lunes, 16 de febrero de 2009

El verdadero Rolling Stone

Muddy Waters

Muddy Waters – Hard Again (1977)

En la vida las cosas se pueden resolver de muchas maneras, pero lo más difícil –como bien diría Otto en nuestra serie de cabecera- es hacerlo guapamente. La figura legendaria de la que nos ocupamos no sólo lo consiguió, sino que dio un vuelco a su carrera, rejuveneciendo con sabiduría y estilo y lo mejor es que obró ese milagro sin recurrir a Corporación Dermoestética ni un cambio de vestuario sugerido por Agatha Ruíz de la Prada. Lo hizo gracias a un solo disco lanzado justo en el que nadie daba un duro por él y actualizando un género de música que todo el mundo consideraba poco menos que muerto. El disco es Hard Again, la época los albores del punk y el genio cuyo humanidad es la quinta esencia del blues, el nunca suficientemente ponderado Mckinley Morganfield, más conocido como Muddy Waters.

En 1977, el blues no estaba en su apogeo precisamente, aunque la situación no llegaba a los extremos de mediados de los sesenta, cuando los Rolling Stones, en plena primera gira por EE.UU., grabaron en los estudios Chess y se encontraron fuera pintando el recinto al propio Muddy, lo que les llevó a pedir su presencia para grabar unas tonadillas y hacer una sesión para la historia (recomendación de Garajeland, si están haciendo obra en casa y uno de los pintores es negro, entona lastimeros estándares blues y porta un bigotillo fino, no lo duden, podría ser un hijo perdido de Muddy. Acérquense a él todo lo que puedan, sus enseñanzas pueden equiparse a las de un campamento de verano cuando tienes 13 años).


Muddy WatersLo raro no es que en la foto el tipo de la izquierda parezca Seinfield, sino que Johnny Winter pueda ser la digievolución de Andrés Iniesta.


Mr. Waters, en los últimos setenta, por no tener, no tenía ni discográfica: ya que Chess Records había sido vendida o malvendida y Marshall Chess, el hijo de Leonard , ahora era manager de los Rolling Stones, podía ser protagonista de Trainspotting sin mucha dificultad. La posibilidad de que Muddy Waters sacara nuevo disco eran, por tanto, más remotas que en este humilde blog no le pisemos al señor Diving Dwarf su próxima idea para un post. Llegados a este punto reflexionemos: Muddy Waters. El hombre. El BLUESMAN. Mannish Boy; y es posible que no sacara ningún disco más en su vida. La próxima vez que piensen que el actual momento musical está en un mal momento, mediten antes de dar rienda suelta a la sin hueso.

El salvador de esto, la persona que hizo que Mr.Blues volviera a un estudio no fue Superman (la deidad favorita de Homer Simpson) sino más bien un treintañero entusiasta del blues, que junto a su hermano había dado aires de renovación al género. Nos referimos a Johnny Winter, que tras unos cuantos años como solista, había decidido montar un sello discográfico y cuando se percató de que Muddy podría pasarse lo que le quedaba de vida echando una partidita en la tasca de la esquina le contrató sin dudar porque encajaba perfectamente (cual híbrido imposible entre las tallas M y L para los que tenemos el cuerpo jota) en Blue Sky Records.



Muddy WatersY ahora con la chistera se me parece a Juan Tamariz, pero cambiando el violín por una guitarra(y manejándola con maestría)


El siguiente paso fue contratar un estudio y al grupo que acompañaba a Muddy en ese tiempo, tan engrasados y habituados a su figura que podían predecir cada matiz, cada cambio introducido por Muddy mientras se comían un plato de callos (prueba última de maestría musical, como todo el mundo sabe). La lista la encabezaban Bob Margolin, el siempre a la sombra de Sonny Boy Williamson, James Cotton, y el todavía activo Pinetop Perkins (95 años y hecho un chaval cual Paco Martínez Soria del Delta). Johnny actuando a la antigua, encerró en un sótano de una casa a todos los componentes al mismo tiempo que nombraba a sí mismo productor y guitarrista principal del proyecto. Se dice que la energía que liberaban esas sesiones podía haber servido a Marty y Doc para prescindir de los 1,21 gigovatios y enchufar el Delorean al estudio. El propio Margolin comentaba que Winter, de tanto subir y bajar las escaleras del sótano hacía las sala de control estaba envejeciendo por momentos (también se comenta que podía tener algo de isquiotibiales, cual jugador de fútbol sempiternamente lesionado, pero eso es otra historia).

Hard Again empieza con el mantra que nos lanza Muddy: “Everything, everything is gonna be alright this morning”. Eso es parte de 'Mannish Boy', ¿que qué es Mannish Boy? Piensa en aquellas veces donde tu ego masculino (lo siento señoritas, pero esto es para machotes de pelo en pecho) ha sido satisfecho, a saber, cuando le pegaste de punterazo y entró por la escuadra desde 20 metros, cuando abriste un bote de aceitunas sin esfuerzo y sin hinchazón de la vena de frente o cuando cazaste al Yeti con tus propias manos (esto último no comprobable). Eso es Mannish Boy, 5:24 minutos de masculinidad concentrados en la voz de Muddy, una punzada que entra por tus oídos y colapsa por igual todas las extremidades hasta que tu cuerpo realiza una serie de convulsiones eléctricas al ritmo pegajoso de batería y bajo. No es raro que empieces a jalear con ‘Yeahs’ la interpretación de Muddy o que le sueltes al guardia de tráfico de turno aquello de "That mean Mannish Boy" (les llevaremos unos celtas cuando estén en el talego, no se preocupen).


Muddy WatersLes prometo que me he colocado igual (cajas de coca cola incluídas), pero no consigo ni dar una nota como Muddy.


El siguiente pulso al blues clásico es 'Bus Driver', donde el slide de Winter comparte protagonismo con la armónica implacable de Cotton y el piano saltarín de Pinetop. Puedes imaginarte a Muddy sentado en un taburete con su telecaster roja como testigo (que enchufada al amplificador no tocó ni una sola vez en toda la grabación), dirigiendo las operaciones, gesticulando y modulando la intensidad del blues de sus músicos (y también haciendo bueno el tópico español de ‘dos miran y uno trabaja’).

La siguiente canción, 'I want to be loved' parece el manifiesto de Muddy sobre el amor. Una gran lección de alguien que era un rompecorazones, una rara mezcla entre elegancia, dobles sentidos, ternura, e instinto de depredador. 'I can’t be satisfied' rompe los esquemas al escaparse del blues eléctrico de Chicago y volviendo la vista hacia lo hacia el delta, hacia lo rural (trabajando el agro que diría Lisa). Muddy demuestra con esta interpretación que fue algo más que una inspiración para el sonido de los Stones en Beggar’s Banquet. Con el siguiente clásico Muddy juega a niveles metalingüísticos tocando 'The Blues had a baby and they named it Rock and Roll'. 'Dawn in Florida' es la postal de Muddy sobre el estado de las naranjas y los jubilados con James Cotton contoneando notas de armónica con absoluta maestría. Con parte del cancionero de Muddy podría hacerse la historia de EE.UU., sólo Leonardo Dantés ha conseguido tratar tantos temas en un solo disco (bueno, él en una sola canción). Si necesitamos más pruebas tenemos 'Crosseyed cat', de ritmo danzarín y burlón donde Muddy habla sobre las mujeres. El blues, el verdadero, el que te infecta un día y jamás te suelta no habría existido sin las mujeres del mismo modo que sin Chabeli Iglesias no hubiera existido de niña a mujer (no pregunten de donde viene esta referencia, simplemente lean nuestro último mentiras como puños). Mientras divago, Muddy sigue a lo suyo, entregando una perfecta dosis de seducción y atrevimiento llamada 'Little Girl', demostrando una vez más que Muddy era un canalizador, un medio para hacer caminar la música de su grupo. Aun sin cantar su presencia se irradia en cada surco del vinilo (o del CD si no tienen la suerte).





