martes, 27 de noviembre de 2012

Demasiada clase para sus vecinos: Dogs


Dogs - Too Much Class For The Neighbourhood (1982)

La internete que en los últimos años ha traído empresas como Hipermegacompuglobanet y grandes oportunidades a muchos grupos de música que han sabido aprovecharse convenientemente, no ha sido tan agradecido con otros que se formaron mucho antes de que esta tecnología permitiera bajar de forma bien continuada la producción laboral. Hace ya un tiempo contamos que NRBQ se veía perjudicado por un plan de defensa nuclear de la guardia civil que recibe el mismo nombre. Otros como los franceses The Dogs, directamente hacen que una consulta con cualquier motor de búsqueda para informarse de esta gran banda resulte una quimera. He aquí unos cuantos ejemplos de lo que consigue tras escribir su nombre en la Google: una web británica de carreras de galgo, un restaurante de Edimburgo, un enlace a una entrada de la Wikipedia sobre el Canis lupus familiaris, otra a la película Los Perros de la Guerra, una web de adiestramiento de perros en Missouri, una web para salvar a los perros, una web para odiarlos, una entrada a un grupo de Hip Hop que se llaman The Dogs, y por último, y bien avanzada el número de páginas, una web relacionada con el grupo francés de Dominique Laboubée. ¿Cómo es posible que Puturrú de Fuá, Nacho Vegas o Zapato Veloz tengan una información más accesible que The Dogs? Pues como una gran injusticia a uno de los mejores grupos que ha dado el Rock And Roll en los ochenta, muy especialmente en el país galo.

Los Dogs esperando al que les dijo que no perdían nada por contratar un seguro adicional

Naturales de la ciudad normanda de Rouen, comenzaron su andadura musical bien pronto, a principios de los setenta, como un grupo que basaba su repertorio en versiones de los Flaming Groovies, The Kinks, Standells, Pretty Things o la Velvet Underground. Adorables. Hubo que esperar hasta 1979 para que se produjera su primer largo discográfico: Different. Poniendo un nivel de exigencia alto (nivel agarrar la raqueta de tenis para tocar sus canciones) tres de sus álbumes me encantan: el propio Different, con un sonido acorde a la energía de un punk que vivía sus últimos coletazos, aunque más amplio de miras sonoras que la mayoría de sus coetáneos como demuestran los grupos que versioneaban en sus primeros años, sólo le falta un mejor sonido para que quedara completamente redondo, lo que hubiera significado más dinero para la grabación que no tenían; una muesca más a esta perruna lista sería Legendary Lovers, otro maravilloso disco de 1983 en el que el grupo se encuentra en pleno estado de efervescencia creativa con un tratado inmaculado de rock and roll e influencias exquisitas; y por último (aunque insisto, y mucho, podrían entrar más en esta lista) Too Much Class For The Neighbourhood, que no sé si será el mejor o no de su discografía, pero para mi humilde cuerpo es su favorito (me lo ha dicho en persona) tanto de su carrera como de innumerables álbumes de principios de los ochenta.

Siguiendo las oportunas indicaciones del señor Lobo, el roble es lo más elegante para una habitación

En todos hay un punto en común y diferencial: el indiscutible liderazgo de Dominique Laboubée, guitarrista, compositor y letrista del grupo, ya sea en el formato trío de su primer trabajo o ya como cuarteto en su formación más clásica, que precisamente se produce por vez primera en este Too Much Class, con Michel Gross como batería, Huges Urvoy de bajista y la novedad de Antoine Masy Perier como segundo guitarra. Too Much Class For The Neighbourhood aglutina todas las inquietudes musicales de Laboubée: el Rock And Roll, el Pop, la actitud del punk, New Wave, y todo ello confluye magistralmente en las catorce canciones del disco, donde todas son extraordinarias y no hay ni una, pero ni un nota ni un solo suspiro entre estrofas que no merezca la pena.

Es incuestionable que canciones como la que da título al disco, “Death Lane” o “Poisoned Town” son vitaminas básicas para cualquier amante del rock and roll que se precie. Como es un disfrute para los oídos que las influencias del Rhythm and Blues y el garage fluyan en canciones como “Gone Gone Gone” o “The Train Kept A Rollin”. La segunda línea del disco deja joyas nuevaoleras muy apreciadas por estos lugares como la apertura del disco de “Shakin With Linda”, la estupenda canción pop “Home Is Where I Want To Be” y esa maravilla de canción que podría escuchar en modo bucle llamada “The Most Forgotten French Boy”. En “M.A.D” se permiten el juego vocal con el único fondo de unos acordes de guitarra y golpes de charles. Catorce canciones sensacionales, sin nada de relleno, poniendo acento francés aunque siempre cantadas en inglés, puesto que a Dominique Laboubée no le gustaba nada cantar en francés salvo por imposición de la discográfica, propiciando seguramente encendidas tertulias en el intereconomía de allí para llamarle antipatriota.

Si los franceses hace tiempo nos quisieron traer la modernidad, la democracia, la libertad, un idioma más, y otras cosas que nos hubiéramos encargado de destrozar rápidamente formando un tumulto encabezado por Moe portando una antorcha, también nos hubieran traído la posibilidad de que los Dogs nos pertenecieran un poquito más. Afortunadamente los discos no entienden lo que son los Pirineos y a día de hoy podemos seguir venerando a Dominique Laboubée y sus secuaces, aunque sea desde el modesto terreno del culto musical. Tenían demasiada clase para este mundo, y la seguirán teniendo.

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martes, 20 de noviembre de 2012

Canciones más allá de The Posies: Jon Auer


Jon Auer - Songs From The Year Of Our Demise (2006)

Segunda entrada en menos de una semana (esto no lo recuerdan ni los más viejos del lugar, es decir, el próximo protagonista de un reportaje del telediario de Antena 3), y segunda entrada que tiene de protagonista a un miembro Posie, en este caso Jon Auer. Podríamos decir sin mucho temor a equivocarnos que a priori uno piensa en él como en el reverso, cara oculta de la luna, el lado con mermelada de la tostada, o el opuesto que quieran poner del bueno de Ken Stringfellow. Delgaducho, nervioso, estrafalario el segundo; más regordete, pausado y que pocas veces se queja en la junta de vecinos del que le roba la revista de Canal + del buzón el primero. No obstante ambos comparten numerosos proyectos musicales al margen de la tarea (reconfortante imagino) de estar en los Posies. Quizás en el caso de Jon Auer, los trabajos en solitario no han sido tan numerosos y con algo menos de enjundia que el protagonista de nuestra anterior entrada, pero no por ello están faltos de un talento que ambos se empecinan en demostrar en sus temporales divorcios musicales y cuando afirman que nunca hay que renunciar al seguro dental.

Auer esperando en el descansillo. Él es de Seattle, pero en el fondo hace lo mismo que los españoles.

