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jueves, 11 de abril de 2013

Mejor hazlo en clave Mod: The Loved Ones



The Loved Ones - Better Do Right (1994)

No ha mucho tiempo en este vago espacio hubo una entrada dedicada a los californianos The Loved Ones, hablaba concretamente de su homónimo EP de debut. Lo cierto es que una sola entrada sobre ellos me supo a poco, como a croqueta congelada. Aclarados los puntos anteriores se abre un abanico de posibilidades para los que estáis leyendo estas líneas. Opción A: Si ya conocía este grupo y no le gustaron puede ahorrarse el seguir leyendo y evitar alguna que otra referencia a los Simpsons, muchas comas donde no deberían, y una sensación general de que la pestaña de al lado del navegador podría contener algo mucho más interesante. Sepa usted que tendrá nuestro odio eterno, no por abandonarnos (a esto ya hay costumbre), sino por tan escasa sensibilidad musical. Opción B: Que ya los conociera vagamente y quisiera seguir indagando sobre el grupo y lo que sería su última grabación, pues todo lo que hay en medio lo dejamos para que abra su propia línea de investigación (puede que incluso en algún momento se tope con algo de la trama gürtel). Opción C: Que llegue a este grupo por primera vez. En cuyo caso: Hola, aquí encontrará alguna referencia a los Simpsons pero también un posible grupo a añadir entre sus favoritos.

La crisis del ladrillo. Vivimos por encima de nuestras posibilidades.

Para poner el tema en situación, decir que The Loves Ones tuvieron una vida discográfica efímera. Desde su debut homónimo en formato EP, pasando por su disco Price For Love y el final de su trayectoria discográfica con Better Do Right tan sólo habían pasado un par de años, los que van de 1992 a 1994. Desconozco las razones por las que el grupo se disgregó en diversos proyectos, porque éste precisamente aunaba un buen número de cosas que me gustan, y mucho. A saber, Bart Davenport es un cantante de esos que entran en el selecto club de “canto cómo quiero y lo que me da la gana” ya sea aquí, en solitario o recientemente junto a Biscuit rindiendo tributo al Sound Affects de los Jam. Queda sumar su habilidad a la armónica y a la guitarra, eclipsado en este instrumento sólo por un excelso Xan McCurdy que es un líder de masas y dictador de alguna isla con volcán si existiera un apartado especial para las seis cuerdas. Completando el grupo el empaque de la sección rítmica de Michael Therieau (Bajo) y John Kent (Batería). Si a un grupo  (con todo el derecho que le otorga el significado de tal palabra) tengo que añadir que sus influencias me parecen correctísimas, a base de Soul, Blues de Chicago (más evidente en su primer disco), R&B de la British Invasion y todo ello en clave Mod, no me queda más remedio que admitir que son unos favoritísimos sin discusión.

Podría parecer la misma foto de antes, pero no. Xan McCurdy se ha desabrochado la chaqueta y hay una ventana rota. Lo de vivir por encima de las posibilidades sigue.

Better Do Right sigue el esquema casi de un concierto, con una ametralladora “Wishy Washy Woman” para comenzar, seguida de los elementos más Soul del grupo: “What Is Love?”, “Bad Dream” y las bluseras “Crazy Gonna Lover” y “Why? Let…Go”. Hacia el ecuador el disco coge temperatura con “You Better Do Right”. La maravillosa “Good Bye” les convierte en aventajados alumnos de la factoría de Atlantic Records. Y a partir de la instrumental “Xan´s Night Out” todo empieza a desbocarse, con R&B a raudales, el de “You Know”, “Everything” y un jugoso y final con las dos únicas versiones del disco, “Bow Wow” y el incendiario final de “Can´t Stop Me”. Así es como acaban los grandes discos. 

Me quedará siempre la duda de que en directo tienen una pinta de ser cualquier cosa menos flojos bastante curiosa (si alguien ha tenido el placer, por ejemplo en este curioso vídeo en El Templo del Gato madrileño, agradecería que me lo confirmara). Defenderé lo que haga falta mi idea de que hay pocas cosas que molen más que el R&B bien hecho. The Loved Ones eran jóvenes, no creo que ricos, llenos de azúcar y para alocarse al estilo Broadway decidieron que era mejor hacerlo bien. Vaya si lo consiguieron.

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lunes, 25 de febrero de 2013

Cariño, esto tiene una explicación ( I )

Joe Cocker - Mad Dogs & The Englishmen (1970)

Joe Cocker Mad Men & The Englishman

 

Búsquenlo, es un papel rosa desplegable que pone cosas sobre su habilidades de conducción, de validadez variable (como máximo diez años) y que lleva asociado el mayor hallazgo en cuanto a tecnología que España ha llevado a cabo: la grapa que sujeta su fotografía. Como ya sabrán los que no se hayan pasado a la versión s.XXI del documento, estoy hablando del Carné de Conducir, único documento español que necesita una funda diseñada ex profeso para poder llevarlo contigo y método infalible para ver la evolución de todo ser humano.

Por decirlo de algún modo: si estás mejor que en la foto del carné de conducir date un abrazo de padre con palmaditas incluidas, porque quiere decir que la cosa no está tan mal como parece. Esa misma foto también puede servir para hacernos reflexionar o para maldecir al señor Mendel, la cosa va por barrios. Si todo esto nos sirve para hacer un flashback (todos a hacer flashback) yo recomiendo dejarse de fotos y pasar a nuestra biografía musical como elemento vertebrador: los discos que más escuchamos, nuestra evolución en nuestros gustos, la cantidad de patitas que le quedan a las cajas de los CD. Esas pequeñas cosas que merecerían un sello de "loco" en la mano y abandonar nuestro trabajo de obrero para imitar a Michael Jackson.

Joe Cocker
El flashback de Joe Cocker incluye una señora con collar que sonríe y un jersey de angora. El pack básico.


Puede ser que esto que cuento les retrotraiga a cierta escena de la peli Alta Fidelidad (creo que en el libro no estaba) donde Rob comienza a hacer una lista de sus discos por orden "biográfico". Por decirlo de algún modo, esa lista sonaba bien, sonaba reconfortantemente bien. Sin embargo, tenía sus fallos, sus fragmentos de información incomprensible a pequeña escala, pero imprescindibles si queríamos conocer a la persona hasta lo más profundo de sus entrañas. Lo que busca esta sección son esas pequeñas rarezas en la biografía musical de cada uno que nos hace ser como somos. Un disco que puede ser una obra maestra, que puede que no te pegue de nada, pero que encaja contigo como la cicatriz en la barbilla de Harrison Ford.

Dicho lo cual y siguiendo una lógica de científico de novela de H.G. Wells, procedo a probar la pócima conmigo mismo en un proceso de tres pasos que cuenta con el beneplácito del doctor Nick Riviera:

Paso 1: pequeña biografía de mi menda.

En mi casa se eligió VHS porque no quedaba ningún reproductor beta en la tienda (luego presumimos de ser siempre de VHS, por supuesto), siempre he sido de Nesquik, a la pregunta de a quién pegarías si a otro o a mí siempre soy la primera respuesta, hace cinco años pensaba que mis discos cabrían en cualquier casa, hace diez ni sabía que los belgas hacían cerveza muy rica y hace 20 toda mi música era Top 40 y una cinta de casete de Emilio Aragón.


