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viernes, 14 de diciembre de 2012

Contacto con Tacto (XVI): Purple Weekend

Purple Weekend 2012 - León

Dicen que un clavo quita otro clavo. La gente que llega borracha desde la siete de la tarde dice que la resaca la quita una cerveza para desayunar. Yo esto no lo sé porque sigo siendo fiel al Nesquik. Lo que si he aprendido es que si uno va a hacerse un viaje en jornada de puente dejando atrás dolor, mucho dolor por perderse un concierto de los Redd Kross, lo mejor es paliar la tristeza tomando una medicina similar. El Purple Weekend de este año, en su ya vigésimo cuarta edición era la opción médica más aconsejable. Un cartel muy del gusto de este vago bloc, pues a la evidente llamada de Gentleman Jesse, Bart Davenport, The Ripe o Nick Waterhouse había que sumar la no menos gustosa gastronomía leonesa y sus vinos del Bierzo.

El señor de los numeritos tras la última jornada del fin de semana a base de tapas

Primer día: ¡Viva el vino!

Tras la llegada a León y ponerse el mapa de Krusty Burgers en la cabeza (había algo de niebla, no crean) encontrar la zona de bares y comida no fue problema. Una tapa de sopa de ajo ayudó a que unas canillas en temperatura de ultramarino entraran en calor. Rápidamente uno se hacía a la zona más por el instinto desarrollado a lo largo de los años que por otra cosa. Faltaba un factor sorpresa, un Jaycee Carroll de la tapa leonesa: Warrenpelagatos. Si no le conocen como director del programa Tonetti en Radio Arrebato lo harán como un filántropo de los bares que discurren por el corredor de la Alcarria y el astur-leonés. Fue él el que nos puso en el camino de las patatas fritas con pimentón picante del Flechazo. Imprescindible manjar mientras esperábamos la apertura (nocturna) del Purple Weekend, de lo que se encargarían los holandeses The Kik.

Y después del uno viene el dieciséis...

Ellos le pegan al Beat o Nederbeat de forma más que elegantemente trajeados. Una buena elección por parte del festival iniciar de esta manera. Alegres, fiesteros y con sus buenas melodías, cantadas en el idioma de los Van Houten, cosa que no desentona para nada. Personalmente me gustaron más cuando tomaba protagonismo Arjan Spies, de los muy añorados por estos lares Mark And The Spies. Estuvieron simpáticos y si bien su cantante Dave Von Raven, con pintas de profesor sustituto, alargaba en demasía la charla ofrecieron un concierto de lo más ameno.

The Kik. El holandés mola en la intimidad.

La segunda parada de la noche iba más cargada de decibelios, en este caso llegados de Escocia y con más años a sus espaldas que los tiernos holandeses: The Rezillos. Ellos lo tienen todo para que me gusten, sonido de la primera hornada punki, un poco de New Wave por allí, otro poco de pop por allá, y el caso es que nunca me han terminado de engatusar del todo. No dudo de la valía de sus directos, pero una vez más me quedé sin engancharme a ellos. Puede ser que a esas horas y con el viaje a las espaldas ya estuviera pensando en bollos de canela calentitos y no en el espectáculo visual que es ver a estos trasnochados escoceses.

Segundo día: Póngame una más, que yo controlo.

Insano madrugón para hacer turismo, aunque fue bienvenido. La experiencia y la veteranía empezaron a ser un importante activo en la búsqueda de la tapa idónea, y hubo momentos que se conseguía en forma de cazuela de garbanzos con bacalao. Tanto fue así esta obsesión por la tapa y el vino que se nos pasó por completo el concierto de los valencianos Midnight Shots. Mil disculpas. Los conciertos en horario de tarde se realizaban en el estupendo Espacio Vías, que previamente habíamos visitado para ver su mercadillo de discos, la exposición de fotos de ecstasy and wine (recomendable ver sus cápturas del fin de semana), otras variedades sesenteras, y que además nos dio a conocer en sus inmediaciones unos carteles con la estelar actuación de Tony Genil para este Viernes catorce (no sé que hacen leyendo esto y no viajan ipsofacto).

Jacco Gardner al organillo y la maraca. Chico aplicado. 

El primero de ellos el joven, por no decir maldito pipiolo, de Jacco Gardner. Inmiscuido plenamente en recuperar una suave psicodelia pop y hacerlo todo como si saliera recientemente de una pintura flamenca del Rijksmuseum. Pónganlo en un festival con público que vaya a ver a Saxon y no sale vivo de allí. Lo cierto es que su estilo necesita de una dedicación inicial, si bien pasada la sorpresa inicial para quien no conociera sus andanzas, a mí me terminó enganchando, y eso que las seis de la tarde suele ser una hora crítica para mi estado mental.

The Ripe. Camisa de cuadros.

Siguiente turno para uno de los grupos que más ganas tenía de ver, The Ripe. Otros que le dan un poco a la psicodelia pero con alma de más powerpop, y con un resultado que me chifla. Aprovecharon la primera mitad de concierto para alternar canciones de lo que será próximo disco con algunas de Into Your Ears, pero fue a partir de la segunda mitad cuando se centraron en el solomillo y todo empezó a mejorar sin parangón. Todo ello pese a que Jorge Explosión andaba resfriado y se quedó en la velada en un discreto segundo plano, algo chocante para los que le hemos visto habitualmente sobre el escenario.

Bart Davenport. Chaqueta de cuadros.

Como el día era una sucesión de sucesos tras otros hasta que deseamos que se muera Flanders, no había tiempo que perder para cambiar de escenario y dirigirnos al CHF León, donde esperaban Bart Davenport y los barceloneses Biscuit que tocarían íntegramente el Sound Affects de los Jam. Entre medias, caña y tapa para no desfallecer. Podría ponerme objetivo y con ínfulas de crítico para decir algo como “sobraba el ejercicio nostálgico bajo una amalgama de manidas versiones que a estas alturas no aportan nada al parabólico mundo musical”. Al cuerno. Disfruté al máximo. Las voces, la instrumentación y el buen rollo que estila Bart Davenport hicieron que el concierto fuera sensacional, rememorando a uno de los grupos de mi vida.

Gentleman Jesse. Pelazo, y un tipo simpático.

Aún con el regusto que dejó este concierto, y con los gemelos bien tirantes después de unos cuantos saltos y las horas acumuladas del largo día venía el plato fuerte de la noche, Gentleman Jesse. Fue fuerte, intenso, no me defraudó en absoluto y nos dejó casi sin aliento a los presentes. No por el pelazo de defensa del Sevilla que se ha dejado el peluquín de Jesse Smith, sino por la energía con la que salieron a tocar, casi sin pausa y a todo trapo. Intenté seguirles el ritmo, pero me fue imposible y no creo que fuera el único, literalmente: me arrollaron. Ni siquiera recuerdo el orden en el que fueron desgranando las canciones de sus dos discos (salvando una versión de Biggest Gossip In Town que me sorprendió). Ni falta que me hace.