En solitario, aparte de un par de EPs y singles, Auer sólo tiene un disco en solitario: Songs From The Year Of Our Demise. Realicemos un sentido suspiro melódico a favor de nuestro querido amigo de pelo rizado. Ya. Su primer y único largo en solitario abandona un poco el lado powerpop de los discos de los Posies para centrarse en terrenos catastrales más poperos e íntimistas. El título del disco no es muy optimista, y si bien es cierto que el tono general de las canciones navega de forma melancólica, propiciado por la suave voz del amigo Auer, tampoco se puede decir que el disco sea como el funeral de Kim Jong Il.

Jon Auer se muestra inspirado con el toque melódico del disco en sus ¡15! canciones y tres extras, algo cada vez menos frecuente en esta cultura tan nuestra de quedarse sin posibilidad de más rosquillas luego. Personalmente me quedo con la primera parte del disco, donde se encuentran las estupendas “Bottom Of The Bottle” con su guitarra acústica haciendo débil al oyente, “The Likes Of You”, “Four Letter Word” con dosis de piano y “You Used To Drive Me Around” que se alarga hasta los siete minutos de duración. Pasando el ecuador del disco se encuentra “Josephine” cuya historia trata de una abuela de Auer que nunca conoció debido a que su padre era adoptado. Trágica historia para taparte hasta los ojos y no salir de ahí en una semana. No podían quedarse fuera, aunque sólo fueran unas pocas, las referencias sonoras que más recuerdan los trabajos de Auer en The Posies y Big Star, “My Sweet Unknown” y “Sundown” son las que contienen el tono que esperamos y la cantidad idónea de “la la la la la las” que todo buen disco pop que se precie debería tener.

Jon Auer en un coloquio, decidiendo si es el momento de cambiar las bombillas de bajo consumo por las de LED. 

Aportar como curiosidad que la foto de la portada (si compras el disco y la despliegas verás que también está posando Auer) se capturó en “algún lugar de España” o como se llame ahora esta cosa en la que vivimos y pagamos impuestos recibiendo poco a cambio. Yo dudo mucho que hacer álbumes tan completos sea fácil, pero Auer, como un buen artesano, te hace creer que así es, para que cuando tú lo intentes lo único que consigas sea soltar desesperación e ira. Ira artística conceptual, por supuesto.

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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Nuestros señores independientes favoritos: Ken Stringfellow




Ken Stringfellow - Soft Commands (2004)

Uno de nuestros indies favoritos, un término que me recuerda a otros personajes que circulan por la música mucho menos agradables que este flaco de lacio peluquín, es Ken Stringfellow. Un señor que pese a bañarnos en un concierto (para salvaguardar el horario de comida no diré de qué fluido de los que salían de su boca se trataba) es un individuo a tener en consideración en cada uno de sus trabajos  (y son muchos) en los que participa. A Ken Stringfellow tal vez le recuerden de un matrimonio ficticio con Selma Bouvier y de otros proyectos musicales como Lagwagon y White Flag (o música para montar en patinete), en Chariot, en los más recientes Disciplines, y en una de las debilidades de esta casa como son la Orange Humble Band. Y no acaba ahí la cosa...



Ken Stringfellow en una foto promocional de navidad para el Twister 


Seguramente ya sabrán que ha sido colaborador de Neil Young, de los Long Winters, de Mudhoney, de Snow Patrol, de Death Cab For Cutie, de Cecilia Ann, de los últimos años de R.E.M., en donde coincidió con el amigo de todo el mundo, Scott McCaughey, que le reclutó para muchos de los discos grabados bajo el nombre de Minus 5, entre los que destacan el muy recomendable Down With Wilco, grabado precisamente con Tweedy y el resto de canallas del grupo de Chicago. De lo que ya necesita de poca explicación es de su participación en la reunificación de Big Star que hizo Alex Chilton a principios de los noventa, y de The Posies. Este último su principal grupo desde que se le conoce en los territorios musicales, ejerciendo de colíder junto al regordete Jon Auer durante (y ya van) veintitantos años. No vamos a desgranar la discografía completa de The Posies porque ya es bien conocida, y en caso de no ser así ya puede usted empezar a correr a su tienda de cedeses o fuente de información más cercana y hacerse con sus discos, empezando por Frosting On The Beater y continuando por, por ejemplo, Dear 23 o Amazing Disgrace.



Revisando la chuleta del sombrero de "haga usted el nudo Windsor en sólo cuatro pasos"


Entre tanto trabajo, le ha dado tiempo a participar como guitarrista, bajista, teclista, productor o arreglista, pero si tuviera que destacar una faceta suya sería sin lugar a dudas su voz. Una garganta privilegiada que ha ido depurando a lo largo de los años alcanzando registros que harían temblar de emoción hasta el más machote de los presentes. Sin necesidad de gritar, como parece que es la moda actual entre los supuestos buenos cantantes, Stringfellow se explaya a gusto vocalmente en sus tres (cuatro con el que publicó hace escasamente un mes, Danzig In The Moonlight y del que todavía no he tenido el placer de llevarme a las orejas) discos en solitario.


A destacar entre ellos, Soft Commands, que no valoraré si es mejor o peor que el resto, pero el que a mi entender desatendido representa mejor al Ken cantante. Disco intimista, creado y grabado por las diversas partes del globo por las que se mueve tan inquieto personaje, ya sea por su Seattle natal, su domicilio actual en París o en Estocolmo. Con unos cuidados arreglos y momentos tan dulces como “Any Love”, “Let Me Do”, “You Became The Down”, “Known Diamond”, y hasta una especie de nana, “Je Vous En Prie”, con palabras en francés (suponemos bajo ardua investigación, que dedicadas a su parisina mujer). Tras pasar por los más variopintos instrumentos, Stringfellow se despide con una versión de “Down To The Wire” de Neil Young en su época buffalera. Es cuanto menos curioso, que la voz de un tipo tan huesudo, pueda envolverte tan cálidamente como una manta de lana tricotada por una abuela, pero así es.

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lunes, 20 de agosto de 2012

La importancia de llamarse Van


Them - Angry Young Them (1965)

 
Probablemente lo desconocerán, pero entre mis múltiples talentos uno de los mas ocultos es aquel que hace referencia a mis vastos conocimientos de biología o física. No en vano, puedo explicarles el complejo mundo de las proteínas mediante un sencilla metáfora que implica una puerta, una llave y un profesor de ciencias sin sonrojarme apenas. Sí, habrán adivinado que esto de que hablo es otra de esas cosas en las que tampoco tengo nada interesante que decir.

Contando con ello, he de reconocer que el tiempo me ha hecho ver que alguna cosa ha quedado en mi psique, por ejemplo que cuando alguien dice la palabra "Glúcidos"puedo rellenar un folio en blanco con datos inservibles, pero a velocidad de auténtico vértigo y que ciertos tipos de determinismo escapan al tiempo, a Matrix y a las subidas del IVA. Y como mejor ejemplo de esto, tomo las inmortales palabras de Abe Simpson a su hijo cuando éste está a punto de hacer su diagonal final en su ejercicio de gimnasia artística: "Ahí la pifias". No les tengo que contar el resultado final de mi historia, ¿verdad?

