miércoles, 13 de abril de 2011

¡No puedo creer que lo hayan inventado! (III)




El Spotify, rimas y leyendas




Si esto fuera un blog que reverenciara a los Simpsons sobre todas las cosas ("oh, casualidad, no buscada aliada") podríamos decir sin temor a equivocarnos que Rasca y Pica, la sacrosanta metaserie contenida dentro del mundo de Homer y compañía, encierra en sus metrajes de corta duración todo el conocimiento humano que se puede asimilar de una tacada. Su sabiduría es tal que incluso han conseguido que yo viera la luz, aunque fuera a costa de ver una y otra vez este episodio mientras a mi alrededor, la señorita Weisse y mi numérico compañero movían dos pancartas con las palabras: "Spotify" y "evolución". Tras un rato de zozobra, otro de desesperación de los que sostenían los carteles y una rápida consulta a un libro de ciencias naturales de 4º de EGB llegué a la terrible conclusión: El Spotify hubiera conseguido que Darwin se mesara la barba, (todo grande pensamiento viene siempre dado por este gesto) y dirigiéndose a los listos de la época les hubiera espetado: "sactamente".


No se fíen, estos dos traman funestos planes contra el Cuco, el Bobo y el Zarapito





Dicho lo cual, en Garajeland hemos perpetrado este pequeño texto sobre lo que consideramos importante de esta nueva forma de escuchar música sin sacarla de la funda primero.


Guías "Sr.Mcmazo". Hoy: el Spotify



1) ¿Qué diablos es el Spotify?



Dado que se utiliza en un ordenador, que hay que instalarlo y que necesitas un ratón o un teclado para usarlo sería sorprendente que no fuera un programa para eso, para el ordenador. Una aplicación que te permite tener acceso a un catálogo musical de canciones musicovocales de ayer y hoy (ahora es cuando si me sale bigote me convierto en José María Íñigo). ¿Qué más hay que saber? Pues que te permite escuchar música al momento (más o menos), que es gratis (otro más o menos) y que el logo es verde (esto sí que sí).


Para hacer uso de él, no hace falta levantar a pulso un paso de Semana Santa, como pensaba 61&49, tan solo hay que descargarlo desde su página. Antes también era necesario que alguien te mandara una invitación, alguien que solía ser tu mejor amigo. Ya saben ustedes que los que te proporcionan las adicciones en este mundo suelen ser siempre los más allegados, ya saben aquello del ¿tú también, Bruto?





2) Primeros pasos


De acuerdito, ya está instalada la cosa. ¿Y ahora? Pues lo que recomendaría el Doctor Bartolomé Beltrán: probemos a buscar nuestra música favorita. Empecemos con algún grupo semidesconocido, de carrera irregular y que probablemente tuvieron un boom y luego ya pasaron a ser un Jaime Bores cualquiera. Verbigracia, los Beatles. Bueno, pues piénselo otra vez porque no hay ningún disco de los Fab Four en la base de datos. Antes de arrojarse por la ventana después de cantar cumpleaños feliz, pueden intentarlo con otra medianía tipo Led Zeppelin, de los que tampoco queda rastro alguno. A cambio hay tantos recopilatorios de Elvis Presley que es difícil no encontrar la canción que se andaba buscando. Y esa es la clave, que hay que buscar. Lo bueno es que aquí también contaremos con la ayuda del "quizás quiso decir", amigo inseparable para aquellos que hicimos muchos cuadernillos Rubio, pero nos faltaron las ediciones adaptadas al teclado.



Así es como nos ven en Spotify, pero se equivocan, mis articulaciones no son tan flexibles




Vale, entonces la clave es buscar (muchas veces te llevas sorpresas inesperadas, como encontrar a grupos poco conocidos y favoritos de este blog, como The Scruffs) y cuando encontremos algo que nos satisfaga, lo arrastramos a nuestra lista. Al mismo tiempo, cuando siempre podremos probar la opción: 'artistas similares'. Una característica que comparte la eficacia de aquel mito griego que te permitía ver el Plus con una antena hecha de papel de plata sujetada por tu hermano en ligero escorzo. En realidad, no es que no funcione, es que es todo demasiado autoreferencial (caramba, como este blog): eliges a los Real Kids, pinchas sobre The Dictators y cuál es el primer grupo que recomiendan... un carrusel que sólo satisfará a los amantes de las emociones fuertes tipo el tren de la bruja.


3) El concepto de lo aleatorio


Seamos sensatos, la aleatoriedad del Spotify es tan discutible como la representación pictórica de la dignidad de Kirk Van Houten. Hagamos una prueba empírica: dejen puesto el programa en una sesión de 3 horas; se supone que la probabilidad de que se repita una canción estaría pareja a que por está puerta apareciera Scarlett Johansson desnuda y con un maletín de billetes no consecutivos en las manos ( pausa del autor esperando el milagro), pues como si estuviéramos en una película de Iñárritu, la casualidad parecer ser lo habitual y puede darse el caso de que un grupo suene dos veces y sólo hayas escuchado dos canciones. Si creen que exagero, deberían haber visto mi cara tras sufrir por duplicado el Guantanamera de José Feliciano en cuestión de 10 minutos. En el momento que eso ocurre comienzas a creer en todo: en el heliocentrismo, en la zona-press de Aito y en que es solo un pinchazo y no va a doler nada. "Lo aleatorio y Spotify", cuando quieran hacen una tesis, me tendrán en primera fila tomando notas.



4) La publicidad


Más de 500 años de perfeccionamiento de las técnicas de tortura empleadas por la Inquisición Española (orgullo patrio, no me lo nieguen) han tomado forma, una muy perfeccionada, en el sistema publicitario del Spotify.


Supongamos que te toca explicarle a alguien en qué consiste el Spotify a una persona que nunca ha oído hablar de él, si les dices que el truco para escuchar música gratis es que: 'de vez en cuando se interrumpirá por cuñas publicitarias de 30 segundos', seguramente te contesten: 'no suena mal'. En ese momento, y no otro, es cuando los corazones se rompen y el Necromicón empieza a sacar muertos de las tumbas. En teoría unos pequeños cortes de publicidad por tener gratis todas las canciones del universo conocido parecería un trato más que justo. Les diré dos cosas acerca de esto: en teoría funciona hasta el comunismo, como dijo Homer y que pregunten sobre tratos a un tal Fausto, se ve que él hizo uno que también pintaba bien.


Él también pensó que lo de "ponerle el Spotify" significaba otra cosa


Sí, la publicidad es un peñazo. Es el modelo de la empresa y, si no lo es, debería serlo porque acaba por obsesionarte tanto que eres capaz de pagar por la versión premium e incluso, si es necesario, de donar a varios familiares a la ciencia para eliminar los anuncios. Si este estímulo condicionado no se estudia en las facultades de psicología de todo el mundo es que estamos perdiendo definitivamente el juicio. ¿Y por qué creo que la publicidad del Spotify podría unir al mundo frente a un enemigo común? Porque es malvada, pero con un nivel de maldad que deja a varios de nuestros más queridos dictadores de república bananera en malos de opereta. ¿No me creen? He aquí la tipología de los anuncios del Spotify que pueden aparecer entre, pongamos, el Mistic Eyes de Them y el Love & Happiness de Al Green:



1) Uno propio del Spotify: que suele venir acompañado de un señor locutor, probablemente con bigote, que te cuenta alguna característica de la aplicación. La cuña es perfectamente odiable desde el principio de la misma, porque todas ellas empiezan con un "hola" enunciado con un tonillo que se te queda inmediatamente pegado a tu cabeza y que comienzas a escuchar por todas partes. "Hola" en la frutería, "hola" en la cola del autobús, "Hola en cualquier sitio". Tras un par de días tu estado es parecido al de Homer con la "MOUdista" y al que MOudruga, Dios le ayuda.



2) El de los nombres cambiantes: en este apartado tienen cabida cualquier artista que tenga un politono entre los tres más descargados de España. Lo divertido del caso es que el anuncio vuelve siempre que habrías logrado olvidarte de él y, lo que es mucho peor, que te lo conoces tan bien que notas si han cambiado algo. Yo he sido víctima de tal proceso, tras cerciorarme de que Floraida (que no, no es una chica) cambió su nombre al mes de anunciarse en Spotify por Florida. En realidad, en ambos casos se referían al maromo de la foto, aunque yo en principio me pregunté si no sería un homenaje a Florinda Chico que nos dejó hace bien poco. En cualquier caso, conocerse al dedillo una publicidad y saber quién este señor ya es motivo suficiente para amargarnos el día. Si no me creen, prueben a poner su nombre en Youtube y, si no perdieron el valor como el león cobarde de "El Mago de Oz" , denle al play.




