sábado, 20 de junio de 2009

Verdades como puños, mentiras como pianos (IX)

1. ¿Es cierto que Iggy Pop y Brian Wilson coincidieron una vez en género y número y además, trataron de grabar una canción?

Nuestro veredicto: Bueno, tranquilicemos a la familia: "Mamá, sí, estoy en el talego, pero estoy bien, aquí me dan tres veces de comer y son todos muy amables, de hecho en las duchas no dejan de prestarme sus pastillas de jabón, aunque luego me hacen gestos que no entiendo bien. Aunque lo que termina de ponerme nervioso es que las toallas que utilizamos ni son portuguesas ni tienen tacto de suavizante". Por cierto, al resto de mi familia les dedico toda clase de improperios, ya que a la pregunta del fiscal: "hay alguien que no mataría al acusado", todos levantaron la mano con sorprendente naturalidad.

Ahora, al lío. Como saben todos ustedes, nos encontramos inmersos en la nave del garaje en busca de las más grandes falacias del mundo musical (les permitimos taparse la nariz para imitar el peculiar acento nasal del narrador de las aventuras del comandante Custeau), así que en un acto de desfachatez sin igual, hemos empleado el conocido y sabio truco de 'sacarnos de la manga' esta anécdota para seguir ilustrando la vida, obra y milagros de nuestro protagonista semanal, el gran Iggy Pop. Mi compañero ya ha probado todo tipo de aparatos para intentar hacerse con la tableta de lavar que Iggy tiene por abdominales, tras pasar por el Jes Extender tampoco lo ha conseguido, pero no sé, yo le noto más seguro, más lozano, con más capacidad de ponerse un niki amarillo y tener a una actriz rubia muy natural como mujer...


iggy pop brian wilson alice cooperBastantes problemas he tenido para meterlos en la misma frase como para pensar que alguna vez coincidieron en el mismo código postal



Como todos los que hayan pasado por la catequesis sabrán, además de comprobar que las mañanas de sábados se pueden emplear para muchas cosas, por ejemplo para aprenderte canciones religiosas cuyas letras olvidas según pones un pie en la calle y que el resto del año sustituyes por lo que te viene en gana. Lo sé, iré al infierno. También te sirve para aprender que el número tres tiene cierta importancia en la relligión católica; por ejemplo la santísima trinidad o los tres milagros que se han de dar para que un santo/a sea elevado a los altares.


Si consideramos que el santo es Iggy Pop (y es mucho considerar), tendríamos que buscar tres milagros: el primero podría ser fácilmente que Iggy coincidiera en los 70 en una fiesta con gente como Alice Cooper, David Crosby o Graham Nash. Fiesta de la que era anfitrión Brian Wilson. Digamos que es milagroso que tanta gente musical (y tan diversa y pintiparada) coincidieran en la mansión de Brian. El segundo milagro bien podría ser que a alguno de ellos se le ocurriera sacar una guitarrita o ponerse al piano para grabar algo juntos. Sucedió, según se dice, no se sabe de quién fue la idea, pero sucedió. Sólo nos faltaría el tercer milagro: que esta rareza estuviera registrada en algún lado, aunque fuera en una cinta VHS de 240 con un partido del Mundial 78 a medio borrar. Pero no tenemos constancia de su existencia, aunque pueden preguntar en la isla donde Jesús Gil y Jimi Hendrix juegan al tute, allí todo es posible.



Aquí, un pedacito de Iggy en acústico. En Barcelona y haciendo versiones suaves...


Porcentaje de certeza
: tipo "por un lado sí, pero por otro no". Por un lado, sabemos que las fiestas de los músicos en los 70 eran puras bacanales donde todo era posible, desde los enanos con bandejas de cocaína de las fiestas de Queen, hasta Lemmy de Motorhead amaneciendo en una playa y comiendo una lata de judías con un peine. Por eso, casi nos creemos este rumor. Por otro lado, Brian Wilson no recuerda nada de esto, pero es algo normal en uno de los músicos con más talento del siglo XX, pero también de vida más disoluta. En los años 70, el bueno de Brian ya comenzaba a tener cada vez menos contacto con la realidad y tener discursos con voces interiores, algo así como como cuando Eduardo Punset se dobla a sí mismo en Redes. Tanto fue así que la supuesta sesión con Iggy acabó con la iguana abandonando toda posibilidad de hacer algo potable (tras tres horas esperando a que Brian no cambiara de melodía al piano cada diez segundos) y soltando una frase tan gloriosa como "esto es demasiado extraño, incluso para mí".


Nada más amigos, con esto terminamos nuestra semana dedicada a Iggy Pop. Se despide su amigo Tomás desde su celda, aunque creo que no dudaré mucho aquí, ya que un tal Red me ha conseguido un martillo de gemas, así que he pensado en hacer un túnel con él y taparlo todo con un póster de Scarlett Johansson. Es una idea familiar, seguro que la vi en alguna teletienda. Eso sí, antes de irme dejaré en la pared una firma que espera que se expanda como un rumor en un colegio americano: "Que vuelva su enanísima".


Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein.
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martes, 16 de junio de 2009

7´´, 45 r.p.m. y un pequeño trozo plástico: Iggy Pop


The Passenger / Shake Appeal (1989????)


Casi terminamos pero continuamos con nuestro periplo del señor Pop. Llevamos una semana tan involucrados con este tío que Tomás a decidido bajar a la calle con unos pantalones ceñidos y sin camiseta, obviamente ha sido detenido por escándalo público y ya se encuentra en el talego, donde le han dejado un lápiz con mina sin plomo de 95 octanos para que entre ducha y ducha pueda escribir su próximo artículo. Un servidor ha optado por la vía del culto al cuerpo, tras el fallido intento con la bicicleta estática Spinning (donde comprobé de primera mano que incluso el portabidón es muy parecido al del resto de velocípedos) lo intenté con la tabla de abdominales, mala idea al comparar luego mi tripa con la del señor Osterberg.



Nótese que no hablo mucho del single a propósito. Su información es escasa, ni tan siquiera es seguro su año de publicación (calendario gregoriano, ayúdame), salvo que es una rara avis con una portada muy curiosa en la que Iggy es el protagonista de la revista Time, donde cuenta en exclusiva su verdadero romance con Marilyn o aporta sugestivas declaraciones como “No soy un santo”. La grabación en cuestión tiene dos canciones en directo, The Passenger y la comentada en el último post sobre Raw Power, Shake Appeal; seguramente grabadas en alguna sala de conciertos entre Europa, Estados Unidos, Canadá, Asia o zonas puntuales de Oceanía. El sonido es absolutamente nefasto pero tanto el nombre del sello, Erection, como su explícito logo bien mereció su compra.

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Os dejamos con una de las más famosas actuaciones de la Iguana, si hacen lo mismo que él delante del espejo se sentirán mejor que Demi Moore en Estriptis.


