sábado, 28 de noviembre de 2009

Verdades como puños, mentiras como pianos ( IX )

1. ¿Grabó Jimi Hendrix la guitarra de una canción del cantante que inspiró el estilo de Mick Jagger?

Nuestro veredicto: Nuestro veredicto es que la pregunta más complicada que hemos realizado nunca, porque esconde tantas preguntas inconclusas, tantos dimes y diretes que necesitaríamos un blog propio para llevarlo a cabo, por no hablar de otro blog que deberíamos crear para explicar cómo se nos ha ocurrido y un tercero que debería versar sobre nuestro estado mental: a todas luces a la altura de la loca de los gatos que vive en Springfield.

Visto la dificultad del asunto, una vez más hemos encargado la tarea al departamento de investigación del Señor Bajito y el de la guía de teléfonos, con el fichaje de última hora del cuñado del primero, del que no quisimos saber nada más tras comentarnos que su mayor virtud es que si se pone una bombilla entre los dientes ésta se ilumina. (nota mental: si de ésta 61 & 49 y el que subscribe no salimos de esta esposados y con una tira negra en los ojos ya puesta nos podrán pasar un cupón por la chepa que igual toca).

Dos días después hemos recibido un completo informe de una página con membrete de la revista Don Miki y varias manchas de café con sólo una frase escrita: " Jimi Hendrix nació, creció y se desarrolló. Además era guitarrista, probablemente zurdo". Supongo que lo de este equipo de investigación será alguna maldición gitana por algo que hicimos en otra vida.

Don CovayDon enseña a Jerry Wexler (mandamás de Atlantic ) que si tienes las dedos como morcillas lo del Mi menor es un mero simbolismo. El estilismo es de Rupert en el caso de Don, Jerry sólo lo lleva las puntas saneadas.



En fin, la historia de la música es a veces perezosa con los datos de grabaciones y de encuentros entre grandes estrellas. Más aún si tenemos en cuenta que en los 60 no se pensaba que años después estas cosas figurarían en un bloc como éste y que en Madrid el diseño de las luces de Navidad se encargaría a Agatha Ruiz de la Prada, como un par de guindas. Retomando el hilo, Jimi Hendrix era, por 1964, un guitarrista primerizo que formaba parte del 'Chitlin' Circuit', una asociación de bares de EE.UU. que permitían a los artistas afromericanos tocar o actuar. Por aquel entonces, Don Covay ya tenía una carrera sólida como cantante y compositor de extraordinaria voz que formaba parte de los grupos que giraban con Little Richard. El azar, la providencia o una serie de señas para béisbol empleadas por el Sr.Burns fueron los responsables de unir en el camino a estos dos grandes. La cuestión es: sí, parece confirmado que Jimi y Don se conocieron e intercambiaron cromos de la liga de fútbol española (las malas lenguas indican que a Jimi intentaban colarle un cromo de Roberto Ríos por dos de Tendillo, pero a uno de Seattle no se le ibas a colar), pero tampoco se sabe si se metieron en el estudio para hacer algo. También es verdad que siendo los dos músicos y con un estudio cercano no se iban a poner a jugar a la bola de fuego (el juego más aburrido/divertido de la historia, si no tenemos en cuenta a toda la serie de Falomir, claro).

Si la historia es cierta, Jimi fue el guitarrista solista en 'Mercy Mercy' y en 'Can't stay away', mientras estaba de gira con Sam Cooke. En La sesión (que se registró a primeros de octubre de 1964) también se pasaron otros músicos del montón: hablo de King George a la segunda voz (aunque es más conocido como guitarrista) y Bernard Purdie a la batería. No intenten buscar un mejor equipo para grabar un disco: probablemente no lo habría (excepto si pueden encontrar a un grupo de veteranos del Vietnam que en 1972 fueron acusados de un delito que no cometieron y ahora, perseguidos por su propio gobierno, sobreviven como soldados de fortuna). Las dos canciones formaron parte de un 7" que pasaría a la historia por ser unas de las primeras veces que se registraba grabada la guitarra de la bestia parda zurda, ¿les suena a Jimi? Juzguen ustedes. Sólo les comentamos para dejarles con más dudas que en la lista de entrada al estudio figura un tal James Hendricks y que Steve Cropper siempre dice que Jimi estuvo allí...


Don CovayDon y Wilson Pickett, si ustedes necesitan tirar un tabique en sus casas, llamen a estos dos señores: en dos canciones trabajo hecho sin sacar el martillo pilón.


Por otra parte, Don Covay ha sido recordado más como compositor (por ejemplo con el 'Chain of Fools' que Aretha hizo famoso) que como cantante, pero su impronta, vozarrón y estilo no pasaron desapercibido para un tirillas de morroplastio destacable que era un as en la gimnasia del la ciudad de Dartford (Inglaterra) y que tenía una colección de discos venidos del otro lado del atlántico que dejaba impávido a otro chavalote con voz angelical (por aquel entonces) llamado Keith Richards. Si encuentran semejanzas (e incluso un parecido casi de fotocopia) entre Mick y Don son ustedes unos malpensados, unos destructores, unos desahogados ("si me quereis....irseee" que diría la gran Lola Flores). Evidentemente no se puede decir que la voz y estilo de cantar de Mick fueran originales, pero él tampoco lo ocultó y siempre quiso homenajear a su 'maestro'; ya fuera grabando una versionaza del 'Mercy Mercy' para el Out of our Heads o ayudándole en la rehabilitación de la enfermedad que padece desde 1990.

Aquí la original:




Aquí la versión:




Porcentaje de certeza: Le concedemos una certeza tipo: "te lo prometo por Anacleto". Es decir, no hay ninguna prueba sólida salvo la memoria de unos músicos y nuestro gesto de "por éstas que es verdad". Además, esto no es un chat y ustedes saben que yo no soy rubia, ni tengo los pechos turgentes y que sólo llevo el picardías puesto por prescripción médica.

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein


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jueves, 26 de noviembre de 2009

Fábula musical e inverosímil

Heroína de protección oficial


Bajo una espesa neblina oceánica, P. Hernando “El Pocero” giraba la cabeza en clotoides y veía un cochambroso barco atestado de, en su opinión, cochambrosos irlandeses cubiertos de pulgas y con zapatillas de Los Guerrilleros. No muy lejos veía la ciudad de su destino, había una señora de cuarenta y cinco metros de altura y doscientas toneladas de peso que con mirada perdida le deseaba suerte. P. Hernando captó el mensaje (no sin esfuerzo) y puso mirada de pensar, pero al ponerse a ello se dio cuenta de que necesitaba comer algo. Cogió un taxi, cuyo conductor tenía un franco parecido a los de su país: se sentaba sobre una funda de bolas y su tez era tan morena como su amigo “el Grifa” cuando regresa en Agosto del Alberche, más negro que el sobaco de un grillo.

Consiguió localizar un restaurante típico de la zona: una marisquería; y sentado (no sin dificultad) en su interior miraba el menú sin ver nada que le convenciera, hasta que un señor muy amable con pinta de invertido le dijo: “¿Es usted Sputnik?”. “Pues sí” respondió P. Hernando, y continuó “Es que esta comida parece del ACNUR comparada con la que doy yo cuando inauguro una metrópolis, no vea usted que medias noches y gambas peladas que sirve mi señora”. El misterioso amigo le observó y atisbó algo de pop-art en sus ojos, así que decidió presentarse: “Me llamo Andy W. si lo desea puede venir a mi taller de manualidades, en donde estaré encantado de servirle un chorizo amorcillado en condiciones”.