Los Mockers, un poco de lejos pues el objetivo ya estaba fatigado

Para el último concierto esperaban los más veteranos, los uruguayos Los Mockers. No soy de los que suele gustar la repesca de grupos que han dejado impronta hace cuarenta años, ni por estrellas veteranas, ni por cualquiera que tuviera una aparición en Reencuentro. Lo cierto es que los Mockers estuvieron simpáticos, gratificados de estar tocando por primera vez en España, con ganas de agradar y siendo reconocidos como los Stones sudamericanos, versionenando de vez en cuando a los Stones ingleses. Si no hubiera llevado semejante día a mis espaldas los hubiera disfrutado más plenamente, supongo que los más fanes sí lo hicieron.

Tercer día: El frío es para cobardes.

Último día de conciertos y otra jornada de turismo, esta vez más pausada. Según iba avanzando el día la cosa mejoraba tras probar todos los sabores de las croquetas del Rebote y la estupenda morcilla de untar leonesa, servida en pan de hogaza no hace necesario conocer el cielo. En estas nos acercamos al céntrico y atestado escenario del Gran Café donde esperaban los asturianos Stanley Road. Con semejante nombre ya sabrán por donde irán los tiros: punk-pop, estilo mod y tirar de un par de versiones de los Jam. Correctos y con un breve concierto que sentó bien. Vistos desde un segundo plano, pues no era lo más idóneo aglomerarse en los mejores sitios mientras cargaba con una bolsa de morcillas y cecina que habíamos comprado minutos antes. Esto sí que es finura mod.

Stanley Road en un llenazo del Gran Café y publicidad de Mahou

Casi sin tiempo, nuevo desplazamiento para otra doble ración de conciertos en el espacio vías. Esta vez cargado de garage, beat y R&B. Por un lado los gallegos The Phanton Keys, y por el otro los franceses Les Terribles. Cada uno juerguista a su manera, y aunque ambos resultaron divertidos me quedo con Les Terribles, que cuando se enchufan en modo fiesta a darle a las versiones garajeras de yé-yé comandados por su cantante, ahora con la cabeza rasurada Rudie, la cosa se pone muy seria. Incluso finalizaron con una versión del Flamenco de los Brincos, cantada por un invitado que, francamente, no sé quien era. Me los había perdido alguna vez y resultan del todo recomendables.

Les Terribles y la apología por la chica sesentera

El final del festival se acercaba a su fin y sólo quedaban tres conciertos (parece poco y todo) en el escenario principal. A los asturianos Kings Of Makaha llegamos con una par de canciones de retraso. Me gustaron más cuando se ponían en modo surfero instrumental, apoyados en un guitarrista con muy buena pinta, que cuando optaban por el lado rockero vocal. Cosas de mis manías supongo.

Para el segundo concierto, el de Nick Waterhouse, el pabellón CHF ya se había llenado como en ningún otro concierto, hasta tal punto, que los primeros compases de concierto estuve bastante entretenido con tres personajes sin duchar (hay cosas evidentes) que intentaban métodos de lo más variopintos para ligar con un par de señoritas que había a mi lado. Sin suerte, por supuesto. Con Nick Waterhouse tengo una relación difícil de explicar: me gusta mucho su disco, pero hay algo en la personalidad de este joven (y mucho) caballero del R&B que no me acaba de convencer. No es algo como mi odio irracional hacia Dennis Quaid, pero no me termina de enganchar por el lado humano. Musicalmente es un titán, mejor guitarrista de lo que esperaba, canta bien, se apoya en una banda magnífica y especialmente me gusta cuando se pone con el Soul más oscuro. Una cara ésta, que en pos de la parte más bailonga del asunto es la que parece reclamar la mayoría de la gente a esta última y numerosa hornada de revivalistas del género.

Nick Waterhouse, el hombre más buscado de la noche.

Con el último concierto me llevé el chasco de todo el fin de semana: Roky Erickson, el que fuera líder de 13th Floor Elevators y superviviente al LSD, otras drogas varias y el paso por un sanatorio mental. Comencé el concierto razonablemente cerca pese al brutal volumen, poco a poco fui escalando posiciones hasta las filas de más atrás para continuar parte del concierto sentado en las gradas laterales. Hasta que se puso en un plan progresivo, que es a mi persona lo mismo que me apliquen el toque de la muerte. Una lástima, pero me fui fuera a contemplar el frío de la noche leonesa.

Triunfal fin de semana, buena organización, ambiente agradable y selecto, todo acompañado de riquísimas tapas. Mi punto positivo a favor del Purple Weekend 2012, sin duda.

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viernes, 30 de marzo de 2012

Contacto con tacto (XV): The New Piccadillys

Sala Boîte, Madrid, 29 de Marzo de 2012

Muy bienvenidos a una nueva crónica de concierto de garajeland, en la que se suele hablar poco de las canciones tocadas en directo, en donde los debates suelen tomar una dirección culinaria o en donde uno se puede explayar a gusto pensando si Amaia Montero funcionaría mejor como mascota de Bonnie o Tigretón en el famoso bollo de Bimbo.

La velada de anoche suponía la presentación en tierras ibéricas de los New Piccadillys, que en desglose queda así: El culo inquieto de George Miller que antaño partía la pana en el mundo beat con los imprescindibles Kaisers y otros proyectos igual de excitantes (se dio buena cuenta de su trabajo en este mismo espacio) y que ahora se rodea de otros tantos escoceses, antiguos compañeros en unos casos, músicos de sobrada pericia en el cien por cien de ellos, para seguir dando rienda suelta a su pasión por sonidos que no pasan del sesenta y cinco en general y el beat de la orilla del Mersey en particular.

¿Quién dijo que se necesitaban treinta metros de escenario para poner posturas de auténtico rockero?

Ante esta propuesta nos vimos en la Sala Boite madrileña compartiendo la ocasión con el guardián de la melodía y maestro chocolatero del bombón de licor (ambas partes también por separado) Savoy Truffle. Día de huelga (Lisa necesita un aparato), mucho movimiento en las calles y aforo medio para recibir a los ilustres escoceses. Un primer vistazo al escenario nos pone en aviso: estos perros saben comprarse instrumentos, ya sea rodearse de una Ludwig o colgarse un bajo Hofner, una preciosa Mosrite o en el caso de George Miller una Fender Jaguar.

George Miller buscando entre el público a Troy McClure, en estos momentos analizando la desaparición de la nuca del presidente

El repertorio se nutre completamente de versiones, principalmente del ya comentado beat sesentero y en donde no falla alguna del más famoso cuarteto de Liverpool. El concierto comienza con una de las siete canciones que ya circulan por la red (hay que puntualizar que aún no han editado ninguna referencia), la instrumental “Driving Guitars”. ¿Y en qué se diferencia esto a un tributo, un revival de poca sangre o simplemente a un ejercicio de nostalgia? Es lo que pensará en escéptico rockero. En la segunda canción se empieza a ver, aquí caben además de los Kinks y “Took My Baby Home”, la ramoniana “Judy Is A Punk” pero llevada a otros terrenos hasta ahora inexplorados. Y es que a estos tipos les das el “Little Latin Lupe Lu” de los Righteous Brothers, una revisón al “Lies” que los Knickerbockers llevaron al recopilatorio Nuggets, “A Certain Girl” de los Yardbirds o “Rawhide” de Link Wray por citar sólo algunos ejemplos, pasan cualquier cosa por su trituradora de ritmos y lo convierten en una canción de Twist, que tiemblen Andy & Lucas si estos les cogen un éxito, que les pueden dejar en mal lugar.

