miércoles, 30 de abril de 2008

¿Como estará ahora la silicona de Paloma?


Emilio Aragón - Te Huelen Los Pies (1990)

Quién más y quién menos se ha encontrado en la ducha tarareando una canción y ha exclamado (no por presencia de maromo que tira la pastillita de jabón): “¡joder!, ¿estoy cantando una canción de las Ketchup?”, es en ese momento en el que empiezas a restregar con fuerza y a entonar una canción de AC/DC o grupo de marcado paquetillo para no parecer un gallifante, pero en el fondo del champú sabes que en ese momento eres un gilí y que si fantaseabas con la posibilidad de que Scarlett Johansson entrará a secarte la has perdido porque te ha visto por una rendija bailando el aserejé. Al igual que en el caso de la ducha feliz, ¿quién no ha visto un pinrrel al viento de un amiguete, y ha empezado a entonar: “escucha bien lo que te digo, amigo te huelen los pies” con la voz de Emilio Aragón en la cabeza?

No hace demasiado tiempo, el secretario de parranda (está vez haciendo honor a su cargo) Tomás Verleín y aquí escribiente, paseábamos a la sombra por discos La Metralleta (conocida tienda madrileña por su ingente cantidad de vinilos, casetes y no apta para dedos con alergia al polvo). En uno de esos momentos en los que giras la cabeza para estornudar consigues divisar un disco de Juan Pardo, ese instante ya de por sí impagable viene acompañado de otro aún mejor, justo al lado está el vinilo original (que no ha sido reeditado) de “te huelen los pies”, disco debut de Emilio Aragón y los Spiders From Mars, todo por un euro, ¿un euro?, si hubiera pagado por lo menos dos por él.


Conozco a dos personas en el mundo que se atan así las zapatillas, y una está en la carcel


Para quién no recuerde Telecinco por aquella época, diremos que Emilio Aragón aparecía más que un concursante de OT en el canal 24 horas, ya sea en el Vip Noche, Vip Guay, Vip Tarde y cualquier variante Vip que se te ocurra. Había que aprovechar la promoción que le daba Telecinco para iniciar una carrera rockanrolera, ya que el tema económico estaba chungo y aún no era posible invertir en Terra. Además, como el canal estaba empezando, su paciencia para mantener en nómina a sus empleados era infinitamente mayor que ahora, es decir, un presentador con un cinco por ciento de audiencia no era puesto en la calle en dos semanas, sino en tres.

La portada muestra a Emilio Aragón demostrando que es fan como poco de (horror) Dire Straits, y que a él le va el Rock bueno. De su expresión forzada sale el título del disco de forma sinuosa simulando que lo que huele es su aliento. La contraportada muestra a Emilio atándose los cordones de unas Converse trajanas compradas en el mercadillo, luciendo calcetines blancos y un peluco muy aparente. Como no podía ser de otra forma el disco se abre con “Te huelen los pies” un buen tema de corte épico y sección de viento pero con una sobreproducción alarmante. El segundo tema es “Cubatita de Ron”, de clara apología a la resaca (la COPE vetaría el disco), y que me ha hecho pensar que mientras merendaba y veía a Rita Irasema este se ponía hasta arriba de cubalibres. “María” es una baladita de cuidado, con un solo de guitarra bien avisado por Emilio diciendo “soloooo ou yeah”. “Cuidado con Paloma” es su otro gran éxito, sobre todo por meter con calzador un nombre que rime con “dí”, quedando nuestra frase favorita de la siguiente manera: “¡Ay…Dr. Pitangui! Que milagros han hecho los millones que te di”. La cara A se cierra con “Ui se mua´” pero no entendemos el francés.


Detalle al estilo 1990: reloj aparente, zapatillas de imitación y calcetines blancos

Al comienzo de la cara B nos encontramos con “Yo tengo una bolita”, canción lisérgica con mensaje satánico incluido “me he tragado una aceituna y la tengo aquí, entre el hueso de la nuez y la nariz”. Le sigue mi favorita, “hey Mr. Waiter”, que cuenta las andanzas de Emilio por Londres intentando alimentarse; como no es posible por la barrera idiomática, la canción acaba con una moraleja merecida “prefiero una tortilla con un vino del país” demostrando que Londres exporta buenos grupos de música pero que se come peor que siguiendo una dieta de productos Hacendado. “Na na na” es la canción que posteriormente plagiarían los Kaiser Chiefs añadiendo un par de “nas”. “422 de Berlín” muestra una facilidad pasmosa para componer estribillos chorra, y el disco se cierra con “Donde estabas tú”, canción de cuarteto vocal que bien recuerda a los solfamidas.

Para despedirme lo hago con una rima forzada al más puro estilo Aragón. No dejen de leer a los payasos de garajeland, que no cuesta na de ná. Y si no quédense con un lema: “siempre nos quedará Rita Irasema”.

Falta un detalle para una orgía completa: a la Juani y al señor Manolo disfrazados de Mama Chicho
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lunes, 28 de abril de 2008

Caldo de cultivo del R&B londinense


Cyril Davies y Alexis Korner

Si nos metiéramos en una máquina del tiempo (aunque sea inventada por un guionista de Art Attack) y nos trasladamos a Inglaterra a comienzo de los años cincuenta quizás encontremos un panorama social y económico algo oscuro. La guerra no hacía mucho que había terminado y la sociedad británica está tocada, Leonardo Dantés aún no había inventado el baile del pañuelo y visto el panorama algunos tienen una vía de escape, montar bandas de música y darle al skiffle o escuchar vinilos que llegan con cuentagotas de tierras americanas. Muchos de estos jóvenes se fijan en el blues e imitan a los bluesman del delta del Missisippi. Toda esta gente que empieza a escucharse es del montón, ahí suenan Skip James, Robert Johnson o Charlie Patton primero, y luego John Lee Hoker, Willie Dixon, Howlin´ Wolf o Muddy Waters. En 1958 ocurre el primer milagro para los ingleses amantes del Blues, Muddy Waters atraca puerto en Londres y difunde una nueva religión sónica, el blues duro y electrificado que se destilaba en Chicago. Entre el público que hay en los conciertos se encuentran Cyril Davies y Alexis Korner, amantes del sonido americano y que tenían su propia banda de Skiffle, animados por esta nueva propuesta se animan a reconducir sus caminos sonoros y convertirse en poco tiempo en canalizadores de las bandas de Rithm & Blues que surgirían en Londres a principios de los sesenta.

Alexis Korner nace en Paris y su vida discurre por Francia, Austria o el norte de África antes de su llegada a Londres en pleno estallido de la segunda guerra mundial, en 1940. Cuenta la historia que empezó a escuchar blues en pequeñas radios mientras los alemanes bombardeaban Londres. Su pasión por el blues comienza con Jimmy Yancey y tocando la guitarra acústica para pasarse posteriormente al enchufe.

Alexis Korner esforzándose por ser una influencia

Cyril Davies es genuinamente inglés, nace en la localidad de Denham, Buckinghamshire, cerca de Londres. Su primera incursión en el mundo musical la hace por los años cincuenta en la Steve Lane's Southern Stompers como armoniquista y cantante. Para no ser menos y no quedarse en un grupo blusero también anda tocando en otras bandas de skiffle utilizando botellas de anís del mono, banjo o peines reciclados de un Marco Aldany.


No han tocado en tu comunión, son los R&B All Stars


El nexo de unión para estos dos músicos se llama Chris Barber, el señor que se encargó de llamar a Muddy Waters para la gira inglesa, no está claro si por teléfono o paloma mensajera. Barber tiene una banda de jazz, pero que cuenta con alguna versión Blues en su repertorio, es aquí donde cruzan caminos por primera vez Cirilio y Alexis. En 1954 deciden tocar como dúo y en 1957 consiguen grabar su primer disco, un año más tarde se produce la comentada aparición de Muddy Waters y hace que la banda de Korner y Davies se electrifique. El siguiente paso histórico ocurre en 1962, Korner y Davies que ya habían bebido cerveza por la mayoría de clubes londinenses donde les dejan tocar montan su propio local, el Ealing Club. Para subirse a sus tablas reclutan a unos cuantos músicos que harían de banda base, en esta primera formación estarían el bajista Jack Bruce, el saxofonista Dick Heckstall-Smith, y un joven batería al que rápidamente se le quedaría el pelo blanco llamado Charlie Watts. Esta formación eléctrica se matricularía con el nombre de Blues Incorporated.


A Jack el destripador le daba miedo pasar por el Ealing Club

El nuevo grupo comienza a tener éxito, ya se habla de ellos por toda la ciudad y una vez más la Decca se cruza por el camino, el productor discográfico Jack Good toma nota y les propone grabar una álbum en directo. El concierto se grabaría en el Marquee Club y en el mismo año, 1962, se publicaría el disco bajo el nombre de “Rhythm And Blues From The Marquee”, disco en el que se pueden escuchar temas compuestos por la banda y versiones del siempre recurrente Willie Dixon.

Como toda buena historia musical no es completa sin un buen berrinche, poco después de la grabación de “R&B From de Marquee”, Cyril Davies abandona la banda por desavenencias con Alexis Korner y sus satánicas intenciones de incluir secciones de viento al grupo. Debido a esta fragmentación y al gran número de bicharracos que pasaron por él, empiezan a surgir nuevas bandas como espárragos trigueros en Abril, ahí quedan Cyril Davies And His R&B All Stars o la Graham Bond Organization.



Esta revolución que inspirarían Davies y Korner atrajo en el Ealing Club a muchos músicos jóvenes tomando apuntes y subiendo a tocar de vez en cuando algún clásico del blues. El mérito de estos dos amiguetes fue atraer al mundo musical a todos los imberbes que se encontraban entre el público y que estaban a punto de prender la pólvora cual invento de marca ACME, cabe destacar que cerca del escenario se encontrarían los Pretty Things, Steve Marriot (luego Small Face), Jeff Beck, Rod Stewart, Eric Clapton, Jimmy Page o los Rolling Stones; pero la historia de todos estos ya la sabes ¿no?

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domingo, 20 de abril de 2008

Verdades como puños, mentiras como pianos ( II )


1.
¿Es verdad que Prince aprendió a tocar la batería con un fajo de periódicos?


Nuestro veredicto: Parece completamente cierto, al menos eso es lo que dice el baterista John Blackwell Jr., quien en estos últimos años ha estado detrás de los parches en los últimos discos y giras del pequeño genio de Minneapolis. Es bien sabido que 'el ahora llamado Prince, pero hace un tiempo no, pero luego sí' aprendió a tocar piano, bajo, guitarra y batería antes de los 13 años y de manera autodidacta. Se dice que es capaz de sacar notas a 30 instrumentos, un número inalcanzable para cualquier ser humano a no ser que el matasuegras y el casiotone cuenten en esa lista. Por lo que contaba Blackwell, Prince no podía comprarse una batería completa (ni incompleta), así que su ingenio se puso a funcionar, apiló un montón de periódicos para simular la caja, los timbales y el bombo respectivamente. Seguramente si cualquiera de nosotros utilizáramos este sistema, lo más que conseguiríamos sería aporrear sin compasión unos cuantos ejemplares de El País, La Razón o El Mundo (a gusto de consumidor), pero Prince aprendió, aprendió lo suyo y lo de otros. Incluso John Blackwell confiesa que tiene problemas para reproducir fielmente algunos ritmos que hace Prince.

Porcentaje de certeza: muy alto. No es muy común entre los músicos decir que hay alguien mejor que uno mismo. Ahora bien, como para aprender la batería sólo es necesario unos cuantos periódicos (se recomiendan las ediciones dominicales y, especialmente, las hojas color salmón), lo mismo para tocar el bajo hay que probar con las cuerdas para tender y lo de la raqueta como sustituto pobre de la guitarra no parece tan peregrino. La imaginación al poder, amigos...


2. ¿Es cierto que Jimi Hendrix se declaró homosexual para librarse del ejército americano?

Nuestro veredicto: difuso, difuso. Es muy difícil asegurar con la mano en el pecho y la mirada fija en el cielo (a imagen y semejanza de nuestro bravos jugadores de la selección española de fútbol que caerán en cuartos como ocurre tradicionalmente) que Jimi se plantó ante los gerifaltes del ejército americano y les comentó que tenía fantasías sexuales con sus compañeros. La historia (no oficial) es la siguiente: durante un tiempo, la bestia parda zurda (Ford Farlaine dixit) estuvo enrolado con el Tío Sam, concretamente en la mítica 101ª División Aerotransportada, famosa por sus acciones en la II Guerra Mundial y que quedó inmortalizada en la serie de televisión 'Hermanos de Sangre'. Jimi debía estar harto de 'súbete al avioncito, tírate en paracaídas y vuelta a empezar'. La versión oficial siempre fue que se lesionó en el tobillo durante unas maniobras y abandonó el servicio activo, pero una biografía no autorizada ha destapado otra posible razón y no era otra que una posible reunión de Jimi con sus superiores en la que les informó de que se había enamorado de un compañero y, ahí no quedaba la cosa, que no dejaba de tener fantasías sexuales con él y de masturbarse. El ejército americano decidió sacarle del cuartel (donde había entrado para evitar la cárcel después de algunos robos de coches en su Seattle natal). El caso es que, en 1962 y de una u otra manera, Jimi abandonó el traje caqui y el mundo musical ganó un mito. Viva Honduras!

Porcentaje de certeza: este tipo de historias entra en la categoría de 'a saber'. Realmente a Jimi Hendrix nunca se le habían descubierto rumores sobre su homosexualidad, por otra parte muy habitual en muchas de las estrellas de rock de la época (no miramos a nadie... Mick Jagger), pero ya se sabe, nunca se puede decir "de este agua no beberé ni este cura no es mi padre".


3. ¿Tiene la culpa Paul McCartney de que los Ramones se llamen así?

Paul McCartney"¿Está el señor Ramone? Que se ponga"

Nuestro veredicto: Todo el mundo sabe que, en lo que rodea a los Beatles, la culpa siempre la tuvo Yoko Ono y, en su defecto, Sir Paul. Así que hay poco que comentar al respecto. Si nos ponemos tiquismiquis, diremos que la anécdota es cierta y no deja de ser un dato curioso. Los hechos son lo siguientes: Paul solía registrarse en los hoteles como Paul Ramone, primero como broma y, cuando la 'Beatlemania' provocaba la locura, como una forma de ocultase de los fans a la hora de de reservar una habitación. Dee Dee Ramone (gran seguidor de los de Liverpool) sugirió el apellido como nombre (si este galimatías no te da dolor de cabeza te damos la enhorabuena) del grupo fundacional del punk. El caso es que el nombre tiene gancho (no hubiera sido lo mismo Paul Pérez, ¿Los Pérez? Parece el título de una teleserie española) y fue un acierto.

Porcentaje de Certeza: es historia pura y dura. Es como cuando te preguntaban en clase qué pueblo había sido pionero en cualquier cosa: la respuesta era siempre 'los fenicios' y en su defecto los griegos (esta va por ti, Luisín). Tú sabías que tu respuesta era correcta un 99% de las veces, así que fíate en esto de Garajeland.