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domingo, 7 de junio de 2009

Ráfagas de ametralladora de parte de la iguana


Iggy Pop and The Stooges - Raw Power (1973)



En este mundo incierto donde, a la mínima, nos dan la vuelta al mapa (como bien sabe CJ Gregg, la mejor secretaria de prensa ficticia de los EE.UU.), resulta reconfortante comprobar que ciertas cosas que permanecen inmutables, así al hecho de que Florentino Pérez no ha cambiado ni un ápice en 9 años (parece mentira que siga con aquello de "los mejores jugadores del mundo"), hay que añadir que los infantes en edad escolar siguen haciendo trabajos en grupo para la institución encargada de su educación (y no me refiero a la tele). Por si no han tenido la suerte de disfrutar de esta actividad, les pongo las tres posibles resoluciones ante el trabajo en comandita:

1) El trabajo se realiza codo con codo, todo el mundo aporta y tal acto de concordia provoca que el plomo se transforme en oro a instancia de parte (yo este caso no lo he vivido).

2) Que uno del grupo se encargue de hacer el trabajo, mientras el resto se da cuenta de que pueden escaquearse sin problemas dejando el marrón al primer lebrel aduciendo extrañísimas excusas (como visitas de inspectores del gas, luz y teléfono el mismo día).


Iggy Pop and the stoogesTodos los presentes en la foto fueron candidatos a aparecer en una tertulia de María Teresa Campos, las razones de que no ocurriera se desconocen de momento.




3) Que haya dos mentes pensantes, cada una con una idea poderosa de cómo llevar a buen puerto el trabajo y que ninguna ceda ni un ápice, llegando a crear un ambiente de distensión que ni en los mejores momentos de la guerra fría. Lo más normal en ese caso es que cada uno presente su trabajo y ambos coexistan en el universo sin alterar el continuo espacio-tiempo. O quizás no ocurre así, pero a mí me viene de perlas para hacer la introducción del disco (apuesten por eso).

Y es que hablamos de Raw Power, el disco cuya mezcla suscita tertulias en los foros de medio mundo. Por resumir, existen dos versiones de la mezcla: una más rasposa hecha por James Newell Osterberg, Jr. y, otra, algo más suave realizada por David Robert Jones, conocidos por todos como Iggy Pop y David Bowie. Juntos y revueltos grabaron el que supuso último disco de los Stooges hasta ese momento, grupo que podía volverte los párpados del revés mediante descargas adrenalíticas de rock puntiagudo, protopunk o como les guste llamarlo.

La carrera de Iggy Pop and The Stooges no había sido un camino de rosas hasta ese momento: adelantados a su tiempo, tuvieron que esperar para ser realmente considerados como los padres del punk, eso no les reportó beneficio alguno, pero tampoco es que a Iggy le importara mucho, que ya llevaba unos añitos demostrando que sólo él y unos pocos elegidos (incluyan en esa lista a José Luis Rodríguez -El Puma-) podían derrochar tal magma de fuerza en el escenario, dejando el 'darlo todo en el campo' de los futbolistas en una vacua promesa de portarse bien cuando tienes cuatro años. En esto, los fracasos comerciales de los dos anteriores discos habían condenado al grupo al ostracismo, si no llega ser por al agencia de managers que llevaba la carrera de Bowie y que contrató a Pop. Años antes de que estos dos compartieran gustos, aficiones y, hasta puede que edredón nórdico, el destino les unía. Iggy no sabía en esos momentos que David iba a estar al frente de la mesa de mezclas, pero por si acaso ya estaba acostumbrado a los productores raritos (el primer y homónimo disco de los Stooges estuvo producido por John Cale; ya saben el genio de la viola, los jerséis de cuello vuelto y la famosa actitud a la que da nombre).


Iggy Pop and the stoogesFoto patrocinada por la federación española de quiroprácticos


Instalados en Londres y con los Stooges reforzados con la guitarra de James Williamson y la vuelta al bajo (antes fue guitarrista) del recientemente fallecido Ron Asheton, el grupo comenzó a ensayar y grabar lo que Iggy quería que fuera el disco más ruidoso de la historia, con guitarras como motosierras oxidadas y baterías que reflejasen la rabia acumulada. Lógicamente la cosa no podía llamarse de otra manera que Raw Power (poder crudo).

Como ya sabemos, la masterización del álbum tuvo su miga. La agencia de Pop puso el dinero para que Iggy hiciera su disco, pero la primera mezcla del propio Iggy (con los instrumentos en un canal aullando a todo trapo y en otro las voces) no convenció a los mandamases quienes confiaron en Bowie. Éste, suavizó las cosas, dejando los niveles de ruido en algo más aceptable para el público. Lo que irritó sobremanera a la iguana, quien intentó por todos los medios que se conservara su mezcla y que no pudo desquitarse hasta que la Columbia no le pidió que retomara su mezcla para la reedición del disco en CD. Lo curioso del caso es que en 2006, la misma Columbia, sacó una edición en vinilo de 180 gramos que sí conservaba la mezcla de Bowie y que, por arte de birle y birloque, también coincidía en el mercado con una versión pirata de la mezcla de Iggy (llamada Rough Power), sacada a la luz por incondicionales de la iguana y en cuya contraportada existe un sello que explica que nos encontramos ante algo libre de las manos de Bowie.

Después de este galimatías, podemos ir a lo importante: cómo suena. Decir que pocos discos comienzan de una manera tan apabullante como éste, con 'Search and Destroy', poderoso lamento de socorro que deja bien claro que el álbum no te llega, se abalanza sobre ti. No hay riff inicial, ninguna casilla de salida, sólo un ritmo trepidante que bien podría ser un símil de un rotor de helicóptero, fraseos de guitarra que funcionan como ametralladoras y la voz de Iggy, ansioso y urgente narrador de una guerra en primera persona ( 'I'm a street walking cheetah With a heart full of napalm'). Por supuesto, no creo que haga falta comentar que nos referimos a la guerra de los Rose. Es una canción tan tremenda que está permitido volverse un tarado y moverse hasta convertirse en el señor Mcmazo, el del brazo donde la pierna y la pierna donde el brazo. Música del averno tocada por los cuatro jinetes del apocalipsis y, lo peor: nos encanta.


Iggy Pop and the stoogesContraportada del Rough Power, con el sello de la sagrada y mística sociedad de los no-Bowies.


Todo parece relajarse un poco con 'Gimmie Danger'. Lo que empieza con un tono sombrío, parecido a unos Doors más puestos en ácido que nunca, termina con un solo de Williamson acompañado por la voz de Iggy a modo de mantra. Es una pausa antes del desenfreno de salvajadas como 'Your Pretty Face is Going To Hell' y su bajo tocado a martillazos. En todas las canciones hay la sensación de que algo va a explotar, no se sabe si serás tú o lo que te rodea. Sensación que se repite en 'Penetration', gracias a su riff de guitarra, unas débiles notas de Fender Rhodes (o un xilófono) y unos coros fantasmales como ornamento. Aquí, Iggy alcanza cotas de depravación a las que sólo puedo acercarme yo con una tableta de chocolate negro en la soledad de mi casa. Hay de todo: jadeos, gorgoritos, suspiros, todo con la voz de lija del señor Pop, que se convierte un maníaco sexual sin mencionar la palabra sexo ni una sola vez.