El batería asiste atónito a la explicación del bajista a George Miller que si renuncian al seguro dental habrá que pagar el aparato de Lisa.

Quizás el factor tiempo no es uno de los elogios que se les puede echar, si bien, tocar con la soltura propia de quien ya ha pisado muchos escenarios y saben de qué va un concierto cara a cara con el público puede ser uno de los más grandes que se les puede hacer. Son escoceses y hacen beat, tocan veintitantas canciones sin recurrir a parones en los que hay que decir cuan guapo es el público que les rodea (ciertamente en la mayoría de los casos están mintiendo) porque no les hace ni pizca de falta. Grupos así y a personajes tan queridos por estos lares como George Miller hay que ir a verlos aunque vayan vestidos como Pez Guardiola. Es lo que os hace falta si en estas fechas pasan cerca de vuestras casas. Esto es lo que queda de gira:

- VIERNES 30 DE MARZO. ANDOAIN. AUDITORIO BASTERO
- SÁBADO 31 DE MARZO. SANTIAGO. SALA MOON
- DOMINGO 1 DE ABRIL. GIJÓN. THE MONKEY CLUB
- LUNES 2 DE ABRIL. LIERGANES. SALA LOS PICOS
- MARTES 3 DE ABRIL. BURGOS. SALA ESTUDIO 27
- MIÉRCOLES 4 DE ABRIL. VITORIA- GASTEIZ. HELLDORADO 
- JUEVES 5 DE ABRIL. PONFERRADA. FREAKLAND FESTIVAL

'Judy is a Punk' - The New Piccadillys from Bill Gill on Vimeo.
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viernes, 13 de mayo de 2011

Contacto con Tacto (XIV): Doctor Explosion

Sala El Sol, Madrid, 7 de Mayo de 2011

Una de las normas no escritas de este bloc (en esto nos parecemos un poco a Corea del Norte) es la de apoyar siempre a los pirados (en esto ya no nos parecemos tanto), y aunque esta vez nuestro apoyo se redujera a la mínima expresión en forma del que subscribe, en forma de cuerpo serrano para matizar, seguir las andanzas de un buen elemento del género como Jorge Muñoz-Cobo se hacía tan necesario como la asistencia al concurso anual de chile con carne de Springfield, pues es en el género psicótico en general, y en el músico-garagero en particular donde a los Explosión se les puede considerar algo así como un orgullo patrio.


Si alguien no sabría diferenciar a primera vista un concierto de Mike Oldfield y Doctor Explosión: El primero no usaría calcetines, y el segundo utilizaría su poder poniéndolo en la guitarra.

Habituados como estamos a rendir homenaje culinario previo a cuanto grupo vemos en directo, esta ocasión era especial: primero porque Doctor Explosión son asturianos y permitió honrarles de forma muy sabrosa a base de un buen canapé de cabrales; segundo porque la mayoría de los grupos a los que nos acercamos a ver en vivo son anglosajones, su gastronomía no nos gusta demasiado y acabamos sustituyendo nuestra dignificación particular por elementos de la patria como la morcilla de Burgos o el bocadillo de queso manchego. Tras la ingesta del mejora aliento bajamos las escaleras de la Sala Sol sin tropezar y con ganas de ver como sonaban las canciones del último disco del grupo: Hablaban con frases hechas.


Pertrechado por un pañuelo al cuello un poco de Mari Pili apareció Jorge Explosión acompañado de sus ahora compañeros Pablo en el bajo y Pibli maltratando la batería. Concierto que empezó tocando canciones de una en una y una detrás de otra como no podía ser de otra manera, con muy pocas pausas entre ellas, como debe ser, sólo cortadas en ciertas ocasiones para afinar la preciosa Gretsch de la que se hace acompañar ahora Mr. Jorge. Como mi memoria está muy poco fina en los últimas décadas me resulta imposible realizar un setlist medianamente completo del concierto, si bien es de agradecer que Jorge y los suyos centraran la hora muy larga de concierto en sus últimos trabajos, del estupendo Hablaban con Frases Hechas sonaron “¿Quién quiere lo que tuvo ayer?”, “Liar Liar”, “Nunca estuve allí”, “Te delatas” (rebautizada durante el concierto como “Te dilatas”), “Nada de ti” o la versión garage punkera del “Blue Monday” de New Order, canciones de un disco que ha ampliado las miras de Doctor Explosión a más beat y pop que nunca pero con el garage y el rock and roll por bandera, amén de las chifladas letras del señor Explosión siempre tan de agradecer tras sonar en estos momentos del Spotify un nuevo anuncio de Melendi.


Jorge Explosión tomando aliento para decir de carrerilla las preposiciones, con el "so" y el "cabe" incluidas.

Como la muchachada nunca se queda del todo contenta si no suenan clásicos modernos del grupo, cayeron para el respetable tanto el “Drácula Ye-ye” de Pajares, “Surf Talibán”, “La Chatunga”, “Eres Feo Chaval”, o el “Let’s go to the beach” hasta rozar la euforia colectiva tocando “El Calcetín”, en la cual apareció un calcetín (a tenor de lo visto, usado y del Decathlon) que Jorge no se cortó en colocar en el mástil de la guitarra. Completando la faena sonó una versión de los Plimsouls (creo recordar que era “Lie, Beg, Borrow and Steal”) y un par de canciones de Link Wray, que siempre molan, y si además se hacen entre el público, con toda la sala agachada gritando Comanche, la euforia se desata, y con razón.


No se los pierdan si pasan por su ciudad (están de gira y lo pueden ver en su web), acuérdense de los placeres asturianos, que además de su dieta cantábrica ofrece a uno de los grupos que siempre cumplen en el oscuro panorama musical actual, con pirado incluido. Una oferta casi irrechazable.


Servidor: Megaupload. Contraseña: peluquin
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viernes, 1 de octubre de 2010

Una crónica de Turborock sin recurrir a la palabra turbo para explicarlo

Imprescindible festival el que se proponía para este mes de Septiembre, casi surgido de la nada y con un cartel que despertaba sueños húmedos entre los integrantes de este bloc. Su propuesta era juntar a un buen puñado de grupos de la escena clásica del rock y el garaje, en un recinto donde los músicos no los ves como alejadas cagarrutas entre un mar de peluquines que se sitúan entre tu persona y los treinta metros de distancia al escenario; con la ventaja de que no sufres incómodos cacheos de la mochila por si el bocadillo de atún con pimiento decides arrojarlo con fuerza al guitarrista de cualquier grupo, confundido en la distancia con, por ejemplo, David Bustamante; donde los precios por un vaso de plástico de cerveza no son ligeramente inferiores al producto interior bruto de la isla de la Gomera; y que su localización sea en un pequeño pueblo de los valles pasiegos, en donde los vecinos más cercanos alucinaban desde sus ventanas intentando adivinar (luces apagadas del salón) qué hacían esa panda de hippies con patillas en un viejo mercado del que salía un ruido infernal. Sólo faltó la aparición de Sharon Stone en sus años mozos para que el sueño se hubiera consumado, por lo demás, el festival pasó con nota su primera entrega (por supuesto, opinión que sólo hemos contrastado con la propia y con la que estamos en mutuo acuerdo).