3) El de "Melendis": el Anibal Lecter de los anuncios del Spotify. Que alguien te obligue a escuchar el nuevo single de nuestro querido artista (antes con rastas, ahora con flequillo alisado) es ya de por sí un gran acto de crueldad; que lo hagan 3 y 4 veces en el día sin avisar es para que abran diligencias en la Haya. Si desconocen el significado y alcance de estas palabras: "Yo subo como la marea, yo bajo como la tensión" o no les han chirriado los dientes ante tanto verso libre pleno de talento: "mis sentimientos van en chándal, los tuyos visten de Dior" les diría que no se preocupen más: su vida es plena y feliz. No sé si las ventas del disco de Melendi subieron tras los anuncios en Spotify, pero sé de buena tinta que mucha gente pasó de la total indiferencia a pensar en formar parte de la antigua y mística sociedad conocida como los No-Melendi (con sus monos interpretando la batalla de Gettysburg y todo). Incluso hay un caso documentado por la benemérita que habla sobre un hombre que responde a las iniciales T.V. y que tras escuchar por cuarta vez en el día, tuvo una reacción parecida a la de Begbie en Trainspotting




Declaraciones de Melendi a Garajeland: "Yo siempre a tope con lo mío"


Así que ya saben, aquí les dejamos esta guía que seguramente no les haya aclarado nada (la especialidad de la casa), pero que esperamos les sirva para comprender mejor a los que piensan en "Spotify" como nombre de sus hijos y esos otros que lo ponen a la altura de una colección de cuadros de payasos tristes o como fuente de toda la depravación, protervia y malicia de nuestro universo. Desde Garajeland recomendamos usarlo con mesura, siempre acompañado por un vinilo bajo el brazo y, preferiblemente, con una recortada y una motosierra a prudencial distancia. Antes de dar al play recuerden este mantra: "mi nombre es Ash, electrodomésticos". Ha salvado vidas.


Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

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sábado, 9 de abril de 2011

7´´, 45 r.p.m. y un pequeño trozo plástico: Lyres



Don’t Give It Up Now / How Do You Know?


Sección en formato reducido que no hace otra cosa sino demostrar que la utilizamos cuando no tenemos tiempo para una en tamaño normal o extra jes extender cuando nos da por alargar un poco la tecla; o lo que es peor, también es utilizada cuando no fluyen ideas, es decir, algo que ocurre la mayor parte del tiempo del calendario juliano por el que nos guiamos. Se nos ve el peluquín, y mucho.

No obstante, todo el texto anterior podría invertirse por un comunicado en el que defendiéramos esta sección como una pequeña delicia, más si en ella se incluyen a los enormes e imprescindibles garageros de los Lyres. Afamado grupo bostoniano del revival ochentero, surgido de las cenizas de los extintos DMZ, en el que Jeff “Monoman” Conolly lidera a todos y cuantos músicos toquen tras él en ese momento. Lo de Monoman que yo sepa no es por su aspecto simiesco, sino por una habilidad sin par para tocar con una mano el órgano Vox que siempre le acompaña, agitar la pandereta con la otra, cantar con la boca, mover la cabeza a ritmo del cuaternario, un pie girarlo en sentido contrario a las agujas del reloj, y en sus ratos libres entre canción y canción tejer una bufanda de ganchillo según sea de fresca la ciudad en la que toca. Tan apañado él como su fama de tipo de complicados modales sociales.

Singles como éste, entregado por Dirty Water, demuestran que existen ocasiones en las que es muy complicado saber cual es cara A, y cual es cara B. Me inclino por “Don’t Give It Now” como primera opción, aunque no descarto cambiar de idea si el viento sopla del Noreste e invertir el orden por “How Do You Now?”. La indecisión personificada.

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viernes, 1 de abril de 2011

Esos encantadores australianos (3ª): The Orange Humble Band

The Orange Humble Band – Humblin’ (Across America) (2002)

Tercera, y última entrega de la trilogía australiana de los achuchables Mariani/Mather. Ooooooooooooh. Esto podría llegar a ser más traumático que la muerte de Chanquete o el camino a las adicciones tomado por Pancho. El último capítulo queda dedicado a la imprescindible The Orange Humble Band. Puede que sea la mejor de las tres que componen este recopilatorio, o no. Quizás la más entrañable o todo lo contrario. Para uno que escribe, el tener que elegir favorito entre los Someloves, DM3 o estos anaranjados le crearía un cortocircuito cerebral importante, llegando a cruzar ideas salvajemente fuertes como untar el café con mantequilla. Ante esta incapacidad de decisión pasemos a analizar las bondades de este grupo que se hace llamar Humilde Banda Anaranjada. ¿Humildes dicen? Veremos.

La merienda-cena fue un importante activo en la gestación de este disco. Los ganchitos y el plumón de aderezo de Stringfellow fueron simples erratas.


Tras el cierre consensuado de los Someloves, Darryl Mather, otro pequeño genio compositivo aunque de menor producción que Domenico Mariani, forma The Orange Humble Band con algunos modestos colegas. Básicamente estos compañeros son Mitch Easter, del grupo Let´s Active, y más conocido por ser el productor de los primeros REM, Pavement, todo dios del powerpop y de los ya citados Someloves; Anthony Bautovich, que a algunos les sonará de los Lonely Hearts o The Forrester; y Ken Stringfellow, media naranja en The Posies y que ha pasado por los renovados Big Star, REM, Minus 5, y ahora forma parte de The Disciplines. ¿Aburridos de tanto nombre? Sólo unos pocos más. Colaborando a lo largo de los dos discos de los anaranjados nos encontramos (entre otros) con canallas de la talla de Spooner Oldham (Neil Young o Aretha Franklin), Jody Sthepens (Big Star), Jamie Hoover (Spongetones), Dom Mariani, Don Dixon, Jim Dickinson… Creo que el curriculum (o currículo, ya saben que ambas formas están aceptadas aunque ésta última suene raro) de los supuestos humildes queda más que demostrado.


Stringfellow posa arropado con la colcha tejida por su abuela, sabiendo ésta última que iba a publicarse en garajeland.


Los dos discos de la Orange Humble Band son especiales. El primero es tan bueno como degustar la mejor galleta del mundo (la de su portada mismamente). Pop del fresco con algunas de las mejores canciones de powerpop que han sido escritas, como “Down In Your Dreams”, “It Doesn´t Matter” u otro punto de vista del “Can´t Get What You Want”. Humblin’ (Across America) es más ambicioso, aunque no lo graban en Rascapiquilandia lo hacen en los míticos estudios Ardent de Memphis, seguro que la biblia tiene alguna interpretación en la que obliga a grabar allí. Puede que la frescura powerpopera se pierda un poco en pos de composiciones más elaboradas, pero la calidad del disco no desciende no, no es como el paro. Las canciones están grabadas con clase y el mismo mimo que pone la gente que sabe estirar bien la sábana cuando hace la cama y pasa la mano por encima haciendo así… (Bien, creo que no están viendo lo que hago, pero echen imaginación).

Ken Stringfellow se destapa como un cantante espectacular porque en canciones como “Any Way You Wanted It”, “Annie Run Run Run” o “Skyway Believin’” él vale el peso del disco, y lo que se haya pagado por él. No se dejen engañar por la primera canción, un poco plomiza, el resto es deslumbrante, quince canciones divididas en tres partes, salpicadas de instrumentales con instrumentos, y algunas composiciones que pueden llegar a tocar la fibra: “What´s Your Crime”, “On Our Way Back Home”, “Better Just Fake It”, “ListenUp!”… imprescindible álbum para conocer de primera mano cómo se las gastan un grupo de orfebres cuyo cometido en esta vida no fue el de hacerse oír ante grandes aglomeraciones urbanas, era simplemente el de que uno se sentara a disfrutar con canciones de calidad mientras degusta uno de sus líquidos favoritos frente a los altavoces. O eso creo yo.


La producción de Darryl Mather sigue siendo, desafortunadamente, muy lenta (él mismo asegura que nadie quiere poner demasiada pasta para volver a grabar canciones del grupo), no obstante la logística volverá a reunir a los Orange Humble Band (en algún momento), homenaje claro a nuestros amigos anaranjados de tierras levantinas, que nos apoyan tanto que gracias a ellos aun no escribimos las crónicas de discos en el catálogo de ofertas del Hiper Usera, cerrando así un círculo donde las piezas van encajando.

