lunes, 17 de marzo de 2008

Grandes discos que (casi) arruinan a su discográfica ( I )


# 1 Record - Big Star
Así estaba el tema (y tal...)

Los primeros setenta fueron el lógico contraste al imperio de los colores, la psicodelia, los movimientos sociales y la experimentación con todo tipo de sustancias (evidentemente, me refiero al fresquito y otras que alteran menos la mente como el LSD) de los 60. Desde luego la cosa no pintaba muy bien en el panorama político, la recesión estaba a la vista, la crisis económica iba a ser un hecho... En general la gente que iba a gobernar el mundo era menos simpática y más parecida a ese familiar al que no sabes cómo quitarte de encima en las fiestas de Navidad. Además, Marisol ya era toda una mujer y no podía seguir haciendo Lío en Río perpetuamente. Una tragedia, vamos.

Toda la Galia estaba rodeada, ¿toda? No, la música no evolucionó tan mal: superar la estela de los Beatles era un techo inalcanzable para cualquier artista, ni siquiera para los que lo hubiera tenido más fácil, como los Rolling Stones. Sin embargo, en los primeros setenta, los grupos de más éxito provenían de una década atrás, caso de Led Zeppelin o Pink Floyd, y habían tomado nuevos caminos: los 'Zep' un sonido más pesado y 'progresivo', mientras que Pink Floyd eran grandilocuentes en el estudio y en los estadios. Paralelamente, el glam-rock estaba surgiendo en las islas, Lou Reed sacaba su posiblemente mejor disco al mercado (Transformer) y surgían decenas de cantautores a uno y otro lado del Atlántico. Cierto, no era un mal panorama. El problema es que todo degeneró, el rock progresivo ganó la batalla hasta que las canciones se convirtieron en suites, con primeras y segundas partes y largos solos instrumentales. Una canción de Emerson Lake & Palmer puede ser hasta una buena opción en una cinta de mezclas, un disco entero puede ser insoportable. Menos mal que luego llegó el punk, la new-wave o el funk setentero y equilibraron un poco la cosa.



Mucho pop, pero vaya melenaza heavy


En esas, surgió una tercera vida, breve y sin mucho éxito, pero que calaría hondo en y sería influencia directa de muchos grupos. Esa vía surgió en Memphis, la ciudad de Elvis y la discográfica Sun Records, de B.B. King y la Beale Street y, por supuesto, de Stax Records. En 1971, Chris Bell (guitarrista y cantante) trabajaba en una discográfica subsidiaria de Stax, Ardent Records. Allí conoció a Andy Hummel y Jody Stephens y formaron un grupo. Después se incorporó como segundo guitarrista Alex Chilton, participante de uno de los mejores 'one hit wonder' de los años 60, The Letter de los Box Tops. El cuarteto se bautizó como Big Star en honor a una tienda de su barrio (que con el tiempo sería un Starbacks, seguro). La conexión entre Bell y Chilton fue inmediata y, como tantas otras parejas de compositores, se complementaron a la perfección: Bell había heredado el exquisito arte de crear imbricadas armonías vocales, Chilton tenía un fantástico gusto por la melodía y las guitarras potentes en dosis parecidas (aunque nunca se supo bien si estos papeles preasignados reproducen fielmente la realidad). Con un puñado de canciones tremendas y toda la fe del jefe de Ardent, John Fry, #1 Record -el primer disco del grupo- salió a la venta en 1972, acompañado de muy poca publicidad y una portada con el logo del grupo hecho de luces de neón. Naturalmente fue un fracaso de proporciones bíblicas, entre otras cosas porque el disco no podía encontrarse ni en las tiendas de Memphis debido a fallos de distribución de Stax y Columbia Records. Con todo, sonaba mucho más fresco, moderno y proponía una nueva reinterpretación de las canciones de Rock 'n' Roll de toda la vida, pero nadie le hizo caso. John Fry, a quien dejaría sin dudas decorar mi casa, pero no invertir mi dinero en bolsa, no se rindió y volvió a reeditar el disco poco después pensando que Big Star podían triunfar pese a todo. Nada ocurrió, pero el doble fracaso terminó con Chris Bell al borde de la depresión y abandonando el grupo y con Ardent Records en números rojos. Un solo disco, una sola apuesta y un fracaso con todas las de la ley.