Sí, sí, todo son alegrías cuando ves el piso piloto, pero luego...


Unos folios en blanco más tarde traigo otro ejemplo de determinismo: el de uno de los autores del disco del que hoy hablamos, el determinismo afectaría directamente en una idea bastante simple: "Si uno se apellida Van ya tiene parte del camino hecho". No me tomen a mal, no les digo yo que Van Morrison no podría haber tenido una carrera como la suya apellidándose Pérez Rodríguez (por poner), pero tener el mismo pedigrí que un gato común indioeuropeo no ayuda a darse a conocer, háganme caso que me lo han contado de primeras...

Pero primero empecemos por levantar todas las cartas: les he mentido, y descaradamente. Antes de que saquen las antorchas de emergencia les explico que ha sido una mentira a medias: Van no se apellida Van, bueno al menos no directamente: George Ivan Morrison nació en Belfast el 31 de agosto de 1945, pero en los escenarios siempre fue conocido como Van Morrison, Van The Man. Un señor uraño elevado a categoría de mito de la música británica que en los sesenta era más conocido como la gran esperanza blanca (y ya uraña) del Blues y el R&B.

Van tuvo contacto con la música desde muy niño gracias a los discos que su padre traía de EEUU: Solomon Burke, Ray Charles... carnaza de primera, amigos. Viendo el interés del niño en el tema musical (y la imposibilidad de conseguir una raqueta de tenis para que el pequeño hiciera el Air Guitar correspondiente) su padre  acabó por comprarle una guitarra a los 12 años, con la que empezó a tocar en grupos de Skiffle y a componer sus primeras canciones. Con 14 no le admitieron en un par de conjuntos porque ya tenían a un guitarrista en sus filas; en ese momento decide que quiere aprender a tocar el saxofón. Su padre accede (y esta vez no hay ningún paralelismo con los Simpsons, sucedió así) y un mes después de tenerlo en sus manos ya domina el instrumento con soltura. ¡Un mes! Más o menos el tiempo que calculo necesitaría yo para saber por dónde se sopla y por dónde sale el sonido.

Desde aquel día seguir la pista musicalmente a Van exigía no pestañear ni un segundo: con 17 emprendió su primera gira con The Monarchs, grupo que tuvo más miembros de los que este humilde escriba puede recordar y que deja completamente humillado a todas esas informaciones veraniegas de fichajes futbolísticos que acaban siempre en negociaciones con "flecos" pendientes (la revisión de flecos ese tema en el que siempre hay que estar atento de su evolución, es decir, su falta de evolución). Dos dimes y diretes más mandaron a Van a tocar con un grupo que tenía ya un contrato en un hotel, The Gamblers, los que poco después serían conocidos como Them.

Las caras de circunstancias se deben, como no podía ser de otra forma, a que se trata de un vuelo de Ryanair.


Estamos en 1966 y mientras Revolver deja claro que los Beatles tienen mucho que decir y que no se va a parecer a nada de lo que la gente se esperaba, Van ya es compositor de éxito de Them, ha escrito Gloria, compartido escenario con un tal Jim Morrison y los Doors (que según cuentan las malas lenguas copió bastante de su teatralidad del bueno de Van) y ha conseguido labrarse una fama de cascarrabias de la que seguro tomó buena nota Alfredo Landa para "Lleno, por favor". Un año antes, salía al mercado este artefacto musical en el que quedaban aclarados unos cuantos conceptos:

  1. Que no estaba permitida otra cara que no fuera la de Poker en la portada.
  2. Que el "Featuring de Van Morrison" puede ser una traducción bastante acertada de "Aquí guapines los justos". Un ejercicio de poder que me deja con ganas de proponer otros ejemplos que podrían haber sido justo así: "Taxi Driver, featuring Robert De Niro", "La Biblia, Featuring Jesús o "El Gran Lebowski, featuring el Nota, Noti o el Notarino si no os van los nombres cortos".
  3. Que como elemento recopilador de la tradición del R&B inglés de influencia americana es es un representante más que digno.
En estos momentos pueden argumentar (con bastante razón) que el disco no refleja lo que se supone que eran Them en directo, un grupo que contaba con versiones elefantiásicas de sus canciones: 20 minutos de "Here Comes the Night" enlazados con "Baby, Please Don't Go" donde Van dejaba exhaustos al público presente, pero este disco es el primero donde se escuchó "Gloria" y donde apareció "Mystic Eyes". Dejen paso.

Y eso que aparentemente no era el mejor momento para Them, Van Morrison empezaba a estar cansado de los rigores de ser un grupo inglés en la Inglaterra de los 60: giras, trajecitos, actuaciones en playback en televisión... todo alejado del espíritu indomable del (aquí viene el tópico) León de Belfast. Para más inquina el manager de la banda, Phil Solomon, ya había elegido el producto del primer largo de Them. Ese puesto fue tomado por Bert Berns cuyo mayor mérito (y no está nada mal) era ser uno de los compositores de Twist & Shout. Así que con una mala leche acumulada que dejaba en pañales a los tertulianos de "El gato al Agua" un puñado de canciones ensayadas hasta la extenuación en directos y un sombrero para conversaciones telefónicas The Angry Young Them salió a la calle.

Preciosa estampa de clima oceánico: su río, su neblina, su grupo de R&B, su niño robando la cartera del teclista...


El disco comienza a todo trapo: Mystic Eyes. Torrente de armónica, riffs de guitarra tocados con urgencia y toneladas de testosterona que cierra de la manera en la que podría acabar el mundo: volviendo al punto de partida. Cuenta Van Morrison que la canción nació de una larga improvisación del grupo. Uno de esos momentos mágicos donde todo cuadra, los astros se alinean y el repartidor de MRW coincide en espacio/tiempo contigo. A nosotros nos sabe a poco los menos de 3 minutos del tema, pero incluso así, es una canción que respira sudor y algarabía de manera única. Sin mucho tiempo a recuperarnos Van entrega dos pinceladas de R&B que nos ponen en contacto respectivamente con la parte más negroide y seductora de los irlandeses y con la hechuras de Van como cantante capaz de decirle a Jagger: "¡anda, quita!" del escenario: "If You and I Could Be As Two" y "Little Girl".

El culto a los maestros sigue con "Just a Little Bit", con el órgano de Peter Bardens como acompañante de la voz de Van, mientras que  "I Gave My Love a Diamond"sirve de anticipo para el desembarco de "Gloria", quintaesencia de las canciones rock que han sido escuchadas hasta la saciedad pero no consiguen cansarlos. Quizás es por esa introducción que no es introducción, quizás por la estructura de tres acordes que hacen sencilla su reproducción en cualquier ambiente (concierto ante 200.000 personas o borracho como un lémur en el portal de tu casa) o que su escucha masiva ha servido a generaciones de españoles para aprender "spelling" con más eficacia que cualquier profesora nativa de inglés. No conocemos la receta exacta, pero nos quedamos con todo lo que encierra la canción: desde el acentazo irlandés de Van mezclado con una interpretación a lo Howlin' Wolf, hasta con la sabia y acertada forma de terminar el tema.

Kent Brockman tenía razón, queridos amigos. TENÍA RAZÓN
 

Tras la catarsis de Gloria, Van entrega su propia versión ceñuda de una canción a lo Bob Dylan ("You Just Can't Win") y sigue dejándonos claro que puede convertir canciones de inspiración R&B como "Go On Home Baby" en pildorazos de garaje tanto como  homenajear a los maestros con la versión de Don't Look Back de John Lee Hooker . Aunque como más nos gusta a nosotros es llevando a ebullición canciones como "I'm Gonna Dress in Black", interesante remedo de la casa del son naciente que se beneficia de la leonina voz de Van como mis fracasos en la cocina tras ponerle un poco de orégano (incluyo postres).

Con las parecidas claves, Them convierte el "Bright Lights, Big City" en una pieza de R&B contemporáneo que alcanza las mejores cotas de interpretación instrumental del disco. Y para el final otra versión: "(Get Your Kicks On) Route 66" que funciona como declaración de principios: "esto es lo que hacemos" y como inmejorable última impresión del grupo: voz superlativa, el Hammond dando guerra, una base rítmica tipo adoquín del Pilar y la intención de dejar a todos sin aliento, los que tocan y los que escuchan.



Them fue un grupo de corta carrera (el álbum del que hablamos y otro más, llamado con perspicacia: Them Again) y aunque en Garajeland no nos gusta chivarnos sabemos que fue la peculiar mala leche de Van la responsable de decir "esto no hay quien lo aguante, me voy al bar de Moe" y, también, que no le salió mal la jugada. Pero no está de más darle crédito al grupo, que en solo dos discos fueron capaces de situarse a la cabeza del R&B británico y entregar tres joyas como "Baby Please Don't Go", "Mystic Eyes" y "Gloria". No está mal para cinco chicos airados; no señor.


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Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein.
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lunes, 30 de abril de 2012

Noticias de baja estofa (III): Mick Jagger

Mick Jagger copresentará “Know How To Live”, la versión inglesa del programa Saber Vivir

El famoso cantante de los Rolling Stones ha fichado por el programa que produce la BBC y que se basa en el exitoso espacio de Televisión Española. La noticia ha pillado por sorpresa a más de uno, pues con el reciente aniversario de la banda, éstos preparaban nuevas canciones en el estudio y una más que probable vuelta a los escenarios. Hecho éste que no ha sido óbice para que Mick Jagger cumpla según sus palabras “uno de mis sueños desde que mi madre compró un herbolario”.

Mick Jagger esperando a que salga el número de teléfono para pedir el tensiómetro. 

El señor bajito del departamento de investigación de garajeland ha podido contactar con el sexagenario artista donde ha expresado sus motivaciones por participar en el programa. “En un principio me costó decidirme, principalmente por el horario laboral que me ofrecían, una vez me plantearon la posibilidad de tele trabajar desde casa dar el sí fue mucho más fácil”. Mick Jagger también ha explicado las funciones que desempeñará en el programa: “Tendré un papel muy activo en la sección Sano y Barato, en la que pondré a disposición de la audiencia toda mi experiencia en el ahorro y en los medicamentos genéricos. Además los días en que me encuentre en el plató iré pasando el micrófono a los jubilados que se encuentren entre el público. Como tendré que subir escaleras he pedido que me dejen ir vestido con ropa cómoda, como en el vídeo de Dancing In The Street que hice con Bowie, y la cadena ha accedido”. Jagger ha sido tajante con sus prioridades al frente de los Stones “La BBC ya sabe que si Keith Richards se pone mohíno con una gira es primordial que yo acuda, no obstante me darán un busca de empresa por si me tienen que localizar”. 

También ha hablado para el señor bajito el director adjunto del sub secretario general de programación de la BBC: “La idea de incluir a Mick en el programa es fantástica. Nuestra audiencia ve en él a alguien que es capaz de correr por el escenario durante dos horas y le encantaría mantener su forma física”. Ante la posibilidad de que fuera Rod Stewart la primera opción del programa como se ha venido rumoreando la contestación ha sido tajante “Ni siquiera tuvimos un contacto con él. Respetamos mucho la trayectoria de Rod y su línea de cremas exfoliantes, pero los conocimientos de química de Mick se podría decir que son casi enciclopédicos”. La versión británica también pretendía incorporar a Manuel Torreiglesias pero desestimaron la idea al ver que en el currículo del conocido presentador se remarcaba con negrita y cursiva un nivel medio de inglés. La cadena exigía medio alto.
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jueves, 19 de abril de 2012

Quehaceres altamente prescindibles y The Real Kids


The Real Kids - The Real Kids (1977)

Existe gente (en eso creo que estamos todos de acuerdo) y existe otro tipo de gente (en esto ya veremos) que bajo una capa de buenas maneras y sonrisas amables nos realiza recomendaciones cuando en realidad lo que quiere decir es “tienes que”. Seguro que se han topado alguna vez con alguien así, o mucha gente así, puntualicemos cuanto podamos. Los que te dicen que tienes que tener una casa más grande, un coche más grande, una nevera más grande, una televisión más grande que te cagas, una mesa más grande, un ordenador con no sé cuantos megas mucho más grandes, un teléfono con pantalla más grande y altavoz más grande, una impresora que admita papeles más grandes, un seguro del hogar para todas las cosas grandes que has comprado. Y sigue así la cosa, no crean.

Los Real Kids con cara de pocos amigos tras intentar colocar una imagen en Word 2007

Te dicen que tienes que tener diesel y a la vez gasolina, abrigos que abrigan más en invierno, un seguro dental, una tarjeta de descuento, un nuevo contrato con la compañía del gas, gorra, plantar tomates y cebollas, perro, gato, niño, tienes que comer más, tienes que comer menos, tienes que trabajar más despacio, llevar paraguas para no mojarse, tienes que andar a dos patas, devolverle el balón a un niño, pagar con tarjeta, descargar gratis, ver series, cerrar la terraza, escuchar el primer disco de los Real Kids. Única y exclusivamente a estos últimos es a quien uno tiene que hacer caso. Tienes que hacerles caso.