Nota: Para que el placer sea logarítmicamente mayor, pinchen en el segundo enlace donde se encuentran los Bonus de la edición Japo. En mi CD pone tres canciones pero sólo vienen dos. La venganza del peluquín se está produciendo sobre mí.

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miércoles, 23 de marzo de 2011

Esos encantadores australianos (2ª): DM3


DM3 - Road To Rome (1996)


El grupo que para cualquier motor buscador de internet te relaciona con el sistema internacional de medida es sin embargo el enésimo, y no por tanto aburrido, proyecto del peluquín más famoso de Australia tras la reina Isabel II (que es británica), Dom Mariani. El personaje musical más inquieto que se recuerda desde que Juan Antonio Pizzi decidiera pasar por cuantos clubes de fútbol son conocidos, es un vitamínico ejercicio de canciones sobresalientes, con powerpop a raudales y una pieza vinílica muy codiciada que puedes comprar fácilmente en ebay si dispones del presupuesto de defensa de algún país de centro América (por poner una exageración al uso).


Dom Mariani, un genio en la canción y con una tarima flotante divina.


Road To Rome supone el segundo disco de la alianza entre Mariani, Toni Italiano y Pascal Bartolone, tras el también recomendable One Times Two Times Three Red Light. Doce canciones que confirman a Mariani en dos aspectos: que su habilidad para escribir canciones de powerpop no tiene parangón, y que comparando, nos hemos dado cuenta de que los discos de Bruce Willis no eran tan buenos como pensábamos.

Abre el disco “Can´t Get What You Want”, indispensable pieza adrenalítica que puede conseguir perfectamente que el resto de discos de su estantería sean apartados para dejar un solo hueco para Road To Rome. Sigue con “Please Don´t Lie”, canción con toque acústica pero de final enérgico. “Speed Freak” es una de mis favoritas, como no podría ser de otra manera con un tema con ese título e inundada de guitarras. “Second Floor” es un estupendo hit (siempre quise decir hit alguna vez). “I Thought That You Were Foolin'” puede provocar el ponerse cachondo con ese pausado pop. “Dead Stars” es otra obra cumbre, con un sutil teclado que hará las delicias de hasta el más reticente al powerpop. “Soultop” comienza el fin del disco y uno ya alcanza el climax. “TV Sound”, un cierre del disco optimista y una forma triunfal de terminarlo. Todos los caminos no sé si conducirán a Roma, pero este disco conduce al cielo.


Amplia sonrisa, tres tipos, si no son los DM3 me ha vuelto a engañar el sistema de escritura por teclado


Un acierto más que se llevarse a las orejas. No duden en comprarlo a buen precio, aunque si realmente ya han participado en las pocas subastas que lo ofrecen en el ebay sabrán que inocentemente se pone una cantidad monetaria muy razonable, y que cuando vuelves con ilusión para comprobar si has sido afortunado no te queda más remedio que ciscarte en la peluca del tal j***k (508), que al parecer le sobran cincuenta eurillos más que a ti para encargar un disco.

Tras esta muestra de rencor del que suscribe, disfruten el disco, por vez primera en garajeland, robado. Sí, robado. Ahora nos dedicamos a la extorsión de las casas discográficas contando historias aburridísimas que no conducen a ninguna parte. Pero llevamos antifaz no se crean.


$$$Pincha & Please Don´t Lie$$$

$$$Y no se pierda la primera entrega de la trilogía con The Someloves$$$


Dom Mariani con DM3 estarán de gira estos días por toda la península. Esta noche en Coruña, en la sala Mardigras. El 24 de Marzo en Madrid, por la sala El Sol. El 25 de Marzo de Hondarribia, sala Psilocybe. 26 de Marzo en tierras murcianas por la sala 12&Medio. Y cerrarán visita el Domingo 27 en la sala Wah Wah valenciana. No se los pierdan, los precios son más que razonables.


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sábado, 19 de marzo de 2011

Esos encantadores australianos (1ª): The Someloves


The Someloves - Something Or Other (1989)


Los que siguen desde hace tiempo las disertaciones de este bloc tan vago, ya conocerán de sobra nuestra pasión por los Stems de Dom Mariani (al que aun no hemos exprimido lo suficiente), por el pop australiano en general, y por las australianas en particular. País y género musical que alcanzaron un punto álgido con la unión del susodicho peluquín de Dom Mariani y el pálido, pero mente y guitarra preclara, de Darryl Mather, en un grupo de producción tan escasa como imprescindible: The Someloves. Si nuestros más cálidos seguidores esperan nuestro lado más sucio y sórdido pueden esperar a que Don Verléin luzca su nueva cartera con cadena, o a que el señor de los numeritos vuelva a ponerse unos pantalones de cuero, y mientras lanzarnos un fuerte abucheo. ¡Buuuuuuuuuuarns!. Las próximas semanas el pop australiano se hará dueño de estas páginas. No descarten que alguno de ustedes pida doble nacionalidad hispano-australiana, nosotros ya hemos solicitado asilo político en Sidney, nueva patria querida.


La única foto oficial del grupo ha sido rescatada de la orla de Escuela de Buenas Domingas, protagonizada por el mejor grupo pop de siempre (y Cori Mateus)



Como ya comentaba, Someloves nace de la unión de Mariani, aún en los Stems de Perth, con un Darryl Mather que había militado en los Lime Spiders de Sidney. Lo que viene a decir, que es la unión de un grupo que fusionaba como nadie la energía del garage con el pop de briosas guitarras y otro que brillaba en el rock y que viraba hacía el Rock duro, motivando seguramente la marcha de un pájaro con tanta sensibilidad como Darryl Mather. Admirados mutuamente por sus respectivos grupos, y fascinados por otros como los Real Kids (de una de sus canciones toman el nombre de la banda) sería natural que esa unión fomentara unas tonadas dentro de los límites musicales que manejaban. Errata. El resultado es indudablemente de un pop de quilates, con sonido de guitarras cristalino y contemporáneo, y un indudable espíritu por las melodías de voces comparables a los cuatro de Liverpool, los niños de San Ildefonso y a alguno que haya sufrido a Brian Wilson en el estudio.

Tras la publicación de un single que todo el mundo debería escuchar como “It´s My Time”/”Don´t Talk About Us” (o incluso comprar si le sobra alguna decena de euros) graban su primer, y la postre de frambuesa único álbum, este Something Or Other, bajo la supervisión de un tipejo bastante espabilado en la producción popera como Mitch Easter. Un tratado de canciones de esas casi perfectas, del las que te reconfortan hasta el punto de querer mirar por la ventana con cara de buena persona, aunando el oficio que tienen los australianos para los grupos musicales y para los camiones de veintitrés ejes, con melodías de grupos muy recurrentes en este bloc: Beatles, Badfinger, Big Star, Easybeats y un largo etcétera.



The Someloves. Poca suerte con los buscadores de imágenes. Pero todo el mundo se abraza, incluso una chica y un rinoceronte.



Hay quién diría que lo que hacen estos dos canallas es powerpop. Que cada cual elija la etiqueta que más le guste, pero que siempre se ponga una rebequita si sale de noche, que luego refresca. Hay que escuchar “Melt”, quizás “sólo” un buen inicio; “Back On Side With You”, canción de suaves armonías vocales, perfectas y pulcras guitarras; “Know You Now”, un potencial single que podría ser puesto hasta la extenuación sin llegar a caer en el empacho; “Sunshine Glove” que es como me imagino que sería sentarse en el sillón más reconfortante del mundo. Canciones de dos artesanos musicales repletas de momentos perfectos, que no envejecen, y que incluso el paso del tiempo hace que cada vez suenen mejor.

Una lástima que tras sólo un álbum el grupo se fuera al traste. Darryl Mather no quería salir de gira porque éste se trataba de un grupo exclusivamente de estudio (hay quien especula con que Someloves no han tocado en directo ni el “tres hojitas madre”), Dom Mariani quería ir de viaje con la guitarra, y el sello al que pertenecen, Mushroom, dice que sin gira no les dan pasta para el siguiente álbum, y sin pasta para el siguiente disco ya no hay más Someloves para evitar que el tándem Mariani/Mather acabe como Pimpinela. Alguien podría pensar que tras la separación musical de sus protagonistas, todo acabaría en proyectos de poca alcurnia y linaje. Ni de coña.

