lunes, 28 de febrero de 2011

Sweet Home Chicago



The Paul Butterfield Blues Band – Homónimo (1965)


Ya que no me lo preguntan se lo cuento yo: no soy un hombre muy dado a las celebraciones, efemérides y misas negras. La razón es sencilla: el día de mi cumpleaños causa tanta confusión entre los miembros de mi familia que ya casi nadie acierta a felicitarme en mi día. A estas alturas ya convivo tranquilamente con ello, pero la broma entre mis amigos más simpáticos y dicharacheros ha calado hondo, hasta tal punto de que muchos empezaron con la coña y han terminado por tener serias dudas de cuándo demonios cumplo años. Bueno, ya conocen mi alergia al almanaque, pero es que además he de decir que mi compañero alberga parecidos sentimientos; todo desde que en su última fiesta de cumpleaños no fue capaz de romper una piñata rebelde armado con una estaca con clavo incorporado. Ahora entenderán que no hayamos dado lustre y relumbrón a los tres años que ha cumplido el bloc que están ustedes visitando sin prescripción médica. Dicho queda.


Pese a todo, nos hemos dado cuenta de que, tras todo este tiempo, conocen poco de nosotros. Como método para remediarlo les diré dos cosas sobre mí: que de los ingleses lo que me gusta es Octopussy y de los americanos la capacidad innata de sus guionistas para colocar la frase más ingeniosa en el momento adecuado del metraje de una película. Una respuesta, un giro de guión justo cuando hace falta, ese recurso de genialidad que Azcona sabía dar. Eso se llama clase y se tiene o no se tiene. En este sentido o quizás en todos a la vez (como sí estuviéramos en plena calle en Vietnam) el universo es bastante “karmico” y por cada chica guapa que es capaz de escupir más lejos que tú (éste y no otro debería ilustrar una galería de imágenes sin clase) existen discos como el que hemos escogido hoy. Razón por la que también existen las gomas de borrar y las pajaritas estridentes, como una excusa para dotar a este mundo de clase.


paul butterfield blues bandA día de hoy todavía no se sabe qué tocaba la dama del fondo en la Paul Butterfield Blues Band


Paul Butterfield, nuestro protagonista, podría haber pasado perfectamente por un americano blanco normal, soso y sin ápice de ese savoir-faire del que hablamos. Lo era, al menos hasta que portaba unas gafas de sol, una armónica y una banda de Blues a los lados. Entonces era un gigante. Algo así como el “tú cavas” de Clint Eastwood en El Bueno, el Feo y el Malo, “El que viva Led Zeppelín” de Otto antes de diñarla o el último golpe que Ali nunca dio a Foreman. Lo que suele decirse un tío con clase. Con toda su clase, Paul no sólo tenía que bregar contra su propio anonimato, Sino contra su propia presión autoimpuesta; la de un amante confeso del Blues que quería homenajear a sus héroes.


Con esos condicionantes y, manteniendo incorruptible su deseo de tocar Blues, Paul se las arregló para tener actuaciones en Chicago, su ciudad natal y conocer a los futuros músicos de la banda que llevaría su nombre. El más conocido de ellos, Mike Bloomfield fue un extraordinariamente dotado guitarrista que sería pieza fundamental en la historia de la música a través de Electric Flag, formando dupla con Al Kooper o al mando de la conversión a la fe del Blues que Dylan sufrió en 1965. Mike se unió a la banda justo antes de que este disco fuera grabado (no me digan que no tiene magia la historia de la música), Elvin Bishop, segundo guitarra era compañero de la universidad de Paul donde compartían los bocadillos de panceta de la cafetería equitativamente (según nos diría la estadística uno se comía la carne y el otro el pan). Ambos se las apañaron para robarle a Howlin’ Wolf la sección rítmica: el bajista Jerome Arnold y el baterista Sam Lay; se cree que utilizaron alguna hábil estratagema como llamar por teléfono al estudio donde grababa Wolf y preguntar por el señor Lotas, de nombre Empe. Mientras todos los del estudio preguntaban por un tal Don Empelotas, Paul y Elvin sacaron del estudio a Jerome y Sam por la puerta de atrás (1). Juntos, como la Paul Butterfield Blues Band fueron punta de lanza del homenaje del Blues blanco al Blues de toda la vida. Probablemente el reconocimiento más potente a la raza negra que ha dado la cultura anglosajona en el siglo XX. Un alegato contra el racismo que no fue organizado, ni demandado por nadie. Simplemente eran jóvenes blancos que adoraban la música Blues por encima de cualquier otra cosa. Tan sencillo, tan irrepetible, tan poderoso.

 
Probablemente este grupo podría haber quedado como una mera anécdota si no gozaran de dos características propias e intransferibles: un conocimiento único de las canciones que abordaron en su carrera, nadie intimaba con Blues como ellos, consumiéndolo y viviéndolo con la intensidad que sólo puede dar la pasión incondicional por algo. Una forma de ver y sentir la música que pocas veces se ha logrado en su plenitud y que ningún yogur de Activia puede darte (de momento). El otro punto necesario para que la Blues Band de Paul Butterfield sea eterna es que se trababa de una conjunción judeomasónica de músicos excelsos, virtuosos sin pompa ni circunstancia que formarían en cualquier elenco de sospechosos habituales de la música Blues. Es más: siguiendo una tradición que instauro ahora mismo (y que consiste en dejar de dar rodeos y explicar las cosas de la manera más sencilla posible), tomo como mías las sabias palabras de un señor que me encontré en una parada de autobús: eran gente con tal calidad “que te vuelan el sombrero sin pistola”.


paul butterfield blues bandEn realidad todos sabemos que es poner las manos haciendo "así" y que te salga el lamento blues


Recapitulemos qué tenemos hasta ahora: Chicago, Blues blanco y homenaje, Paul Butterfield, musicazos de manual, Yuhhhuu una pegatina de la ferretería… parece natural que la primera canción del disco sea un blues, escrito por un blanco sobre la ciudad del viento e interpretado con maestría. Born In Chicago, de Nick Gravenites es una profunda declaración de intenciones desde el segundo uno: dos guitarras entretejiendo líneas melódicas con la voz de Paul destacando sobre ellas, ya sea cantando o disparando fraseos desde su armónica. El ritmo sigue alto gracias a Shake Your Money Maker, el himno de Elmore James que las guitarras de Elvin Bishop y Mike Bloomfield llevan a su máxima expresión sobre un órgano de Mark Naftalin (apellido que me hubiera gustado inventarme, pero no, este hombre se apellidaba así. Maldita realidad, siempre me ganas por la mano). Dos canciones y todos los prejucios sobre que el Blues es aburrido tirados por la borda. La Butterfield Blues Band no dejó ningún detalle sin pensar en esta grabación: el disco es la historia del Blues en 11 temas, con referencias continúas, como Blues With a Feeling, de Little Walter, donde Paul tiene la difícil papeleta de jugarse el tipo con el, más que probablemente, el mejor armonicista de Blues de la historia (pendenciero y genial, capaz de gastarse hasta la camisa en el juego e innovar potenciando su armónica con un amplificador, todo en el mismo día).



Entre tanta intensidad, Thank You Mr Poobah o Screamin’ actúan como bisagra. Estos instrumentales del disco demuestran la especial telepatía que tuvo que presidir las sesiones de grabación. Una mezcla imposible de dejarse llevar y empatía musical que está presente desde el primer corte del y que va en progresión infinita: de una chispa hasta el incendio de Hindenburg. Especial atención a Sam Lay que toma el micro en I’ve got my Mojo Working, versión de Muddy Waters de ritmo casi más frenético que la original; característica que comparte con Mellow Down Easy (Willie Dixon) y que dotan al álbum de esa sensación de poder haber sido grabado en un sótano de alguna calle de Chicago, con el calor de la ciudad de Illinois como protagonista. Una bochorno que no tiene un sonido propio, pero bien podría hacerlo como este disco.


