Volumen house-progressive: Oye, pero eso no lo conoce nadie!?
Continuamos con una nueva continuación de esta saga sin precedentes en garajeland. Si ya hablamos de lo difícil que es hacer un regalo vinílico, hoy nos enfrentamos a una metamorfosis aún mayor que la de los Power Rangers, realizamos una secuela a eso de ¿Qué música te gusta?, retomando el tortuoso camino que supone responder a tan osada cuestión. Por eso nos preguntamos que hay que hacer si una vez expuestos tus gustos te contestan: "pero eso no lo conoce nadie!" todo dicho con inconfundible cara de haberse comido un pistacho pocho. No te sorprendas ante este hecho, el periodismo y la nueva forma de interrogar a hecho mucho daño a Ana Rosa Quintana (¿o era al revés?). El caso es que sin saber muy bien porqué, a la gente le encanta mirar a través de unas poderosas gafas, que a cambio de que te vean desnudo, te observan como a un señor que viste pantalones en las orejas y chancletas de los snorkels, eso o cualquier personaje que tenga en el cerebro un diseñador japonés.
Solo un pequeño detalle diferencia a gente con mala uva del buen pacifismo
Hemos estudiado debidamente tan incómoda situación y asegurando que en ese momento llevamos pantalones para al menos meter las manos en los bolsillos, hemos intentado localizar alguna salida viable para nuestra defensa. Como somos pacifistas (Tomás, El Nota, Smokey y servidor), nos ha costado no recurrir a la violencia para tratar tan delicada situación, y para ser justos con la gente que nos quiere y nos rodea hemos subdividido en dos a los colectivos con los que vamos a tratar; el segundo comprende a la gente de confianza (mi madre no deja de acusarme de comprar música desconocida), el primero responde al nombre de "gente a la que te presentan y olvidas su nombre una vez vuelves a parpadear".
Un grupo de músicos intenta explicar la influencia del blues en el Rock. ¿de que me suena esa cara?
Grupo de gente desconocida. 1: Zarandeo leve al personaje, ojo, sin poner la cara de "Homer sin cerveza pierde la cabeza".
2: Explicar que el hilo musical de El Corte Inglés reproduce canciones muy acordes a tu colección pero que nadie explica su procedencia mientras visitas la sección de perfumería.
3: Explicar de modo hiperbólico y parabólico como la yuxtaposición de xilófonos en la música progresiva a hecho daño al pequeño comerciante bengalí, eso, o cambia de tema sin que se note.
Grupo familiar y amistoso. 1: Zarandeo leve, en este caso pon la cara de loco que quieras.
2: Realizar una copia pirata, en mp3, codificado a 64 kbps de los clásicos Anuncios de televisión, Locos X la Tele y Crónicas Marcianas, haciendo un redondel en aquellas canciones que creas significativas para su escucha.
3: Pasar del tema con nocturnidad y alevosía, que para eso hay confianza y eso siempre es algo de lo que hay que aprovecharse, de eso, y de pedir una tarta el día de tu cumpleaños.
Y después de este briconsejo, pasamos a la sección patrocinada por Leroy Merlin.
Queridos niños y niñas, reactivamos esta nueva sección en donde daremos cuenta de los festejos, fastos, guateques y saraos que la pobre economía de los 'siñores' dueños de este modesto bloc les permita. Para abrir boca, nada mejor que empezar con la mejor banda de soul y funk de España (y nos quedamos cortos): The Sweet Vandals.
En el primerísimo de los lugares, hay que decir que si a la salida del concierto hubiera aparecido un vendedor de camisetas con el lema "yo sobreviví a otro concierto de los Sweet Vandals", una servidora (en homenaje a los alemanes de Top Secret!), la hubiera comprado con orgullo. Las cosas claras: los Sweet Vandals se merecen tocar en sitios más grandes y su público no estar apiñado en una sala que no puede albergar tal cantidad de gente, es una cuenta fácil tipo "Uno, Dos, Tres": 200 personas colocadas en un recinto de poco más de 200 metros toca a un metro cuadrado por persona (por si se lo preguntan llevo puestas las gafirulas grandes y la minifalda). Seguramente los buenos de Mayka, Santi, Javi y compañía deben mucho a locales como El Tempo, pero tienen que pensar en su público (¿y quién piensa en los niños? que diría la mujer del reverendo Lovejoy) y que ver y bailar el concierto pegado cual mejillón y empapado de sudor tendrá cosas buenas (se conoce gente interesante a través del calor corporal, nuestro compañero 61&49 bien podría contarles más de una aventura en alguna sauna de la capital), pero tampoco creo que esté recomendado por la Organización Mundial de la Salud salir en semejantes condiciones al frescor madrileño de septiembre; tiene el mismo efecto que andar por casa sin zapatillas en pleno invierno: una bronca monumental vía materno filial, quiero decir, un resfriado perrero de esos que no se quitan. Señores promotores, miren más allá de sus propias narices y contraten a estos muchachos, que fácilmente son la banda más en forma de España, son muy simpáticos y ocupan poco (en el caso de Javi y su batería o el señor que esté al cargo del Hamón ibérico algo más).
Los vandals en su apogeo, instantánea sacada mientras el fotógrafo tenía un intercambio cultural con Australia, una par de zarandeos después consiguió pillar a Javi, Mayka, Yusepe y Santi(no hubo suerte para el señor del hamón)
Una vez hemos quedado con las quejas propias de los achaques de la edad, vayamos al tema que nos ocupa. Cuando uno encara un concierto de los Sweet Vandals le caben pocas dudas: son una gran banda. Su sonido es potente, abrasivo, pero preciso e infeccioso, te entra por las orejas, te sale por los pies y en el tránsito tu cuerpo comienza a hacerte bailar como si tus piernas no fueran del cuerpo. Los Vandals lo saben y, conscientes de ese poder, lo utilizan indiscriminadamente hasta el punto de que llevan a la máxima expresión el cómo tiene que ser una gran actuación: empezar como si fuera el fin del mundo y desde ahí hacia arriba. En términos prácticos, eso significa que después de un larga intro instrumental (donde Santi 'Sweetfingers', Javier 'Skunk', Yusepe y Santi 'Diamond') alargaron una secuencia de bajo y batería hasta más allá de cinco minutos (son tan buenos que uno tiene la sensación de que también podrían tocar con esa maestría comiendo un plato de callos, por ejemplo). A partir de ahi, y ya con Mayka y su voz del profundo soul en el escenario, ametrallaron al personal con los cortes de su primer disco, sin pausa para pedir una botella de agua en el avituallamiento más cercano sonaron 'I Got You Man', 'Charlie Love' con su intro característica en la batería, 'You're Gettin It' o la gran versión de 'Papa (Mama) Got A Brand New Bag'. La banda sólo bajó el pistón para presentar las canciones que formarán parte de su segundo largo y dar un respiro al respetable (que se considera respetable aunque yo formara parte de él). Quienes se pregunten si va a superar a su predecesor, que no se preocupen: los temas más recientes mantienen el estilo del grupo ha creado y amplian horizontes, recurriendo a Sly and The family Stone o a unas Ronettes pasadas por la turmix de la psicodelia o incluso el rock más ácido. Un gran concierto en el que todos los protagonistas tuvieron su momento para destacar (sobre todo Yusepe, el guitarrista que no suele destaparse tanto) y en el que los Vandals demostraron que les sobra clase, tablas y una nutrido grupo de seguidores dispuestos a pasar las de Caín para bailar una serie de ráfagas funkeras, aquí les dejamos un botón de muestra gracias a youtube y les recomendamos encarecidamente que acudan como ratas al queso al próximo evento de este sin par grupo... pensándolo mejor no vengan, lo mismo así hay forma de ver un concierto de estos grandes sin que uno tenga la sensación de ser una figura de tetris (cuando te toca la que tiene forma de 'Z' la cosa está un poco chunga).