Seguramente, los Someloves sean uno de los mejores grupos pop del Suroeste de Australia, posiblemente de las mejores melodías que han salido de las antípodas, quizás uno de los mejores discos que se han hecho en la historia, y no sigo por ese camino que me puede el sentimiento. Esto sólo son las instrucciones en tres capítulos, necesarias para pedir asilo político australiano, sólo con el primero no dudaría en hacerlo, pero quizás haya quien necesite dos más. Todo a su tiempo.


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$$$Pincha & Other Happy Ending$$$


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lunes, 14 de marzo de 2011

Fábula musical e inverosímil

Bono y los pies de A. Lincoln

Bono andaba meditabundo. ¿Habría perdido su encanto personal? ¿Sería el momento de hacerse mayor y dejar de ponerse la ropa de sus hijos? Le asaltaban serias dudas sobre un buen puñado de cuestiones, incluido si es mejor poner en la cocina una placa eléctrica o una de gas. Hasta el calvo con gorro de su grupo le había perdido el respeto organizando un evento benéfico sin avisarle. Eran momentos duros de verdad para él.

Necesitaba despejar la cabeza, una respuesta trascendental a sus problemas. Y qué mejor que tomar una Beamish con unas croquetas en ese bar, sito en calle estrecha y de fuerte pendiente donde entras oliendo a fritanga y sales apestando a Febreze. Caminando hacia el mismo, con la cabeza gacha topó con unos pies, miró hacia arriba para comprobar la identidad del sujeto y comprobó que sólo eran unos pies. Pero eran los pies de A. Lincoln.

Los pies de A. Lincoln parecían serios, Bono le dio las buenas tardes para romper el hielo. “¿No le sorprende estar hablando con unos pies?” espetó el calzado de A. Lincoln. “Impone un poco el hablar con dos. Una vez hablé con un pie de Enrique VIII. Pero no es lo mismo”. El semblante serio del cordón izquierdo de A. Lincoln se tornó en una furiosa expresión de desaprobación. “¿Y usted cree que un personaje semejante hubiera sido capaz de liberar a los esclavos mediante una proclamación de Emancipación?”. “No, pero le pintaron unos cuadros muy bonitos. A lienzo grande y todo” respondió Bono no sin incredulidad.

A. Lincoln seguía algo tosco con Bono: “Ustedes los jóvenes se piensan que lo de Gettysburg fue cuestión de dos minutos”. Bono empezaba a cansarse de la fangosa conversación con A. Lincoln y así se lo hizo saber: “Verá, no creo que pueda darme un consejo ante mi estado de aflicción, yo soy muy de la Iglesia Católica y del Logroñés, y usted es muy controvertido con esos temas, muy sputnik”. “Bien” le espetó A. Lincoln “Le ofreceré las palabras que merece: Tiene que mentalizarse, ese cuerpo, tener carisma, quererte tu mismo a quererte tu mucho, quererte al que tienes a tu lado, y todo sale de verdad de deporte”. “Creo que voy a tomarme las croquetas” sentenció Bono.
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lunes, 28 de febrero de 2011

Sweet Home Chicago



The Paul Butterfield Blues Band – Homónimo (1965)


Ya que no me lo preguntan se lo cuento yo: no soy un hombre muy dado a las celebraciones, efemérides y misas negras. La razón es sencilla: el día de mi cumpleaños causa tanta confusión entre los miembros de mi familia que ya casi nadie acierta a felicitarme en mi día. A estas alturas ya convivo tranquilamente con ello, pero la broma entre mis amigos más simpáticos y dicharacheros ha calado hondo, hasta tal punto de que muchos empezaron con la coña y han terminado por tener serias dudas de cuándo demonios cumplo años. Bueno, ya conocen mi alergia al almanaque, pero es que además he de decir que mi compañero alberga parecidos sentimientos; todo desde que en su última fiesta de cumpleaños no fue capaz de romper una piñata rebelde armado con una estaca con clavo incorporado. Ahora entenderán que no hayamos dado lustre y relumbrón a los tres años que ha cumplido el bloc que están ustedes visitando sin prescripción médica. Dicho queda.


Pese a todo, nos hemos dado cuenta de que, tras todo este tiempo, conocen poco de nosotros. Como método para remediarlo les diré dos cosas sobre mí: que de los ingleses lo que me gusta es Octopussy y de los americanos la capacidad innata de sus guionistas para colocar la frase más ingeniosa en el momento adecuado del metraje de una película. Una respuesta, un giro de guión justo cuando hace falta, ese recurso de genialidad que Azcona sabía dar. Eso se llama clase y se tiene o no se tiene. En este sentido o quizás en todos a la vez (como sí estuviéramos en plena calle en Vietnam) el universo es bastante “karmico” y por cada chica guapa que es capaz de escupir más lejos que tú (éste y no otro debería ilustrar una galería de imágenes sin clase) existen discos como el que hemos escogido hoy. Razón por la que también existen las gomas de borrar y las pajaritas estridentes, como una excusa para dotar a este mundo de clase.


paul butterfield blues bandA día de hoy todavía no se sabe qué tocaba la dama del fondo en la Paul Butterfield Blues Band


Paul Butterfield, nuestro protagonista, podría haber pasado perfectamente por un americano blanco normal, soso y sin ápice de ese savoir-faire del que hablamos. Lo era, al menos hasta que portaba unas gafas de sol, una armónica y una banda de Blues a los lados. Entonces era un gigante. Algo así como el “tú cavas” de Clint Eastwood en El Bueno, el Feo y el Malo, “El que viva Led Zeppelín” de Otto antes de diñarla o el último golpe que Ali nunca dio a Foreman. Lo que suele decirse un tío con clase. Con toda su clase, Paul no sólo tenía que bregar contra su propio anonimato, Sino contra su propia presión autoimpuesta; la de un amante confeso del Blues que quería homenajear a sus héroes.


Con esos condicionantes y, manteniendo incorruptible su deseo de tocar Blues, Paul se las arregló para tener actuaciones en Chicago, su ciudad natal y conocer a los futuros músicos de la banda que llevaría su nombre. El más conocido de ellos, Mike Bloomfield fue un extraordinariamente dotado guitarrista que sería pieza fundamental en la historia de la música a través de Electric Flag, formando dupla con Al Kooper o al mando de la conversión a la fe del Blues que Dylan sufrió en 1965. Mike se unió a la banda justo antes de que este disco fuera grabado (no me digan que no tiene magia la historia de la música), Elvin Bishop, segundo guitarra era compañero de la universidad de Paul donde compartían los bocadillos de panceta de la cafetería equitativamente (según nos diría la estadística uno se comía la carne y el otro el pan). Ambos se las apañaron para robarle a Howlin’ Wolf la sección rítmica: el bajista Jerome Arnold y el baterista Sam Lay; se cree que utilizaron alguna hábil estratagema como llamar por teléfono al estudio donde grababa Wolf y preguntar por el señor Lotas, de nombre Empe. Mientras todos los del estudio preguntaban por un tal Don Empelotas, Paul y Elvin sacaron del estudio a Jerome y Sam por la puerta de atrás (1). Juntos, como la Paul Butterfield Blues Band fueron punta de lanza del homenaje del Blues blanco al Blues de toda la vida. Probablemente el reconocimiento más potente a la raza negra que ha dado la cultura anglosajona en el siglo XX. Un alegato contra el racismo que no fue organizado, ni demandado por nadie. Simplemente eran jóvenes blancos que adoraban la música Blues por encima de cualquier otra cosa. Tan sencillo, tan irrepetible, tan poderoso.

