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domingo, 15 de noviembre de 2009

Como viajar a los setenta sin un Delorean de por medio

Josh Rouse
Josh Rouse - 1972 (2003)

En ocasiones, contadas normalmente, tu vida se parece a una película de cine. Si esto fuera el país de la gominola pues normalmente todo sería tan insoportablemente bienhallado como en 'Qué bello es vivir', pero la mayoría de las veces todo me suena irremediablemente a 'Un día de Furia' mezclado con 'Amanece, que no es poco' y con ligeros toques de 'Zampo y yo'. No me pregunten por qué, me río yo de la mente torturada de Bruce Wayne. Sin embargo, durante un tiempo mi vida parecía discurrir por la misma senda que la de Truman Burbank en el 'Show de Truman'. No lo digo porque sepa poner caras mejor que Jim Carrey y Bart juntos, sino porque durante un tiempo todo el mundo parecía saber algo que yo desconocía: todo el mundo parecía haber escuchado el disco que hoy dejamos en la rebotica y, lo que es peor, yo tardé una eternidad en darme cuenta de mi error y el Óscar se lo dieron a Shakespeare in Love. Encima.

Yendo un poco más al grano, les diré que habló del fundamental disco conceptual al cubo (y luego explicaré por qué) de Josh Rouse, un chavalote sano de Nebraska que al que podría calificarse como culo inquieto. Como les decía, un día una persona te habla de este disco, otro día ves un cartel de un concierto de Josh y al tercero empiezas a ver fantasmas por todas partes y a pensar que el mundo entero se ríe de tu apellido (como si navaelpijo fuera gracioso) y que el conductor del autobús tiene un extraño y oportuno acento del Soria americano, que diría Andres Montes. Tal campaña de acoso y derribo hizo que diera una oportunidad a 1972. Naturalmente, como soy un tío duro, traté de resistirme . Fueron los cinco minutos más largos de mi vida. Pasé del 'no está mal' al 'es tan bueno que es casi delirante' con un progreso que asombraría (de nuevo) al Dr. Hibbert.


Josh RouseJosh Rouse al fotógrafo: "y dices que posando así me aseguro las ventas entras los garajeros de pro... ¿Seguro que no parezco un flojeras?"


Decía antes que era un disco conceptual por triplicado. Y ahora es cuando lo justifico: no sólo se llama 1972 porque Josh Rouse se obsesionara para que sonara como lo hacían sus discos favoritos de esa época, sino que también era el año de su nacimiento y el de fabricación de la guitarra con la que están escritos los temas (Fender Telecaster). Bonito, ¿no? Además, Josh obligó a los músicos a vestir pantalones de campana para marcar copín y copete, llamar con teléfonos de góndola y proferir expresiones como "eres de plomo derretido". Por cierto, que aparte de un atrezzo de categoría (y una portada retro a la altura de lo que se esperaba) se rodeó de una nómina de músicos de sesión que no desmerecían a los que moraban por Muscle Shoals o las oficinas de Atlantic. Al mando de todo esto puso a Brad Jones, reputado músico y autor de producciones cristalinas donde los instrumentos se ponen al servicio de la canción y de las intenciones del músico. Toma geroma pastillas de goma, ven ya me contagié del espíritu del setenta y dos.


Y Lo más abracadabrante del asunto es que salió bien, de hecho (y personalmente) diré que salió más que bien. Normalmente cuando se hacen tantos planes y se diseña todo al milímetro se va al garate con facilidad. En este caso no sólo no es así, sino que es difícil concentrar de una manera más acertada de reperesentar la variedad de estilos de la época. Para muestra, la espléndida '1972', que da título al disco y nos deja perfectamente ubicados tanto por su sonoridad (vibráfonos sobre una suave melodía que va creciendo sobre la línea de bajo) como por su letra: "She was Feelin' 1972, groovin' to a Carole King tune'. ¿Hay algo más pop y típico de los setenta que el Tapestry de Carole King? Seguramente no. Josh Rouse ya ha dado muestras de entender de qué va el pop a las primeras de cambio, pero ahora se juega el salto mortal sin diñarla en la contagiosa 'Love Vibration', un híbrido entre el funk y el pop cuyo ritmo bebe directamente de los Funk Brothers y culmina con un estribillo tan coreable que parece escrito para tal fin. Una locura de canción, sencilla y sublime al mismo tiempo que incluso se permite el lujo de colocar un saxo final señalando directamente a Steely Dan. Como no sé qué más decir de esta maravilla lo culmino con: ¡qué viva el Wurtlizer!


Lo mejor es que sólo acabamos de empezar y que ya no nos duele que Josh Rouse sea un cantautor, porque el tío que tiene soul. Como se demuestra en 'Sunshine', vibrante amalgama de estilos, con tantos matices que cuesta catalogarla en alguno de ellos. Más fácil es decir que 'James' es el ejemplo perfecto de que los blancos sí la saben meter (mítica película donde Woody Harrelson borda el papel de tonto y Wesley Snipes utilizaba el vestuario que le sobraba a Will Smith en el Príncipe del Bel Air). Josh Rouse es una admirador de Curtis Mayfield y a él le rinde tributo con la exhibición de falsete contenida en esta canción. Si sumamos al conjunto flautas típicas del 'Black Explotation', un solo de guitarra que podría interpretar Walter Becker y un final dedicado a la figura de Marvin Gaye diríamos que Josh sabe lo que se hace.


Este disco es un milagro, porque consigue desmontar todos mis falsos mitos sobre cierta música de los 70 que siempre afirmo no soportar. ¿Ejemplo? 'Comeback (light Therapy)', suerte de funk mezclado con un estribillo y parte central más propia de la ELO. ¿Reconoceré que me gusta? No puede negarlo. ¿Reconoceré después que tengo un disco de la ELO en mi colección? Lo haré a regañadientes. Quizás no lo piensen, pero lo que ha conseguido Josh Rouse con esta canción y conmigo no lo hacen ni un ejército de terapeutas, ha eliminado mis prejuicios y por el camino me ha hecho recordar cuanto me gusta el bajo en las canciones (lástima no tenga el mismo amor por los bajistas, que como el alcohol, son la causa y solución de todos los problemas).