Instantánea tomada al grito de "frena, frena conductor conductor con". Nota: Es posible que los Fruitis no estuvieran en ese momento pasando por allí


Llegada el Viernes por la tarde, es entrar en Cantabria y en lo que más pensábamos ni siquiera era en que grupos iríamos a ver, no, son los efluvios de un viaje al Norte lo que nubla nuestra mente en el oscuro y verdadero motivo de este viaje: comer hasta llegar al concierto de los SOOL y que la gente se haga fotos con nosotros pensando que somos el amigo Ebbot Lundberg. Los primeros en pasar por nuestros oídos el grupo australiano The Meanies, con un cantante que no paró de tirarse al suelo berreando cual Iggy Pop, nos dejó la sensación de que al día siguiente viajaría a Valencia con un ligero dolor en el morroplastio izquierdo y hematomas de grado tres en cuello, zona lumbar, tronco en general y peritoneo en particular. Aunque francamente entregados al público, nuestra sensibilidad pop no se sintió del todo cómoda con los aussies.


Verdadera protagonista del segundo día de conciertos. Hay quién pensó que eran los Redd Kross y quien dijo que de ahí salían cien platos de almóndigas (nos disculpen nuestros amigos vegetarianos)


El siguiente ya era plato fuerte: Los Coronas. Una vez más, soberbios. Cada día tocan mejor y ya es decir, eficaces en las deficiencias de sonido terminaron por llevarse el primer gran aplauso de la jornada. Hubo poca charla de Fernando Pardo debido a las limitaciones de tiempo, una pena, porque este hombre suele ser bastante dicharachero y saleroso.

Le siguieron el grupo hermano Sex Museum, rockeros de grado cuatro, con Miguel Pardo deleitando al personal con unos pasos de baile bastante singulares. En mi opinión varios pasos por detrás de Los Coronas en cuanto a concepto de concierto, aunque nada se puede achacar a las buenas maneras a los instrumentos de estos clásicos malasañeros. Entre medias nos perdimos a los Muffs, nos pudo el sentir del estómago y sólo llegamos a ver la última canción de un concierto al parecer tan corto como el número de féminas presentes sobre las tablas durante el fin de semana.

El penúltimo concierto de la noche fueron los esperados Hoodoo Gurus, banda que perdió el pelo en la cabeza en pos de la fabricación de pelucas para los seguidores de Mago de Oz. Como buen grupo australiano estuvieron correctos a los instrumentos, con una gran selección de temas, donde sonaron todos sus clásicos, siempre de agradecer para los que como un servidor no ha catado sus entregas más recientes. Lástima que no llegaran a meter en calor a los miembros de garajeland, seguramente aletargados por cada salida al exterior del mercado, con típica meteorología cántabra a comprar unas monedas canjeables en bebida o en el tren de la bruja, nunca estuvo del todo claro para que servían.

Última parada del día, los Redd Kross, razón principal por la que peregrinaríamos a Sarón con un chándal de felpa y unas zapatillas Paredes de color mostaza recicladas de la incineradora de Valdemingómez. En nuestra opinión (nunca del todo fiable de dos devotos de la banda californiana) lo mejor del festival. Se comieron todo lo anterior desde las primeras canciones, estos punkarras camuflados en hacedores de canciones pop que se pegan como el chicle no dejaron lugar a dudas: los Redd Kross nunca fallan. Denunciable fue el tiempo del concierto, no sabemos si culpa del señor que estuvo todo el fin de semana controlando el cotarro desde una silla de jardín, pero faltaron una treintena de canciones más para que nos hubieran dejado mejor cuerpo.


Los Wildebeests, no bajo lo que podría parecer un crucifijo, no, es la clásica viga acolchada que todo buen arquitecto propone para una reforma parcial en casa



El sábado empezó con la pérdida (una vez más) de ver a Muck And The Mires, motivado por la ingente cantidad de comida que nos pegamos (prueben al menos una vez en su vida las fabes con hongos y de postre un digestivo de orujo) fue necesario el repose de la misma si queríamos mantenernos en pie más de diez minutos de concierto. A la llegada nos topamos con la agradable sorpresa de los Wildebeests, tocando “Comanche” en un claro y no reconocido homenaje al desaparecido Enano Buceador. Gran sonido el desplegado, y unas canciones garajeras y rockanroleras muy del gusto de los responsables de estas líneas. No esperábamos menos de un grupo que cuenta en sus filas con ex miembros de los Kaisers o los Milkshakes. En busca y captura de sus vinilos andamos ante tan gratas sensaciones.

El siguiente turno fue para el combo de Soul de JC Brooks, de los cuales aparcamos junto a ellos a la llegada al recinto y pudimos comprobar de cerca que el traje que llevaba se lo habían prestado del fondo de armario de Amar en Tiempos Revueltos. Impresionante y sobrado sobre el escenario, con un solo disco a sus espaldas se llevaron una de las ovaciones del respetable patilludo y patilluda allí congregado. Menudo tío.

Sacrificados por una merienda-cena quedaron los Right Ons, con tiempo marcado para no perdernos a los Young Fresh Fellows, unos tipos tan queridos por nosotros que hasta se les perdona que no estuvieran en uno de sus mejores días, perros viejos ellos se dieron cuenta y para la segunda mitad del concierto volvieron a hacernos sonreír como sólo ellos lo saben hacer. No faltaron los saltos de ese niño grande llamado Kurt Block, los redobles de Tad Hutchison mientras se cruza de piernas y todas esas pequeñas locuras que les hacen únicos.



Nótese que la gente de la banda izquierda se muestra animada, todo lo contrario que los de la banda en donde jugaba Chendo, que saben lo que se les viene encima


Con nuestros sentidos empezando a notar el aletargamiento entraron a escena los Vikingos de los Soundtrack Of Our Lives, un valor seguro en cualquier concierto, boxeadores curtidos en mil batallas suelen dejar noqueados al personal con ese muro instrumental infranqueable y la presencia del gigantón sueco Ebbot, que protagonizó el momento delicado de la noche arrojando sus cinco mil onzas de peso hacia el público, motivo por el cual a nuestro amigo Johnny Lebrel le han diagnosticado una médula espinal en forma de alambre de espino. No sé si estuvieron mejor o peor que en otras ocasiones, pero servidor se lo pasó pipa.

Para el final quedaron los medio grungeros Mudhoney, demasiado para nuestro ya curtido pabellón auditivo, no le dimos muchas opciones de que nos convencieran sus innumerables chillidos y la parquedad en palabras de Mark Arm, al que faltó un “Buenas Noches” para dejar por los suelos la educación de la casa Windsor.