 
Probablemente este grupo podría haber quedado como una mera anécdota si no gozaran de dos características propias e intransferibles: un conocimiento único de las canciones que abordaron en su carrera, nadie intimaba con Blues como ellos, consumiéndolo y viviéndolo con la intensidad que sólo puede dar la pasión incondicional por algo. Una forma de ver y sentir la música que pocas veces se ha logrado en su plenitud y que ningún yogur de Activia puede darte (de momento). El otro punto necesario para que la Blues Band de Paul Butterfield sea eterna es que se trababa de una conjunción judeomasónica de músicos excelsos, virtuosos sin pompa ni circunstancia que formarían en cualquier elenco de sospechosos habituales de la música Blues. Es más: siguiendo una tradición que instauro ahora mismo (y que consiste en dejar de dar rodeos y explicar las cosas de la manera más sencilla posible), tomo como mías las sabias palabras de un señor que me encontré en una parada de autobús: eran gente con tal calidad “que te vuelan el sombrero sin pistola”.


paul butterfield blues bandEn realidad todos sabemos que es poner las manos haciendo "así" y que te salga el lamento blues


Recapitulemos qué tenemos hasta ahora: Chicago, Blues blanco y homenaje, Paul Butterfield, musicazos de manual, Yuhhhuu una pegatina de la ferretería… parece natural que la primera canción del disco sea un blues, escrito por un blanco sobre la ciudad del viento e interpretado con maestría. Born In Chicago, de Nick Gravenites es una profunda declaración de intenciones desde el segundo uno: dos guitarras entretejiendo líneas melódicas con la voz de Paul destacando sobre ellas, ya sea cantando o disparando fraseos desde su armónica. El ritmo sigue alto gracias a Shake Your Money Maker, el himno de Elmore James que las guitarras de Elvin Bishop y Mike Bloomfield llevan a su máxima expresión sobre un órgano de Mark Naftalin (apellido que me hubiera gustado inventarme, pero no, este hombre se apellidaba así. Maldita realidad, siempre me ganas por la mano). Dos canciones y todos los prejucios sobre que el Blues es aburrido tirados por la borda. La Butterfield Blues Band no dejó ningún detalle sin pensar en esta grabación: el disco es la historia del Blues en 11 temas, con referencias continúas, como Blues With a Feeling, de Little Walter, donde Paul tiene la difícil papeleta de jugarse el tipo con el, más que probablemente, el mejor armonicista de Blues de la historia (pendenciero y genial, capaz de gastarse hasta la camisa en el juego e innovar potenciando su armónica con un amplificador, todo en el mismo día).



Entre tanta intensidad, Thank You Mr Poobah o Screamin’ actúan como bisagra. Estos instrumentales del disco demuestran la especial telepatía que tuvo que presidir las sesiones de grabación. Una mezcla imposible de dejarse llevar y empatía musical que está presente desde el primer corte del y que va en progresión infinita: de una chispa hasta el incendio de Hindenburg. Especial atención a Sam Lay que toma el micro en I’ve got my Mojo Working, versión de Muddy Waters de ritmo casi más frenético que la original; característica que comparte con Mellow Down Easy (Willie Dixon) y que dotan al álbum de esa sensación de poder haber sido grabado en un sótano de alguna calle de Chicago, con el calor de la ciudad de Illinois como protagonista. Una bochorno que no tiene un sonido propio, pero bien podría hacerlo como este disco.


Lo que nos queda mantiene la fuerza de abrazo de oso que nos llegó con la primera canción. Our Love is Drifting transmite la devoción que Paul Butterfield tiene por el Blues, mientras que Mystery Train hace justicia con una de las canciones con más historia de la música americana (el departamento de recomendaciones de Garajeland les pone sobre la pista de la alucinante versión que el mismo Paul junto con The Band perpetran en Last Waltz). Para terminar nos quedan joyas como Look Over Yonders Wall, con sus guitarras llevadas al límite y Last Night que transmite esa mezcla de sentimiento y pertenencia que tiene el Blues cuando quien lo toca lo hace con rabioso amor por este género. Una cualidad que dota a la música de una capacidad de llegar sin filtros a tus oídos; de comprender lo que oyes, aunque sea la muestra más dolorosa que Little Walter pudo crear (“Last night I lost the best friend I ever had”).


paul butterfield blues bandMeter un perro en el grupo: ese paso adelante que necesitaba el Blues


La historia de la música ha sido justa con Paul Butterfield (de las listas de éxito ni hablamos), ya que suele aparecer demasiado pocor en la directorio de la biblioteca de la isla Phatt, en la letra B de “Blues blanco, música que haces sin avergonzarte cuando escuchas un disco de Elmore James y eres casi transparente”. La importancia de este buen señor, y su grupo, sólo es comparable al efecto catalizador que tuvo John Mayall en Inglaterra. Ambos quisieron y lograron ser fieles y consecuentes con su música favorita, actualizándola, pero manteniendo sus raíces. Sin gente como Paul Butterfield generaciones enteras no habrían sabido en quién era Son House o Skip James. Eso hubiera sido una pena, aunque tengo que reconocer que lo más me gusta de toda esta historia es es saber que Paul grabó este disco gracias a que Paul Rotchild, productor de Elektra Records, hizo caso a un amigo cuando le dijo que el mejor grupo de EE.UU. encima de un escenario actuaba en Chicago, tocaba Blues y el cantante era un chico blanco. Es reconfortante pensar que la suerte está de nuestro lado en algunas ocasiones.


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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein


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sábado, 26 de febrero de 2011

El Club de la Pirindola (Quinta)

Paul Weller

Tras una provechosa conversación con nuestro honrado ministro, el señor Johnny Dibud (¿De verdad alguien no ha tenido una provechosa conversación con este hombre?), comentábamos la excelsa capacidad de hacer grandes canciones que tiene el bueno de Paul Weller. Nuestro Mod favorito ha aunado como nadie la pasión por el pop inglés que más nos gusta con los sonidos del Rhythm & Blues y el Soul de la Motown. Por eso, por la dignidad que deja tras cada nuevo disco (¿sabrían dibujar la palabra dignidad en una partida de Pictionary?) merece estar en el club de los que hacen lo que les sale de la pirindola… y lo hacen bien. Por eso, y porque quince años antes de todo eso del Britpop sacaba grandes discos, y quince años tras la muerte de esa etiqueta sigue haciéndolo. No duden en medicarse sin control con sus álbumes.

Composición: Cada comprimido del señor Mod contiene 200 miligramos de Pop (no dañino para la salud), 50 miligramos de Soul, 50 miligramos de R&B y gramos del mejor pop inglés de los sesenta como principales activos. Además contiene los siguientes excipientes: estearato magnésico, músicos excepcionales y aroma a honestidad en sus canciones.

Indicaciones: El Pop y R&B presentes en cada píldora, son sustancias recomendadas a pies juntillas que actúan neutralizando el exceso de ácido en el estómago y en el amargor bucal generalizado provocado por la ingesta masiva de alimentos sonoros en mal estado.

Posología: En adultos, tomar uno o dos comprimidos auditivos tras la ingesta de discos defectuosos. Si el problema persiste puede tomar alguno más, e incluso si la crisis dolorosa ha sido muy aguda es recomendable acompañarlo con alguna bebida espirituosa de más alta graduación cuanto mayor sea el dolor. Los comprimidos deben degustarse lentamente y paladearlos durante un tiempo, no los trague enteros directamente. Niños y embarazadas pueden tomarlo sin riesgo y pueden aumentar la dosis según crean conveniente.

Contraindicaciones: Una vez solucionados los problemas de acidez, debe evitarse mezclar sus canciones con aquellos alimentos que le habían provocado los problemas anteriormente descritos. Debe evitar la mezcla con tacrolimo y ciclosporina (utilizados para el trasplante de órganos y gustos musicales), pentoxifilina, y en presencia de cualquier persona de reconocida seriedad o personalidad gris.

En esta ocasión, no hay regalo preparado. Ya saben perfectamente donde encontrar las canciones de este hombre cambiante.

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viernes, 18 de febrero de 2011

Caminando por el alambre melódico: The Scruffs


The Scruffs – Wanna Meet The Scruffs? (1977)


Ir por la vida siendo un hacedor de canciones pop es casi como caminar por la cuerda floja: Si no tienes cuidado y caes hacia un lado, tiendes a caer en el empalago, en la falta de frescura y en la eterna monotonía; si lo haces hacía el otro, la comercialidad más abrasiva puede hacer mella y las canciones pasan a ser meros chicles de usar y tirar, pues la sustancia se va tan deprisa como aquel chicle de natillas de Boomer cuyo sabor (y cuya goma) desaparecía como cuando lo mezclas con unas patatas fritas. Si tuviera que elegir a mi funámbulo pop favorito me asaltarían serias dudas, pero seguro que entre aquellos que se hallan ocultos tras los grandes nombres del cancionero pop se encontraría el rubiales de Stephen Burns, que caminó tan rápido por el alambre, que una escucha al debut de Wanna Meet The Scruffs? te deja noqueado durante los escasos treinta y cinco minutos de duración, de uno de esos discos que te convierte en fiel seguidor del grupo una vez lo has descubierto.