Josh RouseJosh y su cara después de recibir la visita de un inspector de billeteras


La última parte del disco es más tranquila, pero teniendo en cuenta de donde venimos, la mayoría (incluso los garajeros más recalcitrantes como un servidor) ya estamos con la banderita blanca, así que sucumbimos a la elegancia de 'Flight Attendant' donde la atmósfera que se crea con la combinación de piano y batería nos pondría en contacto con el momento donde James Taylor peinaba flequillo para luego desmontarnos con un final tan inesperado como tremendo. Para finalizar queda 'Rise', con un porcentaje justo de épica que se adapta como un guante a la voz de Josh, que termina de despegar cuando las notas son más agudas. Pop de manual, interpretado con gusto exquisito y con poca capacidad para decir que no me gusta. Has ganado una batalla decanito...


Josh Rouse dejó esta maravilla en 2003, se fue a casa; abrió una botella de Weltenburger, dio tres saltos mortales hacia atrás (el último con rebote hacia delante), se volvió a sentar mientras juntaba sus dedos y decía 'excelente'. Eso es al menos lo que haría yo después tras realizarn disco tan bueno de un proyecto que lo que tenía todo para acabar en la estantería de la serie media al lado del de chotis y polka de James Brown (un proyecto que se le fue de las manos lamentablemente).


Josh RouseJosh Rouse: "Vale, ya tengo una silla de madera y doy palmas, ¿pero cómo eran eso de las soleás?"


Realmente Josh siguió su vida nómada que incluso le llevó a pasar por España y conocer a su actual novia, hacer un par de discos con inspiración en la horchata y las rosquilletas, otro en plan dúo, batir el récord de quitar la tapa del mando a distancia de la tele y volverla a poner (se lo arrebató a un amigo mío) y tocar más en España que en EEUU.


En 1972 Paquito Fernández Ochoa ganaba la medalla de oro, el Watergate empezaba, se funda Atari y José María Carrascal ganaba el Planeta (ni me pregunten el criterio obtenido para obterner estos datos), ahora también sabemos que es el nombre de un disco tan brillante, que se disfruta por su música y porque nos recuerda un año mágico, en el que podían coincidir cosas como I'm Still Loving You de Al Green o el 1#Record de Big Star, el Exile de los Stones, Harvest de Neil Young, Transformer de Lou Reed, Ziggy Stardust de Bowie, Can't Buy a Thrill de Steely Dan o el Superfly de Curtis, por citar algunos. Por cierto, que también fue el año de nacimiento de Conchita Martínez. ¡Maldita sea que gran año!




P.D.: mi abogado, Lionel Hutz me indica que debo decir que puede que algunas de las actividades en España de Josh Rouse descritas por mí no se ajusten a la realidad, habrá premio para el que las adivine...

Servidor: rapidshare. Contraseña: peluquin
>>>Pincha y vuelve a los setenta<<<

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein


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jueves, 28 de mayo de 2009

Contacto con tacto (X): The Sweet Vandals


Sala Caracol (Madrid) - 22/05/2009



Antes de nada, avisad a nuestros queridísimos lectores (imagínenme con acento de Carmen Sevilla), de que esta crónica va a ser tan tan positiva que puede parecer que:

a) Nos han untado a base de bien con jamón ibérico, tapas al por mayor y la mayor variedad de cerveza nunca vista en las destilerías Duff (incluida la antisarro).

b) Nos han untado a base de bien con jamón ibérico, tapas al por mayor y la mayor variedad de cerveza nunca vista en las destilerías Duff (incluida la antisarro), pero como nosotros somos muy buenos no hemos aceptado nada, así que han redoblado esfuerzos en el soborno.

c) Son directamente uno de los mejores grupos en directo que se pueden ver en la actualidad.

Con esas opciones y sin levantar la ceja, les resumiremos cómo anda la cosa: A y B son más que posibles (somos chicos fáciles), C es un hecho consumado.


The Sweet VandalsLa estampita que deberían repartir en la iglesia del Funk a la salida de cada rito. ¡Qué aprenda el Reverendo Lovejoy!



Aclarada esta serie de términos volvamos a lo importante: hablamos de los Sweet Vandals, representantes de la la mejor tradición del funk, el soul y el R&B en España. Cinco músicos superdotados de talento y gusto a partes iguales capaces de seleccionar las mejores influencias de estos estilos (Funkadelic, Aretha, las pelis del Black Explotation, Curtis Mayfield), llevarlas a su terreno y poner a todo el mundo a bailar, incluidos a ceporros como el que escribe (que tras verse en el espejo mover el esqueleto se dijo: "nunca más", pero cada vez que voy a un concierto de estos muchachos de nuevo peco).


Así que, ahí estábamos de nuevo todos: los Vandals para presentar su nuevo disco, Love Lite, después de una gira por, como dirían Cab Calloway en los Blues Brothers, por Escandinava y otros continentes y el público ante una única oportunidad de ver a este grupo en una sala de buena capacidad. Esto por sí solo constituye una novedad importante, ya que normalmente para ver a los Vandals es costumbre compartir espacio personal y hasta largas cadenas de ADN con el resto de los asistentes. Como decíamos aquí, hace tiempo que el Tempo o el Junco se les habían quedado pequeños, del mismo modo que hace tiempo que dejó de ser divertido comprobar el estado de la higiene corporal del compañero de baldosa. Se agradece poder menearse a ritmo vandálico sin temer perder de vista partes de tu cuerpo engullidas en una pila de torsos.


The Sweet VandalsHe aquí el error gordo de colocación de las coristas. Pinchen y fíjense en la descompensación: señorita rubia del traje de noche con la señorita venida del Japón. Creemos fue la embajada del país nipón estudia el caso...