P. Hernando se animó ante la fluida conversación que mantenía con Andy W. y mostró sus impresiones de la ciudad: “Me gusta, pero hay solares para hacer un millón más de viviendas de buenas calidades, sin bombonas de garambutano y con moqueta de la buena”. Una vez en el interior del centro de manualidades P. Hernando presenció un ambiente lúgubre pero con retratos de colores repetidos por toda la estancia. Andy W. buscó un tema de conversación ante la evidente incomodidad de P. Hernando: “Esto está lleno de chatis”. “Sí, sí, ya veo, aunque aquí donde me tiene, y con mis dos metros de ancho traseril, no vea usted de las que me rodeo yo en un barco que me he comprado. Me las presentó Berlusc...”. Un nuevo personaje paralizó el discurso de P. Hernando, se llamaba Lou R. y su aspecto daba un miedo que acojonaba. “¿A qué se dedica usted joven?” preguntó P. Hernando con voz temblorosa. “Normalmente escribo canciones en una banda. El grupo es malo, las portadas también, en cambio yo soy un genio sin inspiración”. “Lo que usted parece es uno de esos que se pinchan con la heroína, un drogaíno, vamos. Debería dejar los productos químicos y hacer como yo cuando necesito inspiración: me tomo tres gelocatiles, pimientos del padrón de los que pican, un yogur de los que anuncia José Coronado y ya no sé adonde voy. Te aseguro que las cosas son muy distintas, te crees el hijo de Jesucristo y que ya no sabes nada”.
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domingo, 15 de noviembre de 2009

Como viajar a los setenta sin un Delorean de por medio

Josh Rouse
Josh Rouse - 1972 (2003)

En ocasiones, contadas normalmente, tu vida se parece a una película de cine. Si esto fuera el país de la gominola pues normalmente todo sería tan insoportablemente bienhallado como en 'Qué bello es vivir', pero la mayoría de las veces todo me suena irremediablemente a 'Un día de Furia' mezclado con 'Amanece, que no es poco' y con ligeros toques de 'Zampo y yo'. No me pregunten por qué, me río yo de la mente torturada de Bruce Wayne. Sin embargo, durante un tiempo mi vida parecía discurrir por la misma senda que la de Truman Burbank en el 'Show de Truman'. No lo digo porque sepa poner caras mejor que Jim Carrey y Bart juntos, sino porque durante un tiempo todo el mundo parecía saber algo que yo desconocía: todo el mundo parecía haber escuchado el disco que hoy dejamos en la rebotica y, lo que es peor, yo tardé una eternidad en darme cuenta de mi error y el Óscar se lo dieron a Shakespeare in Love. Encima.

Yendo un poco más al grano, les diré que habló del fundamental disco conceptual al cubo (y luego explicaré por qué) de Josh Rouse, un chavalote sano de Nebraska que al que podría calificarse como culo inquieto. Como les decía, un día una persona te habla de este disco, otro día ves un cartel de un concierto de Josh y al tercero empiezas a ver fantasmas por todas partes y a pensar que el mundo entero se ríe de tu apellido (como si navaelpijo fuera gracioso) y que el conductor del autobús tiene un extraño y oportuno acento del Soria americano, que diría Andres Montes. Tal campaña de acoso y derribo hizo que diera una oportunidad a 1972. Naturalmente, como soy un tío duro, traté de resistirme . Fueron los cinco minutos más largos de mi vida. Pasé del 'no está mal' al 'es tan bueno que es casi delirante' con un progreso que asombraría (de nuevo) al Dr. Hibbert.


Josh RouseJosh Rouse al fotógrafo: "y dices que posando así me aseguro las ventas entras los garajeros de pro... ¿Seguro que no parezco un flojeras?"


Decía antes que era un disco conceptual por triplicado. Y ahora es cuando lo justifico: no sólo se llama 1972 porque Josh Rouse se obsesionara para que sonara como lo hacían sus discos favoritos de esa época, sino que también era el año de su nacimiento y el de fabricación de la guitarra con la que están escritos los temas (Fender Telecaster). Bonito, ¿no? Además, Josh obligó a los músicos a vestir pantalones de campana para marcar copín y copete, llamar con teléfonos de góndola y proferir expresiones como "eres de plomo derretido". Por cierto, que aparte de un atrezzo de categoría (y una portada retro a la altura de lo que se esperaba) se rodeó de una nómina de músicos de sesión que no desmerecían a los que moraban por Muscle Shoals o las oficinas de Atlantic. Al mando de todo esto puso a Brad Jones, reputado músico y autor de producciones cristalinas donde los instrumentos se ponen al servicio de la canción y de las intenciones del músico. Toma geroma pastillas de goma, ven ya me contagié del espíritu del setenta y dos.


Y Lo más abracadabrante del asunto es que salió bien, de hecho (y personalmente) diré que salió más que bien. Normalmente cuando se hacen tantos planes y se diseña todo al milímetro se va al garate con facilidad. En este caso no sólo no es así, sino que es difícil concentrar de una manera más acertada de reperesentar la variedad de estilos de la época. Para muestra, la espléndida '1972', que da título al disco y nos deja perfectamente ubicados tanto por su sonoridad (vibráfonos sobre una suave melodía que va creciendo sobre la línea de bajo) como por su letra: "She was Feelin' 1972, groovin' to a Carole King tune'. ¿Hay algo más pop y típico de los setenta que el Tapestry de Carole King? Seguramente no. Josh Rouse ya ha dado muestras de entender de qué va el pop a las primeras de cambio, pero ahora se juega el salto mortal sin diñarla en la contagiosa 'Love Vibration', un híbrido entre el funk y el pop cuyo ritmo bebe directamente de los Funk Brothers y culmina con un estribillo tan coreable que parece escrito para tal fin. Una locura de canción, sencilla y sublime al mismo tiempo que incluso se permite el lujo de colocar un saxo final señalando directamente a Steely Dan. Como no sé qué más decir de esta maravilla lo culmino con: ¡qué viva el Wurtlizer!


Lo mejor es que sólo acabamos de empezar y que ya no nos duele que Josh Rouse sea un cantautor, porque el tío que tiene soul. Como se demuestra en 'Sunshine', vibrante amalgama de estilos, con tantos matices que cuesta catalogarla en alguno de ellos. Más fácil es decir que 'James' es el ejemplo perfecto de que los blancos sí la saben meter (mítica película donde Woody Harrelson borda el papel de tonto y Wesley Snipes utilizaba el vestuario que le sobraba a Will Smith en el Príncipe del Bel Air). Josh Rouse es una admirador de Curtis Mayfield y a él le rinde tributo con la exhibición de falsete contenida en esta canción. Si sumamos al conjunto flautas típicas del 'Black Explotation', un solo de guitarra que podría interpretar Walter Becker y un final dedicado a la figura de Marvin Gaye diríamos que Josh sabe lo que se hace.


Este disco es un milagro, porque consigue desmontar todos mis falsos mitos sobre cierta música de los 70 que siempre afirmo no soportar. ¿Ejemplo? 'Comeback (light Therapy)', suerte de funk mezclado con un estribillo y parte central más propia de la ELO. ¿Reconoceré que me gusta? No puede negarlo. ¿Reconoceré después que tengo un disco de la ELO en mi colección? Lo haré a regañadientes. Quizás no lo piensen, pero lo que ha conseguido Josh Rouse con esta canción y conmigo no lo hacen ni un ejército de terapeutas, ha eliminado mis prejuicios y por el camino me ha hecho recordar cuanto me gusta el bajo en las canciones (lástima no tenga el mismo amor por los bajistas, que como el alcohol, son la causa y solución de todos los problemas).