61 & 49 y Tomás Verléin, todavía con Aquarius en vena tratando de recuperar líquidos
Viendo un titular de un artículo dedicado a este grupo pensé que con solo tres palabras habían definido a la perfección el espíritu de la banda, “Imperfect Sound Forever” rezaba esa cabecera, y era difícil dar otra vez en el clavo. Me propuse algo que definiera bien este, su segundo disco, y debido a mi reblandecimiento mental habitual solo pude vomitar este 5-4=nueva unidad, inspirado en una de las canciones más enigmáticas del disco, pero que quizás sirva de enlace para contar la gestación y el estado psicótico en el que se encontraban estos tipos indies, capaces de marcarse los discos más potables del género durante buena parte de los noventa.
Como viene siendo habitual, los grupos musicales se suelen formar en una ciudad habitada, y al tratarse de grupos, esta unidad anda compuesta por más de un integrante. Las incógnitas anteriores se resuelven hablando de la ciudad californiana de Stockton y de Stephen Malkmus y su amiguete Scott Kannberg, después de que el primero termine la carrera de Historia y escuche consejos paternales que le decían “eso no tiene salidas” o “¿a ver si te vas a hacer hippie en la universidad?” se unen para la grabación de algunas canciones. En estas aparece Gary Young, un batería hippie de los años sesenta que posee un estudio de grabación y se une a estos dos jóvenes sin temor a ser demandado (de momento). Todo reclutamiento no es completo sin que exista un bajista, ¿y porque no?, otro batería-teclista, así completan la formación inicial Marc Ibold y Bob Nastanovich.
Fotografía de Archivo. Gary Young asiste a la misa del Gallo.
Si el disco del que vamos a hablar lo consideramos una obra maestra, no le queda a la zaga el primer largo del grupo, “Slanted And Enchanted”, grabado en el estudio de Gary Young con un presupuesto de seiscientos dólares de antaño supone un trampolín para el grupo, pero este disco bien merece otro artículo por sí solo. Es durante la gira de este LP donde se gesta el despido de Gary Young; la frase más repetida por aquel entonces era: “Gary es un puto psicópata tío, pero, es el batería, así que, ¿Qué puedes hacer?”, el amigo de los palillos se encontraba muy acostumbrado durante la gira a tomar cerveza de la Garrapata Roja o combinaciones censuradas de La Botica de La Abuela, y por aquel entonces ya se había propuesto desequilibrar las neuronas del resto del grupo. Un soleado día, había encontrado en la carretera una cabeza de conejo, y envuelta en celofunk, la había colocado en la maleta de Malkmus, hecho este que agradó sobremanera a éste último y vivió en sus carnes la famosa escena de El Padrino. Ante la vida de Rock Star y lo impredecible de sus actos, el grupo larga a Gary Young cuando están grabando las canciones para “Crooked Rain, Crooked Rain” y para paliar el infortunio se une a la banda otro tipo de pintas especiales pero menos psicótico que el primero, Steve West, batería aficionado a las jams sessions, donde fue conocido por Malkmus.
¿Un gurú de la música Indie con un plumas rojo? la falta de éxito queda justificada
Para mayor regocijo del grupo, dispersos entre las costas Este y Oeste americanas, el disco se graba en alguna decimoctava planta de Nueva York. Con un resultado más comercial que el primero consiguen mezclar el ácido sonido del anterior con las mejores melodías pop, parece una fórmula fácil, pero pocos lo han conseguido si no meten mano la élite de Factor X. Si a esa fórmula se le añade el gancho vocal de Stephen Malkmus y la actitud pasota del grupo encontramos, adivinen adivinen, un disco de esos que sirven de influencia a un buen número de bandas posteriores. Lo que no creo que sorprenda a nadie, es que el éxito comercial fue nuevamente escaso, pese a incluir el único hit (modesto) del grupo, “Cut Your Hair”, no se pasó de que la MTV emitiera el video en el mismo horario que “Días de Cine" o “Los Conciertos de Radio-3”.
Además del citado “Cut You Hair” caben destacar bastantes más canciones excelentes que en cualquier disco actual, prueba de ello es la irresistible melodía pop de “Gold Soundz”; “Silence Kit” y “Elevate Me Later” que dejan a la luz el talento vocal de Stephen Malkmus y un cierto regusto al buen pop californiano de años atrás; la loca, ruidosa, y poco refinada “Unfair”; alguna baladita de cuidado como “Stop breathin´”; una dosis jazzística e instrumental en “5-4=unity” ; y una de las mejores canciones del disco, un country-rock llamado “Range Life”, en el que la afinada pluma de Malkmus pone de vuelta y media a los Smashing Pumpkins o los Stone Temple Pilots. Cuarenta minutos muy disfrutables de principio a fin.
La prensa americana nunca les tuvo en mucha consideración, les llamaban difusos y les achacaban ser demasiado desordenados e indiferentes, pero ese era precisamente el encanto de Pavement, y esta mixtura ha hecho que este vibrante e imitado disco no sea igualado hasta la fecha. Si el placer no es completo con las doce canciones del disco, Matador Records puso a disposición de todo curioso una sobreabundante reedición con cuarenta y nueve canciones, incluyendo tomas grabadas con Gary Young tras los parches.
Voy a ser sincero, si he puesto esta canción es porque es mi favorita del disco.
Dentro de la categoría 'verdades que sólo creen los que las dicen' hay algunas de ellas que tienden a poner a los bajistas como enemigos de la humanidad, que si no aportan nada, que si las siete plagas fueron cosas suya. También se les relaciona con las pocas medallas españolas en los Juegos y se empieza a hablar de ellos como la principal razón de que Saber & Ganar nunca haya sido el programa más visto de televisión. Ajeno a estas acusaciones sin fundamento, tengo que decir que lo mejor del bajista con el que trato habitualmente es su afición al vino Protos y los grandes discos que me ha descubierto (entre ellos, este Jeopardy). Un secreto a voces del punk o post-punk o cualesquiera etiqueta quieran poner (permitidas naturalmente las del Carreflus o sucedáneos, intentaremos mejorar la calidad de los chistes de esta entrada, palabra).
The Sound, muy a su pesar, no obtuvieron la respuesta masiva que otros grupos de la época gozaron. Más aún, fuera de Inglaterra eran unos completos desconocidos, hasta el punto de que sus discos tardaron varios años en aparecer en el mercado americano. Lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿qué le paso a este grupo? ¿Acaso tenían malas canciones? Negativo, son tan intensas y dramáticas como urgía la época, con buenas melodías y la voz de Adrian Borland destacando. Entonces, ¿su estilo musical estaba algo alejado de la moda de la época? Agua, si Joy Division renovaron todo el sonido proveniente del punk pasando la rabia y la depresión por el filtro de los ruidos industriales y el pesimismo, The Sound son también padres de esa fórmula. La pregunta de por qué se quedaron en un grupo de culto debe estar guardada en el mismo lugar donde reposan otros enigmas legendarios: como el de por qué la nueva cantante de La Oreja de Van Gogh canta exactamente igual que su predecesora. El caso es que Jeopardy suena como si el fin del mundo estuviera muy cerca: intenso, seco, moderno y sin atisbo de autocomplacencia. De hecho desde Garajeland recomendamos encarecidamente ponerte este disco en cualquier formato (el vinilo queda descartado debido a que el comediscos portátil tiene de portátil sólo el nombre) para cuando tengas que llegar pronto al trabajo, Borland & Cia te van a hacer aparecer antes que el guarda de la puerta.