Muddy murió unos cuantos años más tarde y, además de éste, dejó dos discos de estudio, y unas cuantas actuaciones gloriosas en directo y, también, el ataque de corazón que sufrió de Scorsese en “El último Vals” al darse cuenta de que había cometido el error de su vida permitiendo que el equipo de filmación se tomara un descanso mientras Muddy tocaba con The Band. La providencia hizo que Laszlo Kovacs(futuro director de fotografía de Spielberg) estuviera al quite y hoy podamos revisar ese documento donde una fuerza de la naturaleza entregaba sus últimas clases magistrales Pensándolo bien, si hubieran tenido que repetir la canción tampoco hubiera sido un problema; simplemente Muddy se habría dado la vuelta y les habría dicho a la muchachada: “Let’s do it, let's do it hard, again”.




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verléin


P.D.: dedicamos este post al señor Diving Dwarf dueño de la bitácora más belicosoeroa del servidor más belicosera de la red más belicosera de los Interneses. Visiten su blog (o mejor no lo hagan dado que su calidad nos deja en pañales), no sólo todo su contenido deberian apredérselo cual lista de los reyes godos. Si empiezan a pensar como él no se preocupen, nosotros pasamos por la misma fase y todo sigue correcto, dos ojos, dos narices, tres orejas...

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viernes, 13 de febrero de 2009

El Club de la Pirindola (III)

The Flamin´ Groovies

Hace como cosa de un año se presentaba un manuscrito por estos lugares bastante lamentable a la par que ilusionante, si bien no era lo más representativo de lo que sería este bloc fue el comienzo de todo, que no es poco. Hoy nos definiremos un poco más con un grupo de los que nos es imprescindible para nosotros y para el club de la pirindola; son los Flamin´ Groovies y merecen un puesto de honor por ser probablemente el grupo más a destiempo de la historia: en plena época psicodélica ellos eran un grupo de los cincuenta, con guitarras progresivas triunfando le daban al garaje, con el Punk en sus albores sus canciones eran puro Pop y miel, y con el electro-pop poniendo hombreras ellos parecían salir del Mersey-Beat. Por esto y mucho más, los Flamin´ Groovies son el estandarte de hacer lo que a uno le da la gana y entran directamente como un cobete en los cuarenta principales, Yeah yeah Wah (Joaquín Luqui en mi cabeza).

Composición: Cirilio rodeado de R&R, R&B clásico e invasión británica pertrechada por sustancias radioactivas como Roy Loney, Chris Wilson o Tim Lynch. De contenido excipiente puede encontrar la forma de tocar la batería sin batería y dejarse los muslos de color rosáceo, esencia garajera y restos de Dextrometorfano.

Indicaciones: En su variante masticable desperfeccionará su acento inglés de Fernandisco al instante y tan solo podrá berrear. Ingeridos por vía intravenosa sufrirá una crisis y se pondrá las gafas de sol de Cirilio. Si lo toma en gran cantidad notará un alivio en la zona lumbar después de conseguir levantarse del sofá.

Posología: 1 comprimido cada 6 u 8 horas. Preferentemente tomar una dosis antes de acostarse. Usar siempre la dosis mayor que sea efectiva. En caso de ancianos no es preciso modificar la dosis, si bien es preferible consultar a un experto.

Contraindicaciones: No aptos para los que utilicen la raqueta de tenis como arma deportiva y no como guitarra. Si ha estado sometido a presiones radiofónicas de Intereconomía puede sufrir trastornos alucinógenos y plantearse si su vida no sería mucho mejor si apagara la radio.

Dejamos para fans y medio, un auténtico brebaje de la época de los Groovies en la que Cirilio y Roy Loney eran un matrimonio bien avenido y no uno cualquiera de las matrimoniadas de José Luis Moreno. Hay demos, directos y estarán casi todos: Laurie, un doctor, Louies Louies y “Alguno Más”.


Contraseña: peluquin




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viernes, 6 de febrero de 2009

50 años desde el día que la música murió

Me fastidió un poco que algunos periódicos de este pasado Martes (lo digo desde la ignorancia, por supuesto, de no haber visto todos los medios ese día) no se acordaran del cincuenta aniversario del accidente de avión que se llevó hacía otra vida a Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Bopper.

Todo fue un tres de Febrero de hace ya cincuenta años, lo cual debió de ser síntoma de que era una noticia pasada de época si Bruce Springsteen actúa en la Superbowl. El músico Texano, y probablemente las mejores gafas de pasta del mundo del Rock And Roll (que nos perdone Elvis Costello), andaba en la gira Winter Dance Party por el estado de Iowa (muy conocido para los seguidores del Ala Oeste de la Casa Blanca) junto a alguna que otra leyenda de la música de los cincuenta como The Big Bopper y una de las primeras apariciones musicales en EEUU de un chicano como era Ritchie Valens. Era una época en la que salir de gira no era precisamente sinónimo de aviones privados, cenas con buenas cigalas y algunas otras cosas a las que parecemos acostumbrados últimamente, sino más bien algún autobús ruinoso e interminables viajes cruzando carreteras bastante solitarias, por lo que un viaje en avioneta era realmente muy bien recibido por aquellos músicos que se trituraban a base de kilómetros en la carretera.

El resto de la historia es de sobra conocida, el invierno de Iowa es bastante perruno, el piloto de la avioneta que les llevaría a los tres hasta Minnesota era novato, el pasaje de Ritchie Valens sorteado entre él y Tony Allsup que sería quien se quedaría en tierra salvando finalmente su vida, y un accidente aéreo a los cinco minutos del despegue que sería recordado como “El día que la música murió”. Solo unos pocos años de carrera convirtieron en un mito a Bopper, Valens, y sobre todo a Buddy Holly, que ha sido inspirador y reivindicado en una lista de músicos realmente extensa. Los que sí se han acordado de dicho episodio han sido esos héroes anónimos como son las compañías discográficas, que publicarán un nuevo recopilatorio, pero esta vez acompañado de actuaciones de Holly en el show de Ed Sullivan y entrevistas inéditas. Pese a todo, cualquier material que sirva para recordar su música será bienvenido.

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jueves, 29 de enero de 2009

Iluminado sea el Beat



The Hi-Risers – Once We Get Started (2008)


Hoy toca atarse bien fuerte el babero, sacar el cuchillo y el tenedor y empezar a escuchar a los Hi-Risers. En el oscuro panorama musical actual, hay veces que una ligera brisa esclarece ideas de forma ficticia y se disfrutan un disco que a lo mejor no lo merecía tanto, no es el caso del grupo que nos ocupa ahora. The Hi-Risers llevan desde 1998 publicando discos y dejando patente en todos y cada uno, que para ellos componer canciones de Rock And Roll no representa un problema sustancial. Culminando una etapa de diez años, el año pasado entregaron uno de los momentos musicales más frescos y vibrantes que se pudieron escuchar con el increíble LP “Once We Get Started”.

Es muy posible que a los tres chicos de Rochester, Greg Townson, Todd Bradley y Jason Smay, les lleguen sus influencias escasamente a los sesenta, lo cual no supuso el problema sustancial que fue para Milli Vanilli esclarecer su autenticidad. El Rock And Roll de los cincuenta sirve de línea de ruta para que el trío dé rienda suelta a sus virtuosas dotes musicales. Townson es un guitarrista tan excepcional como lo son Bradley en el bajo y Jason en la batería, ambos tres, con esa mezcla instrumental y vocal, evitan la tentación de ver el sorteo de la bonoloto; pero que ningún amante de los solos de cinco minutos espere encontrar un aliado en el bueno de Gregorio ni de sus tres componentes. La sencillez de la que hacen gala les pone al servicio de la creación de grandes canciones, que sin esfuerzo aparente les hace pasar por el ROCK AND ROLL y el Beat, y con un buen puñado de referencias a otros estilos como el Doo Wop y el Rockabilly, con un especial sentido de hacer disfrutar al personal con ritmos viciantes.