Ramones SimpsonEsto para los que pensaban que no podíamos colar una referencia a los Simpson en cada entrada


Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín
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viernes, 18 de abril de 2008

El secreto está a buen recaudo



Built To Spill - Keep It Like A Secret (1999)


Es bien sabido que el mundo musical se ha nutrido de personajes extravagantes y de gente a la que un abusón se le comía el bocadillo del recreo. Sobre todo, esto lo saben bien en Estados Unidos, pregúntenle sino a Black Francis (el gordito de la clase que después se convertiría en líder Pixie) o a cualquiera que toque en Arcade Fire. Efectivamente estos raros elementos capaces de ver entero el programa de Saber Vivir, son capaces de convertirse a la larga en genios musicales, o a veces pueden incluso empeorar, ahí están los extraordinarios casos de Cañita Brava, El Arlequín o Pereza. Pues si cada humanoide ha conocido a alguien así, en la ciudad de Boise, pequeña capital del estado de Idaho deberían estar orgullos de Doug Martsch, el lider de los Built to Spill, que lejos de convertirse en dibujante de los extintos fruitis decidió montar una banda musical en 1992. La idea inicial de Martsch siempre fue la de rotar cual Vicente del Bosque a los músicos que grabarían con él y casi lo ha ido cumpliendo en cada disco.


Doug Martsch es el más normal de los cuatro, el de barba y gorrito.


Prototípicamente conocida por estar en el diccionario como definición de banda indie, sus dos primeros álbumes, “Ultimate Alternative Wavers” y “There´s Nothing Wrong With Love”, se gestaron en los sellos C/Z y Up, cuando el grupo ya estaba pensando en ser ministros de igualdad por el escaso éxito inicial, se convierten en un fichaje de los Warner Brothers a tenor de su actuación en el Lollapalooza de 1995 , y no sólo alegró a sus familiares este contrato, sino que además consiguieron con acierto que el control creativo de toda su música recayera en el bueno de Doug. Su debut en Warner lo harían con un disco estupendo, “Perfect From Now On”, de gran éxito de crítica aunque menos accesible para iniciarse con esta banda que su siguiente trabajo, “Keep It Like A Secret”.


Posad como si fuerais Alejandro Agag que tenéis contrato con Warner

Es posible que el título del disco de una pista del carácter minoritario de su música, pero escuchando la gran mayoría de sus canciones es difícil pensar que ningún colectivo modernillo lo venere cual jersey de rayas de los Franz Ferdinand. El disco se inicia con “The Plan”, una canción estructurada en las ácidas y potentes guitarras y el gancho vocal de la voz de Martsch y su timbre a lo Neil Young. Si el comienzo no te convence espera a escuchar “Carry the Zero”, no valen excusas, su ritmo se te pegará desde la primera escucha. El disco mantiene toda la dulzura y la melodía pop con bases guitarreras en cortes como “Center Of The Universe”, ”Sidewalk” o ”Bad Light”. Otros cortes más divertidos y experimentales como “Time Trap” o “Temporarily Blind” permiten comprobar que gastaron bien la pasta de los de Warner en la producción y sin dejar a un lado el sonido rasposo, algo así como lo que ya hicieron los Pavement algunos años antes en “Crooked Rain, Crooked Rain”.



Si después de escuchar el disco uno piensa que Martsch no es capaz de salir del tono etiquetado casi-para-todo de Indie-Rock-Alternativo o eres de los que descatalogan cosas con comentarios del tipo “suena Indie pero no es para nada hiperbólico y onomatopéyicamente ecléctico” consigue su último disco, "You In Reverse", y comprobarás que el talento para componer de Doug Martsch es aún más largo que la frase anterior.

Tocando Carry the Zero en plena calle, dirán que no es para dejarle, por ejemplo, un descuento en recambio de amortiguadores

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domingo, 6 de abril de 2008

Blues con estilo propio




Taj Mahal - Taj Mahal (1967)


Taj Mahal (Henry St. Clair Fredericks, 17 de mayo de 1942), ha sido y será una 'rara avis' en el mundo musical. Si hay algunas pautas comunes en los grandes bluesmen de los 60: llevar bastante tiempo dedicados a la música, pasados tristes y llenos de sufrimiento, haber electrificado los blues rurales o ser los ídolos de los grupos de la 'invasión inglesa', Taj era poco o nada fiel a estas características. Representa el triunfo de la heterodoxia: vivió una infancia más o menos feliz -hijo de un pianista de jazz y una maestra con gusto por el gospel- se trasladó a Springfield (Masachussets, Nota, juro que no es una mención a los Simpson) donde se concentraba en trapichear con los cromos de pokemon, aunque este dato no está muy contrastado. Como el niño mostraba actitudes, papá Mahal comenzó a enseñarle a tocar el piano, parece ser que cogió carrerilla, porque después del piano vino la armónica, el trombón, el clarinete, la guitarra... así hasta 20 instrumentos (en los que claramente se incluirían la zanfoina y la botalla de anís del mono, porque tantos instrumentos no puede haber). Las enseñanzas musicales de Taj, junto con la cantidad de música que llegaba a su casa (Springfield recibía inmigrantes de todos los lugares: Caribe, Europa, África) conformaron la visión musical de nuestro protagonista. Ese conglomerado de influciencias terminaron de salir a la luz en la Universidad de Massachusetts, donde Taj Mahal se ganó su mote gracias a su 1.95 de estatura y una reputación de inquieto: entre 1960 y 1964 llegó a tocar o compartir escenario con Howlin' Wolf, Muddy Waters, Junior Wells, Buddy Guy, Otis Redding o The Temptations. Todos de segunda, vamos. Tras eso, a los 26 años se dijo a sí mismo: "vamos a grabar unas coplas para tener algo que contar a los nietos" y de ahí llegamos a este disco:



Este es el resultado que te da Google cuando pones "bluesman negro que sacó un disco en 1967 y llevaba sombrero"... malditos buscadores

8 canciones, menos de 34 minutos y todo una lección acelerada de blues. 'Leaving truck' es la primera canción, y ya de por sí, una seña de identidad. Está por descubrir una canción de blues que te haga sentir mejor en mal día: te da fuerzas para enfrentarte incluso a un trámite burocrático en cualquier oficina de la Seguridad Social: "Tiene usted el formulario tal y cual". Por supuesto, no lo tienes, tendrás que volver otro día, pero lo harás como un señor porque te has levantado escuchando esta canción. Para crear un sonido tan compacto, Taj contaba con un grupo extraordinario, entre ellos Jesse Ed Davis - cuya guitarra se puede oír en discos de John Lennon o John Lee Hooker, versatil que es este señor- o Ry Cooder, excelso guitarrista, uno de los mejores 'slides' al oeste del pecos y que ahora es más conocido por su labor en el Buenavista Social Club (aunque, excepto con el Consorcio, ha participado en las más variopinta colección de discos, por ejemplo en el Let it Bleed de los Stones). Ellos y la voz de Taj como base rítmica adicional (en el disco, el ritmo lo marca Taj, que para eso aparece su nombre en la portada) configuran la tónica de todas las canciones: son viejos blues, pero suenan a nuevos; así 'Staesboro Blues' es desgarrada y precisa, con una puñalada al corazón, mientras que 'Checkin' up on my baby' (un viejo blues de Robert Johnson) mezcla pianos de boogie-boogie sobre una base de guitarra lo que hace revivir una canción compuesta en 1926. En 'Everybody's Got to Change Sometime', la voz de Taj cambia, mostrando otra textura, más cálida y lánguida que contrasta con el incendio que provocan los solos de armónica. 'Ez Rider' se acerca al pop y al soul con un riff de guitarra que anticipa el 'Get Back' de Los Beatles, 'Diving Duck Blues' se nutre otra vez del viejo blues añadiendo un pulso rockero; en cierta medida Taj marcó el camino para Cream, con la diferencia de que él utilizaba sombrero vaquero y llevaba un peinado de alguien en el que puedes confiar y a Clapton (por aquel entonces) le iba más la psicodelia y calzaba un pelazo afro que ni Rob Tyner, cantante de MC5. El disco termina con una maravilla de más de 8 minutos, 'The Celebrated Walkin' Blues', donde el peso de la canción recae en la voz de Taj, que canta y aporta color con su armónica sobre una etérea mandolina de Ry Cooder.



