sábado, 7 de agosto de 2010

El gran legado de la oveja negra

Pacific Ocean Blue
Dennis Wilson - Pacific Ocean Blue (1977)


No sé si les habrá pasado, pero con frecuencia cometo el error de tomar por sabidas cosas que luego no son como pensaba. El error puede ser mínimo, tipo: "oh vaya, creía haberle dicho a fulanito que me trajera esto otro"; peligroso: "juraría que ese semáforo estaba en verde" o tremendamente temerario: "acordarse de que uno es daltónico, ser Macgyver y tener que desarmar una bomba con dos cables, uno rojo y otro verde". Como verán, en este sano despiste, como en casi todo en la vida: la intensidad del mismo es importante.

Pero no crean, también existen despistes en el ámbito musical, una lista interminable de conciertos que te perdiste porque "pensaste que las entradas no se agotarían tan rápido" o de discos de ediciones especial no reeditadas que podían esperar un día más en la tienda y que fueron a la estantería de otro (desde aquí un saludo, oh enemigo anónimo). En este nivel musical del que hablamos podría tener perfectamente su hueco el disco del que soltamos chorradas hoy, el nunca suficientemente ponderado Pacific Ocean Blue de Dennis Wilson. ¿Por qué podría formar parte este disco de esta clasificación de olvidos que me he sacado de la manga? (en un truco de polichinela que haría palidecer de envidia a Krusty el payaso), pues porque se trata del primer disco que salió al mercado de un Beach Boy en solitario y, más aún, no se trataba de un disco de Brian. Quién podía decir que no había dado por hecho que el primer disco de la familia sería de su miembro aparentemente menos dotado musicalmente, más rebelde y desinteresado por la música. Vamos, quiero ver esas manos. India no se me esconda...


Dennis Brian WilsonBrian y Dennis en el psicotécnico del primero. Aquí también le hubiéramos dado el carné aunque no viera tres en un burro, no se preocupen.



Pues sí, el álbum que casi por sorpresa sacó el bueno de Dennis fue el primero de la familia y, por si fuera poco, se trata (al menos para este humilde escriba) de una obra maestra. Obra maestra por ser un conjunto increíblemente equilibrado de melodía y pasión por la música. Por inclasificable y atemporal, por mantener relación con la música del grupo, pero al mismo tiempo suponer una revolución en ese aspecto y, sobre todo, porque nadie lo esperaba y, cuando eso ocurre, todo se disfruta todavía más. Este disco es uno de esos milagros que hacen que mi compañero 61&49 grite "brujería" al escucharlo (también le pasa con toda la tecnología posterior al CD, no se crean) y que encima fue objeto hace poco de una brillante remasterización en vinilo y CD. Las dos estupendas en contenido, diseño y con un respeto al material original mayor al casi reverencial que tengo yo al cartero (ya me vale, que es mi principal valedor en esto de la compra compulsiva de cosas a través de las redes).

Aunque estamos aquí para hablar de la música, no quería dejar de aprovechar este momento para hablar de un libro (al estilo Umbral) y es que por más que este humilde servidor les cuente, todo lo que quieran saber sobre los fabulosos Beach Boys y la fascinante (y también algo triste) historia de Brian Wilson se encuentra en el estupendo libro que José Angel Gónzalez Balsa escribió hace unos años y que es uno de los tratados más completos, subyugantes y entretenidos que he tenido sobre mis dos pies (sí, cada uno lee como quiere), autor al que tengo un aprecio especial por ser capaz de poner un título tan largo para algo, para uno que no sabe escribir sin subordinar algo, casi puedo decir que he encontrado un hermano.


Dennis WilsonParece ser que el poncho fue indispensable para grabar un disco tan bueno como este. Yo de momento he encargado ocho


Realizada la apreciación, volvamos al disco, que fue grabado sin que nadie le prestara mucha atención, casi como le ocurría a Dennis, que siempre fue el rebelde de los Beach Boys, así como Brian Wilson era el genio y Carl el de la voz de ángel, pero nunca estuvo bien considerado como músico. Sea como fuere, sí que es cierto que Dennis aprendió rápidamente cómo moverse en el estudio, grabó muchas de las partes de batería que en principio fueron atribuidas a Hal Blaine y asimiló influencias propias que no eran visibles a simple vista que le sirvieron para encontrar su voz (que no tenía mucho que ver con la de sus hermanos), pero que en el ambiente adecuado pudo desarrollarse hasta conseguir emocionar a los más duros seres con patillas. Su voz es como una especie de susurro grave que pincha donde más duele, más o menos como la apreciación de algún familiar consanguineo o no cuando te dispones a hacer algo peliagudo ( ver este vídeo para una mayor comprensión).

Dennis utilizó el estudio que tenía en Santa Mónica junto a Carl para sacar adelante sus canciones, alejadas del estilo surfero, densas, adultas, con un trasfondo musical que podía ir desde una tierna balada a piano, pasando por influencia del góspel. Un disco muy ambicioso que suena unas cien millones de veces más interesante que todo el material de los Beach Boys de la época y que ha envejecido de manera excelente gracias a unos arreglos arriesgados y un fondo musical tupido y hecho con mimo. Una obra maestra de aquel que sólo era el guapo del grupo (estigma que algunos tenemos la suerte de no soportar) y que que en realidad ocultaba un carácter sensible y apasionado bajo una máscara de minihostilidad, como Maude en los Simpsons.



Pero aunque sólo hablemos de Dennis, lo que hace tan especial este disco son sus canciones, tratadas con delicadeza de artesano y con colaboraciones de lujo que hacen que luzcan tan esplendorosamente como 'River Song', majestuosa pieza de gospel que va creciendo de manera progresiva hasta alcanzar cotas de disfrute máximas gracias a la profunda voz de en contrapunto con el coro y unos metales tremebundos. Una sutil y subyugante mezcla de Rock, Gospel y Funk. ¡La bomba! El disco sigue carburando gracias a 'What's Wrong', canción que tiene una deuda evidente con las canciones de Brian, pero que está llevada por un camino diferente. Aquí no hay armonías perfectas, pero sí una conjunción casi mágica de piano y metales (dos constantes durante todo el disco), una muestra de música animada que contrasta con la intimidad de 'Moonshine', influida directamente por la relación de amor y odio que Dennis tenía con su mujer en esos años. Siguiente canción, siguiente contraste. Una intro que recuerda a The Band y su Chest Fever, seguida por guitarras fronterizas tipo Ry Cooder y una gran melodía cantada con fuerza por Dennis, es 'Friday Night', agresiva canción que termina mezclando oportunamente con 'Dreamer', un Funk 'arrastraó' en el que bajo y la cantidad de teclados (con un Fender Rhodes magnífico) se te pegan al cuerpo de manera irremisible. Cuando decimos que este disco es moderno, además de por levantar polémica (si todo sale bien iniciaremos un hábil estratagema para conseguir más visitas al blog diciendo que Ninette y un señor de Murcia no es más que un plagio descarado de Kill Bill) es porque hay que recordar que estábamos en 1977, época donde el pop estaba reinventándose a sí mismo, el progresivo dilatando sus últimos años y el punk en la cresta de la ola. Dennis consiguió unir estilos y crear el suyo propio tomando las clases magistrales del pop que había aprendido en casa Wilson mezclándola con funk o jazz, adaptándola a su propia voz hasta crear paisajes tan sentidos e interesantes musicalmente como 'Thoughs of You'.