Lo que nos queda mantiene la fuerza de abrazo de oso que nos llegó con la primera canción. Our Love is Drifting transmite la devoción que Paul Butterfield tiene por el Blues, mientras que Mystery Train hace justicia con una de las canciones con más historia de la música americana (el departamento de recomendaciones de Garajeland les pone sobre la pista de la alucinante versión que el mismo Paul junto con The Band perpetran en Last Waltz). Para terminar nos quedan joyas como Look Over Yonders Wall, con sus guitarras llevadas al límite y Last Night que transmite esa mezcla de sentimiento y pertenencia que tiene el Blues cuando quien lo toca lo hace con rabioso amor por este género. Una cualidad que dota a la música de una capacidad de llegar sin filtros a tus oídos; de comprender lo que oyes, aunque sea la muestra más dolorosa que Little Walter pudo crear (“Last night I lost the best friend I ever had”).


paul butterfield blues bandMeter un perro en el grupo: ese paso adelante que necesitaba el Blues


La historia de la música ha sido justa con Paul Butterfield (de las listas de éxito ni hablamos), ya que suele aparecer demasiado pocor en la directorio de la biblioteca de la isla Phatt, en la letra B de “Blues blanco, música que haces sin avergonzarte cuando escuchas un disco de Elmore James y eres casi transparente”. La importancia de este buen señor, y su grupo, sólo es comparable al efecto catalizador que tuvo John Mayall en Inglaterra. Ambos quisieron y lograron ser fieles y consecuentes con su música favorita, actualizándola, pero manteniendo sus raíces. Sin gente como Paul Butterfield generaciones enteras no habrían sabido en quién era Son House o Skip James. Eso hubiera sido una pena, aunque tengo que reconocer que lo más me gusta de toda esta historia es es saber que Paul grabó este disco gracias a que Paul Rotchild, productor de Elektra Records, hizo caso a un amigo cuando le dijo que el mejor grupo de EE.UU. encima de un escenario actuaba en Chicago, tocaba Blues y el cantante era un chico blanco. Es reconfortante pensar que la suerte está de nuestro lado en algunas ocasiones.


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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein


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sábado, 26 de febrero de 2011

El Club de la Pirindola (Quinta)

Paul Weller

Tras una provechosa conversación con nuestro honrado ministro, el señor Johnny Dibud (¿De verdad alguien no ha tenido una provechosa conversación con este hombre?), comentábamos la excelsa capacidad de hacer grandes canciones que tiene el bueno de Paul Weller. Nuestro Mod favorito ha aunado como nadie la pasión por el pop inglés que más nos gusta con los sonidos del Rhythm & Blues y el Soul de la Motown. Por eso, por la dignidad que deja tras cada nuevo disco (¿sabrían dibujar la palabra dignidad en una partida de Pictionary?) merece estar en el club de los que hacen lo que les sale de la pirindola… y lo hacen bien. Por eso, y porque quince años antes de todo eso del Britpop sacaba grandes discos, y quince años tras la muerte de esa etiqueta sigue haciéndolo. No duden en medicarse sin control con sus álbumes.

Composición: Cada comprimido del señor Mod contiene 200 miligramos de Pop (no dañino para la salud), 50 miligramos de Soul, 50 miligramos de R&B y gramos del mejor pop inglés de los sesenta como principales activos. Además contiene los siguientes excipientes: estearato magnésico, músicos excepcionales y aroma a honestidad en sus canciones.

Indicaciones: El Pop y R&B presentes en cada píldora, son sustancias recomendadas a pies juntillas que actúan neutralizando el exceso de ácido en el estómago y en el amargor bucal generalizado provocado por la ingesta masiva de alimentos sonoros en mal estado.

Posología: En adultos, tomar uno o dos comprimidos auditivos tras la ingesta de discos defectuosos. Si el problema persiste puede tomar alguno más, e incluso si la crisis dolorosa ha sido muy aguda es recomendable acompañarlo con alguna bebida espirituosa de más alta graduación cuanto mayor sea el dolor. Los comprimidos deben degustarse lentamente y paladearlos durante un tiempo, no los trague enteros directamente. Niños y embarazadas pueden tomarlo sin riesgo y pueden aumentar la dosis según crean conveniente.

Contraindicaciones: Una vez solucionados los problemas de acidez, debe evitarse mezclar sus canciones con aquellos alimentos que le habían provocado los problemas anteriormente descritos. Debe evitar la mezcla con tacrolimo y ciclosporina (utilizados para el trasplante de órganos y gustos musicales), pentoxifilina, y en presencia de cualquier persona de reconocida seriedad o personalidad gris.

En esta ocasión, no hay regalo preparado. Ya saben perfectamente donde encontrar las canciones de este hombre cambiante.

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viernes, 18 de febrero de 2011

Caminando por el alambre melódico: The Scruffs


The Scruffs – Wanna Meet The Scruffs? (1977)


Ir por la vida siendo un hacedor de canciones pop es casi como caminar por la cuerda floja: Si no tienes cuidado y caes hacia un lado, tiendes a caer en el empalago, en la falta de frescura y en la eterna monotonía; si lo haces hacía el otro, la comercialidad más abrasiva puede hacer mella y las canciones pasan a ser meros chicles de usar y tirar, pues la sustancia se va tan deprisa como aquel chicle de natillas de Boomer cuyo sabor (y cuya goma) desaparecía como cuando lo mezclas con unas patatas fritas. Si tuviera que elegir a mi funámbulo pop favorito me asaltarían serias dudas, pero seguro que entre aquellos que se hallan ocultos tras los grandes nombres del cancionero pop se encontraría el rubiales de Stephen Burns, que caminó tan rápido por el alambre, que una escucha al debut de Wanna Meet The Scruffs? te deja noqueado durante los escasos treinta y cinco minutos de duración, de uno de esos discos que te convierte en fiel seguidor del grupo una vez lo has descubierto.


The Scruffs, funambulistas pop de altos vuelos. Afortunadamente nunca fueron contratados por el circo de Angel Cristo.


The Scruffs pertenecen a ese pequeño universo musical del que salen imprescindibles bandas sean o no tiempos difíciles para la música: Memphis. Ciudad de, entre otros, Big Star. Gracias a esta cercanía, Burns y los suyos no tuvieron que esperar a que años más tarde se empezara a hablar de ellos para absorber sus provechosos bienes. Ajenos al negocio musical, Stephen Burns junto a su mano derecha y guitarrista Dave Branyan, Zeph Paulson y Rick Branyan, entran a grabar a los estudios Ardent de Memphis (todo un signo de su pasión por las amplias influencias locales) para emular a los ídolos de los sesenta, a los citados Big Star, a los Raspberries y grabar un inmejorable debut.

Vale, es cierto que no va ser la primera vez que digo que un álbum merece ser escuchado, y poco a poco, y tras unos cuantos detalles escabrosos voy perdiendo credibilidad. Pero esta vez puede que sea diferente, y si para ello tengo que escribir vestido como el personaje de la foto adjunta así lo haré, para deleite del lector y un par de policías nacionales que ya me están esperando a la salida de casa, y no creo que sea para invitarme a Donuts. Bien, volviendo al disco, muchos álbumes derivan en otros estilos, lo cual está muy bien porque en caso contrario todavía estaríamos golpeando piedras con huesos, en este no hay medias tintas, sólo canciones powerpoperas al máximo, tres minutos veloces, si acaso salpicados por la energía punk de muchos grupos cansados de la comodidad en que estaba instaurada la música en la segunda parte de los setenta.



