lunes, 20 de agosto de 2012

La importancia de llamarse Van


Them - Angry Young Them (1965)

 
Probablemente lo desconocerán, pero entre mis múltiples talentos uno de los mas ocultos es aquel que hace referencia a mis vastos conocimientos de biología o física. No en vano, puedo explicarles el complejo mundo de las proteínas mediante un sencilla metáfora que implica una puerta, una llave y un profesor de ciencias sin sonrojarme apenas. Sí, habrán adivinado que esto de que hablo es otra de esas cosas en las que tampoco tengo nada interesante que decir.

Contando con ello, he de reconocer que el tiempo me ha hecho ver que alguna cosa ha quedado en mi psique, por ejemplo que cuando alguien dice la palabra "Glúcidos"puedo rellenar un folio en blanco con datos inservibles, pero a velocidad de auténtico vértigo y que ciertos tipos de determinismo escapan al tiempo, a Matrix y a las subidas del IVA. Y como mejor ejemplo de esto, tomo las inmortales palabras de Abe Simpson a su hijo cuando éste está a punto de hacer su diagonal final en su ejercicio de gimnasia artística: "Ahí la pifias". No les tengo que contar el resultado final de mi historia, ¿verdad?

Sí, sí, todo son alegrías cuando ves el piso piloto, pero luego...


Unos folios en blanco más tarde traigo otro ejemplo de determinismo: el de uno de los autores del disco del que hoy hablamos, el determinismo afectaría directamente en una idea bastante simple: "Si uno se apellida Van ya tiene parte del camino hecho". No me tomen a mal, no les digo yo que Van Morrison no podría haber tenido una carrera como la suya apellidándose Pérez Rodríguez (por poner), pero tener el mismo pedigrí que un gato común indioeuropeo no ayuda a darse a conocer, háganme caso que me lo han contado de primeras...

Pero primero empecemos por levantar todas las cartas: les he mentido, y descaradamente. Antes de que saquen las antorchas de emergencia les explico que ha sido una mentira a medias: Van no se apellida Van, bueno al menos no directamente: George Ivan Morrison nació en Belfast el 31 de agosto de 1945, pero en los escenarios siempre fue conocido como Van Morrison, Van The Man. Un señor uraño elevado a categoría de mito de la música británica que en los sesenta era más conocido como la gran esperanza blanca (y ya uraña) del Blues y el R&B.

Van tuvo contacto con la música desde muy niño gracias a los discos que su padre traía de EEUU: Solomon Burke, Ray Charles... carnaza de primera, amigos. Viendo el interés del niño en el tema musical (y la imposibilidad de conseguir una raqueta de tenis para que el pequeño hiciera el Air Guitar correspondiente) su padre  acabó por comprarle una guitarra a los 12 años, con la que empezó a tocar en grupos de Skiffle y a componer sus primeras canciones. Con 14 no le admitieron en un par de conjuntos porque ya tenían a un guitarrista en sus filas; en ese momento decide que quiere aprender a tocar el saxofón. Su padre accede (y esta vez no hay ningún paralelismo con los Simpsons, sucedió así) y un mes después de tenerlo en sus manos ya domina el instrumento con soltura. ¡Un mes! Más o menos el tiempo que calculo necesitaría yo para saber por dónde se sopla y por dónde sale el sonido.

Desde aquel día seguir la pista musicalmente a Van exigía no pestañear ni un segundo: con 17 emprendió su primera gira con The Monarchs, grupo que tuvo más miembros de los que este humilde escriba puede recordar y que deja completamente humillado a todas esas informaciones veraniegas de fichajes futbolísticos que acaban siempre en negociaciones con "flecos" pendientes (la revisión de flecos ese tema en el que siempre hay que estar atento de su evolución, es decir, su falta de evolución). Dos dimes y diretes más mandaron a Van a tocar con un grupo que tenía ya un contrato en un hotel, The Gamblers, los que poco después serían conocidos como Them.

Las caras de circunstancias se deben, como no podía ser de otra forma, a que se trata de un vuelo de Ryanair.


Estamos en 1966 y mientras Revolver deja claro que los Beatles tienen mucho que decir y que no se va a parecer a nada de lo que la gente se esperaba, Van ya es compositor de éxito de Them, ha escrito Gloria, compartido escenario con un tal Jim Morrison y los Doors (que según cuentan las malas lenguas copió bastante de su teatralidad del bueno de Van) y ha conseguido labrarse una fama de cascarrabias de la que seguro tomó buena nota Alfredo Landa para "Lleno, por favor". Un año antes, salía al mercado este artefacto musical en el que quedaban aclarados unos cuantos conceptos:

  1. Que no estaba permitida otra cara que no fuera la de Poker en la portada.
  2. Que el "Featuring de Van Morrison" puede ser una traducción bastante acertada de "Aquí guapines los justos". Un ejercicio de poder que me deja con ganas de proponer otros ejemplos que podrían haber sido justo así: "Taxi Driver, featuring Robert De Niro", "La Biblia, Featuring Jesús o "El Gran Lebowski, featuring el Nota, Noti o el Notarino si no os van los nombres cortos".
  3. Que como elemento recopilador de la tradición del R&B inglés de influencia americana es es un representante más que digno.
En estos momentos pueden argumentar (con bastante razón) que el disco no refleja lo que se supone que eran Them en directo, un grupo que contaba con versiones elefantiásicas de sus canciones: 20 minutos de "Here Comes the Night" enlazados con "Baby, Please Don't Go" donde Van dejaba exhaustos al público presente, pero este disco es el primero donde se escuchó "Gloria" y donde apareció "Mystic Eyes". Dejen paso.