Esto es otra cosa...


El debut de Taj Mahal tiene la extraña virtud de ser iconoclasta, rompedor y revolucionario, pero al mismo tiempo (en una paradoja más extraña que el acento de Eduard Punset), es tradicionalista, respetuoso y doblemente revolucionario. Taj Consiguió lo que todos los grupos sueñan en su primer disco: tomar todas sus influencias, hacerlas suyas y crear nuevas versiones dejando su impronta; dejó de ser un seguidor de la vieja escuela, para construir la suya propia. En 1967, las críticas sobre la 'fusión que asomaba en sus disco fueron duras, a Taj no le importó porque se convirtió en la referencia, el espejo en quien mirarse si a uno le daba por armarse con la guitarra, una armónica y mucha actitud y cantarse un I can't be satisfied en pleno metro ante la atenta mirada de dos señores (uno bajito), un guiri que busca la estación de la "sibeles" y el guardia de seguridad, que te sacará de allí en cuanto termines. Eso nunca le paso a Taj Mahal, pero él es grande. Enorme.

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín

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miércoles, 2 de abril de 2008

Los McDonald golpean primero

Redd Kross - Neurotica (1987)

La gente que nos agolpábamos cerca del escenario en uno de sus últimos conciertos no parábamos de oír “los Redd Kross nunca fallan”, pues no es que sean Jordan en el 96, pero en más de veinte años de carrera pocos tiros se les han ido fuera a los de la cruz roja. En garajeland teníamos abierta una guerra para ver que disco comentábamos antes, definitivamente apostamos por “Neurotica”.


Publicado en 1987 y tras participar años atrás en la banda sonora de “Desperate Teenage Lovedolls” el disco ofrece una muestra del talento compositivo de los eruditos hermanos McDonald, Jeff y Steve, nacidos en el barrio angelino de Hawthorne, el mismo que vio crecer a los Beach Boys. A las dos cabezas pensantes se les uniría para la ocasión el guitarrista Robert Hecker, de virtuosos dedos y melenudo por aquellos años (ahora co-protagoniza anuncios de cuchillas de afeitar); después de la grabación de “Third Eye”, el bueno de Hecker dejó la banda tras pronunciar una frase cáustica, al terminar un concierto dijo llorando “tengo que ser New Wave”, esto hizo que los McDonald pensaran que Roberto es de esa clase de gente que puede escuchar un disco de Juan Pardo al derecho y al revés, como para no dejarle ir. Completando el grupo se sumaría el batería Roy McDonald, sin parentesco ninguno pero que permitió al grupo obtener descuentos en el Happy Meal.



No estéis tristes que luego os hacemos la foto con los muñecos de colores


Después de una pausa de tres años sin grabaciones se meten al estudio al amparo del sello Big Time e inspirados por los cereales del desayuno y los dibujos animados de los sábados por la mañana, el resultado: una colección de canciones de melodías pop mezcladas con hard-rock que inspirarían y abrirían camino a bandas de más éxito como los Pixies o las grungeras Nirvana y Mudhoney.


El disco se abre con la estupenda pieza homónima “Neurotica” de inspiración Beatle, y sigue con piezas magistrales como el hit “Peach Kelly Pop”; la declaración de intenciones de los Redd Kross “Play my Song” y su sarcástico final de estribillo "No metal sluts or punk rock ruts for me, oh noooooooo"; “McKenzie”, “What They Say” o el ritmo pegadizo de “Love Is You”, compuesta y cantada por Hecker; así hasta completar las doce canciones del disco sin síntomas de flaqueza.

Ni del Barça ni del Madrid, Jeff portando una camiseta de los Teenage Fanclub

¿En lo que a ventas se refiere? Que más da, siempre se han movido como nadie entre el culto, sus numerosos trabajos paralelos y el aprecio que tienen entre un buen número de bandas e incondicionales como Thurston Moore de los Sonic Youth o el cincuenta porciento de los Posies, Jon Auer, que remezcló algunas canciones de este disco dotándolas de una capa de pintura de Seattle. Da igual que vendan menos politonos y gilitonos que cualquiera que cante sobre una camisa negra, escuchar “Frosted Flake” o “Janus, Jeanie, and George Harrison” no tiene precio. Un grupo de los grandes.



Para más información sobre los Redd Kross, no duden en visitar la página de Johnny Lebrel y su equipo de patilludos, ya sentaron cátedra hace tiempo en lo referente a la banda californiana.

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jueves, 27 de marzo de 2008

Verdades como puños, mentiras como pianos ( I )

En esta sección (como notarás querido lector, las secciones, en garajeland surgen como las arizónicas en las fincas campestres, otra cosa es que tengan continuidad) queremos hacer un compendio de todos esos rumores, chascarrillos, comentarios musitados al oído, verdades inconfesables. En definitiva, vamos a intentar descubrir de una vez por todas si todas las leyendas urbanas del mundo de la música son reales, casi o mero infundios. Para ello utilizaremos las más variadas técnicas, desde una investigación tipo Pedro J. Calvorota hasta preguntar a nuestras respectivas abuelas, que como todo el mundo sabe, son sabiduría con patas.



¿Quieres saber si el hermano gemelo de Elvis Presley en realidad tomó la identidad de Phil Spector que lleva gafas de sol porque es fotofóbico, cosa que sabía Sonny Boy Williamson II, pero no el primero, porque estaba más ocupado en buscar las guitarras que le robaron a Keith Richards en 1971, que a su vez había grabado con Muddy Waters canciones en los años 60 en una pausa del verdadero trabajo de Muddy: pintar los estudios Chess. Todo esto mientras Frank Zappa estaba sentado en el water? Pues agarraos a las polainas.



1.¿ Es verdad que unos músicos han grabado más números uno que The Beatles, The Beach Boys y Elvis Presley juntos?



Nuestro Veredicto (homenajeando este gran programa): totalmente cierto. Se llamaban The Funk Brothers (o al menos ese es su mote) y fueron los músicos de sesión de la Motown de 1969 a 1972. Estos buenos señores grabaron auténticas maravillas como My Girl, I Heard Trough The Gravepine, Baby Love de las Supremes o Papa Was a Rolling Stone de los Temptations. Su aportación a los éxitos de la discográfica de Detriot es increíble y poco conocida, pero fueron ellos los que empezaron a grabar con dos o más baterías al mismo tiempo para crear una base rítmica apabullante o a los que pensaron que eran una buena idea utilizar cadenas para la nieve como dar un toque característico a 'Nowhere to run' de Martha and the Vandellas





La historia de de estos buenos hombres está contada en la película 'Standing in the shadows of Motown' de Paul Justman (busquen en la sección de DVD del Fnac para que les digan que está agotada y después pasen por la mula).

Porcentaje de certeza: el máximo, esta historia es más cierta incluso que esa otra que dice que todo el mundo tiene un mote (o dos). Digamos que en Motown se juntaron el hambre (el tradicional complejo 'actorsecundariobob' de los músicos de sesión) con las ganas de comer (el puño de hierro de Berry Gordy Jr. al frente de la Motown impidió a los músicos aparecer en los créditos de los discos hasta el What's Going On? de Marvin Gaye, por cierto, otro número uno). Aquí tienen las pruebas



2. ¿Ha producido Steve Albini todos los discos de los años 90, incluidos los de Emilio Aragón y Jezulín?

Nuestro veredicto: no lo sabemos, es muy difícil de asegurar. Porque una de dos: o el señor Albini tiene clones desperdigados por estudios, grupos y alrededores o cuenta con un par de brazos extra que simula mover cual Martin Landau en Ed Wood. Como se me acusa de poner unas entradas muy largas, pues me aprovecho de nuestra querida Wikipedia para colar toda la lista de proyectos (como productor o guitarrista de Big Black o Shellac), aquí la tienen, el tío trabajar, no trabaja mucho.