Como ya sabrán, este no es 61&49, pero para captar la atención viste similar atuendo


El álbum se abre de forma impecable, mediante “Break The Ice”, quizás una de las canciones perfectas de powerpop. Le sigue “My Mind” con una temática constante en todo el disco: los problemas amorosos y sus derivados neuróticos de la plena adolescencia (recuerden esas chicas congeladas de “Frozen Girls”). Entre el resto de canciones cabe destacar algunas absolutamente adrenalíticas como “I´ve Got A Way”, “This Thursday” o “She Say Yeah”. Otra constante son los singles en potencia que abundan en todo el disco, ahí quedan “Revenge” o la melancólica “I´m A Failure”. Las canciones se van deslizando de forma vertiginosa, con la característica voz de Stephen Burns, personal y un tanto chenchual, el combate entre tú y el disco que no te deja salir de las cuerdas ni siquiera con un suave tema amoroso acaba tras sólo treinta y cinco minutos. No hace falta más, por otra aparte.

Durante largos años el disco estuvo condenado al ostracismo de manera injusta. El escaso éxito de ventas propició la desaparición del grupo justo antes de publicar un segundo trabajo ya casi grabado. Sólo el despunte de otras bandas de los noventa como Teenage Fanclub, los Posies, etc., despertó el interés por rescatar de los cajones más profundos de vinilo a la fabulosa hornada de pop de los setenta que navegó contracorriente y que en muchos casos sólo llegaron a la orilla tras dejarse flotar durante un tiempo. Entre ellos, los Scruffs, que sólo tuvieron seguidores en los que poseían una de las pocas copias de Wanna Meet, con esa sugerente portada (¿no les recuerda a A Hard Day´s Night?) de la que sus dueños no querían desprenderse de él, un poco como el sentimiento de quien tiene una novia muy guapa pero prefiere quedarse con ella para que nadie más la conozca. Afortunadamente existen las reediciones (de discos, de mujeres sería un tema más difícil a tratar) para hacer justicia y concluir esta historia con un bonito enlace para conocer a los Scruffs. El título del disco ya es de por sí una sugerencia, avisados quedan.

Nota: Para saber como nos las gastamos, este post se le debe a nuestro dibujante favorito, el señor Mr. Mosstrem. Tiempo atrás dije que se trataría sobre este Wanna Meet, y ha pasado tanto que el bueno de Mos ha dejado aparcado los pinceles (lo que nos deja un poco tristones) por un muy reconfortante trabajo en su propia huerta.

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viernes, 11 de febrero de 2011

Conversaciones Insustanciales sobre Música (VI)

¿Se puede cambiar la música del coche… de otra persona?


Sabido o no, es que los miembros de garajeland rara vez se desplazan en coche, propio nunca, en coche rara vez. Lo cierto es que eso permite que la música que escuchamos sólo sea elegida por nosotros mismos o por el tipejo con gorra de rapero (o del tonto de las series juveniles americanas, nunca lo tuve claro) que decide deleitar al resto del personal con una selección de canciones que nunca deja acabar y suenan como la FM a medio sintonizar. Esta situación dictatorial de ir poniendo la música que me gusta me crea cierta tendencia a sufrir cuando no tengo posibilidad de elección, o como poco no veo el momento oportuno de intentar poner ese cd recopilatorio tan ameno que he preparado especialmente para el radio casete. Lo cual me lleva a preguntarme si es posible cambiar la música de un coche que no es el tuyo, y si existe esa posibilidad, como explotarla al máximo.


Cuidado con la gente con la que vayamos en un coche, es posible que no le guste demasiado tu recopilación de rumbakalao.



Cuando sip lo podremos hacer:

Grado de confianza cinco, es decir, te pueden ver en calzoncillos sin que te sientas incómodo por no saber donde meter las manos al no tener bolsillos. Es un grado de confianza estándar, aunque no en ningún caso es estricto, cada uno que vea cual es el suyo, como la RAE, garajeland no impone, sólo limpia y no sé qué más. No obstante, incluso dado este punto, siempre habrá que pedir permiso, cosa de esas incómodas normas de mantener la educación.

Inventándose cosas. Seguramente este punto dependa mucho de la credibilidad del conductor y su capacidad para soltar el complemento que suele llevar en las manos, el volante, para atizarte un par de sopapos. En cualquier caso, insinuar sin atisbo de duda que “hoy sería el cumpleaños de Gene Vincent” puede darnos una oportunidad de poner ese recopilatorio suyo que justo tenemos en las manos. Siempre apuesten a que nadie sabrá ese tipo de datos (generalmente).

Cuando todos, y cuando digo todos incluyo a la junta de la trócola del vehículo donde va montado, se encuentran de acuerdo contigo. Las victorias con un ejército potente dan menos satisfacción que las individuales, pero al menos son victorias.

Grado de desesperación latente o entrada en bucle de audición. No se descarte llegado el momento idóneo, el perder completamente la cordura para hacer más latente su frustración. Si no saben cómo hacerlo sería suficiente con pasar una hora en un jardín de infancia. Creo que en una ocasión, tras escuchar tres veces seguidas el segundo disco de Estopa estuve a punto de alcanzar ese estado (eso, o era una parada cardiorrespiratoria).

El conductor y usted son la misma persona (también puede ser tu gemelo de manos, pero no es lo mismo). En caso de no ser así, mire fijamente a los ojos a la otra persona y pídale el matrimonio.

Cuando no lo haremos:

El conductor tiene un nivel de mala hostia de grado cinco (no confundir con el grado cinco de confianza o las consecuencias pueden no ser las esperadas). Repetidos intentos de acercar la mano al radio casete pueden hacer que el grado de mala hostia del elemento musical opresor aumente de nivel paulatinamente. No interesa nada esa opción, saquen a relucir su diplomacia suiza si es que la tienen a mano.



Muy posiblemente, ser MUY pesados tenga como consecuencia llevarnos puestos los dos alerones, uno en cada oreja


Sumado un conductor con mala hostia de grado tres y acompañado de una novia de grado dos, puede parecer poco, pero, ¿han visto como muere Paulie Gatto o Carlo Rizzi en El Padrino? Yo que ustedes no me fiaría del que vaya tras su asiento. Desde este punto ir añadiendo elementos en contra, sean del grado que sean nos pone en una difícil situación, sólo salvables con la patraña oportuna o la típica falacia.

Si el dueño es de un intelecto superior hay que abstenerse, sería imposible competir con Sanchez Dragó, Pedro Ruíz o algún tertuliano acostumbrado a los micrófonos. Si además creen innecesaria la música que se salga de las directrices de un cantautor hay que ir asumiendo que iremos escuchando a Jarcha el resto del trayecto.

Cuando hemos sido nosotros los que hemos elegido el disco, es raro conseguirlo, pero hay que demostrar cierta fortaleza ante las adversidades, y un número ilimitado de ocupantes que no quiere escuchar un especial de melenudos psicodélicos no deben hacernos cambiar de opinión, ni disculparnos, recuerden la rabia que eso le da a Homer.

Nota importante: Pese a lo que pueda parecer, acepto normalmente lo que me ponen, si bien haber explicado eso no hubiera llevado más de cinco minutos y no nos hubiera leído ni nuestras respectivas abuelas.


PD: Os dejamos con Ridin´ In My Car de NRBQ. Con canciones así de maravillosas nadie osará ponerse en tu contra y existirá el completo acuerdo y satisfacción.


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martes, 1 de febrero de 2011

7´´, 45 r.p.m. y un pequeño trozo plástico: Johnny Thunders & The Chesterfield Kings


Critic´s Choice / I'd Rather Be With The Boys / London Boys


Retomamos esta mini sección, la cual no es mini porque dejamos de lado el divagar durante largo rato como si fuéramos Jesús Hermida, sino que es mini por el tamaño de los discos aquí comentados, generalmente singles y EPs, o para que nos entiendan nuestros más jóvenes lectores: unos emepetrés muy caros, almacenados en figuras circulares de tamaño similar, que se introducen en un cartón con fotos (a veces hechas con cámara analógica, el diablo debe estar detrás). Alguno pensará que esa es la descripción de una caja de galletas, pues sí, parecido.