The Hi-Risers o la elegancia que Emilio Aragón nunca consiguió cuando presentaba el Juego de la Oca




Poner a prueba la viscosidad sanguínea (incluso de oyentes de dudoso elemento como Zaplana) parece la máxima a seguir desde el inicio de Once We Get Started. El ritmo Beat de la canción de título homónimo se mezcla con la dulzura melódica de las más preciadas armonías sesenteras; “She´ll Be My Ruin” se acerca al Rockabilly, unas dulces “Here With You” y “I´ll Wait For You” con las que consiguen como poco, que una chati les acerque a casa en coche después de tocarlas con una botella de anís del mono; las abrasivas y bailables “Two Week Notice” y “With The One I Love”; el ambiente campero de “18 Wheels Of Love” (escrita en este caso por Bradley); o quizás la más modernilla del conjunto: “ATM Inside”. Las catorce canciones son una joya por sí solas, en las que Townson como principal compositor no para de hacer guiños a leyendas de los cincuenta como Bo Diddley, Buddy Holly o Chuck Berry.

Johnny Walker, Jim Bean y Jackie Daniels. Si no entienden nada vayan a uno de sus conciertos o escuchen “Johnny, Jim and Jack”


En el pasado mes de noviembre tuvimos la oportunidad de verlos en un incendiario concierto junto a Barrence Whitfield dejando patente aquella frase de Mark Renton: “Coge su mejor disco, multiplícalo por mil y ni siquiera andarás cerca de lo que es verlos en directo”. La cita rindió homenaje a un imprescindible como Bo Diddley (ciertamente con más estilo que canciones del propio Diddley), pero que dio la oportunidad de ver en directo gran parte de las canciones de este disco, y que aún a día de hoy perduran las agradables sensaciones que nos dejaron aquella noche junto al chillón e incombustible (tal como rezaba el cartel promocional) Whitfield, que se presentó al concierto en pantalones cortos y aullando como un verdadera fiera currupia.


Junto a Andrés Montes (o Barrence Whitfield) y Toño Cardiaco. Si ven la foto borrosa es que la gente no dejó de bailar durante hora y media.


Si en los cincuenta tenían a Chuck Berry, Bo Diddley o Little Richard, ahora tenemos a los Hi-Risers. Habrá que aprovecharlos. Si alguien no conocía la nota de prensa (que conseguimos gracias a la pericia de Pepo en su Bus Mágico) sobre Once We Get Started es esclarecedora: ““No compres este disco si no te gusta el Rock and Roll. Frenéticas canciones roqueras, bonitas baladas con esquemas a lo Beach Boys, y todos los tipos de invasión británica y las mejores influencias del Rock and Roll americano, además de la mejor guitarra Telecaster de la década. Una vez que empiezas, te convertirás en un fan para siempre”, que viene a decir algo así como “No compres este disco si lo tuyo son las fiestas de la espuma, estás perdiendo el dinero. Contamos con el mejor ukelele tetrabrik en años y las mejores influencias que se pueden tener desde las rancheras de Bertín Osborne”. Amén.

Para los sibaritas dejamos el disco directamente pasado de vinilo, con dos canciones que no se incluyen en el cd: “18 Wheels Of Love” y “We´re All On That Train”.


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sábado, 24 de enero de 2009

Verdades como puños, mentiras como pianos ( VII )

1. Pudo haber grabado Julio Iglesias con los Beach Boys y Willie Nelson y que haya documentos audiovisuales de ello?

Nuestro veredicto: Les contaremos un secreto: esta pregunta, aparentemente inocente, ha traído consigo todo un alud de consecuencias. Lo primero es la dimisión en pleno del departamento de investigación de este santo blog. El señor bajito (a la postre líder del grupo) dijo que iba a aceptar una oferta del Mundo TV, esgrimiendo que le parece más seguro colocarse en el colodrillo una cámara oculta de Melchor Mirrales y meterse a descubrir si un señor de Gijón (que dice que cura con los pies las dolencias más diversas) es en realidad un farsante. Nuestro otro hombre del departamento, el de la guía de la teléfonos bajo el brazo, también puso objeciones con este caso, ya que -según él- sólo se había aprendido de memoria todos los números hasta la H... Sin comentarios.

Ante tal panorama decidimos tomar cartas en el asunto. Primero, aseguramos a estos dos petimetres que el contrato con sangre que firmamos con ellos (a imagen y semejanza del necesario Tony Wilson) no tiene ninguna validez ante ningún juez. Segundo, hemos decidido ser nosotros mismos quien investiguemos este caso. Por si acaso, hemos dicho a nuestras madres que no nos prepararen cena y que nos preparen una muda limpia, que nunca viene mal.


julio iglesias willie nelsonEl estilismo está patrocinado por Decathlon, el moreno de Julito es cosa de Miami y la foto es claramente de Anton Corbijn.


Lo primero que hemos hecho es acudir a nuestra fuente número uno en cuanto a estrellas rutilantes, vida social y demás pasatiempos de moda. Nos referimos al blog del señor Onanista, el cronista social con más rombos (en el jersey y en la pantalla) que verán jamás. Allí, hemos aprendido la importancia de Nanín en la sociedad actual o como el programa 'Granjero busca esposa' puede englobar todo el conocimiento humano en un sólo episodio (algo así como Margaret en el Ala Oeste de la Casa Blanca). Pero, gracias a este blog, también fuimos testigos de que Julio iglesias había sido capaz de grabar con Willie Nelson, gracias a un vídeo de una actuación en los años 80, una prueba irrefutable. En los 80 todavía no existía el photoshop, la silicona se disimulaba menos y las hombreras eran lo más de lo más en el cuidado personal. Con esto queremos decir que: era cierto, que no había posibilidad de error; asumámoslo: Willie Nelson grabó con Julio Iglesias y el mundo no dejó de girar como debía haber ocurrido.


Contrastada la primera parte de la pregunta quedaba la segunda. El proceso está vez fue todavía menos laborioso, ya que sólo tuvimos que visitar Youtube, escribir en el buscador (no sin tembleque) las palabras "Julio Iglesias" y "Beach Boys" y entreabrir los ojos muy despacio para minimizar el golpe. Porque sí, nuestro cantante, antes portero del Madrid, siempre hijo de papoya (gracias a Alfonso Arús), que estuvo casado con una señora que anunciaba baldosines de cuartos de baño y bombones con almendra también participó en un concierto con uno de los grupos más legendarios de pop de la historia. Dicho lo cual, analicemos cada vídeo brevemente.


1. Julito con Willie



Para la ocasión, esta extraña pareja eligió un tema de Hal David (habitual letrista de Burt Bacharach) y Albert Hammond, el que decía que nunca llueve en California. Si no están preparados para emociones fuertes, les recomendamos que miren a otro lado cuando Julio (nuestro Julio) salga a escena en el minuto 0:28 y realice ese movimiento de chiquito con las manos. Para el recuerdo queda la guitarra slide que suena de fondo y la certeza de que a Julio nadie le había explicado por entonces el bonito arte del disimulo del playback (o eso o que nadie le dijo en su momento que el micro tiene que ir cerca de la boca para que cumpla su función). Como verán, obviamos cualquier comentario sobre los ropajes del dúo, pero no podemos hacer lo mismo con el golpecito amistoso de Julio a Willie. Por cierto, el disco que incluía esta canción vendió cuatro millones de copias.