Dennis WilsonVenga, más rápido: "Cammmmmmpamento Krussssssssty", en el lago Gran Serpieeeente".


Aquellos que piensen que Dennis no era un gran vocalista debería repasarse 'Pacific Ocean Blues', donde su voz alcanza cotas de emoción rasposa que Joe Cocker llevaba buscando muchos años. 'Farewell my friend' es el inició de la última parte del disco, con Dennis consiguiendo el 'efecto Phil Spector' en las canciones, utilizando a parte de su Wrecking Crew pero dando una vuelta al concepto. El álbum termina con maravillas como 'Rainbows', muestra perfecta de que una buena melodía puede convertir casi cualquier cosa en oro y más si está arropada por una instrumentación (ojo cuando entra la mandolina) o la honestidad de 'End Of the Show', donde las armonías vocales del principio dan paso a una segunda parte in crescendo realmente apabullante.


Mis torpes dedos, unas letras de diferencia y Google imágenes nos enseña su magia


En definitiva; ya no tengo que ocultarlo: quien ha escrito estas palabras es un entusiasta del disco, ya que más allá del valor musical que le concedo reconozco que consigue ponerme la gallina de piel en varios momentos, algo que últimamente sólo logra Pixar en todo lo que hace, la esperanza de que llegue el milenarismo y recordar ese momento en el que 61&49 casi me dio la razón. Es bueno que un disco como éste, de alguien que no estaba destinado a hacer una obra maestra, también pueda motivarte de ese modo. Es la magia de la música y de casi todo lo que merece la pena.

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miércoles, 28 de julio de 2010

El Country Indie Modernillo (IV): Los experimentos de Wilco y los cordones para gafas



Wilco - Being There (1996)


Hace algunos años salía muchos días por la estación de Callao en dirección a mirar discos y otras varietés. A decir verdad, los vagos como yo que buscamos cualquier escusa para tener tiempo libre y no tener que trabajar pasamos cerca de muchas estaciones de metro. Lo cierto es que en esa misma salida siempre había un buen señor que vendía cordones para gafas. “A veinte duros los cordones para gafas”. Lo sé porque siempre repetía lo mismo, era un eslogan que permitía pocas variaciones, y tanto que no se alteraba ni una coma en su intento de convencer a la gente de incorporar como complemento tan útil artilugio alargado. Siempre pasaba a su lado y pensaba comprarle alguna vez algún cordón para gafas, por aquello del desgaste que provocaba verle todos los días y guardarlos de recuerdo o algo así. Lo cierto es que casi siempre volvía con un CD (en aquella época uno y no más) o tan pelado que no me podía permitir el capricho gafiruril. Supongo que es por aquella época cuando el señor Verleín (a veces instructivo y con gusto) me empezó a convencer para trincar algún disco de Wilco.


Tweedy con un topógrafo se queda dormido mientras mira un mapa. Te entiendo querido “migrañas”



Decir cosas de Wilco que la gente no sepa es complicado y largo (ya he dicho que era muy vago). Surgieron de cuando Uncle Tupelo se fue al garete y Tweedy se llevó consigo a todo cuanto quedó de aquello, y añadiendo a un pequeño genio de largas pelambreras llamado Jay Bennett. Tras un primer disco todavía con la influencia del sonido añejo de los Tupelo grabaron A.M., pero como diría Sick Boy en edulcoradas palabras: es bueno pero en tu foro interno sabes que no es el mejor. El segundo disco ya son palabras mayores, ni más ni menos que el Being There, un disco doble, con trazas experimentales, con sonidos añejos, popero, y tan difícil de encuadrar en cualquier estilo o influencias que lo único que se puede decir de él es que sólo suena a Wilco. Lo cual no implica que sean tan complicados de escuchar que sólo lo haga Wilco y la familia de Wilco. Ni mucho menos.

Si tuviera que elegir canciones sobresalientes, todo sale muy extenso y tal, aunque para variar me quedaría con las más cortas y directas al higadillo: “Outtasite (Outta Mind)”, “I Got You”, o “What´s The World In Store” en el apartado de las más calientes. “Say You Miss Me”, “Red-Eyed And Blue” y “Someone Else´s Song” en las tiernas. Las camperas “Forget The Flowers” y “Someday Soon”. Y hasta les perdono que se pongan con ruiditos en “Misunderstood” y “Sunken Treasure”. Pero aquí es donde paro, no quería escribir los títulos de las canciones y si me descuido escribo las de este disco y acabo con el recopilatorio de El Consorcio entero.


¿Cordones para gafas o country-indie-modernillo? Ellos se ríen porque saben que en algún momento todos seremos presbicios y ya tienen su cordón...


Han pasado años y el Being There me sigue gustando tanto que hasta negaría con la cabeza de vez en cuando que el disco que más me gusta de los de Chicago es Summerteeth, más powerpopero que el resto. Al hombre de los cordones para gafas he dejado de verlo con tanta asiduidad, aunque una vez conseguí verle con un cliente probándose unas gafas con sus cordones. Finalmente yo nunca le he comprado los cordones (dicho sea de paso no llevo gafas, lo cual habría sido una compra algo ineficiente). Luego llegó la moneda única y el precio se redondeó de los veinte duros a un euro. Un día que estaba lloviendo cambió los cordones para gafas por paraguas a tres euros (hay que reconocer el mérito empresarial de este hombre). Quizás algún día le grabe el disco de Wilco por si le vuelvo a ver, igual termina gustándole, quizás no. En caso de ser así, espero que no llueva y no esté vendiendo los paraguas, mucho me temo que cuando me arroje un objeto, el cordón va a doler bastante menos.

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Para los que digan que Jeff Tweedy lo más atrevido que ha hecho en su vida es comer chili de manicomio guatemalteco, ahí le tienen, tocando en la nieve aun a riesgo de meterse el mismo piñazo que se da (creo) Max Johnston.