En este caso, el artefacto sónico pertenece a la alianza entre Juanito Truenos y los Chesterfield Kings. No todas las cosas divertidas acaban en erveza o aberna. Se trata por tanto de la unión entre un Thunders que no fue imputado en la Operación Galgo porque él inventó el dopaje, junto a Greg Prevorst y los suyos, o lo que es lo mismo, el señor que se pinta como una puerta, utiliza una laca para el pelo con idéntica composición química que No Más Clavos y junto a Andy Babiuk forman el grupo más melómano de los últimos treinta años.

La cara A esconde una canción de Thunders, “Critic´s Choice”, repleta de remedios terapéuticos y muy en la onda de las canciones del padrino punk. En la cara B, dos canciones con sonido de dudosa procedencia: “I'd Much Rather Be With The Boys”, que aunque se cite como de Jagger-Richards, es realmente una colaboración del último junto al manager Andrew Oldham (curioso dato), y “London Boys”, nuevamente del bueno de Thunders. Editado por el muy apropiado sello Junkie Records y en color amarillo para que el artefacto salga aún más caro, y poca más información puedo darles, que yo sepa aun no domino el japonés, algo realmente asombroso si se tiene en cuenta mi afición a hablar mal todos los idiomas que conozco.



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viernes, 28 de enero de 2011

El enlace entre los camperos clásicos y los más modernillos: The Long Ryders


The Long Ryders - Native Songs (1984)


Cuando hace unos meses realizamos ese especial sobre los sonidos de la Americana y que nosotros en nuestro afán de cambiar el nombre a esa etiqueta llamamos Country Indie Modernillo estuvimos citando las influencia de todos aquellos grupos en los muy obvios Byrds, Gram Parsons y derivados, o en Hank Williams yendo un poco más lejos, sin ni siquiera encontrar un punto de enlace entre los inicios de mezclar las churras con merinas (perdón, quise decir el Country con el Pop) de finales de los sesenta y el auge de estas tonadas que inició el No Depression de los Uncle Tupelo. Sí, nuestra vista es obtusa en ese sentido, ¿Qué quieren, si llevamos siempre puestas las gafas para borrachos que compramos en los jardines Duff? Este eslabón perdido, y no me entiendan mal, nada tiene que ver con el caminar erguido, lo teníamos delante de nuestros propios ojos y no tuvimos la decencia de citarlos: eran los Long Ryders. Fantástica banda Californiana de la que desgranaremos incorrectamente sus maternas canciones de debut.


Los Long Ryders con la clásica (a la par que elegante) decoración de neumáticos antes de que se pusiera de moda Quién Vive Ahí



Principalmente y particularmente, para contar la historia de los Long Ryders hay que hablar de Sid Griffin, procedente de una ciudad en medio de la nada como Louisville en Kentucky, su primer disco es un regalo familiar: el Sweetheart Of The Rodeo de los Byrds, por el mero hecho de que en la portada no aparece ningún melenudo (menos mal que no vieron las gafas de Roger McGuinn o nos hubiéramos quedado sin Long Ryders a este punto de la historia y yo hubiera tenido que publicar mis fotos de la comunión para despistar). Afortunadamente, de personalidad inconformista y aun un ternerón, el bueno de Griffin ya domina clásicos instrumentos como la mandolina y el steel guitar y decide en el ocaso de los setenta dejar a un lado la rutina de Louisville para emprender un largo viaje hacia Los Angeles (hay quien no descarta que incluso paró por La Roda a comprar Miguelitos) en busca de un nuevo sonido del que ha leído sus propiedades pero del que aun no ha conseguido llevar nada a sus oídos: el Punk.


No me digan que Sid Griffin con esa cara y la pose de "como quien no quiere la cosa venimos del huerto" no tiene pinta de achuchable



Durante este periodo se forja en el ambiente de nuevas bandas que pueblan la ciudad hasta que se harta de tocar versiones y decide montar un nuevo grupo. Es ahí cuando entra en escena el otro capo de la formación: el gran Stephen McCarthy, un pájaro muy singular que en pleno auge punk vino a decir a sus compañeros lo de “sí, sí, lo del punk y todos esos guitarristas están muy bien, pero a mí lo que me gusta es el Country y las películas del Oeste que emiten en la sobremesa”. Obviamente fue contratado al instante, y acertaron. Tras unas cuantas salidas y entradas completan la formación del grupo junto a Greg Sowders a las baquetas y Tom Stevens al bajo. Cuatro músicos que se desenvuelven de rechupete con cualquier instrumento que les eches al hombro (siempre maldigo a este tipo de gente por pura envidia de la que no es sana).

Tras un EP de debut llegan a la grabación de este Native Songs con la clarísima intención de dar rienda suelta a todas las obsesiones musicales que les han conquistado desde pequeños. Para empezar, la producción corre a cargo de Henry Lewy, en otros tiempos productor de los primeros álbumes de Flying Burrito Brothers. La segunda de ellas la cumplen sobradamente con la participación de Gene Clark añadiendo voces en “Ivory Tower”. La tercera la encontramos en el sonido de todas sus canciones, con homenajes perpetuos a los ya citados Burrito Brothers, a los Byrds, al cancionero pop inglés de los cuatro de Liverpool (y espero que no haya un equipo de Curling por allí que se llamen así o me verán chillar de forma lamentable), al Rock And Roll del de toda la vida, y sin ningún género de duda (porque ellos lo dicen) al genial músico y empinador de botella Gram Parsons.



Long Ryders junto a Gene Clark y los visillos con faldones. Yo al menos nunca vi una foto donde se repitan esos mismos elementos



Es muy posible que en este punto de la situación, todos estéis aburridos de los mismos nombres de siempre… ¡pues escuchen las canciones de este disco! Porque mientras algunos nos planteamos si la telilla de la sopa de tomate hay que comérsela, el tándem Griffin-McCarthy realizan unas canciones como “Still Get By”, “Too Close To The Light”, “Ivory Tower” o clásico sonido yanqui de “Never Got To Meet The Mom” que saciarán de sobra a los que se quedaron con apetito tras escuchar a los nuevos camperos modernillos o a los que quieran recuperar viejos sonidos con Rickenbacker, steel guitar y zarzaparrilla de la buena de por medio.

Que el final del grupo fuera tras cuatro estupendos discos y cayendo en el olvido de la ignorancia que actualmente se intenta que nos invada tampoco es una novedad. Una pena que gente tan interesante como Sid Griffin (un tipejo tan fascinante que ya has escrito varias biografías entre las que se encuentra la de ¿Quién si no? Gram Parsons) o S. McCarthy (que incluso tocó una época con los Jayhawks) no se les tenga en el mínimo reconocimiento que deberían tener. Ahora que Jeff Tweedy parece que ha terminado de acuchillar el parqué de su casa y puede ahorrar algunos dólares debería pensar en pagar algún pequeño tributo a estos tipos. Pero claro, para eso igual hace falta una gala presentada por Norma Duval.

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domingo, 23 de enero de 2011

Se fue el 2010 y nosotros criticamos a nuestros lectores

Como muchos sabrán a día 23 de Enero, el 2010 se acabó, y aunque el telediario de Antena 3 va a seguir dando noticias sobre el hombre más viejo del mundo o sobre la mujer más alta del Noroeste, algunas cosas han cambiado, y es que garajeland empieza década criticando a sus hasta ahora respetados lectores. Hubo quien dejó sus preferencias sobre sus discos más escuchados del año recién finalizado, y prometimos realizar una crítica exhaustiva de los mismos incluso sin haberlos escuchados; porque nosotros las promesas las cumplimos tarde, muy tarde, o casi nunca, pero las cumplimos.