Joe Cocker
Años después Fernando Hierro utilizó este mismo gesto en su mítico: "Ya no sabes cómo jodernos".


Paso 2: una pequeña lista de algunas de las cosas que me descarbincunquintan musicalmente:

- Scarlett Johansson: en realidad musicalmente no, pero creo que entraría en cualquier lista de cosas que me gustan incluso aunque estuviéramos hablando de mis pegamentos instantáneos favoritos.

- Los grupos a punto de desastre: locos, bordeando la desafinación, de estructuras imposibles...

- Que se usen guitarras de 12 cuerdas, Hammond o otros sucedáneos del cerdo ibérico.

- Las armonías vocales, en este punto entran desde las celestiales o las venidas desde el mismísimo infierno.

- Los detalles instrumentales, un solo de guitarra en su sitio, una línea de bajo que se funde, un charles de batería abierto aquí o allá. Nada de virtuosismo exagerado. Solo clase en pequeñas dosis.

- Cierta urgencia en la manera de interpretar.

- Canciones de los Beatles.

- Que el artista o grupo se divierta tocando en directo


Paso 3: ¿Qué tiene el disco al que me enfrento hoy para que me guste tanto cuando en realidad no debería ser así?

Como digo, Mad Dogs & The Englishmen de Joe Cocker no debería haberse convertido en uno de mis discos favoritos. Empecemos porque no fue editado precisamente en mi década favorita; un período de tiempo que se acomoda bastante a la frase de Ian Fleming sobre los caballos: "peligrosos por ambos extremos e incómodos por el medio" (los primeros años y los últimos son de plena efervescencia para servidora, mientras que los centrales se me suelen atragantar bastante gracias al Rock Progresivo). Por otro lado no tengo una gran colección de discos en directo, me cuesta encontrarles el punto en la mayoría de las ocasiones y lo mismo podemos aplicar de los megaconciertos: ¿Son de los afortunados que pueden ver sin pausa el concierto de Bangladesh? ¿Incluida la parte de Ravi Shankar? Admiración, respeto, un proceso de clonación de su persona... todo aparece en mi mente al pensarlo.

Mad Dogs & The Englishman
Juro que un minuto antes de que Joe Cocker dijera "barra libre para todos" había solo dos personas en el escenario


Vale, de primeras todo juega en contra de este disco, ¿pero qué le hace merecedor de aparecer aquí?

Pues sencillamente que a veces la música te conoce mejor que tú mismo... Este directo es un ejemplo del paroxismo musical: un número de miembros que dejaría satisfecho a Phil Spector al tender a infinito, canciones que se suceden a un ritmo vertiginoso, improvisaciones varias... Una locura Además cuenta con armonías vocales y suficiente detalles instrumentales como para cumplir todas mis necesidades. Amén de contar con una nómina de protagonistas que va desde Bobby Keys, Jim Keltner, la sección rítmica de Derek & the Dominos...  y, por supuesto, incluye canciones de los Beatles y también de los Stones, Dylan, The Box Tops y auténticas joyas en directo como Space Captain o mi canción favorita de Leon Russell, Delta Lady, autentica bestia parda musical al que conocí con este disco. 

No tengo ni idea de cómo llegué hasta este álbum. Literalmente: no sé si me lo dejaron, me lo recomendaron o apareció un día en mi casa y entabló relaciones con la pelusa de debajo de la cama (a la que yo llamo cariñosamente Ramona). 

No saben lo bien que sienta tener claro que algún día podrás contarle esta historia a alguien junto con otras de igual intensidad biográfica como la sucinta razón por la que Asalto al Poder de Mario Conde es la piedra filosofal de la estantería familiar.



Porque todo en esta vida tiene una explicación, aunque a veces haya que darla con una señorita en el armario y con la verborrea de Antonio Ozores yo les propongo: ¿tienen algún disco que cabría en esta sección?


Vuestro amigo en el tiempo, Tomas Verlein
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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Lista obscena de favoritos 2012

Cada año por estas fechas, cuando todo el mundo publica listas con los mejores discos del año, un servidor aún se encuentra con lo indispensable de tres años antes, descifrando como mucho una novedad o dos de las que llegan con cuentagotas (y cuando digo novedad puede ser algo publicado hace meses) mientras además evalúo que en tal listado es increíble que cierto disco ocupe el lugar veinte cuando podría ser mi favorito dos años después de que se publicara. Un lío. Sin embrago, algo ha ocurrido este 2012 que no han parado de llegar frescas novedades, y que como es natural en este ciclo musical, seguirán apareciendo. Por ello, y por primera vez he sido capaz de confeccionar una lista de favoritos (no los mejores, eso se lo dejo a los críticos que de esto saben mucho más) que al menos a mí me resulta casi casi pornográfica. Por ello cada uno tiene asociado un mes, para que en 2013, y reutilizando vuestro calendario ligero “Un fresco 1976 con Marisol” puedan anotar cada uno de ellos si es que aún no se los han llevado a las orejas.

2012, o el año en el que descubrí que Tony Genil seguía vivo (y no es broma macabra).



(12) Miss Junio. The Attention! – Gettin’ All. No podría faltar en un listado hecho en este bloc un grupo de Garage y Rhythm & Blues que visten elegantemente trajeados y graban un vídeo con chicas sesenteras bailando mientras ellos reparten chulería mod por doquier. Los austriacos no son nada novatos en esto, pues su primer disco homónimo también era recomendable, pero es que este es todavía mejor.

 




(11) Miss Septiembre. Langhorne Slim & The Law - The Way We Move. Si algo me fascina es la gente inclasificable, y Langhorne Slim lo cumple pero muy de largo. Hace Folk, toca con banjo, tiene un grupo igual de fascinante, son rurales, lo hacen bien, tiene una voz peculiar, hay contrabajo, moreno de bote, se pueden poner profundos, etcétera, etcétera, etcétera. Ah, y lleva sombrero. Y una vez vio un zepelín. Denle una oportunidad, no dejará indiferente a nadie.

 


(10) Miss Enero. Nick Waterhouse – Time´s All Gone. Aunque ya en la crónica del Purple Weekend di mis impresiones personales sobre un Nick Waterhouse al que no acabo de encontrar afiliación amistosa, su disco tiene calidade incuestionable. Soul oscuro, R&B, y apoyado en que Waterhouse canta bien, toca la guitarra mejor y el grupo del que se acompaña son de todo menos mancos. Dejaré de lado lo bien o mal que me caiga, al fin y al cabo, cuando uno come buen solomillo no se preocupa de saber si la ternera era simpática y daba los buenos días (que me perdone el señor Waterhouse la comparación).

 


(9) Miss Noviembre - Beachwood Sparks – The Tarnished Gold. Uno de los múltiples regresos que van a aparecer en este listado. Sería el más largo si no fuera porque en esto los Redd Kross se llevan sin lugar a dudas el trofeo en forma de premio anual por su sobresaliente labor en el campo de la excelencia del retraso. No obstante, han pasado diez años del último disco de los Sparks y estas esperas suelen conllevar la decepción. No. A mí poco a poco, y cada vez creciendo, este disco me ha conquistado. Country y pop de una suavidad exquisita. Abandonan un poco el lado más psicodélico de anteriores trabajos en pos de la tranquilidad y la gran sensación de bienestar que deja escuchar este disco. Si Beachwood Sparks regresan, estamos de enhorabuena.