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viernes, 23 de julio de 2010

El Country Indie Modernillo (III): El momento cumbre y los Jayhawks


The Jayhawks - Tomorrow The Green Grass (1995)


Poco a poco se finaliza el especial del Country-Indie-Modernillo en el que sólo estamos rascando la superficie de tal estilo (¿alguien esperaba más de cuatro entradas al respecto?). Cuando digo que este disco de los Jayhawks es el punto erecto de cuanto se grabó en aquellos años, está claro que siempre es una opinión sujeta a los diversos gustos que tendrá el personal, pero como dirigimos un bloc de dictadura bipartidista en la que mandamos nosotros, y en su defecto aquellos que consigan nuestras claves de acceso y aprovechen para publicar exabruptos, no me surge ninguna duda en afirmar que Tomorrow The Green Grass es el mejor exponente de muchos grupos que decidieron honrar la tradicional música americana y los manteles de cuadros. Tan cierta es esa afirmación, que se podría haber elegido el predecesor, el también magnífico Hollywood Town Hall, que aparte de un dudoso gusto por posar sentados en la portada en sitios cada vez más inverosímiles (a elegir tienen entre un sofá frente a una iglesia nevada o un tronco de árbol partido de dimensiones desproporcionadas), comparten una calidad de canciones realmente excepcional.


Una cásica escena de antaño, con sus Fresisuis y caras de estar viendo un concierto de Coyote Dax



Los Jayhawks a diferencia de otras bandas del llamado Americana se forman bien pronto, a mediados de los ochenta con un par de pájaros como compositores llamados Mark Olson y Gary Louris. Junto a los dos pilares de la formación se une el bajista Marc Perlman, desde entonces uno de los que no ha fallado hasta el último disco de estos puretas de Minnesota. Desde los principios, las gafas de la tía Mari-Pili que siempre ha gastado el peluquín rizado de Gary no impide al grupo grabar con esas dulces armonías vocales y melodías de postín. Sus dos primeros discos pasaron casi inadvertidos, prácticamente sin distribución y con un sonido tan campero que parece sacado directamente de un paseo de Labordeta, hasta que aparece por sus vidas el personaje de George Drakoulias, ese hombre obsesivo en la producción pero que a los mandos de la mesa es todo un seguro, sacándoles un poco más de pop y fichando por una multinacional de las que pagan con buenos langostinos, American Recordings. El primer Lp fruto de esta unión es el citado Hollywood Town Hall, que les hace ponerse a tiro de los oídos de mucha gente de buen criterio, obteniendo cierto reconocimiento entre el pueblo y unanimidad en que se trata de un disco intemporal.


¿De verdad nunca habían visto a cuatro modernos pelados de frío sentados en medio de una carretera de Minnesota? Yo una vez, o eso creo.



Tras la incorporación a los teclados de Karen Grotberg (la chica debería denunciar al fotógrafo del disco, que hace dudar de su condición femenina en todas y cada una de ellas), llega la obra culminante de estos dos trovadores surgidos de la Tierra del Porrón de Lagos. Todos los matices, influencias anteriores se juntan en este disco: Gram Parsons, Neil Young, los Byrds, Flying Burrito Brothers y hasta el lado Pop de sus admirados Big Star. Todas y absolutamente todas las canciones son redondas. No soy entendido en esto (como ya dije mis conocimientos rara vez pasan del Mi Menor), pero me juego mi vinilo de Te Huelen Los Pies a que ni sobra ni falta una sola nota, las armonías vocales son irremediablemente perfectas y en definitiva suena todo de lujo. Pararse detenidamente a analizar cada canción sería una pérdida de tiempo, casi es mejor escucharlas, y saborear un momento glorioso de la música en los últimos años. Hay que deberle mucho a Mark Olson (ese hombre con cara de buena persona, de esos que dan los buenos días cuando te cruzas con él) y Gary Louris por semejante colección de canciones.

Igual se trata de un disco clásico y aún no lo sabemos, no es ni de los sesenta ni los setenta, donde se aglutinan casi todas las rodajas vinílicas que se suelen considerar como tal, es de bien cerca, pero no pierdan cuarenta y cinco minutos y dense una escucha a estos tipos. En cuanto empiece “Blue”, “I´d Run Away”, “Miss Williams Guitar” o “Two Hearts” sabrán de lo que les hablo. Palabra.


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jueves, 15 de julio de 2010

El Country Indie Modernillo (II): El derivado y Son Volt


Son Volt - Trace (1995)


En estos días de baja productividad nacional y muchos trabajadores que acuden a su empresa sustituyendo el agua de la ducha por la de la fuente más cercana (los trabajadores del Metro de Madrid no, esos no acuden al trabajo) retomamos nuestro especial de duración indeterminada sobre el country indie modernillo. Para quien le cueste hacer memoria, en donde me incluyo, hago un repaso de lo dicho anteriormente. Resumiendo: En los iniciales noventa había grunjes, mucha gente con zapatillas sucias y unos pocos que rescataban el country de antaño llevándolo a nuevos terrenos. Entre los filántropos que encabezaban el movimiento campero se encontraban la gente de Uncle Tupelo. A su vez, este grupo consistía en dos personas que se llevaban muy mal, Jay Farrar y Jeff Tweedy, que aunque abundaban entre ellos las bromitas de compañero no paraban de hacer buenas canciones. Tras la separación, mucha gente no superó que estos Rasca y Pica con sombreros de Brokeback Mountain formaran sus propios proyectos, pero no estaban tan mal. Jay Farrar formó Son Volt y el primer disco es bien fino. Allá va su historia.


¡Caray! En un bar y ya han dejado la barra vacía. Igualitos que nosotros a los cinco minutos de entrar en uno.



Tras la separación no amistosa de Uncle Tupelo la gente se sintió ofendida y hasta se manifestó en contra de las toallas portuguesas. Nadie imaginaba que a posteriori alguno de sus miembros tuviera éxito, sobre todo, nadie imaginaba que el que se llevaría el bacalao sería Tweedy (que aparte de dicho pez se llevó a tres músicos de Uncle Tupelo) y no el capo del grupo, Jay Farrar, que obtuvo por razones obvias de peso (compositivo y no de gravedad) un jugoso contrato con la Warner Brothers. Sobra decir, ciñéndose estrictamente a la palabra éxito, que Farrar no tuvo demasiado con Son Volt. Pero también sobra decir, que lo mismo da, que detrás de ese personaje con un ego tan grande como las ganas que tenemos en garajeland de cruzarnos con Van Bommel, se esconde un tipejo que sabe muy bien lo que se hace y que se rodea de fábula cuando la ocasión lo merece.


