viernes, 30 de mayo de 2008

Los reyes se lo montan solos


The Chesterfield Kings - Stop! (1985)



La historia de los Chesterfield Kings pasa por matizar que no son los reyes de Chesterfield, sino de Rochester, una típica ciudad del estado de Nueva York con calles lineales trazadas a escuadra y cartabón, en la que el cantante Greg Prevost y el bajista Andy Babiuk forman esta banda, en el crepúsculo de los años setenta, junto a Orest Guran como teclista, Rick Cona de guitarrista y Doug Meechan y su batería. El origen musical del grupo se sustenta en los melómanos de Prevost y Babiuk que coleccionan discos de la invasión británica de mediados de los sesenta como Biblias colecciona la familia Flanders, amén de otros estilos de está época tan fecunda. Para elegir vestimenta nada de chaquetas como Julián Ruiz, se calzan pantalones de pitillo que ensalzan su estilizada figura y en la peluquería de Rochester les cortan el pelo como el guitarrista que sale en su póster de los Rolling Stones, un tal Brian Jones.


Como ya hemos comentado en otras ocasiones, el éxito de un estilo provoca el resurgir de otro antagónico, y teniendo en cuenta como se presentaba el año en que publican Stop!, a estos chicos que han desempolvado la Rickenbacker les entra la mula uva de ver como Trevor Horn se pasa por el peluquín de la producción a un buen número de grupos, los sintetizadores más chungos sustituyen a las guitarras y ya no les hace gracia ponerse a bailar con baladas de Spandau Ballet. Lástima que por Rochester no llegaran noticias de España, pues aquí vivíamos un buen año, se estrenan series televisivas tan potentes como el Equipo A, el Coche Fantástico, Barrio Sésamo y Falcon Crest, ya pasa un año desde que La Unión canta el hombre lobo en París y Marta Sánchez comienza a triunfar con Olé Olé para quedarse posteriormente en porretas para Interviú.


Le dijeron a Rupert que querían el pelo como Frankie Goes To Hollywood y luego mira

Con su primer álbum ("Here Are The Chesterfield Kings", 1983), los Chesterfield Kings se convierten en abanderados del revival garajero junto a los Lyres o los Fleshtones y destapan el tarro de las esencias garajeras, sacándose de la chistera canciones de un buen puñado de grupos escondidos en el garaje americano, homenajean como es debido con eléctricas versiones a los Sonics, los Turtles o los Chocolate Watchband, y para este segundo trabajo, el quinteto deja un poco más apartadas las covers e incluye sus propias composiciones.


El resultado final queda con un sonido que casi no pasa del sesenta y seis, con doce canciones vibrantes, garajeras, habilidosas y de duraciones que pasan escasamente de los dos minutos, trasladándonos si cabe, un poquito más a la estructura musical sesentera. El Lp se inicia con la estupenda “Stop”; en “It´s Allright” o el single “She Told Me Lies” se inclinan hacia caminos más psicodélicos; “I Cannot Find Her” salva la deuda musical con los Kinks; Greg Prevost se alía con un elemento satánico para rendir tributo a Mick Jagger en las Stonianas y Rythm And Blueseras “Say You´re Mine” y “My Canary Is Yellow”; y dan un master de sapiencia en “Cry Your Eyes Out”,I Don´t Know Why” o un cachondo final con “Bad Woman”.


El balance final se traduce en un disco imprescindible, que puede estar perfectamente en las mejores estanterías con discos de los sesenta y que debería estarlo en las que queden huérfanas de esta banda. Quizás se le podría achacar que no han inventado nada nuevo…pero Telecinco tampoco lo ha hecho con Bea la Fea.