El primer disco (y como veremos unas pocas líneas más abajo casi el único) de los Real Kids es esencial desde el canto superior derecho hasta más desgastado inferior izquierdo. Desde Boston (aunque grabado en Nueva York), y para los pocos que supieron leer entre pequeñas reseñas de aún más pequeños medios de información se encontraba un disco fundamental, a medio camino del incipiente punk de la costa Este y el buen pop que arrasaba en los sesenta y algunos extraños se encargaron de desprestigiar durante unos años de medievo melódico en los primeros setenta. Esta joya de 1977 se debe principalmente a la luminaria de John Felice, desvirgado musicalmente años atrás en la primera formación de los Modern Lovers, no llegó a participar en la primera grabación de los mismos por ser menor de edad, pero no perdió el tiempo en formar The Real Kids, aunque sí unos cuatro años en entregar su primer largo junto a Howard Ferguson, Alpo y Billy Borgioli.

Efectivamente, todos tenemos un amigo melenas del instituto al que luego (por cariño y esas cosas) nos cuesta dejar de lado

Como suele ser habitual, los discos empiezan por la primera canción, y vaya primera canción: “All Kindsa Girl”, canción memorable y pluscuamperfecta, desde sus míticos primeros acordes hasta el estribillo y un pegajoso e irreprimible ritmo que ya no te separa del disco hasta que éste termina. No sólo de semejante himno vive este debut disquero, las composiciones de Felice no deslucen en ningún momento a tan inmejorable inicio, ya sea “Solid Gold”, “Do The Boob”, la estupenda “Taxi Boys”, la maravillosa “Just Like Darts” o el tremebundo final de “Reggae Reggae”; como tampoco lo hacen las tres versiones (creemos que existe una fórmula matemática desconocida para incluir un número de covers en cada disco, y éste la cumple), a destacar entre mis favoritas “Roberta”, en la que participa Jeff Conolly, el paisano bostoniano más famoso y mono de Massachusetts. Una vez escuchen el disco pongan las etiquetas estilísticas que quieran; Rock And Roll, Punk, Pop, Garage, ¿quizás Powerpop? Quedan todas aceptadas.

Como toda bonita historia tiene un cazador que mata a la madre de Bambi o un dinosaurio que deja vivo al niño de Parque Jurásico, en esta hay que recurrir al mandito abandono que sufren numerosos grupos por parte de los estamentos económicos, motivo por el que Felice trabajó durante un tiempo de rodie de los Ramones, entregaran un único álbum de estudio más (No Place Fast, también recomendable), algún directo tras algunas reuniones y (que yo sepa) un par de trabajos más de Felice aunque no bajo el nombre de Real Kids. Afortunadamente grabaron este disco homónimo, era el día (o días) en el que cuatro tipos se levantaron de la cama y cada canción que grababan les salía bien. Por nuestra parte, agradecimiento eterno por tanta inspiración.

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sábado, 14 de abril de 2012

Verdades como puños, mentiras como pianos (XI)

1. ¿Dedicó el FBI un departamento, varios informes, una secretaria y un archivador de anillas a investigar Louie, Louie?

Nuestro Veredicto: Sí, no están ustedes viendo visiones. Aquí Tomás Verlein al aparato. No, no se extrañen, soy el mismo de siempre; propietario de textos interminables, gusto por el pop de cámara y operado para convertirse en un cyborg tras una carrera corta como policía en Detroit... ¡Un momento! Antes de que llame a mi médico de confianza (un tal doctor Riviera) para aclarar unos asuntos les digo que les he echado de menos y que vamos al tema.



El FBI, la canción más mítica del Pacific Northwest, un asunto relacionado con unas letras, la catadura sexual de América, los sesenta, los malentendidos... Muchos son los temas que se vinculan en esta entrada, todos de una complejidad extrema que exigen la intervención de verdaderos expertos en la materia. En Garajeland hemos comprendido perfectamente estas necesidades con lo que no podíamos por menos que reunir un equipo a la altura de las circunstancias; como podrán imaginarse nadie se presentó a nuestra llamada y no nos ha quedado más remedio que aceptar de mala gana al señor bajito y al de la guía de teléfonos, que pese haber sido despedidos hace eones se siguen presentando a trabajar cada día.

Con ustedes la segunda mejor presentación del mundo (después de la de Chandler Bing)
 
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viernes, 30 de marzo de 2012

Contacto con tacto (XV): The New Piccadillys

Sala Boîte, Madrid, 29 de Marzo de 2012

Muy bienvenidos a una nueva crónica de concierto de garajeland, en la que se suele hablar poco de las canciones tocadas en directo, en donde los debates suelen tomar una dirección culinaria o en donde uno se puede explayar a gusto pensando si Amaia Montero funcionaría mejor como mascota de Bonnie o Tigretón en el famoso bollo de Bimbo.

La velada de anoche suponía la presentación en tierras ibéricas de los New Piccadillys, que en desglose queda así: El culo inquieto de George Miller que antaño partía la pana en el mundo beat con los imprescindibles Kaisers y otros proyectos igual de excitantes (se dio buena cuenta de su trabajo en este mismo espacio) y que ahora se rodea de otros tantos escoceses, antiguos compañeros en unos casos, músicos de sobrada pericia en el cien por cien de ellos, para seguir dando rienda suelta a su pasión por sonidos que no pasan del sesenta y cinco en general y el beat de la orilla del Mersey en particular.

¿Quién dijo que se necesitaban treinta metros de escenario para poner posturas de auténtico rockero?

Ante esta propuesta nos vimos en la Sala Boite madrileña compartiendo la ocasión con el guardián de la melodía y maestro chocolatero del bombón de licor (ambas partes también por separado) Savoy Truffle. Día de huelga (Lisa necesita un aparato), mucho movimiento en las calles y aforo medio para recibir a los ilustres escoceses. Un primer vistazo al escenario nos pone en aviso: estos perros saben comprarse instrumentos, ya sea rodearse de una Ludwig o colgarse un bajo Hofner, una preciosa Mosrite o en el caso de George Miller una Fender Jaguar.

George Miller buscando entre el público a Troy McClure, en estos momentos analizando la desaparición de la nuca del presidente

El repertorio se nutre completamente de versiones, principalmente del ya comentado beat sesentero y en donde no falla alguna del más famoso cuarteto de Liverpool. El concierto comienza con una de las siete canciones que ya circulan por la red (hay que puntualizar que aún no han editado ninguna referencia), la instrumental “Driving Guitars”. ¿Y en qué se diferencia esto a un tributo, un revival de poca sangre o simplemente a un ejercicio de nostalgia? Es lo que pensará en escéptico rockero. En la segunda canción se empieza a ver, aquí caben además de los Kinks y “Took My Baby Home”, la ramoniana “Judy Is A Punk” pero llevada a otros terrenos hasta ahora inexplorados. Y es que a estos tipos les das el “Little Latin Lupe Lu” de los Righteous Brothers, una revisón al “Lies” que los Knickerbockers llevaron al recopilatorio Nuggets, “A Certain Girl” de los Yardbirds o “Rawhide” de Link Wray por citar sólo algunos ejemplos, pasan cualquier cosa por su trituradora de ritmos y lo convierten en una canción de Twist, que tiemblen Andy & Lucas si estos les cogen un éxito, que les pueden dejar en mal lugar.