Abierto el telón, los cuatro Vandals que no son chica ni tienen un vozarrón de esos de dividir el mar en dos empezaron la actuación con un instrumental que ¡oh sorpresa,! es una versión del temazo de los Gaturs que mi compañero puso ayer mismo. Nos ha costado lo nuestro encontrarlo. Lucieron ese sonido compacto y brillante , pleno de groove y de dominio del tempo, que te hace pensar si no serán realmente Booker T and the Mg's camuflados en españolitos de a pie. En este caso cabe destacar que, a la habitual maestría de Santi, Yusepe y Javi (con una Ludwig color Champagne Sparkle, acabado que es pequeña debilidad de quien les habla) hay que mencionar la incorporación de otro Santi; Encargado del al órgano Hammond, último en llegar, pero con un dominio, saber estar y don de gentes con su instrumento impropio de alguien que dice haber empezado a tocar teclas blancas y negras sólo un año antes. Pueden ver que es cierto aquí (minuto 1:58) y morirse de envidia en cualquier sitio.


Tras el interludio instrumental, , Mayka subió al escenario y comenzaron a desvelar poco a poco el disco que venían a presentar. Su forma de entender la música no ha cambiado, pero han profundizado más en las raíces de sus influencias convirtiendo a Mayka en la diva del soul que es por derecho y voz, como atestiguan canciones como 'What About Love' o 'I hate to hate you', rematada con un fantástico arreglo de vientos que pudo ser recreado en directo con los mismos músicos que participaron en el álbum. Esta nueva faceta, la que incluye un tono más 'soulero', intenso, pero controlado, convierte a los Vandals en The Muscle Shoals Rhythm Section, el mejor acompañamiento musical del que nunca gozó Aretha Fraklin.


Y sin embargo, The Sweet Vandals siguen sabiendo hacer funk mejor que nadie, dos nuevos temas siguen esa senda: 'Thank For you' y 'Speak Music', ambas con unos arreglos danzarines de órgano y bajo, a la altura de ya clásicos suyos como Charlie Love. El grupo, en su segundo disco, ya ha demostrado que salta de un huso horario a otro con una facilidad inusitada. Tan pronto parece que viven en Memphis, como la siguiente vez son puro funk pegajoso de San Francisco y, en el camino parece que Carole King les ha escrito una canción, como en 'Every Woman is a Diva' (momento en el que Mayka invitó a nada menos que seis coristas para dar la réplica. 61&49 y yo tuvimos nuestra oportunidad, pero no conseguimos entrar en el traje de noche a tiempo).


The Sweet VandalsMayka o el mejor zumo de funk, soul y 'arte para regalar' a este lado del Manzanares.


Entre el nuevo disco y algunas versiones de canciones del anterior alargadas (como ocurrió con la tremenda 'Do it right') la cosa empezó a entrar en ebullición: Mayka ya bailaba por soleares, los chicos se retaban buscando el lugar adecuado para coincidir todos en misma nota. El público, mientras tanto, empezaba a levitar por lo menos. En ese momento, el concierto sólo podía ir a más y el vehículo para conseguirlo fue una incendiaria 'You're gettin it', seguido de una acelerada 'Come On Now', que coincidió más o menos cuando un cable o la junta de la trócola del ampli de Santi 'Sweetfingers' comenzó a emitir quejidos y a acoplarse. Nadie está a salvo de este tipo de mala fortuna, ni siquiera músicos tan expertos como estos, aún así lo llevaron con toda la profesionalidad posible, aunque el ruido terminó por afectarles, más aún después del acople definitivo que dejó sorda a media sala, mientras la otra media comprobaba que le había peinado a raya.


Quizás se perdió parte de la magia conseguida momentos antes, pero se consiguió remontar gracias a dos clásicos del grupo como 'I Got You Man', presentado por Mayka como "el principio de los Sweet Vandals". No cuesta mucho imaginarse cómo se compuso la canción en los primeros ensayos: una línea de Santi, un ritmo de Javi, unos acordes de Yusepe, el Hammond y luego Mayka. Algo que sólo es fácil de describir, pero que hay que verlo para entenderlo. Sea como fuere, nos congratulamos todo de que dedicaran a la música y no al curling (aunque a lo mejor se ha perdido una medalla en los JJOO de inverno, vaya usted a saber). Como colofón nos dejaron su versión de James Brown, 'Mama's got a new brand bag' con todo el mundo en el escenario: los que soplan instrumentos de viento, las coristas (esta vez organizadas por tamaño) y el inmenso talento del grupo. Brillantes y vibrantes a pesar de las circunstancias, fue la despedida triunfal de un grupo que sonar como los ángeles cualquier cosa que caiga en sus manos y que, si el mundo fuera más justo, sería lo último que escucharías antes de dormir y lo primero al levantarte.


The Sweet VandalsHale, por si no eran suficientes para jugar al Enredos (ahora Twister), se unen los tres del fondo. ¡Esto es un despiporrio!


P.D.: aunque el punto A y B quedaron descartados, si alguien quiere enviar algo a estos humildes cronistas nuestra dirección no ha cambiado: escriban a 'hombre feliz, calle Evergreen Terrace, nº742'. Aún así, que sepan que la única persona que conocemos tiene amistad con los Vandals es Efrain 'Purple Rain' y que él ya era postmoderno antes de que se pusiera de moda.




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín
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miércoles, 27 de mayo de 2009

Una leve y breve introducción al profundo Funk

The Gaturs - Cold Bear (1970)

A modo de introducción nos viene de perlas sacar a la palestra esta canción. ¿Y a que viene este secretismo indiscriminado? Simplemente miraré para otro lado sin dar más explicaciones, mientras silbo alguna melodía y miro de forma despistada hacía el techo (¡anda!, tiene gotelé).