La siguiente carga de mortero es 'Raw power', o la visión del rock de los 50 de Iggy, una ráfaga de poder que suena estruendosa y que justifica una visita al otorrino: nunca utilizar trompetilla fue tan satisfactorio. Volvemos a bajar el volumen adrenalítico con la canción que podría servir de presentación a Sick Boy; 'I need somebody'; elegante y sinuosa, es capaz de mostrar el crooner fibroso que Iggy siempre fue. Si después de escuchar esto empiezas a establecer verdades absolutas sobre películas de James Bond, no desesperen, es el efecto Sick Boy.



El disco termina como empezó: tenso y visceral, un chute de zolopino a través de nuestras orejas llamado 'Shake appel': que entre alaridos de Iggy y guitarras ensordecedoras nos da muestras de su calidad como letrista y sus superioridad casi inigualable como intérprete. Después sólo resta 'Death trip', que incide en todos los detalles antes mencionados, pecando quizás de algo repetitiva.

Esta bestia parda de 8 canciones obtuvo poco reconocimiento en 1973, lo que fue del todo injusto Si dijéramos tres características que tendría que tener un disco perfecto, Raw Power las cumpliría de sobra y añade otras más de propina. Mucho se ha hablado de la masterización (sobre cuál es la más fiel o adecuada). En Garajeland creemos que cualquiera de las dos te va a hacer pasar un buen rato. La diferencia está en cómo prefieras tomarte el Don solomillón: si con albóndigas de beber o sin ellas.


Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verléin


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martes, 2 de junio de 2009

Cortinilla de Estrellas: Mark Renton y Lust For Life de Iggy Pop

Tommy: "¡Inútil hijo de perra!... ¡Así me llamó la tía! O yo, o Iggy Pop, tú decides."

Mark Renton es, digamos, un pequeño aficionado a la heroína y a los pequeños placeres de un recetario de la Seguridad Social. Spud es un gran aficionado a ciertas vitaminas que auguran un fluido lenguaje vocal pero no corporal. Sick Boy podría hablar largo y tendido sobre Sean Connery, y es capaz de relacionar a éste con la carrera en solitario de Lou Reed (simplemente caca). Ambos tres se ponen en forma mientras corren al ritmo de Lust For Life perseguidos por estirados vigilantes de seguridad del Simago de Edimburgo. Del otro lado está Tommy, el verdadero fan de ese icono oxigenado llamado Iggy Pop, un supuesto chico sano cuyo principal lema nunca sería la lujuriosa vida del genio de Detroit. También está Begbie, pero es un puto psicópata.

Momento cumbre de una conversación que todo hombre debería tener: Hablar de fútbol


El destino hizo en Trainspotting que Tommy, un chico sanote, alma de un equipo de fútbol repleto de leñeros y un portero tan tarado como Paco Buyo; un chico sencillo, rubiales y bondadoso cuya mayor afición es simplemente la de zumbar con su novia se convierta en el principal fan de un personaje como Iggy, que se mutilaba en los conciertos, se bebió hasta el agua de los floreros y que seguramente su paso por Escocia fue para saludar a algún amigo esquivajabones, mortal enemigo para la gente de Edimburgo, que vivían a principios de los años ochenta la mayor plaga de Sida de toda Europa.

Sick Boy analizando la carrera en solitario de Lou Reed y Frankie Begbie tiene gusa

Por su parte Renton decide buscar refugio en Londres a salvo (o no) de la presencia de un tipo de los que no se calientan fácilmente como es Frankie Begbie. Muy conocido (puesto que ya hablamos aquí de él) es el retiro espiritual y voluntario de Iggy en Berlín, desenganchándose de toda sustancia química que pudiera tener una botella de Micolor. Allí se ocupó junto a Bowie (en proceso además de recuperar algo de tono en su epidermis) de ir a comprar juntos a la farmacia y de grabar el debut en solitario de la Iguana. Un álbum que esconde joyas como la socarrona “Fall In Love With Me”, ese viaje que nos pone más que viajar en un avión junto a Melendi, “The Passenger”; la pegajosa y pegadiza cual clorometiazol “Tonight” o ese toque pop disfrazado de chulería e ironía llamado “Success”. Por estas cosas por el estilo, Tommy idolatra a Iggy, hasta tal punto que una mala colocación de una cinta de video y dejar colgada a la novia por un concierto en el que la entrada ya estaba pagada le deja más tirado que los votantes de Eurovisión a Soraya. Caído en la oscura depresión, con la inestimable ayuda de Rents, Tommy terminaría su andadura por toxoplasmosis, enganchado a todo lo que se pudieron quitar Bowie e Iggy en las sesiones de grabación Berlinesas y con un triste final para la única persona sincera de toda la película.

¿De verdad nadie ha tenido un amigo con un poster de Raw Power y una pelota de plástico para jugar en su casa?

Aunque Diane y algún joven más piense que Iggy Pop está muerto, no lo está, seguramente es un auténtico milagro de la naturaleza que siga vivo (o eso pensamos muchos). Publica discos de vez en cuando, aunque ya no lleguen al nivel de Lust For Life, e incluso hay gente que asegura que le vio vivo en su última gira con los Stooges. Mark Renton también sigue vivo, pasó un tiempo en Amsterdam después de darle el palo a sus supuestos colegas. Frankie Begbie ha salido de la cárcel, y corre el fundado rumor de que le tiene ganas, tendrá que andarse con ojo.

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jueves, 28 de mayo de 2009

Contacto con tacto (X): The Sweet Vandals


Sala Caracol (Madrid) - 22/05/2009



Antes de nada, avisad a nuestros queridísimos lectores (imagínenme con acento de Carmen Sevilla), de que esta crónica va a ser tan tan positiva que puede parecer que:

a) Nos han untado a base de bien con jamón ibérico, tapas al por mayor y la mayor variedad de cerveza nunca vista en las destilerías Duff (incluida la antisarro).

b) Nos han untado a base de bien con jamón ibérico, tapas al por mayor y la mayor variedad de cerveza nunca vista en las destilerías Duff (incluida la antisarro), pero como nosotros somos muy buenos no hemos aceptado nada, así que han redoblado esfuerzos en el soborno.

c) Son directamente uno de los mejores grupos en directo que se pueden ver en la actualidad.

Con esas opciones y sin levantar la ceja, les resumiremos cómo anda la cosa: A y B son más que posibles (somos chicos fáciles), C es un hecho consumado.