Para que todos nuestros análisis quedaran fetén, esta vez nos hemos dividido el trabajo en un despliegue de facultades nunca visto desde las películas de Schwarzenegger con Dani De Vito (lo cual no significa que los dueños de este bloc tengan algún tipo de parecido físico con alguno), demostrando a los matemáticos del mundo que negativo por negativo no siempre es positivo. A los hechos me remito:


El señor Troy McClure descubre que en el planeta donde se encuentra los pañales no son desechables.



- Respuestas del señor numérico

* Vinti eligió Tomorrow The Green Grass de los Jayhawks (versión reeditada en 2010 para poder entrar en esta lista). Disco lleno de matices camperos y dulce pop, que he hecho madurar a Vinti la idea de ser la futura presentadora de El Escarabajo Verde y a fabricar su propio mantillo para plantas, con la palabra propio en el más sentido estricto significado.

Su elección se basa en un excelente disco (que vamos a decir si es uno de los favoritos de los que escriben estas líneas), tanto que puede cambiar la relación de un ciudadano de a pie con el campo (Verléin siempre quiso asfaltar Doñana y a mí siempre me parecieron demasiado altos los pirineos). Si algún día de estos se cruzan con un coche por la calle y éste va tarareando “Blue” no duden en parar a saludar, lo conduce Vinti.

* Johnny Lebrel se ha pronunciado a favor de Innerspeaker de los Tame Impala. Todo un personaje psicodélico de corazón utiliza micolor para lavar su ropa blanca y perejil para decorar sus platos. Su recién descubierto amor por estos estelares psicodélicos no tiene parangón. Si ven vídeos con canciones como Lucidity (grabado desde un globo de Winnie The Pooh con una cámara atada al hilo) entenderán el porqué de la elección, y si escuchan atentamente el disco corren el riesgo de que esas estupendas canciones le hagan rescatar la cinta para el pelo de John McEnroe, los pantalones de campana con restos de lejía y hacer flecos en su ropa con las tijeras que regala Gallina Blanca. La clásica estampa, vamos. Eso, o caen al mundo de la drogadicción más salvaje: el Inistón con anís.

* Tomás Verléin se decanta por un grupo que se llama cuchara (Spoon) y su álbum Gimme Fiction (comprado en 2010 para poder entrar en la lista), cuya traducción viene siendo algo así como lo que le piden las chicas a Hugh Hefner para que se quite el albornoz. Para los que no conozcan a Spoon, se trata de un grupo de jovenzuelos, modernos, de grandes canciones y que nunca se resienten de la rodilla cuando llueve. Pildorazos como Sister Jack no defraudarían ni al mismísimo Jeff 'Migrañas' Tweedy.

Hagan caso al bueno de Verlein siempre que puedan (no hay porque ser demasiado exigentes en ese punto), yo lo hice y ahora soy mejor persona: tengo este disco en mi carpeta emepetrística y la sana costumbre de devorar episodios de El Ala Oeste de la Casa Blanca hasta lo insano. Desde luego es un personaje tan convincente como el bipartidismo instaurado por Kodos y Kang en tiempos de antaño.

* Don Funkefra ha confesado que lo que más ha escuchado este año es el recopilatorio de un novedoso grupo: Los Clash. Digna elección la del disco que recopila las mejores canciones de Strummer y compañía. Todo normal hasta ahí, pero si tenemos en cuenta que Funkefra tiene como don la omnipresencia en todos los saraos Funkis que se celebran por tierras castellanas, sea el día, o la hora que sea habría que empezar a sospechar de la catadura moral de este señor. Y es que alguien que desayuna en un concierto de los Sweet Vandals o se hace pasar en el Banco Hispano Americano por uno de los Osaka Monaurri para poder acceder a todo el Soul descatalogado de Japón no nos puede engañar de esta manera.


- Respuestas del señor de los brazos


* El Señor Trufé se inclina por American Slang de The Gaslight Anthem. Entre las manías que han ido creciendo conmigo, una ha ganado más fuerza últimamente; no me refiero a mi peculiar afición por mordisquear los quicios de las puertas (soy un niño-rata, qué esperaban), sino a un particular, finisecular, inveterado y, totalmente injustificado resquemor a todo lo que huela a Bruce Springsteen. Sí, es así. Sé que merezco una horca y, por si acaso, un lago electrificado con pirañas por si la cuerda estuviera floja.

Pero es que me ocurre. Este disco fue parte de mis escuchas diarias al menos durante un mes. Suena de lujo, todo muy redondo y en su sitio, pero no deja de recordarme al bueno de Bruce, lo que provoca una pereza infinita. Algo que me ocurre con otros grupos como Hold Steady. No obstante, si ustedes buscan un grupo de rock con melodías y un sentido de la música parecido al del tito Bruce, hagan acoqui que no se arrepentirán.

P.D.: no sean duros conmigo; otro día trataremos otras fobias injustificadas, como la que une a un amigo mío con Paul McCartney. Yo, al contrario, le tengo mucha estima por su destacada labor como doble de Isabel II, la reina de Inglaterra.



* Troy McClure se despendola con Las Vegas Grind. Señor McClure, sepa usted que sus recomendaciones no caerán en saco rato. Esa recopilación de música garajera, sucia, sesentera; acompañada por fichas de 20, Robert de Niro con traje celeste y Sharon Stone enseñando pernamenta puede ser lo mejor que le ha pasado a la música venida de los estados juntitos desde su campaña “no sin mis Hi-Risers”, de la que usted es receptor como albacea de la herencia de nuestro añorado Enano.


Las Vegas Grind puede ser una de las colecciones definitivas de la música de The Trashmen, The Wailers y demás delincuentes habituales. Una serie de canciones que navegan entre el fuzz, las pianolas, la plaza del garaje con la columna en el peor sitio y los gritos. Escuchar este disco es como sudar en un concierto porque no puedes parar de moverte. Me va a encantar, algo me lo dice.




Sueño (y a la vez pesadilla) de nuestro admirado Savuá Trufé.



* El nuevo de los tipos de 'Girls', un EP reciente es la elección de un Anónimo lector. Querídismo anónimo, muchas gracias por la visita y por su comentario, pero usted se piensa que este bloc es una amalgama de conocimiento que rivaliza con el líder que lo sabe y lo ve todo. Lamento sacarle de su error: no tenemos ni idea de qué disco nos está hablando, pero hemos pedido a David Bowie que nos eche una mano. Ahora nos encontramos en un laberinto y nos hemos transformado en una niña que cuando pase a mujer será una chica muy a tener muy en cuenta. Mientras damos vueltas por aquí haremos acto de constricción y de crítica estándar: “Girls es el EP que tienes que escuchar. Afiladas guitarras que se unen brillantemente a unas melodías que beben de las mejores fuentes del Power Pop. Uno de los hallazgos de 2010. 4 estrellas pezonales”.


* El señor que suma 100 o 110 según el orden de los sumandos eligió el ya comentado Pictures de los Len Price 3. Y llegamos al único disco del que puedo decir tonterías tras haberlo escuchado ampliamente. Es decir, igual que con el resto pero con el vinilo en casa.

Como ya he empleado mucho texto en hacer mis no-críticas, voy a intentar resumirme a mí mismo con el disco de los Len Price 3:

Lo peor: la foto de ellos dentro de la cámara: Todos parecen salir de las instantáneas promocionales de Pajares después de pasar por el quirófano

Lo mejor: todo, hasta el cartón del vinilo. Fabulosas píldoras del mejor power pop.

Dicho esto, agradecimientos varios a mi compañero por descubrirme a este grupo. Este hecho, junto con la vez que me trajo una Hobby Consolas para enseñarme algún juego de la Neo-Geo (con el que seguramente se me salieron los ojos de las cuencas) me hace quererle, de un modo heterosexual, pero quererle.




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jueves, 9 de diciembre de 2010

Verdades como puños, mentiras como pianos (X)



1. ¿Fue Whole Lotta Rosie de AC/DC inspirada por los escarceos amorosos de Bon Scott con una dama de amplia voluptuosidad?