Steve Albini (Prefiero no pensar en el tamaño del bic que se necesita para rebobinar esa cinta)

Porcentaje de certeza: muy bajo. Más o menos el mismo que hay en que un político no bese a un niño en un mitín. No obstante y pese haber producido a Pixies, Nirvana o a Low, Steve no será nadie hasta que meta mano al próximo éxito de Melendis.




3. ¿Otis Redding grabó su versión de Satisfaction diez minutos después de escucharla por primera vez?

Nuestro veredicto: Conociendo la bestia parda que era el bueno de Otis, como se las gastaban en Stax por aquella época y que la fuente es Steve Crooper, nos lo creemos a pies juntillas. Por lo que contaba el guitarrista de Booker T and The Mg's, Otis necesitaba una canción más para completar álbum 'Otis Blue' (por cierto, vaya joyita) y que alguien sugirió Satisfaction que como diría el abuelo de los Simpson, "otrora estaba muy de moda". Redding no conocía la canción y pidió un disco para escucharla. Diez minutos después la estaba grabando dotando a la versión de más fuerza si cabe que la original, en sólo un par de tomas y añadiendo los arreglos de vientos que Keith Richards siempre oyó en su cabeza mientras componía la canción. El resultado es que es imposible llevar el ritmo de la canción con la voz de mejor manera. Nota curiosa 3.456 acerca de esta versión: dicen que cuando Mick Jagger escuchó el resultado final de la versión y se enteró de cómo se había grabado el tema se cayó de la silla en la que estaba sentado. Otis era un profesional del cante, como la Pantoja vaya.

Porcentaje de certeza: tipo "palabrita del niño Jesús". La historia siempre ha hablado de la profesionalidad y la capacidad del señor Redding para atacar las canciones mezclando fuerza, desgarro y precisión en las dosis justas. Nosotros no somos nadie para negarlo, pero no obstante hemos hablado con un amigo del primo segundo del hermano del técnico de sonido que grabó la sesión de Otis & cia y él nos ha dicho: "Sí". Como para dudar...


Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín

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martes, 25 de marzo de 2008

Cantar y no callar… y sin utilizar la palabra excesivo


José Antonio Labordeta - Cantar y No Callar (1975-1995)

Pues sí, a lo largo de todo el artículo se evitará utilizar dicha palabra en pos de los maravillosos sinónimos que proporciona Microsoft Word, una maquinaria que funciona mejor que la central nuclear del señor Burns.

Nos zambullimos ya en el tema principal: perder el tiempo en la Fnac a veces te ofrece información interesante, una vez el aburrimiento es tal que ya conoces de memoria los precios de la zona verde y has visto que es inaccesible comprar el muñequito más chorra, te acercas a la sección española con todo lo que eso conlleva. En una aproximación fugaz ves una desproporcionada caja que incluye material de un hombre con bigote, piensas que es Aznar, pero él nunca sacó un disco (a lo mejor ni ha escuchado uno) y tampoco es una selección de doblajes de Constantino Romero, te acercas y descubres que es José Antonio Labordeta y una recopilación de toda su carrera como cantautor, que es más prolífica que la de Rocco Siffredi en otras artes.

Efectivamente, ya bien informado comprendes que la discográfica Dro East West decide recopilar en trece discos la carrera del amigo aragonés. Desde garajeland no vamos a entrar a valorar su trabajo, más que nada porque nos encontramos un poco distanciados en gustos musicales, pero solo un poco, pero si vamos a opinar de la sobreabundancia de canciones recopiladas por los de Dro. Al menos para un fan de un país en la mochila como yo es preferible dormir tranquilo pensando que estoy paseando con ese hombre tan campechano, que no conciliar sueño atormentado de que alguien pueda pegarme con celo unos cascos donde suene de forma aleatoria la discografía completa de la mochila de cuero con más gamusinos de España (pongan voz de Rajoy que queda mejor).

Buscando Santa Cruz de Tenerife

Como reseña del material acumulado mencionaremos algunos de sus famosos largos, “Cantar y Callar” del 74, “Tiempo de Espera” del año 75 después de Cristo o “Qué Queda De Ti, Qué Queda De Mí” del 84, y así hasta trece y recopilando más de veinte años de carrera.

Por más que se empeñen las discográficas no pueden conseguir que nos deje de caer bien el señor Labordeta, un hombre que tuvo que aguantar a todos los diputos y diputas del congreso descojonándose de él cada vez que hablaba e intentaba pedir que la piratería no afectase a la canción popular aragonesa.

Así que no vamos a criticar al autor, sino al medio, que ha intentado convertir al hombre que me enseño a saludar a lugareños por el campo como si se trataran de mi propio hermano, con respeto y dignidad, como Dios manda, en un macanudo fabricante de canciones posteriormente convertidas en hilo musical de los autobuses de autorés.

Una más y toco "Magic Bus"

Como muestra de la simpatía de Labordeta puedes comprobar en este video como intenta convencer a un tabernero para que monte una franquicia.

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miércoles, 19 de marzo de 2008

Corta estatura, grandes melodías


The Small Faces - From The Beginning (1967)

Después de que muchos me asignen un supuesto e intencionado peinado mod he decidido hacer un guiño a todos esos lebreles y hablar del grupo mod que mejor afinó la vespa. No hablo de aquel grupo italiano que cantaba a una vespa espacial, en un video que recuerdo como si la movilete de Desi en verano azul hubiera pasado por una fiesta de los Happy Mondays...cuando todos sabemos que lo mejor que salió de Italia es Sabrina y el boys boys boys. El grupo que nos va a ocupar hoy no es otro que los Small Faces y sus elegantes trajes, ahora agotados en las tiendas de la calle del pez.


Volviendo al tema principal y dejando a un lado los peinados con italianos desnatados ponemos sobre el tapete esta recopilación que hicieron los avispados de la Decca con la etapa de los Small Faces en dicho sello, justo antes de que se pasaran a Immediate a trastear en el estudio como no pudieron hacer en el todopoderoso sello londinense.


Los Small Faces podrían pasar a la historia como el mejor grupo inglés que no vendió un disco en Estados Unidos (de España ni hablamos), la banda liderada por Steve Marriot contaba en sus filas con Ronnie Lane, Kenney Jones y Jimmy Winston, este último fue largado de la formación, según las buenas lenguas por intentar ser jefe de obra junto a Marriot y según las malas porque quedaba mal en las fotos al ser más alto que los demás. Hay que recordar que el nombre del grupo responde a las caras pequeñas y a su afamada estatura (corta), que les hizo replantearse si tenían que hacer las pruebas para el bombero torero. Desde garajeland apostamos por esta segunda suposición y a la afición de Winston por utilizar una pernera de pantalón ampliamente más larga que los demás.
No hay truco, los cuatro cabían en un Renault 5

La recopilación que nos ocupa incluye las primerizas canciones con el primer teclista del grupo, Jimmy Winston. A destacar de la primera formación su primer single, "What´cha Gonna Do About It" alcanzando el puesto 14 en listas británicas. En el resto de temas se pueden apreciar las composiciones de inclinación mas psicodélicas y poperas que presagiaban sus siguientes discos, se incluye "My Minds Eye" o "That Man" y sobre todo canciones de energía mod como la favorita "All Or Nothing", "Tell Me Have You Ever Seen Me" o "Hey Girl".

Entre las versiones incluidas muestran, como tantos otros, las influencias por la musica negroide americana, nos quedamos con "Take This Hurt Of Me" de Don Covay, además de "You´ve Really Got a Hola On Me" de Smokey Robinson o "Baby Don´t You It" del trinomio Holland-Dozier-Holland y cantada con mimo por Marvin Gaye en la grabación de la Motown.