Fotografía de estudio patrocinada por la tarima de Azulejos Brihuega y toallas portuguesas super absorbentes para sujetar un píe de micro



Después de las batallitas de Risk que llevaban al escenario Tweedy y Farrar, este último se alió con tres bandarras del pelaje de Mike Heidorn, Jim Boquist y su hermano Dave, hombre orquesta de la familia. Éste su disco de debut dejó muy claro que la parte experimental de los Tupelo pertenecía más a Tweedy que a cualquier otro miembro de los Tupelo. El sonido es mucho más pureta, y quizás más Country-Rock (ah, esas odiosas etiquetas compuestas), más cercano a los Crazy Horse que hablaba mi compañero hace unos días (nótese nuestro desprecio por el tiempo), y menos pop, pero no por ello menos melódico. De aires melancólicos pero con canciones fabulosas. “Windfall”, “Tear Stained Eye”, “Out Of The Picture” y “Too Early” en el lado meláncolico y más Gram Parsons. “Route”, “Catching On” y la conocida “Drown” por el lado más Rockero y Neil Youngniano hacen buena cuenta de las grandes canciones de este disco, que para acabar lo hace con una tierna versión de una canción de Ron Wood: “Mystifies Me”.

Tras este disco de debut, Jay Farrar sigue en activo con Son Volt, sigue sin grabar discos malos, y sigue sin vender más que el amigo migrañas. Algunas informaciones apuntan a que siguen sin llevarse demasiado bien, pero bueno, querido amigo Jay, no todo en esta vida va a ser ganar dinero a raudales y mujeres por doquier (que nos perdone George Best por semejante afirmación).


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domingo, 30 de mayo de 2010

Cuando el equipo B se convierte en el A




Crazy Horse - Crazy Horse (1971)


En determinadas ocasiones, normalmente tan determinadas que suele ser "una y no más Santo Tomás" se produce una confluencia de factores que hacen florecer facetas inéditas de uno revelando indefectiblemente algo que nadie podía prever. Me refiero a esos momentos donde nadie da un duro por nosotros, pero al final conseguimos llevarnos brillantemente el gato al agua ante la incredulidad del respetable (normalmente estos momentos pasan a cámara lenta y con música épica, pero sólo si se está en una peli de Michael Bay). Decir, además, que esos instantes de satisfacción personal saben siempre mejor si se vive a la sombra de un líder que lo sabe todo y que es capaz de las genialidades más absolutas con tan solo arquear una ceja.

Algunos ejemplos de lo que les comento: la conversión de los Breavers de 'Teen Wolf' en los Bulls de Jordan cuando todos en el equipo se dan cuenta de que no necesitan los poderes lobunos de Michael J. Fox. Otro, el partido que gana el Niupi con un gol con la cara de Bruce Arper mientras Olivier se resentía de su enésima lesión en el hombro o, mi favorito: las series secuela de los Simpson, con la irresistible historia del Jefe Wiggum como investigador privado en Nueva Orleans.


¡Sapristi! Gente con barba en el bosque, uno canadiense y otro rubio. Si no se trata de Crazy Horse, tienen que ser los seis enanitos (el árbol cuenta, por supuesto)


Aunque si hay que destacar un momento, en términos estrictamente musicales, que refleje de manera directa lo que queremos decir (y que no sea una historia de ficción) nos quedamos con Crazy Horse, el disco homónimo que sacó Crazy Horse al mercado poco después de unir su nombre al de Neil Young para los anales de historia, convirtiendo a Neil Young & Crazy Horse en una marca de fábrica que dura hasta nuestros días (si después de esta sopa de letras nominativa no les duele la cabeza lo más mínimo, les recomiendo que vayan a Cifras y Letras, que se llevan el premio gordo.

Crazy Horse, el grupo, nació en la soleada california, formado por el talentoso guitarrista y compositor Danny Whitten, el bajista Billy Talbot y el baterista Ralph Molina como núcleo del grupo. Su primera formación, que data de 1962, se mantuvo con el nombre de Danny & The Memories el suficientemente tiempo para darse cuenta de que el nombre no funcionaba y cambiarlo por The Rockerts (aunque no fue sólo su identidad la que cambiaron, ya que consideraron que los grupos vocales no vivirían su apogeo hasta los 80, con los Solfamidas, de modo que se pasan al Rock&Roll) El grupo, que en esos momentos cuenta con cinco miembros estables y un violinista para escenas peligrosa, debutan con un álbum homónimo (muy estimable) que puede encontrarse buceando por blogs ajenos.


Las fotos de calidad 'variable' y el desenfoque gaussiano ha hecho milagros por la carrera y autenticidad de muchos grupos.


The Rockets
fueron hijos de su década, adoptando el pop psicodélico tan de moda entonces y estableciendo su campo de operaciones en San Francisco, cuna de todas las cosas que molaban, excepto de la bomba que bota, patrimonio y orgullo de Manchester. En su sonido, ya destacaba el muro rítmico de Talbot y Molina, así como el talento de Whitten escribiendo canciones. características que no pasaron desapercibidas para Neil Young quien, en 1968, y tras un par de actuaciones e improvisaciones de prueba les propuso convertir al trío en su banda de acompañamiento, de la misma manera que caían las broncas en casa cuando eras el pequeño de una larga saga familiar (en orden descendente en edad y ascendente en la fuerza de la colleja que te tocaba).


Young contó con el grupo para su siguiente disco, el gran Everybody Knows This Is Nowhere, con unas profundas y marcadas señas de identidad: melodías infalibles, largos trabajos de guitarra que perdurarían en el sonido de Young y que producen una digestión lenta en el oyente, casi tanto como una comida con pacharán de postre,. Con este disco se iniciaba una de las más longevas y discontinuas asociaciones de la historia de la música.

Como decimos, Neil comenzó a jugar al sile/nole con los Crazy Horse. Contó con ellos en Everybody, luego cambió de aires uniéndose a Crosby, Stills y Nash en el legendario Déjà vu, contando con el grupo de nuevo en su siguiente disco en solitario: After the Gold Rush, pero sólo en tres canciones. El grupo, por su parte, no pierde el tiempo y mientras Neil saltaba de flor en flor, ellos reclutaban a dos secundarios de lujo del mundo musical: Jack Nitszche (mano derecha durante muchos años de Phil Spector, tanto que hasta se me parecen físicamente), fino productor y arreglista de algunos de los temas más grandes de la música y al guitarrista Nils Lofgren, al que Bruce Springsteen debe parte de su sonido con su banda. Con el apoyo de Young en algunas composiciones y la producción de Bruce Botnick (Love, The Doors) configuran un debut que nada tiene que envidiar al trabajo de Young de esos años.