Ante la falta de fotos en Google de The Sound hemos decidido poner una de Maria José Cantudo distorsionada, si alguien nota la diferencia que achine los ojos para minimizar los efectos
Si en estos momentos te estás preguntando dónde surgió el sonido de The Sound que no se te aflija la ingle, aquí encontrarás respuesta. Por lo que se sabe, y hemos consultado fuentes de toda credibilidad como Maria Teresa Campos y el encargado de vestuario de Jara y Sedal, The Sound nació gracias a la disolución de otra banda llamada TheOutsiders, que en 1977 practicaban una suerte de punk inglés con la aportación del cantante y guitarrista Adrian Borland y de gente de aquí y allá: el baterista MichaelDudley, un bajista bajo seudónimo, Graham Greene, al que no le gustaban los libros de espías y un multiinstrumentista (saxofón, clarinete y teclados) Bi Marshall, que por los instrumentos que dominaba debía ser el alma de las fiestas. Borland se propuso llevar algo más allá la inspiración del punk, dotándola de una atmósfera asfixiante, la misma sensación que se tiene en Marina D’or por poner el caso. Grabaron su primera maqueta en casa de los Borland mientras la madre preparaba empanadillas caseras a los integrantes del grupo (al baterista le robarían su parte seguro) y el padre de Adrian actuaba como improvisado ingeniero (seguro que realizó comentarios tan alentadores como: "Yo esto así no lo hacía" o "Ahí la diñas"). The Sound estaba en marcha.
The Sound, tras pasar por la tesorería de la seguridad social y rellenar algunos formularios para dar de alta una empresa
La llegada de Jeopardy, el primer largo de la banda, puso de relieve todas las características del grupo. El resultado no podía ser mejor, el álbum te arrasa la mente desde un principio, olvidándose de aquella premisa de que en los primeros discos suele haber un par de buenas canciones y luego relleno cual redondo de ternera. Eso se lo podríamos perdonar, del mismo modo que lo hacíamos con la serie Periodistas, cuando sacrificaba un argumento verosímil para que apareciera el becario tonto y José Coronado se beneficiara hasta las figurantes. Jeopardy no es así, todo lo contrario: no da tregua, dando un nuevo significado a la palabra intensidad. Las 4 primeras canciones consiguen el mismo efecto que Charles Bronson y su recortada, disparos que apelan a la urgencia, a la medida real de ser un ciudadano inglés joven, sin trabajo y sin un futuro claro. La rabia por esa situación ya no se manifestaba como en el punk, sino de una manera más oscura y claustrofóbica. ¿Bonito, verdad? Pues aún no les he dicho que en Inglaterra llueve, y mucho. Así, 'I Can't Escape Myself' propone la intensidad como punto de partida, gracias a una bases rítmicas robóticas (pero sin dejar al baterista en el tejado, al menos sin rebequita) y a un estribillo angustioso y ampuloso coreado por el propio Borland. Sin tiempo para descansar las orejas llega 'Heartland', con sonidos de teclado que anticipan los ochentas que vendrían, la tremenda voz de Adrian y un solo de guitarra punzante. El ritmo se corta con 'Hour of Need', una pieza que crea la pausa perfecta para afrontar 'Words Fail me', una melodía frenética que cuenta con uno de los estribillos más pegadizos que podrás oír en mucho tiempo, coronado por un saxofón que encuentra su hueco en la hipnótica letra de Borland. El disco llega su punto culminante con la explosión que supone 'Missiles'. Que resume en poco más de 5 el concepto de The Sound: melodía, pulso vibrante y estilo. No te sorprendas si te ves cantando a tu improvisado compañero de barra en el metro aquello de 'Who the hell makes those missiles?’ con una angustia propia del momento en el que te está pisando el pie al intentar salir del vagón. Lo bueno de The Sound es que no son un grupo fácil de atrapar, no tienen un par de canciones rápidas arrebatadoras, un par de lentas contemplativas y oscuras y se acabó el chiringuito. Sus miras eran mucho más altas, llegando a zigzaguear con el pop más vitaminado y ochentero (‘Resistance’) o enseñar el camino a U2 (‘Unwritten Law’, con esta afirmación me estoy jugando el puesto de trabajo, no saben como es nuestro amado líder 61&49 con lo que al grupo irlandes tiene que ver. El disco se cierra con ‘Desire’, una balada en la que se juega con el eco de la voz de Borland, un verdadero portento en cómo enfocar las melodías de voz.
Por si alguien no lo sabe, The Sound se encuentran recogidos en todas las enciclopedias del rock como "el gran grupo desconocido de los ochenta sin Santi Campillo a la guitarra”. Pero son tan conscientes del "estar aquí ahora" como Joy Division, tan creativos como Echo and The Bunnymen, tienen más clase que Moe cantando el 'Walk this Way' y una trayectoria por momentos brillante (su segundo largo era un disco formidable). El grupo se separó en 1987 y Adrian Borland se suicidó en 1999 quitándonos la posibilidad de ver un reencuentro del grupo o una actuación en directo. Sea como fuere, este disco sigue sorprendiendo. Por cierto, circula el chiste de que sólo los críticos inteligentes colocaron a The Sound como el verdadero talento de 1980, nosotros nos hemos adherido no vaya a ser que nuestros test de actitud en el colegio se equivocaran y encerremos inteligencias abrumadoras en nosotros mismos . Cosas más raras se han visto
Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verleín
1.¿Es cierto que pillaron a Mick Jagger y David Bowie rebozándose por la cama?
Una de las historias más famosas del Rock, y de las más divertidas. Angela (primera esposa de Bowie) entra en la habitación buscando a David para preguntarle si ha echado a lavar los calcetines que utilizó el día anterior y le encuentra en la cama, desnudo, y con otro amigo desnudo, que no es otro que Mick Jagger. La versión japonesa (que siempre incluye más canciones) afirma que además de Bowie y Jagger, bajo las sábanas y con un frasco de agua oxigenada se encontraba Iggy Pop, que no asomó la gaita por si le atizaban con el amasador de pan. Jagger, que siempre tiene su mente trabajando cual Paco "El Pocero", aprovechó la coyuntura para idear una canción, Angie, que sin ser demostrable del todo, está inspirada en el divorcio de Bowie y Angela.
"Oye Mick, como manches el sofá de Ribera del Duero, Angela saca a la luz mi colaboración con la terremoto de Alcorcón"
Porcentaje de certeza: Entra dentro de las leyendas urbanas con más fundamento, por lo tanto se puede decir que tiene muy poca credibilidad. Desde luego es mucho mejor creerla; que de verdad existiera, que puedas tener la posibilidad de encontrarte con Bowie en la peluquería y mientras leéis el Pronto preguntarle como son Iggy Pop y Mick Jagger en la cama; y por supuesto añadir más personajes a la historia, sin ir más lejos, Tomás Verleín asegura que en la noche de autos encontró a Elton John escondido en el armario (investigaremos si estaba de voyeur o simplemente quería salir de allí).
2.¿Es Julián Ruíz el personaje musical que más chaquetas fluorescentes gasta?