Nuestro veredicto: Lo primero que tenemos que decir, además de buenas tardes al respetable, es que por primera vez he dejado a un lado mi tradicional tendencia al amarillismo de manual y a exagerar la noticia con un titular maniqueo en aras de la honestidad periodística. Quien me conoce algo sabe que estoy a mil jodidas millas de ser honesto y periodista (de una más que de la otra, eso es verdad). Por si estoy siendo tan espeso como el paladín a la taza me explico: si uno fuera Kent Brockman y creyera que la anarquía de las mujeres está al caer y que sería de proporciones bíblicas (¡viene en el libro de las revelaciones!) el titular podría haber sido: "Bon Scott quiso grabar un dúo con Javier Gurruchaga por motivos de peso", que convenientemente aderezado con estilo televisivo habría quedado como: "Bon Scott la tiene gorda, Gurruchaga interesado". Con un par de guindas. Den gracias de que yo no dirija ningún periódico.

La maja a medio vestir, conocidísimo cuadro de Goya. La cortinilla de estrellas llega a Garajeland cortesía de Troy McClure




Tras este desvarío y comprobada, una vez más, mi inutilidad para con la profesión de plumilla, he puesto el caso en manos de mis dos asociados: el señor pequeñito y el de la guía de teléfonos. Reconocidos y reputados únicos miembros del departamento de investigación de Garajeland (patente pendiente). Como sabrán, sus virtudes son muchas, sin alardear mucho podría comentarles como el señor pequeñito es capaz de no contestar una incongruencia cuando alguien le pregunta si una silla está ocupada y el de la guía de teléfonos ha pergeñado un plan secreto contra Google con muchos visos de salir bien (se le ha oído mascullar algo así como "búsqueda instantánea"; pero éstos saben que en el borde de la guía de teléfonos vienen las letras en oscuro para facilitar la cosa...).


En fin, paso a leerles el informe, escrito en una servilleta del bar "Casa Candi", especialidad en percebes y otros embutidos: "Efectivamente, AC/DC se refiere a antes y después de Cristo. Lo del rayo en medio, es a día de hoy y sin remedio, un misterio perdido en el tiempo". Ni que decir tiene que para completarlo han puesto un clip en la servilleta junto con un calendario del bar. De lujo.


En realidad, Whole Lotta Rosie pasa por ser una de las canciones más honestas de la música Rock. Sí, Bon estuvo con una grupie de grandes proporciones (detalladas adecuadamente en la propia letra de la canción) y sí, se lo pasó en grande. Por lo que se sabe, la chica en cuestión y que respondía al nombre de Rosie procedía de Tasmania y estuvo intercambiando hechos culturales sobre las islas de Oceanía con el bueno de Bon en el motel Freeway Gardens. Si hacemos caso, la protagonista de la historia (Rosie) tenía unas medidas rotundas: 106-99-142, un talento especial para las artes amatorias y un aguante que dejaba en nada la paciencia de un tal Job. En las propias palabras de Bon: "tenía de todo". Cierto o no, la cuestión es que AC/DC aplicó una de las máximas del Rock&Roll (la existencia de las grupies) y la convirtió en una ráfaga de energía difícilmente insuperable.


No me digan que no, no me digan que no...


Porcentaje de certeza: grande, como no podía ser de otra forma. La historia de esta canción se ha propagado y perpetuado como un rumor a través de una comunidad de vecinos, llegando ya a tener incluso una segunda parte; que tendría que ver con un segundo encuentro de Bon con Rosie y el descubrimiento del primero de que nuestra chica con curvas favorita había dejado de seguir el consejo de Homer simpson (ya saben, utilizar el descubrimiento de una nueva hora para comer entre la merienda y la cena) y se había perdido parte de su voluptuosidad, parte de su encanto.

Termine como termine la historia, no me van a negar 2 cosas:

a) Que Bon Scott tenía bastante clase, hasta para escribir de un encuentro sexual con una grupie. Nosotros lo vemos así, pero claro también pensamos que La Ramona es una canción de amor.

B) Que Gurruchaga lo más cerca que ha estado de Bon Scott ha sido en un tarjetón del Trivial, junto con alguna pregunta sobre el los fenicios, otra sobre Yugoslavia ( yo jugaba con edición desactualizada) y alguna sobre el nombre real de El Greco. Perdonen por engañarles, era una torpe estratagema para captar su atención. No lo volveré a hacer, pero que sepan que si no vuelven a visitar nuestro blog a su casa llegará el tío Camuñas y se perderán el numerito que hacemos 61&49 y servidora con una guirnalda, un escurridor de pasta y varios números atrasados de Micromanía.




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein, les desea Feliz Navidad


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Y finalmente, lo que más he trillado de este año son los Len Price 3


The Len Price 3 - Pictures (2010)



Reconocer las cosas no es fácil, más si uno tiene que confesar que sale de la ducha cantando "Just A Gigolo", pero hoy tengo que reconocer que hice caso omiso a diversas voces como las de la estupenda web powerpop action, o al mismísimo Juanito Lebrel, cuando decían que el último disco de los Len Price 3 pintaba tan bien. Debo reconocer que su fecha de publicación anda rayando el año presente, y que sin llegar a los extremos de nuestro doctor Troy McClure (tan metido últimamente en el blues del siglo XIX considera una novedad la primera grabación de Robert Johnson en siete pulgadas para equipo monoaural), a algunos nos cuesta encontrar novedades que merezcan la pena más allá del mundial de Naranjito. Menos mal que la última entrega del trío británico con camisetas del H&M, toca muchos de los palos que más nos gustan por este bloc, con la brevedad que caracteriza mi vida cotidiana y que ellos hacen que vaya al ritmo que late el corazón del señor Burns.


Tres en una misma cama y uno con un libro infantil del revés, esto no son los Len Price 3, ¡Es la casa de los Bush!



Los Len Price 3 proceden de la zona del Medway británico, algo así como una cosa cerca de Londres, a la vez cerca del mar, pero por la que también pasa un río de mismo nombre que desemboca en el Támesis y por la que a su vez puede llegar a pasar muy poco salvo más de una nube que prefiere quedarse cerca de tu casa. Quizás una estampa que a alguien como a este trío sólo le animaran unos discos de los Who, de los Small Faces o de los Kinks. Tras un par de primeros álbumes bastante recomendables como son Chinese Burn y Rent A Crowd, el grupo formado por Glenn Page como guitarra y voz, Neil Fromow como batería y más voces, al que aun no he conseguido sacarle un parecido razonable, y Steve Huggins al bajo; ha conseguido superarse en un disco repleto de intensidad y unas miras mucho mejor enfocadas a las tonadas sesenteras, de la cual no sabemos si tendrá culpa Jim Reiley y Graham Day metiendo mano en la producción repleta de captura sonidos viejunos.


El artilugio imprescindible para cualquier sala de ensayo es el fonógrafo de Edison antes de que éste inventara el martillo eléctrico. Eso, y una alfombra que de ambiente a la habitación.



Las canciones de Pictures suenan urgentes, de apenas dos minutos, lo cual convierte su escucha en escasamente media hora repleta de una intensidad, que si bien habría que ubicarla en su gran mayoría por una querencia absoluta por el garage, no es descartable, debido a la ya comentada influencia de la melodía pop, encontrarse con algún trallazo powerpopero como (una de mis favoritas) “After You´re Gone” o retazos punk al más puro estilo de los Clash. Es seguro que superar a los Who, o las historias que cuenta Ray Davies con los Kinks es francamente difícil, pero es de agradecer la frescura que aporta el disco escuchando “Keep Your Eyes On Me”, “I Don´t Beleive In You”, la cachonda “The Girl Who Became A Machine” y algunos pepinos que dejan sin aliento, no por el tamaño del mismo sino por la velocidad a la que discurren como “You Tell Lies” o “Under The Thumb”. Si a los ingredientes del garage, el punk, y el pop, le añadimos unas dosis del humor inglés del que muchos supimos su existencia hasta la llegada a España de Michael Robinson, tenemos sin duda un buen alimento que llevarse a la boca en estos duros tiempos. Además, si te haces con la edición vinílica te obsequian con un cd con canciones extras que sólo encontrarás en dicho formato, o en este bloc.