Josh RouseJosh y su cara después de recibir la visita de un inspector de billeteras


La última parte del disco es más tranquila, pero teniendo en cuenta de donde venimos, la mayoría (incluso los garajeros más recalcitrantes como un servidor) ya estamos con la banderita blanca, así que sucumbimos a la elegancia de 'Flight Attendant' donde la atmósfera que se crea con la combinación de piano y batería nos pondría en contacto con el momento donde James Taylor peinaba flequillo para luego desmontarnos con un final tan inesperado como tremendo. Para finalizar queda 'Rise', con un porcentaje justo de épica que se adapta como un guante a la voz de Josh, que termina de despegar cuando las notas son más agudas. Pop de manual, interpretado con gusto exquisito y con poca capacidad para decir que no me gusta. Has ganado una batalla decanito...


Josh Rouse dejó esta maravilla en 2003, se fue a casa; abrió una botella de Weltenburger, dio tres saltos mortales hacia atrás (el último con rebote hacia delante), se volvió a sentar mientras juntaba sus dedos y decía 'excelente'. Eso es al menos lo que haría yo después tras realizarn disco tan bueno de un proyecto que lo que tenía todo para acabar en la estantería de la serie media al lado del de chotis y polka de James Brown (un proyecto que se le fue de las manos lamentablemente).


Josh RouseJosh Rouse: "Vale, ya tengo una silla de madera y doy palmas, ¿pero cómo eran eso de las soleás?"


Realmente Josh siguió su vida nómada que incluso le llevó a pasar por España y conocer a su actual novia, hacer un par de discos con inspiración en la horchata y las rosquilletas, otro en plan dúo, batir el récord de quitar la tapa del mando a distancia de la tele y volverla a poner (se lo arrebató a un amigo mío) y tocar más en España que en EEUU.


En 1972 Paquito Fernández Ochoa ganaba la medalla de oro, el Watergate empezaba, se funda Atari y José María Carrascal ganaba el Planeta (ni me pregunten el criterio obtenido para obterner estos datos), ahora también sabemos que es el nombre de un disco tan brillante, que se disfruta por su música y porque nos recuerda un año mágico, en el que podían coincidir cosas como I'm Still Loving You de Al Green o el 1#Record de Big Star, el Exile de los Stones, Harvest de Neil Young, Transformer de Lou Reed, Ziggy Stardust de Bowie, Can't Buy a Thrill de Steely Dan o el Superfly de Curtis, por citar algunos. Por cierto, que también fue el año de nacimiento de Conchita Martínez. ¡Maldita sea que gran año!




P.D.: mi abogado, Lionel Hutz me indica que debo decir que puede que algunas de las actividades en España de Josh Rouse descritas por mí no se ajusten a la realidad, habrá premio para el que las adivine...

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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein


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viernes, 13 de noviembre de 2009

Contacto con tacto (XI): Mark And The Spies

Sala La Pequeña Betty (hamburguesas en el piso de arriba), Madrid, 1 de Octubre de 2009

Los que nos siguen visualmente en garajeland, sabrán que en nuestra línea editorial (Tomás: ¿Tenemos línea editorial?) nos quejamos mucho, escribimos poco, y si lo hacemos sobre un concierto tiene que pasar el tiempo necesario para que se nos olviden todas las canciones y este pase a ser de la época de antaño a casi legendario. Más o menos el uno de Octubre nos acercamos a ver al que es (en mi opinión, faltaría más) el grupo que ha grabado mi disco favorito del año, Mark And The Spies. Era principios de Octubre y hacía veinte grados (como ahora), también se hablaba de las corrupciones políticas (como ahora), el Alcorcón optaba al ascenso y al título de copa (como ahora también) y yo seguía pensando que Marcial no murió (pero ya me lo han explicado). No obstante, estos tres truhanes holandeses brindaron una gran noche a base de lo que mayormente les da de comer: el pop.


Fotografía expuesta con el único propósito legal de nuestra asistencia a dicho concierto sin chandal y sin calcetines de rombos (que eso no se ve).


Bien es cierto que todo lo que venga de Holanda nos tiene conquistados por el mero hecho de sus galletas con relleno de caramelo (todo el mundo debería probarlas), aunque no se sabe si tanto como para llegar al concierto con puntualidad exquisita, aunque mis compañeros habituales de conciertos ya saben que me gusta ser el primero que deja el abrigo en el ropero (la música es lo de menos), por ello hubo que esperar unos tres cuartos de hora, en donde gracias a la generosidad de la sala, una tele emitía sin sonido “Cuéntame”; pero no se preocupen, no perdimos hilo del capítulo, con Toni y los rojos, Antonio es estafado por un señor que lleva un traje más caro que el suyo, Carlitos y las chavalas, etc. Tras la esperada aparición del grupo por el escenario, el guitarrista se fue a hacer pis, la cerveza estaba caliente y hubo que esperar, pero a partir de ahí casi todo fue bueno, lo explico:


Arjan Spies, Mark Wesseloo, Gerrit Scholten y Jelle Verhoeks después de montar el sofá Räkorperuk de Ikea y comprobar que aún les falta el resto del mobiliario.

Mark And The Spies se distinguen en sus dos estupendos discos por hacer un pop de canciones nada desechables, que con un poquito del garaje que tanto nos pone, y un poquito de Merseybeat a la holandesa les convierte en hacedores de unas melodías redondas y facturadas con todo lo bueno de los sonidos sesenteros. Así podríamos decir que transcurrió el concierto, tocando “Wait Forever”, una coreada joya como “But I Do”, “It Don´t Matter To You” o “Hers To Keep”, con esas maneras de buenos chicos que han ido a un buen colegio y bajaban la basura sin quejarse por los cuatro cubos de reciclado. Lo que pocos esperaban (o los que no les habíamos visto en directo) es que esa apariencia la dejan un poco de lado y empiezan a soltar bastante más energía en las canciones que la que tienen en sus discos, fueron cayendo “Another Chance”, el inmediato hit “Won´t Work On Me” y “Ain´t Got No Time” (con esos perfectos coros que se gastan y que ya querrían los niños de San Ildefonso) completando durante toda la noche buena parte de sus dos álbumes. Para terminar el fin de fiesta presentaron single, nos sacaron lo mejor de nuestra voz (muy parecida a la de Barney tras ingerir el zumo de zanahoria y peyote) con “You Got It” y una alargada e impactante versión de “Ace Of Spades” con guitarras al viento que dejaron una idea en el público presente: “I Want More”. Por poner una pega a la noche, una sala un poco más pintona les habría hecho lucir algo más (que no me entiendan mal lo de La Pequña Betty, se valora mucho su apuesta por grupos, de gran calidad por cierto, en directo).

Para acabar, un video patrocinado por los chalecos de Metro de Madrid, Algasiv, y con un presentador al que fregaría uno de los vasos de su mesa o le dejaría sin media perilla si veo que coge así uno de mis discos, aún no lo tengo claro.

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jueves, 5 de noviembre de 2009

NRBQ At el salón de tu casa



NRBQ - At Yankee Stadium (1978)

Se rumorea por las calles de cerca de un mercado que en Nueva York hay dos equipos de béisbol; uno son los Mets, paradigma del perdedor, nunca ganan al equipo vecino y tienen un pobre historial de copas donde sólo se incluye el Ramón de Carranza como el más importante. El vecino son los Yankees, un equipo que gana aproximadamente todos los años la liga, todos los partidos sin excepción a los Mets, tiene una brillante historia y a los jugadores, entrenadores, directivos, aficionados y utilleros más legendarios que se conocen en ese inexplicable deporte (no hago la comparación futbolística local, porque no es ni el día, ni el año, ni la localidad correcta para hacerlo). Su estadio es el Yankee Stadium, una catedral del poderío del equipo y de sus éxitos; pues bien, algún cable se les cruzaron a nuestros amigos de NRBQ cuando decidieron que su sexto disco se llamaría “At Yankee Stadium” (por supuesto, no está grabado allí) siendo el grupo que ha estado más a destiempo en la historia de la música, y que han sido timados, estafados y apartados del éxito comercial por parte de discográficas y gente con traje durante toda su carrera. En definitiva, ¿tiene algo bueno este disco?, yo creo que sí: que probablemente sea la colección de grandes canciones mejor oculta del mundo del rock and roll (ya estamos con las exageraciones).