The Scruffs, funambulistas pop de altos vuelos. Afortunadamente nunca fueron contratados por el circo de Angel Cristo.


The Scruffs pertenecen a ese pequeño universo musical del que salen imprescindibles bandas sean o no tiempos difíciles para la música: Memphis. Ciudad de, entre otros, Big Star. Gracias a esta cercanía, Burns y los suyos no tuvieron que esperar a que años más tarde se empezara a hablar de ellos para absorber sus provechosos bienes. Ajenos al negocio musical, Stephen Burns junto a su mano derecha y guitarrista Dave Branyan, Zeph Paulson y Rick Branyan, entran a grabar a los estudios Ardent de Memphis (todo un signo de su pasión por las amplias influencias locales) para emular a los ídolos de los sesenta, a los citados Big Star, a los Raspberries y grabar un inmejorable debut.

Vale, es cierto que no va ser la primera vez que digo que un álbum merece ser escuchado, y poco a poco, y tras unos cuantos detalles escabrosos voy perdiendo credibilidad. Pero esta vez puede que sea diferente, y si para ello tengo que escribir vestido como el personaje de la foto adjunta así lo haré, para deleite del lector y un par de policías nacionales que ya me están esperando a la salida de casa, y no creo que sea para invitarme a Donuts. Bien, volviendo al disco, muchos álbumes derivan en otros estilos, lo cual está muy bien porque en caso contrario todavía estaríamos golpeando piedras con huesos, en este no hay medias tintas, sólo canciones powerpoperas al máximo, tres minutos veloces, si acaso salpicados por la energía punk de muchos grupos cansados de la comodidad en que estaba instaurada la música en la segunda parte de los setenta.



Como ya sabrán, este no es 61&49, pero para captar la atención viste similar atuendo


El álbum se abre de forma impecable, mediante “Break The Ice”, quizás una de las canciones perfectas de powerpop. Le sigue “My Mind” con una temática constante en todo el disco: los problemas amorosos y sus derivados neuróticos de la plena adolescencia (recuerden esas chicas congeladas de “Frozen Girls”). Entre el resto de canciones cabe destacar algunas absolutamente adrenalíticas como “I´ve Got A Way”, “This Thursday” o “She Say Yeah”. Otra constante son los singles en potencia que abundan en todo el disco, ahí quedan “Revenge” o la melancólica “I´m A Failure”. Las canciones se van deslizando de forma vertiginosa, con la característica voz de Stephen Burns, personal y un tanto chenchual, el combate entre tú y el disco que no te deja salir de las cuerdas ni siquiera con un suave tema amoroso acaba tras sólo treinta y cinco minutos. No hace falta más, por otra aparte.

Durante largos años el disco estuvo condenado al ostracismo de manera injusta. El escaso éxito de ventas propició la desaparición del grupo justo antes de publicar un segundo trabajo ya casi grabado. Sólo el despunte de otras bandas de los noventa como Teenage Fanclub, los Posies, etc., despertó el interés por rescatar de los cajones más profundos de vinilo a la fabulosa hornada de pop de los setenta que navegó contracorriente y que en muchos casos sólo llegaron a la orilla tras dejarse flotar durante un tiempo. Entre ellos, los Scruffs, que sólo tuvieron seguidores en los que poseían una de las pocas copias de Wanna Meet, con esa sugerente portada (¿no les recuerda a A Hard Day´s Night?) de la que sus dueños no querían desprenderse de él, un poco como el sentimiento de quien tiene una novia muy guapa pero prefiere quedarse con ella para que nadie más la conozca. Afortunadamente existen las reediciones (de discos, de mujeres sería un tema más difícil a tratar) para hacer justicia y concluir esta historia con un bonito enlace para conocer a los Scruffs. El título del disco ya es de por sí una sugerencia, avisados quedan.

Nota: Para saber como nos las gastamos, este post se le debe a nuestro dibujante favorito, el señor Mr. Mosstrem. Tiempo atrás dije que se trataría sobre este Wanna Meet, y ha pasado tanto que el bueno de Mos ha dejado aparcado los pinceles (lo que nos deja un poco tristones) por un muy reconfortante trabajo en su propia huerta.

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viernes, 11 de febrero de 2011

Conversaciones Insustanciales sobre Música (VI)

¿Se puede cambiar la música del coche… de otra persona?


Sabido o no, es que los miembros de garajeland rara vez se desplazan en coche, propio nunca, en coche rara vez. Lo cierto es que eso permite que la música que escuchamos sólo sea elegida por nosotros mismos o por el tipejo con gorra de rapero (o del tonto de las series juveniles americanas, nunca lo tuve claro) que decide deleitar al resto del personal con una selección de canciones que nunca deja acabar y suenan como la FM a medio sintonizar. Esta situación dictatorial de ir poniendo la música que me gusta me crea cierta tendencia a sufrir cuando no tengo posibilidad de elección, o como poco no veo el momento oportuno de intentar poner ese cd recopilatorio tan ameno que he preparado especialmente para el radio casete. Lo cual me lleva a preguntarme si es posible cambiar la música de un coche que no es el tuyo, y si existe esa posibilidad, como explotarla al máximo.


Cuidado con la gente con la que vayamos en un coche, es posible que no le guste demasiado tu recopilación de rumbakalao.



Cuando sip lo podremos hacer:

Grado de confianza cinco, es decir, te pueden ver en calzoncillos sin que te sientas incómodo por no saber donde meter las manos al no tener bolsillos. Es un grado de confianza estándar, aunque no en ningún caso es estricto, cada uno que vea cual es el suyo, como la RAE, garajeland no impone, sólo limpia y no sé qué más. No obstante, incluso dado este punto, siempre habrá que pedir permiso, cosa de esas incómodas normas de mantener la educación.

Inventándose cosas. Seguramente este punto dependa mucho de la credibilidad del conductor y su capacidad para soltar el complemento que suele llevar en las manos, el volante, para atizarte un par de sopapos. En cualquier caso, insinuar sin atisbo de duda que “hoy sería el cumpleaños de Gene Vincent” puede darnos una oportunidad de poner ese recopilatorio suyo que justo tenemos en las manos. Siempre apuesten a que nadie sabrá ese tipo de datos (generalmente).

Cuando todos, y cuando digo todos incluyo a la junta de la trócola del vehículo donde va montado, se encuentran de acuerdo contigo. Las victorias con un ejército potente dan menos satisfacción que las individuales, pero al menos son victorias.

Grado de desesperación latente o entrada en bucle de audición. No se descarte llegado el momento idóneo, el perder completamente la cordura para hacer más latente su frustración. Si no saben cómo hacerlo sería suficiente con pasar una hora en un jardín de infancia. Creo que en una ocasión, tras escuchar tres veces seguidas el segundo disco de Estopa estuve a punto de alcanzar ese estado (eso, o era una parada cardiorrespiratoria).

El conductor y usted son la misma persona (también puede ser tu gemelo de manos, pero no es lo mismo). En caso de no ser así, mire fijamente a los ojos a la otra persona y pídale el matrimonio.

Cuando no lo haremos:

El conductor tiene un nivel de mala hostia de grado cinco (no confundir con el grado cinco de confianza o las consecuencias pueden no ser las esperadas). Repetidos intentos de acercar la mano al radio casete pueden hacer que el grado de mala hostia del elemento musical opresor aumente de nivel paulatinamente. No interesa nada esa opción, saquen a relucir su diplomacia suiza si es que la tienen a mano.



Muy posiblemente, ser MUY pesados tenga como consecuencia llevarnos puestos los dos alerones, uno en cada oreja


Sumado un conductor con mala hostia de grado tres y acompañado de una novia de grado dos, puede parecer poco, pero, ¿han visto como muere Paulie Gatto o Carlo Rizzi en El Padrino? Yo que ustedes no me fiaría del que vaya tras su asiento. Desde este punto ir añadiendo elementos en contra, sean del grado que sean nos pone en una difícil situación, sólo salvables con la patraña oportuna o la típica falacia.

Si el dueño es de un intelecto superior hay que abstenerse, sería imposible competir con Sanchez Dragó, Pedro Ruíz o algún tertuliano acostumbrado a los micrófonos. Si además creen innecesaria la música que se salga de las directrices de un cantautor hay que ir asumiendo que iremos escuchando a Jarcha el resto del trayecto.