El batería asiste atónito a la explicación del bajista a George Miller que si renuncian al seguro dental habrá que pagar el aparato de Lisa.

Quizás el factor tiempo no es uno de los elogios que se les puede echar, si bien, tocar con la soltura propia de quien ya ha pisado muchos escenarios y saben de qué va un concierto cara a cara con el público puede ser uno de los más grandes que se les puede hacer. Son escoceses y hacen beat, tocan veintitantas canciones sin recurrir a parones en los que hay que decir cuan guapo es el público que les rodea (ciertamente en la mayoría de los casos están mintiendo) porque no les hace ni pizca de falta. Grupos así y a personajes tan queridos por estos lares como George Miller hay que ir a verlos aunque vayan vestidos como Pez Guardiola. Es lo que os hace falta si en estas fechas pasan cerca de vuestras casas. Esto es lo que queda de gira:

- VIERNES 30 DE MARZO. ANDOAIN. AUDITORIO BASTERO
- SÁBADO 31 DE MARZO. SANTIAGO. SALA MOON
- DOMINGO 1 DE ABRIL. GIJÓN. THE MONKEY CLUB
- LUNES 2 DE ABRIL. LIERGANES. SALA LOS PICOS
- MARTES 3 DE ABRIL. BURGOS. SALA ESTUDIO 27
- MIÉRCOLES 4 DE ABRIL. VITORIA- GASTEIZ. HELLDORADO 
- JUEVES 5 DE ABRIL. PONFERRADA. FREAKLAND FESTIVAL

'Judy is a Punk' - The New Piccadillys from Bill Gill on Vimeo.
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sábado, 24 de marzo de 2012

Los chicanos que se convirtieron en estrellas: Thee Midniters


Thee Midniters - In Thee Midnite Hour!!!

Es curioso como el paso de los años va aclarando ciertas facetas de la vida de un rockero sin tupé como es mi caso. Primero caes en la cuenta de que hablar a tus amigos en una discoteca de que tal o cual canción es de un grupo alemán llamado Kraftwerk puede importar un pito a los colegas que precisamente lo que les interesa es lo contrario al pito, y con razón. Más tarde descubres apesadumbrado que la MTV es en principio, y sólo en principio, una televisión musical y que una vez superado el número de video clips sin raperos deja de ser la tele de la música para pasar a ser simplemente la tele de cosas. Poco a poco vas labrando una personalidad musical a la par que te vas quedando sin sitio en las estanterías, y descubres que en casi el cien por cien de los casos la música actual carece de alma (y esta vez no ha sido Milhouse el que se la ha comprado a Bart). Afortunadamente, en algún momento de la vida aparecen Thee Midniters, y otra vez a hacerse preguntas: ¿Se puede tener la técnica instrumental idónea y utilizarla para tocar canciones plenas de emoción? Podría ser.

No se fíen, tras esa apariencia de buena gente planean estrangular a la guitarra y luego ocultar las pruebas

Thee Midniters formaron durante el segundo lustro de los sesenta una de las bandas más ardientes de la ciudad de Los Ángeles. Quizás sea mucho decir, codeándose con, sin ir más lejos, los Beach Boys, Doors, Byrds o Love; pero para el barrio de East LA, los Midniters eran unas auténticas estrellas, a las que todos adoraban o tomaban como ejemplo para formar un nuevo grupo musical. Formados precisamente en el barrio del Este de Los Ángeles, de amplia comunidad de hispanos, y como suele ocurrir cuando las cosas se desproporcionan, un lugar poco propicio para ir repartiendo publicidad por los portales. El grupo inicialmente llamado Midnighters se gesta en la Salesian High School, localizada entre la calle Soto y la principal arteria que cruza el barrio chicano, Whittier Boulevard, que tendría algún Economato por la zona. Tras unas primeras formaciones tan cambiantes como el humor de Luis Aragonés y tal, con dos voces, órganos, saxos…, el grupo se puede resumir en siete canallas esenciales (existe información detallada en Internet y como no entra en examen mejor no aburrir): Willie García alias Little Willie G cantando, George Dominguez guitarra principal, Ronny Figueroa al órgano, la sección de vientos de Larry Rendon y Romeo Prado, George Salazar en la batería y Jimmy Spinoza al bajo.

No me dirán que han visto una formación más exquisita haciendo el numerito de un paso palante y otro patrás

Unos conciertos iniciales salvajes (y con máscaras de carnaval que afortunadamente abandonaron) hace que sean llamados por el sello de Hollywood Chattahoochee Records, que ya se hacía eco de las aventuras de los chicanos gracias a las numerosas radios locales del condado angelino, que durante los sesenta apoyaba a un amplio número de grupos de la ciudad programando emisiones musicales sin alternancia de tertulianos. Para la primera referencia discográfica el grupo se cambia el nombre, sólo ligeramente por el de Thee Midniters para no tener problemas con los Midnighters de Hank Ballard, y se estrenan en un siete pulgadas con una versión de “Land Of A Thousand Dances”. Single que provocó confusión por el hecho de su duración (casi seis minutos) y que la canción completa se encontraba por ambas caras. Finalmente se sustituyó por un formato clásico de cara B convirtiendo al original en codiciada pieza para los coleccionistas que se pueden dejar los cuartos en esas cosas. La tierra de las mil danzas supone unos mandamientos muy respetados por el grupo en sus canciones: influencias del Soul, el Rock And Roll que estaba invadiendo las americas de mano de los ingleses, sucio sonido garagero, calientes canciones directas al sistema nervioso y sobre todo energía a raudales.

Su segundo single no se saldría demasiado de las reglas señaladas: “Whittier Blvd.” Además de servir de homenaje a la principal arteria del barrio picotea del los instrumentales surferos con bastante acierto, tanto, que durante una gala de premios Hollywoodiense en la que se encontraban James Brown, Rolling Stones, una conexión telefónica con los Beatles (me pregunto si les llamarían con el marcador automático del profesor Frink) y un largo etcétera, fueron premiados en la categoría de mejor canción instrumental (aunque a Tomás Verléin le hubiera gustado más un premio en la sobresaliente labor en el campo de la excelencia). Esta canción debió dejar a Brian Wilson una grata impresión, tanto que decidió utilizar el inicio de la misma (el “Let ´s take a trip down Whittier Blvd.”) cambiando la calle de los ya ilustres chicanos por la avenida Howthorne, que como bien sabrán los fanes de los Beach Boys es el barrio de los Redd Kross y sí, también de Wilson y compañía. Que Brian Wilson pagara el tributo mediante el amigo parné no lo podemos aclarar.