El disco es una colección de temas que beben de varios estilos y que cuentan con al menos tres voces principales. Una fórmula arriesgada, pero que aquí funciona de manera muy cohesionada, tan difícil de conseguir como una bechamel sin grumos (se agradecen comentarios respecto a esto, razón: cocinero inexperto, pero con voluntad). Así, Crazy Horse sorprende con el pop danzarín de 'Gone Dead train', con su estupendo trabajo de bajo y un estribillo a tres voces realmente irresistible. 'Dance, Dance, Dance', es una de la canciones que Young cedió al grupo, festiva y con con fiddle autóctono, nos muestra otra faceta más del grupo. El pop de gran armonía vocal es rescatado en 'Look at all the Things' de Whitten, que da paso a 'Beggars Day', que firma Nils Logfren y que cambia el tercio, ofreciendo un sonido ampuloso. Por no romper la tónica de encontrarnos con grandes temas en diversos estilos, Whitten escribe y canta 'I Don't Want to talk About It', balada de las que dejan poso y que no necesita de mecheros encendidos para tocar la fibra sensible (con el slide de Ry Cooder es suficiente). Más famosa por la versión que hizo Rod Stewart, pasará a la historia (o no) por ser una de las canciones favoritas de Rob Fleming, el prota de Alta Fidelidad (versión libro). El pulso del caballo desbocado se recupera con 'Dowtonwn' que cuenta con un gran trabajo de los dos guitarristas del grupo, lo que se repite en 'Dirty Dirty' o 'I'll Get By'. Jack Nitzsche es el último en sumarse a la fiesta, pero entrega dos grandes gemas pop: "Carolay" y "Crow Jane Lady", preciosistas y de estructura sorprendente, funcionan como canción pegadiza y como dato para saber cuándo un grupo puede ofrecerte más de lo que esperabas.

Danny Whitten en una de sus fotos a lo 'Gaizka Mendieta'.


El disco termina dejando una sensación de hacia dónde podría haberse desarrollado la música de Crazy Horse que lamentablemente nunca pudo llevarse a cabo (Whitten perdió sus mejores años en la heroína y murió poco tiempo después), aunque Molina y Talbot lo volvieron a intentar una año más tarde con Loose (del que hay variopintas opiniones según el crítico influyente al que sigas) y posteriormente con At Crooked Lake.

Fue una lástima que este grupo (formado por secundarios en esto de la música) no pudiera repetir esta fórmula y haber seguido entregando buenas canciones, pero no creo que ninguno de los participantes (que han tenido sus momentos de estrellato y gloria pero siempre de manera muy moderada) cambiara la creación de momento tan glorioso como este disco por cualquier otra cosa (a menos que se ofreciera un aparato para tener razón siempre, por el cual vendería mi alma, dos veces). De hecho, si lo pensamos fríamente, no sé si yo mismo cambiaría un momento de gloria por un montón de momentos medianos, más aún si tenemos en cuenta lo que significa mediano para según qué personas, pero ejemplo, para Zara significa que careces de hombros, tienes cintura de avispa y pecho palomo. Si eso es mediano, perdónenme, pero me quedo con este disco y con mi perfil Bertín Osborne.

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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein


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jueves, 20 de mayo de 2010

El Country Indie Modernillo: Los inicios y Uncle Tupelo


Uncle Tupelo - Anodyne (1993)


A principios de los noventa el mundo se debatía como El Nota si era tolerable la agresión a Kuwait. Musicalmente se buscaban revolucionarios incluso entre la discografía de Mocedades. Algunos decían que los más modernos eran aquellos que hacían quemar zapatillas (Nike de punta larga) en las pistas de baile, otro apostaban por el grunge y sus derivados con, siempre, zapatillas muy sucias. Nosotros, que siempre hemos sido raros pero con buen gusto por el chorizo de matanza y las peleas entre vecinos del pueblo por las tierras colindantes, apostamos por los sonidos camperos que siguieron el rebufo del No Depression de Uncle Tupelo. Así es, los revolucionarios hacían música Country, y visto a día de hoy, estos discos han envejecido de muy buena manera y sin liftin de por medio. Aviso: Estos días (según el espacio tiempo diferente a garajeland serán semanas) guarden la corbata y los zapatos que viajamos al campo a respirar aire puro.


Uncle Tupelo o la próxima película de Fernando León de Aranoa



Uncle Tupelo no nacieron ni en Nashville, ni en nada que se acerque mínimamente a zona americana del Country. Dos colegas de colegio, Jay Farrar y Jeff Tweddy, crecen escuchando discos de las más puras raíces americanas, pero para no parecer unos bichos raros, también bandas de Punk. La pasión por estos sonidos les lleva en 1990 a embarcarse en la grabación de su primer disco, No Depression, sin un solo centavo en el bolsillo, y siendo timados por la compañía discográfica que se queda con todos los derechos de autor del álbum logran un éxito de ventas absolutamente lamentable. Aunque para sorpresa de propios, extraños, Kodos y Kang, algunos críticos musicales, pero sobre todo muchas bandas, ven en este disco un espejo en donde mirarse para componer y tocar canciones. Hasta tal punto, que todo el movimiento del Country Alternativo lo denominan No Depression (algún crítico con la interminable chorra lista de etiquetas lo llama Americana).


Estragos de la New movida Madrileña



Poco a poco el grupo consigue (ligeras) mejorías en las condiciones de grabación de sus siguientes discos, Still Feel Gone, y con el tercer álbum March 16-20 les echa el lazo un personaje que suele tener buen ojo para esas cosas pese a que no se quita las gafas de Sol ni para entrar al cine, Peter Buck de REM. Siguen sin llegar al éxito masivo, pero fichan por una multinacional como Warner para la grabación de Anodyne. Atrás quedan los músicos que han pasado por el ciclón de egos de Farrar y Tweedy, a los que no voy a nombra salvo a uno: Bill Belzer, baterista al que se despidió de forma amistosa porque según palabras del propio Tweedy, era gay, lo sabía y no hacía muchos ascos en no demostrarlo. La jugada de largarle no salió del todo mal, su sustituto, Ken Coomer, aparte de ser muy alto era un excelente batería que posteriormente tuvo un importante papel en los primeros discos de Wilco.

Anodyne sería el último disco de Uncle Tupelo. Farrar y Tweedy no se podían ni ver: en los conciertos se peleaban por hablar delante del micrófono recordando al público asistente que para aprender buenas normas de educación es mejor ver Bertiniños, el nuevo programa de nuestro adorado Bertín Osborne. Farrar se ponía mohíno al ver que Tweedy acariciaba el pelo de su novia y todo derivó en que Tweedy se enteró de que la banda se disolvía a través del manager del grupo, y anécdotas por el estilo, que de contarlas todas serían más largas que la lectura de la biblia por parte de Jesús Hermida. Ni que decir tiene que los dos no han vuelto a trabajar juntos y han rescindido el contrato que tenían con el dúo de Amena para llamarse al móvil por un céntimo el minuto.


