que aun no se conocía fuera de tan lluviosa urbe. Además, tiene una capacidad innata para asimilar todos los estilos de los grandes grupos que ha escuchado durante su vida (ahí están desde los Beatles y los Kinks a NRBQ, Badfinger o Elvis) y rendirles tributo en forma de grandes canciones que evocan a todas sus bandas favoritas pero con un estilo inconfundible e inimitable.

Ya con Kurt Bloch la cosa se desparrama, Scott con un gorro de punto y Jim intentando imitar a algún personaje de Sensación de Vivir
Los Young Fresh Fellows se forman en 1982 y siempre ha contado con músicos realmente excepcionales con sus propios instrumentos y también con los de los demás, Tad Hutchinson, Jim Sangster y Chuck Carroll, que abandonaría al grupo después de este Loved Music. El éxito de ventas les has sido injustamente esquivo, pero a cambio han ganado una buena legión de seguidores, muchos grupos que les citan como sus favoritos y quieren trabajar con ellos, y han contado con una total libertad creativa (míticos son los créditos del New Adventures In Hi-fi de REM en donde varios músicos participantes aparecen por cortesía de sus discográficas, salvo Scott, que aparece por cortesía de Christy, su mujer) que les ha permitido hacer lo que les diera la real gana, en especial Scott y sus múltiples colaboraciones y proyectos, los Minus 5 o REM son quizás las más conocidas, que dan para escribir un libro tan largo como Fray Perico y su Borrico. En el año ochenta y siete publicarían este tremendo lp (primero con Frontier y con otro berraco a tener en cuenta: Conrad Uno en la producción) que contiene algunos de los mejores momentos de su entretenida carrera musical.
Algunas razones para escuchar The Men Who Loved The Music son de tanto peso como las teorías de Darwin (chúpate esa Texas): La primera y muy importante es la casi total imposibilidad de fallar al otorgarle una etiqueta musical, para gente como yo que le cuesta tanto hacerlo, puedo decir abiertamente que tiene garage, country, powerpop, rock and roll, y todo con el especial sentido popero de las composiciones de McCaughey. La segunda es las dosis de humor que desprenden en todos sus discos, a veces se les tacha de tomarse muy poco en serio, pero los humoristas que entregan los premios Nobel hacen justo lo contrario y no por ello se les aparta cuando reparten los canapés. La tercera, pero no por ello menos significativa, es que desde su estupenda “Taco Wagon” se han convertido en todos unos expertos en la degustación de tan rellena pieza culinaria, sus fotografías en el myspace son prueba de ello. La cuarta será exagerada, pero gente como esta es muy necesaria en el triste panorama musical actual.

Algunos aseguran que después del salto hubo tres lesiones simultáneas (incluyendo la triada)
La última, y según se mire, para algunos serían las canciones. El aire campero y cervecero de “Hank, Karen And Elvis” (alusión a los fundamentos de la forma de idolatrar a las estrellas en su país) y “Ant Farm”; ponerse sarcásticos con “TV Dream” y ese carrito donde poder arrastrar la tele por toda la casa; otras con el optimismo reinante en la mayor parte del disco hace que se les coja cariño, “Unimaginable Zero Summer” (colaboración de Terry Adams al piano) o “I Don´t Let The Little Things Get Me Down” son prueba de ello; tampoco los aires garajeros pierden ápice gracias a las primeras colaboraciones de Kurt Bloch con el grupo: “Just Sit”, la absurda y no por ello menos encantadora “When The Girls Get Here” en donde pretenden hablar con chicas sobre circuitos integrados para demostrar lo listos que son; títulos alusivos a Ringo, y hasta un modesto éxito comercial: "Amy Grant", dedicada con humor a la cantante cristiana de mismo nombre. Puede que solo sean treinta y cinco minutos, pero no encuentro forma mejor de disfrutarlos, cada vez que termino de escuchar el disco me pregunto si los Young Fresh Fellows son los hombres que aman la música o es al revés: la música quiere a los Young Fresh Fellows.
Como complemento de la jugada, los Young Fresh Fellows van a estar de este mes de Octubre presentando su último (y otra vez recomendable) disco. Aprovecha si te cae alguno cerca. Estas son las fechas y localizaciones:
Viernes 16: Bilbao. Kafe Antzokia
Sábado 17: Vitoria. Helldorado
Domingo 18: Gijón. Casino
Jueves 22: Valencia. Wah Wah
Viernes 23: Murcia. 12 & Medio
Sábado 24: Madrid. El Sol
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viernes, 10 de julio de 2009
El Club de la Pirindola 4ª
Composición: Compuesto por la composiciones del irónico y talentoso McCaughey, el amigo de todo el mundo. Macedonia de guitarras a cargo de Chuck Carroll@Kurt Bloch, miligramos de hidroxipropilmetilcelulosa, Jim Sangster, Tad Hutchison, y casi todos los estilos musicales habidos y por haber: R&R, Punk, Country, Jota Aragonesa, Powerpop, Cerveza, Rockabilly, Garage, Cantos Gregorianos y más.
Indicaciones: Procesos de sensibilidad neuronal reducida en todas sus extensiones de la música Pop o enuresis nocturna. Siga exactamente las instrucciones de administración de Young Fresh Fellows indicadas por garajeland. Consulte a su correo si tiene dudas sobre este prospecto.
Posología: La dosis de Young Fresh Fellows varía de un paciente a otro y será ajustada por su médico según su respuesta al tratamiento, siempre en torno a permanecer sentado escuchando uno de sus discos de forma prolongada y acompañado siempre de una botella helada de Duff Ice. Las dosis se deben tomar, preferentemente, en la última dosis de la tarde y/o al acostarse.
Contraindicaciones: Si usted ya ha tenido previamente pensamientos de suicidio o de hacerse daño es posible que los pierda dado el optimismo reinante en las canciones de los Fellows. El grupo actúa sobre el sistema nervioso central, es necesario evitar el consumo de grupos veraniegos mientras los esté escuchando. Los pacientes ancianos son especialmente susceptibles para presentar reacciones adversas, fundamentalmente agitación, aumento de la tensión arterial y no dar la paga a los nietos para poder asistir a uno de sus conciertos.
Para becarios en este mundo pueden escuchar uno de los programas de nuestros compañeros de con patillas y a lo loco dedicado a repasar la trayectoria de estos cuatro locos. A continuación el enlace:
Leer toda la historia y tal…






