The Sweet VandalsLa estampita que deberían repartir en la iglesia del Funk a la salida de cada rito. ¡Qué aprenda el Reverendo Lovejoy!



Aclarada esta serie de términos volvamos a lo importante: hablamos de los Sweet Vandals, representantes de la la mejor tradición del funk, el soul y el R&B en España. Cinco músicos superdotados de talento y gusto a partes iguales capaces de seleccionar las mejores influencias de estos estilos (Funkadelic, Aretha, las pelis del Black Explotation, Curtis Mayfield), llevarlas a su terreno y poner a todo el mundo a bailar, incluidos a ceporros como el que escribe (que tras verse en el espejo mover el esqueleto se dijo: "nunca más", pero cada vez que voy a un concierto de estos muchachos de nuevo peco).


Así que, ahí estábamos de nuevo todos: los Vandals para presentar su nuevo disco, Love Lite, después de una gira por, como dirían Cab Calloway en los Blues Brothers, por Escandinava y otros continentes y el público ante una única oportunidad de ver a este grupo en una sala de buena capacidad. Esto por sí solo constituye una novedad importante, ya que normalmente para ver a los Vandals es costumbre compartir espacio personal y hasta largas cadenas de ADN con el resto de los asistentes. Como decíamos aquí, hace tiempo que el Tempo o el Junco se les habían quedado pequeños, del mismo modo que hace tiempo que dejó de ser divertido comprobar el estado de la higiene corporal del compañero de baldosa. Se agradece poder menearse a ritmo vandálico sin temer perder de vista partes de tu cuerpo engullidas en una pila de torsos.


The Sweet VandalsHe aquí el error gordo de colocación de las coristas. Pinchen y fíjense en la descompensación: señorita rubia del traje de noche con la señorita venida del Japón. Creemos fue la embajada del país nipón estudia el caso...



Abierto el telón, los cuatro Vandals que no son chica ni tienen un vozarrón de esos de dividir el mar en dos empezaron la actuación con un instrumental que ¡oh sorpresa,! es una versión del temazo de los Gaturs que mi compañero puso ayer mismo. Nos ha costado lo nuestro encontrarlo. Lucieron ese sonido compacto y brillante , pleno de groove y de dominio del tempo, que te hace pensar si no serán realmente Booker T and the Mg's camuflados en españolitos de a pie. En este caso cabe destacar que, a la habitual maestría de Santi, Yusepe y Javi (con una Ludwig color Champagne Sparkle, acabado que es pequeña debilidad de quien les habla) hay que mencionar la incorporación de otro Santi; Encargado del al órgano Hammond, último en llegar, pero con un dominio, saber estar y don de gentes con su instrumento impropio de alguien que dice haber empezado a tocar teclas blancas y negras sólo un año antes. Pueden ver que es cierto aquí (minuto 1:58) y morirse de envidia en cualquier sitio.


Tras el interludio instrumental, , Mayka subió al escenario y comenzaron a desvelar poco a poco el disco que venían a presentar. Su forma de entender la música no ha cambiado, pero han profundizado más en las raíces de sus influencias convirtiendo a Mayka en la diva del soul que es por derecho y voz, como atestiguan canciones como 'What About Love' o 'I hate to hate you', rematada con un fantástico arreglo de vientos que pudo ser recreado en directo con los mismos músicos que participaron en el álbum. Esta nueva faceta, la que incluye un tono más 'soulero', intenso, pero controlado, convierte a los Vandals en The Muscle Shoals Rhythm Section, el mejor acompañamiento musical del que nunca gozó Aretha Fraklin.


Y sin embargo, The Sweet Vandals siguen sabiendo hacer funk mejor que nadie, dos nuevos temas siguen esa senda: 'Thank For you' y 'Speak Music', ambas con unos arreglos danzarines de órgano y bajo, a la altura de ya clásicos suyos como Charlie Love. El grupo, en su segundo disco, ya ha demostrado que salta de un huso horario a otro con una facilidad inusitada. Tan pronto parece que viven en Memphis, como la siguiente vez son puro funk pegajoso de San Francisco y, en el camino parece que Carole King les ha escrito una canción, como en 'Every Woman is a Diva' (momento en el que Mayka invitó a nada menos que seis coristas para dar la réplica. 61&49 y yo tuvimos nuestra oportunidad, pero no conseguimos entrar en el traje de noche a tiempo).


The Sweet VandalsMayka o el mejor zumo de funk, soul y 'arte para regalar' a este lado del Manzanares.


Entre el nuevo disco y algunas versiones de canciones del anterior alargadas (como ocurrió con la tremenda 'Do it right') la cosa empezó a entrar en ebullición: Mayka ya bailaba por soleares, los chicos se retaban buscando el lugar adecuado para coincidir todos en misma nota. El público, mientras tanto, empezaba a levitar por lo menos. En ese momento, el concierto sólo podía ir a más y el vehículo para conseguirlo fue una incendiaria 'You're gettin it', seguido de una acelerada 'Come On Now', que coincidió más o menos cuando un cable o la junta de la trócola del ampli de Santi 'Sweetfingers' comenzó a emitir quejidos y a acoplarse. Nadie está a salvo de este tipo de mala fortuna, ni siquiera músicos tan expertos como estos, aún así lo llevaron con toda la profesionalidad posible, aunque el ruido terminó por afectarles, más aún después del acople definitivo que dejó sorda a media sala, mientras la otra media comprobaba que le había peinado a raya.


Quizás se perdió parte de la magia conseguida momentos antes, pero se consiguió remontar gracias a dos clásicos del grupo como 'I Got You Man', presentado por Mayka como "el principio de los Sweet Vandals". No cuesta mucho imaginarse cómo se compuso la canción en los primeros ensayos: una línea de Santi, un ritmo de Javi, unos acordes de Yusepe, el Hammond y luego Mayka. Algo que sólo es fácil de describir, pero que hay que verlo para entenderlo. Sea como fuere, nos congratulamos todo de que dedicaran a la música y no al curling (aunque a lo mejor se ha perdido una medalla en los JJOO de inverno, vaya usted a saber). Como colofón nos dejaron su versión de James Brown, 'Mama's got a new brand bag' con todo el mundo en el escenario: los que soplan instrumentos de viento, las coristas (esta vez organizadas por tamaño) y el inmenso talento del grupo. Brillantes y vibrantes a pesar de las circunstancias, fue la despedida triunfal de un grupo que sonar como los ángeles cualquier cosa que caiga en sus manos y que, si el mundo fuera más justo, sería lo último que escucharías antes de dormir y lo primero al levantarte.


The Sweet VandalsHale, por si no eran suficientes para jugar al Enredos (ahora Twister), se unen los tres del fondo. ¡Esto es un despiporrio!