Verbigracia del Street View se puede ver que el cruce de Soto y Whittier tiene ahora un local de tacos y un montón de coches como el de Tony Soprano.

La grabación de su primer álbum seguiría por los mismos caminos de alternar canciones propias con versiones, a destacar en este apartado “Empty Heart” de los Stones o “Everybody Needs Somebody To Love” de Solomon Burke. Sería ésta su última grabación con Chattahoochee para realizar una pequeña innovación: crear su propio sello y editar ahí posteriores trabajos. Ahora suena un poco ligero, pero estamos hablando de 1965, un año antes de que los Beach Boys crearan Brothers Records y los Beatles el famoso sello de la manzana granny smith. Whittier Records se les adelantó.

Seguirían tres discos más en y otro tanto número de singles, que el sello Norton tuvo a bien de ofrecer hace unos pocos años a todos los que andaban perdidos en otras moderneces. En esta recopilación que enlazamos por lugares ocultos además de los mencionados singles unas líneas más arriba se encuentran piezas donde el grupo asimila el legado de Ritchie Valens de llevar el sonido latino a terrenos hasta ahora inexplorados por el hombre blanco, escuchen por ejemplo “Love Special Delivery” una de mis canciones favoritas del disco. Algunas de sus canciones propias merecen mucho la pena “I Found A Peanut” o “Never Knew I Had It So Bad” que podría perfectamente salir de las tierras garageras del Noroeste. Tuvieron tiempo para que Willie G aprendiera a tocar la harmónica y el grupo descubriera la psicodelia en “Jump, Jive And Harmonize”, y siguieron eligiendo acertadas versiones como “Gloria” de Van Morrison o “Money” del tándem de la Motown Bradford/Gordy.

Tuvieron modestos éxitos en las listas americanas, bastante repercusión en el área de Los Ángeles en donde se codearon y trataron con bestias escénicas como los Standells, Byrds, Electric Prunes o The Seeds en una ciudad que vivía en pleno epicentro la efervescencia musical de la segunda parte de la década de los sesenta. Pero por encima de todo, fueron idolatrados en su barrio de East LA, eran hispanos, eran del barrio y eran suyos. Sí, eran unas auténticas estrellas.

Servidor: Mediafire. Contraseña: peluquin

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miércoles, 14 de marzo de 2012

Las cajas de los CDs ¿Por qué todas son una mierda?

Mucho han cambiado las cosas en estos meses en los que no hemos publicado absolutamente nada en este blog, han cerrado megaupload, las navidades han acabado de forma oficial dejando nuestro recopilatorio pasado de moda, y ya. Lo cierto es que no han cambiado tantas cosas, porque el paro sigue subiendo, y nuestras ganas de artículos que no interesan a nadie se mantiene en una constante y lenta línea horizontal con movilidad reducida. Para hacer honor a semejante afirmación nada mejor que un elegante, a la par que extenso, tratado sobre las modalidades de cajas de cedeses que puede encontrar en su tienda favorita de música. La conclusión: En el título de esta entrada.

Sí, se podría haber puesto algo más discreto que una bolsa con el símbolo del dólar, pero representa fielmente los beneficios de la disquera por la venta de tan satánico invento.

1. Caja simple estándar: La más sencilla pero no por ello deja de ser una gran obra de ingeniería, que como tal tiene más fallos que virtudes. Consiste en un estuche de plástico transparente que incorpora una pieza central (de plástico, claro) en donde se apoya el compacto. Dicha pieza central puede ser negra, transparente para dejar ver alguna foto o proporcionar información que no se suele leer bien debido a los relieves de la propia pieza, además la podemos encontrar en distintos colores como sustituto cutre del vinilo de color. Si además dicha pieza central es sacada (generalmente haciendo palanca con destornillador) del estuche materno para escanear la carátula a un compañero pirata, ésta puede perder propiedades y no volver a encajar como debería, consiguiendo no sólo que esta pieza no encaje sino que además puede perjudicar el correcto cierre del estuche. Lo llaman reacción en cadena.

La corona central que sostiene al compacto es una mierda. Ya sea en el modo clásico de patillas flotantes, el de patillas flotantes con refuerzo de seguridad, o el de patillas verticales, éstas siempre se rompen y dejan de realizar su cometido. Si no se rompen, es posible que la sujeción del disco no sea la idónea y se caiga si se mueve un poco la caja, o incluso (haciendo una pirueta aún más complicada) el CD gire sin parar pero sin caerse, divertimento que cansa a los diez minutos de utilizarlo, aproximadamente.

El libreto se aloja entre varias piezas semicirculares de plástico, cuya finalidad es realizar marcas en el mismo para que cuando lo hayas sacado de la caja unas cuantas veces, éste no se pueda introducir correctamente y la última página tenga rasgones que imposibilitan volver a poner el libreto en su sitio por siempre jamás. Suena catastrofista, sí, pero es verdad.

Y sorpresa, abres el regalo y dentro tienes la misma portada.

2. La caja simple con cartón que lo envuelve: Variante muy poco interesante del modelo 1. Incorpora un cartón en el exterior que según su grado de rigidez y ajustado tamaño es posible que no permita sacar la caja si no es presionando con ambos dedos pulgares con más fuerza que maña. No incorpora información adicional, es más, suele llevar impreso los mismos motivos que la caja del interior. No protege de roturas u otros agentes agresivos a la caja interior ¿Sirve para algo? Sí, para putear a aquellos coleccionistas que apilan sus cds en muebles especiales para los cds del caso primero. Nuestro consejo sería que una vez consiga sacar del cartón la caja interior lo tiren a la basura (de reciclado, sin mezclar polietileno con poliuretano), el problema es que da pena y al final nos quedamos con ella para ver como con el paso de los años se curva por la parte central.

El quinto Beatle era el libreto.

3. La caja simple con cartón y libreto externo: Mezcla de los dos primeros casos. Sólo es útil si quieres leer el libreto sin tener que abrir la caja, porque todo el mundo sabe que los cedés los compramos para leer los créditos del librito que lo acompaña. Al ir de forma externa lo protegemos de las patillas de plástico que suelen marcarlo cual res si tiene más de cinco páginas de espesor. Como no se introduce en la caja del caso uno, no podemos desprendernos del cartón envoltorio o nuestro libreto andará a la intemperie. No se ve con asiduidad.

A veces a la derecha y otras a la izquierda, como Villarroya.

4. La caja de aspecto simple pero doble: En teoría funciona incluso el comunismo, perdón, quise decir que en teoría funciona incluso esta caja de aspecto simple pero doble. Sus piezas externas son las del modelo uno, pero la pieza central que sujeta al cedé es rotatoria, lo cual crea un serio conflicto, pues unas veces se abre hacia la derecha (en cuyo caso necesitas de unos doce centímetros más para expandirla) o hacía la izquierda con el consecuente riesgo que ello entraña pues si no descubres de forma correcta el sentido de apertura corres serio riesgo de joderla. Afortunadamente, han inventado un caso alternativo número cinco.