Ellos mismos afirman “La vida es corta y la gente está muy ocupada, así es que Len Price 3 golpea a la audiencia fuerte y rápido, antes de que sus mentes empiecen a preguntarse a quién van a votar para la próxima nominación del Gran Hermano o que van a tomar con el té.” Poco más que añadir, y es que puedo dar fe de ello, les vimos en un concierto de apenas cincuenta minutos, y el escaso medio centenar de personas allí congregadas salimos noqueados ante esos niveles de celeridad e intensidad, que incluso dejan al cantante con los ojos fuera de sus propias cuencas oculares.

Si quieres comentar cuál es tu disco más escuchado del año, realizaremos una crítica del mismo con la poco profesionalidad que nos caracteriza, hayamos escuchado o no tu rodaja favorita.


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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cortinilla de Estrellas (II): El Nota y el Green River de la Creedance

"Venga hombre, he tenido una noche difícil y no soporto a los putos Eagles"


Jeff Lebowski, El Nota, el tipo más vago del condado de Los Angeles, lo que puede convertirle en la persona más vaga del mundo si exceptuamos al condado de Treviño y a los miembros de este bloc. Alguien que además de vago, piensa como muchos otros que Metallica son unos gilipollas. El Nota, un tipo que así de primeras, si no lo definiera como alguien muy vago diría como poco que es un tirado sin oficio ni beneficio. También está Walter, que no es aparentemente un gandul, pero que por alguna razón un casquillo se le quedó insertado en el lóbulo parietal durante la guerra del Vietnam, si no, no se entiende que años más tarde vista un chaleco como el del kiosquero de mi barrio. También está Donny, parece una persona interesante. Walter no suele dejarle hablar. También hay una alfombra meada de por medio. Y también está un grupo de California, la Creedance Clearwater Revival, que hace la vida del Nota y la de muchos otros bastante más llevadera.


El Nota buscando en Carrefour el gazpacho de la huerta de Bertín.



La vida de El Nota discurre sin sobresaltos, es uno de los que escribió la declaración de Port Huron (no del segundo borrador pactado), fue uno de los siete de Seattle junto a otros seis tipos y aunque su carrera es algo más lenta últimamente puede jugar a los bolos, conducir por ahí y darse un viaje ácido de vez en cuando. Todo se complica cuando un asiático americano de nacionalidad indefinida orina en su alfombra. Desconozco si alguien a miccionado alguna vez en la alfombra de John Fogerty, si bien su discográfica, Fantasy Records, miccionó de alguna manera en su salud mental al apropiarse durante un periodo más largo que corto de todos los beneficios obtenidos por las canciones que el mismo escribió. Engañado y estafado se sintió el pobre John. Y con razón.


Walter, Nota y Donny frente a Smokey, el pacifista al que Guardiola robó la idea del fútbol y unos cuantos jerseises de pico. Ahora juega la liga de bolos.



A El Nota sólo le intenta estafar alguien con el mismo nombre, curiosamente el marido de una joven de generosos atributos y que acumula una deuda que ha provocado la equivocación de mear en la alfombra que daba ambiente a la habitación de su Notísima. La posición social del otro Lebowski no es la del Nota y sufre en una silla de ruedas tras perder las piernas a manos de un chino en Corea, lo cual hace sospechar a Walter profundamente de este aparentemente gran hombre, tanto, que tira abajo el plan de rescate de la secuestrada mujer florero de Lebowski, del millonario, mientras en el coche suena “Run Through the Jungle”.


Unos ganchitos y Triskis de más, y ahí tienen la viva estampa de una tarde en garajeland viendo caras de Nicolas Cage



Pues este señor tiene una hija que hace arte vaginal, con el corte de pelo de Las Virtudes, con amigos realmente rarunos, con una colección de discos en la que puedes encontrar a Autobahn, y que por una razón más extraña que la ropa del Alcampo que viste El Nota, siente cierta atracción hacia él. Dicha atracción convierte a El Nota en un claro aspirante a pasar por una serie de auscultaciones en una clínica minuciosa, pero que a la salida te permite escuchar “Looking Out My Back Door”. Y de este momento puedo decir que ya no suenan más canciones de los estupendos hermanos Fogerty en la película.

¿Y por qué no meten el enlace de Cosmo´s Factory y sí de Green River si las dos canciones mencionadas aparecen en el primer álbum? Pensará el avezado lector. Bueno, pues porque toda la discografía de CCR es casi irreprochable. Y porque aquí, además de “Green River”, puede encontrar estupendas canciones como “Tombstone Shadow”, “Bad Moon Rising” o “Lodi” ideales para llevar en el casete del coche, amén de otros cortes que puedo casi asegurar que no encontraran en otro bloc.

Gracias a los sabios consejos de los colegas, El Nota consigue resolver el caso de su alfombra, el secuestro de la chica florero, la atracción sexual de la hija del otro Lebowski y recuperar daños y perjuicios. El Nota, como John Fogerty, aguanta, incluso a este último hubo quien tuvo la suerte de verle no hace mucho por tierras ibéricas,y por supuesto, ningún malo de la industria ha conseguido acabar con sus canciones.


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El gran Lebowski en versión corta. Nota: no añadimos traducción.

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domingo, 21 de noviembre de 2010

Nada más que Soul

The Black Keys

The Black Keys - Brothers (2010)

Sopladores de vidrio. Más concretamente sopladores de vidrio españoles que fabrican probetas y tubos de ensayo para la investigación de las más variopintas enfermedades. Lo aclaro: sin estos artilugios, probablemente hoy no habría cura para la viruela o el estafilococo común (por mucho que le duela al Sr. Burns) o el baile de San Vito. Ésta y no otra fue la noticia más destacada del telediario matinal de Antena 3. Cuando la vi deduje su importancia porque en la escaleta estaba situada entre el bloque de deportes y la noticia sacada de Guinness de cada día. La noticia era gorda y, claro, me puse a darle vueltas. Esperen lo peor.


Lo primero que me vino a la cabeza es obvio: cómo se llega a ser el mejor soplador de vidrio del mundo. Ante la perspectiva de que contesten que soplando mucho nos quedaremos con la convención de que con una mezcla de trabajo y talento en el orden que más les guste aderezado con cebolla caramelizada, por supuesto. La segunda pregunta y la relevante aquí es (también pueden preguntarse si voy a llegar a algún lado y con razón): ¿Si son los mejores en algo podrían hacer otra cosa igual de bien? Es decir, podríamos poner a nuestros sopladores a hacer macramé y punto de cruz y que triunfaran de nuevo. No lo vean tan difícil, sólo habría que aplicar la misma fórmula de trabajo en altas dosis y confiar en que el talento nos siga. Algunos ya consiguieron esto, por ejemplo Michael Jordan, que pasó de ser considerado un atleta que destrozaba aros mediante mates a desarrollar una capacidad casi mística para ganar partidos tirando desde lejos. Salía en menos posters, pero en el camino ganó 6 títulos de la NBA. Otros, como servidora, nunca podrían convertirse en adalid de la puntualidad mientras siga dudando de la verdadera catadura moral de loa cinco minutos que me concedo a mí mismo bajo la premisa de "bah, me da tiempo". Nuestros protagonistas de hoy se parecen más a Jordan que a uno mismo (afortunadamente para ellos) y no porque sean negros y jueguen estupendamente al baloncesto, sino porque... ya se habrán dado cuenta de las comparaciones no son lo mío.