Y eso que aparentemente no era el mejor momento para Them, Van Morrison empezaba a estar cansado de los rigores de ser un grupo inglés en la Inglaterra de los 60: giras, trajecitos, actuaciones en playback en televisión... todo alejado del espíritu indomable del (aquí viene el tópico) León de Belfast. Para más inquina el manager de la banda, Phil Solomon, ya había elegido el producto del primer largo de Them. Ese puesto fue tomado por Bert Berns cuyo mayor mérito (y no está nada mal) era ser uno de los compositores de Twist & Shout. Así que con una mala leche acumulada que dejaba en pañales a los tertulianos de "El gato al Agua" un puñado de canciones ensayadas hasta la extenuación en directos y un sombrero para conversaciones telefónicas The Angry Young Them salió a la calle.

Preciosa estampa de clima oceánico: su río, su neblina, su grupo de R&B, su niño robando la cartera del teclista...


El disco comienza a todo trapo: Mystic Eyes. Torrente de armónica, riffs de guitarra tocados con urgencia y toneladas de testosterona que cierra de la manera en la que podría acabar el mundo: volviendo al punto de partida. Cuenta Van Morrison que la canción nació de una larga improvisación del grupo. Uno de esos momentos mágicos donde todo cuadra, los astros se alinean y el repartidor de MRW coincide en espacio/tiempo contigo. A nosotros nos sabe a poco los menos de 3 minutos del tema, pero incluso así, es una canción que respira sudor y algarabía de manera única. Sin mucho tiempo a recuperarnos Van entrega dos pinceladas de R&B que nos ponen en contacto respectivamente con la parte más negroide y seductora de los irlandeses y con la hechuras de Van como cantante capaz de decirle a Jagger: "¡anda, quita!" del escenario: "If You and I Could Be As Two" y "Little Girl".

El culto a los maestros sigue con "Just a Little Bit", con el órgano de Peter Bardens como acompañante de la voz de Van, mientras que  "I Gave My Love a Diamond"sirve de anticipo para el desembarco de "Gloria", quintaesencia de las canciones rock que han sido escuchadas hasta la saciedad pero no consiguen cansarlos. Quizás es por esa introducción que no es introducción, quizás por la estructura de tres acordes que hacen sencilla su reproducción en cualquier ambiente (concierto ante 200.000 personas o borracho como un lémur en el portal de tu casa) o que su escucha masiva ha servido a generaciones de españoles para aprender "spelling" con más eficacia que cualquier profesora nativa de inglés. No conocemos la receta exacta, pero nos quedamos con todo lo que encierra la canción: desde el acentazo irlandés de Van mezclado con una interpretación a lo Howlin' Wolf, hasta con la sabia y acertada forma de terminar el tema.

Kent Brockman tenía razón, queridos amigos. TENÍA RAZÓN
 

Tras la catarsis de Gloria, Van entrega su propia versión ceñuda de una canción a lo Bob Dylan ("You Just Can't Win") y sigue dejándonos claro que puede convertir canciones de inspiración R&B como "Go On Home Baby" en pildorazos de garaje tanto como  homenajear a los maestros con la versión de Don't Look Back de John Lee Hooker . Aunque como más nos gusta a nosotros es llevando a ebullición canciones como "I'm Gonna Dress in Black", interesante remedo de la casa del son naciente que se beneficia de la leonina voz de Van como mis fracasos en la cocina tras ponerle un poco de orégano (incluyo postres).

Con las parecidas claves, Them convierte el "Bright Lights, Big City" en una pieza de R&B contemporáneo que alcanza las mejores cotas de interpretación instrumental del disco. Y para el final otra versión: "(Get Your Kicks On) Route 66" que funciona como declaración de principios: "esto es lo que hacemos" y como inmejorable última impresión del grupo: voz superlativa, el Hammond dando guerra, una base rítmica tipo adoquín del Pilar y la intención de dejar a todos sin aliento, los que tocan y los que escuchan.



Them fue un grupo de corta carrera (el álbum del que hablamos y otro más, llamado con perspicacia: Them Again) y aunque en Garajeland no nos gusta chivarnos sabemos que fue la peculiar mala leche de Van la responsable de decir "esto no hay quien lo aguante, me voy al bar de Moe" y, también, que no le salió mal la jugada. Pero no está de más darle crédito al grupo, que en solo dos discos fueron capaces de situarse a la cabeza del R&B británico y entregar tres joyas como "Baby Please Don't Go", "Mystic Eyes" y "Gloria". No está mal para cinco chicos airados; no, señor.


Servidor: Mediafire. Contraseña: peluquin




Vuestro amigo en el tiempo, Tomás Verlein.
Leer toda la historia y tal…