 


(8) Miss Diciembre - I Was A King – You Love It Here. En algún momento de mi existencia y las lagunas mentales sólidamente ligadas a ella, escuché algo de estos noruegos en un disco homónimo con una portada que parecía hecha con espirógrafo. ¿Se acuerdan del espirógrafo? Pues no ha vuelto en forma de chapa. A lo que iba, un disco que se basaba en ese estilo llamado Dream Pop, con un cierto parecido a My Bloody Valentine y grupos de similar ruido sonoro. Me debió de pasar inadvertido. Pero como todo grupo necesita un gran químico, parece que estos muchachos lo han encontrado: Norman Blake. Si además de Blake, añades que Robyn Hitchcock pasaba por allí, imaginen, les han llevado por terrenos más pop dejando un disco de los más apañado, con más parecidos a Teenage Fanclub (¿existe algún buen grupo que en algún momento no se hayan parecido a Teenage Fanclub?) o incluso me recuerdan un poco a alguna época de los Nada Surf. Con esa nómina de colaboraciones, cualquiera se marca canciones como Frozen Disease.

 


(7) Miss Abril - Redd Kross – Researching The Blues. Si alguien esperaba que después de quince años, el grupo más chicloso de cuantos han pisado terreno terrestre se hubiera pasado al Blues y las influencias del Delta se habrá llevado una gran decepción y una tremenda bofetada de decibelios. Quince años y no se han perdido en lo que mejor saben hacer, que es estar muy pirado y el powerpop pasado por una batidora en la que entran sin perder ni un ápice de pegajosidad el punk, el glam y el desenfreno. Sólo al final hay un par (¡un par!) de canciones que flaquean entre tanto nivel. Treinta minutos de disco, suficiente para que los Redd Kross te pasen por encima, y a cualquiera que se ponga por delante.

 


(6) Miss Agosto. Hi-Risers – Hang Around With You. Otro de los retornos de los favoritos entre favoritísimos, los tres de siempre: Greg Townson, que es achuchable de por sí, Todd Bradley, que con su vozarrón de señor del monte ha puesto una nota más de achuchabilidad en canciones como “I´m In Love With My Record Collection” y Jason Smay, el señor con las manos más rápidas al otro lado del atlántico. Siguen siendo adorables, sin discusión alguna. Actualmente el mejor grupo de influencias americanas que toda persona a la que apriete el nudo de la corbata debería arrimarse. Siguen dándole absolutamente a todo lo bueno (R&R, Surf, Garage, Pop, Beat, Country…) y a todo lo que se acercan lo siguen hacen bueno. Crisis, depresión y todo ese tipo de cuestiones no tienen cabida en el diccionario particular de los Hi-Risers. En las catorce canciones de Hang Around With You se halla la fórmula para empaquetar todos los problemas y mandarlos al cuerno.

 


(5) Miss Mayo. The Ripe – Into Your Ears.  Lo reconozco: los escuché en El Sótano de Diego RJ y me llamaron la atención, un grupo con Jake García (ex Ugly Beats), Gian Ortiz, Nick Yaklin y que había incorporado a Jorge Explosión al mismo, pero estaba a otras cosas mientras escuchaba el programa, quizás pasando la fregona o una de esas acciones comunes de hoy en día. Escuché el disco y una vez más debía estar a otras cosas. Segunda prueba, le voy cogiendo el hilo. Meses después sigo enganchado a ellos y me declaro incondicional del sonido de suave psicodelia y pop que ha hecho de este Into Your Ears uno de mis discos favoritos del año.

 


(4) Miss Febrero. Ángel Kaplan – Pictures From The Past. Si alguien ha escuchado el disco y no se ha percatado de esa fina raya encima de la letra “a” que ha perdido la verticalidad por una ligera inclinación a la derecha pensará: “Ya está. Estos yanquis lo tienen muy fácil, vivirá tranquilamente en la costa Oeste con todas las influencias del soleado pop de allí a mano. Con acceso fácil a discos de Big Star y los sonidos de Memphis. Seguro que se levanta por la mañana y tiene un estudio de grabación junto a la puerta de su casa”. Error. Ángel Kaplan es de Asturias, y ha grabado para el sello extremeño Sunny Day uno de los discos favoritos de este año. Desconozco si ya existe versión en cedese, pero la tirada limitada y numerada de 500 copias a 45 rpm, con un diseño tan cuidado como espectacular es indispensable si se cruza en tu camino (cosa que a día de hoy puede no ser tan fácil).

 


(3) Miss Julio. Allah Las – Allah Las. La primera experiencia con los Allah Las fue una descarga legal (que sí, confiemos de primeras que así es) que recopilaba sus primeros singles y demos. Cuando me puse a escucharlo sólo me funcionaban dos canciones, bien por mí. Una de ellas “Catarman” dejaba entrever que el proyecto de estos jóvenes californianos tenía buena pinta: Sonido de la costa Oeste y pop con dosis justa de psicodelia. A la llegada del álbum completo todas las previsiones se colmaron: canciones sensacionales y un sonido sesentero que engancha desde el principio y ya no te suelta. O mucho me equivoco, o por alguna de esas desconocidas razones que hacen que un grupo de una propuesta tan especial triunfe, a estos chicos los veremos dentro de poco loados por las más amplias masas inimaginables de modernos.

 

(2) Miss Octubre - The Mastersons – Byrds Fly South. Con este disco llegó todo rápido: Escuchar el disco en el walkman moderno, ver en el teléfono moderno que tocaban al día siguiente, según iba en el transporte público que hace años era moderno pararse a comprar las entradas para un concierto acústico para sólo noventa personas, y una barra de pan. Y en esos dos días transcurridos: Fan. El matrimonio real formado por Chris Masterson y Eleanor Whitmore, durante cierto tiempo tocando en la banda de Steve Earle, ha aprovechado su primer disco en solitario para suplir el hueco que van dejando los Jayhawks más brillantes. Podría parecer exagerado, pero no lo es. Country suave, perfecta simbiosis entre tradición y buen pop, melodías incomparables, las voces (la de Chris muy parecida a la de Gary Louris) y sonido exquisito. Quizás menos “Blue” que los de Minnesota, pero ya se sabe que los pájaros que vuelan hacia el sur lo que buscan es un aire más cálido.

 


(1) Miss Marzo - Gentleman Jesse – Leaving Atlanta. Número uno por muy diversas razones, pues esto de las listas es harto complicado. Porque el disco, muy evidentemente, es una obra magna de rock and roll y powerpop que mejora el ya de por sí agradable plato que suponía el debut de Jesse Smith y del que dimos buena cuenta aquí. Parece que a la hora de confeccionar listas se olvidan cosas que asimilas tan rápidamente que parece que han estado ahí toda la vida, cuando en realidad no es así, concretamente Leaving Atlanta se publicó en Marzo y ya parece un clásico entre mis discos favoritos. No podía ser de otra manera con canciones como “I´m A Mess”, “I´m A Lonely” o “What Did I Do”. Otra de las razones, es que como buen español, y ante la duda, la gente que me cae bien tiene ciertos privilegios, y como me dijo Tomás Verléin tras escuchar la entrevista que le hicieron en El Sótano, éste es de los que ves al instante merece un cargo público de confianza. ¿Qué el concierto que dio en el Purple Weekend también tenga algo que ver? Por supuesto. Por esta y muchas cosas, Leaving Atlanta ha dado tantas alegrías en lo que va de año, y los que vienen.