Es cierto que en garajeland tenemos un cariño especial a Julián Ruiz, que como buen locutor español radiofónico se congratula de tener como amigos a los más grandes músicos extranjeros, pueden visitar la galería plásticos y comprobar el efecto que produce recortar con el Photoshop una foto en la que alguien también está posando junto a Bowie. Estas excelentes amistades no han hecho otra cosa que ampliar su mala leche y calzarse unas chaquetas@camisas que han pasado previamente por los tintes más variopintos de un psiquiátrico guatemalteco.
Si se acercan mucho a la foto y van desplazando su mirada de una de las chaquetas muy lentamente, podrán ver un dinosaurio en tres dimensiones
Porcentaje de certeza: Después de ver, que de cien locutores examinados, es el amigo Julián y su objetivo criterio musical el que tiene un abanico colorista más importante, aseguramos al 99% (dejando un uno por ciento para la discusión), que efectivamente, sus camisas son las más feas (perdón, coloridas) del mundo de reporteros más dicharacheros españoles.
3.¿Es cierto que U2 grabaron desnudos en las sesiones de The Joshua Tree?
La leyenda cuenta que a petición de Brian Eno, el grupo se puso a grabar en choteras algún que otro acorde. La supuesta razón no es que pidieran la vuelta del destape español, en horas bajas en ese momento, ni tampoco tenía ningún fin benéfico adscrito a Bono (si bien esta suposición no queda del todo descartada); el motivo es que Brian Eno les pidió que el sonido fuese más calido y cercano, así que todos le hacen caso y que mejor que ponerse a tocar como si fueras un filete de cinta de lomo.
Porcentaje de certeza: Teniendo en cuenta que el señor de las chaquetas de un poco más arriba miccionó esta historia en su programa, puede entrar en la categoría descuento de El Corte Inglés, es decir, entre un veinte y un treinta por ciento menos de fiabilidad. Si bien conociendo el carácter del señor Brian-maquinaria-industrial-Eno, capaz de desquiciar al otro lado de la ventanita a figuras como Bowie o lo que se ponga su paso, dejamos una ventana abierta para que se imaginen a The Edge sacando un sonido infinito con menos ropa que el cantante de Larva Fecal.
Los pocos lectores que tengamos andarán preocupados diciendo "estos se han rilado" o "la canción del verano les ha hecho caer en la locura", podríamos quedar muy mal diciendo que nos fuimos de vacaciones, pero es una mentira digna de una sección ya existente. Lo cierto es que la compra masiva de cervezas de importación en el Hipercor nos ha dejado con las neuronas llenas de trigo y cebada, lo cual nos ha hecho apreciar de un modo muy diferente los discos de El Puma o intentar bajar al bar más cercano imitando al buen jamaicano que corre que se las pela.
"Aproveché que los de garajeland no comentaban el disco de los Wailers para venirme a cazar a la playa"
Lo que es evidente (y fructífero) es que tenemos material discográfico que comentar en breve, y que nos sentimos más inspirados que nunca al saber que todo vuelve a la normalidad; es decir, arranca la liga de fumbol con todos sus resúmenes, tertulias, sanedrines e ingeniosas declaraciones, o que sin saberse muy bien porqué, María Teresa Campos se reinventa en la Mirada Crítica amenizando el Nesquik mañanero. Obviamente no vamos a presentar una redacción sobre lo bien que lo hemos pasado en las vacaciones colgando una foto con un pinrel que rece "yo, y la catedral" (que para eso ya hay cientos y cientos de blocs), así que dejamos por aquí un video de los Forty Fives y sus nada cuidadas patillas, canción bien fresquita ahora que se van al paro miles de socorristas aburridos.
En estos momentos de zozobra veraniega, ataviado con unas pantuflas con aire acondicionado y un tinto de verano, en Garajeland nos da por pensar (no se asusten, con el frío volveremos a nuestras viejas costumbres y dejaremos de estrujarnos las meninges). Si fuéramos calvos y tuviéramos un gato de angora en el regazo pues precederíamos a conquistar el mundo cual Doctor No del extrarradio, pero como aquí lo que nos gusta son los acetatos, los vinilos y las cañas con limón, hemos decido hablar sobre un disco fresquito fresquito y veraniego (esta bien, está bien... no tenemos ninguna excusa, pero teníamos que contar algo de los ‘Flamin Groovies’ antes de que terminara el año o caería sobre nosotros una maldición gitana).
Quien no conozca la carrera de este grupo que se formó en San Francisco en plena era del la psicodelía decirle que se está perdiendo uno de los emblemas de la música de la coste oeste americana y, también, que es algo bastante lógico; dado que los Groovies nunca tuvieron el reconocimiento mediático que seguramente hubieran merecido ni tampoco les tocó un piso de protección oficial. Sea como fuere, no les ha ido mal con la fórmula que podrían patentar: la de que sus discos fueran editados en el momento equivocado en el lugar inapropiado. Me explico, si 'Shake Some Action' hubiera salido en 1965 en Inglaterra, los Groovies hubieran partido la pana en las listas inglesas y de ahí hubieran sido profetas en su tierra (y sí, en esta frase hay más tópicos que en todo un discurso sobre la no-crisis española). Al mismo tiempo, si el ‘Teenage Head’ (de 1971) hubiera salido cuando lo hizo Action, habría triunfado, quizás por su tono stoner rock. Algunos pensarán que este argumento me lo he sacado de la manga (y no les faltará razón), pero piensen antes lo que habrían durado en el patio del colegio si hubieran llevado unas converse ‘All Star’ blancas a finales de siglo o lo que pensarían las gentes de bien si salieran ahora a la calle con hombreras, Hacer algo glorioso fuera de época sólo lo puede hacer un genio, como dice el maestro. (Por favor pinchen y observen el minuto 0:50).
La Heineken que sostiene Cirilo es la base de toda alimentación sana, ya lo decía el doctor Bartolomé Beltrán, también pueden preguntar a nuestra experta en cervezas, la señorita Weisse
Pero, vayamos al meollo, ¿quién jerigonzas eran los Groovies? En principio una banda fundada por Roy A. Loney y Cyril Jordan (lo que en mi pueblo serían el tío Roque y Cirilo), en 1969 publican ‘Supersnazz’, disco que recuperaba la estética, cancionero y maneras de la música de los 50 y le daba un poco de lustre y vivacidad gracias a la base rítmica que formaban Danny Mihm y George Alexander, sin olvidar las guitarras de Tym Linch. El disco es una pequeña joya, lleno de detalles y originalidad: uniendo la portentosa y carismática voz de Loney con los licks de guitarra de Cirilo .Naturalmente, no vendió una escoba, cosas de la invasión musical británica; pero hizo que los Groovies ganaran reputación como un gran grupo, salvaje en los conciertos e innovador en las formas. Dos años más tarde, repitieron fórmula con ‘Flamingo’, que añadía cada vez más contenidos sesentosos a la música de los de San Francisco y, al poco, editaron ‘Teenage Head’, del que supongo que se hablará largo y tendido en este blog en algún momento y sobre el que -según cuenta la leyenda- Keith Richards dijo que era mejor que ‘Sticky Fingers’ (el disco de los Stones de ese año). Después de ‘Teenage Head’, Roy decidió abandonar el grupo, sus disputas con Cirilo sobre la orientación del sonido de la banda habían llegado a un punto límite: él quería seguir explotando la vena de Head, mientras que la otra cabeza pensante tenía entre ceja y ceja recuperar el sonido de los Beatles y los Byrds y volver a hacer pop con guitarras. Sin saber todavía quién se quedó con la porcelana cara y quién con el cucharón de la abuela, los Groovies se separaron: Roy hizo carrera en solitario, mientras que Cyril reclutó a un nuevo cantante y guitarrista: Chris Wilson, le puso a apóstrofe al grupo y empaquetó el pijama para Inglaterra con el fin de grabar 'Shake Some Action' como lo harían los Beatles.