La entrada de su último concierto. Si el afortunado la hubiera sacado a través de ServiCaixa ya tendría las letras borradas y un bonito cartón amarillento.



Con semejante ambiente graban Anodyne en Austin, en donde el buen amigo productor, Brian Paulson tuvo que lidiar con grabaciones en directo y en donde Farrar y Tweedy intentaban no coincidir en la misma sala. Tweedy se libera de su trabajo en el bajo gracias a la contratación de John Stirratt y a Max Johnston le dejan el trabajo sucio con cualquier instrumento de cuerda que pase por sus manos. Lo increíble de todo, es que Anodyne suena estupendamente bien. Algunas de sus canciones son excelentes y altamente recomendables, por citar algunas, “The Long Cut”, “Give Back The Key To My Heart”, “New Madrid” o “We´ve Been Had” deberían (como poco), formar parte de los largos paseos de Labordeta por el campo. Un disco maravilloso grabado en un contexto que no propiciaba en absoluto la calidez del resultado final. Las influencias de Gram Parsons y sus derivados son evidentes, también las de Neil Young o Gene Clark, quizás también las de Bob Dylan, y a lo mejor también las de los Flying Burrito Brothers, Hank Williams, etc. La mayor diferencia es que estos dos elementos habían crecido escuchando punk y supieron llevar sus influencias a un mundo en el que predominaba la polución sonora por encima del puro y tierno campo.


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Os dejamos con un video presentado por el hombre que entrevistó a Bart Simpson cuando éste se hizo famoso. Para el primero que vea la cara de Jay Farrar habrá premio.


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lunes, 26 de abril de 2010

Los protagonistas de la próxima semana son…

Reduciendo el futuro próximo de lo que acontezca en garajeland las próximas semanas, un listado de nombres en fase reducida sería el siguiente:

Jeff Tweedy: Un tipo muy famoso por ser el básicamente el que da órdenes en Wilco. Algunos seguimos llamándole cariñosamente “el migrañas”, y no es por reírnos de él, ya que con ellas o sin ellas ha escrito canciones tan maravillosas como “Heavy Metal Drummer”. Existen rumores de que su personalidad es algo complicada, en Wilco han ido rodando cabezas salvo la de John Stirratt que tiene pinta de señor amable. Es capaz de saltar a un concierto con la sintonía de Dallas y luciendo un sombrero campero de lo más elegante, a nadie nos extraña porque antes estaba en un grupo que hacía una música campera fabulosa. Ahora hace canciones de muchos minutos con una trasmisión de radio, lo cual no es óbice para que todos y cada uno de los discos de Wilco suenen de maravilla.



Rial, Di Stefano, Puskas y Gento



Jay Farrar: Era amigo de la infancia de Tweedy. Pese a que eran de Chicago sus gustos por el Country clásico les convierte en blanco fácil para niños más fuertes que querían darles de puñetazos hasta que los escorromollaran. Al poco tiempo ya no eran tan amigos y nunca grabaron más juntos. Como suele pasar en estos casos, el capo de los principios se hizo mucho menos famoso que Tweddy, grabando canciones con menos ruiditos que las de Wilco pero no por ello peores (aunque al bueno de Jay le gustaría decir lo mismo de su cuenta corriente). Que se sepa no ha tenido mucho contacto con el resto de individuos que hoy nos ocupa.

Mark Olson: A mediados de los ochenta monta un grupo muy bueno aunque en sus primeros años no lo eran tanto: The Jayhawks. Vive en Minesota, donde hace más frío que en la nevera, dicho lo cual es un amante de la música tradicional americana tirando del Sur para abajo. Durante un tiempo comparte composiciones en los Jayhawks con Gary Louris. Les sale tan bien el asunto que graban algunos de los discos imprescindibles de la música contemporánea. Tiene cara de bueno. Y así lo demostró abandonando durante un tiempo muy largo la música para cuidar a su mujer que estaba malita.

Gary Louris: Ha compartido estudio en algún momento con todos salvo con Jay Farrar. Siempre lleva unas gafas de señora que se baja a desayunar un café con cruasán en un día lluvioso. Nación en Toledo, pero en una ciudad que no tiene tantas cuestas y se encuentra en Ohio. Como Mark Olson también vivía día sí y día también a muchos grados bajo cero. Tanto frío no le gustaba y descubrió el Sur de España, en donde parece que vive tan bien a base de pescaíto frito que no hace canciones tan buenas como antes. Algunos dicen que también tiene un carácter complicadillo, mi opinión es que algo de estrellita si debe de tener, pero da igual porque casi siempre que participa en un disco lo hace para que el resto de músicos parezcan aficionados a su lado.

Ahora pensarán que demonios tienen que ver unos con otros, a que es debido todo este derroche de palabras que no aportan nada, y sobre todo que han hecho estos tipos para que merezcan ser recordados. Esta última pregunta sería más fácil: alegrar a principios de los noventa el panorama musical con los sonidos camperos de antaño y otras melodías igual de satisfactorias.


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jueves, 22 de abril de 2010

El grupo de moda (quizás exagero) de gira por España: The Stems

Ya se conocen las fechas, Dom Mariani, que siempre he dicho que no tenía un pelo de tonto, ya sabía lo que iba a ocurrir con un volcán en Islandia y viajará a finales de Mayo por la península con los Stems a bordo. Ahora que parece que han limado asperezas del pasado vuelven al país que mejor les da de comer (de otra forma no se explica tanta visita del peluquín de Mariani) con todas sus canciones australianas y un pan bajo el brazo. Koalas no, no están permitidos en Europa porque recuerden lo que pasa si se introduce una nueva especie en un ecosistema diferente: que seguramente los gatos se coman a las vacas, los canguros serán funcionarios de hacienda y las patatas fritas se servirán con mayonesa.

The Stems, y a primera vista un fotógrafo que no llevaba la cabeza a nivel



Las fechas son las siguientes, suerte para los que les pille cerca, y más suerte todavía para los que tengan vacaciones y se puedan dar un viaje para verlos.

25 Mayo, en Gijón en el Savoy Club
26 Mayo, Sala Nasa de Santiago de Compostela
27 Mayo, Madriles, sala Sol
28 Mayo, Andoain en el Auditorio Bastero
29 Mayo, Elche, Cultural La Llotja

A veces generosos, os dejamos un enlace con sus singles más garageros y psicodélicos de sus primeros años. No por ello menos fundamentales que cuando un poco más tarde publican At First Sight, pero sí que bastante mejor que cuando nos dejaron la friolera de 20 años sin canciones juntos. Perros.