P.D.: aunque el punto A y B quedaron descartados, si alguien quiere enviar algo a estos humildes cronistas nuestra dirección no ha cambiado: escriban a 'hombre feliz, calle Evergreen Terrace, nº742'. Aún así, que sepan que la única persona que conocemos tiene amistad con los Vandals es Efrain 'Purple Rain' y que él ya era postmoderno antes de que se pusiera de moda.




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín
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miércoles, 27 de mayo de 2009

Una leve y breve introducción al profundo Funk

The Gaturs - Cold Bear (1970)

A modo de introducción nos viene de perlas sacar a la palestra esta canción. ¿Y a que viene este secretismo indiscriminado? Simplemente miraré para otro lado sin dar más explicaciones, mientras silbo alguna melodía y miro de forma despistada hacía el techo (¡anda!, tiene gotelé).



The Gaturs fueron el combo de un señor llamado Willie Tee, de aspecto juvenil, mozalbete y moreno que lucía sombrero mientras paseaba por las calles de Nueva Orleans. Como tantos otros pensará algún animado lector. La diferencia es que Willie Tee, aposentado en su compañía sin ánimo (bueno, quizás un poco) de lucro de crudo Funk supo reciclar el mejor R&B de su ciudad y anticiparse al sonido blaxplotation que estaba a punto de salir a escena con el inconmensurable Curtis Mayfield como capitán de abordo. “Cold Bear” es un ejemplo del que es su único disco en el mercado (y ahí se quedará la cosa tras la muerte de Willie en 2007), Wasted.

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jueves, 21 de mayo de 2009

Contacto con tacto (IX): The Wave Pictures


Sala Neu! Club (Madrid) - 25/04/2009



Ya que mi compañero ha iniciado el capítulo de las confesiones les diré un par de cosas: primero que, "y la flauta", quiero decir: que yo sí duermo con pijama (mi señora madre no permite deslices en este tema) y me encanta el Transformer y segundo, que siempre que veo 'Algo pasa con Mary' pienso en quién sería el grupo que glosara mis andanzas como ocurre con el protagonista de la película. No crean que es una cuestión baladí, porque no es lo mismo que el grupo sea Sergio y Estíbaliz que los Motorhead, aunque mi mente calenturienta imagina (no sin disfrute) una versión del Ace Of Spades al ritmo del chacacha del tren.

Muchos fueron los candidatos que se quedaban a un sólo paso del premio en los euromillones (si usted está leyendo esto, es de Mallorca, y ganó 126 euros que sepa que le envidiamos -y mucho-), pero después del concierto del 25 de abril me di cuenta de que la búsqueda daba a su fin. La respuesta eran estos tres pelanas de Inglaterra, Los Wave Pictures habían ocupado ese lugar; no tengo ni idea de por qué, pero apunto que las memorables canciones, las letras a medio camino entre lo cotidiano y la ironía inglesa de toda la vida o su pinta de haber salido de la Revancha de los Novatos habrán tenido que ver. Aunque albergo fundadas sospechas de que todo tiene que ver con subir al escenario a un señor a tocar el cencerro de manera estrambótica y no arrepentirse de ello. Quienquiera que cumpla cualquiera de estos requisitos (empezando por el cencerro) tendrá un hueco en mi corazón.


The wave PicturesDavid Tattersall, haciendo su particular homenaje a Tintín con un peinado que afortunandamente sólo se suele conservar hasta la comunión.




Dicho lo cual, vayamos al concierto. La expedición garajera dividida como la Galia en cierto cómic francés tuvo que hacer frente a dos citas ineludibles, así que el que subscribe acudió a la sala Neu! de Madrid (La Galileo Galilei de toda la vida, pero con público con gafas de pasta en vez de jersey de cantautor) apoyado por las bandas por los señores de protos y dos fichajes de invierno venidos de la Argentina. Con un aforo completito (el gen flanders debe salir a la luz), incluidas las mesitas de tomar el té y el palco de autoridades -verídico, es lo que tienen las salas bohemias-, el telonero Sj Esau (rápidamente bautizado como DJ Peluche por un miembro de la expedición) comenzó su actuación con una guitarra, un plato y una pedalera, a imagen y semejanza de lo que tan bien hace Jorge Hyperpotamus con su voz, pero que necesita un momento, un lugar y tener al público a favor, a lo que tampoco ayuda que en España mucha gente hable a gritos cuando alguien está tocando sus canciones. Esta bonita costumbre, junto con la de enviarte a donde Moisés perdió las babuchas cuando preguntas una dirección y queien te responde ni tiene ni la más remota diea de dónde está son dos de mis cosas favoritas de este mundo mundial.

Tras irse DJ Peluche, los Wave Pictures abarrotaron el escenario con el poco equipo que llevan: amplis pequeños, batería con lo justito... y empezaron con algunas canciones de su nuevo disco, menos conocidas para la plebe, pero que representan a la perfección el extraño sonido del grupo, tan conjuntado como peculiar (los solos de bajo se alternan con los de guitarra, las melodías saltan unas sobre otras, la métrica de las letras va a su aire, serían la pesadilla del profesor Largo de los Simpson), tan familiar como único; esa sensación que se tiene de conocer algo antes de que ocurra.


The wave PicturesSi ustedes cuentan dos bajistas, dos guitarristas, dos bateristas y dos señores tocando el cencerro acaban de pasar el psicotécnico de Garajeland


Lo que nadie se esperaba es que en directo estos muchachos cambiaran su sonido hacia uno más agresivo, más rockero, con David Tattersall atacando solos de guitarra que tenían más de Television que de lo que se les supone a una banda que navega entre Folk y el Pop en muchas ocasiones, aunque lo mejor que tienen es precisamente eso: que nunca sabes por dónde te van a salir, llegando a colocar un Reggae a hurtadillas o cambiando las canciones de su disco por versiones aceleradísimas de las mismas, lo que para algunos fue denso, para mí fue tremendo, The Wave Pictures consiguen navegar entre lo sublime (haciendo sus canciones más largas e improvisadas) sin convertirse una magdalena de pueblo a palo seco (para denso, denso, eso).


En estas, los Pictures atacaron una de sus canciones más coreables 'Strange Fruit for David', que muestra todo el talento como letrista de su líder, en una confesión surrealista de quien se ha visto rechazado una y otra vez por la protagonista de la película, pero a su vez es capaz de verse desde fuera a través de un cristal en una maniobra de egos yuxtapuestos que sólo David Lynch podría filmar. Lo que queremos decir es que si hay alguien que es capaz de escribir el siguiente estribillo: "una escultura es una escultura, una mermelada es una mermelada, pero una escultura de mermelada es una escultura, pero no es una mermelada" y salir del lance tan airoso como el tipo de Gescartera debería catalogarse como genio, del lo-fi, de la confesión del fracaso vista desde un vaso calidoscópico de Guinness y del pop a punto del desatre (que tan bien manejaba Pavement), pero un genio al fin y al cabo.