2. Julito con los Beach Boys



Concierto en vivo en 1984. Mike Love (el chico de la boina) dirige el cotarro y se arrima a Latoya Jackson (cuya intervención en la canción es como musa, por decir algo). Por allí están Carl Wilson y Al Jardien. Mi vista no me permite decir a ciencia cierta si el del piano blanco es el mismísimo Brian, genio creador de la mayoría de las mejores canciones de Pop y que seguramente tuvo que volver al psiquiatra después de vivir esta experiencia religiosa (perdónenme, si no hago el chiste malo y junto las carreras de padre e hijo de un plumazo me hubiera arrepentido toda la vida). Por cierto, que no parezca que estoy en contra de Julio: salva bastante bien los muebles cantando aceptablemente (a su estilo, es verdad), además parece que tiene a Latoya en el bote (que se debate entre parecer encantada y el salir corriendo de allí lo antes posible). Impagables también el momento donde Mike Love le dice que puede ver la letra en el teleprompter o el redoble aéreo que se marca Julio al final de la canción. Disfrútenlo, si pueden.


Porcentaje de Certeza: ¿Pero es que aún tiene dudas después del visionado de los dos vídeos? Pues si queda alguno que todavía no sabe qué pensar, que se pase por este enlace y se haga con el vinilo de la canción al apetitoso precio de un euro (el disco está sito en Collado Villalba, Madrid. Lugar de altas dosis de perversión musical, según se ve).

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verléin.

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viernes, 23 de enero de 2009

Fábula musical e inverosímil

El Sargento Pimientas


Inusualmente llovía en Londres, era uno de esos días donde a uno le apetece pasar la tarde en El Corte Inglés. P. McCartney salía de sus clases de guitarra con un buen barullo de ideas en la cabeza. Se encendió un cigarrillo y se dispuso a pasar por aquel paso de cebra que no tenía semáforo, cuando una alarmante visión llamó su atención debido a que era Halloween. Un hombre iba disfrazado con chaquetas militares de colores y calzaba un bigote a la antigua usanza. Se paró delante de P.McCatney y le dijo: “Yo te conozco, tocabas en Los Pekenikes”, pero P. McCartney le tuvo que corregir: “No, no, yo soy P. McCartney”, aquel señor esperó un segundo y le dijo: “Tome usted esta entrada, dos tercios a siete euros”.

Cuando llegó a casa llamó a sus amigos del grupo para bajar a ver Informe Semanal, pero todos habían salido a comprar al Economato. Ese fue su toque de atención para examinar la tarjeta que le entregó el misterioso personaje. En ella se podía leer: “Rock hasta las seis, dos tercios a siete euros” y una foto de Tony Genil. Ante la falta de un plan mejor, se convenció para visitar aquel misterioso lugar.

Tardó un buen rato en encontrar el local, la tarjeta no tenía dirección y tuvo que ir preguntando por la calle cómo llegar hasta allí. En el interior sonaba el Pet Sounds y unos hippies hacían sonar instrumentos indios. P. McCartney observó el acontecimiento y no dudó en preguntar al primero que pasaba por su lado si ese grupo se llamaban como un utensilio de chocolate. “Creo que no señor, tienen nombre de despertador o de fresas. Y son psicotrópicos”. “¿Sabe usted una cosa encargado? Espetó P. McCartney, “Ahora mismo he tenido una idea para un disco y pienso disfrazarme para la portada”.
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jueves, 15 de enero de 2009

Recopilatorio adelgazante 2008


Se van las navidades y muchos ya habréis trillado el recopilatorio de David Civera que os ha regalado vuestra tía, otros aún seguimos dando vueltas al roscón intentando encontrar algún disco en lugar de un toro de barro y a lo tonto a lo tonto hemos dejado terminar el año precisamente haciendo eso, el tonto. Pensamos que de alguna manera había que bajar el mazapán y se nos ocurrió algo que no hace casi nadie por estas fechas: Recopilar lo que habíamos hecho este año en una carpeta repleta de mp3.


En un principio contamos con la inestimable ayuda del ordenador para realizar dicho trabajo, pero todo empezó a tomar dimensión y un tipo de grandes dotes artísticas como Mr. Mosstrem nos regaló unas magníficas portadas que todo el mundo debería imprimir, como mínimo, gastando la tinta de la impresora del trabajo. A él se sumaron los Sweet Vandals, o dicho de otro modo: el mejor grupo funk de la península, que han dejado que disfrutéis de una de sus canciones sin que nos denuncien por ello. Al menos ya existían dos razones de peso para que mereciera la pena el dejar hecha polvo nuestra aguja y lector de cedeses.


Como no podía ser de otro modo, agradecemos muchísimo la colaboración de los citados anteriormente y también a todos los que habéis pasado por aquí (muchos ya sabéis quienes sois porque estáis por la columna de la derecha) y a los que no lo estáis, pues también. Prometemos que seguiremos citando a José Luis Moreno y diciendo peluquín aún más que en la casa de Leonardo Dantés. Ya sabéis lo que podéis escuchar en el enlace, están los Sonics, los Redd Kross, The Band, The Hi-Risers, Bo Didley, los Kinks y gente que simple y llanamente nos apetecía poner. Un abrazo a todos.



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viernes, 9 de enero de 2009

Canciones navideñas, ¿verdad o prenda?


Mi sueño de los últimos años de que los muñecos-trapo de rojo y blanco que cuelgan de las terrazas cobren vida y nos den de puñetazos a todos ha vuelto a esfumarse. Mi propósito de todos los años es no saber nada de las canciones navideñas, pero ahí están, doblas una esquina y zás! Casi sin quererlo estás escuchando “ya vienen los reyes”. Para muchos de los que escuchamos música, ponerse un disco en un momento determinado responde más a un estado anímico personal que de entorno, es decir, no cantaríamos “We Are The Champions” ni aunque el Rayo Vallecano gane la Champions Lig, pero seriamos capaces de poner el disco más deprimente de la estantería mientras medio vecindario chapotea en la piscina. La espinosa fecha navideña es un buen ejemplo de que aquí no hay nada que hacer, ¿Qué no te gustan las coles de bruselas?, pues toma dos platos. Estas son algunas de las irremediables melodías que he tenido la oportunidad de degustar estas navidades:


Boney M, “Felices Navidades”. Los cuatro morenos de las Antillas en la versión techno-dance de las navidades, tiene su guasa que precisamente un grupo proveniente de un clima donde dichas fiestas se pasan a treinta grados se vistan de oso polar, haciendo creer que son los duendes de Papá Noel no reconocidos por el gobierno de la Laponia. Un casete con apenas producción que incluye “Feliz Navidad”, “Jingle Bells” o “Snow Falls Over The Groung” son la versión anglosajona a los villancicos patrios, una forma ciertamente deprimente de amenizar la colocación del árbol de navidad mientras, ¿por qué no?, alguna cadena pública emite “Vaya Santa Claus!”.

En mis peores pesadillas se aclaran la piel, se vuelven transparentes y entran en mi habitación cantando "White Christmas"


Raphael y El Tamborilero: Uno de los clásicos sin ningún tipo de discusión. El ropopompommm te ataca directamente al bulbo raquídeo. Lo normal es que si la canción suena en una reunión familiar se inicie un debate de esos bien argumentados, que en mi casa es más típico que el roscón de reyes, y donde generalmente se distingue entre el bando a favor de Raphael (los menos) contra los que le acusan de maricón (y lo digo suave para lo que suelo oír).