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viernes, 16 de abril de 2010

Seis años no son nada: The Smithereens


The Smithereens - Especially For You (1986)


Dentro de los grupos musicales que más nos gustan siempre sentimos un cierto afecto por todos los que han ido a destiempo de modas y otros enseres. Entre ellos a NRBQ se les tiene un cariño especial por el añadido de parecer tan majetes y haber sido timados hasta decir basta. A los Flamin` Groovies se les adora, pues, porque son los Flamin` Groovies. De Big Star lo que les hace tan especiales es que salvaron al mundo de un universo musical muy, muy, muy pero que muy largo y tedioso. Otro grupo de los que podrían entrar en este club serían los Smithereens, un cuarteto que en sus inicios tenían todo en contra para no triunfar (¿sería finalmente así?) en unos recién iniciados ochenta con unos ideales distantes a los de aquellos años; fanes empedernidos de los Beatles, un armario ropero absolutamente lamentable alejado de nuevo romanticismo y un añadido que, al contrario que en épocas pasadas, sí parecía tener importancia a la hora de hacer buenas canciones: ser honradamente feos.


Un momento de buena suerte es salir a la carretera sin chaleco homologado sin ser despojado de dinero y dignidad por parte de la autoridad competente



Los Smithereens se forman (curiosamente) en el que es reconocido por el mundo yanqui como el estado más feo de la unión: Nueva Jersey. Es 1980, y Pat Dinizio, muchos años antes de convertirse en una terrorífica fusión entre Spike Lee y José María Iñigo, y años después de estar a punto de tomar la empresa familiar de recogida de residuos (the garbageman para los amigos), comienza a tocar con el baterista Dennis Dikens, el bajista Mike Mesaros, y el guitarrista Jim Babjak. Tras éxitos modestos en forma de EPs y muchos conciertos a sus espaldas, los años van pasando, muchas cintas gastadas en envíos a discográficas, y absolutamente todas les van rechazando con miramientos. Todas no, Enigma Records recibió una cinta que no contenía ni biografía, ni fotos, y como no podía ser de otra manera la disquera se interesa por el grupo y les llama a filas para firmar contrato en un bar (personalmente desconfiaría el estampar mi firma con cabezas de gambas a los pies) y grabar el primer larga duración. Habían pasado seis años desde su primer intento por grabar un disco y Pat y compañía no se podían quejar de la espera, las guerras púnicas sin ir más lejos duraron más años.


Los Smithereens firman su contrato, o lo que parece un folio en blanco



Un tiempo que hizo en su favor, ya que a la hora de llegar al estudio las canciones las fueron tocando con la rapidez con la que cualquiera de nosotros recitamos las preposiciones (sepamos o no utilizarlas luego). Prácticamente todas ellas ya iban machacadas previamente, y en diez días (las malas lenguas dicen que once) completan las doce canciones del disco bajo la producción de una de las pocas personas que creía en ellos, un Don Dixon que realiza un estupendo trabajo rebajando las inspiraciones beatlemanas del grupo en pos de un sonido más realista a los tiempos que corren. Pese a la evidente influencia de la invasión británica, no deja de ser recomendable escuchar canciones como “Time And Time Again”, “Hand Of Glory” o “Strangers When We Meet”, que nadan entre el buen Pop y Powerpop, con dosis sentimentales que llegan un poquito más al fondo, como con “Cigarette” o “In A Lonely Place” que cuenta en la femenina parte vocal con Suzanne Vega (esa chica de buena vocalización y que cantaba que su nombre era Luka).

Pese al éxito moderado del single de “Blood And Roses” y cubrir con creces las diez mil copias que habían previsto vender en su discográfica, los Smithereens siempre han caminado entre el grupo de minorías y desafortunadas colaboraciones, como un video clip con el mal llamado actor Jean Claude Van Damme. A día de hoy, salvo en pequeños espacios, encontrar interesante información del grupo es complicado, y muchas veces los satánicos parámetros de google les asocian con Nirvana (Kurt Cobain, entre muchiiiisimos otros, dijo que este era uno de sus discos favoritos). Curiosamente un movimiento grunge que se los llevó por delante mellando poco a poco la repercusión de sus canciones entre públicos más numerosos.


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domingo, 11 de abril de 2010

La verdadera (y triste) historia de la desaparición de 61&49


Sé que cada cual tiene su afición, y aunque la mía sea elaborar un acopio de discos resultón, hay gente que le entusiasma mecanografiar sobre los demás. Se escribirán ríos de tinta sobre mi desaparición, hablará largo y tendido en tertulias, habrá ediciones especiales del telediario, el As no sacará en portada la tripa de Cristiano Ronaldo y se publicarán diversas biografías no autorizadas. Creo que deliro.

En todo caso, algunos dirán que estaba trabajando, pocos insinuarán que mi recién descubierta afición por coleccionar publicidad de videntes africanos en las cercanías del metro de plaza elíptica me hizo perder la chaveta, y las últimas mentiras que estaba superando unas pruebas de la NASA que consistían en estar tumbado sin moverse durante mes y medio (pero esa ya la conseguí con éxito, era fácil).


La verdad es bien distinta, hace ya unas semanas paseaba por un polígono industrial y me dio por filosofar, una simple cerveza corría por mis venas y en mi estomago sólo había alojado un soso sándwich de atún. Unos seres de aspecto inusual por no llevar prenda alguna pero un artefacto sonoro de sonido estridente se detuvieron ante mí con muy malas pulgas. Sin mediar palabra se presentaron como seres de otro planeta y tendrían que llevarme a un análisis estricto de mi psique y cuerpo pensante. Obviamente hice lo que haría cualquiera de ustedes: acompañarles de buen grado. Juro y perjuro que al doblar la esquina una nave espacial de color verde y luces de colores nos esperaba. Estas cosas no pasan todos los días me dije para dentro.

Plano subjetivo en escala de grises de los colegas de Wood que me examinaron, porque si hubiera sido él me hubiera saludado. Imagino.

Dentro de la misma fui acusado de ser el creador y guionista de los anuncios de la Mahou Mixta. Creía que era una broma. Pero la cara de los bichos grises hijos de perra (cariñosamente acabé llamándoles así) reflejaba una especie de mirada entre ambigua y de Jesús Quintero que me hizo sospechar que la pregunta iba en serio. Me explicaron de forma concienzuda que tras esa aparente idiotez de anuncio se escondía la forma de destruir su planeta (del que por cierto, nunca mencionaron su nombre y/o localización). Tras largas explicaciones y defensa, consiguieron creer que yo sólo era un trabajador venido a menos, que paseaba por la calle pensando en cómo cambiar un bloc de música en el que humildemente se daban a conocer grupos de garaje o powerpop. Me pidieron el nombre de la bitácora para quedarse tranquilos y dejarme marchar de una vez por todas. Casi. Después de una relectura de los artículos que allí se alojaban me tuvieron en estudio durante un par de horas más, con tubos que se introducían en mi cuerpo por zonas que desconocía bajo un líquido viscoso.