Poco a poco fueron cayendo las gemas del Instant Coffee baby, el primer Lp de estos benditos, como 'Cassius Clay' o 'Leave the Scene Behind', alargadas con fraseos de guitarra (hasta se coló un poco de Misirlou de Dick Dale), divertidos interludios donde David destacaba por su verborrea y el bajista por ser un hombre de pocas palabras (hasta cantando parecía que no abría la boca) solos de batería y la sensación de que estos muchachos esconden una maquina precisa entre su apariencia de recibir muchas collejas en el colegio. Sus canciones suben el ego más que el hecho de que, tras Cristina Tárraga, cualquiera puede salir en televisión y algunas contienen dinamita en sus estribillo: imposible resistirse a los 'la la la la la la la' de Friday Night in Loughborugh o 'Kiss me' canción que contiene una de las verdades más grandes que he oído nunca ("Ahora que me has robado mi copia de Pet Sounds, creo que has llevado todo lo que tenia que darte") y que seguramente hubiera sido aceptada por Kant como imperativo categórico (perdonen que no lo tenga muy fresco, en Selectividad me cayó Descartes). Todo con ayuda de Happy Alberto, que improvisando con ellos sonaba tan conjuntadamente como a la vista resultaba chocante (lástima no vean la foto) y, cuya presencia, dio uno de los momentos de la noche con medio público imitando su manera de tocar el cencerro (una especie de latigazo con salto final), mientras el otro medio miraba asustado. Puedo prometer y prometo que no les diré dónde me encontraba yo.


The wave PicturesEn esta foto se puede ver a los Pictures cuando pasaron un verano a lo mochilero por Europa. En la instantánea aquí cerca de Barcelona, haciendo excursionismo por el monte Tibidabo


Un bis con Happy Alberto, con la formidable 'Just Like a drummer' fue el final del concierto que sorprendió por su apuesta rockera en contraposición al carácter tranquilo del disco y por un gran sonido que no sabes si es por la banda, por la sala o por la intervención de Rappel. The Wave Pictures tienen un puñado de canciones que crecen en tu interior hasta que no puedes dejarla de lado y una sorprendente puesta en escena de tres pipiolos que son uno de los mejores power-trio de la actualidad, pero por favor: que traigan más veces al del cencerro. Estoy terriblemente enganchado a ellos, me temo.

Corolario: Un vez convencido de que los Wave Pictures podían ser los narradores en off de mi vida me acerqué muy amablemente a la banda una vez terminó el concierto y con cara de maníaco me golpeé el pecho mientras les gritaba: "sois mis hermanos, sangre de mi sangre". Las razones por las que David huyó despavorido todavía hoy me son desconocidas, caprichos de estrella emergente supongo.


Contraseña: peluquin





Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín

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martes, 19 de mayo de 2009

Básicamente Mentiras como Pianos (VIII)


¿Es cierto que quizás o a lo mejor Francis Rossi (Status Quo) utilizara un injerto peluquín?


Ante la noticia que dio la ruta blasera, no quedó más remedio que iniciar una investigación con todos los recursos de garajeland: Una lupa, una pipa sin tabaco que rellenamos de Palomitas Gol y un Investiganova (patrimonio de las navidades 1989, quinta del Buitre incluida). Los hechos rezan que Francis Rossi, guitarrista y filántropo de Status Quo, se cortó la coletilla hace unos días emulando a su gran ídolo, David Fandila “El Fandi”. Pero la verdad esclarecedora y nunca confesada es que el matojo de pelo del bueno de Francis no era suyo (ni siquiera un peluquín), sino que más bien el avance técnico en injertos cabelludos fue el que hizo años antes que el cartón de Rossi no quedara al descubierto, perdiendo seguramente su poder guitarril y apretujado pantalón rockero.

Adiós a Just For Men, a la coletillas, y con unas tijeras compradas en Caprabo. No merecía este final.

Certeza de la noticia: Fue consultada hace unos años en uno de esos endemoniados lugares y portadores de cazallescas noticias, la peluquería. La fidelidad de la noticia se reduce a las páginas de un Muy Interesante (Quo en su defecto), luego la veracidad la proporciona una revista que aseguraba que a día de hoy sólo tendrían teléfono móvil la Reina de Inglaterra, Mick Jagger y El Papa; que los ordenadores medirían dos metros y servirían de aire acondicionado o que ya no escribiríamos con un bolígrafo, sino con un implante a elegir en un miembro sobresaliente del cuerpo. Desde luego es como para creerlo todo. Dicho todo esto, aún no hemos encontrado las pruebas, pero como diría Lionel Hutz: “Señoría, contamos con un montón de rumores y conjeturas que, bueno, en parte son ciertos”.

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martes, 12 de mayo de 2009

Dormir sin pijama y Transformer de Lou Reed



Lou Reed - Transformer (1972)

Durante un tiempo todos y cada uno de mis discos estaban metidos en cajas de cartón precintadas con ese celo grotescamente ancho y seguramente decorado con los colores de alguna corporativa de mudanzas llamada con algún apellido de amplia ascendencia, del tipo Martínez y Carpio o Rodríguez Mudanzas. Mi deseo sería otro, seguramente alguna compañía llamada La Mudanzita Sociedad Limitada y una cara de Ned Flanders estampada en la cinta de embalaje, pero no era el caso. También me hubiera gustado decir que iba a estar en un hotel, donde amables doncellas me despejaban las sábanas de la cama mientras un educado caballero de acento inglés me preguntaba si esa noche prefería ver un vídeo con los mejores momentos de Menudo Es Mi Padre (que incluiría las escena de “no soy pequeño, soy recortadito”) o simplemente tomar cerveza de barril a elegir, servida por el ballet ruso al completo vestidas únicamente con pajarita. A decir mentira, esa era exactamente mi situación. Estupendo.

El próximo anuncio patrocinado por el Ministerio de Sanidad dirá: "David, Iggy y Lou también confían en la Seguridad Social"



Durante unas semanas mi compañía en un salón ligeramente vacío era una cama supletoria de aproximadamente cincuenta centímetros de ancho y medio metro de largo, y una mesa plegable con un despertador encima que amenizaba el silencio con un ruidito casi a cada segundo que pasaba. Al dar por concluidos estos solitarios días la cosa mejoró y ya tampoco podía quedarme en el salón y la cama plegable, salvo que los nuevos inquilinos quisieran que las cosas permanecieran tal como estaban. No coló, y por supuesto esa nueva gente no estuvo por la labor de mantenerme interino en la sala más grande de la casa junto a su nueva e ilusionante vida. Gracias a ese apoyo familiar tan necesitado a veces, conseguí un estupendo hueco con cama de verdad, y llevarme todas mis pertenencias solo me costó vestirme con ellas y meterlas en los bolsillos para asentarme de nuevo. Una cosa me faltaba, en la nueva habitación había un equipillo pero ni un solo disco que llevarse a los oídos a modo de bálsamo.