Cuando hemos sido nosotros los que hemos elegido el disco, es raro conseguirlo, pero hay que demostrar cierta fortaleza ante las adversidades, y un número ilimitado de ocupantes que no quiere escuchar un especial de melenudos psicodélicos no deben hacernos cambiar de opinión, ni disculparnos, recuerden la rabia que eso le da a Homer.

Nota importante: Pese a lo que pueda parecer, acepto normalmente lo que me ponen, si bien haber explicado eso no hubiera llevado más de cinco minutos y no nos hubiera leído ni nuestras respectivas abuelas.


PD: Os dejamos con Ridin´ In My Car de NRBQ. Con canciones así de maravillosas nadie osará ponerse en tu contra y existirá el completo acuerdo y satisfacción.


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martes, 1 de febrero de 2011

7´´, 45 r.p.m. y un pequeño trozo plástico: Johnny Thunders & The Chesterfield Kings


Critic´s Choice / I'd Rather Be With The Boys / London Boys


Retomamos esta mini sección, la cual no es mini porque dejamos de lado el divagar durante largo rato como si fuéramos Jesús Hermida, sino que es mini por el tamaño de los discos aquí comentados, generalmente singles y EPs, o para que nos entiendan nuestros más jóvenes lectores: unos emepetrés muy caros, almacenados en figuras circulares de tamaño similar, que se introducen en un cartón con fotos (a veces hechas con cámara analógica, el diablo debe estar detrás). Alguno pensará que esa es la descripción de una caja de galletas, pues sí, parecido.



En este caso, el artefacto sónico pertenece a la alianza entre Juanito Truenos y los Chesterfield Kings. No todas las cosas divertidas acaban en erveza o aberna. Se trata por tanto de la unión entre un Thunders que no fue imputado en la Operación Galgo porque él inventó el dopaje, junto a Greg Prevorst y los suyos, o lo que es lo mismo, el señor que se pinta como una puerta, utiliza una laca para el pelo con idéntica composición química que No Más Clavos y junto a Andy Babiuk forman el grupo más melómano de los últimos treinta años.

La cara A esconde una canción de Thunders, “Critic´s Choice”, repleta de remedios terapéuticos y muy en la onda de las canciones del padrino punk. En la cara B, dos canciones con sonido de dudosa procedencia: “I'd Much Rather Be With The Boys”, que aunque se cite como de Jagger-Richards, es realmente una colaboración del último junto al manager Andrew Oldham (curioso dato), y “London Boys”, nuevamente del bueno de Thunders. Editado por el muy apropiado sello Junkie Records y en color amarillo para que el artefacto salga aún más caro, y poca más información puedo darles, que yo sepa aun no domino el japonés, algo realmente asombroso si se tiene en cuenta mi afición a hablar mal todos los idiomas que conozco.



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viernes, 28 de enero de 2011

El enlace entre los camperos clásicos y los más modernillos: The Long Ryders


The Long Ryders - Native Songs (1984)


Cuando hace unos meses realizamos ese especial sobre los sonidos de la Americana y que nosotros en nuestro afán de cambiar el nombre a esa etiqueta llamamos Country Indie Modernillo estuvimos citando las influencia de todos aquellos grupos en los muy obvios Byrds, Gram Parsons y derivados, o en Hank Williams yendo un poco más lejos, sin ni siquiera encontrar un punto de enlace entre los inicios de mezclar las churras con merinas (perdón, quise decir el Country con el Pop) de finales de los sesenta y el auge de estas tonadas que inició el No Depression de los Uncle Tupelo. Sí, nuestra vista es obtusa en ese sentido, ¿Qué quieren, si llevamos siempre puestas las gafas para borrachos que compramos en los jardines Duff? Este eslabón perdido, y no me entiendan mal, nada tiene que ver con el caminar erguido, lo teníamos delante de nuestros propios ojos y no tuvimos la decencia de citarlos: eran los Long Ryders. Fantástica banda Californiana de la que desgranaremos incorrectamente sus maternas canciones de debut.


Los Long Ryders con la clásica (a la par que elegante) decoración de neumáticos antes de que se pusiera de moda Quién Vive Ahí



Principalmente y particularmente, para contar la historia de los Long Ryders hay que hablar de Sid Griffin, procedente de una ciudad en medio de la nada como Louisville en Kentucky, su primer disco es un regalo familiar: el Sweetheart Of The Rodeo de los Byrds, por el mero hecho de que en la portada no aparece ningún melenudo (menos mal que no vieron las gafas de Roger McGuinn o nos hubiéramos quedado sin Long Ryders a este punto de la historia y yo hubiera tenido que publicar mis fotos de la comunión para despistar). Afortunadamente, de personalidad inconformista y aun un ternerón, el bueno de Griffin ya domina clásicos instrumentos como la mandolina y el steel guitar y decide en el ocaso de los setenta dejar a un lado la rutina de Louisville para emprender un largo viaje hacia Los Angeles (hay quien no descarta que incluso paró por La Roda a comprar Miguelitos) en busca de un nuevo sonido del que ha leído sus propiedades pero del que aun no ha conseguido llevar nada a sus oídos: el Punk.


No me digan que Sid Griffin con esa cara y la pose de "como quien no quiere la cosa venimos del huerto" no tiene pinta de achuchable



Durante este periodo se forja en el ambiente de nuevas bandas que pueblan la ciudad hasta que se harta de tocar versiones y decide montar un nuevo grupo. Es ahí cuando entra en escena el otro capo de la formación: el gran Stephen McCarthy, un pájaro muy singular que en pleno auge punk vino a decir a sus compañeros lo de “sí, sí, lo del punk y todos esos guitarristas están muy bien, pero a mí lo que me gusta es el Country y las películas del Oeste que emiten en la sobremesa”. Obviamente fue contratado al instante, y acertaron. Tras unas cuantas salidas y entradas completan la formación del grupo junto a Greg Sowders a las baquetas y Tom Stevens al bajo. Cuatro músicos que se desenvuelven de rechupete con cualquier instrumento que les eches al hombro (siempre maldigo a este tipo de gente por pura envidia de la que no es sana).

Tras un EP de debut llegan a la grabación de este Native Songs con la clarísima intención de dar rienda suelta a todas las obsesiones musicales que les han conquistado desde pequeños. Para empezar, la producción corre a cargo de Henry Lewy, en otros tiempos productor de los primeros álbumes de Flying Burrito Brothers. La segunda de ellas la cumplen sobradamente con la participación de Gene Clark añadiendo voces en “Ivory Tower”. La tercera la encontramos en el sonido de todas sus canciones, con homenajes perpetuos a los ya citados Burrito Brothers, a los Byrds, al cancionero pop inglés de los cuatro de Liverpool (y espero que no haya un equipo de Curling por allí que se llamen así o me verán chillar de forma lamentable), al Rock And Roll del de toda la vida, y sin ningún género de duda (porque ellos lo dicen) al genial músico y empinador de botella Gram Parsons.



Long Ryders junto a Gene Clark y los visillos con faldones. Yo al menos nunca vi una foto donde se repitan esos mismos elementos



Es muy posible que en este punto de la situación, todos estéis aburridos de los mismos nombres de siempre… ¡pues escuchen las canciones de este disco! Porque mientras algunos nos planteamos si la telilla de la sopa de tomate hay que comérsela, el tándem Griffin-McCarthy realizan unas canciones como “Still Get By”, “Too Close To The Light”, “Ivory Tower” o clásico sonido yanqui de “Never Got To Meet The Mom” que saciarán de sobra a los que se quedaron con apetito tras escuchar a los nuevos camperos modernillos o a los que quieran recuperar viejos sonidos con Rickenbacker, steel guitar y zarzaparrilla de la buena de por medio.

Que el final del grupo fuera tras cuatro estupendos discos y cayendo en el olvido de la ignorancia que actualmente se intenta que nos invada tampoco es una novedad. Una pena que gente tan interesante como Sid Griffin (un tipejo tan fascinante que ya has escrito varias biografías entre las que se encuentra la de ¿Quién si no? Gram Parsons) o S. McCarthy (que incluso tocó una época con los Jayhawks) no se les tenga en el mínimo reconocimiento que deberían tener. Ahora que Jeff Tweedy parece que ha terminado de acuchillar el parqué de su casa y puede ahorrar algunos dólares debería pensar en pagar algún pequeño tributo a estos tipos. Pero claro, para eso igual hace falta una gala presentada por Norma Duval.