The Gaturs fueron el combo de un señor llamado Willie Tee, de aspecto juvenil, mozalbete y moreno que lucía sombrero mientras paseaba por las calles de Nueva Orleans. Como tantos otros pensará algún animado lector. La diferencia es que Willie Tee, aposentado en su compañía sin ánimo (bueno, quizás un poco) de lucro de crudo Funk supo reciclar el mejor R&B de su ciudad y anticiparse al sonido blaxplotation que estaba a punto de salir a escena con el inconmensurable Curtis Mayfield como capitán de abordo. “Cold Bear” es un ejemplo del que es su único disco en el mercado (y ahí se quedará la cosa tras la muerte de Willie en 2007), Wasted.

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viernes, 13 de marzo de 2009

Recordando al camello


Young-Holt Unlimited - Plays Superfly (1973)



El otro día pensando sobre aquel ministro japonés con una tajada de sake similar al guión de una película de Mariano Ozores reflexioné sobre algo que no tenía ningún parecido con lo anterior: Hacía bastante tiempo que no se hablaba por estos lares de ningún disco negroide funk, y pese a que últimamente no hayan sido días de buenas acciones sociales (intenté robar una piruleta a un niño o agredí a un perro que estaba tranquilamente leyendo El Mundo) quería demostrar que aún me quedaba algo de Alma. El remiendo se llama Young-Holt Unlimited y un disco realmente cuidadoso en el que repasan de forma instrumental y a su manera el Superfly del admirado Curtis Mayfield.


Cartel promocional de Emidio Tucci rechazado para el "Ya es Primavera Jazz en El Corte Inglés"

Bajo una infame portada estilo cajón de ofertas de mercadillo musical; en la que los capos de esta formación, Eldee Young e Isaac “Redd” Holt, posan simulando que sus micrófonos son armas adquiridas a secuaces de Al Capone; se esconde una formación que estuvo durante veinte años en el circuito de Jazz-Soul que dio Chicago a principios de los sesenta. Ciudad que acogió a Curtis Mayfield en sus ventosas calles y partícipe del género cinematográfico más chusco de los setenta, el Blaxpotation, que enseñó a la muchedumbre a como había que vivir del lujo que suponen los abrigos de pelo, las cadenas de oro con el símbolo del dólar y por supuesto drogas y armas a doquier como modo de subsistencia en tiempo de crisis (vaya, tiene cierto parecido a las inmobiliarias hispanas), pero con alguna banda sonora realmente presentable.


La facultad de enfermería en los años sesenta, se nota quien iba a estudiar y quien esconde botellas de Dyc bajo el micrófono cabelludo

Yendo al lío: La sabiduría adquirida por Young (bajista) y Holt (batería) durante sus largos años de aprendices de Jazz en los cincuenta les hace rodearse bastante bien para este “toqueteando Superfly” que sería su disco de despedida. Especialmente notoria es la aportación de Ken Chaney en el piano eléctrico que le da sonido Funky al álbum. En la primera cara del disco se encuentran las cuatro versiones del Superfly: “Freddie´s Dead”, “Give Me Your Love”, “Pusherman” y “Superfly”, todas ellas un interesante punto de vista de las originales, pero huérfanas de la guitarra de Curtis se antoja difícil que superen al gran maestro. En el disco también cabe destacar una composición llamada “Hey Pancho” (sí, el título suena a llamada perruna) y una alucinógena canción de Chaney llamada “Mystical Man”. Un disco elegante, íntegro, con unos ejecutores de primera pero sobre todo una escucha muy curiosa para fans del Superfly, aunque no tan redondo como esa gran obra maestra que conseguía que una película mala fuese aun peor cuando se la comparaba con su banda sonora.


Se agradece al señor Efraín “Purple Rain” que nos pasara amablemente el vinilo a calidad emepetrística, para ello solo tuvo que renunciar a visitar una Jam Session basada en otra Jam Session Funk. Aun así agradecemos su trabajo tan poco remunerado por nuestra parte.


contraseña: peluquin

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jueves, 11 de diciembre de 2008

Contacto con Tacto (V): Osaka Monaurail

Sala Caracol (Madrid) – 7/11/2008


Rescatamos este concierto que teníamos algo olvidado en algún lugar entre el verano y la navidad. Corría el mes de Noviembre y como nosotros somos muy previsores hicimos acopio de Mahou antes de que los centros comerciales se llenasen de familias enteras buscando gambas pálidas y algún que otro chándal de tactel. Un par de días más tarde y con nuestro aspecto muy similar al de Beavis y Butt-Head se presentó la señorita diseñadora de este bloc y nos agarró fuertemente del brazo para que fuéramos a la penúltima visita a España de los Osaka Monaurail.

Para definir algo al grupo en breves palabras: Osaka Monaurail se trata de un combo formado por ocho o nueve músicos (yo es que más del siete me pierdo) que realizan unos conciertos basados en la energía que desplegaba James Brown sobre las tablas, con unas cuantas versiones del susodicho y temas de propia cosecha; con la particularidad de que estos elementos no vienen de Chicago, ni de Nueva Orleans, ni de cualquier lugar con un mínimo vestigio de Soul, sino que proceden de Japón. Soportamos algunas burlas de los más escépticos sobre el tema de ir a ver a japos que azotan este estilo tan poco asociado al país donde el medio de transporte es el terremoto. Cosas de la globalización pensaba. ¿Pero acaso no triunfaron Los Del Rio en medio mundo? El señor Efraín “Purple Rain” (gran experto en este tipo de saraos Funkis) nos recomendó sobremanera la asistencia y allí nos presentamos en una llenísima Sala Caracol.