 
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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Nuestros señores independientes favoritos: Ken Stringfellow




Ken Stringfellow - Soft Commands (2004)

Uno de nuestros indies favoritos, un término que me recuerda a otros personajes que circulan por la música mucho menos agradables que este flaco de lacio peluquín, es Ken Stringfellow. Un señor que pese a bañarnos en un concierto (para salvaguardar el horario de comida no diré de qué fluido de los que salían de su boca se trataba) es un individuo a tener en consideración en cada uno de sus trabajos  (y son muchos) en los que participa. A Ken Stringfellow tal vez le recuerden de un matrimonio ficticio con Selma Bouvier y de otros proyectos musicales como Lagwagon y White Flag (o música para montar en patinete), en Chariot, en los más recientes Disciplines, y en una de las debilidades de esta casa como son la Orange Humble Band. Y no acaba ahí la cosa...



Ken Stringfellow en una foto promocional de navidad para el Twister 


Seguramente ya sabrán que ha sido colaborador de Neil Young, de los Long Winters, de Mudhoney, de Snow Patrol, de Death Cab For Cutie, de Cecilia Ann, de los últimos años de R.E.M., en donde coincidió con el amigo de todo el mundo, Scott McCaughey, que le reclutó para muchos de los discos grabados bajo el nombre de Minus 5, entre los que destacan el muy recomendable Down With Wilco, grabado precisamente con Tweedy y el resto de canallas del grupo de Chicago. De lo que ya necesita de poca explicación es de su participación en la reunificación de Big Star que hizo Alex Chilton a principios de los noventa, y de The Posies. Este último su principal grupo desde que se le conoce en los territorios musicales, ejerciendo de colíder junto al regordete Jon Auer durante (y ya van) veintitantos años. No vamos a desgranar la discografía completa de The Posies porque ya es bien conocida, y en caso de no ser así ya puede usted empezar a correr a su tienda de cedeses o fuente de información más cercana y hacerse con sus discos, empezando por Frosting On The Beater y continuando por, por ejemplo, Dear 23 o Amazing Disgrace.



Revisando la chuleta del sombrero de "haga usted el nudo Windsor en sólo cuatro pasos"


Entre tanto trabajo, le ha dado tiempo a participar como guitarrista, bajista, teclista, productor o arreglista, pero si tuviera que destacar una faceta suya sería sin lugar a dudas su voz. Una garganta privilegiada que ha ido depurando a lo largo de los años alcanzando registros que harían temblar de emoción hasta el más machote de los presentes. Sin necesidad de gritar, como parece que es la moda actual entre los supuestos buenos cantantes, Stringfellow se explaya a gusto vocalmente en sus tres (cuatro con el que publicó hace escasamente un mes, Danzig In The Moonlight y del que todavía no he tenido el placer de llevarme a las orejas) discos en solitario.


A destacar entre ellos, Soft Commands, que no valoraré si es mejor o peor que el resto, pero el que a mi entender desatendido representa mejor al Ken cantante. Disco intimista, creado y grabado por las diversas partes del globo por las que se mueve tan inquieto personaje, ya sea por su Seattle natal, su domicilio actual en París o en Estocolmo. Con unos cuidados arreglos y momentos tan dulces como “Any Love”, “Let Me Do”, “You Became The Down”, “Known Diamond”, y hasta una especie de nana, “Je Vous En Prie”, con palabras en francés (suponemos bajo ardua investigación, que dedicadas a su parisina mujer). Tras pasar por los más variopintos instrumentos, Stringfellow se despide con una versión de “Down To The Wire” de Neil Young en su época buffalera. Es cuanto menos curioso, que la voz de un tipo tan huesudo, pueda envolverte tan cálidamente como una manta de lana tricotada por una abuela, pero así es.

Servidor: Bitshare. Contraseña: peluquin


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jueves, 21 de julio de 2011

Cortinilla de Estrellas (III) - Uno de los nuestros, Shopenhauer y la influencia musical de Scorsese

Nota no aclaratoria: debido a nuestras ausencias prolongadas del bloc hemos decido entregarles una versión extraverano de una de nuestras entradas. Lo recomendamos como sustituto del cuaderno de sopas de letras con señorita sonriente en la portada que se suelen llevar a la playa.

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“Que yo recuerde, desde que tengo uso de razón, siempre quise ser un gánster”.

Henry Hill siempre quiso ser un gánster, como era vecino de Little Italy en los 50 y su de madre era siciliana tenía gran parte del camino hecho. Martin Scorsese es un director de cine americano, que ahora lleva gafas y tiene pinta de señor enjuto, pero que en los 70 revolucionó el cine con otros compañeros, sin gafas, pero con barba (todos con barba). Arthur Schopenhauer fue un filósofo alemán de peculiar carácter que en otras cosas tiró a una costurera por las escaleras porque hacía ruidos a la hora de la siesta. Esta es la entrada que relaciona la excelente banda sonora con todos estos hechos. Todo por la hipérbole y el desbarajuste. La norma no escrita de este bloc.


Joe Pesci algo molesto ante la frase "tómate el Cola-Cao, que es lo mismo que el Nesquik"


Empecemos por el principio: ¿Por qué querría ser Henry un gánster? Total, los gánster solo tenían poder, dinero, alcohol, cigarillos, vestían horteramente, pero a la última y se quedaban con las mujeres. Razones de peso para que Henry abandonara la escuela (y su futuro como ciudadano de bien) para empezar a trabajar para Paulie, el capo de su zona, un hombre que se mueve despacio, pero que corta las cebollas de la salsa de espaghetti con cuchilla de afeitar. Formara equipo con Jimmy (Robert De Niro) y Tommy (Joe Pesci). Jimmy es un atracador fino y calculador, tan peligroso como amable y todos sabemos que nunca hay que fiarse de la gente amable. Tommy es una espoleta que sostiene un matojo de cartuchos de dinamita sobre un fuego creado a partir de queroseno y mala leche. Pero en formato mini.


En poco más de dos horas asistimos al ascenso, frenesí y posterior caída de Henry en la familia. Por el medio, la inestimable colaboración de Karen (la mujer de Henry, que también se mueve como pez en el agua en el ambiente familiar y trato amigable que dispensan en la Cosa Nostra) varios asesinatos, unos cuantos robos, algunas de las mejores secuencias jamás rodadas en el cine y una selección de canciones que no sólo funcionan como fondo musical, sino como una suerte de calendario cinematográfico que dejan mi burro con cola en un simple adorno molón y tardoclasista.


Y parecerá mentira, pero esta película existe por la facilidad de Martin Scorsese para parecerse al niño que siempre enferma de los Simpson. Sus días en la cama mirando por la ventana le otorgaron una visión cinematográfica de la calle de Queens que terminó por fundamentar su obsesión por el cine y varias oportunidades de tirar un globo de agua al vecino al que tenía manía. 