Me imagino que la dictadura impuesta por Lenny hizo que despidieran al hombre que colocaba las piezas en su sitio.

5. La caja de aspecto simple pero doble y con piezas no ligadas: El mejor invento posible para los dobles compactos en la caja rotatoria que tiene piezas sensibles a la rotación y que por tanto, se parten. Esta en cambio ya viene rota y sólo tienes que cogerla y seleccionar el cedé que más guste. La humanidad ha triunfado sobre la caja de cedé. Eso sí, no es reversible y sólo tiene una posición. Algún fallo habría que tener.

Directamente llegadas para la futura obesidad infantil.

6. La caja doble de doble carpeta: Modelo de los inicios del CD y cada vez más en desuso. Aparte de que es irreconciliable con la idea de una casa de 25 metros cuadrados, su manejo de carpetas es un follón, contiene tal cantidad de piezas mecánicas que lo más normal es que se rompa más de una de ellas (sin ir más lejos, en la foto adjunta uno de los cedés no se sostiene). Su consumo es de nueve litros a los cien y sobrepasa los límites de emisión de CO2.

Paul Weller permitiendo semejante horror, otro mito que se me cae al suelo.

7. La caja con bordes redondeados: Diseño de menor resistencia al aire. Probablemente pensado por Karl Lagerfeld o David Delfín. Más útil en los ambientes discotequeros ibéricos, pues el canto redondeado contiene un hueco bastante útil si necesitas esconder sustancias psicotrópicas. Al mundo del Rock And Roll no le aporta nada salvo la incapacidad de escanear a un compañero las portadas, pues el formato de libretos no es el mismo que de costumbre. Habrá que editar la imagen con el efecto gaussiano del photoshop.

Con esta caja, por fin Greg "La Corista" Prevost (gracias Charlie Don´t Surf) encontró alguien más delgado que él.

8. La de cartoncillo promocional o mantera: Delgaducho cartón con una abertura en uno de los extremos de donde se saca el compacto. Suele venir de forma gratuita con todo tipo de publicaciones o discos de mayor envergadura que las utilizan para el ahorro de espacio. Lo normal es que por este formato no cobren dinero, en caso de ser así (y los hay), siéntase estafado, es el paso previo a la funda de plástico de un vendedor ilegal.

Ya que era un digipack se podrían introducir elementos móviles para hacer mover las piernas de los Raspberries.

9. El digipack simple: Idea desarrollada sobre la base de que las cajas de plástico son horrendas, esta es más bonita pero también tiene defectos: La pieza que sostiene al cedé sigue siendo de plástico y por el hecho de introducir cartón en el exterior ya ni siquiera se preocupan de meter un libreto en condiciones. En las esquinas, cuatro puntos cardinales en forma de dedo indican a las personas de grandes deducciones que es por ahí por donde se debe de coger el compacto, algo que no comparten los conductores automovilistas que prefieren agarrarlos con las yemas de los dedos sobre la cara a reproducir del disco.

De sorpresa siempre puede salir el antiguo 61&49.

10. El digipack avanzado: No es que sea mucho más avanzado, pero el cartón de la portada incorpora una ranura que incluye un libreto, una encuesta que hay que enviar a la disquera con nuestros gustos personales (recuerde que las opciones que ellos dan nunca son las correctas) o un papel publicitario con otros lanzamientos del sello que pueden importar al consumidor un pito en la mayoría de las ocasiones.

Se me van acabando las tonterias para decir sobre una caja, así que vídeo.

11. El digipack encuentre usted el CD: Modalidad de digipack que mezcla al avanzado con el simple y que se despliega cual Transformer. La ubicación del compacto no suele estar en un lugar fijo, sino que se desplaza por las múltiples caras que se pueden abrir en este formato. Dicho número de caras nunca contiene un límite inferior a tres y su número máximo es ilimitado, lo que ensanchece la caja, convierte en una odisea localizar el compacto y hace mejor persona a un hombre corriente.

No sé si se sacó el partido suficiente a las conversaciones sobre Jes Extender, pero he aquí otra muestra.

12. Digipack barco pirata del Parque de Atracciones: Nueva modalidad del más difícil todavía en la que se emplea la modalidad número 11 con la sorpresa añadida de que desplegando caras el resultado puede ser kilométrico. Si contiene algún libreto, éste se puede esconder por alguno de sus numerosos recovecos. No es de extrañar que por alguno de los mismos se encuentre usted con Macaulay Culkin escondiéndose de la bofia o rodando una nueva entrega de Sólo en Casa.

Uno de los grupos más pirados del panorama necesitan una caja acordemente demencial.

13. Digipack especial corta, pega y colorea: Elegante formato, conocido (o vendido) como Deluxe Edition. No es que difiera mucho de los anteriores, pero como las piezas son de cartón se permite el troquelar las letras, hacer un recorte en la caja exterior y otro tipo de manualidades que todos hemos intentado alguna vez, especialmente con las cosas que nos grabamos, con resultados bastante lamentables en la mayoría de las ocasiones.

Estadísticamente hay muchas posibilidades de que uno tenga la mayoría de las canciones de la caja, pero la compras.

14. La caja XXL de tamaño variable: Su tamaño no incluye una fórmula matemática que calcule su formato. Básicamente son estuches más grandes, con libretos más grandes, cedés del mismo tamaño de siempre (estaría bueno) que se superponen unos encima de otro, con chapas, un cupón de descuento en Midas, y más caro. Lo de más caro, hasta que la tienda no les da salida y las vende a menos de la mitad de su precio original. Suelen ir orientadas a fans (me incluyo) no se resisten a una canción nueva o un cedé completo de extras. Las más cutres incluyen en una caja más grande muchas cajas del formato número uno, a partir de ahí las posibilidades son infinitas. Dan ambiente a la habitación.

El detalle de las esponjillas, o un estupendo aislante para la tarima flotante.

15. Formas especiales: Otra que puede adoptar formas, como el malo de Terminator 2. Depende mucho de la imaginación del diseñador y de que la compañía discográfica no quiera perder dinero por cada disco que venden (pregunten en Factory Records por Blue Monday de New Order). Admitamos que la de la foto mola porque son los Small Faces, pero en caso de que te regalen algo de un grupo que no guste siempre se puede reciclar para guardar las obleas de las empanadillas.

El formato ideal, si cierras los ojos y los abres muy rápido hasta parece un vinilo.

16. El mini vinilo: Cuidado aspecto del estuche en cartón, de carpeta abierta, que incluye un bonito insert en su interior, una coqueta funda para guardar el compacto… es el sistema perfecto si no fuera porque lo que recuerda es precisamente que no es un vinilo.

Y no viene a cuento, pero aprovechando que se publica el nuevo trabajo de Gentleman Jesse paladeen su nuevo e inflamable single, que no es poco.

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