Dos cosas nuncan cambian: El Tamborilero y su cirujano plástico


Villancicos versión sencilla: Todos los años pienso en lo mismo, como no existe ninguna grabación al estilo Muñeca de Famosa pienso que por fin va a ser el año sin villancicos, pero las paredes construidas bajo la burbuja inmobiliaria son tan finas que es imposible escapar. El eMule no solo no ha acabado con las clásicas versiones navideñas Fun Fun Fun, sino que han quedado conservadas como si de un santo grial se tratase y año tras año vuelven a aparecer. Ahora entiendo a los egipcios que veían que sus tesoros estaban abocados a desaparecer y siempre llegan los ingleses y terminan poniéndolo todo en algún museo.

Wham y el “Last Christmas”: Otra de las que pensaba que no caerían, ¿por qué no hará honor a su título? Para más inri, está vez escuche la versión pudding (no es coña), que debe incluir en la producción mucho más ruido de renos y de una duración de siete minutos que roza lo insano. Si recuerdan el video, era todo topicazo tras topicazo: casa de madera en la montaña, jerséis de lana y cuello alto, una cena muy de la Common Wealth (bendito sea el polvorón), George Michael encariñándose de una persona de su sexo opuesto…

Ocho de cada diez dentistas recomiendan el dentista de George Michael. Nueve de cada diez sexólogos recomiendan su posición y no la de "el otro"


Villancicos rocieros: Variante sureña de los clásicos Peces en el Río. Son algo así como las versiones punkis de canciones tiernas (valga el ejemplo de los Ramones cantando "Happy Birthday" al señor Burns), no sabes muy bien si defenderlas o es algo tan inconexo como disfrazar a tu abuelo de Teletubbies. El “arre borriquito” es especialmente sentido, con un toque flamenco que alegrará las entrañas a los amantes del género.

Y me dejo más de una, la canción de Corty Landia para luego comprar en los llamados por el telediario “unos grandes almacenes muy conocidos” (y eso que este año he tentado a la suerte pasando varias veces por delante), etc., etc., etc…

Les dejo la última canción post-navideña, son los Sonics haciendo una clara declaración de intenciones. Esto sí es un villancico.

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lunes, 29 de diciembre de 2008

No puedo creer que lo hayan inventado!

Inauguramos esta nueva sección itinerante con carácter epistolar que constará de varias entregas (posiblemente sólo una, porque con esto que hemos encontrado superarnos lo veo complicado), por si alguien no lo sabe (irán al infierno por ello, amigos), 'No puedo creer que lo hayan inventado' es el programa televisivo que presentaba el mítico Troy McClure en los Simpson, más conocido por su participación en películas como 'Marque A para asesinamiento' o 'El secuestro de la nuca del presidente'. En él, con la ayuda del Dr. Nick Riviera, se dieron a conocer grandes inventos que cambiaron para siempre la faz de la tierra como el liberador de zumo. Ahora nosotros tomamos el relevo con:

El Memory Musical de Educa

Sí, ya sabemos que muchos esperaban algo más apocalíptico, como un nuevo disco de Emilio Aragón, pero es que en algún armario recóndito de este personaje que les escribe se ha encontrado este tesoro, esta pieza de coleccionista, una alhaja directamente venida de los 80 para el regocijo de todos.

Memory Musical de Educa

Pero vayamos por partes, primero expliquemos en qué consistía el juego éste, una actualización del solitario de toda la vida que era lo más de lo más entre la muchachada pre-brian training y pro-mullet. El funcionamiento del juego era tan complicado que podían participar una o dos personas con las mismas reglas (e incluso tres y cuatro, depende cómo fuera tu habitación de grande), en concreto, había una serie de fichas cuadradas con una foto o motivo artístico (en este caso grupos y artistas de pop y rock de los 80), todas se ponían boca abajo y la cosa empezaba con uno de los participantes levantando una de las fichas y después otra. Si tenías suerte y coincidía, pues te llevabas la pareja a tu rincón. Si no, pues tenías que hacer uso de la memoria para ir recordando las localizaciones de cada ficha (de ahí el título, que no estaba puesto porque sí, que esto es un juego educativo que rivaliza con el Teto en cuanto a aceptación en nuestro país). Al final, el que tuviera más parejitas ganaba y podía compararse con la labor de Jesús Puente en 'Su media Naranja'.

Frente a este reglamento tan poco atractivo, lo más molón era introducir ligeras variantes, como buscar las mejores formas de hacer trampas a tus amigos,; ya fuera aprovechando la distracción generada por salidas al baño o los suministros de bocatas de nocilla o panceta (según gustos.) Estas trampas solían derivar en discusiones, peleas y variedad de broncas maternales, lo que podría llamarse como la evolución estándar de los juegos de mesa infantiles. Claro que todas estas variantes carecían de interés cuando se jugaba en solitario.

La convocatoria

Pero vayamos a lo verdaderamente importante ¿qué tiene este juego para que inaugure esta sección? Porque el funcionamiento del Memory tiene el mismo atractivo que el tragabolas tras los dos primeros minutos de juego y su espectacularidad en la presentación no tiene nada que ver con el Atmosfear, por poner. La respuesta a tan trascendental pregunta está en los protagonistas del juego: los más mejores artistas con pelo de Hollywood de la música de los 80. ¿Dónde podían reunirse Elton John, Miguel Bosé, Freedy Mercury, Stevie Wonder, Duran Duran o Simply Red (además de en el Live AID, claro)? Pues en el Memory de Educa, que cuesta mucho más barato que cualquier concierto organizado por Bob Geldoff.
Dicho lo cual hagamos un repaso de la lista de convocados y de su situación en ese momento (amén de la foto con la que pasaban a la historia del Memory).


Memory Musical de EducaAquí: Croissant, Souffle, Creperie y Café Olé. Si ustedes han visto Top Secret, sabrán a lo que me refiero...




- Wet Wet Wet: en esos momentos todavía no era la banda sonora favorita de todas las bodas de mediados de los 80 (gracias a la versión de Love is Around), pero se conformaban con tener que soportar sesiones de fotos patrocinadas por Agatha Ruíz de La Prada, cuidado con los ataques de epilepsia ante tanto colorín chillón.

- Simply Red: en su encarnación más ochentera: gorrito Amish, flequillo rizado, pelirrojo e imposible y cara de pocos amigos (aunque luego hiciera soul pop)

- Paul Young: mundialmente conocido en los 80, en los 90, su cinta de cassette con sus grandes éxitos era la preferida de nuestra profesora de inglés para hacernos listenings... razón por la que no podemos ni ver a este buen hombre.

- Bono (u2): por si alguien se lo preguntaba, el carisma de Bono ya estaba presente en los años 80. Aquí es el único componente de su grupo en la foto, si fuera otro diríamos que es pura casualidad, pero siendo Bono, ya sabemos que es cosa del carisma.

- Kiss: sin duda, los que menos esperarías que aparecieran por aquí y lo que es peor: salen sin maquillaje. Esta imagen podría sustituir al coco en las pesadillas de muchos chicos y chicas.

Madonna: aunque ahora nos parezca mentira, Madonna fue joven, en vez de una señora que parece joven, una vez estuvo casada con Sean Penn en vez de Guy Ritchie. En la instantánea aún no le daba a la cábala.

Joe Cocker: el elemento viejuno del Memory. Su participación es entendida por su éxito con la banda sonara de 'Nueve Semanas y Media' y porque había que darle salida a esa camisa, a juego con el fondo de la foto.



Memory Musical de EducaSólo una mente enferma podía juntar en un juego a Sting, Kiss y Elton John, ¿y la compañía se llamaba Educa? Todo muy sospechoso...