Su primer acercamiento al mundo del hampa de Nueva York ya fue muy personal: Malas Calles; con Uno de los Nuestros volvió a tratar el mismo tema, por el simple hecho de que la novela que fundamentó el guión hablaba de la mafia como si de una verdadera familia se tratara. El concepto de familia es tan importante para Scorsese que su madre  tiene un papelito en la pantalla y su padre fue encargado de vestuario (según Martin nadie planchaba los cuellos de las camisas como él) en la película.


Coger la salida que pone "Al Perdigón" o seguir por Tordesillas. El dilema del hombre moderno


La familia es un elemento importante, pero Uno de los Nuestros es mucho más: encierra una visión cínica sobre el sueño Americano, una fuente de referencias inagotable para un capítulo de los Simpsons tan bueno como "Bart, El Asesino", así como un concepto filosófico (cuidado se acerca el momento donde nos empezamos a irnos por las ramas y ustedes deberían huir) relacionado con Schopenhauer, que además de ser el pitufo gruñón de las reuniones de señores que piensan cosas, refrendó sin saberlo la aventuras de Henry con su visión de las cosas. Para Schopen, el mundo tal y como lo conocemos (integrado como personas, árboles, perros con sombrero y berbiquís) es una mera representación. La verdadera naturaleza se encuentra debajo de ella y es la voluntad, que él definía como como una fuerza ciega e incesante de hacer lo que nos da la real gana, de satisfacer nuestros impulsos. Esta voluntad se puede saciar, pero el efecto se pasa al rato y volvemos a querer bebernos una Duff detrás de otra. Ese acto de voluntad nunca satisfecha es definida por Schopen como el sufrimiento perpetuo. Henry defiende su vida gansteril precisamente porque le permite colmar todos sus caprichos y necesidades. ¿Le apoyaría Schopenhauer? Voto a tal que sí.




Los temas y tal...



Desde Garajeland proponemos al tío Paulie como el nuevo cocinero de la tele. Puro incluido



Rag To Richies - Tony Bennet
Henry: “Si Polly se movía despacio era porque no se tenía que mover por nadie”.

No deja de tener gracia que una película empiece con una canción como ésta, que nos pone en en situación a tantos niveles que no me llegan los dedos de la mano para contarlos. Primero: el que canta es un vecino, uno de los nuestros: Tony Bennet, nacido en el mismo barrio de Queens que Scorsese y uno de los ídolos dorados de la canción popular hasta que el Rock dejó algo olvidados a gente como él.


Rag to Richies fue número uno en los EE.UU. y se trata de una expresión bastante conocida en los países de hablas extranjeras (básicamente los anglófonos y mi pueblo, donde habitan gentes de peculiar acento) y viene a definir la situación de alguien que pasa de la pobreza a la riqueza. Cenicienta sería un buen ejemplo de esta expresión y pronto yo mismo, si mi boleto del euromillones y mi pacto de sangre con aquella bruja de los Dothraki llega a buen fin.


Scorsese juega con la propia trama de la película abriendo con esta canción, que explica muy a las claras qué vamos a ver a continuación: sus personajes, sus historias y cómo se relacionan. Todo está en Rag To Richies que comienza, para cerrar la paradoja, justo cuando Henry cierra un maletero que incluye una sorpresa en su interior. Una que nos recuerda la más amplia tradición de la mafia, su gran especialidad.


61&49 y servidora intentamos el mismo numerito en un bar de la capital. No es por nada, pero qué bien me sientan las transparencias



The He Kissed Me - The Crystals

Karen: “Henry, a qué te dedicas”
Henry: “A la construcción”

Estamos en 1963, Phil Spector empieza a dominar las listas de éxito americanos previamente a que los melenudos devolvieran a su manera una cosa que pasó con el té hace muchos años. Henry por su parte ya es un tío hecho y derecho y su posición en la familia es ya notable.


Si esto fuera el programa de Garci les hablaría de encuadres; cámaras;  John Ford... y fumaría, fumaría muchísimo. En Garajeland les aseguramos que si esta escena, que rompe con la canción de las Crystals, nos les hace meterse directamente en la película (recordemos la simplicidad de la puesta en escena: una cámara sigue a Henry y Karen por un laberinto de puertas, pasillos y gentes de un bar) les damos la parte proporcional de las propinas que se reparten en la secuencia. Creo que la última vez que el señor numérico y yo fuimos tan generosos fue por un use y disfrute desmesurado de la crema de orujo de un bar.


Scorsese se mete en el bolsillo a todo el mundo con una demostración casi palabras del poder que un chico listo podía tener en Nueva York en los sesenta. Una influencia que no es sugerida en poco menos de 3 minutos y con el primer número de uno del muro de sonido de Spector. Se podrá decir muchas cosas de Scorsese, pero no que no tenga clase.


Como Poochie él también se fue a otro planeta




Baby I Love You - Aretha Franklin
Tommy: “Eh, araña, cuando vengas para acá traeme un Cutty Shark con agua”.

Henry comienza a querer más de lo que puede tener: amantes, drogas, Tommy también y se sale de madre de manera continua. Lo que empieza con una sencilla visita guiada por la casa que Henry pone a su querida (sí, señores, en determinados momentos utilizo vocabulario propio de Lina Morgan) termina con dos partidas de poker. Una que casi da en el blanco y otra que termina por atravesarlo varias veces.


Para ilustrar el hiato de la historia, el amigo Martin juega en las ligas mayores tirando de Aretha y una de sus canciones más Pop (y no por ello menos genial). ¿Qué tiene Baby I love you? Un ritmo saltarín, unos coros femeninos en su sitio y la mejor voz de la dama del Soul que nos podemos encontrar, la de los sesenta. Si buscan la canción, ojo con la coma detrás de Baby, que las Ronnetes también tienen una canción de parecido nombre.


Por si se lo preguntan: no están buscando el chiquitazo que acompaña a toda bolsa de patatas




Gimme Shelter - The Rolling Stones
Henry: "¿Qué os dije?"
Jimmy: "Está bien..."
Tommy: "¿Qué coño bien? Está fenomenal"

Cuando le preguntaron a Mick Jagger por la canción que no tocarían nunca en Shine a Light (el documental que rodó Scorsese sobre estos hombres de la época de antaño) respondió sin dudar que Gimme Shelter y terminó por confesar que no lo hacían porque Martin había casi conseguido colarla en toda su filmografía y que igual alguna canción más les quedaba en el repertorio.


Nadie quita razón al bueno de Mick, pero es que también hay que reconocer que pocas canciones tiene la fuerza que la composición del Let it Bleed destila. Casi 4 minutos de pura fuerza, con unas guitarras amenazantes de Keith Richards en primerísimo plano y una Mary Clayton a la segunda voz que, además de comerse a Mick Jagger con patatas, debería ser la persona que nos anunciara que el fin del mundo está cerca. La canción habla sobre la guerra, la violencia, violaciones... todas esas pequeñas cosas que hacen nuestra vida mejor y cuya presencia en la película coincide con el desmoronamiento de Henry. Un momento de corta duración, exactamente lo mismo que Gimme Shelter suena en pantalla, 30 segundos.


Más o menos esta sería mi cara si alguno de los presentes me dice: "no he visto Uno de los Nuestros".



Sunshine Of Your Love - Cream
Henry: "Por primera vez me di cuenta de que Jimmy estaba hecho un manojo de nervios".