Osaka Monaurail Si cuentan desde la izquierda salen ocho muñecos de cera, si lo hacen desde la derecha más o menos los mismos

Con cierto retraso como es habitual, sale a escena el grupo, que sin el cantante presente se van cascando temas instrumentales con un sonido tan perfecto que parecía un Playback de Bustamante. Con dos guitarristas con apego por el Blues, sección de viento que bailaba con una coordinación de ingeniería periodística y los correspondientes bajista y batería haciendo las delicias de los amantes del ritmo. Mientras, evaluábamos la posibilidad de que el cantante fuera otro japonés del estilo anterior (educado, tranquilo, etc.). Para variar nos equivocamos de pleno. Nakata Ryo sale como una especie de ciclón que no deja de chillar por cada esquina del escenario, bailando hasta cansar a los chavales de Fama e imitando a James Brown en la tan famosa tijereta abre piernas que hacía en sus conciertos. Tras un derroche de energía que nos borró de un plumazo lo inusual de la formación, una sorpresa más: Nakata domina el órgano a la perfección, aunque de vez en cuando no controle el nervio y se levante para aporrear cualquier cosa que sirva de percusión.



Osaka Monaurail Nakata debió perder una invitación para una tienda de productos extremeños, se pasó todo el concierto girando de lado a lado del escenario


Y así fue marchando el tema, canciones de James Brown, composiciones de los propios Osaka, una increíble versión del “Walk On By“ de Isaac Hayes y una agradable sensación final mientras uno por uno los músicos se despedían con un treinta por ciento más de las reverencias habituales. Compra y firma de algún disco al terminar, y un bailable (a la par que lamentable en nuestro caso) “Blame It On The Boogie” de los Jackson Five sonando en la sala. Atrápenlos vivos si pueden. Como decía Nakata durante todo el concierto: “Always From Japan”.



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lunes, 22 de septiembre de 2008

Contacto con tacto (II): The Sweet Vandals

the sweet vandals
Sala El Tempo (Madrid) - 20/09/2008


Queridos niños y niñas, reactivamos esta nueva sección en donde daremos cuenta de los festejos, fastos, guateques y saraos que la pobre economía de los 'siñores' dueños de este modesto bloc les permita. Para abrir boca, nada mejor que empezar con la mejor banda de soul y funk de España (y nos quedamos cortos): The Sweet Vandals.

En el primerísimo de los lugares, hay que decir que si a la salida del concierto hubiera aparecido un vendedor de camisetas con el lema "yo sobreviví a otro concierto de los Sweet Vandals", una servidora (en homenaje a los alemanes de Top Secret!), la hubiera comprado con orgullo. Las cosas claras: los Sweet Vandals se merecen tocar en sitios más grandes y su público no estar apiñado en una sala que no puede albergar tal cantidad de gente, es una cuenta fácil tipo "Uno, Dos, Tres": 200 personas colocadas en un recinto de poco más de 200 metros toca a un metro cuadrado por persona (por si se lo preguntan llevo puestas las gafirulas grandes y la minifalda). Seguramente los buenos de Mayka, Santi, Javi y compañía deben mucho a locales como El Tempo, pero tienen que pensar en su público (¿y quién piensa en los niños? que diría la mujer del reverendo Lovejoy) y que ver y bailar el concierto pegado cual mejillón y empapado de sudor tendrá cosas buenas (se conoce gente interesante a través del calor corporal, nuestro compañero 61&49 bien podría contarles más de una aventura en alguna sauna de la capital), pero tampoco creo que esté recomendado por la Organización Mundial de la Salud salir en semejantes condiciones al frescor madrileño de septiembre; tiene el mismo efecto que andar por casa sin zapatillas en pleno invierno: una bronca monumental vía materno filial, quiero decir, un resfriado perrero de esos que no se quitan. Señores promotores, miren más allá de sus propias narices y contraten a estos muchachos, que fácilmente son la banda más en forma de España, son muy simpáticos y ocupan poco (en el caso de Javi y su batería o el señor que esté al cargo del Hamón ibérico algo más).


Los vandals en su apogeo, instantánea sacada mientras el fotógrafo tenía un intercambio cultural con Australia, una par de zarandeos después consiguió pillar a Javi, Mayka, Yusepe y Santi (no hubo suerte para el señor del hamón)


Una vez hemos quedado con las quejas propias de los achaques de la edad, vayamos al tema que nos ocupa. Cuando uno encara un concierto de los Sweet Vandals le caben pocas dudas: son una gran banda. Su sonido es potente, abrasivo, pero preciso e infeccioso, te entra por las orejas, te sale por los pies y en el tránsito tu cuerpo comienza a hacerte bailar como si tus piernas no fueran del cuerpo. Los Vandals lo saben y, conscientes de ese poder, lo utilizan indiscriminadamente hasta el punto de que llevan a la máxima expresión el cómo tiene que ser una gran actuación: empezar como si fuera el fin del mundo y desde ahí hacia arriba. En términos prácticos, eso significa que después de un larga intro instrumental (donde Santi 'Sweetfingers', Javier 'Skunk', Yusepe y Santi 'Diamond') alargaron una secuencia de bajo y batería hasta más allá de cinco minutos (son tan buenos que uno tiene la sensación de que también podrían tocar con esa maestría comiendo un plato de callos, por ejemplo). A partir de ahi, y ya con Mayka y su voz del profundo soul en el escenario, ametrallaron al personal con los cortes de su primer disco, sin pausa para pedir una botella de agua en el avituallamiento más cercano sonaron 'I Got You Man', 'Charlie Love' con su intro característica en la batería, 'You're Gettin It' o la gran versión de 'Papa (Mama) Got A Brand New Bag'. La banda sólo bajó el pistón para presentar las canciones que formarán parte de su segundo largo y dar un respiro al respetable (que se considera respetable aunque yo formara parte de él). Quienes se pregunten si va a superar a su predecesor, que no se preocupen: los temas más recientes mantienen el estilo del grupo ha creado y amplian horizontes, recurriendo a Sly and The family Stone o a unas Ronettes pasadas por la turmix de la psicodelia o incluso el rock más ácido. Un gran concierto en el que todos los protagonistas tuvieron su momento para destacar (sobre todo Yusepe, el guitarrista que no suele destaparse tanto) y en el que los Vandals demostraron que les sobra clase, tablas y una nutrido grupo de seguidores dispuestos a pasar las de Caín para bailar una serie de ráfagas funkeras, aquí les dejamos un botón de muestra gracias a youtube y les recomendamos encarecidamente que acudan como ratas al queso al próximo evento de este sin par grupo... pensándolo mejor no vengan, lo mismo así hay forma de ver un concierto de estos grandes sin que uno tenga la sensación de ser una figura de tetris (cuando te toca la que tiene forma de 'Z' la cosa está un poco chunga).