David Bowie: que por los años ochenta debía estar en su decimotercera encarnación, aquí aparece con un estilo desaliñado, pero informal y portando tirantes, que siempre es un plus.

Elton John: la foto supera cualquier expectativa: gafas de sol más grandes que el PIB de las Seychelles, cara de muchas circunstancias (pero muchas) y ¡pelo! Sí, pelo. Elton John en los ochenta lucía cabellera, háganlo saber a sus amistades.


La selección española y tal

Con la orfandad de frases míticas que nos ha dejado Luis Aragonés (las echamos de menos), pasamos revista a los artistas españoles invitados a participar en esto:

- Marta Sánchez: época post olé olé, pre operaciones variadas. Algunos dirán que imitaba a Madonna cosa fina, pero también podría ser una instantánea de un anuncio de desodorante, vaya usted a saber.

- Miguel Bosé: o Sting, todavía no soy capaz de diferenciar quién es quién. Misterios de los años 80 y Corporación Dermoestética.

- Mecano: de nuevo la tijera del que recortó las fotos vuelve a hace estragos, ¿interpondrá una demanda José María Cano? Yo lo haría.

- El Último de la Fila: columna vertebral de la selección. Manolo García en esos momentos no había sido aquejado por el síndrome de 'hago siempre la misma canción'.


Los 80 son nuestros:

En esta categoría podríamos meter a Black (ese tío triste y siempre de negro, cual Johnny Cash taciturno, con su Wonderful Life), Rick Astley (el capricho de las nenas antes de que llegaran New Kids of The Block), Terence Trent D'arby, Samanta Fox (que entra en la selección por ser el mito erótico masculino de los 80 junto a Sabrina), The Communards, Duran Duran...

Memory Musical de EducaLas fotos están difuminadas para salvaguardar la honrilla de algunos de estos elementos que reniegan de sus pintas ochenteras. Nada tiene que ver con la nefasta cámara de mi móvil o las prisas


Los grandes


- Freddy Mercury: también bastante raro que no aparezca con Queen, pero por otra parte era la época de Barcelonaaaaaaaaaaaa y de las canciones en solitario. También sale sin bigote, lo que nos hace sospechar que lo mismo no era él.

- Bruce Springsteen: en plena locura con el Born In the USA. La foto es la que le mejor le describe: cinta en el pelo de Daniel San, camisa sudada, telecaster al viento y postura forzadísima (vaya encuadre!).

- Stevie Wonder: estamos en la época del 'si bebes no conduzcas'. Como decía Barry en la película de Alta Fidelidad, cómo pudo destrozar una carrera brillante un músico así. Se lo perdonamos todo, porque en los 70 era el amo.

- Michael Jackson: negritud, rizos por la frente, sombrero de paja. ¿Qué será lo próximo? ¿Elton John con pelo? Espera que eso ya lo tenemos...

- Tina Turner: tras su aportación a 'Mad Max III (más allá de la cúpula del trueno)' aparece en el Memory, en estos momentos no sabemos si estos dos hechos están relacionados, esperemos no saberlo nunca.

El resto: cual jugadores de relleno también aparecen en el Memory: Sting, Depeche Mode, Rod Stewart con cara de poco amigos, Eros Ramazzotti, George Michael con pose de filósofo... todos amigos y residentes en Madrid.

Aquí lo tienen, esta es una selección y lo demás son tonterías. Con este equipo se puede alcanzar cotas importantes, está conjuntado, equilibrado, con ganas de dejarse la piel en el campo y se me acaban los tópicos futbolísticos. En realidad creo que la única vez que jugué con esto duré cinco minutos. Ese ejemplo explica las toneladas de diversión que arrojaba este juego, pero una selección así necesitaba un comentario. Eso y que se nos ocurría una mejor peor manera de iniciar el año. Perdónenos, que no sabemos lo que hacemos

Feliz año garajero a todos

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verléin

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jueves, 18 de diciembre de 2008

El macarra que tanta gente oculta

The Forty-Fives - Fight Dirty (2002)


Si en el mundo no existieran macarras, éste sería mucho más aburrido e insulso, que duda cabe. Si además no existiera gente con patillas, ni siquiera los levantamientos del dos de Mayo hubieran tenido sentido. Si estas dos cualidades las quitamos del mundo del Rock And Roll nos quedaría un panorama desolador, sin grupos de música excitantes y el tonti-pop por bandera. Ya que en garajeland no tenemos que seguir la política de empresa del Ministerio de Fomento, no ocultaremos el segundo trabajo de The Forty-Fives, grupo de gran inspiración en el patillas que representaba Alfonso Arús y que nos produce esas sensaciones tan agradables que el mundo garajero y rockero es capaz de producir.


Atlanta es una ciudad muy conocida porque nutre a medio mundo con los refrescos que se mezclan con esas bebidas que te mantienen medio ebrio. La formación original de los chavales a la sombra de ese famoso refresco incluye a Bryan Malone como guitarrista y cantante, a Mark McMurtry como bajista, y en último lugar (como siempre) a Adam Renshaw como batería. El grupo se va curtiendo como trío por locales de vida alegre mientras comparten su gusto por grupos como los Who o los Kinks y con muchas ganas de recuperar el añejo Rock and Roll de Chuck Berry. Corre finales de los noventa, y pulir el áspero sonido rockero del trío les hace ingerir alguna sustancia que haga dar un paso más en su sonido. Toda gran banda necesita su propia química especial, y Trey Tidwell era un gran químico, uniéndose al grupo con un Hamond B3 y encuadrando al conjunto para la grabación de su primer álbum.


Esas caras corresponden a la espera de un pincho-tortilla con la cerve


En Get It Together, entran y salen del estudio a la velocidad a la que Homer hace gimnasia mientras intenta despegar la piruleta de su espalda, lo que les vale un resultado de Rock a la antigua usanza. Para demostrar sus influencias se pasean en los conciertos demostrando que en sus preferencias está el fantasma de lo que hacían en directo los Detroitianos (que los niños no pongan en el trabajo del cole este gentilicio) MC5 y The Stooges. Homenaje en forma de canciones al llamado Revival Garaje que ya había comenzado bastantes años antes. El siguiente trabajo es el aquí expuesto, “Fight Dirty”.

Cuanto daño hizo Curro Jiménez a los que tuvieran semejante presencia


Sobre las canciones del disco poco se puede contar, la guitarra y la voz de Malone con las ganas y la mala leche del zapato de Bush en “My Kind Of Girl” o “Trying To Get Next To You”, un grupo de locos en “The Devil Beats His Wife”, chillones en “Out Of My Mind” y algo más tiernos en “Follow Me Down” y “Never Gonna Leave Here”. Lo que si abunda es el enérgico garaje y dosis del irreverente rock más underground. Como pasa casi siempre el R&R es actualmente muy criticado por las revistas indies que tanto abundan en los bares, pero unos minutos de descarga son tan bien recibidos como una buena anchoa del Cantábrico (hay que caer bien al presi Revilla).



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viernes, 12 de diciembre de 2008

Robert Pollard y la salvación del Pop


Guided By Voices
Guided By Voices - Alien Lanes


En algún momento de la vida personal de cualquier señor de Tordesillas con una afición media por el trabajo y un gusto exquisito por el vinilo surge un pregunta importante: ¿los calcetines tienen asignados un pie en concreto?, es más, ¿me cargaré de un plumazo el orden del universo si por casualidad me equivoco? Posiblemente usted nunca se ha hecho tal pregunta, pero conviene cuestionarse primero las pequeñas cosas antes que las grandes. Mejor pensar en calcetines que en quién es el elegido para esto y aquello o que hay que ver cómo pesa el anillo. El protagonista de nuestra historia sí ha tenido que afrontar esas dificultades, hablamos de Robert Pollard y de su grupo, Guided By Voices.