Espectacular documento gráfico de NRBQ viendo como pierden los Yankees contra el Alcorcón.

Enerbikjiu, enerrebecú para los península-hablantes, se forman gracias a que Terry Adams se desplaza de su original Kentucky en busca de discretas camisas y nuevas experiencias a uno de los estados musicales más anodinos de la unión: Florida. Y no lo digo por nada, pero es que por allí es donde se ha ido a vivir Julio Iglesias, y eso como poco conlleva que se vende tanto moreno de bote como anuncios a favor del cáncer de piel. Allí se encuentra con un grupo en el que milita Joe Spampinato (un hincha de los Yankees) y sufren una de esas transfusiones mentales que les hace compartir gustos musicales, culinarios y los billetes de diez viajes del autobús. En sus primeros años, en formación de Quintet, se mudan a Brooklyn en donde tocan por diversos clubes de la zona versioneando a los clásicos del rock and roll que tanto les han influido. A finales de los sesenta firman sus dos primeros discos con Columbia, que pasan de ellos al ver que no consiguen ni un sólo éxito de ventas pese a grabar con su idolatrado Carl Perkins el LP “Boppin’ The Blues”. No les iría mucho mejor el trato con su segunda discográfica: Kama Sutra, donde grabaron dos de sus mejores discos (Scraps y Workshop), pero les rescinden contrato y les impiden grabar durante tres años ante los pobres beneficios económicos que aportan a las arcas. El atisbo de luz parece llegar con el LP “All Hope Up” y un potencial éxito de ventas, “Ridin´ In My Car”, como nos cuenta Pepo, una joya del pop que no pasó de triunfar en cuatro tugurios de Connecticut y el camión de un señor llamado Red Barcklay.

El sexto álbum sería este Yankee Stadium, en el que se completa la formación clásica del New Rhythm and Blues Quartet con el guitarrista Al Anderson (con ellos desde Scraps) y con el baterista Tom Ardolino, un fan del grupo asiduo en sus conciertos y colega de Terry Adams mediante correspondencia, que fue llamado a los parches por éste al comprobar que el batería original no se había presentado al concierto. Tom dejó al público abajo y se subió a tocar con sus ídolos (alguno no notó su presencia hasta bien entrado el concierto), y tras más de veinte años sigue en el grupo, no lo debió de hacer mal. Este disco es de los más sólidos de su carrera, signifique lo que signifique eso. Todas las canciones son fabulosas, y como las voces críticas ya me han dicho que se me nota mucho cuando un grupo me gusta aviso que con este hay poca objetividad. Quedarse con alguna canción en concreto es casi imposible, en la primera parte se encuentra la arrolladora versión de “Get Rhythm” que apareció en el nada exitoso recopilatorio de garajeland, “Green Lights” que es como suena el pop cuando no está en manos de productores con muñones por dedos. Aunque si una canción me gusta de esta primera parte del disco es “That´s Neat, That´s Nice” ¿las razones? ¿Quién necesita razones cuando se desprende esos aires cerveceros de grupo que está improvisando en algún tugurio de Nueva Orleans? La segunda parte cuenta con “The Same Old Thing”, “Talk To Me” o la versión del “Shake, Rattle And Roll”. En definitiva cuatro músicos excelentes que dejan de lado el virtuosismo para ponerse de lado de la fabricación de grandes canciones, pasando por prácticamente todos los estilos de la música popular americana (al menos los que gustan en el departamento de garajeland). Que nadie se sorprenda si en un disco de NRBQ te encuentras una improvisación de jazz seguida de una abrasiva versión de Johnny Cash y precedida del pop más tierno de “I Love Her, She Loves Me”. En definitiva eso es NRBQ, algo que no entendió la gente de Mercury que no aguantó más que este disco con ellos (¿nadie se lo esperaba a estas alturas?), quizás porque les traía de cabeza encajar a la banda en algún estilo y venderlo (un problema que nunca han tenido los diseñadores de gafas de Elton John) viendo que corría el año setenta y ocho y estos cuatro tarados seguían idolatrando a grupos de los cincuenta y sesenta.

Cuando extremidades superiores pierden toda lógica con el tronco deja de ser un abrazo amistoso para ser uno de “¿pero por qué me odia este tío?” La cara de Steve Ferguson revela que no es él quien está sufriendo

Pese a que este último mes ha sido duro para el grupo, con la pérdida del primer guitarrista, Steve Ferguson, y la suplantación de identidad por parte de un plan de defensa nuclear de la Guardia Civil que precisamente se llama NRBQ, ellos siguen dando conciertos (raramente cerca de la península), totalmente impredecibles ya que su listado de temas es de unos treinta folios por las dos caras en Arial nueve y cursiva (en esta interesante entrevista dicen que más de quinientas) e incluso en muchos de estos bolos únicamente atienden a peticiones del público, sean del artista que sea, y si se la saben, suelen tocarla con estilo y saber estar. Muchos aficionados siguen descubriendo este grupo y compañeros de gremio les admiran: Scott McCaughey, Wilco, los Posies (en vertiente ancha y delgada), Bonnie Raitt (que ya tocó con ellos), REM, Mike Sculli (cuando fue director de los Simpsons aprovechó para colar canciones y una actuación del grupo en un bar de carretera), y algún que otro famoso como Elvis Costello, Carl Perkins, Bob Dylan, Keith Richards, Paul McCartney... , y todo lo extraordinario de esta historia es que lo han hecho sin un mísero éxito de ventas.


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sábado, 31 de octubre de 2009

Nuestros tarados favoritos (I)

Guy Stevens

Filosofando el otro día mientras me comía un tentempié con la pierna estirada sobre una valla del ayuntamiento (la forma de degustación favorita de los habitantes de este bloc) un pensamiento mitad epifanía mitad chorrada cruzó como un rayo mi atribulada mente: "Lisa necesita un aparato... seguro dentallllll". No ese no, lo que hizo un zapateado sobre mis neuronas fue la idea que aquí hemos hablado sobre genios, sobre grandes músicos e incluso sobre la mezcla de ambos (lo que suele dar lugar a sujetos perfectos para esta otra sección). Pero también me he dado cuenta de que hemos dejado sin categorizar a una clase de fauna que pulula por este bendito mundo: los tarados. Una afrenta tal que necesitaba una rápida y eficaz solución sólo a la altura de meterse por dentro las perneras del pantalón cuando en tu casa hay un inundación.


Por si alguien se le pregunta, con tarados nos referimos a ese estrato social de músicos, deportistas, escritores, artistas de vodevil y payasos con un triple tetilla y el pelo verde cuya línea entre la genialidad y la locura extrema es traspasada con tanta facilidad que hacen suyo aquello de "entre Pinto y Valdemoro" (este humilde escriba les recomienda ir a la frontera entre ambas ciudades madrileñas y armados de un GPS ir diciendo: "ahora estoy en Pinto y ahora en Valdemoro" unas cuentas veces. Mejor que un balneario y más barato, se lo prometo). ¿Ejemplos concretos? Pues lógicamente Tarantino, los jugadores lituanos de baloncesto (capaces de hacer 35 puntos en un partido y un 0/12 en el siguiente sin que cambie su rictus ni lo más mínimo), Chuck Palahniuk o Krusty El Payaso. En términos estrictamente musicales tenemos unos cuantas ideas preparadas, pero de momento comenzamos con uno de los productores más sonados que han pasado nunca por un estudio de grabación.