Experiencia gratamente positiva, sólo falta para el año que viene un par de paseos por el escenario de Sharon Stone, cuyo pero es (que nos perdone en este apartado el colega Charlie Don´t Surf) que el sonido es francamente mejorable, pero todo se arregla con una moqueta de la buena en las paredes, una mano de pintura y unos ingenieros de sonido que no se empeñen en que acabemos como el bueno de Hans Topo en este vídeo. El año que viene ya estamos pensando en volver, aunque toque la clásica orquesta de canciones populares a la flauta dulce en clave de Sol, cargar el coche de quesos de Liérganes, unos sobaos de kilo que podrían sustituir en un momento dado a los azulejos de la cocina y esa agradable sonrisa que te deja un fin de semana a base de tan recomendables variedades gastronómico-culturales. Si un día de estos se encuentran por la calle a alguien con una pulsera verde recubierta de azulado moho y cierto aire a cara de anchoa, no duden en saludar, somos alguno de los miembros de garajeland.

Se os deja con un vídeo de los Wildebeests grabados en los estudios Circo Perrotti junto al mismísimo pirado de Jorge Explosion.



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martes, 23 de febrero de 2010

Contacto con Tacto (XII): The Hi-Risers + Roy Loney & Señor No

Sala El Sol, Madrid, 10 de Febrero de 2010

Por una vez y sin que sirva de precedente, garajeland se profesionaliza (un poco) y realiza la no-crítica de un concierto en el mismo mes del bolo y no con uno o dos meses de retraso como venía siendo habitual. El plan del miércoles diez reunía algunas de las mejores propuestas socio-culturales que recordamos: por un lado el estreno de la película de Farmacia de Guardia (un saludo a Pelagatos); por otro, dos calles más abajo de la sala Sol, J. Mascis paseaba a su Dinosaurio Pequeño dejando sordos a cuantos osaban ponerse delante de su torre de amplificadores (ver foto enlazada); la última opción, como siempre, la más canalla y perversa fue la elegida por nuestra irresponsabilidad para agitar los pies a bases del mejor rock and roll que pudo verse esa semana por distintos puntos de las tierras ibéricas. Si algún incauto ya está aburrido de mis comentarios le hago un resumen y le ahorro un poco de su tiempo: ¡Qué grandes los Hi-Risers! ¡Qué tíos los Hi-Risers! ¡Viva Rochester! ¡Viva las habas con jamón de mi abuela! Y tras esta muestra de fanatismo extremo unos apuntes de una parcialidad encomiable con lo que dio de sí el concierto:


Gregorio Townson llamando la atención al único que no se lo pasaba bien en la sala. ¿Quizás era un sandwich de pavo?



Los que nos siguen un poco en este nuestro bloc, saben de nuestra afiliación al trío de Rochester y a todo cuanto ha pasado por delante del peluquín de Roy Loney. La noche bien merecía una previa a base de cañas y pincho de morcilla para asegurarse un aliento fresco y seco, con la inútil esperanza de un tener un concierto privado ante la espantada general del público. Servidor llevaba nervioso unas semanas que se hicieron muy largas esperando el momento, y así se lo hice saber al respetable que estaba a mi lado con movimientos espasmódicos y espontaneas agresiones en el páncreas de los amigos más cercanos hasta que salieron a escena los Hi-Risers (primera sorpresa de la noche, los neoyorquinos son los primeros que salen a escena). Un buenas noches, examinar el merchandaisin del grupo que luce el público, “Once We Get Started” para comenzar y el calor de la sala empieza a aumentar. Sin dejar respiro se despachan las dos canciones del estupendo EP que han grabado junto a Los Coronas, “Spark Plug” y “Stand By My Baby”, la excitación de que el tiempo corre y están dispuestos a no dar tregua con irresistible R&R, Surf y lo que les salga de la pirindola empieza a aflorar. ¿Pero estos tíos van a parar de dejarnos con la boca abierta? Ni de coña.


Así quietos no lo parece, pero mueven las manos y los pies. Y las manos a una velocidad que ni Tomás cogiendo las tapas de los bares oiga.


Los de Rochester continúan apabullando con pausas mínimas entre canciones o carentes de descanso entre ellas, sólo canciones, sólo el Rock And Roll cálido de “Panic”, “She´ll Be My Ruin”, y la tierna “Katy Kid”. Sus temas del estupendo último disco, Once We Get Started, van pasando a la par que algunas de sus canciones del resto de (descatalogados) discos. El señor Verléin entra en trance mientras mira al palillero de Jason Smay haciendo locuras en “Top Shelf”, y el resto de congregados en la hermandad del pincho de morcilla coreamos lo que el grupo nos pida, “Boom Chicka Boom”, “One Note Joe” o descongelar el ambiente mientras el grupo saca a relucir sus dotes interpretativas (quedarse quieto es muy de la escuela frostilicus) en “(Let's Dance) The Freeze”. Todo sin ningún ceño fruncido ni caras de mohínos, Todd Bradley cantando con una sonrisa de oreja a oreja con su, como dice mi compañero de parranda, vozarrón de señor del monte; Gregorio haciendo muecas, carantoñas y hasta aceptando peticiones de canciones medio suyas por parte del público (“Confession Of Love” de su época junto a Kaiser George). El ambiente llegó al punto culminante al tener que hacer una pequeña ronda de bises, pese a que se supone que eran los teloneros, en donde sacaron a relucir los tres amigos espirituosos “Johnny, Jim And Jack” y finalizar la fiesta con la sala cantando “That Rock ´N Roll Beat”. Increíble.


Desde luego los jóvenes de ahora... Loney de pie con sesenta palos y el resto no sabe tocar apoyando las zapatillas en el suelo



Después de semejante muestra, salía Roy Loney pertrechado en su Takamine acústica y un pelamen que de ser natural ya quisiéramos muchos a nuestros años mozos. Casi calcando el concierto que vimos en la sala Jajaineken hace unos meses, el groovie comienza con “City Lights” y “Diablo” mientras el resto de la banda, Señor No, con buen criterio final se apoderan de sus respectivos instrumentos para soltar decibelios hacia los asistentes. Primeras canciones fallidas, el bajo de Mikel deja al grupo en cuadro y retrasa el inicio de un par de canciones; para colmo Roy Loney recuerda antes de comenzar en una de ellas que se le ha olvidado mirar cual ha sido el reintegro de la Primitiva y desaparece otro par de minutos dejando a los donostiarras en formato instrumental. Demasiadas canciones perdidas para igualar el ambiente previo de los Hi-Risers incluso para tito Loney y el grupazo que le acompaña, y que como nos comentó un famoso doctor asistente al concierto, tienen más parecidos razonables que imitadores por la piel de toro Chiquito de la Calzada.


Roy Loney despierta de un sueño en el que se convierte en un autoretrato de Diego Velázquez (gracias Torrente).