Que Robert De Niro sabe actuar caben pocas dudas en este blog. También es bien sabido qe hace unos años ha sido sustituido por un gemelo malo llamado Hugh que se dedica a empañar años de intachable trayectoria como actor. Pero en Uno de los Nuestros es el bueno, el que puede dar miedo y al mismo tiempo puede caerte bien en la misma escena.


Socorsese le conoce mejor que nadie y por eso le reserva este plano, que vale millones, y que comienza justo donde el riff principal de la canción de Cream irrumpe. Jimmy ya sabe lo que va a hacer, nosotros también y el pobre Morry no mucho. Y lo mejor es que no ha dicho ni una palabra, tan solo da caladas a un cigarrillo mientras Clapton y Bruce nos cuentan cómo va la cosa del amor. Ya saben, no confíen en la gente que fuma ni tampoco en el amor y si no recuerden a Sara Montiel, que desarrolló un principio de tabaquismo esperando al hombre que ella quería.
El cameo del doctor Hibbert, haciendo de (nadie lo esperaba)  médico


What it’s life? - George Harrison 
Henry: “Te lo dije, me ha estado siguiendo toda la mañana”

Para la escena más trepidante y loca de la película; esa que prometiste no ver a tu médico de cabecera, Scorsese mezcla hasta cinco canciones, que están entrando y saliendo de escena manteniedo el ritmo de la acción. En esos momentos suenan el Monkey Man de los Rolling Stones, el Mannish Boy de Muddy Waters o la canción que hemos seleccionado. La música y el montaje (obra como siempre de Telma Schoonmaker) derrochan adrenalina y si no consigue acelerarte el pulso es que probablemente estés muerto o requetemuerto. What it’s Life es una elección ideal para la escena (aunque está pensada como contrapunto) por alegre, por desenfadada; por ser representativa de dos hitos musicales de los 60 (el muro de sonido y los Beatles) y por cerrar el círculo que representa la película: es la última canción que suena antes de los créditos. Dime, ¿qué es la vida?


Contraseña: peluquin


Uno de los Nuestros es una peli sobre la mafia, pero también sobre América, la amistad, la traición y los lábiles hilos que vertebran estos temas. Una lección de realidad moral en la que el antihéroe recibe el peor castigo posible a sus años de crimenes: una vida anónima alejado de los lujos y privilegios de su vida delictiva. Una vida que no hubiera aprobado nuestro querido Schopenhauer al que bien le podrían haber dado un papel en la película si sus patillas alemanas hubieran sido aceptadas por Scorsese. Nosotros, como seguidores del rito de poner más patillas a todo, estamos con él.

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domingo, 21 de noviembre de 2010

Nada más que Soul

The Black Keys

The Black Keys - Brothers (2010)

Sopladores de vidrio. Más concretamente sopladores de vidrio españoles que fabrican probetas y tubos de ensayo para la investigación de las más variopintas enfermedades. Lo aclaro: sin estos artilugios, probablemente hoy no habría cura para la viruela o el estafilococo común (por mucho que le duela al Sr. Burns) o el baile de San Vito. Ésta y no otra fue la noticia más destacada del telediario matinal de Antena 3. Cuando la vi deduje su importancia porque en la escaleta estaba situada entre el bloque de deportes y la noticia sacada de Guinness de cada día. La noticia era gorda y, claro, me puse a darle vueltas. Esperen lo peor.


Lo primero que me vino a la cabeza es obvio: cómo se llega a ser el mejor soplador de vidrio del mundo. Ante la perspectiva de que contesten que soplando mucho nos quedaremos con la convención de que con una mezcla de trabajo y talento en el orden que más les guste aderezado con cebolla caramelizada, por supuesto. La segunda pregunta y la relevante aquí es (también pueden preguntarse si voy a llegar a algún lado y con razón): ¿Si son los mejores en algo podrían hacer otra cosa igual de bien? Es decir, podríamos poner a nuestros sopladores a hacer macramé y punto de cruz y que triunfaran de nuevo. No lo vean tan difícil, sólo habría que aplicar la misma fórmula de trabajo en altas dosis y confiar en que el talento nos siga. Algunos ya consiguieron esto, por ejemplo Michael Jordan, que pasó de ser considerado un atleta que destrozaba aros mediante mates a desarrollar una capacidad casi mística para ganar partidos tirando desde lejos. Salía en menos posters, pero en el camino ganó 6 títulos de la NBA. Otros, como servidora, nunca podrían convertirse en adalid de la puntualidad mientras siga dudando de la verdadera catadura moral de loa cinco minutos que me concedo a mí mismo bajo la premisa de "bah, me da tiempo". Nuestros protagonistas de hoy se parecen más a Jordan que a uno mismo (afortunadamente para ellos) y no porque sean negros y jueguen estupendamente al baloncesto, sino porque... ya se habrán dado cuenta de las comparaciones no son lo mío.


The Black KeysEl conjunto de lavadora y secadora es un accesorio que no puede faltar en todo dúo de Blues moderno




Por centrar la cuestión, hablo de los Black Keys, dúo sin par de Akron (Ohio) formado por Patrick Carney, un tipo desgarbado, con gafas y que aporrea la batería con sutil brutalidad y Dan Auerbach; el típico guitarrista de sobresaliente talento, barbudo, ceñudo y dotado de una voz que igual rezuma arena como parece el enlace perdido entre Otis Redding y Son House.


Por establecer una correcta analogía, the Black Keys serían al Blues lo que dar golpes con un pico es al refinamiento en cuanto a sistemas de excavación petrolífera. Hacen Blues, con una guitarra y una batería y sin ambages, si los White Stripes se nutren de la principal raíz de la música norteamericana (con permiso de Lurleen Lumpkin y el Country), los chicos de Akron lo alimentan tomando la esencia y reconvirtiéndola en una suerte de guitarras distorsionadas y baterías de la cantera de Pedro Picapiedra. Su carrera y sus discos son un ejemplo de coherencia, que han ido sufriendo un refinamiento que ha ido a la par de su crecimiento como músicos, pero contraviniendo la frase de Carlito en Atrapado por su Pasado, no han perdido fuerza, sino que la han reconvertido adecuadamente.


Brothers es una explosión de Soul, una inyección de estilo que solo te puede dar un traje con chaleco incorporado en una peli de Nolan. El problema surge cuando vuelves a mirar el nombre de la portada del disco y caes en la cuenta de que los responsables del Blues mas sucio y complejamente simple han perpetrado este gran disco que destila clase y funciona tanto como LP de Stax que como álbum de éxito actual. ¿Pero que les ha pasado a estos dos? Lo primero decir que Dan y Patrick ya apuntaban maneras desde su disco anterior en el que abrieron el abanico de instrumentos, hasta entonces en una amplia lista de dos: guitarra y batería, y contaron con un productor totalmente ajeno a su sonido: Danger Mouse. El resultado fue muy interesante y un estupendo preludio a Brothers, que es la mejor evolución de todo aquello. Recapitulando: hay guitarras distorsionadas, baterías propias de los monos de 2001 y voces desgarradas, pero también gusto por la melodía, órganos y teclados, lineas de bajo que bailan agarrados con el Funk y toneladas de un concepto difícil de explicar: este disco exhuma groove de manera palpable, como si las canciones fueran fruto de una elaborada puesta en escena, pensadas hasta la nausea, pero con un toque de improvisación y jugueteo. Algo así como un striptease bien hecho: sabes lo que va a ocurrir, pero es el modo de hacerlo y los pequeños detalles los que marcan la diferencia.