61 & 49 y Tomás Verléin, todavía con Aquarius en vena tratando de recuperar líquidos

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jueves, 12 de junio de 2008

Sly Stone gira un poco más la tuerca del Funk

Sly & The Family Stone - There´s A Riot Goin´ On (1971)

En breve comienza el verano para todos y en garajeland ya empezamos la operación bikini; Tomás Verleín inicia su dieta del boquerón frito y el buen tiempo hace que su piel cambie de color rápidamente, de blanco a un poco menos blanco. Para ser justos, aquí el que escribe ya luce un precioso moreno calcetines blancos pese a salir a la calle en chancletas. Así que con la excusa de que nuestra piel empieza a mutar rápidamente comentamos nuestra clásica historieta semanal sin olvidarnos de nuestras negras raíces, un poco apartadas últimamente, y que vamos a reparar con un clásico del mundo Funk, el gafirulo y bien vestido de Sly Stone y familia que publicarían “There´s A Riot Goin´ On” en 1971.

Es muy habitual que haya formaciones musicales que compongan vinilos de campeonato en situaciones un tanto oscuras y depresivas, en este saco pueden entrar desde Nick Drake hasta los Rolling Stones, que en algunas grabaciones no se daban ni la hora. Siguiendo esta ley que bien podríamos habernos sacado de la chistera, este disco entra en el selecto club de “mal ambiente, mejor disco”. Tres años antes de grabar “There´s A Riot…”, Sly & the Family Stone vivían momentos de gloria, muy acorde al mundo hippie de aquel año 1968, el grupo de San Francisco fue invitado a (sorpresa) Woodstock, uno de esos conciertos en los que todo el mundo estuvo, más o menos como en la visita de los Beatles a España. Después de su actuación, que sería recordada como una de las mejores del festival, les empezaría a llegar el éxito masivo, todo parecía perfecto, su utópica formación funcionaba mejor que el arca de Noé, con blancos, negros, miembros, miembras y las mujeres en el grupo no eran adornos cual azafata de Marina D´Or (la hermana de Sly, Rose Stone, cantaba y tocaba los teclados, y Cynthia Robinson, tocaba la trompeta). Este desprendimiento de buen rollo no debió gustar mucho a los Panteras Negras, que por aquellos años no tenían el teléfono del Ministerio de Igualdad para desfogarse y la tomaron con el optimismo de la compañía familiar Hippie & Sly Stone.

"Si nos llevamos muy bien con Sly...en nuestra próxima fiesta va a ser la piñata"

Pasados estos años tan agitados, y después de grabar Stand!, los problemas con las drogas empiezan a minar al grupo, y especialmente a Sly Stone, que poco a poco va perdiendo la chaveta hasta el punto de contratar a guardaespaldas de buen expediente policial (ya se sabe; gente que ayuda a la iglesia grecorromana, cruzan de acera a ancianitas o te matan tres veces antes de caer al suelo, unas joyas vamos). La fractura con los demás miembros del grupo era evidente y sus conciertos ya eran del todo imprevisibles, no por la calidad de los mismos, sino de la aparición o no en escena del bueno de Sly, que era capaz de ponerse moino y resistirse a salir al escenario.

Con ese denso aire depresivo se gesta “There´s a Riot Goin´ On”, el resultado es un conjunto de canciones esenciales para la gente que mezclará Funk y Rock años después con mejor o peor gusto. Empezando a contar salen canciones como “Fammily Affair”, “Runnin´ Away”, “Just Like A Baby”, “Thank You For Talk To Me Africa” o “Luv N´ Haight”. Muchas de las canciones aun mantienen el espíritu de otras entregas anteriores, la seducción vocal y el inconfundible bajo de antes, ahora se funden con canciones más perversas, que te recogen en un rincón mientras lo escuchas y en las que los textos pasan de un positivismo absoluto a paranoicos versos políticos. Se rumorea en la sección de “Mentiras como Pianos” que Sly Stone llegó a decir que no recordaba el número de instrumentos que había tocado en este disco, lo cierto es que su grupo empezó a estar hasta las narices y muchos se tirarían del barco, especialmente dolorosos serían los abandonos del insustituible bajista Larry Graham o el batería original, Greg Errico.




No estaban en crisis, sólo una desaceleración amistosa


En cualquier caso, y pese a que no se recuperarían después de este disco, Sly Stone ha dejado una lista de seguidores más larga que amigos a dejado el “Sheriff” Ginés en Coslada; Prince, Beastie Boys, o los raperos de Public Enemy lo pueden aclarar. Si tuviéramos que medir el talento de Sly Stone y a toda la familia que le acompaño en momentos de esplendor, solo podríamos compararlo con el tamaño de los flecos o las enormes patillas que gastaba Sly en sus conciertos.

Si alguien quiere conseguir los discos de este lunático genio está de enhorabuena, recientemente ha sido reeditada toda la discografía, especialmente el ya comentado “There´s A Riot…” o “Stand!”, ambos de buena calidad y a precios accesibles.


Que los niños no vean el video, en Woodstock iba la gente enseñando la pirindola

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jueves, 6 de marzo de 2008

Jazz y Funk en venta


Funk Inc. (1969-1976)


Todo acabó oficialmente en 1976 pero el funeral se celebró mucho antes, su último disco se publicaba en 1974 y dejaba un ligero suspiro de lo que hicieron tiempo atrás. Este último largo, aunque de duración escasa, estaba dedicado casi exclusivamente a las versiones con mucho toque soulero y muchas más voces que en sus primeros trabajos, a saber, “Gimme Some Lovin´” de Steve Winwood o “God Only Knows” de los Beach Boys como las más conocidas. En portada aparecen los miembros del grupo en un taller mecánico de los Estados Unidos más profundos, junto a un Rolls Royce y tomando algún Sandevid, seguramente mientras leas estas líneas ese primitivo tiendas aurgi se haya convertido en un Starbucks.