El señor con el sello rojo dijo un día: 'Shake Some Action' tiene la mejor-peor producción de la historia". No le hagan caso, desde que tiene un blog está de un listo...
Para conseguir su objetivo contaban con la ayuda a la producción de Dave Edmunds, parte de las mesas de mezclas que utilizaban los Fab Four y un comienzo tan bueno como la canción que da título al álbum. Insistamos: ¿Existe mejor manera de empezar un disco? ¿Mejor primer single que ‘Shake Some Action’? Puede ponerse en duda, pero los que estén a favor tienen argumentos sólidos: una melodía insuperable coronada con un estribillo que eleva el tarareo a la categoría de arte, guitarras respondiéndose con entre sí… Cuatro minutos y medio de puro goce. ‘Shake Some Action’ es una gema pop en 1976, algo así como encontrarte dinero en el bolsillo con el no contabas o un programa interesante en Telecinco (la teoría conspirativa del día: en T5 hay un único programa en el que se habla de todos los demás haciendo creer al personal que hay más de uno. ¿Los culpables de todo esto? Los movimientarios y la Biblia de los Francmasones, por este orden). El inicio del disco puede dar el pego, recuerda al pop sesentero, pero juega con el papel de las guitarras el rock (premio para el diga powerpop). ‘Sometimes’ no intenta esconder nada: es puro Beatles, homenajeados y reinventados por igual. Todo suena en mono, las guitarras luminosas o distorsionadas según se necesite, el bajo dibuja elegantes notas de acompañamiento, las voces cantando juntas con las armonías que ya explotaron los Everly Brothers, por ejemplo, ¡diablos! hasta la caja de la batería suena tan seca y oscurecida en la mezcla como se hacía en los sesenta. Así son ‘It's True’ o ‘You Tore me Down’. Los Groovies parecen juegar a tiro hecho 'copiando' a los maestros, pero no es tan fácil amigos: escribir una canción buena (que salen por cada 1.000 malas) que tenga clase, estilo 'sixtie' y aguante el tipo con Lennon/McCartney no es tarea sencilla. Recuerden, el ‘sketch’ de la empanadilla de Móstoles; esconde mucho más de lo que parece (y se lo decimos nosotros que vivimos a diez minutos de allí), del mismo modo que ‘Please, Please Girl’ es algo más que un guiño al segundo single de los Beatles. Cirilo quería hacer con ‘Shake Some Action’ un homenaje a la música de los 60, a la invasión inglesa en EEUU y a grupos como los Byrds, así nos encontramos con ‘Let the Boy Rock n' roll’, donde las guitarras y los pianos nos remiten a los primeros Stones o ‘She Said Yeah’, donde se les rinde tributo versionando una de sus canciones (fuzz incluido en el bajo). Del mismo modo, los Byrds tienen su homenaje con el ambiente conseguido en ‘Teenage Confidential’ o la exquisitez melódica de 'I can't Hide'. Pero no nos engañemos, los reyes de la fiesta son los cuatro de Liverpool, del que este disco es deudor hasta la médula (hasta tiene 14 canciones, como los primero álbumes de los fab). Ajenos a esto, lo mejor de 'Shake Some Action’‘ es su singularidad, no existe otro disco igual por esa época, que tenga un sonido tan propio y al mismo tiempo tan familiar (hasta la portada remite a las fotos de gente con traje y botines a juego que tanto tirón tuvieron en los primeros 60). Fue un disco adelantado a su época (en plena ebullición del punk) o atrasado a su época, según se mire. Lo único seguro es que ‘Shake Some Action’ es la consecución de un reto imposible: un grupo que suene como los Stones (primera época) y que renazca como un nuevos Beatles en 1976. Es hora de sacar del armario las corbatas estrechas y quitarse el sombrero con un disco que suena como en los sesenta, fue grabado en los setenta y sigue siendo actual. Eso si es un homenaje y no 'Murcia, qué hermosa eres'.
El temazo en cuestión, si guiñan muy rápido los ojos, les parecerá que la imagen tiene movimiento. Ya lo dijo Walt Disney: "imágenes fijas a mí"
¿Cansado de que tu olor corporal te impida el nombramiento como empleado del mes? ¿Harto de que esos incómodos granos juveniles te impidan ligar? ¿No puedes hacer otra cosa que chillar y salir corriendo cuando escuchas los cuarenta principales? Hasta hace poco, todos pensábamos que 1967 era el año de Sgt. Pepper, pero gracias al original y revolucionario sistema patentado de los Who, todos los problemas van a acabar escuchando el Sell Out.
Mediante el genial talento compositivo de Pete Townshend, podrás escuchar tantos chascarrillos como quieras de la estación de radio pirata Radio London, ficticia emisora, parida por las siempre activas neuronas de Townshend. Pincha el vinilo y podrás chotearte de todo la cultura hippie mientras degustas unas judías con tomate Heinz en “Heinz Baked Beans”, el importante tema de la masturbación en “Marie Anne With The Shaky Hand”, o el efecto de una persona bien aseada en “Odorono”. Aprovecha el sonido de las seis cuerdas de Pete para el único single del álbum en “I Can See For Miles”, posteriormente iluminado por la sabiduría hindú de Meher Baba que le regaló una pulsera anti dolor de espalda.
¿Una pulsera mágica y fea por 60 euros? Mentiría si dejera que la quise
El disco es perfectamente apto para cualquiera de tus actividades diarias; ya sea viendo la televisión, trabajando, utilizando el Jet Extender o simplemente mientras descansas. Seguro que el álbum entero no te defrauda; pero si piensas que no está hecho para detallistas como tú, simplemente disfruta del bajo quebrantahuesos de John Entwistle, siempre presente en el disco con una suavidad sonora solo al alcance de una Butterfly Pillow. No acaba ahí la cosa para el fabuloso bajista, composiciones como “Silas Stingy” o “Someone´s Coming” justifican de sobra la compra de este producto.
Otros álbumes nunca habían solucionado del todo el problema de que las canciones parecían deslavazadas, para evitar este sufrimiento se comercializaron sin éxito las Pinzas Anti-dolor Lasvi, que con la imagen de Jesús Puente nunca pudieron con la genialidad a la batería de Keith Moon, un baterista imprevisible, creado en los laboratorios más importantes del Reino Unido, haciendo un disco altamente resistente a un ataque alemán; con el que podrás cortar sin problema una bota de cuero, una lata de cerveza de medio litro o un bloque de acero.
"Pagamos con la tarjeta de compra de El Corte Inglés y nos regalaron ropa de juglar con chorreras"
¿Eres de los que piensas que el Sell Out no puede ofrecer nada más? Roger Daltrey te dejará boquiabierto con sus prestaciones vocales, hasta ahora insuperables en “Tatoo”, el inicio para los viajes operísticos de los Who de “Rael”, o una poderosa voz en “I Can´t Reach You”. Al servicio de Daltrey, Townshend, Moon y Entwistle se han puesto estudios de grabación con las más altas calidades, como los IBC, Kingsway, De Lane Lea en Londres, o los Columbia Studios en Los Angeles; en los cuales se ha dado forma a la obra más psicodélica y divertida del grupo, donde el Rock convive con el mejor Pop y Powerpop.