El bueno de Robert era profesor de instituto a tiempo completo y apasionado y prolífico compositor de melodías (más de 1.000 tiene registradas el amigo) a tiempo parcial, empezó con el heavy metal, pasó por el powerpop, un poco de post-punk, sin olvidar el rock industrial y una pizca de pop (menú del día, ya saben). Todo muy normal, hasta que un día la duda empezó a buscarle como si de un libro prestado que no encuentres se tratase. Así, mientras todos nosotros nos levantamos ojerosos, nos desperezamos, subimos el despertador y apagamos la persiana (o al revés) Robert empezaba a caerle una gota de sudor frío por la espalda pensando si le tocaba a él ser el salvador del Pop y, lo peor de esto, qué teclas debía tocar para hacerlo. A menudo, la línea que separa la genialidad del anonimato es muy fina y, por desgracia, la diferencia de estar en uno y otro lado depende la visión de un tercero...

Por ejemplo, nosotros hemos tenido ofertas del New York Times, De Mojo, del Washington Post (una oferta para que dejemos de pedirles trabajo o llamarán a la policía). Robert Pollard, sin embargo, ha vivido sin encontrar un mecenas hasta muy tarde, y ha tenido que currarse su propia carrera musical con su talento y una fe que haría palidecer la de un rabino.

Robert Pollard
Robert Pollard: "mis modelos en esto de la enseñanza siempre fueron Imanol Arias en 'Querido Maestro' y Francis Lorenzo en 'Compañeros'"


Y todo esto sucedió en 1980, cuando la banda se formó en Dayton (Ohio) mediante una serie de increíbles casualidades (como ser amigos, vecinos y que te guste por igual el rock, el punk y el pop) son honrados trabajadores por la mañana y maleantes, criminales de guerra y provectos hombres por la noche, es decir, músicos. Con una facilidad inusitada, Pollard y los suyos, graban casi cuatro discos tan seminales como este que nos ocupa. Se dice que Robert tenía la misma facilidad para sacar melodías que para encontrar complementos circunstanciales de modo a todas las frases que se le pusieran por delante. Tras otro magnífico esfuerzo, Propeller (1992), del que sólo se imprimieron 500 copias y cierto renombre en el circuito de bandas universitarias (del que REM y Sonic Youth también formaban parte), Matador Records decide apostar por ellos, Guided By Voices lanza entonces el glorioso Bee Thousand, donde llevados por aquella vez donde echabas una moneda de 25 en la recreativa y te ponía '99 credits', trataron de aprovechar la oportunidad dejando 20 temas en el disco y obteniendo una crítica muy positiva de la revista Spin. eso nos lleva a Allien Lines, segundo disco en la independiente y que supera el récord anterior con 28 canciones.

¿Y cómo es el disco? Pues una maravillosa sensación de espontaneidad, grabada con pocos medios (o sería más justo decir que con los necesarios), una reducción premeditada de los complicados mecanismos del pop a una sencilla melodía de poco más de un minuto. Pongan a Robert Pollard al frente del Gran Colisionador de Hadrones, lo reducirá todo a un 'consiste en lanzar aros'.

Guided by Voices conciben su música como pequeñas ráfagas, fáciles de asimilar pero que llenan por completo. Así es 'A salty salute'; una corta introducción difícil de explicar: suena mal y bien al mismo tiempo; un gran trozo de melodía envuelta en una voz quebrada, una guitarra sencilla y una batería más cercana a una caja de ritmos. 'Evil Speakers' sigue la misma senda, mientras que 'Watch Me jumpstar' introduce una guitarra furiosa y un coro tan beatle que sería una delicia escucharlo en la voz del tío Macca. Tan rápidas como las canciones son las variaciones de estilo. Nunca sabes que te vas encontrar tras la puerta número 2, lo mismo aparece una melodía deliciosa propia del pop-chicle de los 60 como 'They're not witches', la emparentada con REM 'As we go up, we go down' o una auténtica maravilla como 'Game Of Pricks', responsable de que el disco realmente anide en tu cabeza para siempre.

Guided By VoicesEstas son las caras que se les han quedado al grupo tras saber que los Reyes no les van a traer la casa de Mickey Mouse que pidieron, por si no lo saben está tan agotada que su existencia es un simple rumor en las tiendas

Si cuando se hacen las listas de las mejores canciones de la historia se siguieran unos motivos relacionados con la calidad y no se rigiera todo por la ley d'Hont, Gaspar Llamazares estaría requetecontento y 'Game of Pricks' debería obtener un puesto alto. Probablemente sean los 1:33 minutos mejor empleados de tu vida, junto con aquella vez en que una división te salió sin decimales y todo porque aúna melodía irresistible por un lado y una especie de grabación claustrofóbica por otro; más propia de la calidad de los auriculares que te dan en el AVE, pero capaz de emocionar al más pintado. La canción te engancha por la solapa desde el primer momento, cortando la melodía como hacían los mismísimos Beatles en 'Can't Buy My Love' y termina con una de las frases más acertadas de toda la carrera de gran letrista de Robert Pollard: "And I never asked for the truth But you owe that to me" (Nunca te pedí la verdad, pero me la debes). Ahí es nada. Si han notado que la canción me gusta, de perspicacia van muy bien.


Pero no se vayan, estamos al principio del disco, todavía pueden disfrutar de la tranquila y fronteriza 'The Ugly', joyas como 'A Good Flying Bird', que fusiona la música popular de ambas orillas del charco, el homenaje a la honestidad brutal de las canciones de Lennon que es 'Pimple Zoo', pero orientando el tiro como lo haría Weezer. El disco puede que se pierda en un marasmo de canciones que sólo empiezan y terminan, a las que les falta el nudo, pero cada una supone una vuelta de tuerca al pop, original y revisionista a la vez, el pop de toda la vida -que como el bigote de Jose María Iñigo- no desaparece nunca. Así es, por ejemplo, 'Motorway', que convierte al grupo en unos Jam sin la urgencia de finales de los 70, pero manteniendo la regla de no ofrecer una canción de más de tres minutos. La estrategia de Robert Pollard le quitaría el premio Culebroni al bueno de Joey Tribbiani, porque el disco consigue que esperes al siguiente corte con verdadera ansia.

Robert Pollard: "No os entusiasméis, que hay que devolver la Vespa antes de que se den cuenta de que no somos Mocedades"

Allien Lines es, incomprensiblemente dada la cantidad de canciones que lo forman, un disco para escuchar de un tirón. No exige comprensión ni la experiencia de Otto con las drogas alucinógenas, solo relajarse; es simplemente pop, pero sonando a The Clash como en maqueta, a los Beatles en Lo-fi, a algo nuevo, a algo viejo y a algo azul (se me va, perdonen). Guided By Voices son dignos miembros del egregio club de la pirindola fundado por mi compañero 61&49. Quizás no sea el álbum más perfecto ni el que mejor suena del grupo (sí, parece grabado con el micro de mi primer Sony), pero es un disco mágico. En el pop suele ocurrir que cuando un grupo que aparentemente sólo conocías tú se hace conocido pierde parte de la magia que tenían, parece que no nos gusta compartir nuestros secretos. Con Guided By Voices no ocurre así, cada disco suyo está vivo, siente, piensa y te pediría la paga si te descuidaras. En definitiva, puede que Robert Pollard (junto con Mitch Mitchell y Tobin Sprout, autores de muchas canciones) no salvaran el pop, pero nos dieron 28 formas de hacerlo y si ha logrado que leas hasta aquí y que te hagas con un disco como éste (si lo encuentras claro) han estado muy cerca de conseguirlo. Estar muy cerca de conseguirlo es más de lo que podemos decir la mayoría.