Pero si este último disco les dejaba una presentación más elegante, poco antes publicaron una trilogía de discos que van del homónimo Funk Inc al Superfunk donde eran mucho más descarados y animados, con la etiqueta del acid jazz en la solapa de cada elemento del grupo, una banda base de seis músicos donde ninguno se parece a los de abba, en la que saxofón, guitarras, bajo, batería o congas estaban engrasadas a la perfección con las numerosas colaboraciones, tanto vocales como instrumentales. Todo esta abundancia de músicos estaba capitaneada por el tal Bobby Watley, fundador y teclista del grupo que acabó por meter a todos los músicos en el Rolls Royce y dejándolos dispersos por diversas bandas de escaso éxito y haciendo cola en el INEM.

El primer disco de esta época titulado Funk Inc se encuentra recogido en una especie de recopilación con el Chicken Lickin´ en un mismo cd y de edición pobre en su formato, aunque, dejando a un lado la descarga, puede ser el mejor método de iniciación sexual con esta banda de cabezas afro. A este primer largo le seguirían el Hangin´ Out, también recogido en una edición de similares características a la comentada anteriormente, y finalmente el Superfunk, del que puedes escuchar una canción un poco más abajo y que cerraría filas a la mejor época de improvisación y frescura de los Funk Inc. Si alguien no es capaz de superponer la voz de Barry White en este tema, que nos escriba por favor.




Una vez muertos, la revitalización del Acid jazz en Inglaterra por los años noventa les permitió una ligera tregua de ventas y la opción de trincar algún royalty, así como ganarse un respeto que se había perdido, lo que hizo que Watley reuniera a la banda para una nueva grabación veintiún años después, tristemente dos de sus miembros originales habían fallecido y este disco titulado Urban Renewal fue un mero espejismo y ya no publicarían más trabajos.

Nunca fueron, ni nunca serán muy conocidos, pero alguna que otra aguja se estará divirtiendo deslizándose por el surco de sus discos y recordando que el placer es aun mayor cuando eres uno de los pocos que conocen donde está el tesoro.
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jueves, 28 de febrero de 2008

Con una pequeña ayuda de los amigos... ( I )


Javi 'Skunk' y el don de la ubicuidad


"Aprovecho estas mis primeras líneas en Garajeland para presentar esta sección que a falta de un nombre mejor se llama como se llama (nos doy mucho más de mí). Desde aquí también quiero agradecer a nuestro equino productor asociado (más información en esta película) su llamada a filas para que ponga aquí lo primero que me pasa por la cabeza (con esta facilidad para dar agradecimientos me deberían dar un Oscar o incluso dos)"



La norma no escrita de que hay que empezar las cosas desde los cimientos ha hecho mucho daño, así que vamos a empezar esta entrada dedicada a nuestros amigos favoritos con fuerza, con una opinión de esas de tertuliano de programa de radio, desde el tejado: sin temor a ser exagerados (aunque siempre hay tiempo para ser apocalípticos), afirmo con la mano en el pecho y la mirada al cielo que en estos momentos resulta difícil encontrar un grupo 'musicovocal' en Madrid en el que el baterista Javi 'Skunk' no esté tras los parches.

The Sweet VandalsDesconocemos el autor de esta foto, pero se rumorea que lleva zapatillas que brillan y gafas amarillas (Javi es el único que no lleva guitarra, bajo u órgano)



Naturalmente esto es imposible o podría entrar directamente en los 'cinco principales' de otra de las futuras secciones de este blog: 'mentiras como puños, verdades como pianos'. Sé perfectamente que a Javi le basta con ser, o haber sido, el baterista de Sweet Vandals, Celofunk, Vacazul, Paco Rivas trio, El Tío Calambres, Superskunk, Stormy y tener sus propios proyectos en solitario para darme la razón, pero yo dudo, dudo profunda y deliberademente, dudo de que cuando estoy viendo a un grupo cuyo baterista no es Javi sea en realidad un hábil ardid y que, en cuanto me dé la vuelta, Javi quite al tipo cual piloto automático de 'Aterriza como puedas' (ver más abajo) y de nuevo tome él las riendas. Por supuesto esto no puede pasar, primero porque es físicamente inviable y, segundo, porque las confabulaciones judeomasónicas que ello implicaría me vienen un poco grandes. Pero, yo dudo, no puedo evitarlo. El tío está en todas partes.


Aterriza como puedasJavi ejecutando el conocido número: 'quítate tú para ponerme yo'



No se sabe si Javi es en realidad el único baterista en Madrid (lo lógico es que el INEM hubiera tomado cartas en el asunto), pero sí podemos asegurar que es uno de los mejores, sino el mejor de los que pueden pisar el escenario en la actualidad (depositen aquí sus opiniones tipo: ¡se ha pasado! Echen al autor del texto de España o nunca le cedan el asiento en el autobús) . Si no me creen, lo mejor es comprobar como funciona la base rítmica de los Sweet Vandals o Celofunk, aunque en ambos grupos el bajista -el ínclito 'Santi Sweetfingers'- tiene también mucho que ver con el resultado final. Javi y Santi consiguen una suerte de alquimia rítimica cuyas notas y golpes de baqueta resucitan a los muertos. En los conciertos de los Sweet Vandals todo el mundo baila, los que nacieron con el don de mover las caderas y los pies y no descoyuntarse en el intento y los que piensan que la Yenca sigue siendo un misterio insondable de pasos y posiciones.