Si llama ahora, a la interesante oferta ofrecida por el grupo londinense, recibirá sin coste alguno un buen puñado de extras: la citada obra de Entwistle, “Someone´s Coming”; la segunda parte la opera “Rael” y canciones tan interesantes como “Jaguar” o “Melancholia”. Consígalo y disfrute de un álbum genial mientras la cinta abdominal vibra sin descanso y el fabuloso purificador de agua transforma agua del grifo en Solán de Cabras. Irrepetible.
1. ¿Es cierto que el actor Kevin Bacon ha vendido una cantidad estimable de discos en EE. UU. y alrededores?
Nuestro veredicto: Pues, aunque por estos lares todo lo que conozcamos sobre actores/cantantes sea gente como FrankSinatra o Jennifer López, la nómina de estos pluriempleados es realmente escandalosa en los Estados Juntitos. El caso de KevinBacon es realmente paradigmático, puesto que el chico siempre le dio con bastante soltura a la guitarrita y era la atracción principal en las comuniones donde le solían pedir como bis la 'Ramona Pechugona' y otros temas de alegría contumaz. La historia parece tan tópica que podría ser el argumento de una teleserie española cualquiera: el niño Kevin (sin Jesús que valga) parecía tener talento, su hermano mayor Michael, que ya estaba en la fase 'montar un grupo con los colegas', le enseñó a tocar sus primeros acordes (los de 'Hey Jude' de Los Beatles). Después, pasaron los años, Kevin se hizo actor de esos de jolivú, de bastante prestigio y todo, pero seguía teniendo el gusanillo de la canción. Así que llamó a su hermano y formaron los Bacon Brothers bajo el lema: "que un mal apellido no te estropee una carrera en la música”. El dúo, con un estilo que coge de aquí y allá, pero que demuestra una especial querencia por el Country y el Rock sureño de los 60, ha conseguido vender una cantidad notable de discos. Y nosotros con estos pelos.
Un poco más a la derecha y al Bacon mayor le eliminan de la portada. Por cierto, en España los hermanos Bardem preparan su debú, el disco llevará el nombre de: "Como mola mi pistola"
Porcentaje de veracidad: tipo "ponga la mano derecha en la biblia y diga cosas". Y si no creen en la labor sabuesa del departamento de investigación de Garajeland (que sepan que han ofendido al señor bajito), aquí tienen pruebas: la web de los Bacon y un vídeo de su gira. Si alguno ha tenido la osadía de pensar en una versión española (sin CayetanaGuillen Cuervo de por medio) de hermanos cantantes y uno de ellos actor, decirles que ya me he adelantado: porque en mis sueños más húmedos aguardo el primer disco de los Lorenzo Brothers, con Francis Lorenzo (ese prócer desactivando bombas en Compañeros) y su hermano José Manuel haciendo rancheras (por poner).
2. ¿Puede que la canción más famosa de Frank Sinatra, ese himno llamado 'My Way' fuera escrito por un par de franceses?
Nuestro veredicto: No se sorprendan. Lo que siempre han creído como cierto, sólo lo es desde un determinado punto de vista. Esta frase (que me salió en una galletita de la suerte) tomará más sentido cuando les diga que el fenomenal himno de victoria española por antonomasia, el 'Que viva España' no está escrito por un hombre que podría echarse una partidita de domino mientras ve el Tour por la tele, sino por holandeses, concretamente por un tal Leo Caerts. No se preocupen, porque la canción sigue diciendo lo mismo en otras lenguas (estamos salvados); Manolo Escobar puede dormir tranquilo. Pero a lo que vamos, ¿cuál es la canción más famosa de Frank Sinatra?, cualquier persona en su sano juicio diría que 'My Way' (entre otras cosas, porque es sobre la única de la que hemos buscado información). Tirando del hilo se puede sacar que, siempre se ha atribuido a Paul Anka la autoría, pero de lo único que se ocupó fue de adaptar la canción del francés original al inglés, dejando por el camino el sentido de la original (un amor desgastado) y convirtiéndolo en un tema de reafirmamiento personal que ríete tú de los libros de autoayuda. La canción original, 'Comme D'Habitude' (Como de Costumbre), fue escrita en 1968 por Claude François y Jaques Revaux y cantada (ya en inglés) por primera vez en 1969. François es un personaje bastante conocido en Francia, una especie de cantante solista que tuvo éxitos adaptando temas americanos y, paradojas de la vida, alcanzó el no-éxito universal con una canción que irá para siempre tatuado a la máquina de karakoe, donde 'My Way' junto con 'Hago chas y aparezco a tu lado', coreografía incluida.
Porcentaje de certeza: tan alto como que el 'Necesita mejorar' de las notas ocultaba mucho más. 'My Way' es una de las autorías más controvertidas de la historia. Normalmente se suele otorgar en exclusiva a Paul Anka, dejando a François y Revaux en el limbo de los autores desconocidos, donde pueden tomarse una cervecita y unos pinchos con el 'negro' del libro de Ana Rosa Quintana. Si en Francia se pusieran las pilas con los derechos de autor como hacen nuestros queridos amigüitos de las SGAE, muchos tendríamos que abonar amablemente unos aurelios cada vez que entonamos en al ducha la cancioncita de marras. 'I dit it my wayyyyyyyyyy' (el gallo suele coincidir con la entrada de champú, que no es Johnson Baby en los ojos).
3. ¿Ryan Adams se ventiló una botella de vino en sólo 5 minutos de concierto?
Nuestro veredicto: Como suele pasar, la fama y los rumores sobrepasan la leyenda de muchos cantantes y grupos. La gente, en su maldad, suele sacar a la luz historias que poco tiene de verídica con el fin de destruir la carrera de un tío sanote y amigo de sus amigos como es nuestro amigo Ryan. Como ya decimos, las malas lenguas, hacen mucho daño. Ryan no se tomó una botella de vino en sólo cinco minutos, no, ¡fueron dos! A su favor hay que decir que utilizaba un vaso para llevar el tintorro de la botella a su gaznate, que si ya hubiera chupado a morro, la cosa hubiera sido terrorífica. El suceso etílico sucedió en Madrid, concretamente el 30 de noviembre de 2002. Ryan Adams daba un concierto en acústicoen el que se suponía iba a presentar las canciones de los 524 discos que ya había editado en solitario (a quien no le asuste la incontinencia en el cancionero de Calamaro que pruebe con Ryan Adams, 10 discos en solitario en ocho años de carrera, más singles, colaboraciones y horas de prestación social a la comunidad). En cuanto al concierto, fue único, tanto en su puesta en escena en el Palacio de Congresos como por el personaje que es Ryan. Se presentó con una chaqueta con las solapas levantadas, bufanda y una boina calada a rosca. El buen muchacho no dijo ni una sola palabra en toda la actuación (lo que provocó que muchos le dijeran: “ey, Ryan, mira detrás de ti, hay un mono de tres cabezas” y otras bromas de dudoso gusto gritadas a viva voz entre chato y chato de vino): las chanzas cesaban en cuanto Ryan habría la boca para cantar, porque el tío cantaba que daba gusto. Lo raro es que, aunque las botellas de vino iban y venían, la calidad de la voz del de Jacksonville no descendía, lo cual me lleva a preguntarme: el vino sería en realidad mosto de la marca Pitusa???
Ryan Adams: "vale, la botella va en el contedor verde, pero el tapón, ¿dónde lo meto?"
Porcentaje de Certeza: Lamento informar a los señores de Garajeland que para resolver esta pregunta van a tener que fiarse del abajo firmante, porque Tomás y tal (nótese el uso de la tercera persona) estuvo presente en el Palacio de Congresos aquel día. Lo cual me lleva a pensar en: que ya vamos estando un poco viejunos y que, ahora mismo, tengo un poder que nunca he tenido: el de la confianza del público. Aprovecho la presente para decir unas cuantas verdades que tengo en el tintero: no hay nada peor que una disputa por una linde, si tu padre empieza a pensar en comprarse un sombrero vaquero, algo no funciona y que deberían enviar 10 euros a hombre feliz, calle del...