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domingo, 23 de enero de 2011

Se fue el 2010 y nosotros criticamos a nuestros lectores

Como muchos sabrán a día 23 de Enero, el 2010 se acabó, y aunque el telediario de Antena 3 va a seguir dando noticias sobre el hombre más viejo del mundo o sobre la mujer más alta del Noroeste, algunas cosas han cambiado, y es que garajeland empieza década criticando a sus hasta ahora respetados lectores. Hubo quien dejó sus preferencias sobre sus discos más escuchados del año recién finalizado, y prometimos realizar una crítica exhaustiva de los mismos incluso sin haberlos escuchados; porque nosotros las promesas las cumplimos tarde, muy tarde, o casi nunca, pero las cumplimos.

Para que todos nuestros análisis quedaran fetén, esta vez nos hemos dividido el trabajo en un despliegue de facultades nunca visto desde las películas de Schwarzenegger con Dani De Vito (lo cual no significa que los dueños de este bloc tengan algún tipo de parecido físico con alguno), demostrando a los matemáticos del mundo que negativo por negativo no siempre es positivo. A los hechos me remito:


El señor Troy McClure descubre que en el planeta donde se encuentra los pañales no son desechables.



- Respuestas del señor numérico

* Vinti eligió Tomorrow The Green Grass de los Jayhawks (versión reeditada en 2010 para poder entrar en esta lista). Disco lleno de matices camperos y dulce pop, que he hecho madurar a Vinti la idea de ser la futura presentadora de El Escarabajo Verde y a fabricar su propio mantillo para plantas, con la palabra propio en el más sentido estricto significado.

Su elección se basa en un excelente disco (que vamos a decir si es uno de los favoritos de los que escriben estas líneas), tanto que puede cambiar la relación de un ciudadano de a pie con el campo (Verléin siempre quiso asfaltar Doñana y a mí siempre me parecieron demasiado altos los pirineos). Si algún día de estos se cruzan con un coche por la calle y éste va tarareando “Blue” no duden en parar a saludar, lo conduce Vinti.

* Johnny Lebrel se ha pronunciado a favor de Innerspeaker de los Tame Impala. Todo un personaje psicodélico de corazón utiliza micolor para lavar su ropa blanca y perejil para decorar sus platos. Su recién descubierto amor por estos estelares psicodélicos no tiene parangón. Si ven vídeos con canciones como Lucidity (grabado desde un globo de Winnie The Pooh con una cámara atada al hilo) entenderán el porqué de la elección, y si escuchan atentamente el disco corren el riesgo de que esas estupendas canciones le hagan rescatar la cinta para el pelo de John McEnroe, los pantalones de campana con restos de lejía y hacer flecos en su ropa con las tijeras que regala Gallina Blanca. La clásica estampa, vamos. Eso, o caen al mundo de la drogadicción más salvaje: el Inistón con anís.

* Tomás Verléin se decanta por un grupo que se llama cuchara (Spoon) y su álbum Gimme Fiction (comprado en 2010 para poder entrar en la lista), cuya traducción viene siendo algo así como lo que le piden las chicas a Hugh Hefner para que se quite el albornoz. Para los que no conozcan a Spoon, se trata de un grupo de jovenzuelos, modernos, de grandes canciones y que nunca se resienten de la rodilla cuando llueve. Pildorazos como Sister Jack no defraudarían ni al mismísimo Jeff 'Migrañas' Tweedy.

Hagan caso al bueno de Verlein siempre que puedan (no hay porque ser demasiado exigentes en ese punto), yo lo hice y ahora soy mejor persona: tengo este disco en mi carpeta emepetrística y la sana costumbre de devorar episodios de El Ala Oeste de la Casa Blanca hasta lo insano. Desde luego es un personaje tan convincente como el bipartidismo instaurado por Kodos y Kang en tiempos de antaño.

* Don Funkefra ha confesado que lo que más ha escuchado este año es el recopilatorio de un novedoso grupo: Los Clash. Digna elección la del disco que recopila las mejores canciones de Strummer y compañía. Todo normal hasta ahí, pero si tenemos en cuenta que Funkefra tiene como don la omnipresencia en todos los saraos Funkis que se celebran por tierras castellanas, sea el día, o la hora que sea habría que empezar a sospechar de la catadura moral de este señor. Y es que alguien que desayuna en un concierto de los Sweet Vandals o se hace pasar en el Banco Hispano Americano por uno de los Osaka Monaurri para poder acceder a todo el Soul descatalogado de Japón no nos puede engañar de esta manera.


- Respuestas del señor de los brazos


* El Señor Trufé se inclina por American Slang de The Gaslight Anthem. Entre las manías que han ido creciendo conmigo, una ha ganado más fuerza últimamente; no me refiero a mi peculiar afición por mordisquear los quicios de las puertas (soy un niño-rata, qué esperaban), sino a un particular, finisecular, inveterado y, totalmente injustificado resquemor a todo lo que huela a Bruce Springsteen. Sí, es así. Sé que merezco una horca y, por si acaso, un lago electrificado con pirañas por si la cuerda estuviera floja.

Pero es que me ocurre. Este disco fue parte de mis escuchas diarias al menos durante un mes. Suena de lujo, todo muy redondo y en su sitio, pero no deja de recordarme al bueno de Bruce, lo que provoca una pereza infinita. Algo que me ocurre con otros grupos como Hold Steady. No obstante, si ustedes buscan un grupo de rock con melodías y un sentido de la música parecido al del tito Bruce, hagan acoqui que no se arrepentirán.

P.D.: no sean duros conmigo; otro día trataremos otras fobias injustificadas, como la que une a un amigo mío con Paul McCartney. Yo, al contrario, le tengo mucha estima por su destacada labor como doble de Isabel II, la reina de Inglaterra.



* Troy McClure se despendola con Las Vegas Grind. Señor McClure, sepa usted que sus recomendaciones no caerán en saco rato. Esa recopilación de música garajera, sucia, sesentera; acompañada por fichas de 20, Robert de Niro con traje celeste y Sharon Stone enseñando pernamenta puede ser lo mejor que le ha pasado a la música venida de los estados juntitos desde su campaña “no sin mis Hi-Risers”, de la que usted es receptor como albacea de la herencia de nuestro añorado Enano.


Las Vegas Grind puede ser una de las colecciones definitivas de la música de The Trashmen, The Wailers y demás delincuentes habituales. Una serie de canciones que navegan entre el fuzz, las pianolas, la plaza del garaje con la columna en el peor sitio y los gritos. Escuchar este disco es como sudar en un concierto porque no puedes parar de moverte. Me va a encantar, algo me lo dice.




Sueño (y a la vez pesadilla) de nuestro admirado Savuá Trufé.



* El nuevo de los tipos de 'Girls', un EP reciente es la elección de un Anónimo lector. Querídismo anónimo, muchas gracias por la visita y por su comentario, pero usted se piensa que este bloc es una amalgama de conocimiento que rivaliza con el líder que lo sabe y lo ve todo. Lamento sacarle de su error: no tenemos ni idea de qué disco nos está hablando, pero hemos pedido a David Bowie que nos eche una mano. Ahora nos encontramos en un laberinto y nos hemos transformado en una niña que cuando pase a mujer será una chica muy a tener muy en cuenta. Mientras damos vueltas por aquí haremos acto de constricción y de crítica estándar: “Girls es el EP que tienes que escuchar. Afiladas guitarras que se unen brillantemente a unas melodías que beben de las mejores fuentes del Power Pop. Uno de los hallazgos de 2010. 4 estrellas pezonales”.


* El señor que suma 100 o 110 según el orden de los sumandos eligió el ya comentado Pictures de los Len Price 3. Y llegamos al único disco del que puedo decir tonterías tras haberlo escuchado ampliamente. Es decir, igual que con el resto pero con el vinilo en casa.

Como ya he empleado mucho texto en hacer mis no-críticas, voy a intentar resumirme a mí mismo con el disco de los Len Price 3:

Lo peor: la foto de ellos dentro de la cámara: Todos parecen salir de las instantáneas promocionales de Pajares después de pasar por el quirófano

Lo mejor: todo, hasta el cartón del vinilo. Fabulosas píldoras del mejor power pop.

Dicho esto, agradecimientos varios a mi compañero por descubrirme a este grupo. Este hecho, junto con la vez que me trajo una Hobby Consolas para enseñarme algún juego de la Neo-Geo (con el que seguramente se me salieron los ojos de las cuencas) me hace quererle, de un modo heterosexual, pero quererle.




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