Javi no es sólo uno de los mejores bateristas españoles de su generación, sino que lo demuestra en cada actuación. Si nos gustara poner etiquetas (y nos encanta) diríamos que el señor 'Skunk' es el vívido ejemplo de que menos es más en el mundo de los parches, los timbales y los 'pumpumpam'. No utiliza docenas de timbales ni dobles pedales ni platos con mil efectos. Sólo crea ritmos de soul y funky, elegantes e infecciosos con un bombo, una caja, un charles, un plato y un timbal base (nota para los no introducidos en el mundo bateril: son todos los elementos que podrías llevar contigo si fueras un hombre orquesta). Su forma de enfocar la batería es discreta, donde cualquier otro buscaría la opulencia, el señor 'Skunk' encuentra la sencillez y los detalles imperceptibles pero que suman al conjunto; como ocurre en la primera canción del debut de los Sweet Vandals (The Sweet Vandals, Unique records, 2007), 'I've got you, man'. Un charles abierto aquí, un redoble perfecto allá, pinceladas de virtuosismo que son aplicadas al resto de los temas del disco con la dosis justa de intuición y preparación, ¿quieren ejemplos? Como los prejuicios, los tenemos a borbotones: la intro de 'Charlie's love', el sorprendente acento rockero de 'Papa 's Got a Brand New Bag', la clase que destila 'Beautiful' o el desfreno de 'Come on now'. En realidad, The Sweet Vandals tiene tal pléyade de músicos que todos merecían un espacio para ellos solos, pero hoy el protagonista de esto es Javier Gómez, Javi 'Skunk', uno de las personas que puede presumir de tener 'groove', palabra sobre la que el mundo bateril no se ha puesto de acuerdo, pero que viene a significar que el baterista en cuestión tiene 'algo', un don (y no precisamente de gentes, primer chiste malo de la jornada) para aporrear la batería con maestría. A esta conclusión se llega tras años de estudio antroplógico de los entendidos en el mundo de la percusión. Ejemplifiquemos mediante un psicodrama de andar por casa:


Escena 1: interior de un local, The Sweet Vandals tocando con Javi al mando de las operaciones bateriles:


Entendido 1: ¡Vaya Groove!


Entendido 2: (asintiendo y con los ojos entrecerrados) Sí.

Acongoja, ¿eh?

Y esto es todo amigos, si tienen la oportunidad por favor vean a Javi en cualquier de los proyectos que tiene actualmente, es decir muchos. No tengan miedo, que no saldrán decepcionados y si tiene tiempo dedíquenle unas palabras de afecto, porque además de un músico fantástico se puede hablar con él de muchos temas que van desde la recuperación de EE. UU. tras la Guerra de Secesión a si Monet y Manet eran la misma persona. Prueben incluso a pedirle dinero para la máquina de aparcamiento, que siempre lleva suelto encima. Más aún, si ustedes tienen una banda y desean cambiar a su batería por Javi sin que parezca un accidente recuerden las palabras del Equipo A: "Hoy, buscado todavía por el gobierno sobrevive como soldado de fortuna, si tienen usted algún problema quizás pueda contratarlo". Háganlo.

Aquí una muestra de como se comportan los Sweet Vandals en directo



Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verléin.


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lunes, 25 de febrero de 2008

No veas la película, escúchala


Curtis Mayfield - Superfly (1972)

La historia ya viene de largo, por el año 1958 curtis empezó a cocinar algunas de las mejores melodias Soul de los sesenta con los Impressions. Formados en Chicago, se les considera la piedra filosofal del R&B por aquellas tierras, el grupo se mantuvo en activo hasta 1983, pero la espantada de Mayfield en 1970 les dejó sacando discos bastante más flojeras.

Una vez el moreno de Illinois rompió con este grupo empezó su carrera en solitario componiendo el himno oficial del Funky "Move On Up", ya por esta época se empezó a destilar el Blaxpoitation, esas películas negroides con un montón de pistolas, pantalones como los de María Isabel o Yonkis y traficantes; como respuesta a las películas españolas que empezaron a hacer Esteso y Pajares. Pero si algo bueno dejó todo este movimiento cinematográfico fueron unas cuantas bandas sonoras de artistas tan potentes como Isaac Hayes y Melvin Van Peebles en el sello Stax o Curtis Mayfield allá por Chicago, esa clase de gente que preparaba canciones que dejarían al viento la otra teta de Janet Jackson y todas sus desnatadas seguidoras, con un montón de dosis de Funk y Soul.

Así pues, llegados a la grabación de Superfly te pegas el primer tortazo escuchando "Little Child (Running Wild)" y después te quedas con las ganas de aprender a tocar el bajo con "Pusherman", esa canción que deberían poner en las aulas españolas para que los niños aprendan a decir camello en inglés. Sigues con una de las piezas clave "Freddie´s Dead" y te siguen atacando orgias de metales y vientos acompañadas de la voz de Curtis, ningún tema defrauda. Llegados al final, el festín, "Superfly", un single de oro que llegó a ser número ocho en las listas americanas. Todo el disco queda condensado en treinta y cinco minutos, que te dejan con ganas de más. Como premio de consolación te puedes hacer con la edición doble, donde encuentras los spots publicitarios de la película (siempre con la voz de Curtis), versiones instrumentales o la jam session tan interesante que puedes escuchar un poco más abajo.


Ningún disco me produce tanta satisfacción poníendome unos buenos cascos y lanzándome a la calle en un paseo nocturno, andanzas que no aprobaría mi abuela preocupándose por mi integridad física.

Después de Superfly, Mayfield siguió sacando discos (aunque su cota más alta la alcanzó con este) hasta que una torre de iluminación fue apagando lentamente su vida. Es muy posible que existan religiones que te llevan al cielo, pero escuchar la voz de Curtis me hace pensar que va a ser un buen día.

En el siguiente video, puedes ver las maneras de las películas blaxpotainadas (gafirulas gigantes, pelo afro y casi nada de drogas). Aunque lo creas, al protagonista no lo vas a encontrar en el mercadillo de los martes en tu barrio.




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