Hasta bien entrada “The First One´s Free” costó entrar en calor, pero a partir de ahí, los esfuerzos de Xabi “Luqui” se vieron recompensados con las vibrantes canciones que han hecho grande a Roy Loney, tanto de sus momentos junto a San Cirilio Jordan (“Have Yo Seen My Baby”, “Texas Border” o la coreada “Second Cousin”), como en solitario (“Born To Be Your Fool” y un claro, aunque no reconocido, homenaje al recopilatorio de garajeland tocando “Phanton Mover”), como con su última colaboración con Señor No y la vitaminada versión del “Cara-Lin” de los Strangeloves. Aunque hace unos meses en la sala Heineken el grupo destacó por un concierto de más quilates, cuando uno termina un concierto tocando “Slow Death”, con Roy Loney en pleno jamacuco, alguien con sangre en las venas no puede sino dejar puesta una sonrisilla tontorrona de placer y el perverso pensamiento de que salir a escena detrás de un grupo como los Hi-Risers no deja de ser una cabronada de tamaño bíblico. A veces las comparaciones son odiosas, y si alguno de ustedes es socio del mismo gimnasio que los miembros de garajeland, muchísimo menos.

Agradecemos a PopAndSoul el buen tino a la hora de grabar un buen puñado de conciertos con cámara, sonido, vídeo, youtuf y todo. Pueden ver gran parte del concierto, en donde hasta personajes famosos deambulan por la primera fila, en su web de bolo-vídeos.





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viernes, 13 de noviembre de 2009

Contacto con tacto (XI): Mark And The Spies

Sala La Pequeña Betty (hamburguesas en el piso de arriba), Madrid, 1 de Octubre de 2009

Los que nos siguen visualmente en garajeland, sabrán que en nuestra línea editorial (Tomás: ¿Tenemos línea editorial?) nos quejamos mucho, escribimos poco, y si lo hacemos sobre un concierto tiene que pasar el tiempo necesario para que se nos olviden todas las canciones y este pase a ser de la época de antaño a casi legendario. Más o menos el uno de Octubre nos acercamos a ver al que es (en mi opinión, faltaría más) el grupo que ha grabado mi disco favorito del año, Mark And The Spies. Era principios de Octubre y hacía veinte grados (como ahora), también se hablaba de las corrupciones políticas (como ahora), el Alcorcón optaba al ascenso y al título de copa (como ahora también) y yo seguía pensando que Marcial no murió (pero ya me lo han explicado). No obstante, estos tres truhanes holandeses brindaron una gran noche a base de lo que mayormente les da de comer: el pop.


Fotografía expuesta con el único propósito legal de nuestra asistencia a dicho concierto sin chandal y sin calcetines de rombos (que eso no se ve).


Bien es cierto que todo lo que venga de Holanda nos tiene conquistados por el mero hecho de sus galletas con relleno de caramelo (todo el mundo debería probarlas), aunque no se sabe si tanto como para llegar al concierto con puntualidad exquisita, aunque mis compañeros habituales de conciertos ya saben que me gusta ser el primero que deja el abrigo en el ropero (la música es lo de menos), por ello hubo que esperar unos tres cuartos de hora, en donde gracias a la generosidad de la sala, una tele emitía sin sonido “Cuéntame”; pero no se preocupen, no perdimos hilo del capítulo, con Toni y los rojos, Antonio es estafado por un señor que lleva un traje más caro que el suyo, Carlitos y las chavalas, etc. Tras la esperada aparición del grupo por el escenario, el guitarrista se fue a hacer pis, la cerveza estaba caliente y hubo que esperar, pero a partir de ahí casi todo fue bueno, lo explico:


Arjan Spies, Mark Wesseloo, Gerrit Scholten y Jelle Verhoeks después de montar el sofá Räkorperuk de Ikea y comprobar que aún les falta el resto del mobiliario.

Mark And The Spies se distinguen en sus dos estupendos discos por hacer un pop de canciones nada desechables, que con un poquito del garaje que tanto nos pone, y un poquito de Merseybeat a la holandesa les convierte en hacedores de unas melodías redondas y facturadas con todo lo bueno de los sonidos sesenteros. Así podríamos decir que transcurrió el concierto, tocando “Wait Forever”, una coreada joya como “But I Do”, “It Don´t Matter To You” o “Hers To Keep”, con esas maneras de buenos chicos que han ido a un buen colegio y bajaban la basura sin quejarse por los cuatro cubos de reciclado. Lo que pocos esperaban (o los que no les habíamos visto en directo) es que esa apariencia la dejan un poco de lado y empiezan a soltar bastante más energía en las canciones que la que tienen en sus discos, fueron cayendo “Another Chance”, el inmediato hit “Won´t Work On Me” y “Ain´t Got No Time” (con esos perfectos coros que se gastan y que ya querrían los niños de San Ildefonso) completando durante toda la noche buena parte de sus dos álbumes. Para terminar el fin de fiesta presentaron single, nos sacaron lo mejor de nuestra voz (muy parecida a la de Barney tras ingerir el zumo de zanahoria y peyote) con “You Got It” y una alargada e impactante versión de “Ace Of Spades” con guitarras al viento que dejaron una idea en el público presente: “I Want More”. Por poner una pega a la noche, una sala un poco más pintona les habría hecho lucir algo más (que no me entiendan mal lo de La Pequña Betty, se valora mucho su apuesta por grupos, de gran calidad por cierto, en directo).

Para acabar, un video patrocinado por los chalecos de Metro de Madrid, Algasiv, y con un presentador al que fregaría uno de los vasos de su mesa o le dejaría sin media perilla si veo que coge así uno de mis discos, aún no lo tengo claro.

Servidor: megaupload. Contraseña: peluquin
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jueves, 28 de mayo de 2009

Contacto con tacto (X): The Sweet Vandals


Sala Caracol (Madrid) - 22/05/2009



Antes de nada, avisad a nuestros queridísimos lectores (imagínenme con acento de Carmen Sevilla), de que esta crónica va a ser tan tan positiva que puede parecer que:

a) Nos han untado a base de bien con jamón ibérico, tapas al por mayor y la mayor variedad de cerveza nunca vista en las destilerías Duff (incluida la antisarro).

b) Nos han untado a base de bien con jamón ibérico, tapas al por mayor y la mayor variedad de cerveza nunca vista en las destilerías Duff (incluida la antisarro), pero como nosotros somos muy buenos no hemos aceptado nada, así que han redoblado esfuerzos en el soborno.

c) Son directamente uno de los mejores grupos en directo que se pueden ver en la actualidad.

Con esas opciones y sin levantar la ceja, les resumiremos cómo anda la cosa: A y B son más que posibles (somos chicos fáciles), C es un hecho consumado.


The Sweet VandalsLa estampita que deberían repartir en la iglesia del Funk a la salida de cada rito. ¡Qué aprenda el Reverendo Lovejoy!



Aclarada esta serie de términos volvamos a lo importante: hablamos de los Sweet Vandals, representantes de la la mejor tradición del funk, el soul y el R&B en España. Cinco músicos superdotados de talento y gusto a partes iguales capaces de seleccionar las mejores influencias de estos estilos (Funkadelic, Aretha, las pelis del Black Explotation, Curtis Mayfield), llevarlas a su terreno y poner a todo el mundo a bailar, incluidos a ceporros como el que escribe (que tras verse en el espejo mover el esqueleto se dijo: "nunca más", pero cada vez que voy a un concierto de estos muchachos de nuevo peco).