The Black KeysEl conjunto de lavadora y secadora es un accesorio que no puede faltar en todo dúo de Blues moderno




Por centrar la cuestión, hablo de los Black Keys, dúo sin par de Akron (Ohio) formado por Patrick Carney, un tipo desgarbado, con gafas y que aporrea la batería con sutil brutalidad y Dan Auerbach; el típico guitarrista de sobresaliente talento, barbudo, ceñudo y dotado de una voz que igual rezuma arena como parece el enlace perdido entre Otis Redding y Son House.


Por establecer una correcta analogía, the Black Keys serían al Blues lo que dar golpes con un pico es al refinamiento en cuanto a sistemas de excavación petrolífera. Hacen Blues, con una guitarra y una batería y sin ambages, si los White Stripes se nutren de la principal raíz de la música norteamericana (con permiso de Lurleen Lumpkin y el Country), los chicos de Akron lo alimentan tomando la esencia y reconvirtiéndola en una suerte de guitarras distorsionadas y baterías de la cantera de Pedro Picapiedra. Su carrera y sus discos son un ejemplo de coherencia, que han ido sufriendo un refinamiento que ha ido a la par de su crecimiento como músicos, pero contraviniendo la frase de Carlito en Atrapado por su Pasado, no han perdido fuerza, sino que la han reconvertido adecuadamente.


Brothers es una explosión de Soul, una inyección de estilo que solo te puede dar un traje con chaleco incorporado en una peli de Nolan. El problema surge cuando vuelves a mirar el nombre de la portada del disco y caes en la cuenta de que los responsables del Blues mas sucio y complejamente simple han perpetrado este gran disco que destila clase y funciona tanto como LP de Stax que como álbum de éxito actual. ¿Pero que les ha pasado a estos dos? Lo primero decir que Dan y Patrick ya apuntaban maneras desde su disco anterior en el que abrieron el abanico de instrumentos, hasta entonces en una amplia lista de dos: guitarra y batería, y contaron con un productor totalmente ajeno a su sonido: Danger Mouse. El resultado fue muy interesante y un estupendo preludio a Brothers, que es la mejor evolución de todo aquello. Recapitulando: hay guitarras distorsionadas, baterías propias de los monos de 2001 y voces desgarradas, pero también gusto por la melodía, órganos y teclados, lineas de bajo que bailan agarrados con el Funk y toneladas de un concepto difícil de explicar: este disco exhuma groove de manera palpable, como si las canciones fueran fruto de una elaborada puesta en escena, pensadas hasta la nausea, pero con un toque de improvisación y jugueteo. Algo así como un striptease bien hecho: sabes lo que va a ocurrir, pero es el modo de hacerlo y los pequeños detalles los que marcan la diferencia.


The Black Keys
Patrick consultando las estadísticas de la ACB y comprobando que no fue buena idea prescindir de Brad Oleson para el Supermanager



Un poco de todo eso tiene todo el disco. Empezando por Everlasting Light, con un falsete que maneja la melodía y un base rítmica que pone en movimiento las falanges, las falanginas y las falangetas de tus pies. Antes hablábamos de base rítmica, aquí hay de todo. Un ritmo de granito, un toque allí y allá de pandereta y los consabidos coros que ejercen de caja de ritmos improvisada. La muestra de que tenemos algo importante entre manos surge con Next Girl, amenazante combinación de carisma vocal e intrincada melodía que lleva a niveles espeluznantes en el estribillo.



Si hablamos antes de puesta en escena, nada mejor que fijarse en Tighten Up, ejemplo de planificación para crear un single de éxito: una linea de bajo, un silbido al uso, una respiración antes de cantar y los mejores 3:21 minutos que has escuchado últimamente. Puro Soul, pero tamizado como tema Pop y con guitarras que juraría que tienen vida propia. Algo que también le ocurre a Howlin for You, banda sonora improvisada de una peli de vampiros de la Hammer; es decir, una autentica película de vampiros, con Peter Cushing como Van Helsing, chicas con vestidos vaporosos que se caen a la mínima y mordiscos, si, porque los vampiros muerden, aunque la saga Crepúsculo los haya dejado con imagen de gusiluces apocados y con pinta de Pep Guardiola. Pero sigamos a lo nuestro: ahora suena She's Long Gone, lamento blues interpretado a la manera de los Black Keys: con una guitarra al borde del colapso entre efectos de teclados y una voz que presagia tormenta. La pausa instrumental la pone Black Mud, que podría pasar perfectamente como música de una película de Tarantino sobre el Black Explotation, aunque casi todas las de este hombre al final van de esto.


Llevamos menos de la mitad del álbum y lo mejor aún nos espera. The Only One es la piedra filosofal del nuevo/viejo sonido de esta banda: los teclados, la guitarra acompañándolos, el bajo dando un tono sombrío y el falsete de Dan. El conjunto funciona tanto como música de carretera como pieza bailable. Atentos al estribillo: nunca había hecho "air pandereta" hasta ahora. Patrick a la batería tiene su cota de protagonismo en Ten Cent Pistol, un ritmo que sostiene a la voz de Dan a la manera que Mick Fleetwood hacía caminar a Fleetwood Mac en los tiempos en los que Blues era su pauta a seguir. La razón de la frase de "menos es más" es alargada en esta canción y en varios alegatos en defensa del tamaño de las cosas en el mundo masculino. Justo después de varios acordes de guitarra que deja la canción en suspense, irrumpe Dan con una interjección propia de cómic y una descarga de adrenalina controlada. Un chute de buena música en toda regla. Es Sinister Kid y cada vez que la oigo alimenta más mis ganas de ver a este grupo en directo. Si no existiera este estribillo (construido con la voz de la cantante de Hip Hop, Nicole Wray) habría que inventarlo y asegurarse de que todo el mundo lo conozca. The Go Getter y I'm Not The One ofrecen dos facetas de la voz de Dan, pero en ambas es capaz de mostrar la capacidad expresiva de un señor que canta con barba. Claro que no es lo mismo que lo haga Rubalcaba (por poner) que el bueno de Dan. En ambas canciones y sin haber oído la versión de Don Alfredo preferimos la interpretación de Dan; sectarios que somos.



The Black KeysLa versión de este pack de los Chesterfield Kings incluye algunos accesorios extras y un tanto más coloristas


Por si se lo peguntaban, la cosa acaba tan bien como había empezado, con Unknown Brother respetando toda la tradición de los discos que se han grabado en Muscle Shoals (no lo había dicho, la mayoría de estas canciones se grabaron allí), la versión de Never Gonna Give You Up de Jerry Butler, canción que habrán oído mil veces y de la que nadie recuerda su autor. Esta buen señor, fue el primer líder de los Impressions, escribió a medias I've Loving You con Otis, amén de otros estándares del Soul. Su contribución, como ocurre muchas veces, ha sido tan importante en la música como grande es su anonimato. Los Black Keys se entregan con pasión a la versión, homenajeando al maestro (encima de buenos músicos, lo mismo hasta son buena gente. La hecatombe). El álbum se cierra con These Days, melancólica y autoconclusiva como la "O" con canuto, zigzaguea durante los minutos que suena como queriendo dejar el río en calma después haber pasado por allí este Brothers.


Y eso es todo. El que suscribe estas líneas todavía no se han encontrado en este año con un disco mejor, que además me ha supuesto una sorpresa: uno tiene sus invariables y entre ellas estaban que los Black Keys hacían Blues garajero y sucio. Pero los buenos discos provocan milagros, como que yo cambie de opinión o que alguien sea capaz de encontrar un nexo entre una noticia en Antena 3 y este disco. Los Black Keys han conseguido hacer dos cosas realmente bien y eso significa que merecen ser conservados en formol, junto con Aaron Sorkin, la palabra austrohúngaro y los sopladores de vidrio españoles.





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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

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