Guy StevensSi este grupito hubiera venido a verme mi madre no les dejaba pasar del recibidor. Guy es el que parece más tarado de todos, ehhhh. Vale, mejor: el de barba.




Guy Stevens (1943-1981) es más conocido por ser el productor (y vertebrador) del London Calling (que ya son palabras mayores) de los Clash, pero ya estuvo presente con el grupo en una de sus primeras demos y su fama en Inglaterra hacía tiempo que le superaba. Guy era una de esas personas que no sabes bien qué hacía, pero que parecía estar en todas partes; como DJ en alguno de los bares de moda, como impulsor de la música americana (era presidente del club de fans de Chuck Berry y responsable de que muchos artistas americanos llegaran a las islas) o como una figura destacada de la locura más marciana de la época (era habitual dando consejos a los Stones, él les proporcionó por una serie de casualidades el nombre de Sticky Fingers).

Como muestra de su taramiento traemos un documento exclusivo (bueno, vale, del Youtube) de Guy en las sesiones de grabación del London Calling, donde para marcar territorio nuestro protagonista se presentó armado con cientos de vinilos y unas cuantas botellas de cerveza que tuvieron que ser esquivadas por el grupo mientras grababan. Era uno de los modos de Guy para motivar al personal. Otros eran las peleas con el ingeniero de sonido Bill Price, en las que acaban a palos por la mesa de mezclas, por no hablar de la vez que llenó el piano de cerveza para evitar que nadie lo tocara en el disco. Aún así, los Clash estaban encantados con él y solían decir que había extraído lo mejor que llevaban dentro. Aprendan, motivadores profesionales. Lo dicho, un candidato perfecto para esta sección, como bien se muestra en este vídeo:




Una vez visto, varias consideraciones:

1. Joe Strummer era el santo Job con tupé. Que levante la mano quien no habría dado un par de redobles a rodabrazo al señor de la barba y pelo rizado que está a su lado dando saltos y gopeando la mampara de protección (que no es otro que Guy Stevens.).

2. Que el momento escalera-piano (minuto 4:20 aproximadamente) es de esos en los que sabes que el desastre va a ocurrir, pero es tan atrayente que no puedes dejar de mirar.

3. Que nunca una silla de plástico hizo tan feliz a alguien (minuto 5:20).

4. Que de alguna manera todo tenía que desembocar en 'Louie Louie' (minuto 6:15), canción para los tarados por excelencia.

5. Obviamente todo el mundo en su momento tuvo la sensación de que Guy estaba totalmente de la chola (y sin beber barníz como Barney), como ejemplo el momento Keep rollin', Keep rolling' (minuto 8:15), pero se le perdonaba porque llevaba una bufanda del Arsenal (que no se quitaba ni para tomar una merienda cena) y como todo el mundo que se haya leído Fibre en las gradas (de Nick Hornby) sabe que ser del Arsenal en los finales de los setenta daba para romper sillas y mucho más.

6. Que todo acaba como el rosario de la Aurora, con Topper (baterista) en la guitarra, Joe en el piano y todos haciendo sonar a los Clash por Chuck Berry... por el amor de Chuk (Norris).

Los hechos demuestran que Guy era un tarado en grado sumo, pero si fue capaz ayudar a que las mentes de los Clash se abrieran totalmente y produjeran una maravilla atemporal como el London Calling deberíamos tomar como norma aquello de: "pongan un tarado en sus vidas".

Por último les dejo con un enlace al recopilatorio de la música que le gustaba a Guy y que editaba a través de Sue Records (subsidaria de Island) y su mejor frase: "Hay sólo dos Phil Spector en el mundo y yo soy uno de ellos".

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

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viernes, 23 de octubre de 2009

Perdidos en garajeland


Gracias a los analizadores de páginas web uno puede avistar un montón de gente que se pierde en su búsqueda real y finalmente viene a parar precisamente aquí, a este querido, a la par que modesto, blog. Es para ellos esta pequeña ayuda, reconduciendo a esta pobre gente (que se le va a hacer, estamos dotados de un gran sentido de la ayuda al prójimo) que con una historia humana detrás ha caído por error en nuestra web. Ojo, esta asistencia está patrocinada por el INEM en forma de cursillos de asistencia obligatoria y dotada de seis créditos de libre erección universitarios canjeables por asignaturas como “Topografía no topográfica”, “Historia universal de Navarredonda” y “Ciencias de la Oliva“. El trabajo será desagradecido, pero una sola alma auxiliada habrá merecido la pena. Según parece, y con las gafas de ver de cerca puestas, este mes de Octubre ha sido bipolar: gente buscando porno y como suicidarse con Tryptizol. Queridas vidas anónimas, el departamento de garajeland a sus pies.



Miedo me da que nuestros lectores potenciales busquen cosas como esta, más que nada porque fue nuestro disfraz en los carnavales 97/98


suicidarse con tryptizol”: Querido lector, si ya pasó por garajeland antes de escribir semejante frase en el navegador le entiendo perfectamente. En cualquier caso, yo probaría a leer el prospecto y no hacer caso de ninguna de sus indicaciones, ayuda bastante.

“¿os va bien el tryptizol?”: A nosotros sí, gracias. No hable con Nick Drake, y si lo hace con el de arriba, nos cuenta que tal le ha ido.

porno enanos – rapidshare”: Muy buenas. Solemos utilizar megaupload para la subida de archivos. Verlein no pasa del uno sesenta, pero desconozco si grabó en porretas alguna película. Visite www.pornoenanosrapidshare.com quizá allí le ayuden.

fotos de travestis en pijama”: Desconozco el método de reconocer a un travesti si no es mirando su churro. Es fácil contactar con uno mediante las páginas de contacto de los periódicos, quede con él y cuando averigüe su condición le hace usted mismo las fotos vestido.

señoras pechugonas videos”: Escriba lo mismo en youtube. El resultado puede llegar a satisfacerle.

cuantos...años...tiene..este..grupo..rolling stones”: Me encanta su forma de poner puntos suspensivos. Contestando a su duda: Depende, creo que sus componentes no nacieron el mismo día, pero en antaño eran jóvenes, no hace mucho rondaban los sesenta y desde entonces me he despreocupado de su edad. Aquí se detallan sus fechas de nacimiento. Buena suerte.

cantante con boina, concierto en vivo, rock en ingles”: En este bloc solo este responde al perfil que busca, si no le convence pruebe con Downliners Sect. Me surge una pregunta: ¿algún concierto no es en vivo (salvo la última gira de Madonna)? Por favor no conteste, que luego me pongo a Iker Jiménez y no pego ojo.

desenlace final de la guerra de los chicles”: Hola, creo que todo acaba cuando a la chica guapa de la clase le tiran al pelo un boomer de natillas y no le queda más remedio que cortarse la cabeza ante el intenso olor a aroma de canela que deja en el aula de segundo be. O eso, o tendrás que comprarte el libro para aprobar. Somos majos, pero no el rincón del vago.

bar jamón boda de estibaliz en 2009”: ¿Estíbaliz se casa? ¿en el bar jamón? ¿y nosotros sin saberlo?. No vaya a ese bar, su género está salado, los panchitos revenidos y la cerveza la ponen sólo de espuma; por no hablar de los baños, que compran papel del barato, el que raspa.

fabula pero q tengan sentido cortas”: Sí, en garajeland se escriben fábulas, ya que tengan sentido... Compre alguno de los libros de Aznar y no permita que desaparezca el formato en papel buen hombre/mujer/travesti en pijama.

listado de becas de libros 2009 del colegio santisima trinidad alcorcon madrid”: Verá: nosotros estudiábamos en el de al lado, y ya se sabe lo de la rivalidad entre vecinos. Amablemente le pido que largo de aquí, no pensamos ayudarle. No obstante gracias por su visita, y vuelva cuando quiera.

edredones de transformers”: Si se refiere al disco de Lou Reed, son las sábanas más recomendables para que su hijo piense en la heroína, en travestirse, hacerse amigo de alguien con el pelo blanco y quizás construir un pequeño fuerte con el edredón nórdico.