Más allá de que nos inspirasen a Paul Weller y mí a cortarnos el pelo como Marriot y trincar una Rickenbacker, con este disco (de fácil y barata adquisición) te encuentras una buena forma de acercarse a la primera época de la punta de lanza de las bandas mod. Después se pasarían a terrenos más psicodélicos y experimentales pero dejaron en las probetas una buena selección de melodías, ahí queda parte del legado de Steve Marriot y Ronnie Lane, por aquí algunos seguimos disfrutando cada vez que gira uno de sus discos.



La Lufthansa les dejó pasar frío en la calle a cambio del penique que les deja Marianne Faithful
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lunes, 17 de marzo de 2008

Grandes discos que (casi) arruinan a su discográfica ( I )


# 1 Record - Big Star
Así estaba el tema (y tal...)

Los primeros setenta fueron el lógico contraste al imperio de los colores, la psicodelia, los movimientos sociales y la experimentación con todo tipo de sustancias (evidentemente, me refiero al fresquito y otras que alteran menos la mente como el LSD) de los 60. Desde luego la cosa no pintaba muy bien en el panorama político, la recesión estaba a la vista, la crisis económica iba a ser un hecho... En general la gente que iba a gobernar el mundo era menos simpática y más parecida a ese familiar al que no sabes cómo quitarte de encima en las fiestas de Navidad. Además, Marisol ya era toda una mujer y no podía seguir haciendo Lío en Río perpetuamente. Una tragedia, vamos.

Toda la Galia estaba rodeada, ¿toda? No, la música no evolucionó tan mal: superar la estela de los Beatles era un techo inalcanzable para cualquier artista, ni siquiera para los que lo hubiera tenido más fácil, como los Rolling Stones. Sin embargo, en los primeros setenta, los grupos de más éxito provenían de una década atrás, caso de Led Zeppelin o Pink Floyd, y habían tomado nuevos caminos: los 'Zep' un sonido más pesado y 'progresivo', mientras que Pink Floyd eran grandilocuentes en el estudio y en los estadios. Paralelamente, el glam-rock estaba surgiendo en las islas, Lou Reed sacaba su posiblemente mejor disco al mercado (Transformer) y surgían decenas de cantautores a uno y otro lado del Atlántico. Cierto, no era un mal panorama. El problema es que todo degeneró, el rock progresivo ganó la batalla hasta que las canciones se convirtieron en suites, con primeras y segundas partes y largos solos instrumentales. Una canción de Emerson Lake & Palmer puede ser hasta una buena opción en una cinta de mezclas, un disco entero puede ser insoportable. Menos mal que luego llegó el punk, la new-wave o el funk setentero y equilibraron un poco la cosa.



Mucho pop, pero vaya melenaza heavy


En esas, surgió una tercera vida, breve y sin mucho éxito, pero que calaría hondo en y sería influencia directa de muchos grupos. Esa vía surgió en Memphis, la ciudad de Elvis y la discográfica Sun Records, de B.B. King y la Beale Street y, por supuesto, de Stax Records. En 1971, Chris Bell (guitarrista y cantante) trabajaba en una discográfica subsidiaria de Stax, Ardent Records. Allí conoció a Andy Hummel y Jody Stephens y formaron un grupo. Después se incorporó como segundo guitarrista Alex Chilton, participante de uno de los mejores 'one hit wonder' de los años 60, The Letter de los Box Tops. El cuarteto se bautizó como Big Star en honor a una tienda de su barrio (que con el tiempo sería un Starbacks, seguro). La conexión entre Bell y Chilton fue inmediata y, como tantas otras parejas de compositores, se complementaron a la perfección: Bell había heredado el exquisito arte de crear imbricadas armonías vocales, Chilton tenía un fantástico gusto por la melodía y las guitarras potentes en dosis parecidas (aunque nunca se supo bien si estos papeles preasignados reproducen fielmente la realidad). Con un puñado de canciones tremendas y toda la fe del jefe de Ardent, John Fry, #1 Record -el primer disco del grupo- salió a la venta en 1972, acompañado de muy poca publicidad y una portada con el logo del grupo hecho de luces de neón. Naturalmente fue un fracaso de proporciones bíblicas, entre otras cosas porque el disco no podía encontrarse ni en las tiendas de Memphis debido a fallos de distribución de Stax y Columbia Records. Con todo, sonaba mucho más fresco, moderno y proponía una nueva reinterpretación de las canciones de Rock 'n' Roll de toda la vida, pero nadie le hizo caso. John Fry, a quien dejaría sin dudas decorar mi casa, pero no invertir mi dinero en bolsa, no se rindió y volvió a reeditar el disco poco después pensando que Big Star podían triunfar pese a todo. Nada ocurrió, pero el doble fracaso terminó con Chris Bell al borde de la depresión y abandonando el grupo y con Ardent Records en números rojos. Un solo disco, una sola apuesta y un fracaso con todas las de la ley.

Dos años después y (sabiendo que la crítica les tenía en cuenta, pero el público no) Chilton retoma el proyecto y graba nuevas canciones (algunas firmadas también por Bell), dando forma al segundo disco de Big Star: Radio City (1974). Todo pintaba fenomenal: era un álbum incluso mejor que el anterior. Como cabía esperar, Radio City acabó justo detrás de #1 Record en el estante de ofertas, así que Chilton y Stephens (ya que Hummel había dejado su lugar de bajista para pasarse a la ingeniería) con un espíritu kamikaze encomiable volvieron al estudio para firmar su último álbum, un doble LP grabado con Jim Dickinson (el pianista de Wild Horses de los Rolling Stones), mucho más íntimo y reflexivo. Con estos mimbres y considerando los precedentes, nadie quiso editar el disco que pasó de mano en mano hasta que el sello PVC lo hizo allá por 1978. Un gran disco, de nuevo condenado al ostracismo.


El grupo preferido de Don Pablo en Cuéntame?

Años después y, mientras Chilton y Stephens trabajaban en Ardent, los teléfonos comenzaron a sonar: grupos como REM, Teenage Fanclub, Wilco, The Replacements citaban a Big Star como uno de sus grupos favoritos y, sapristi, sonaban muchas veces como ellos. Por arte de birle y birloque, Big Star eran el espejo en el que se habían mirado algunas de las mejores bandas de rock de los 80 y los 90. De repente, los discos que estaban cogiendo polvo en las estanterías de las tiendas de discos eran auténticas joyas de coleccionista muy difíciles de encontrar. John Fry sabía que tenía grandes estrellas, pero como era un hombre paciente no le importó esperar 15 años hasta que fueran conocidos, ahora yo no sé cómo se las apañaba para pagar la hipoteca.

El disco

Lo curioso de #1 Record y de la carrera de Big Star en general es que puedes encontrar muy fácilmente gente que suene como ellos o trazas de sus canciones imbuidas en las de otros, pero cuesta encontrar una referencia directa de la música que hacen. Suenan como Tom Petty, como Teenage Fanclub en algunas canciones y su tercer disco y el A ghost is Born de Wilco guardan muchas concomitancias. Pero todo esto no son referencias, sino seguidores. Los grupos que ayudaron a configurar Big Star fueron los Beatles, los Byrds, Los Kinks, Los Zombies, Left Banke, las armonías de los Beach Boys, pero también el sonido Stax (esos arreglos de viento en Feel). Nadie hacía mejor pop con guitarras afiladas en 1972 que Big Star, si exceptuamos a Badfinger o los Raspberries.