Aquí, la versión del disco de Game Of Pricks





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jueves, 11 de diciembre de 2008

Contacto con Tacto (V): Osaka Monaurail

Sala Caracol (Madrid) – 7/11/2008


Rescatamos este concierto que teníamos algo olvidado en algún lugar entre el verano y la navidad. Corría el mes de Noviembre y como nosotros somos muy previsores hicimos acopio de Mahou antes de que los centros comerciales se llenasen de familias enteras buscando gambas pálidas y algún que otro chándal de tactel. Un par de días más tarde y con nuestro aspecto muy similar al de Beavis y Butt-Head se presentó la señorita diseñadora de este bloc y nos agarró fuertemente del brazo para que fuéramos a la penúltima visita a España de los Osaka Monaurail.

Para definir algo al grupo en breves palabras: Osaka Monaurail se trata de un combo formado por ocho o nueve músicos (yo es que más del siete me pierdo) que realizan unos conciertos basados en la energía que desplegaba James Brown sobre las tablas, con unas cuantas versiones del susodicho y temas de propia cosecha; con la particularidad de que estos elementos no vienen de Chicago, ni de Nueva Orleans, ni de cualquier lugar con un mínimo vestigio de Soul, sino que proceden de Japón. Soportamos algunas burlas de los más escépticos sobre el tema de ir a ver a japos que azotan este estilo tan poco asociado al país donde el medio de transporte es el terremoto. Cosas de la globalización pensaba. ¿Pero acaso no triunfaron Los Del Rio en medio mundo? El señor Efraín “Purple Rain” (gran experto en este tipo de saraos Funkis) nos recomendó sobremanera la asistencia y allí nos presentamos en una llenísima Sala Caracol.


Osaka Monaurail Si cuentan desde la izquierda salen ocho muñecos de cera, si lo hacen desde la derecha más o menos los mismos

Con cierto retraso como es habitual, sale a escena el grupo, que sin el cantante presente se van cascando temas instrumentales con un sonido tan perfecto que parecía un Playback de Bustamante. Con dos guitarristas con apego por el Blues, sección de viento que bailaba con una coordinación de ingeniería periodística y los correspondientes bajista y batería haciendo las delicias de los amantes del ritmo. Mientras, evaluábamos la posibilidad de que el cantante fuera otro japonés del estilo anterior (educado, tranquilo, etc.). Para variar nos equivocamos de pleno. Nakata Ryo sale como una especie de ciclón que no deja de chillar por cada esquina del escenario, bailando hasta cansar a los chavales de Fama e imitando a James Brown en la tan famosa tijereta abre piernas que hacía en sus conciertos. Tras un derroche de energía que nos borró de un plumazo lo inusual de la formación, una sorpresa más: Nakata domina el órgano a la perfección, aunque de vez en cuando no controle el nervio y se levante para aporrear cualquier cosa que sirva de percusión.



Osaka Monaurail Nakata debió perder una invitación para una tienda de productos extremeños, se pasó todo el concierto girando de lado a lado del escenario


Y así fue marchando el tema, canciones de James Brown, composiciones de los propios Osaka, una increíble versión del “Walk On By“ de Isaac Hayes y una agradable sensación final mientras uno por uno los músicos se despedían con un treinta por ciento más de las reverencias habituales. Compra y firma de algún disco al terminar, y un bailable (a la par que lamentable en nuestro caso) “Blame It On The Boogie” de los Jackson Five sonando en la sala. Atrápenlos vivos si pueden. Como decía Nakata durante todo el concierto: “Always From Japan”.



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jueves, 4 de diciembre de 2008

Cuando estás en la muchedumbre punk


The Jam - All Mod Cons (1978)


Me disponía a escribir sobre uno de los discos del que más se podría escribir, pero a la vez uno de los que menos insustancialidades nuevas podía aportar. Ya pensaba en juntar a un grupo de intelectuales formado por un par de directores, dos actrices, un actor, un alemán, un italiano y un español (y el español gana en el chiste) para que me dieran consejo de que se podía contar sobre el singular disco de los Jam, All Mod Cons. La reunión no me aclaró nada, salvo que si alguien que esté leyendo esto quiere ser la nueva actriz de Julio Medem tiene que hablar con voz de susurro (que da como más empaque a la interpretación) y que como habitualmente mandan los tontos pues sería yo mismo el que iba a comentar lo que quisiera (que para eso el ordenador es mío).

Weller le está contando a Foxton ese chiste de Paco Aguilar sobre eshó dó Mariconé que se encuentran en el puente Triana...

Situar el All Mod Cons en el circuito histórico es sencillo: Es 1978. Thatcher “soy amiga de Reagan” está a punto de ser presidenta en una Inglaterra asolada por el paro, el colapso de los servicios públicos, el sector industrial muy quemado (y no metafóricamente) y donde Benny Hill lleva un tiempo persiguiendo a señoras pechugonas. Si a todo esto le añadimos unos chavales que andan cabreados con el asunto, tenemos el embrión perfecto para que muchos grupos sigan las premisas del punki que acababan de importar los Ramones: Música visceral muy poco preocupada por virtuosismos instrumentales, pocos medios para editar las canciones, mucha mala leche, mamporreros en sus letras, imperdibles donde se pueda o camisetas corroídas pese a la regañina correspondiente de las abuelas.

Se podrían citar numerosas bandas británicas que cumplían el abecedario del imperdible: los Sex Pistols, The Clash, Buzzcocks, Sham 69 o Stiff Little Fingers y un buen montón que se dejan llevar por la inercia del momento musical que se vive. ¿Pero qué es de The Jam? Sus influencias no están en los Ramones pero si en los Who o los Kinks, son buenos instrumentistas, venden bastante y en una compañía importante, tienen mala uva pero Paul Weller realiza unas declaraciones en favor de la reina, sus letras son potentes pero a la vez más afiladas, y para colmo son elegantes a la par que urbanos. All Mod Cons se encuentra en el punto medio donde se mezcla la energía y frescura Punk con las Rickenbacker que han rescatado Weller y compañía. Poco importa que etiqueta poner al disco o las peleas de Weller con Sid Vicius o los Clash, el resultado es tan bueno que dan ganas de ver bailar a la Obregón el David Watts.

Nada mejor para parecer urbano que fotografiarse junto al contenedor de residuos orgánicos


Paul Weller tiene veintiún años cuando se graba All Mod Cons, pero es muy posible que el no tener un teléfono móvil con mp3 le haga concentrarse en unas letras que hablan del neofascismo inglés con inspiración letrística en Ray Davies (“Down In The Tube Station At Midnight”), se ríe de la cultura punk en “A Bomb In Wardoour Street”, o de sí mismo y la vida de estrella pop en “To Be Someone”. Otras canciones dignifican el pop como “The Place I Love” o “Mr. Clean”. El guiño psicodélico de “In The Crowd”. Dos canciones acústicas para momentos tan especiales como una cena con botella de vino al corcho (“English Rose” y “Fly”). Bruce Foxton parece estar en un estado permanente de gracia (me recuerda mucho a mí cuando una vez que casi apruebo un test contestando con los ojos abiertos, pero a lo bestia), junto a Rick Bucker agitando caderas en la sección rítmica de “It´s Too Bad”.

Pese a que muchos grupos del modernismo inglés en los noventa han intentado chupar la energía vital de este disco, la falta de talento de la mayoría no ha hecho sino engrandecer un poco más la leyenda de All Mod Cons. Pese a lo que diga el New Musical Express, siempre es buen momento para acercarse a este disco, y si aún no lo has hecho, en cuanto se me quite la vaguería lo subo a la red que tanto gusta a los grupos gili-mantas que se venden en el top-manta.


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