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jueves, 15 de octubre de 2009

Fondo de Armario ( II)

George Harrison - I'd Have You Anytime (1970)


Recuperamos hoy la pieza perdida del Beatle místico y que participó en los Simpson para decirle a Homer que era 'muy salaó'.

Nombre: I'd Have You Anytime
Autores: George Harrison & Bob Dylan
Fecha de grabación: mayo/agosto de 1970
Productores: George Harrison y Phil Spector
Ingenieros de Sonido: Ken Scott, Phillip Mcdonald y Eddie Klein
Músicos presentes en la grabación: George Harrison: voz y guitarra.
Músicos que probablemente estuvieron en la grabación
: Eric Clapton (guitarra), Klaus Voormann, y Carl Radle (bajo); Gary Wright, Bobby Whitlock, Billy Preston, Gary Brooker (teclados), Ringo Starr, Jim Gordon, Alan White (batería).
Músicos que grabaron las otras canciones y como son tan buenos, conocidos y me ha costado recopilarlo, pues lo pongo aquí: Peter Frampton: guitarra; Dave Mason: guitarra; Phil Collins: percusión,; Pete Drake: Pedal steel; Bobby Keys: Saxofón tenor; Jim Price: trompeta; Badfinger: guitarras rítmicas y percusión.
Arreglos de orquesta: John Barham.
Datos extras: todos los que grabaron en este disco tenían que lucir melena y barba larga . Naturalmente Harrison proporcionó el peluquín adecuado a Phil Collins, que con 19 años recién cumplidos ya grababa con un grande y sufría problemillas de alopecia.


George HarrisonGeorge mirando al jardín y descubriendo que alguien le ha pisado las petunias.



Dicen los críticos y listos en general que saben de esto de la charanga que All Things Must Pass es el mejor disco de un Beatle en solitario. En Garajeland ( que no somos ni lo uno ni lo otro y pese a que esto parece un blog de música, en realidad es una excusa para travestirnos en las entregas de premios) sólo podemos responder como Lisa cuando se le pregunta sobre cómo se vive en generación de los que ni sienten ni padecen: "bueeeeeeeeno". Resumiendo: All Things Must Pass es una obra maestra, pero no menos que Plastic Ono Band o Band On the Round. Nosotros apoyamos a todas las obras maestras por igual. Si insisten les susurraré que el disco de Harrison es uno de mis favoritos de siempre (suerte que tienen, mi compañero sólo les reconocerá que es uno de sus álbumes favoritos de este buen señor grabados en 1970 y, aún así le apreciamos).

Si nos dejamos de zarandajas, All Things Must Pass es un grandísimo disco de un músico en estado de gracia. George nunca tuvo mejor cancionero a su disposición para una grabación ( y se dejó por el camino joyas como 'Not Guilty', que aunque fue grabada posteriormente siempre he preferido la versión casi desnuda -en realidad prefiero casi todo lo que venga casi desnuda- del Anthology 3 de los Beatles) o un elenco de músicos tan numeroso y de tanta calidad. Si la nómina de músicos tenía famosos a cascaporro, tampoco hay que olvidar la figura de Phil Spector que aplicó su consabida fórmula de grabar canciones con el muro de sonido en todo su esplendor (acumulando docenas de músicos e instrumentos), desplegando su magia que tan bien sentaba a las canciones de Harrison (excepto en algún exceso propio de la época) y asustando al personal con la mágnum que guardaba cerca de su pecho, como recordaba en sus memorias Eric Clapton.


Recapitulemos: tenemos un compositor en el mejor momento de su carrera (tras años de ninguneo en Los Beatles por parte de John y Paul, que si dejaron pasar gemas como las que hay en este disco pese a que muchas ya estaban compuestas por George antes de 1969 sólo merecen un golpe con una toalla mojada en el morroplastio), excelentes músicos y un productor que lo mismo te saca una obra maestra que desenfunda la pipa cual pistolero del eclipse, pero: ¿es conocido este disco por todo eso? Pues sí y no. Porque la fama se la llevó el tremendo pelotazo comercial que fue 'My Sweet Lord'. Ya saben: número uno hasta en chorrilandia. La canción que puso a Harrison hasta en las discotecas del salón de todo quisqui, incluso en aquellas donde sólo había un disco de villancicos y el que regalaban con almacenes Latorre; aunque también fue un dolor de cabeza para Jorgito, puesto que tuvo que admitir que 'se había inspirado' en una canción de las The Chiffons y pegar derechos de autor, pero ¿quién no conoce esta canción si se la tarareo? Probablemente sólo contestaría 'no' un muerto. ¿Saben dónde estaba situada I'd have you anytime? Pues justo antes de 'My sweet lord'; es decir: condenada al ostracismo.


George Harrison Bob DylanOculten a los niños en sus casas, cierren puertas y ventanas y recen lo que sepan: Bob Dylan está sonriendo (bueno, esboza una sonrisa que ya es...).


Pero todo eso también es irrelevante. La canción es formidable, tanto si se analizan sus pormenores como si se disfruta sin ambages. Si hacemos lo segundo, destaca que fue compuesta a medias por Dylan y Harrison, en un esfuerzo común cual pareja del Pressing Catch en unos años donde uno y otro se lanzaban guiños (el propio Harrison grabó la canción de Bob 'If not for you' en el mismo disco) y ha sido de los pocas personas que consiguió tener una relación próxima con el Duluth, que es famoso por contestar a preguntas como "¿Como estás Bob?" con respuestas como: "Patatas traigo".


Volviendo a la canción, esta maravilla de melodía dulce y pausada mezcla perfectamente la letra que se lamenta de un amor perdido con una música casi etérea. Una combinación exquisita que también demuestran la voz de George y la guitarra solista de la canción (un Clapton increíble pese a estar en una de sus épocas de drogadicción más duras), ambas fundidas elegantemente en cada final de la estrofa dejando un efecto Norit en el oyente que tarda un rato en disiparse. Aunque quizás lo que más me gusta de la canción es precisamente lo que casi ni se aprecia: la batería, la percusión y la guitarra acústica; que tejen el perfecto manto para que el resto pueda destacar, algo así como un como los que se quedan abajo en los castillos humanos.


GeorgeHarrison Phil SpectorReunión de notables: el de la izquierda se me parece irremediablemente a José Antonio Camacho (ahora mismo entrenador del Osasuna), Harrison ganó el premio Pantene de ese año y Phil Spector podría pasar perfectamente como el solitario disfrazado.



Esta sencilla canción se me hace de escucha obligada cada cierto tiempo. No diré cuándo, pero así es la vida señores: a veces apetece escuchar esto, a veces lobotomizarse con 'Sister Ray' y en ciertos momentos, el 'Buenas Noches Señora' de nuestro gurú Bertín es lo más apropiado. Lo más difícil es acertar con el momento. Una pista: la tercera opción no es la más adecuada en una entrevista de trabajo.





Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

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miércoles, 14 de octubre de 2009

Los Young Fresh Fellows nunca permitirán que nos deprimamos



Young Fresh Fellows - The Men Who Loved Music (1987)

No hace mucho se habló en estas páginas sobre los Young Fresh Fellows, pero cosas del verano y la falta de nuestro más fiel público: los jubilados que nos visitan en los intermedios de Saber Vivir, el grupo pasó de puntillas y quizás no lo merezcan. Estos chavales de Seattle han pasado por muchos estados de humor en sus ya veinticinco años de carrera, lo que les hace compositores de unos... bueno, un montón de discos. Seguramente no sea ninguna exageración decir que en estos tantos años, pocos grupos hayan alcanzado el grado de diversión y frescura que ellos; lo dice mucha gente, y hasta donde llega mi conocimiento, ni Jaimito Borromeo ni Angel Garó lo han dicho, punto a favor. La elección entre todos los seleccionables es The Men Who Loved The Music, no por su largo título, mis razones son simplemente que tenía que elegir uno entre toda su discografía, pero los motivos para escucharlo son muchos más, en pocas líneas diré alguno (por lo que se pueden saltar dos párrafos). Desde mi parcial punto de vista todos son muy objetivos.



El grupo en la contraportada (Scott, Jim, Tad y Chuck), los padres de Scott le dotaron de un carácter amable, un gran sentido para la melodía pop, pero la fotogenia de Juan Tamariz


Algunos conocerán a Seattle como la ciudad que está en la esquina Norte de EEUU, otros como la ciudad del grunje, algunos por ese pirulí que aloja un Rodilla (información no contrastada) en su interior y otros simplemente por ser la ciudad de los Sonics y el mejor garage que se ha hecho nunca. Scott McCaughey crece bajo la influencia de todos los grandes grupos de su ciudad que en la década de los sesenta pusieron patas arriba el concepto de música pop llevándola hasta unas dosis de salvajismo que aun no se conocía fuera de tan lluviosa urbe. Además, tiene una capacidad innata para asimilar todos los estilos de los grandes grupos que ha escuchado durante su vida (ahí están desde los Beatles y los Kinks a NRBQ, Badfinger o Elvis) y rendirles tributo en forma de grandes canciones que evocan a todas sus bandas favoritas pero con un estilo inconfundible e inimitable.



Ya con Kurt Bloch la cosa se desparrama, Scott con un gorro de punto y Jim intentando imitar a algún personaje de Sensación de Vivir

Los Young Fresh Fellows se forman en 1982 y siempre ha contado con músicos realmente excepcionales con sus propios instrumentos y también con los de los demás, Tad Hutchinson, Jim Sangster y Chuck Carroll, que abandonaría al grupo después de este Loved Music. El éxito de ventas les has sido injustamente esquivo, pero a cambio han ganado una buena legión de seguidores, muchos grupos que les citan como sus favoritos y quieren trabajar con ellos, y han contado con una total libertad creativa (míticos son los créditos del New Adventures In Hi-fi de REM en donde varios músicos participantes aparecen por cortesía de sus discográficas, salvo Scott, que aparece por cortesía de Christy, su mujer) que les ha permitido hacer lo que les diera la real gana, en especial Scott y sus múltiples colaboraciones y proyectos, los Minus 5 o REM son quizás las más conocidas, que dan para escribir un libro tan largo como Fray Perico y su Borrico. En el año ochenta y siete publicarían este tremendo lp (primero con Frontier y con otro berraco a tener en cuenta: Conrad Uno en la producción) que contiene algunos de los mejores momentos de su entretenida carrera musical.

Algunas razones para escuchar The Men Who Loved The Music son de tanto peso como las teorías de Darwin (chúpate esa Texas): La primera y muy importante es la casi total imposibilidad de fallar al otorgarle una etiqueta musical, para gente como yo que le cuesta tanto hacerlo, puedo decir abiertamente que tiene garage, country, powerpop, rock and roll, y todo con el especial sentido popero de las composiciones de McCaughey. La segunda es las dosis de humor que desprenden en todos sus discos, a veces se les tacha de tomarse muy poco en serio, pero los humoristas que entregan los premios Nobel hacen justo lo contrario y no por ello se les aparta cuando reparten los canapés. La tercera, pero no por ello menos significativa, es que desde su estupenda “Taco Wagon” se han convertido en todos unos expertos en la degustación de tan rellena pieza culinaria, sus fotografías en el myspace son prueba de ello. La cuarta será exagerada, pero gente como esta es muy necesaria en el triste panorama musical actual.



Algunos aseguran que después del salto hubo tres lesiones simultáneas (incluyendo la triada)

La última, y según se mire, para algunos serían las canciones. El aire campero y cervecero de “Hank, Karen And Elvis” (alusión a los fundamentos de la forma de idolatrar a las estrellas en su país) y “Ant Farm”; ponerse sarcásticos con “TV Dream” y ese carrito donde poder arrastrar la tele por toda la casa; otras con el optimismo reinante en la mayor parte del disco hace que se les coja cariño, “Unimaginable Zero Summer” (colaboración de Terry Adams al piano) o “I Don´t Let The Little Things Get Me Down” son prueba de ello; tampoco los aires garajeros pierden ápice gracias a las primeras colaboraciones de Kurt Bloch con el grupo: “Just Sit”, la absurda y no por ello menos encantadora “When The Girls Get Here” en donde pretenden hablar con chicas sobre circuitos integrados para demostrar lo listos que son; títulos alusivos a Ringo, y hasta un modesto éxito comercial: "Amy Grant", dedicada con humor a la cantante cristiana de mismo nombre. Puede que solo sean treinta y cinco minutos, pero no encuentro forma mejor de disfrutarlos, cada vez que termino de escuchar el disco me pregunto si los Young Fresh Fellows son los hombres que aman la música o es al revés: la música quiere a los Young Fresh Fellows.

Como complemento de la jugada, los Young Fresh Fellows van a estar de este mes de Octubre presentando su último (y otra vez recomendable) disco. Aprovecha si te cae alguno cerca. Estas son las fechas y localizaciones:

Viernes 16: Bilbao. Kafe Antzokia
Sábado 17: Vitoria. Helldorado
Domingo 18: Gijón. Casino
Jueves 22: Valencia. Wah Wah
Viernes 23: Murcia. 12 & Medio
Sábado 24: Madrid. El Sol

servidor: megaupload. contraseña: peluquin
>>>Pincha & sal de la Cueva<<<







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jueves, 8 de octubre de 2009

El hombre que se creía perro y otras historias mucho menores


Dr.Dog – Easybeat (2005)

Muchas cosas han pasado en estos meses de asueto, primero las vacaciones que nunca se saben cómo van a salir y, segundo, el asuntillo del traje de cóctel y los Premios Peluquín, del que fue relativamente fácil embutirse en él, pero francamente complicado salir. Lo probé todo desde el insulto hasta la grasa pequeña Lisa. Al final, opté por el el viejo truco de 'sale a rosca' con satisfactorios resultados en el resumen, pero si se indaga algo más hay varios brazos desmembrados, como si de una peli de zombies se tratara.