Así que, ahí estábamos de nuevo todos: los Vandals para presentar su nuevo disco, Love Lite, después de una gira por, como dirían Cab Calloway en los Blues Brothers, por Escandinava y otros continentes y el público ante una única oportunidad de ver a este grupo en una sala de buena capacidad. Esto por sí solo constituye una novedad importante, ya que normalmente para ver a los Vandals es costumbre compartir espacio personal y hasta largas cadenas de ADN con el resto de los asistentes. Como decíamos aquí, hace tiempo que el Tempo o el Junco se les habían quedado pequeños, del mismo modo que hace tiempo que dejó de ser divertido comprobar el estado de la higiene corporal del compañero de baldosa. Se agradece poder menearse a ritmo vandálico sin temer perder de vista partes de tu cuerpo engullidas en una pila de torsos.


The Sweet VandalsHe aquí el error gordo de colocación de las coristas. Pinchen y fíjense en la descompensación: señorita rubia del traje de noche con la señorita venida del Japón. Creemos fue la embajada del país nipón estudia el caso...



Abierto el telón, los cuatro Vandals que no son chica ni tienen un vozarrón de esos de dividir el mar en dos empezaron la actuación con un instrumental que ¡oh sorpresa,! es una versión del temazo de los Gaturs que mi compañero puso ayer mismo. Nos ha costado lo nuestro encontrarlo. Lucieron ese sonido compacto y brillante , pleno de groove y de dominio del tempo, que te hace pensar si no serán realmente Booker T and the Mg's camuflados en españolitos de a pie. En este caso cabe destacar que, a la habitual maestría de Santi, Yusepe y Javi (con una Ludwig color Champagne Sparkle, acabado que es pequeña debilidad de quien les habla) hay que mencionar la incorporación de otro Santi; Encargado del al órgano Hammond, último en llegar, pero con un dominio, saber estar y don de gentes con su instrumento impropio de alguien que dice haber empezado a tocar teclas blancas y negras sólo un año antes. Pueden ver que es cierto aquí (minuto 1:58) y morirse de envidia en cualquier sitio.


Tras el interludio instrumental, , Mayka subió al escenario y comenzaron a desvelar poco a poco el disco que venían a presentar. Su forma de entender la música no ha cambiado, pero han profundizado más en las raíces de sus influencias convirtiendo a Mayka en la diva del soul que es por derecho y voz, como atestiguan canciones como 'What About Love' o 'I hate to hate you', rematada con un fantástico arreglo de vientos que pudo ser recreado en directo con los mismos músicos que participaron en el álbum. Esta nueva faceta, la que incluye un tono más 'soulero', intenso, pero controlado, convierte a los Vandals en The Muscle Shoals Rhythm Section, el mejor acompañamiento musical del que nunca gozó Aretha Fraklin.


Y sin embargo, The Sweet Vandals siguen sabiendo hacer funk mejor que nadie, dos nuevos temas siguen esa senda: 'Thank For you' y 'Speak Music', ambas con unos arreglos danzarines de órgano y bajo, a la altura de ya clásicos suyos como Charlie Love. El grupo, en su segundo disco, ya ha demostrado que salta de un huso horario a otro con una facilidad inusitada. Tan pronto parece que viven en Memphis, como la siguiente vez son puro funk pegajoso de San Francisco y, en el camino parece que Carole King les ha escrito una canción, como en 'Every Woman is a Diva' (momento en el que Mayka invitó a nada menos que seis coristas para dar la réplica. 61&49 y yo tuvimos nuestra oportunidad, pero no conseguimos entrar en el traje de noche a tiempo).


The Sweet VandalsMayka o el mejor zumo de funk, soul y 'arte para regalar' a este lado del Manzanares.


Entre el nuevo disco y algunas versiones de canciones del anterior alargadas (como ocurrió con la tremenda 'Do it right') la cosa empezó a entrar en ebullición: Mayka ya bailaba por soleares, los chicos se retaban buscando el lugar adecuado para coincidir todos en misma nota. El público, mientras tanto, empezaba a levitar por lo menos. En ese momento, el concierto sólo podía ir a más y el vehículo para conseguirlo fue una incendiaria 'You're gettin it', seguido de una acelerada 'Come On Now', que coincidió más o menos cuando un cable o la junta de la trócola del ampli de Santi 'Sweetfingers' comenzó a emitir quejidos y a acoplarse. Nadie está a salvo de este tipo de mala fortuna, ni siquiera músicos tan expertos como estos, aún así lo llevaron con toda la profesionalidad posible, aunque el ruido terminó por afectarles, más aún después del acople definitivo que dejó sorda a media sala, mientras la otra media comprobaba que le había peinado a raya.


Quizás se perdió parte de la magia conseguida momentos antes, pero se consiguió remontar gracias a dos clásicos del grupo como 'I Got You Man', presentado por Mayka como "el principio de los Sweet Vandals". No cuesta mucho imaginarse cómo se compuso la canción en los primeros ensayos: una línea de Santi, un ritmo de Javi, unos acordes de Yusepe, el Hammond y luego Mayka. Algo que sólo es fácil de describir, pero que hay que verlo para entenderlo. Sea como fuere, nos congratulamos todo de que dedicaran a la música y no al curling (aunque a lo mejor se ha perdido una medalla en los JJOO de inverno, vaya usted a saber). Como colofón nos dejaron su versión de James Brown, 'Mama's got a new brand bag' con todo el mundo en el escenario: los que soplan instrumentos de viento, las coristas (esta vez organizadas por tamaño) y el inmenso talento del grupo. Brillantes y vibrantes a pesar de las circunstancias, fue la despedida triunfal de un grupo que sonar como los ángeles cualquier cosa que caiga en sus manos y que, si el mundo fuera más justo, sería lo último que escucharías antes de dormir y lo primero al levantarte.


The Sweet VandalsHale, por si no eran suficientes para jugar al Enredos (ahora Twister), se unen los tres del fondo. ¡Esto es un despiporrio!


P.D.: aunque el punto A y B quedaron descartados, si alguien quiere enviar algo a estos humildes cronistas nuestra dirección no ha cambiado: escriban a 'hombre feliz, calle Evergreen Terrace, nº742'. Aún así, que sepan que la única persona que conocemos tiene amistad con los Vandals es Efrain 'Purple Rain' y que él ya era postmoderno antes de que se pusiera de moda.




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín
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jueves, 21 de mayo de 2009

Contacto con tacto (IX): The Wave Pictures


Sala Neu! Club (Madrid) - 25/04/2009



Ya que mi compañero ha iniciado el capítulo de las confesiones les diré un par de cosas: primero que, "y la flauta", quiero decir: que yo sí duermo con pijama (mi señora madre no permite deslices en este tema) y me encanta el Transformer y segundo, que siempre que veo 'Algo pasa con Mary' pienso en quién sería el grupo que glosara mis andanzas como ocurre con el protagonista de la película. No crean que es una cuestión baladí, porque no es lo mismo que el grupo sea Sergio y Estíbaliz que los Motorhead, aunque mi mente calenturienta imagina (no sin disfrute) una versión del Ace Of Spades al ritmo del chacacha del tren.