Después de unas cuantas piruetas, tirabuzones, insustancialidades y demás, volvemos a explorar esos terrenos por los cuales estamos apuntados en las listas del INEM, no hablamos de otra cosa que de música (ya era hora, pensarán algunos). La historieta de hoy la dedicaremos al fino y guaperas de Hank Ballard, escultor de la primitiva provocación rockera que años más tarde tendría divirtiendo a medio mundo musical y filo comunista.
La historia biografica de Henry “Hank” Ballard comienza en Alabama en 1936, estado desde el que Forrest Gump comienza a correr de costa a costa intentando localizar la llegada a nado de David Meca. Pronto, su familia decide buscar trabajo en la pujante industria automovilística de Detroit, donde el tito Herbito se convertiría en el hermano rico de la familia Simpson. Los primeros gorgoritos los realizaría en el operación triunfo de los años cuarenta, la iglesia, donde se une al coro del barrio pero con unas influencias algo distantes del buen hacer católico, su inspiración no se encontraba en el eco de la iglesia, sino en los cantantes de Blues y Country que azotan con cuentagotas las entrañas de muchos músicos. Es por esta época, en la que el Blues y el Rythm & Blues comienzan a venderse, y su estilo empieza a ser conocido por el público, aunque no sea gracias a los programas de radio, que miran hacia otro lado escondiendo los vinilos con llave, pensando que Satán estaba metido en la aguja de las grabaciones.
Ballard y los Midnighters reclamando la devolución de canon digital
El primer paso hacia el mundo musical lo hace con los Royals, grupo de Doo Wop, al que en 1952 le inca el diente Johnny Otis (una mezcla americana de Tony Aguilar o Julián Ruíz; un conocido productor de la época, cazatalentos, dj, compositor, cocinilla o residente del salón de la fama) que les aplica un ritmo febril y sexual que no hace más que aumentar el odio de los locutores de radio hacia las canciones de R&B y sus provocativos bailes sexuales chocando traseros los unos con los otros. Metidos de llenos en los cincuenta, el ritmo de Detroit empieza a latir al ritmo de Ballard y al fundador de la república democrática de la Motown, Berry Gordy; no obstante, Florence, la prima de Hank Ballard llegaría a ser una de las Supremes, algo que no podemos decir la mayoría de los mortales sobre nuestros primos. Para la primera grabación en el sello Federal Records, eligen el tema “Get It”, que se cuela en el Top Ten de R&B en el año 1953, todo gracias al boca a boca, pero el verdadero hit que rompe con la pana (y con el grupo, que ahora se llaman los Midnighters) es el “Work With Me Annie”, chica con la que según la letra forjan una gran amistad, como se puede leer a continuación: “hazlo conmigo”, “dame toda la carne” y algún que otro “ooooh oooooh good” que dejaría a todo oyente agitando sus pies y manos en la pista. Que cada cual saque sus propias conclusiones al respecto sobre el tema de la canción, nuestra interpretación es que quiere realizar la jornada laboral de 65 horas con la susodicha chica mientras hacen un descanso y comen un buen chuletón en un Don Solomillón.
Al carro de Annie se empezarían a subir un buen número de artistas, y Ballard aprovecha para realizar unas cuantas secuelas de las andanzas de esta chica a la que mi abuela reformaría como es debido, “Annie's Aunt Fanny”, "Annie Had a Baby" (no creo que le extrañe a nadie), otros temas sexuales como “Sexy Ways”, o la ambigua y no carente de muchas interpretaciones para mentes perversas como el “Open Your Back Door”. Huelga decir que después de esta cantidad ingente de calentones le crean una buena reputación al guaperas del tupé, que crece en ventas al ritmo de una peli porno.
madres del mundo, detrás de esa apariencia de buen muchacho salía con chicas a las que luego no llamaba
Como en toda historia feliz, siempre hay una parte mala, ya pasó en Médico de Familia con la muerte de Marcial o con el estado de coma del Fary mientras negociaba su contrato en Menudo es mi Padre, para Hank Ballard sucede después de todos estos éxitos y calumnias sobre Annie, tres años y medio en el que él y los Midnighters no consiguen ningún éxito y poco a poco se van puliendo los dineros acumulados hasta quedarse sin los billetes del Monopoly. Años más tarde Ballard se refirió a la pérdida de su fama y dinero como una buena forma de no haber caído enganchado de alguna droga. Toda esta convulsión termina con la desaparición de los originales Midnighters, y Ballard se refugia en una canción que le saque del programa de “Que Pasó con…”, la canción no es otra que “The Twist”, que se publicaría como cara B, con un éxito muy moderado y que terminaría viendo como Chubby Checker la lleva al número uno en las listas americanas, dejando a la impoluta sociedad estadounidense moviendo los culetes como un ventilador de dos direcciones y creando un estilo de baile con el mismo nombre que la canción, una nueva corrupción por parte de Ballard a la sociedad.
Este último paso de finales de los cincuenta a principios de los sesenta ya no son una campo fértil para la innovación del R&B, y mientras Ballard ve como sus canciones se hacen más famosas sin estar en su propia voz, las bases del Doo Wop ya están asentadas y su música empieza a no ser pionera como años atrás. Los Midnighters ya no le acompañan en sus discos pero sigue dejando pinceladas hasta finales de los sesenta como el “Let's Go, Let's Go, Let's Go”, “Finger Poppin' Time”, “Do You Know How To Twist” o “The Continental Walk”. James Brown siempre admitió que Ballard fue un gran influencia (no lo dice un cualquiera) y siempre intentó reflotar su carrera, uniéndose a él en algún concierto o fichándole para su propio sello. Desde luego los mejores años para la agitación de Hank Ballard estuvieron en los cincuenta, pero siempre será recordado como un verdadero pionero, un tipo original que sacó los colores a buena parte de la moral americana y que su combinación de Blues, Gospel y Rock ´N Roll le adelantaría muchísimo a su tiempo, dejando un buen camino para que ahora nos escandalicemos mientras el MTV emite contenido cárnico aderezado con mensajes SMS.
Aquí un enlace al youtube para escuchar la versión original del Twist.
Actualización del Cha-cha-twist a cargo de los infalibles Detroit Cobras.
En una de las reuniones en la cumbre que la cúpula directiva de Garajeland ha tenido recientemente, además de las típicas acusaciones de los miembros dirigentes: la extensión de los artículos del que subscribe, en qué momento Luca Toni iba a marcar contra España (sentimos que el fútbol también salpique este blog, pero algunos no habíamos vivido con conocimiento de causa estos acontecimientos. Por resumir: ‘semos finalistas’), menciones a nuestras respectivas progenitoras... Nos dimos cuenta de que todavía no habíamos hablado sobre ‘The Band’. Una de las mejores cosas que le pasaron a la música en los sesenta, algo que había que solventar rápidamente.