Un posterior informe detallado analizaba mi subida de libido al proyectar imágenes del nuevo programa de Bertín Osborne en Intereconomía TV. Los grises bichos hijos de perra me dejaron salir no sin antes dejarme un patético consejo acerca de cómo debía tratar el blog en el futuro: “Hagas lo que hagas terminarás haciendo lo mismo una y otra vez”. Qué razón tienen esos hijos de perra.


Salí de aquella nave espacial y enseguida lo comprendí todo. La nave verde era el autobús que debía llevarme a casa, los bichos grises era el orondo y antipático conductor de la 516, cuyos sonidos estridentes no salían de su cuerpo, sino de la radio en la que se escuchaba Carrusel Deportivo, el líquido viscoso era una fuga de gelatina en la bolsa de la compra y en mi mp3 sonaba “Time And Time Again” de los Smithereens.

Ahora vuelve a haber ganas de volver al garaje.

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jueves, 8 de abril de 2010

Pasos de Semana Santa



Después de estos días de asueto, reflexiones 'pa dentro' e ingesta masiva de torrijas (gracias a los campeonatos que se establecen entre abuelas, madres y tías por parte de padre) hemos llegado a la conclusión de que Garejeland es a los blogs lo que el increíble hombre menguante al cine.

Pero antes de hacernos pequeñujos y desaparecer para nunca más volver (si no quieren que ocurra esto tienen que hacer como con la hadas de Peter Pan, pero no aplaudan , tan solo salgan a la ventana y griten: "peluquín" bien fuerte. No se preocupen por la opinión de los vecinos, háganse con el poder en la próxima juntay tendrán el toro por los cuernos). Como les decía, antes de que hagamos mutis pretendemos redimirnos y hacer propósito de enmienda iniciando una política de actualizaciones con un poco más peso en la palabra actualización y menos en la de política. Yo les prometo que mi compañero, el señor de los numeritos, parte pensante y contratante de este humilde bloc volverá cuando lo estime oportuno, de momento tienen que conformarse con el menda.


De izquierda a derecha: 61&49, Weisse, El Esquimal Onanista, un servidor y Troy McClure (o Hannibal Smith con uno de sus disfraces)




Como decía hace muchas frases, comenzamos nuestra redención haciendo una lista de las canciones que mejor pueden ayudar a pasar esos malos tragos que tiene la Semana Santa (por qué todo el mundo dice que odia la navidad y nadie la semana santa?), procesar mentalmente las tamborradas y preguntarse si los tipos del capirote llevan la ropa interior a juego.

Comenzamos (comenzón para los nostálgicos) con...

Canción Torrija: Marquee Moon - Televisión.

Motivo: porque sirve lo mismo para acompañar la degustación del postre favorito de las digestiones del cuerpo humano como de metáfora para explicar cómo se siente uno ante una torrija (la primera que se come una en todo el año es un placer divino, pero también es verdad que no es un postre para todo el mundo, porque es todo lo denso que las papilas gustativas pueden asumir).

Efectos: invariablemente, echarses el jugillo y la canela sobre la torrija a ritmo de (ti ni, ti ni, ti ni, ti ni). Si alguien te puede hacer la segunda guitarra (tinininini, tinininini) la confabulación de factores puede ser judeomasónica, por lo menos.



Canción para las pelis tipo Ben-Hur: (y con "tipo" nos referimos a las Sandalias del Pescador, Rey de Reyes, Espartaco, Los Diez Mandamientos... Los clásicos de la sobremesa): So Says I - The Shins.

Motivo: "porque yo no he venido aquí a remar, sino a tocar el tambor como en Ben-Hur". Esta fue la respuesta que dio un excompañero de trabajo caradura ante la acusación de otro compañero de que su trabajo dejaba bastante que desear. Siempre he pensado que esta canción sonaría perfecta a cámara lenta mientras mi el sujeto 1 dejaba ojiplático a los presentes y volvía a su sitio. Es una frase definitiva.

Efectos: No se sabe por qué, pero la escucha de esta canción proporciona la sensación de comer un banquete del mismo Yahvé ("Ha dicho Yahvé, ha dicho Yahvé").



Canción capirote: Big Time - Neil Young

Motivo: porque para esta categoría necesitaba de alguien de un país con cierto deseo por disfrazarse de cosas estrafalarias, véase la policía montada del Canadá. Un saludo desde aquí a los ciudadanos del país del arce.

Efectos: parecidos a los que acontecen en el cuerpo del señor Burns cuando todos los virus intentan entrar por la puerta al mismo tiempo.




Canción tamborrada: Sing, Sing, Sing - Benny Goodman Orchestra (con Gene Krupa)

Motivo: No hay nada más satisfactorio actualmente ( y posiblemente nunca lo haya) que aporrear algo con otro algo con fuerza inusitada. El mono de 2001 lo sabía, la madre que deja a su hijo el bote de Ariel bajo la promesa de que le dé flojito lo sabía, ahora lo saben ustedes.

Efectos: posiblemente intentar conseguir la primera saeta con ritmo de swing de la historia y realizarla bajo una inconfundible combinación de golpes de lapicero sobre una mesa. Alguno será tachado de loco, pero de estar loco a ser un visionario sólo hay una visita por el asilo Arkham.




Canción Domingo de resurrección: Sometimes Salvation - The Black Crowes

Motivo: porque si en tu grupo tienes a un cantante que es una versión casi canónica de Jesucristo lo más lógico es que tengas cabida en esta minilista y porque son muy buenos, eso también

Efectos: probablemente el marasmo guitarrero de este aquelarre hippie y de Rock 'n' Roll te influya para toda la vida y quieras emular los movimientos espasmódicos del mayor de los Robinson y protagonices la próxima campaña de publicidad de Angileptol (si también te da por proferir los gritos de este sosias del mesías). Todo a la vez, por supuesto.





Aquí tienen la lista, puedan hacer con ella lo que su cuerpo le pida, aunque en Garajeland recomendamos no mojarla ni darle de comer después de las doce. Por cierto, no hace falta que me feliciten por mi profundo conocimiento de las tradiciones españolas, aprendí todo tras el visionado de Misión Imposible II, donde el sabio Tom Cruise daba lecciones de pilotaje de motos mientas unías las Fallas con la Semana Santa y dispara a diestro y siniestro sin que se le moviera el flequillo. Amén, hermano.

Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verléin

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