Tras comprobar de primera mano que la cartera no contenía demasiado dinero me atrincheré en un refugio de cedes barato con venta de lavadoras, microondas, ordenadores (conste que de esto último solo tengo manía a las lavadoras), muy conocido como centro comercial. Allí me compré una copia del Transormer de Lou Reed, mi gran alimento de consolación para aquellos días desposeídos de algo de música que no surgiera del coche de El tapicero en su Propio Domicilio, y que durante un buen tiempo dicho trozo plástico fue uno de los pocos objetos que me acompañaban a todas partes. Tampoco había mucho donde elegir.


Ojeras características de dormir poco, mal y con un pijama cuyo pantalón se retuerce cada vez que uno gira en la cama

Sobre el disco que comentar: Lou Reed pergeñó una obra clásica, enorme, a salvo de modas, espacio, tiempo y hambrunas; que todo el mundo debería escuchar alguna vez, le guste o no Lou Reed. Un tipo que ya se podría haber retirado muy a gusto de la música después de pasar por la Velvet Underground y que aún así tendría un trabajo más inabarcable que la mayoría de músicos de los últimos cincuenta años (y los que siguen). Aliado con David Bowie y (injustamente desconocido en su labor en Transformer y en la música en general) Mick Ronson. Un disco repleto de historias y detalles que dan para escribir un libro, o dos. Esto son solo unos de los muchos detalles que todo el mundo ya sabe. De lo que no estoy tan seguro (a decir verdad no apostaría por la siguiente posibilidad) es de que Lou Reed pensara que algún día, alguien que se echa a dormir en Alcorcón se plantease mientras le atacan canciones sublimes como “Andy´s Chest”, “New York Telephone Conversation” o “Perfect Day” si es su deber dormir con pijama o sin él en una casa que al fin y al cabo no es la suya.

Me explico: A veces puedo ser un poco isotérmico (invierno duermo tapado y en verano tapado hasta el cuello), pero aquel verano era caluroso y aún no tenía casa, mi ropa se reducía a algo de calle y un pantalón corto que seguramente vivió tiempos mejores. ¿Es necesario en esas circunstancias dormir en gayumbos como uno acostumbra (conste que nunca he entendido la prenda del pijama para dormir, más si ya existen edredones destinados al efecto de mantener el clima camil)? Sé que es un auténtico descalabro mental pensar en esas cosas, pero por aquellas noches era uno de los mayores entretenimientos mentales. Cada vez que leo las letras de Transformer (recomiendo para ello echar un vistazo a “Atraviesa el Fuego, todas las canciones de Lou Reed” aunque sean diez minutos sin pagar en un Fnac o similares) me asombro de la calidad de textos de “Walk On The Wild Side” o “Make Up” (“Your face when sleeping is sublime, and then you open up your eyes, then comes pancake factor number one”), pero invariablemente y pese a todo, cada vez que escucho el Transformer me viene a la mente si debería dormir con pijama o sin él. He disfrutado mucho ese disco, lo sigo haciendo y creo que Lou Reed hizo un trabajo excepcional para que mucha gente se trasladase a un ambiente lúgubre y lleno de travestis en Nueva York, pero a veces la música juega esas pasadas. Lo siento Lou.


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martes, 5 de mayo de 2009

El padrino del punk


Johnny Thunders - So Alone (1978)


Quizás muchos de ustedes no me entiendan, pero llegado todo momento en la vida uno comienza a plantearse qué personaje podría encarnar si estuviera en una cárcel de película americana. No se pregunten que si estamos locos, es evidente. El caso es que mi compañero 61&49 tiene claro que él sería un conseguidor, a imagen y semejanza de Morgan Freeman en Cadena Perpetua. Sólo que en el caso de mi numérico amigo habría que darle un vinilo de 7" para que nos consiguiera un martillo de gemas Yo, por mi parte me conformaría con ser el tío Paulie en Uno de los Nuestros, cortando el ajo para la pasta con una cuchilla de afeitar y vestido con chándal cómodo y calcetines blancos.Sin embargo, a estos dos dos personajes podíamos añadir otro más. Alguien que no sería el mejor dotado, pero sumaría a cierto talento una cantidad brutal de carisma y una capacidad para estar 'aquí y ahora' que ya quisiéramos muchos. Ese personaje; mitad leyenda, mitad maldito, un hijo perdido de Keith Richards se llamó Johnny Thunders y fue una figura fundamental y desconocida de la música, del punk y del rock.


Instantánea patrocinada por Llongueras. ¿Nunca habían oído hablar del estilo peinado pero despeinado?


John Anthony Genzale Jr, más conocido como Johnny Thunders pasó por la vida y la música como un auténtico tren descarrilado, saltando de grupo y estilo musical y yendo siempre un paso por delante de la historia (pero sin el crédito que esto merece). Empezó su andadura en 1972 con unos señores que se pintaban como puertas y que inventaron el glam americano y dejaron el terreno perfecto para la llegada del punk. El grupo al que nos referimos empezó llamándose 'Actress' para pasa rpoco después a llamarse New York Dolls. Al frente de estos seguidores de los Stones desfasados, Johnny dejó para la memoria dos álbumes: uno homónimo y el más que respetable Too Much For Nothing que pasaron inadvertidos para el público, aunque confirmaron a nuestro protagonista como alguien muy querido, sobre todo en los bares donde gastaba los pocos reales que su actividad musical le dejaba (muchos de ellos pasaron rápidamente de la categoría de 'bar de mala muerte' a 'bar de mala muerte con baños alicatados hasta el techo, con lavabo de mármol y grifería monomando'). Johnny tenía algo especial: caía bien a la gente y, pese a que su enganche con todo tipo de drogas empezaba a dejar en pañales al de Renton & Cia, fue una de las personas más importantes en el nacimiento del nuevo estilo musical que iba a consolidarse en esos años.


En 1975 abandonó las filas de las muñecas de Nueva York, pero ya les había infectado de una serie de características que les acompañarían hasta hoy a saber: mezcla de música de los 50 con la estética stoniana, canciones de tres acordes y todo el catálogo de productos de Margaret Astor en sus caras. Sin tiempo para cortinillas de estrella de tan gusto de Homer Simpson, Johnny emprendió una nueva aventura en el errático grupo Heartbreakers, que tuvo como primer bajista a Richard Hell (otro personaje de ese tiempo del que algún día hablaremos). Con los rompecorazones grabó un único disco, pero su verdadera contribución a la causa fueron unas giras por Inglaterra que inspiraron a las bandas de punk de allí tanto o más que la visita de cuatro chicos de pelo largo, con vaqueros azules y chaquetas de cuero y que respondían a un apellido común.


Premio para el que me diga la diferencia entre esta instantánea de los Dolls y la puerta de una discoteca cualquiera.