El disco comienza de manera cautelosa con Feel, unos acordes de guitarra que dan inicio a la canción, donde se funden buenos riff con estupendas armonías de la pareja Bell/Chilton y unos arreglos de vientos que destilan puro soul. The ballad of el Goodoo rebaja el ritmo y nos descubre el don de Chilton como orfebre de melodías que le emparenta directamente con Paul McCartney (que podría componer un gran tema incluso con el ukelele tetrabrik de Martin). In the Street da la de arena y vuelve a mostrarnos a los Big Star de pulso firme. No hay concesiones: Don't Lie to me, When My Baby's Beside Me son grandes muestras de lo que un ritmo rápido, unas guitarras rabiosas y unos estribillos que se tatúan en tu cerebro pueden hacer por una canción Pop. My Life Is Right, Try Again, Watch The Sunrise, Give Me Another Chance completan el disco y descubren diferentes métodos de composición que desembocan en canciones llenas de lugares interesantes: baterías originales y potentes, solos de guitarra virtuosos sin caer en la autocomplecencia. Parece fácil de lograr, pero no lo intentan puede que lleguen que les salga una canción del Canto del Loco. Para el final he dejado Thirteen, una balada acústica con la dosis de melancolía permitida por 9 de cada diez dentistas. Una historia de un chaval de 13 años que descubre el rock y las chicas (las cosas importantes) envuelta en guitarras acústicas, un solo mil veces imitado y unos coros que nos acercan a la profecía de la canción pop perfecta.


Todos lo ocultan, pero llevan calcetines blancos

P.D.: en la actualidad, Alex Chilton y Jody Stephens han vuelto a la carretera e incluso sacaron un albúm en 2003 llamado In Space. Para sustituir a Bell (fallecido en accidente de coche en 1978) y a Andy Hummel, han convencido para la causa a dos 'vitorinos', ni más ni menos que Jon Auer y Ken Stringfellow, las cabezas pensantes de los Posies y deudores reconocidos de la música de Big Star. Por cierto, si queréis saber más de la banda os recomiendo este magnífico reportaje







Big Star en 1994. Increíble pero cierto ¡Los Posies en Traje!

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín

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viernes, 7 de marzo de 2008


The Cure - Madrid 6 Marzo de 2008


Ante el crecimiento institucional que estamos teniendo a lo largo de tan preciadas líneas del bloc, ya nos permitimos el lujo de mandar colaboradores a cubrir los distintos conciertos que se celebran por estas latitudes. Para ello nos hemos fiado de la colaboración del gran JJ Martín Burchill que ya por los años ochenta gastaba un peluquín digno de ser apreciado por Robert Smith. Anoche anduvo contemplando al cuarteto que más dinero ha gastado en laca capilar, a continuación podéis leer una crítica que deja por el pavimento a Julián Ruiz. Muchas gracias por su aportación.


"The Cure, Madrid 6-3-08, la verdad es que The Cure era un grupo que tenía un poco olvidado desde hace tiempo, e incluso nunca fui un claro devoto de su música, pero después de ver su último concierto, creo que tienen un nuevo adepto.

Creo que jamás vi en un concierto una mezcla de tanta calidad, fuerza y melodía como en este, su sonido fue tal, que no se echaban de menos florituras de escenario u otros adornos para amenizar la noche, las increíbles 3 horas, con sus canciones encadenadas sin descanso una tras otra, tan sólo interrumpidas por las dos breves pausas de rigor al final del concierto, creo que no decepcionaron a nadie. Es curioso comprobar que tras esa fachada un poco desconcertante, Robert Smith esconde un verdadero genio, bastante perfeccionista (seguro que "Roberto" odia el sonido MP3) apoyado simplemente por la guitarra, el bajo y la batería, no hace falta nada más, ni veinte músicos en el escenario, ni teclados, ni ningún otro efecto, para hacernos disfrutar de principio a fin, con sus nuevos temas (A Boy I Never new y Please Project), y los conocidos de los 80 y 90 ("Lullaby", "Hot, Hot, Hot", "Friday I'm in love", "Lovesong", "A forest" y "Just like heaven"), con una calidad tal que ensombrecería a muchas de las grandes bandas modernillas.

Finalmente os dejo esta cita de Robert: "Es tan triste que a the Cure se le siga llamando gótico [...] No somos categorizables. Supongo que eramos Post-Punk cuando salimos, pero globalmente es imposible categorizarnos. [...] Yo toco música de the Cure, sea lo que sea que esto signifique”.

Saludos de JJ Martín."
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jueves, 6 de marzo de 2008

Jazz y Funk en venta


Funk Inc. (1969-1976)


Todo acabó oficialmente en 1976 pero el funeral se celebró mucho antes, su último disco se publicaba en 1974 y dejaba un ligero suspiro de lo que hicieron tiempo atrás. Este último largo, aunque de duración escasa, estaba dedicado casi exclusivamente a las versiones con mucho toque soulero y muchas más voces que en sus primeros trabajos, a saber, “Gimme Some Lovin´” de Steve Winwood o “God Only Knows” de los Beach Boys como las más conocidas. En portada aparecen los miembros del grupo en un taller mecánico de los Estados Unidos más profundos, junto a un Rolls Royce y tomando algún Sandevid, seguramente mientras leas estas líneas ese primitivo tiendas aurgi se haya convertido en un Starbucks.

Pero si este último disco les dejaba una presentación más elegante, poco antes publicaron una trilogía de discos que van del homónimo Funk Inc al Superfunk donde eran mucho más descarados y animados, con la etiqueta del acid jazz en la solapa de cada elemento del grupo, una banda base de seis músicos donde ninguno se parece a los de abba, en la que saxofón, guitarras, bajo, batería o congas estaban engrasadas a la perfección con las numerosas colaboraciones, tanto vocales como instrumentales. Todo esta abundancia de músicos estaba capitaneada por el tal Bobby Watley, fundador y teclista del grupo que acabó por meter a todos los músicos en el Rolls Royce y dejándolos dispersos por diversas bandas de escaso éxito y haciendo cola en el INEM.

El primer disco de esta época titulado Funk Inc se encuentra recogido en una especie de recopilación con el Chicken Lickin´ en un mismo cd y de edición pobre en su formato, aunque, dejando a un lado la descarga, puede ser el mejor método de iniciación sexual con esta banda de cabezas afro. A este primer largo le seguirían el Hangin´ Out, también recogido en una edición de similares características a la comentada anteriormente, y finalmente el Superfunk, del que puedes escuchar una canción un poco más abajo y que cerraría filas a la mejor época de improvisación y frescura de los Funk Inc. Si alguien no es capaz de superponer la voz de Barry White en este tema, que nos escriba por favor.




Una vez muertos, la revitalización del Acid jazz en Inglaterra por los años noventa les permitió una ligera tregua de ventas y la opción de trincar algún royalty, así como ganarse un respeto que se había perdido, lo que hizo que Watley reuniera a la banda para una nueva grabación veintiún años después, tristemente dos de sus miembros originales habían fallecido y este disco titulado Urban Renewal fue un mero espejismo y ya no publicarían más trabajos.

Nunca fueron, ni nunca serán muy conocidos, pero alguna que otra aguja se estará divirtiendo deslizándose por el surco de sus discos y recordando que el placer es aun mayor cuando eres uno de los pocos que conocen donde está el tesoro.
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viernes, 29 de febrero de 2008

Caerás lentamente


Once (2007)


No es que seamos unos aprovechados y hayamos esperado a que esta película gane un Oscar para que hablemos de ella. Pero tenemos defensa si lo piensas.

Ya hace algún mes que vimos esta película irlandesa, y no salimos del cine diciendo "como mola mi pistola", porque con buen criterio pensamos que si lo decía Bardem en algún momento importante lo iba a poner de moda. Lo que si es verdad es que casi al instante se convirtió en una de nuestras películas favoritas del año, la sinopsis no la vamos a contar que para eso hay otra gente, pero si te gusta la música la película no defrauda, todo su argumento gira en torno a la composición de canciones y el estado anímico por el que pasan los dos protagonistas para componerlas, y es que no todas las películas buenas van a ser las cuartas partes de Alien contra el Predator o contra Llamazares.