Con todo esto como bagaje he decidido que, tal y como mi compañero perpetró hace unos meses, hacer partícipes a nuestros lectores de la máxima adicción que vengo sufriendo últimamente y que está a la altura del régimen de cucharadas de Nesquik que sigo tomando para el desayuno. Mi adicción no tiene la enjundia ni la campechana aristocracia de The Duke and the Dutchess, de hecho el nombrecito del grupo que me tiene loco es de los pocos que queda igual de mal en inglés que en castellano (Dr. Dog), pero debo reconocer que he sucumbido totalmente a su música tras ingerir masivamente su disco Fate (2008) y posteriormente Easybeat (2005) y, como cuando me convertí al Raelismo, he pasado de mirar a dicho grupo con una mezcla de recelo y curiosidad a propugnar su adoración como Homer al líder que lo sabe y lo puede todo.

En las casas de apuestas de Londres está 12/1 a que el baterista se desparrama por el suelo en lo que el perro de la foto ladra



No es sólo me parezcan buenos, es que me ofrecería como pipa para alguna gira ( con resultados menos desastrosos que el Nota con Metallica) si fuese necesario. Por si no lo saben opté al premio Vaguno 2006 y me tuvieron muy en cuenta para la edición de 2007, así que imaginen lo fuerte que me ha tenido que dar con estos muchachos para ofrecer mi fuerza de producción así de primeras, a mi padre le daría un pasmo si se enterara.

Para saber el porqué he comprometido mi sano juicio a estos señores he buscado una frase corta y sencilla que resuma un concepto, lo más cercano que he encontrado es: "son de Filadelfia y uno de los guitarristas lleva sobrero de la estepa rusa". Seguramente esto les resuelve la duda lo mismo que si les menciono: "conozco a un chico que se parece a Portillo y estudia Topografía", pero en este caso nos sitúa bien a Dr. Dog, unos tíos que hacen pop de alto octanaje, anclado en el pasado pero que no suena antiguo, que llevan ropa de invierno en plena de ola de calor. Si no fueran músicos las vecinas les señalarían con el dedo, pero como lo son, la cosa se queda con que son excéntricos.


Como todo esto me está quedando más denso que el programa de Dragó (con menos cultura japonesa y gatos, aunque todo se andará, hagamos un poco de historia: Toby Leaman, bajista y Scott McMicken, guitarrista y ambos residentes en Filadelfia montan un grupo con influencias en los Beatles, Beach Boys y The Band (qué tendrá la letra B del alfabeto que está llena de próceres) y en general el pop de los sesenta. Consiguen un guitarrista más y un baterista (se ponen motes cada uno de ellos, todos empezando por T -no me digan que no son tan adorables para cómo mínimo ponerlos al lado de la bailadora de flamenco y el toro encima de la tele), autoeditan su primer disco, un crítico de NY Times ensalza este disco del que hablamos, el resto de críticos se les unen; comienzan a ser teloneros de bandas como los Black keys o Racounters, tocan en Conan O'brian un par de veces, sacan Fate el año pasado y se convierten en una de mis bandas favoritas. premio para el que me diga la frase menos relevante de este párrafo.


Vale, sí, es difícil abstraerse de la teoría de la navaja de Ockham y si escucha de pasada a Dr.Dog lo primero que le venga a la cabeza es: Beatles. Lo bueno es que si se les presta la debida atención, el resultado es mismo. No es que imiten a los Beatles o suenen como ellos, es que da la sensación de que avanzan hacia el mismo sitio que los Fab Four entre 1965 y 1970. Cada vez que reviso a estos loco tengo la permanente sensación de déjà vu en mi cabeza, empiezo a pensar que así es como McCartney terminaría una canción o que esa es la crudeza que Lennon pondría en una melodía. Puede que me esté pasando, pero a veces tengo la sensación que la muerte me acecha (como al abuelo Simpson), sólo que la mayoría de las veces es sólo Maggie. Lo peor de todo este asunto es que sería injusto. Obviamente recuerdan a los Beatles más experimentales, pero también a los primeros Pink Floyd a Millenium o Yellow Balloon y un montón de grupos más. Tienen un encantador sonido añejo (baterías con sordinas imposibles, slides harrisonianos, bajos con swing) y unas melodías absolutamente desarmantes. Un grupo con semejantes armonías vocales no puede ser malo.

El típico gesto cariñoso aprendido en Leningrado mientras se hacían una beca de estudios. En España le hubiéramos dado una colleja que le conectara las orejas con la nuca y habríamos mentado a su madre... distintas apreciaciones del cariño.


Mucha cháchara ( o bulebú chachau que diría el añorado Gil-Kong), pero no sabemos qué ofrece Easybeat. Pues de primero un ejercicio de pop sin fisuras: 'The World May never Know' que envuelve en una melodía casi hablada en coros merseybeat, una batería que parece de juguete y un piano que fulmina tu mente con un pensamiento: Lady Madonna. Una de las mejoras cosas de este grupo es su variedad, entendida también en términos de voces solistas: la infantil y delicada de Scott McMicken en contraposición a la soulera del bajista Leaman, que demuestra todo el potencial en premeditadamente improvisada 'The Pretender'. Nuestro amigo Leaman navega rompiendo la voz una y otra vez en una melodía llena de detallitos de guitarras camperas y melodías épicas. Yo no meto tantas cosas ni en las ensaladas de final de mes. Variada, rupestre y juguetona es 'Oh No', sencilla sí, pero coronada con una coda más propia de tiempos de casacas de colores y guateques sin el hijo pequeño de Cuéntame (afortunadamente).

'Easybeat', además de dar título al disco es la canción más ambiciosa, con una estrofa que desemboca en un puente que debería figurar en las academias de pop (con Brian Wilson de director y Zach Morris de alumno estrella), en el estribillo conviven toques de la guitarra de Harrison con todos los trucos que tendría la canción perfecta y de la psicodelia más sesentera, influencias que comparte con 'Fools'life', que podría pasar por una canción de Arthur Brown sin máscaras de mini-hostilidad y fuego.


El de la tienda muy contento sí, pero parece ser que luego se extraviaron unos cuantos elepeses y se vio salir al pequeño de las gafas con unas sospechosas nuevas orejas redondas de color negro...


Argumentos distintos utiliza 'Say Something' que guarda semejanzas con el Neil Young más despreocupado y lo mezcla con el bostezo de Lennon 'I'm only Sleeping'. Entonces es cuando Dr. Dog guarda su truco más ladino, uniendo la melodía principal con un estribillo impactante, épico, pero al mismo tiempo como dejado de la mano de Dios y pleno de acierto. En dos brochazos han demostrado la teoría de que el estribillo perfecto viene a ti, no hay que buscarlo. Algo que Coldplay dejó de entender allá por el año 2000. Para bajar semejante pistón (con el punteo final sufro todo tipo de apariciones marianas) se utiliza 'Today' y funciona lo mismo que verte dos horas seguidas de Playhouse Disney con tu sobrina de cuatro años; un paseo por el parque que te congracia con el resto de los humanos y que juega de manera soberbia con las dos voces solistas. El final está cerca y debe ser intenso, melancólico y no a la manera del último anuncio de Eau de Lancaster, sino como una especie de 'singalong' que termina con una frase tan cósmica y filosófica como: 'We're part of the dream'. No es el final de 'The End', pero es una gran aproximación, algo así como mi imitación de George Clooney haciendo el anuncio de Nespresso (al menos ladeo el cuello igual), pero en bueno.



Quizás no sean más que cinco músicos más que competentes en lo mejor de su creatividad con un par de discos más que recomendables, pero yo veo manos negras hasta en una elección de presidente de comunidad y creo que un día se destapará el pastel y estarán implicados Macca, Lennon, Harry y Ringo (y Yoko Ono tendrá la culpa, naturalmente). Todo se sabrá, salvo que a mí no han engañado,que yo elegí Beta cuando tuve que elegir, por el amor de Dios.


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Contraseña: peluquin



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