Las actuaciones de los Heartbreakers pasarán a la historia por controvertidas y extrañas. Ni el propio Johnny sabía cómo iba a salir al escenario esa noche, algunas noches era un dandy caótico capaz de entregarse al 100% y otras una versión anglosajona del tío borracho que habita en todas las bodas. Lo peor en esas situaciones es que todo el mundo sabe qué va a pasar pero nadie hace nada por evitarlo; ejemplo: La organización de los juegos olímpicos de Madrid 2016 lleva a la delegación del COI en autobús por la M-40 de Madrid y claro, pillan un atasco de los gordos. Cáspita, nadie podía esperarlo. Con Johnny era igual, se sabía lo que iba a pasar, pero se disfrutaba. De tal manera que si salía cara, lo normal es que el público destrozará la sala de felicidad y rabia ante el concierto visto, si salía cruz, pues más o menos lo mismo.

en 1978 y con todo en contra: un hábito de drogadicción de alto copete, abandono de su banda, la fama de no rebobinar las cintas del videoclub y estando a punto de superar el récord de Keith Richards de 'guitarrista de rock que más veces ha sido dado por muerto', publicó un disco tan acertado como inesperado que bebía de las fuentes más transgresoras del punk (y cimentaba unas cuantas más), pero sonaba como el Rock 'n' Roll de los 50, con toques de música surf. Un disco con corazón de crooner triste, pero envuelto en una coraza dura y rasposa, a imagen y semejanza del propio Johnny. No se puede hacer un disco de una manera más honesta.

El trabajo en solitario de este superviviente (si fuera más conocido se le incluiría como pareja de dobles de Elvis en el torneo de tenis de la isla de los no-muertos famosos. Por si tienen curiosidad se enfrentarían a Jesús Gil y Roald 'el látigo noruego' Dahl) es pura ironía. Se llamó So alone (tan solo), quizás haciendo alusión a sus demonios interiores, a su sentimiento de no-pertenencia a ninguna parte o, sin buscarle tres pies al gatopardo, porque en la portada aparece más solo que la una. Sea como fuere, lo irónico del asunto es que la nómina de colaboradores, en el disco supera al del show de la vuelta de Krusty el payaso: Phil Lynott de Thin Lizzy; Chryssie Hynde de los Pretenders; Steve Marriott de los Small Faces y Humble Pie; Glen Matlock, Paul Cook y Steve Jones de los Sex Pistols; Walter Lure de los Heatrbreakes; Billy Rath, y Peter Perrett de The Only Ones. Como para que saliera un mal disco.


No estuvimos presentes en semejante encuentro, pero seguro que la conversación fue la siguiente: "Sid, dberías revisar el borrador, que últimamente no meten todas las retenciones...".


No me pregunten que si es bueno, es tan bueno que hasta cuesta ponerle una etiqueta; por ejemplo, 'Pipeline' es puro surf, un instrumental que bebe directamente de Dick Dale. 'You Can't Put Your Arms Around a Memory' empieza suavemente con una guitarra acústica para desembocar en un estribillo tan powerpopero que nos hace dudar de lo que escuchamos. Como si fueran disfraces carnavaleros (yo me pondría el de zurullito, que ya lo tengo pensado) Johnny ensaya poses, entregando en 'Great Big Kiss' una canción en la mejor tradición del los albores del género roquero con arreglos de viento y diálogos entre él mismo y sus coristas. Después todo cambia radicalmente hasta mostrar un híbrido entre el 'White rabbit' de Jeferson Airplane y una canción de Pattie Smith. Nos referimos a 'Ask me no questions', donde su voz, como la de un gato jimoteante pero con una personalidad demoledora, pone el perjil en la canción. 'Leave me Alone' nos devuelve al año en el que grabó el disco, tan punk que podría haber sifo interpretado por los Ramones.


Ahí no acaba la cosa, como buscando desconcertar al personal, Johnny nos da 'Daddy Rollin' Stone', que suena a un buen boogie-woogie, con una armónica siempre presente, los acordes de 'Shakin' all over' dando vueltas y la participación de Phil Lynott. Asombroso, hemos pasado por cuatro etapas del rock en siete cortes del disco, pero seguimos: 'London Boys' parece un homenaje a los Sex Pistols (Johnny es más parecido a Johnny Rotten cantando que nunca), mientras que 'She' so untouchable' puede parecerse más a lo que Todd Rugrend hacía por aquel tiempo. Johnny consigue un sonido único, agridulce y complejo, pero tan variado que muchas veces parece que imita, cuando el imitado puede que fuera él, como demuestran 'Subway train' o 'Dead or Alive'; sendos trallazos que dejan pocas dudas de que un día malo de Johnny Thunders podía valer por 100 buenos de otros. Como si de una Copa Danone se tratara, So Alone reserva la nata para el final : la sentida honestidad de So Alone (los golpes de timbales y los parones casi duelen en carne propia).

¿Qué resultado tuvo este disco? Pues fue bien valorado por la crítica en su momento, pero ignorado por el público (un cuento casi tan viejo como yo mismo diciéndole a mi compañero que iba a terminar este panegírico) y Johnny siguió jugando al despiste: desenganchándose y enganchándose de la heroína, apareciendo a tocar en conciertos donde no había sido invitado, aunque le faltó presentarse en alguno de Víctor Manuel y Ana Belén y grabando un directo en Japón donde parecía limpio de polvo y paja. Ese fue su último canto del cisne, el último de un especialista en darse segundas oportunidades que dejó en el camino discos tan interesantes como éste.




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein

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domingo, 3 de mayo de 2009

7´´, 45 r.p.m. y un pequeño trozo plástico: Jon Auer


23 Below (Freezing)/Ballad of a Tolerant Destination (1999)


Desde Seattle, una zona que cubre gran parte del repertorio musical de garajeland, y gracias al sello español Houston Party pudimos hacernos con uno de los primeros singles en solitario de una de las media naranja (otra vez el recurrente Jesús Puente y los maridos al salón) de los Posies, en este caso del gordete y talentoso Jon Auer, un personaje al que tenemos cariño por su siempre buen hacer cancionero y por firmarnos amablemente este single, sólo a cambio del PVP recomendado y poner cara de bueno, que siempre es mejor que ponerla de malvado.

Al habitual goce que suelen proporcionar los discos de Stringfellow y Auer cuando son los Posies, suelen colar alguna canción más que interesante cuando deciden separarse y grabar en solitario. Este siete pulgadas presenta una buena canción del powerpopero cantante bastante enérgica llamada “23 Below (Freezing)” y un tema más tranquilo rodeado de su querida guitarra acústica llamado “Ballad of a Tolerant Destination”.

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Pincha & descongélate

Os dejamos con un video de Auer en solitario (suponemos que Stringfellow llegó tarde al concierto y no le quedó otra la bueno de Jon que tocar uno de los primeros éxitos de los Posies).


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