Además nos cayó bien el protagonista irlandés (Glen Hansard), que se fue a esa ceremonia de la moqueta magenta con una guitarra acústica, que bien por su estado podría haber sido comprada en un Cash & Converts, y también porque demostró (si alguien piensa así) que un tipo tocando con una guitarra acústica no tiene que ser el tío más soso del mundo, traducido al castellano Alex Úbago o Fran Perea. Como ejemplo de sus maneras, puedes escuchar una de las primeras canciones que toca en la película, dejando sus cuerdas vocales bien calientes en una calle dublinesa para recibir un suculento premio de veinte céntimos.


La recomendación para afrontar la película es recurrir a la versión original, aunque es posible que ya esté casi desaparecida en los cines, puedes coger el camino cutre, y bajarla de la mula, con esa calidad tan excelente que ofrecen los divx de sonido malo, calidad de imagen tacaña, o viceversa.

En próximas ediciones estudiaremos detenidamente la carrera del grupo irlandés de Hansard, The Frames, que aún estamos en asimilación de su discografía. Lo único que podemos decir es que por tierras castellanas se ha prodigado poco su escucha.


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jueves, 28 de febrero de 2008

Con una pequeña ayuda de los amigos... ( I )


Javi 'Skunk' y el don de la ubicuidad


"Aprovecho estas mis primeras líneas en Garajeland para presentar esta sección que a falta de un nombre mejor se llama como se llama (nos doy mucho más de mí). Desde aquí también quiero agradecer a nuestro equino productor asociado (más información en esta película) su llamada a filas para que ponga aquí lo primero que me pasa por la cabeza (con esta facilidad para dar agradecimientos me deberían dar un Oscar o incluso dos)"



La norma no escrita de que hay que empezar las cosas desde los cimientos ha hecho mucho daño, así que vamos a empezar esta entrada dedicada a nuestros amigos favoritos con fuerza, con una opinión de esas de tertuliano de programa de radio, desde el tejado: sin temor a ser exagerados (aunque siempre hay tiempo para ser apocalípticos), afirmo con la mano en el pecho y la mirada al cielo que en estos momentos resulta difícil encontrar un grupo 'musicovocal' en Madrid en el que el baterista Javi 'Skunk' no esté tras los parches.

The Sweet VandalsDesconocemos el autor de esta foto, pero se rumorea que lleva zapatillas que brillan y gafas amarillas (Javi es el único que no lleva guitarra, bajo u órgano)



Naturalmente esto es imposible o podría entrar directamente en los 'cinco principales' de otra de las futuras secciones de este blog: 'mentiras como puños, verdades como pianos'. Sé perfectamente que a Javi le basta con ser, o haber sido, el baterista de Sweet Vandals, Celofunk, Vacazul, Paco Rivas trio, El Tío Calambres, Superskunk, Stormy y tener sus propios proyectos en solitario para darme la razón, pero yo dudo, dudo profunda y deliberademente, dudo de que cuando estoy viendo a un grupo cuyo baterista no es Javi sea en realidad un hábil ardid y que, en cuanto me dé la vuelta, Javi quite al tipo cual piloto automático de 'Aterriza como puedas' (ver más abajo) y de nuevo tome él las riendas. Por supuesto esto no puede pasar, primero porque es físicamente inviable y, segundo, porque las confabulaciones judeomasónicas que ello implicaría me vienen un poco grandes. Pero, yo dudo, no puedo evitarlo. El tío está en todas partes.


Aterriza como puedasJavi ejecutando el conocido número: 'quítate tú para ponerme yo'



No se sabe si Javi es en realidad el único baterista en Madrid (lo lógico es que el INEM hubiera tomado cartas en el asunto), pero sí podemos asegurar que es uno de los mejores, sino el mejor de los que pueden pisar el escenario en la actualidad (depositen aquí sus opiniones tipo: ¡se ha pasado! Echen al autor del texto de España o nunca le cedan el asiento en el autobús) . Si no me creen, lo mejor es comprobar como funciona la base rítmica de los Sweet Vandals o Celofunk, aunque en ambos grupos el bajista -el ínclito 'Santi Sweetfingers'- tiene también mucho que ver con el resultado final. Javi y Santi consiguen una suerte de alquimia rítimica cuyas notas y golpes de baqueta resucitan a los muertos. En los conciertos de los Sweet Vandals todo el mundo baila, los que nacieron con el don de mover las caderas y los pies y no descoyuntarse en el intento y los que piensan que la Yenca sigue siendo un misterio insondable de pasos y posiciones.


Javi no es sólo uno de los mejores bateristas españoles de su generación, sino que lo demuestra en cada actuación. Si nos gustara poner etiquetas (y nos encanta) diríamos que el señor 'Skunk' es el vívido ejemplo de que menos es más en el mundo de los parches, los timbales y los 'pumpumpam'. No utiliza docenas de timbales ni dobles pedales ni platos con mil efectos. Sólo crea ritmos de soul y funky, elegantes e infecciosos con un bombo, una caja, un charles, un plato y un timbal base (nota para los no introducidos en el mundo bateril: son todos los elementos que podrías llevar contigo si fueras un hombre orquesta). Su forma de enfocar la batería es discreta, donde cualquier otro buscaría la opulencia, el señor 'Skunk' encuentra la sencillez y los detalles imperceptibles pero que suman al conjunto; como ocurre en la primera canción del debut de los Sweet Vandals (The Sweet Vandals, Unique records, 2007), 'I've got you, man'. Un charles abierto aquí, un redoble perfecto allá, pinceladas de virtuosismo que son aplicadas al resto de los temas del disco con la dosis justa de intuición y preparación, ¿quieren ejemplos? Como los prejuicios, los tenemos a borbotones: la intro de 'Charlie's love', el sorprendente acento rockero de 'Papa 's Got a Brand New Bag', la clase que destila 'Beautiful' o el desfreno de 'Come on now'. En realidad, The Sweet Vandals tiene tal pléyade de músicos que todos merecían un espacio para ellos solos, pero hoy el protagonista de esto es Javier Gómez, Javi 'Skunk', uno de las personas que puede presumir de tener 'groove', palabra sobre la que el mundo bateril no se ha puesto de acuerdo, pero que viene a significar que el baterista en cuestión tiene 'algo', un don (y no precisamente de gentes, primer chiste malo de la jornada) para aporrear la batería con maestría. A esta conclusión se llega tras años de estudio antroplógico de los entendidos en el mundo de la percusión. Ejemplifiquemos mediante un psicodrama de andar por casa:


Escena 1: interior de un local, The Sweet Vandals tocando con Javi al mando de las operaciones bateriles:


Entendido 1: ¡Vaya Groove!


Entendido 2: (asintiendo y con los ojos entrecerrados) Sí.

Acongoja, ¿eh?

Y esto es todo amigos, si tienen la oportunidad por favor vean a Javi en cualquier de los proyectos que tiene actualmente, es decir muchos. No tengan miedo, que no saldrán decepcionados y si tiene tiempo dedíquenle unas palabras de afecto, porque además de un músico fantástico se puede hablar con él de muchos temas que van desde la recuperación de EE. UU. tras la Guerra de Secesión a si Monet y Manet eran la misma persona. Prueben incluso a pedirle dinero para la máquina de aparcamiento, que siempre lleva suelto encima. Más aún, si ustedes tienen una banda y desean cambiar a su batería por Javi sin que parezca un accidente recuerden las palabras del Equipo A: "Hoy, buscado todavía por el gobierno sobrevive como soldado de fortuna, si tienen usted algún problema quizás pueda contratarlo". Háganlo.

Aquí una muestra de como se comportan los Sweet Vandals en directo



Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verléin.


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