The Black Keys
Patrick consultando las estadísticas de la ACB y comprobando que no fue buena idea prescindir de Brad Oleson para el Supermanager



Un poco de todo eso tiene todo el disco. Empezando por Everlasting Light, con un falsete que maneja la melodía y un base rítmica que pone en movimiento las falanges, las falanginas y las falangetas de tus pies. Antes hablábamos de base rítmica, aquí hay de todo. Un ritmo de granito, un toque allí y allá de pandereta y los consabidos coros que ejercen de caja de ritmos improvisada. La muestra de que tenemos algo importante entre manos surge con Next Girl, amenazante combinación de carisma vocal e intrincada melodía que lleva a niveles espeluznantes en el estribillo.



Si hablamos antes de puesta en escena, nada mejor que fijarse en Tighten Up, ejemplo de planificación para crear un single de éxito: una linea de bajo, un silbido al uso, una respiración antes de cantar y los mejores 3:21 minutos que has escuchado últimamente. Puro Soul, pero tamizado como tema Pop y con guitarras que juraría que tienen vida propia. Algo que también le ocurre a Howlin for You, banda sonora improvisada de una peli de vampiros de la Hammer; es decir, una autentica película de vampiros, con Peter Cushing como Van Helsing, chicas con vestidos vaporosos que se caen a la mínima y mordiscos, si, porque los vampiros muerden, aunque la saga Crepúsculo los haya dejado con imagen de gusiluces apocados y con pinta de Pep Guardiola. Pero sigamos a lo nuestro: ahora suena She's Long Gone, lamento blues interpretado a la manera de los Black Keys: con una guitarra al borde del colapso entre efectos de teclados y una voz que presagia tormenta. La pausa instrumental la pone Black Mud, que podría pasar perfectamente como música de una película de Tarantino sobre el Black Explotation, aunque casi todas las de este hombre al final van de esto.


Llevamos menos de la mitad del álbum y lo mejor aún nos espera. The Only One es la piedra filosofal del nuevo/viejo sonido de esta banda: los teclados, la guitarra acompañándolos, el bajo dando un tono sombrío y el falsete de Dan. El conjunto funciona tanto como música de carretera como pieza bailable. Atentos al estribillo: nunca había hecho "air pandereta" hasta ahora. Patrick a la batería tiene su cota de protagonismo en Ten Cent Pistol, un ritmo que sostiene a la voz de Dan a la manera que Mick Fleetwood hacía caminar a Fleetwood Mac en los tiempos en los que Blues era su pauta a seguir. La razón de la frase de "menos es más" es alargada en esta canción y en varios alegatos en defensa del tamaño de las cosas en el mundo masculino. Justo después de varios acordes de guitarra que deja la canción en suspense, irrumpe Dan con una interjección propia de cómic y una descarga de adrenalina controlada. Un chute de buena música en toda regla. Es Sinister Kid y cada vez que la oigo alimenta más mis ganas de ver a este grupo en directo. Si no existiera este estribillo (construido con la voz de la cantante de Hip Hop, Nicole Wray) habría que inventarlo y asegurarse de que todo el mundo lo conozca. The Go Getter y I'm Not The One ofrecen dos facetas de la voz de Dan, pero en ambas es capaz de mostrar la capacidad expresiva de un señor que canta con barba. Claro que no es lo mismo que lo haga Rubalcaba (por poner) que el bueno de Dan. En ambas canciones y sin haber oído la versión de Don Alfredo preferimos la interpretación de Dan; sectarios que somos.



The Black KeysLa versión de este pack de los Chesterfield Kings incluye algunos accesorios extras y un tanto más coloristas


Por si se lo peguntaban, la cosa acaba tan bien como había empezado, con Unknown Brother respetando toda la tradición de los discos que se han grabado en Muscle Shoals (no lo había dicho, la mayoría de estas canciones se grabaron allí), la versión de Never Gonna Give You Up de Jerry Butler, canción que habrán oído mil veces y de la que nadie recuerda su autor. Esta buen señor, fue el primer líder de los Impressions, escribió a medias I've Loving You con Otis, amén de otros estándares del Soul. Su contribución, como ocurre muchas veces, ha sido tan importante en la música como grande es su anonimato. Los Black Keys se entregan con pasión a la versión, homenajeando al maestro (encima de buenos músicos, lo mismo hasta son buena gente. La hecatombe). El álbum se cierra con These Days, melancólica y autoconclusiva como la "O" con canuto, zigzaguea durante los minutos que suena como queriendo dejar el río en calma después haber pasado por allí este Brothers.


Y eso es todo. El que suscribe estas líneas todavía no se han encontrado en este año con un disco mejor, que además me ha supuesto una sorpresa: uno tiene sus invariables y entre ellas estaban que los Black Keys hacían Blues garajero y sucio. Pero los buenos discos provocan milagros, como que yo cambie de opinión o que alguien sea capaz de encontrar un nexo entre una noticia en Antena 3 y este disco. Los Black Keys han conseguido hacer dos cosas realmente bien y eso significa que merecen ser conservados en formol, junto con Aaron Sorkin, la palabra austrohúngaro y los sopladores de vidrio españoles.





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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

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viernes, 1 de octubre de 2010

Una crónica de Turborock sin recurrir a la palabra turbo para explicarlo

Imprescindible festival el que se proponía para este mes de Septiembre, casi surgido de la nada y con un cartel que despertaba sueños húmedos entre los integrantes de este bloc. Su propuesta era juntar a un buen puñado de grupos de la escena clásica del rock y el garaje, en un recinto donde los músicos no los ves como alejadas cagarrutas entre un mar de peluquines que se sitúan entre tu persona y los treinta metros de distancia al escenario; con la ventaja de que no sufres incómodos cacheos de la mochila por si el bocadillo de atún con pimiento decides arrojarlo con fuerza al guitarrista de cualquier grupo, confundido en la distancia con, por ejemplo, David Bustamante; donde los precios por un vaso de plástico de cerveza no son ligeramente inferiores al producto interior bruto de la isla de la Gomera; y que su localización sea en un pequeño pueblo de los valles pasiegos, en donde los vecinos más cercanos alucinaban desde sus ventanas intentando adivinar (luces apagadas del salón) qué hacían esa panda de hippies con patillas en un viejo mercado del que salía un ruido infernal. Sólo faltó la aparición de Sharon Stone en sus años mozos para que el sueño se hubiera consumado, por lo demás, el festival pasó con nota su primera entrega (por supuesto, opinión que sólo hemos contrastado con la propia y con la que estamos en mutuo acuerdo).