Muchos fueron los candidatos que se quedaban a un sólo paso del premio en los euromillones (si usted está leyendo esto, es de Mallorca, y ganó 126 euros que sepa que le envidiamos -y mucho-), pero después del concierto del 25 de abril me di cuenta de que la búsqueda daba a su fin. La respuesta eran estos tres pelanas de Inglaterra, Los Wave Pictures habían ocupado ese lugar; no tengo ni idea de por qué, pero apunto que las memorables canciones, las letras a medio camino entre lo cotidiano y la ironía inglesa de toda la vida o su pinta de haber salido de la Revancha de los Novatos habrán tenido que ver. Aunque albergo fundadas sospechas de que todo tiene que ver con subir al escenario a un señor a tocar el cencerro de manera estrambótica y no arrepentirse de ello. Quienquiera que cumpla cualquiera de estos requisitos (empezando por el cencerro) tendrá un hueco en mi corazón.


The wave PicturesDavid Tattersall, haciendo su particular homenaje a Tintín con un peinado que afortunandamente sólo se suele conservar hasta la comunión.




Dicho lo cual, vayamos al concierto. La expedición garajera dividida como la Galia en cierto cómic francés tuvo que hacer frente a dos citas ineludibles, así que el que subscribe acudió a la sala Neu! de Madrid (La Galileo Galilei de toda la vida, pero con público con gafas de pasta en vez de jersey de cantautor) apoyado por las bandas por los señores de protos y dos fichajes de invierno venidos de la Argentina. Con un aforo completito (el gen flanders debe salir a la luz), incluidas las mesitas de tomar el té y el palco de autoridades -verídico, es lo que tienen las salas bohemias-, el telonero Sj Esau (rápidamente bautizado como DJ Peluche por un miembro de la expedición) comenzó su actuación con una guitarra, un plato y una pedalera, a imagen y semejanza de lo que tan bien hace Jorge Hyperpotamus con su voz, pero que necesita un momento, un lugar y tener al público a favor, a lo que tampoco ayuda que en España mucha gente hable a gritos cuando alguien está tocando sus canciones. Esta bonita costumbre, junto con la de enviarte a donde Moisés perdió las babuchas cuando preguntas una dirección y queien te responde ni tiene ni la más remota diea de dónde está son dos de mis cosas favoritas de este mundo mundial.

Tras irse DJ Peluche, los Wave Pictures abarrotaron el escenario con el poco equipo que llevan: amplis pequeños, batería con lo justito... y empezaron con algunas canciones de su nuevo disco, menos conocidas para la plebe, pero que representan a la perfección el extraño sonido del grupo, tan conjuntado como peculiar (los solos de bajo se alternan con los de guitarra, las melodías saltan unas sobre otras, la métrica de las letras va a su aire, serían la pesadilla del profesor Largo de los Simpson), tan familiar como único; esa sensación que se tiene de conocer algo antes de que ocurra.


The wave PicturesSi ustedes cuentan dos bajistas, dos guitarristas, dos bateristas y dos señores tocando el cencerro acaban de pasar el psicotécnico de Garajeland


Lo que nadie se esperaba es que en directo estos muchachos cambiaran su sonido hacia uno más agresivo, más rockero, con David Tattersall atacando solos de guitarra que tenían más de Television que de lo que se les supone a una banda que navega entre Folk y el Pop en muchas ocasiones, aunque lo mejor que tienen es precisamente eso: que nunca sabes por dónde te van a salir, llegando a colocar un Reggae a hurtadillas o cambiando las canciones de su disco por versiones aceleradísimas de las mismas, lo que para algunos fue denso, para mí fue tremendo, The Wave Pictures consiguen navegar entre lo sublime (haciendo sus canciones más largas e improvisadas) sin convertirse una magdalena de pueblo a palo seco (para denso, denso, eso).


En estas, los Pictures atacaron una de sus canciones más coreables 'Strange Fruit for David', que muestra todo el talento como letrista de su líder, en una confesión surrealista de quien se ha visto rechazado una y otra vez por la protagonista de la película, pero a su vez es capaz de verse desde fuera a través de un cristal en una maniobra de egos yuxtapuestos que sólo David Lynch podría filmar. Lo que queremos decir es que si hay alguien que es capaz de escribir el siguiente estribillo: "una escultura es una escultura, una mermelada es una mermelada, pero una escultura de mermelada es una escultura, pero no es una mermelada" y salir del lance tan airoso como el tipo de Gescartera debería catalogarse como genio, del lo-fi, de la confesión del fracaso vista desde un vaso calidoscópico de Guinness y del pop a punto del desatre (que tan bien manejaba Pavement), pero un genio al fin y al cabo.


Poco a poco fueron cayendo las gemas del Instant Coffee baby, el primer Lp de estos benditos, como 'Cassius Clay' o 'Leave the Scene Behind', alargadas con fraseos de guitarra (hasta se coló un poco de Misirlou de Dick Dale), divertidos interludios donde David destacaba por su verborrea y el bajista por ser un hombre de pocas palabras (hasta cantando parecía que no abría la boca) solos de batería y la sensación de que estos muchachos esconden una maquina precisa entre su apariencia de recibir muchas collejas en el colegio. Sus canciones suben el ego más que el hecho de que, tras Cristina Tárraga, cualquiera puede salir en televisión y algunas contienen dinamita en sus estribillo: imposible resistirse a los 'la la la la la la la' de Friday Night in Loughborugh o 'Kiss me' canción que contiene una de las verdades más grandes que he oído nunca ("Ahora que me has robado mi copia de Pet Sounds, creo que has llevado todo lo que tenia que darte") y que seguramente hubiera sido aceptada por Kant como imperativo categórico (perdonen que no lo tenga muy fresco, en Selectividad me cayó Descartes). Todo con ayuda de Happy Alberto, que improvisando con ellos sonaba tan conjuntadamente como a la vista resultaba chocante (lástima no vean la foto) y, cuya presencia, dio uno de los momentos de la noche con medio público imitando su manera de tocar el cencerro (una especie de latigazo con salto final), mientras el otro medio miraba asustado. Puedo prometer y prometo que no les diré dónde me encontraba yo.


The wave PicturesEn esta foto se puede ver a los Pictures cuando pasaron un verano a lo mochilero por Europa. En la instantánea aquí cerca de Barcelona, haciendo excursionismo por el monte Tibidabo


Un bis con Happy Alberto, con la formidable 'Just Like a drummer' fue el final del concierto que sorprendió por su apuesta rockera en contraposición al carácter tranquilo del disco y por un gran sonido que no sabes si es por la banda, por la sala o por la intervención de Rappel. The Wave Pictures tienen un puñado de canciones que crecen en tu interior hasta que no puedes dejarla de lado y una sorprendente puesta en escena de tres pipiolos que son uno de los mejores power-trio de la actualidad, pero por favor: que traigan más veces al del cencerro. Estoy terriblemente enganchado a ellos, me temo.

Corolario: Un vez convencido de que los Wave Pictures podían ser los narradores en off de mi vida me acerqué muy amablemente a la banda una vez terminó el concierto y con cara de maníaco me golpeé el pecho mientras les gritaba: "sois mis hermanos, sangre de mi sangre". Las razones por las que David huyó despavorido todavía hoy me son desconocidas, caprichos de estrella emergente supongo.


Contraseña: peluquin





Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín

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