The Band llegaron a representar mejor que nadie toda la tradición de la música de los EE. UU.: Blues, Folk, Country, mezclado con parte de la Psicodelia que salpicaba los 60, e incluso, introduciendo temas tan aparentemente alejados del Rock como la Guerra Civil Norteamericana. Lo curioso del asunto es que 4 de los 5 componentes de eran canadienses, su futuro era ser policía montada, nunca músicos (por aquello de mantener el estereotipo, ya saben, En España somos toreros mal que nos pese). Los orígenes del grupo, por tanto, hay que buscarlos en el país de la hoja de arce. Hasta allí llegó Ronnie Hawkins 'The Hawk', cantante de Rockabilly en los últimos 50. De Arkansas (su ciudad de nacimiento) se trajo al baterista Levon Helm y, ya en Canadá, contrató a Rick Danko, Robbie Robertson, Richard Manuel y Garth Hudson para que se transformaran en 'The Hawks'. Ronnie consiguió el paquete completo, paquete Comansi, porque los cinco eran multiinstrumentistas y con otras cualidades en nivel medio-alto (como el inglés en mi curriculum), como arreglistas para cuerdas o metales, ingenieros de sonido... Ni con el aparato que anuncia Chuck Norris se consigue tanto por tan poco.
... "Y ahora amigos, unimos el cable rojo con el azul para que el órgano suene, pero mientras vemos el siguiente briconsejo"
Con Ronnie, los futuros cinco miembros de The Band se consolidaron como grupo. En 1965, fueron recomendados a Bob Dylan, que por aquel entonces iba a sufrir una de sus metamorfosis, pasando de gurú del Folk a nuevo Mesías del Rock. Dylan contrató a los Hawks para una gira por Inglaterra con estas palabras: "Nos lo vamos a pasar fetén chavales, en Inglaterra me adoran, y, además, vamos a tener los hoteles a capricho". La gira resultó una pesadilla (histórica, todo sea dicho) en la que Dylan fue abucheado, llamado Judas y perseguido por las calles por gente con mirada aviesa. Pese a todo, los conciertos eran brillantes, llenos de energía y pulso. A ello, contribuía tanto las canciones del señor Bob, como la labor en los instrumentos de Robertson, Danko, Hudson y Manuel (Helm no participó en la gira, en su lugar se enroló en una plataforma petrolífera -y luego dicen que los bateristas no están locos-). Cuando regresaron a EE. UU,. Bob les invitó a alojarse en Woodstock (Nueva York), un entorno rústico donde comenzarían a trabajar en el vibrante, honesto e inspirado 'Music From The Big Pink', al mismo tiempo que se dedicaban a reparar las chapuzas en la casa donde vivían (años antes de Bricomanía y de los tubillones).
En plena efeverscencia de su talento, abandonaron Woodstock para grabar su segundoy homónimo álbum (hartos de que los vecinos se aprovecharan de sus habilidades de hombres herramienta) y recalaron en Los Ángeles, en la antigua casa de Sammy Davis Jr., que convirtieron en estudio. En la maleta (sin facturar) se traían al sexto miembro de la banda, el productor John Simon, cuyo papel (como el que conducía el camión donde descansaba 'El Coche Fantástico') era crucial: unir todas las partes y que todo sonara como debía. Hay que tener en cuenta que el sonido de The Band es único y complejo: órganos Gospel y/o protopsicodélicos; sonido seco de bajo y muy melódico; baterías orgánicas… Si parece difícil empastar todo esto, hay que tener en cuenta que Robbie Robertson estaba muy influido por Curtis Mayfield, tratando de crear 'cuadros sonoros' con su guitarra, algo parecido a lo que explico nuestro amado líder 61&49aquí. Intenten mezclar esto y que salga un álbum tan brillante como éste (o bien acabar un cubo de Rubik con una mano mientras sostienen una ciruela flotando en perfume oriental en un sombrero de caballero y una bella muchacha les susurra cosas al oído). Si consiguen cualquiera de las dos cosas, además de comprender lo importante que era John Simon en este grupo, deberían hacérselo mirar...
Por si alguien se lo pregunta: sí, todos parecen de la época de antaño (la garrota también)
'The Band' (el disco) cuenta con un grupo en plenas facultades, la composición de Robertson y las voces de los tres cantantes oficiales de la banda: la potente y cálida de Levon Helm, el tono de tenor de Danko y la increíble y personalísima voz de Richard Manuel, cuyos falsetes son como las actuaciones de Marlon Brando: en un buen día provocan admiración, en uno malo, siguen teniendo más personalidad que todos los concursantes de Operación Triunfo juntos (incluidas familias). Todas esas virtudes aparecen en 'Across The Great Divide', incluyendo los arreglos de metales (interpretado por el propio Danko, John Simon, Manuel y Garth Hudson, aunque lo divertido es que, excepto el último, ninguno sabía tocar ni una sola nota en un trombón o trompeta, tarataratareta... maldito Miliki, maldita infancia). The Band suenan con la frescura de la improvisación y la planificación de un buen estratega, ‘The Night They Drove Old Dixie Town', es el mejor ejemplo de ello: una historia con un protagonista -Virgil Caine-, un contexto: la guerra civil americana. Con esos mimbres, nadie esperaría algo divertido, pero la voz del profundo sur de Helm y el piano de Manuel configuran uno de los mejores estribillos que tus oídos jamás oirán (coronado por los magníficos agudos de Rick Danko y los 'nananana' inconfundibles de Richard Manuel). Es encomiable oír algo grabado hace 40 años, que versa sobre una historia de hace doscientos y que suene actual, ¿pasará lo mismo con algunas de las canciones que oímos hoy en día? ¿Mayra Gómez Kemp terminó de leer alguna vez un texto en su vida? Preguntas... preguntas... ‘Up On a Cripple Creek' parte de una letra bastante extraña de Robertson pero acaba tornándose en una celebración cuando los 'yodel, yodel' entran en escena apoyados por el piano estilo funky de Hudson, la mandolina de Helm, el fiddle de Danko y la batería de Manuel, que según b, no tenía ningún patrón técnico y tocaba por instinto (posiblemente hasta yo no hubiera desentonado con un par de crótalos). El disco termina con dos joyas: Jawbone, por el desgarro que tiene la voz de Richard Manuel en el estribillo; escuchar ese 'I am Thief and I dig it' mientras las notas de piano, batería y bajo caen sobre él es rejuvenecedora, cual crema del InstitutoPons. Para terminar, The Band entrega la que para muchos es la mejor canción del quinteto: ‘King Harvest (Has Surely Come)’, rematada por un solo de guitarra de Robertson, omnipresente durante todo el disco, pero con este único momento de ser protagonista.
Por último y a modo de curiosidad,el nombre del grupo se debe a que nadie encontraba uno bueno (los chicos propusieron The Honkies y The Crackers -no, lo de elegir nombres no era lo suyo), pero como todo el mundo se refería a ellos como ‘The Band’ (la banda, el grupo), pues decidieron seguir con ello. Cuesta creer que un grupo con un nombre tan soso fueran tan grandes, pero si tuviera que jugarme la paz mundial en una hipotética partida de chinchón con la Deidad que llevara este asunto, le apostaría que no encontraría otro grupo tan bueno y especial en universos a la redonda.
Una pequeña joya: ensayo de King Harvest en la casa de Woodstock, después conviene verse el Último Vals enterito...
Los enlaces musicales que publicamos (si es que nos apetece hacerlo) son de nuestra discografía particular, su única finalidad es dar a conocer un grupo de la única forma que se puede hacer: escuchando sus canciones. Si alguno te gusta no dudes en asistir a sus conciertos y en conseguir un formato de calidad (no un patético invento digital sin alma) y cómpratelo a un buen precio. Pero por encima de todo, no dejes de escuchar buen Rock And Roll.
Productor asociado: 61 & 49 Secretario de parranda: Tomás Verléin Compra las cervezas y diseña: Weisse Ministro de Fomento (y también de Sanidad): Johnny Dibud