Instantánea tomada al grito de "frena, frena conductor conductor con". Nota: Es posible que los Fruitis no estuvieran en ese momento pasando por allí


Llegada el Viernes por la tarde, es entrar en Cantabria y en lo que más pensábamos ni siquiera era en que grupos iríamos a ver, no, son los efluvios de un viaje al Norte lo que nubla nuestra mente en el oscuro y verdadero motivo de este viaje: comer hasta llegar al concierto de los SOOL y que la gente se haga fotos con nosotros pensando que somos el amigo Ebbot Lundberg. Los primeros en pasar por nuestros oídos el grupo australiano The Meanies, con un cantante que no paró de tirarse al suelo berreando cual Iggy Pop, nos dejó la sensación de que al día siguiente viajaría a Valencia con un ligero dolor en el morroplastio izquierdo y hematomas de grado tres en cuello, zona lumbar, tronco en general y peritoneo en particular. Aunque francamente entregados al público, nuestra sensibilidad pop no se sintió del todo cómoda con los aussies.


Verdadera protagonista del segundo día de conciertos. Hay quién pensó que eran los Redd Kross y quien dijo que de ahí salían cien platos de almóndigas (nos disculpen nuestros amigos vegetarianos)


El siguiente ya era plato fuerte: Los Coronas. Una vez más, soberbios. Cada día tocan mejor y ya es decir, eficaces en las deficiencias de sonido terminaron por llevarse el primer gran aplauso de la jornada. Hubo poca charla de Fernando Pardo debido a las limitaciones de tiempo, una pena, porque este hombre suele ser bastante dicharachero y saleroso.

Le siguieron el grupo hermano Sex Museum, rockeros de grado cuatro, con Miguel Pardo deleitando al personal con unos pasos de baile bastante singulares. En mi opinión varios pasos por detrás de Los Coronas en cuanto a concepto de concierto, aunque nada se puede achacar a las buenas maneras a los instrumentos de estos clásicos malasañeros. Entre medias nos perdimos a los Muffs, nos pudo el sentir del estómago y sólo llegamos a ver la última canción de un concierto al parecer tan corto como el número de féminas presentes sobre las tablas durante el fin de semana.

El penúltimo concierto de la noche fueron los esperados Hoodoo Gurus, banda que perdió el pelo en la cabeza en pos de la fabricación de pelucas para los seguidores de Mago de Oz. Como buen grupo australiano estuvieron correctos a los instrumentos, con una gran selección de temas, donde sonaron todos sus clásicos, siempre de agradecer para los que como un servidor no ha catado sus entregas más recientes. Lástima que no llegaran a meter en calor a los miembros de garajeland, seguramente aletargados por cada salida al exterior del mercado, con típica meteorología cántabra a comprar unas monedas canjeables en bebida o en el tren de la bruja, nunca estuvo del todo claro para que servían.

Última parada del día, los Redd Kross, razón principal por la que peregrinaríamos a Sarón con un chándal de felpa y unas zapatillas Paredes de color mostaza recicladas de la incineradora de Valdemingómez. En nuestra opinión (nunca del todo fiable de dos devotos de la banda californiana) lo mejor del festival. Se comieron todo lo anterior desde las primeras canciones, estos punkarras camuflados en hacedores de canciones pop que se pegan como el chicle no dejaron lugar a dudas: los Redd Kross nunca fallan. Denunciable fue el tiempo del concierto, no sabemos si culpa del señor que estuvo todo el fin de semana controlando el cotarro desde una silla de jardín, pero faltaron una treintena de canciones más para que nos hubieran dejado mejor cuerpo.


Los Wildebeests, no bajo lo que podría parecer un crucifijo, no, es la clásica viga acolchada que todo buen arquitecto propone para una reforma parcial en casa



El sábado empezó con la pérdida (una vez más) de ver a Muck And The Mires, motivado por la ingente cantidad de comida que nos pegamos (prueben al menos una vez en su vida las fabes con hongos y de postre un digestivo de orujo) fue necesario el repose de la misma si queríamos mantenernos en pie más de diez minutos de concierto. A la llegada nos topamos con la agradable sorpresa de los Wildebeests, tocando “Comanche” en un claro y no reconocido homenaje al desaparecido Enano Buceador. Gran sonido el desplegado, y unas canciones garajeras y rockanroleras muy del gusto de los responsables de estas líneas. No esperábamos menos de un grupo que cuenta en sus filas con ex miembros de los Kaisers o los Milkshakes. En busca y captura de sus vinilos andamos ante tan gratas sensaciones.

El siguiente turno fue para el combo de Soul de JC Brooks, de los cuales aparcamos junto a ellos a la llegada al recinto y pudimos comprobar de cerca que el traje que llevaba se lo habían prestado del fondo de armario de Amar en Tiempos Revueltos. Impresionante y sobrado sobre el escenario, con un solo disco a sus espaldas se llevaron una de las ovaciones del respetable patilludo y patilluda allí congregado. Menudo tío.

Sacrificados por una merienda-cena quedaron los Right Ons, con tiempo marcado para no perdernos a los Young Fresh Fellows, unos tipos tan queridos por nosotros que hasta se les perdona que no estuvieran en uno de sus mejores días, perros viejos ellos se dieron cuenta y para la segunda mitad del concierto volvieron a hacernos sonreír como sólo ellos lo saben hacer. No faltaron los saltos de ese niño grande llamado Kurt Block, los redobles de Tad Hutchison mientras se cruza de piernas y todas esas pequeñas locuras que les hacen únicos.



Nótese que la gente de la banda izquierda se muestra animada, todo lo contrario que los de la banda en donde jugaba Chendo, que saben lo que se les viene encima


Con nuestros sentidos empezando a notar el aletargamiento entraron a escena los Vikingos de los Soundtrack Of Our Lives, un valor seguro en cualquier concierto, boxeadores curtidos en mil batallas suelen dejar noqueados al personal con ese muro instrumental infranqueable y la presencia del gigantón sueco Ebbot, que protagonizó el momento delicado de la noche arrojando sus cinco mil onzas de peso hacia el público, motivo por el cual a nuestro amigo Johnny Lebrel le han diagnosticado una médula espinal en forma de alambre de espino. No sé si estuvieron mejor o peor que en otras ocasiones, pero servidor se lo pasó pipa.

Para el final quedaron los medio grungeros Mudhoney, demasiado para nuestro ya curtido pabellón auditivo, no le dimos muchas opciones de que nos convencieran sus innumerables chillidos y la parquedad en palabras de Mark Arm, al que faltó un “Buenas Noches” para dejar por los suelos la educación de la casa Windsor.

Experiencia gratamente positiva, sólo falta para el año que viene un par de paseos por el escenario de Sharon Stone, cuyo pero es (que nos perdone en este apartado el colega Charlie Don´t Surf) que el sonido es francamente mejorable, pero todo se arregla con una moqueta de la buena en las paredes, una mano de pintura y unos ingenieros de sonido que no se empeñen en que acabemos como el bueno de Hans Topo en este vídeo. El año que viene ya estamos pensando en volver, aunque toque la clásica orquesta de canciones populares a la flauta dulce en clave de Sol, cargar el coche de quesos de Liérganes, unos sobaos de kilo que podrían sustituir en un momento dado a los azulejos de la cocina y esa agradable sonrisa que te deja un fin de semana a base de tan recomendables variedades gastronómico-culturales. Si un día de estos se encuentran por la calle a alguien con una pulsera verde recubierta de azulado moho y cierto aire a cara de anchoa, no duden en saludar, somos alguno de los miembros de garajeland.

Se os deja con un vídeo de los Wildebeests grabados en los estudios Circo Perrotti junto al mismísimo pirado de Jorge Explosion.



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