Dos años después y (sabiendo que la crítica les tenía en cuenta, pero el público no) Chilton retoma el proyecto y graba nuevas canciones (algunas firmadas también por Bell), dando forma al segundo disco de Big Star: Radio City (1974). Todo pintaba fenomenal: era un álbum incluso mejor que el anterior. Como cabía esperar, Radio City acabó justo detrás de #1 Record en el estante de ofertas, así que Chilton y Stephens (ya que Hummel había dejado su lugar de bajista para pasarse a la ingeniería) con un espíritu kamikaze encomiable volvieron al estudio para firmar su último álbum, un doble LP grabado con Jim Dickinson (el pianista de Wild Horses de los Rolling Stones), mucho más íntimo y reflexivo. Con estos mimbres y considerando los precedentes, nadie quiso editar el disco que pasó de mano en mano hasta que el sello PVC lo hizo allá por 1978. Un gran disco, de nuevo condenado al ostracismo.


El grupo preferido de Don Pablo en Cuéntame?

Años después y, mientras Chilton y Stephens trabajaban en Ardent, los teléfonos comenzaron a sonar: grupos como REM, Teenage Fanclub, Wilco, The Replacements citaban a Big Star como uno de sus grupos favoritos y, sapristi, sonaban muchas veces como ellos. Por arte de birle y birloque, Big Star eran el espejo en el que se habían mirado algunas de las mejores bandas de rock de los 80 y los 90. De repente, los discos que estaban cogiendo polvo en las estanterías de las tiendas de discos eran auténticas joyas de coleccionista muy difíciles de encontrar. John Fry sabía que tenía grandes estrellas, pero como era un hombre paciente no le importó esperar 15 años hasta que fueran conocidos, ahora yo no sé cómo se las apañaba para pagar la hipoteca.

El disco

Lo curioso de #1 Record y de la carrera de Big Star en general es que puedes encontrar muy fácilmente gente que suene como ellos o trazas de sus canciones imbuidas en las de otros, pero cuesta encontrar una referencia directa de la música que hacen. Suenan como Tom Petty, como Teenage Fanclub en algunas canciones y su tercer disco y el A ghost is Born de Wilco guardan muchas concomitancias. Pero todo esto no son referencias, sino seguidores. Los grupos que ayudaron a configurar Big Star fueron los Beatles, los Byrds, Los Kinks, Los Zombies, Left Banke, las armonías de los Beach Boys, pero también el sonido Stax (esos arreglos de viento en Feel). Nadie hacía mejor pop con guitarras afiladas en 1972 que Big Star, si exceptuamos a Badfinger o los Raspberries.

El disco comienza de manera cautelosa con Feel, unos acordes de guitarra que dan inicio a la canción, donde se funden buenos riff con estupendas armonías de la pareja Bell/Chilton y unos arreglos de vientos que destilan puro soul. The ballad of el Goodoo rebaja el ritmo y nos descubre el don de Chilton como orfebre de melodías que le emparenta directamente con Paul McCartney (que podría componer un gran tema incluso con el ukelele tetrabrik de Martin). In the Street da la de arena y vuelve a mostrarnos a los Big Star de pulso firme. No hay concesiones: Don't Lie to me, When My Baby's Beside Me son grandes muestras de lo que un ritmo rápido, unas guitarras rabiosas y unos estribillos que se tatúan en tu cerebro pueden hacer por una canción Pop. My Life Is Right, Try Again, Watch The Sunrise, Give Me Another Chance completan el disco y descubren diferentes métodos de composición que desembocan en canciones llenas de lugares interesantes: baterías originales y potentes, solos de guitarra virtuosos sin caer en la autocomplecencia. Parece fácil de lograr, pero no lo intentan puede que lleguen que les salga una canción del Canto del Loco. Para el final he dejado Thirteen, una balada acústica con la dosis de melancolía permitida por 9 de cada diez dentistas. Una historia de un chaval de 13 años que descubre el rock y las chicas (las cosas importantes) envuelta en guitarras acústicas, un solo mil veces imitado y unos coros que nos acercan a la profecía de la canción pop perfecta.


Todos lo ocultan, pero llevan calcetines blancos

P.D.: en la actualidad, Alex Chilton y Jody Stephens han vuelto a la carretera e incluso sacaron un albúm en 2003 llamado In Space. Para sustituir a Bell (fallecido en accidente de coche en 1978) y a Andy Hummel, han convencido para la causa a dos 'vitorinos', ni más ni menos que Jon Auer y Ken Stringfellow, las cabezas pensantes de los Posies y deudores reconocidos de la música de Big Star. Por cierto, si queréis saber más de la banda os recomiendo este magnífico reportaje







Big Star en 1994. Increíble pero cierto ¡Los Posies en Traje!

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín